Regístrate | Conectar
El Tamiz Libros Recursos Series Únete 17 Users Online
Skip to content

Biografía del Universo 10: La liberación de la fuerza débil I

de 10-12 a 10-6 segundos desde el inicio

Llegó el momento t=10-12 segundos desde el principio. Comienza la época electrodébil. Espero que al final de esta entrada de la serie sobre la Biografía del Universo se entienda el porqué se llama así. En estos momentos de la historia del Cosmos nuestro personaje había estirado sus estructuras desde la época del recalentamiento en un factor de 1010. Aunque el tamaño total del Universo es un arcano, podemos hacer uso de la imaginación y pensar que la naranja que surgió de la inflación pudo pasar a ser una “esfera” de unos mil millones de kilómetros: el campo de juego en aquellos tiempos cabría entre el Sol y Júpiter. En esta inmensidad pongamos una cabeza de alfiler de medio milímetro de diámetro ¿lo véis? pues eso que creéis ver es justamente lo que ocupaba el universo observable, habían pasado 10-12 segundos y la luz sólo podía haberse desplazado el radio de esta esferilla.[1]  Aquella pequeña naranja que fue en el momento 10-32 segundos ahora había crecido y, aunque menos que entonces, aún seguía siendo un mundo denso, muy denso, 1025 veces más denso que el agua de nuestras piscinas.

(Imagen a partir de “The Nuclear Wall Chart”, Nuclear Science Division del Lawrence Berkeley National Laboratory, fair use)

Habíamos quedado al final de la entrada anterior que los habitantes de tan apretado barrio eran los bosones, tales como los gravitacionales gravitones -si realmente existen, porque aún no los hemos visto-, los electromagnéticos fotones y los gluones y bosones W y Z de las fuerzas nucleares.[2] También revoloteaban por allí los bosones de Higgs, no sabemos si de cuatro tipos o quizá más: todo depende de la imaginación de los físicos matemáticos. También estaban presentes las “partículas” de la materia, los “fermionosos” quarks, electrones, neutrinos y alguno más. Y no me gustaría olvidarme que nuestro mundo es como es gracias a la materia oscura, así que tenemos que añadir al cóctel las posibles partículas asociadas, quizás los axiones o quizás los neutralinos, aunque no tengamos ni idea de lo que son.

A excepción de los bosones de Higgs, todos tenían una característica que los hacía diferentes a como los vemos en nuestros días: no tenían masa, o quizás muy poca, del orden de la de los neutrinos. Lo cual quiere decir, como nos ilustró Einstein, que se desplazaban a la velocidad de la luz o muy próxima a ella. Así había sido desde el principio.

Sigue leyendo ›

  1. Como universo observable entendemos a una región parcial del Universo total, una esfera con nosotros de observadores en el centro en la que la luz emitida por los puntos frontera más exteriores ha tenido tiempo de llegar hasta el centro de la esfera. Lo que quiere decir que estos puntos frontera se encuentran a una distancia tiempo-luz de nosotros igual a la edad del Universo en el momento. Hoy su edad es de 13.800 millones de años-luz, que ampliados por el efecto de la expansión equivalen a unos 5×1023 kilómetros de radio de la esfera observable. El resto del Universo es inalcanzable. []
  2. Realmente en esta época los fotones y los bosones W y Z eran indistinguibles. Habría que esperar todavía un poco a que el campo de Higgs hiciera sus diabluras y los diferenciara. []

Los sistemas receptores 09: La visión I. Detección.

Esta entrada de la serie “Los sistemas receptores” vamos a dedicarla a explorar el sistema de la percepción visual. Y antes de entrar definitivamente en harina, como ya os comenté en otras entradas, permitidme que os recomiende que repaséis las tres primeras de esta serie si no las habéis leído ya. ¿Leídas…? Pues adelante.

A los que no tenemos problemas irresolubles con el sistema de percepción de la visión, como pudieran ser la ceguera u otras minusvalías importantes, nos parece que éste es el sentido “por excelencia”. ¡Ver para creer! ¡Si no lo veo no lo creo! ¡De lo que no veas ni la mitad te creas! dice el sabio refranero popular: ¿qué haríamos sin poder ver nada de lo que pueda haber por ahí afuera? ¡Si lo primero que se nos viene a la mente son imágenes de lo recordado o de lo que estamos planificando para el futuro! No obstante, no me atrevo a decir que si me faltara la vista iba a ser incapaz de vivir, puesto que hay mucha gente que nos demuestra lo contrario al manejarse perfectamente sin este sentido. Pero… la verdad es que yo veo bien y no me gustaría dejar de hacerlo. Es mi percepción, como también la tiene cualquier otro animal mamífero de la especie humana. Posiblemente sería distinta si yo fuera un topo. Y con toda seguridad lo sería si fuera una libélula, con sus magníficos ojos compuestos.

¿Por qué esta sensación de sentido preeminente? Quizás -posiblemente- sea una mera impresión subjetiva de los humanos. O quizás su importancia resida en el inconsciente de la complejidad estructural de las cortezas dedicadas a la visión, indicio de la complejidad de los procesamiento cerebrales implicados. O tal vez quizás sea porque la retina es realmente parte de la masa encefálica y, aunque se hable de un nervio óptico, no lo es como una estructura independiente del cerebro. Si estudiamos el desarrollo de un embrión veremos que casi a la par de que en su tubo neuronal aparece el tálamo, a su lado, y casi en el mismo momento, aparece otra prolongación, la vesícula óptica, que dará lugar más tarde a la retina y a la capa celular pigmentada que la recubre. Sea lo que sea, la información que presenta al cerebro es fundamental para sus procesos mentales y de percepción. Ahí afuera hay cosas que se interrelacionan electromagnéticamente, que emiten y reciben continuamente fotones. Algunos de estos llegan a nuestros ojos e incluso, de entre ellos, hay algunos que al ser detectados pueden generar en nosotros percepciones de cosas sólidas y de colores.

Sigue leyendo ›

Biografía del Universo 09: Una sopa con mucha radiación

de 10-32 a 10-12 segundos desde el inicio

Después de unas entradas con contenido más teórico que biográfico, por otro lado necesarias para comprender mejor lo que vamos a leer, proseguimos en ésta con el transcurrir de la historia del Universo, que es el objeto último de esta serie. Volvamos a nuestro Universo del tamaño de una naranja, allí por el momento 10-32 segundos tras el Big Bang… más o menos. Hay opiniones al respecto del momento concreto del suceso, pero me parece que para nuestra historia del Cosmos son irrelevantes. Sabemos que fue muy al principio y en un momento que se había roto ya lo que postulaba la teoría de la Gran Unificación (GUT), al haberse liberado la fuerza nuclear fuerte de sus dos compañeras, la débil y la electromagnética, que siguieron formando un tandem (la fuerza electrodébil). Gracias al campo inflatón el Universo se había duplicado unas cien veces, tras lo que se había producido un intercambio de cromos: energía interna por materia y radiación, en un entorno de gran densidad y mucha temperatura, 1028K. Tras el recalentamiento habían quedado reliquias de ciertas fluctuaciones cuánticas, las cuales hacían que la distribución energética, o de masas, o de temperatura, que prácticamente es lo mismo, presentara unas tenues irregularidades. Las partículas y la radiación danzante conformaban un plasma por el que se transmitían ondas de presión semejantes a unas ondas sonoras.

Nuestro Universo era joven y, como parece corresponder a la edad, subversivo y alborotador, pero aún tendremos que esperar mucho tiempo para observar en él un cambio sustancial. Al poco de salir de la inflación este plasma violento había atemperado sus turbulencias, continuando su camino, activo y agitado, pero hacia un estado cada vez más asentado en el equilibrio termodinámico. La expansión del tejido base seguía su ritmo persistente, aunque ahora mucho más atemperado. La propia expansión difuminaba los grumos de fluctuaciones cuánticas que, como dijimos, habían aparecido a lo largo de la excursión del campo inflatón hacia su mínima energía.[1] Así, el cuerpo del Universo se iba transformando paulatinamente en una nube de plasma cada vez más uniforme, conservando el recuerdo de sus irregularidades, sus rincones de mayor o menor energía, reliquias precisamente de aquellas fluctuaciones cuánticas. Por delante le quedaba unos 380.000 años de sopa de partículas y radiación. En realidad, más de lo último que de lo primero.

(Imagen a partir de “The Nuclear Wall Chart”, Nuclear Science Division del Lawrence Berkeley National Laboratory, fair use)

Estamos entrando en una nueva era que conocemos como la época electrodébil,[2] durante la que va culminando el proceso de bariogénesis[3] por el que la que la materia se va a decantar definitivamente frente a la antimateria, permitiendo el nacimiento de los quarks que con el tiempo acabarán formando los protones y los neutrones… en fin, la familia de los bariones.[4] Pero veamos con un poco más de detalle qué pudo pasar a lo largo de esta fase¿Qué tipo de partículas fueron posibles en aquel escenario?

Sigue leyendo ›

  1. Podéis repasar el tema releyendo la cuarta entrada de esta serie. []
  2. Recordemos cómo ya se había roto la simetría GUT, separándose la interacción nuclear fuerte de la interacción electrodébil. De ahí el nombre. []
  3. Recordemos que este concepto se desarrolló en la entrada anterior y que, de forma diferente a lo que parece sugerir el nombre, se trata del proceso mediante el cual la materia dominó a la antimateria. []
  4. Recuerdo aquí otra vez lo útil de leer la serie de El Tamiz “Esas maravillosas partículas”, o bien releer la entrada número 7 de esta serie. []

Los sistemas receptores 08: Dolor y temperatura

En esta entrada de la serie “Los sistemas receptores” vamos a analizar el sentido nociceptivo, etimológicamente noci-, daño, capere, coger. Es decir, el que nos va a dar al final la percepción del dolor. Y de la temperatura, que a veces se percibe también como dolorosa. En cualquier caso, nos vamos a quedar exclusivamente en la descripción de la captación de las señales que se van a sentir como dolorosas y en el transporte de esta información hasta el cerebro. No vamos a profundizar en el detalle de la evidente influencia de las emociones en la percepción del dolor, aunque daremos alguna pincelada del momento del proceso en donde se mueven y los sistemas neuronales que intervienen. Y, como ya os comenté en otras entradas, antes de entrar definitivamente en harina os recomiendo que repaséis las tres primeras de esta serie si no las habéis leído ya.

Quién puede dudar acerca de la importancia vital de “sentir” el dolor. Lo podemos imaginar en esta situación hipotética: Estoy tratando de sobrevivir lo mejor que puedo en una cabaña perdida entre las nieves de la montaña, tras una larga jornada de esfuerzo. El frío es aterrador, pero me da igual, tengo encendida una gran fogata que me proporciona por delante las calorías que voy perdiendo por la fría espalda. Estoy participando de una interesante charla con mis colegas, tan interesante que casi no me doy cuenta de que he acercado demasiado el pie hacia el fuego. De repente huelo a carne asada, miro a todos los lados, hasta que me fijo en que mis pantorrillas lucen un agradable colorido de un churrasco de morcillo, mientras destilan unos olorosos vapores que han excitado mi pituitaria. ¡Dios mío, no he notado el calor, no me ha funcionado mi sentido de la temperatura y del dolor! Me he puesto en riesgo de perder la pierna. Realmente acabo de apreciar el valor vital del sentido de la nocicepción.

Por lo general ese sentido actúa avisándonos en todo momento de la potencial amenaza que incorpora un variado abanico de circunstancias con las que nos podemos encontrar en el día a día. Nos va a alertar de un daño que podría recibir nuestro cuerpo, por lo que es fácil hacernos idea acerca de la importancia de esta herramienta en nuestro continuo navegar por el mundo que nos rodea. Y no sólo nos ayuda en este aspecto, sino que también colabora con nuestro sistema de propiocepción –el conocimiento en cada momento del estado de la arquitectura física de nuestro cuerpo-, con quien comparte estructuras y de cuya importancia hemos hablado en otra entrada anterior.

Entremos ya en la descripción de las estructuras sensoras de aquellos estímulos externos que a la fin nos van a producir percepciones de dolor o de temperatura. Los nociceptores varían según su localización en el organismo o según el tipo de estímulo lesivo que los excita –químico, mecánico o térmico-. La mayoría se encuentran en la piel, pero también los hay en el interior del cuerpo, como puede ser la superficie de las articulaciones y de los huesos, o en algunos órganos.

Sigue leyendo ›

¿Has leído… El Enigma de Fermat, de Simon Singh?

He encontrado una demostración absolutamente maravillosa, pero el margen de esta hoja es demasiado estrecho para incluirla…

Pierre de Fermat

Pierre de Fermat

Esta breve frase, anotada en el margen de la copia de la Aritmética de Diofanto de Alejandría que poseía el gran matemático Pierre de Fermat (de hecho era su libro de cabecera), ha llevado de cabeza a muchas generaciones de matemáticos durante trescientos cincuenta años. Estaba escrita al lado de uno más de los numerosos teoremas que Fermat había escrito en su Aritmética, uno aparentemente sencillo:

La ecuación xn = yn + zn no tiene soluciones enteras, siendo n mayor que 2”.[1]

Es decir, no es posible encontrar cuatro números enteros x,y,z,n tales que se cumpla la ecuación anterior cuando el exponente n es mayor que dos. Ninguna combinación posible de las infinitas existentes satisface la igualdad xn = yn + zn. Ni una sola.

Se trata de un enunciado sencillo, que cualquiera puede entender, uno más entre los muchos que dejó Fermat para la posteridad a su muerte, uno entre tantos, para el que había “encontrado una demostración maravillosa…”, pero que a pesar de ello se ha resistido a los intentos de demostración de los más insignes matemáticos: Euler, Cauchy, Sophie Germain, Dirichlet, Legendre, Galois, etc.

Este libro que hoy os recomiendo, escrito por el periodista científico británico Simon Singh, muestra de una forma amena, casi novelada, la historia de la resolución de este famoso teorema a lo largo de los siglos hasta que finalmente el matemático británico Andrew Wiles lo consiguiera en 1995. Un viaje desde que se fundó la escuela pitagórica en el siglo V antes de Cristo hasta su demostración final en el siglo XX, casi ya en el XXI. La resolución del “Último Teorema de Fermat”.

Sigue leyendo ›

  1. En realidad Pierre de Fermat no lo dijo de esta manera tan simple. Lo que escribió en el margen de la Aritmética, en latín, desde luego, el idioma de la ciencia en el siglo XVII, fue: Cubum autem in duos cubos, aut quadratoquadratum in duos quadratoquadratos, et generaliter nullam in infinitum ultra quadratum potestatem in duos eiusdem nominis fas est dividere cuius rei demonstrationem mirabilem sane detexi, hanc marginis exiguitas non caperet. Es decir: Es imposible descomponer un cubo en dos cubos, un bicuadrado en dos bicuadrados, y en general, una potencia cualquiera, aparte del cuadrado, en dos potencias del mismo exponente. He encontrado una demostración realmente maravillosa, pero el margen del libro es muy estrecho para incluirla. []

Teoría de juegos… en gallego

Como probablemente sabéis, una de las series que hemos publicado en este blog ha sido la de Teoría de Juegos. Allí fuimos introduciendo conceptos sobre esta disciplina e incluso fuimos aplicándolos a juegos que nos inventamos para que vosotros los lectores jugarais y nos ayudarais a hacer las deducciones y las explicaciones.

Esta breve nota es para anunciar que en el blog Ciención de Breogán están publicado una traducción de dicha serie al gallego. Ciención de Breogán es un blog de divulgación científica íntegramente en gallego, para que personas para las que el idioma suponga una barrera puedan acceder a contenidos científicos. El blog es una iniciativa de Saul_IP, autor de otra de las series que hemos tenido el placer de leer en El Cedazo: El euro.

Que ustedes lo disfruten.

 

Biografía del Universo 08: De materia y antimateria: Un poco de teoría II

Al final de la entrada anterior de esta serie sobre la vida de nuestro Universo nos habíamos permitido lanzar un largo suspiro con el que abrir un descanso, ya que las pinceladas de necesaria teoría que habíamos trazado acerca de la materia y sus interioridades habían cubierto un espacio más que suficiente. Sobre todo pensando en lo que quedaba y que, si estáis con apetito, os vais a encontrar en las líneas de más abajo. Prometí hablar del científico que planteó las bases técnicas sobre las que se debía apoyar cualquier estudio sobre la antimateria. Y aquí va.

“Danke, Andrej Sacharow”, mural en homenaje a Andréi Sájarov pintado en 1990 sobre el muro de Berlín (Wikimedia, CC BY-SA 3.0 de)

Hace más de 40 años, y aún son válidos hoy en día, el físico Andréi Sájarov[1] propuso los principios que tenía que contener la Física que podrían explicar la asimetría de partículas y, como consecuencia, la abrumadora existencia de materia frente a la antimateria.[2] En líneas generales, dijo que a altas energías se debían dar procesos simétricos de generación de bariones y de antibariones, en tanto en cuanto se crearían el mismo número de unos que de otros, formándose así un universo numéricamente equilibrado respecto a ambos tipos de partículas. Sin embargo, entre todas estas interacciones alguna, o algunas, tenían que violar este equilibrio. De todas formas, esta violación debería ser muy ligera, debido al hecho de que las interacciones que violan el número bariónico podrían intervenir en la desintegración del protón. Y sabemos que el protón es superestable.[3]

Sigue leyendo ›

  1. En esta página de Wikipedia tenéis la historia de tan tremendo físico soviético. []
  2. Dijimos en la entrada anterior que el descuadre entre antimateria y materia es de uno frente a diez mil millones. []
  3. Se cree que su vida media es de unas muchos órdenes de magnitud la edad del universo. Para los amantes de las estadísticas, esa vida media tiene un límite inferior de unos 1035 años. []

Biografía del Universo 07: De materia y antimateria. Un poco de teoría I

En la anterior entrada de la serie Biografía del Universo salimos de la inflación exponencial con todo un futuro por delante. Llegamos a entender cómo a partir de ella pudo eclosionar un mundo del tamaño de una naranja que existía en sí mismo, acotado por nada. Un mundo en donde violentos vórtices de energía chocaban unos con otros, mientras aparecían y desaparecían los nuevos habitantes del espacio-tiempo, partículas y más partículas, a lomos de nuevos y misteriosos campos cuánticos, desplazándose a velocidades relativistas. Tras una brevísima fracción de tiempo la temperatura del Universo había llegado a ser del orden de 1026K, con una energía media que se había situado en la plataforma de 1024 eV. Era el tiempo t = 10-32 segundos, y había todo un universo por delante.

A medida que avance la serie nos vamos a encontrar en nuestro joven Universo con unos personajes que llevan una vida social muy activa y cambiante, ajustándose a las condiciones de temperatura y energía de cada momento. Las leyes que posiblemente actúen en esta física son bastante complejas, aunque creemos entenderlas razonablemente bien. Pensamos que estamos en el buen camino, ya que lo que vamos deduciendo a partir de ellas se ajusta bastante bien a lo observado.

Fotografía de una colisión entre dos haces de iones de oro que se produjo en el RHIC del Laboratorio Nacional de Brookhaven en USA (2005). Se trata de un plasma de quarks-gluones que pudiera ser, salvando las distancias energéticas, del tipo que había en el Universo cuando tenía una edad de 10-12 segundos (Imagen: Brookhaven National Laboratory, CC BY-NC-ND 2.0)

No obstante, mirar directamente a los inicios de esta sopa de materia y radiación queda aún muy lejos de nuestras posibilidades. La continua expansión que siguió a la inflación llevó al Universo desde un nivel promedio de energía de partida de 1024 eV en el recalentamiento, llegando a 1 eV cuando se formaron los primeros átomos, para continuar al escaso milielectronvoltio de hoy. Nuestro más potente “telescopio regresivo” es el LHC que se zambulle hasta unas profundidades del entorno de los 1013 eV. Con él podemos reproducir las condiciones del Universo cuando tenía 10-12 segundos de vida. Pero no nos podemos remontar más atrás, hasta las condiciones del momento t=10-32 segundos, cuando el recalentamiento estaba marcando el paisaje. Y aunque parezca poco, en estos 10-12 segundos iniciales -invisibles para nosotros- pasaron, o creemos que pasaron, muchas cosas realmente decisivas.

Sigue leyendo ›

Los sistemas receptores 07: Sistema vestibular II. Procesos.

En la entrada que ahora comenzamos vamos a completar la información acerca del sentido que nos proporciona los datos necesarios para poder mantener el equilibrio de nuestro cuerpo. En la anterior entrada de esta serie, “Los sistemas receptores“, vimos cómo eran los sensores de la información y en qué lugar del cuerpo se encontraban: el oído interno. En los siguientes párrafos acompañaremos a los potenciales de acción, generados por la actividad de estos sensores, en su camino hacia estructuras neuronales más profundas en donde se verán sometidos a procesos cerebrales más complejos. Volvamos, pues, al nervio vestibular, uno de los dos que componen el nervio craneal VIII. Y como ya os comenté en otras entradas, antes de entrar definitivamente en harina os recomiendo que repaséis las tres primeras de esta serie si no las habéis leído ya.

En las ampollas del laberinto y en los sacos donde flotan los otolitos se habían generado potenciales de acción, todos ellos semejantes, como no puede ser de otra manera dada la común fisiología de todos los tipos de neuronas. Ante esta realidad que parece contraria a una buena operativa posterior, hay algo que viene en ayuda del cerebro, y es que estos potenciales van por unas vías exclusivas, que en el caso que nos trae es el manojo de axones de nuestro nervio vestibular. Cuando lleguen a la profundidad del encéfalo éste “sabrá” qué es lo que le dicen, porque proceden de donde proceden, y también “sabrá” que tiene inequívocamente que ver con las estructuras cerebrales a donde van a llegar. Estructuras en donde se va a utilizar la información para trabajar diversas funciones propioceptivas y de equilibrio que nos pueden resultar elementales y evidentes de puro automáticas y reiterativas que son.

Como, por ejemplo, la de estabilizar los movimientos de los ojos cuando la cabeza, por sí sola o arrastrada por el movimiento del cuerpo, cambia de posición. Lo que es lo mismo que decir que su eje de proyección hacia delante, hacia el campo de visión, ha cambiado, cosa que a lo mejor no le interesa a los ojos, que deben seguir fijos en el punto hacia donde miraban. Imaginad que vais en el tren mirando por la ventanilla a un árbol espectacular. El tren debe seguir por la vía, que gira hacia la derecha… y sin embargo nuestros ojos no acompañan el giro inducido en nuestro cuerpo y por tanto en la cabeza, sino que siguen fijos en el árbol que captó nuestra atención. Lo más sorprendente es que el movimiento de corrección que han realizado los ojos coincide exactamente con el movimiento experimentado por nuestra cabeza, tanto en amplitud como en velocidad. Y además lo han hecho de forma automática con una perfección que nunca hubiéramos conseguido si lo hubiéramos querido hacer de forma voluntaria.

Sigue leyendo ›

Los sistemas receptores 06: Sistema vestibular I. Los sensores.

En la anterior entrada de esta serie, “Los sistemas receptores, profundizamos en los sensores que nos proporcionan la propiocepción o, lo que es lo mismo, la percepción de la posición de nuestro cuerpo. En esta entrada y en la siguiente vamos a analizar un sentido que podemos considerar complementario, el sentido vestibular o de equilibrio, que nos proporciona la información que necesitamos en situaciones dinámicas de movimiento y aceleraciones para mantenernos en equilibrio. Por eso también se le llama sentido de equilibriocepción. Hoy solamente hablaremos de los sensores equilibrioceptivos. Y, como ya os comenté en otras entradas, antes de entrar definitivamente en harina os recomiendo que repaséis las tres primeras de esta serie, si no las habéis leído ya.

Los sensores primarios de este sistema se encuentran en el oído interno. Como veremos cuando hablemos del sentido de la audición, la parte más externa del oído está formada por los pabellones auditivos, la membrana del tímpano y los huesecillos amplificadores de las vibraciones sonoras. Pero no creamos que, por el hecho de estar ahí instalados sus sensores, el sentido vestibular que hoy vamos a estudiar tenga que ver con estas ondas de presión que vienen por el aire y que van a fabricarnos, tras el procesamiento encefálico, las percepciones sonoras. El punto en común de estos subsistemas, vestibular y auditivo, además de ser vecinos dentro del hueso temporal, es que son más que orgánicamente vecinos, ya que estructuralmente son muy similares: tubos membranosos que comparte un mismo líquido en su interior, aunque ambos se dedican a funciones muy distintas.

Al otro lado de donde golpea el último huesecillo, llamado estribo -lo veremos con más detalle en la entrada correspondiente al oído-, se encuentra un conjunto de tubos membranosos. Uno en forma de caracol, que da servicio a la audición, y otros tres en forma de semicircunferencias -el laberinto-, con disposición perpendicular unos a otros y una base común en donde se producen unos ensanchamientos globulares –los órganos otolíticos-, que participan en el sentido vestibular del equilibrio. En éste [a] los conductos circulares perpendiculares nos ayudan a detectar las aceleraciones en las rotaciones de la cabeza, mientras que [b] los sacos en el entronque común detectan la sensación de la posición estática de la cabeza, así como los movimientos lineales de la misma.

Una preciosa imagen en donde se distinguen claramente los canales perpendiculares del laberinto -1,2 y 3- y el caracol del oído. Los números 5′ y 7 corresponden a los órganos otolíticos (Wikimedia, dominio público)

Sigue leyendo ›