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Los sistemas receptores 00: Introducción

En esta serie sobre los sistemas receptores me propongo analizar los sistemas corporales receptores de las señales que, en líneas generales, necesita el organismo para interactuar con su medio. Son sustanciales en sí mismos, ya que son los mensajeros en los que nuestro director de orquesta vital, el cerebro, confía para poder realizar sus funciones. Funciones que a todas luces se nos ocurren trascendentales para nuestra supervivencia.

Como dice el neurólogo Rodolfo Llinás, el cerebro es una caja negra. En el camino de la evolución de los artrópodos hacia los animales vertebrados, el exoesqueleto de los primeros se fue dando la vuelta para posicionarse en el interior del cuerpo al que da sustento. Menos… pues sí, el cerebro que quedó encerrado en una caja ósea: el cráneo. Tiene su sentido, ya que, así, el que puede considerarse como el órgano principal para mantener nuestro delicado equilibrio químico vital quedaba en una posición de máxima protección frente a acciones que venían del exterior. No sólo esto, ya que, a su vez, fisiológicamente está parcialmente aislado de lo que pueda venir a través del sistema circulatorio, que lo alimenta y lo limpia, gracias a una serie de células gliales que llevan a cabo la función de frontera hemodinámica. Aclaramos que las células gliales son las grandes olvidadas de la población encefálica, en donde parece que sólo hay que tener en cuenta a las superestrellas, las neuronas. Por cada neurona hay diez gliales. Pero no es momento de hablar de ellas.

Volvamos a nuestra caja negra. El encéfalo queda, pues, encerrado en su jaula de aislamiento en donde no tiene más interfaz con el medio exterior que la que le viene a través de las señales que le envían los receptores sensoriales. Bien como señales eléctricas a través de los nervios craneales o periféricos -que actúan a nivel de la médula-, o como señales químicas que le vienen a través del torrente circulatorio o de la linfa. Es en esta circunstancia anatómica donde encuentro la gran trascendencia, la asombrosa importancia, de nuestras antenas sensoriales. Sin ellas el cerebro “encerrado” no podría llevar a cabo sus maravillosas y vitales funciones. Sigue leyendo ›

Biografía de lo Humano: El pdf

Hola a todos.

Se acabó hace unos días la serie ”Biografía de lo Humano”. Desde el 15 de noviembre de 2015 hemos estado analizando cómo pudo devenir nuestra condición de humanos racionales, previsores y demás cosas que hemos repasado juntos en este largo año. Diríamos que todo aquello que nos hace tan diferentes, creemos ufanos, como individuos y como especie… y que nos hacen tan capaces de lo mejor y lo peor.

Más de un año se merecía una recopilación. Por pura comodidad de lectura y como una especie de “crionizar” for ever el trabajo. Si me seguisteis hace un año cuando os contaba mi aventura editora con la serie ”La Biografía de la Vida“, podéis recordar que el esfuerzo me supuso llegar a la triste conclusión de que no merecía la pena (no me sentía con fuerzas para salvar los obstáculos… además de lo caro que salía). Así que creo que entenderéis que con esta serie ni me lo haya planteado.

Sin embargo, creo que el producto que os ofrezco es igual de serio y con un formato en pdf apto para ser leído sin gafas -creo- en cualquier ebook. Yo tengo un Kindle y vista cansada… y lo leo. Y no veas en una tablet o pc. Mérito de la letra creo: Times new roman 16. Y mérito de la plataforma que me ha permitido el milagro de compartirlo (no digo cual, pero al abrir el enlace que propongo más abajo lo veréis enseguida). Un aviso: al final de cada capítulo encontraréis las referencias de las notas del propio capítulo, creo que es una solución más cómoda que poner todo el listado al final.

Espero que os sea útil y que lo disfrutéis. Hoy, día en que escribo esto, es fin de año 2016, 31 de diciembre, las 17:35… así que dejadme que lo considere como un regalo de fin de fiesta. Consideradlo, pues, mi humilde regalo de Reyes a todos los lectores de El Cedazo.

Sin más que decir, ahí va el enlace: Biografía de lo Humano ¡¡¡EL PDF!!!

Chulo ¿no? Bueno, a mí me lo parece… todos los padres creen que los mocosos de sus hijos son los más aptos… ¡qué los mas aptos! ¡LOS MÁS IDÓNEOS, LOS PERFECTOS! … para un anuncio de pañales.

¡Nos leemos en la siguiente serie! Y bien digo nos leemos, pues necesito vuestros comentarios.

Lo que se preguntan sus alumnos de 3º de la ESO – XXV: ¿Por qué no nos podemos chupar el codo?

La entrada de hoy va a ser muy escueta. Siguiendo el orden de la lista de preguntas a la que hemos de tratar de dar respuesta, hemos llegado a una de ellas a la que no soy capaz de cogerle el puntillo del interés, interés que indudablemente debe tener cuando fue escogida como una pregunta interesante realizada por un alumno de 3º de la ESO, o al menos interesante para él . Es como si me dijeran: “explica el porqué no puedes aplaudir -en realidad sería por analogía “orejear”- con las orejas”.

Pero nuestro compromiso es responder a todas las preguntas efectuadas por los chicos y chicas según se han visto propuestas en el blog del profesor Lorenzo Hernández. Así que allá vamos…

Una imagen vale más que cien palabras (Imagen de la red, CC BY)

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Lo que se preguntan sus alumnos de 3º de la ESO – XXIV: Todo lo que vemos alrededor nuestro ¿los demás lo ven igual?

Interesante pregunta la que se hace el alumno de nuestro profe favorito. Porque hoy es un bonito día para disfrutar de nuestra vida. Y… ¿qué sería de nuestra vida si no tuviera el escenario adecuado en donde desarrollar la trama de la existencia personal? Cierro los ojos y ahí están presentes los sonidos que ocupan un infinito, los olores que incitan mi imaginación, la temperatura de la atmósfera, las texturas del aire que me abanica, la humedad de la boca transportando una paleta de sabores…

Estoy dormido. Me despierto. Abro los ojos y todo parece alcanzar una explicación. Ante mí están los objetos que incitaban a mis sentidos en la oscuridad. Ya sé por qué mi vida dispone de anclas con las que afianzar su existencia. El Cosmos que se me ha desvelado en todo su esplendor al pasar al estado de vigilia es todo lo que tengo. El Cosmos y mi yo consciente.

¿Ves tu lo que yo veo? Estarás de acuerdo conmigo en que es un hermoso amanecer. Precisamente el del 26 de junio de 2015 en la ciudad inglesa de Normanton (Crédito: Michiko Smith, fair use)

Todo lo que observo con mis sentidos, con todos ellos, sin olvidar mis poderes de raciocinio, me ayudan a interactuar en mi vida con el medio donde me encuentro y con los demás. Está claro que, por lo general y en ausencia de enfermedades, drogas o ideologías recalcitrantes, no tengo problemas en entenderme con mi medioambiente y mis vecinos. Sé que estos tienen una mente que creo funciona como la mía. Debe ser así, pues creo que reaccionan ante idénticas situaciones de la misma manera como lo hago yo… chillan si les cae una cucaracha encima, sonríen si ven a un cachorro, abren los ojos ante un ruido inesperado. Las mentes de todos los humanos son iguales: la misma maquinaria, los mismos procesos, los mismos códigos de interpretación.

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Biografía de lo Humano 24: A modo de epílogo

A lo largo de todas las entradas de esta serie sobre la Biografía de lo Humano hemos realizado un amplio recorrido por aquello que pudo condicionar, favorecer o impulsar de forma irremisible lo que nosotros, humanos, creemos que nos hace diferentes al resto de los seres vivos: nuestra racionalidad fluida y predictiva.

Así, planteamos los tres puntales que soporta esta emergencia cerebral y a la postre social y cultural: Las capacidades o inteligencias cerebrales, las relaciones sociales y las pasta aglutinadora que supo ser el lenguaje.

Cerramos como empezamos, con el “triángulo” de lo Humano

Vimos también cómo fue evolucionando con el tiempo el cuerpo del humano y su anatomía, viendo cómo dos hechos surgidos del azar fueron las palancas primordiales del milagro de la esencia de lo “humano”: la bipedestación, el ponerse de pie, y el desarrollo del tamaño cerebral, acompañado de unas cada vez más potentes y complejas relaciones neuronales.

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Lo que se preguntan sus alumnos de 3º de la ESO – XXIII: ¿Por qué los camellos y los dromedarios tienen chepas?

Seguimos avanzando en esta serie por la lista de preguntas que plantea el profesor Lorenzo Hernández y que a su vez ha recibido de sus alumnos de 3º de la ESO. Hoy toca enfocar la curiosidad en la siguiente cuestión: ¿por qué los camellos y los dromedarios tienen chepas? Está bien lo de las chepas… aunque normalmente decimos que estos animales tienen jorobas. Y así continuaremos.

Camellos y dromedarios son unos animales mamíferos pertenecientes a un trío de especies diferentes de la familia Camelidae: Camelus bactrianus, Camelus ferus Camelus dromedarius. Los tres tienen un origen común, un antecesor que corría por las praderas norteamericanas durante el Eoceno (entre hace 56 y 34 millones de años). De él también provienen las vicuñas, las alpacas, las llamas y los guanacos que a día de hoy habitan en Sudamérica.

A la izquierda un ejemplar de Camelus bactrianus y a la derecha de Camelus dromedarius (Wikimedia, imagen e imagen, CC BY-SA 3.0)

Nuestros amigos Camelus, el camello y el dromedario, viven actualmente en las llanuras áridas de África, Asia e incluso en Australia. Quizás tuvieron que emigrar desde su geografía de origen, las zonas de las grandes praderas, hasta esos territorios inhóspitos, empujados por sus depredadores naturales. La evolución fue conformando sus anatomías y fisiologías de forma que se seleccionaron aquellas que eran más eficientes para la supervivencia y reproducción en los territorios áridos y secos de los desiertos. Básicamente, la selección natural cotizó todo lo relacionado con la defensa frente al calor y la deshidratación. Y precisamente en eso juega un papel fundamental la joroba.

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Biografía de lo Humano 23: Los últimos 10.000 años

Al final de la entrada anterior de esta serie proponía dejar el Paleolítico. Allí comentaba cómo, con las salvedades necesarias, el hombre había entreabierto las puertas de la dialéctica, la estética, la ética y la trascendencia.

A partir de hace más o menos 10.000 años, durante el Neolítico, época que es la base de la entrada de hoy, estos catalizadores estimularon la maquinaria cerebral, de forma que se produjo una revolución cultural cuyas consecuencias cambiarían el natural curso evolutivo de la vida sobre el planeta. Permitiría llevar al Homo sapiens hacia posiciones desde las que domina, o lo intenta, su medio ambiente, llegando a ser parte decisiva en su propia selección natural. Me refiero a la domesticación de animales y vegetales.

Sin embargo, esta revolución no apareció de forma espontánea en un breve plazo temporal. Se necesitó un periodo de preparación, durante el cual unos grupos de nómadas recolectores-cazadores iniciaron su proceso de sedentarización. Esto sucedió en fechas próximas a hace unos once a ocho mil años en el levante mediterráneo, sobre territorios de los actuales Israel, Jordania y Siria. Se trataba de la cultura Natufian, como exponente de lo que se encontró en el yacimiento israelí de Uadi-en-Natuf.

Restos de las paredes de una cabaña natufiense (Wikimedia, CC BY-SA 2.5)

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Historia de un ignorante, ma non troppo… Tercera Sinfonía de Gustav Mahler

Las sinfonías deben ser como el mundo, deben contenerlo todo”.

Vosotros, amables lectores de esta pretenciosa serie musical, lo sabéis ya, porque la he citado cada vez que el genio bohemio[1] ha aparecido por estas páginas, con su Quinta Sinfonía, su Primera (Titán), y su Segunda (Resurrección). Pues ya veréis cómo esta sinfonía de hoy, la Tercera, la más larga de todas ellas y una de las obras más largas del repertorio actual (más de hora y media, normalmente entre 100 y 105 minutos), demuestra perfectamente la intención del autor, porque dentro de ella encontraremos de todo: poderosas entradas del metal junto con susurrantes temas al violín, épica, amor, chabacanería, solemnidad, melancolía… Sí, no cabe duda, esta sinfonía es como el mundo: lo contiene todo.

Esta frase que, aparentemente, el músico bohemio dijo a Sibelius cuando se conocieron, resume la percepción de Gustav Mahler, el gran ecléctico, acerca de la composición de sus sinfonías: diez completas (contando como una sinfonía más al Canto de la Tierra) y el primer movimiento de su décima que forman la parte mollar de su producción. De hecho, además de sus sinfonías, Mahler apenas compuso seis ciclos de canciones basadas en poemas alemanes populares o contemporáneos, ciclos de los que, además, tomó prestado material para sus sinfonías, un cuarteto compuesto en su etapa de estudiante del que sólo se conserva el primer movimiento y… nada más. Parece increíble que con tan escasa producción sea Mahler probablemente el autor más admirado de nuestros tiempos. Y eso que durante prácticamente cincuenta años, desde su muerte en 1911 hasta la década de 1960, fue olímpicamente ignorado por casi todos los directores y grandes orquestas de la época (aunque, ciertamente, no de forma tan intensa como lo fue Johann Sebastian Bach tras su muerte). Aunque la verdad es que durante su vida tampoco puede decirse que sus obras triunfaran. Su Primera Sinfonía, Titán, tuvo serias dificultades para ser comprendida.[2] La Segunda, Resurrección, más de lo mismo; de la que hoy comento, la Tercera, ¿para qué vamos a hablar…? Sólo la Octava, la de los Mil, tuvo un éxito arrollador en su estreno, sólo unos meses antes del fallecimiento del compositor. Sigue leyendo ›

  1. Parece que la localidad donde Mahler nació, Kaliste, era más bien de la Moravia austriaca; de hecho el idioma natal de la familia Mahler era el alemán, no el checo. []
  2. Un crítico llegó a decir que era “la más aburrida obra sinfónica que la nueva época ha producido”… Sin comentarios. []

Biografía de lo Humano 22: Entre hace 40.000/50.000 a 10.000 años III, la trascendencia humana

Vamos a seguir en el mismo escenario temporal por el que nos movimos en la entrada anterior, en pleno Paleolítico superior, entre hace 40.000/50.000 y 10.000 años. En esta serie titulada “Biografía de lo Humano” nos dedicamos a realizar una labor detectivesca sobre el camino de la emergencia del pensamiento racional y proyectivo del hombre. Habíamos polemizado acerca de cómo se puede evidenciar el surgir de un pensamiento simbólico al observar los objetos de los hombres en los que no se aprecia una utilidad concreta para su supervivencia, como pudiera ser todo lo relacionado con el arte.

Hoy seguimos el camino. Para centrarnos, propongo que volvamos a echar una ojeada desde las alturas para pintar un plano general del momento. En estos momentos ya sabemos un poco más acerca de aquellos sapiens que habían conquistado todo en sus andanzas por los territorios a través de los que se movieron. Podemos entender por sus manifestaciones culturales el porqué de tal éxito. Y tenemos que suponer que todo ello fue lo que asoló a sus vecinos neandertales en Europa, a los erectos y denisovanos en Asia o al resto de especies humanas en el territorio africano. Con algunos de estos coetáneos compartieron un cierto sentido de trascendencia individual, que se pone claramente de manifiesto al observar sus hábitos de enterramiento. Ya hablamos de ello al analizar el periodo anterior acerca de los más antiguos de sapiens y de neandertales, en el Levante mediterráneo. Vamos ahora a extender nuestra información con lo que se conoce del Paleolítico superior europeo.

Enterramiento sapiens de Sunghir en Rusia, datado entre 19 y 29 mil años antes de hoy (Wikimedia, Foto: J. M. Benito Álvarez, Dominio Público)

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Las doce bolas

Abres los ojos – ¿Dónde estoy? – te preguntas. Te duele la cabeza y estas mareado, miras a tu alrededor, te encuentras en una especie de habitación. Una habitación en la que, aunque estas seguro de no haber estado nunca antes, te resulta extrañamente familiar. Empiezas a recordar, ayer saliste con tus amigos de fiesta para celebrar el ascenso de un amigo tuyo en el trabajo, recuerdas que fuisteis a un bar y pedisteis unas cervezas seguidas de bastantes rondas de bebidas alcohólicas varias. De repente un olor nauseabundo inunda la habitación interrumpiendo tus pensamientos, un olor de difícil descripción que aumenta aún más tu mareo y el dolor de cabeza, crees que va a explotar. Levantas la cabeza para intentar averiguar de dónde sale ese olor, no te resulta demasiado difícil porque en la habitación acaba de entrar un ser con un aspecto aún peor que su olor, un ser lleno de tentáculos que deja un rastro de babas ácidas por allá donde pasa, y de repente recuerdas por qué la habitación te resulta tan familiar.

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