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Computador mágico XXXII – Epílogo

A lo largo de esta serie hemos visto cómo funciona un ordenador, empezando por sus componentes más básicos, los transistores, y subiendo cada vez más en abstracción hasta llegar al sistema operativo y los programas de usuario.

He intentado cubrir todo el camino completo, pero sin entrar en demasiado detalle en ninguno de los artículos (si alguien quiere más detalle de algo concreto, que lo pida y veremos qué se puede hacer), pero permitiendo seguirlo a alguien sin conocimientos previos (espero… esa era al menos la intención).

No obstante, por si alguien quiere profundizar, vamos a dejar algunas referencias a textos más profundos. No conozco ningún texto que cubra todo el camino en profundidad, porque cada una de las áreas que cubre esta serie es complicada en sí misma, así que tendré que dar varias referencias.

Para la parte inicial es útil algún libro de electrónica. Yo he utilizado (tanto para esta serie como cuando lo estudié hace ya unos añitos) el libro “Microelectrónica” de Jacob Millman y Arvin Granbel. Cubre más o menos desde el principio hasta la lógica secuencial.

Para la parte media, el mejor libro que conozco es “Curso de ordenadores: conceptos básicos de arquitectura y sistemas operativos”, de Gregorio Fernández. Tanto es así que los ordenadores C16 que hemos visto aquí se basan en lo que Gregorio usa en su libro.

Para la parte final, la de sistemas operativos, es muy interesante el libro ”Operating System Concepts” de A. Silberschatz y P. Galvin. Otro muy bueno es ”Operating systems: design and implementation” de Andrew S. Tanenbaum; probablemente no es el mejor, pero Andrew escribe muy bien, y además te da su propio sistema operativo, Minix, para que vayas viendo en el código lo que te cuenta en la parte teórica.

Fue un placer.

 

Memorias de un Viejo Informático. Por fin: ¡Publicado el libro!

Portada de las “Memorias de un Viejo Informático” en formato electrónico

¡Por fin! Tras años de escuchar vuestras amables peticiones, incluso quejas,[1] he publicado las Memorias de un Viejo Informático para que aquellos que queráis tenerlas en soporte físico o electrónico podáis hacerlo. ¡Más vale tarde que nunca!

He recopilado los artículos de la serie, los he corregido, aumentado y preparado para su publicación con el fin de obtener un producto de la máxima calidad a mi alcance, y además las he puesto el precio lo más barato que he podido para hacerlas lo menos gravosas posible.

La base de este libro son los artículos de la “Historia de un Viejo Informático”, que durante buena parte del año 2009 publiqué aquí, en El Cedazo, supongo que muchos de vosotros sois conscientes de ello.

Fueron 23 artículos que tuvieron una gran acogida por vuestra parte, queridos lectores. Bastantes de ellos fueron, incluso, portada en Menéame, donde por entonces era común encontrar artículos de El Tamiz o de El Cedazo. Una vez finalizó la serie he recibido muchas veces comentarios de lectores animándome a publicar en forma de libro los artículos de la “Historia de un Viejo Informático”. Amigos y conocidos me han pedido también que publicara el libro para así tenerlo en su biblioteca, y también Pedro, el dueño y señor de El Tamiz, y Javier “J” Sedano, editor de El Cedazo como yo mismo, me han urgido en distintas ocasiones a que me decidiera a publicarlo.

Por ganas no era, no, pero el caso es que yo no veía el momento, ni sabía muy bien cómo hacerlo y que quedara bien, ni nada. La tarea me asustaba un poco, la verdad, y además la serie estaba disponible en las páginas de El Cedazo para todo aquel que quisiera refocilarse con ella. Así que lo fui dejando pasar.

Hasta ahora: ya llegó el momento.

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  1. Sí, sí, quejas, de veras. []

Historia de un ignorante, ma non troppo… Cantus in memoriam Benjamín Britten, de Arvo Pärt

El artículo de hoy de esta ignorante serie musical está dedicado a una obra que el compositor estonio Arvo Pärt escribió en homenaje al compositor inglés Benjamin Britten, al poco de su muerte en 1976. Es una obra corta, de unos seis minutos de duración, pero intensa desde su simplicidad. Una obra que llega al corazón… Pero me estoy adelantando. Mejor comenzar por el principio.

El día 28 de noviembre de 2013 asistí al “Concierto de Santa Cecilia” que cada año ejecuta la Orquesta Sinfónica de Madrid, ese año dirigida por Jeffrey Tate. Parte del concierto fue un homenaje a Benjamín Britten, conmemorando el centenario de su nacimiento, dado que nació en 1913, precisamente el día 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, patrona de la música.

Es práctica habitual de todas las orquestas del mundo programar obras de compositores de los que se celebre alguna onomástica ese año: centenario de su nacimiento, bicentenario de su fallecimiento, cosas así. Desde cierto punto de vista no tiene mucho sentido hacerlo. Si la obra merece programarse, debería hacerse independientemente de si este año hace 100 ó 37 y medio que se estrenó o que se murió su autor o lo que sea. Sin embargo, una ventaja tiene esto de programar obras en los aniversarios: es un procedimiento completamente democrático, en el que todos los autores tienen su oportunidad… basta con dejar que corran los años hasta llegar al correspondiente centenario o lo que sea. Y a veces esta práctica da resultados memorables, como cuando la Orquesta Nacional de España programó la integral de la obra de Mahler en tres temporadas, coincidiendo con el 150 aniversario de su nacimiento en 1860 y el centenario de su muerte en 1911.

Pues bien, en ese concierto al que me refiero se ejecutaron dos obras de Benjamín Britten y una, la del artículo de hoy, de Arvo Pärt, dedicada a él. El Cantus in memoriam Benjamin Britten. Me fascinó. Espero que os fascine a vosotros también.

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La Biografía de la Vida 37. La gran extinción del Pérmico-Triásico

En la entrada anterior de esta serie sobre la Biografía de la Vida contemplábamos en todo su esplendor cómo durante el periodo Pérmico asentaban sus bases aquellos que más tarde, a lo largo del Mesozoico, dominarán la escena, al menos de forma más aparente y mediática: los reptiles y los mamíferos. En la entrada de hoy vamos a ver que no todo fue tan fácil.

Nada ni nadie se podía imaginar la que se avecinaba. Aquel día, un día cualquiera durante el Pérmico, había amanecido igual de caluroso y seco, como venía sucediendo desde hacía unos millones de años. Aquel día iba a comenzar la cadena de sucesos que estrangularían la vida hasta posiciones próximas a la desaparición. Fueron entre 5 y 10 millones de años terribles -incluso algunos lo estrechan a tan sólo un millón y medio- que cambiaron la faz de la Tierra.

El resultado lo evidencian los datos paleontológicos disponibles, que nos permiten asegurar que el 96% de las especies marinas del Pérmico desaparecieron hace 251 millones de años, en el límite entre el Pérmico y el Triásico. Desaparecieron para siempre los trilobites, mientras que los corales rugosos, que tanto habían colaborado en la construcción de los arrecifes, fueron brutalmente diezmados. Menguaron las especies de los amonites, braquiópodos y equinodermos. Deberíamos esperar diez millones de años a que la recolonización de los medios marinos volviera a activarse.

En cuanto a la fauna de tierra firme, se estima que desaparecieron un 77% de los vertebrados, con una mayor supervivencia entre los de pequeña talla.

Las plantas soportaron mejor la crisis, aunque los helechos con semilla se extinguieron y a las gimnospermas les costó un largo periodo el poder reaparecer. Lo consiguieron gracias a la capacidad de sus semillas para enquistar la vida hasta encontrar condiciones más propicias. No se generó carbón durante el periodo, a diferencia de lo ocurrido a lo largo del Carbonífero, lo que hace pensar que la práctica totalidad de las plantas turberas desaparecieron.

Una evidencia de la crisis de los bosques la encontramos en la proliferación de restos fósiles del Reduviasporonites durante el momento en el que se da la extinción. El análisis de la firma geoquímica del mismo indica que se trata de un hongo cuyo nicho ambiental era la madera en descomposición. Las piezas encajan para indicar que los bosques de Pangea fueron aniquilados por la extinción masiva, encontrando este hongo un entorno idóneo para su desarrollo.

El hecho fue tan importante que se establece este evento como el que marca el final del Paleozoico, cuyo nombre significa con mucha precisión “vida antigua”. Después de él vendría la vida nueva del Mesozoico, la “vida intermedia”.

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El euro: Actualización final – Cuarta parte

Esto se acaba ya, estimado lector. Te presento —déjame coger aliento— la segunda mitad de la tercera parte del último artículo de la serie El euro. En la primera mitad —la tercera parte de esta actualización final— recorrimos, por orden alfabético, los primeros países: desde Alemania hasta Grecia. Hoy comenzaremos por Italia, revisando las monedas conmemorativas de 2 € emitidas desde 2012, y terminarás por fin con este suplicio. Así que… ¡allá vamos!

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La Biografía de la Vida 36. El Pérmico: Fin del Paleozoico

En la entrada anterior de esta serie sobre la Biografía de la Vida nos despedimos del activo periodo Carbonífero. Hoy corresponde seguir adelante y adentrarnos en el desafortunado Pérmico.

Se extiende a lo largo de una prolongada etapa de casi 50 millones de años: desde los 299 hasta los 251 antes de hoy.

Este nuevo periodo debe su nombre a los extensos yacimientos de fósiles que corresponden a esta época que se encuentran en las cercanías de la ciudad rusa de Perm, próxima a los Urales. Es el periodo en el que se consolidó Pangea, circunstancia que trajo consigo una época de clima seco y extrema aridez en las tierras. No es de extrañar, por tanto, el éxito alcanzado a lo largo de estos años en la radiación de los reptiles, animales muy preparados para estas circunstancias.

Este periodo finalizará con la mayor extinción conocida de especies. De ahí el apelativo que le he dado de “desafortunado”.

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El euro: Actualización final – Tercera parte

Por fin, exhausto lector, llega la tercera parte de este artículo de actualización de la serie de El Cedazo sobre la Moneda Única Europea, el euro. Durante esta actualización final hemos hablado, en el primer artículo, de los nuevos países que entraron —o entrarán en el futuro— a formar parte de la Eurozona y de cómo son —o serán— sus monedas, y también vimos qué países han renovado este 2014 sus diseños nacionales. En el segundo artículo repasamos la normativa que regula los diseños de las monedas de euros y también descubrimos la segunda serie de billetes en euros, la serie Europa. La idea hoy, como broche final, era repasar de nuevo los países de la Zona Euro desvelando las nuevas monedas conmemorativas de 2 € que se han emitido desde 2012. No obstante, son tantas que, cuando acabé de escribir el artículo, resultó ser demasiado largo, así que, cual superproducción de Hollywood, voy a subdividir esta última entrega en dos: de Alemania a Grecia en este artículo y de Italia al Vaticano en el próximo. Nos espera, amigo lector, alguna que otra sorpresa. Allá vamos.

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Computador mágico XXXI – Arranque hasta el buscaminas

Ya hemos visto a lo largo de la serie cómo funciona el hardware de un ordenador, hemos visto más o menos qué hace un sistema operativo y cómo lo hace… solo nos queda ver cómo empieza el mundo: yo le doy al botón de encendido en el ordenador y entonces ¿qué ocurre?

El problema de explicar esto es que, aunque hay cosas comunes, cada ordenador y cada sistema operativo es diferente. Así que vamos a centrarnos en los sistemas que más utilizamos en casa: los PCs con MS Windows.

Todo empieza cuando el usuario le da al botón de encendido. Todos los microchips del ordenador reciben alimentación y empiezan a funcionar. En particular, la CPU empieza con su ciclo: mira la dirección de memoria a donde apunta PC (recordad: el Program Counter) y ejecuta lo que haya ahí… así una y otra vez.

Así que, como acaba de empezar, lo que hará es ejecutar lo que haya en la posición 0×00000000. ¿Qué hay ahí? En los ejemplos que hemos visto hasta ahora lo que había ahí era nuestro programa, pero claro, ahora queremos algo más versátil, un PC de escritorio normal y corriente, así que no podemos esperar que ahí esté precisamente el programa que quiere ejecutar el usuario.

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La Biografía de la Vida 35. Anfibios y reptiles del Carbonífero

Con esta entrada de la serie sobre la Biografía de la Vida completamos el periodo Carbonífero que iniciamos hace dos capítulos (aquí y aquí). Hemos hablado ya del escenario ambiental, de la biota vegetal, hicimos algunos apuntes sobre lo que pasaba en lo más oculto de las aguas oceánicas y completamos el itinerario profundizando en la fantástica vía evolutiva de los insectos. Hoy nos vamos a dedicar a otra excitante aventura: cómo los animales tetrápodos conquistan la tierra y devienen anfibios y reptiles.

Seguimos moviéndonos en el periodo comprendido entre hace 359 y 299 millones de años.

La riqueza de vida animal en los magníficos bosques ecuatoriales del Carbonífero no se acababa en la variada y rica fauna de los invertebrados. Ya conocemos la aventura de finales del Devónico cuando algún pez sacó su hocico fuera del agua en busca de la sabrosa comida que suponía la primera colonización terrestre de los artrópodos. Sin embargo, el salir fuera del agua conllevaba a su vez muy serios problemas. La piel necesitaba mantener la humedad para que no se degradara y las puestas de huevos debían seguir haciéndose en un medio líquido, como sus abuelos peces, para que no se desecaran. En aquellos momentos iniciales del Carbonífero el hábitat terrestre era un lugar de tránsito en donde buscar el alimento para volver de nuevo a las aguas que no se podían abandonar completamente, una necesidad imperiosa para los anfibios. Aún faltaba un poco de tiempo para que los reptiles llegaran al “descubrimiento” del huevo blindado, el amniótico, que les permitiría olvidarse de la dependencia absoluta del agua.

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Historia de un ignorante, ma non troppo… Concierto para Violonchelo y Orquesta, de Dvorak

A lo largo de esta ya larga serie musical hemos tenido artículos dedicados a muchos compositores y a muchos estilos musicales diferentes, incluyendo, desde luego, los conciertos para instrumento solista y orquesta. De hecho ya han aparecido por acá cinco o seis sublimes conciertos para piano y orquesta y otros dos o tres para violín y orquesta. Pero no sólo de violines y pianos vive el género concertante, también hay muchos conciertos para otros instrumentos y orquesta: flauta, clarinete, oboe, fagot, trompeta, trompa, arpa, guitarra y, por supuesto, también para el resto de instrumentos de cuerda, de cuerda frotada, en realidad, que no sean el violín: viola, cello e incluso de contrabajo.

Dicho esto, la realidad es que por cada concierto para uno cualquiera de estos instrumentos hay lo menos quince para violín o piano. La versatilidad de estos instrumentos los hace los reyes de los solistas que tocan con orquesta. ¿Quiere esto decir que los únicos conciertos que merecen la pena son los de piano o violín…? No, claro que no… ejem, si no, no estaríais leyendo este artículo. Pero lo cierto es que si a mí me preguntan por conciertos famosos de instrumentos que no sean los omnipresentes violín o piano, me vienen a las mientes apenas tres o cuatro: el de clarinete de Mozart (recordadme que tengo que traer aquí pronto a este espectacular concierto), el de flauta de Ibert y los de cello de Elgar, Shostakovich y Dvorak… y así, de saque, no se me ocurren más.

Eso sí, ¡qué conciertos son todos ellos! Éste de hoy, el Concierto para violonchelo y orquesta en si menor, Op. 104 de Antonin Dvorak es seguramente el Everest para los violonchelistas, y desde luego, hasta donde yo sé, el de todos conciertos de cello. Tanto es así que en la jerga de los músicos este concierto es simplemente “el Dvorak[1] Y eso que a su autor no parece que el cello le gustara mucho como instrumento solista…

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  1. Por cierto, Dvorak se escribe con acentos y tildes varias en sus letras, adminículos que me voy a ahorrar, y se pronuncia algo así como “Borshak”, bueno, no, “Vorshak”, marcando bien la Uve, para los pocos que aún seáis capaces de distinguir una uve de una be… []