El Universo Subprime – El fin… ¿justifica los medios? (y II)
No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.H. P. Lovecraft, La llamada del Cthulhu.
15 de marzo de 1937, H. P. Lovecraft fallece en un hospital de Providence, la misma ciudad que lo vio nacer. Atrás quedan la soledad, frustración y pobreza que habían caracterizado los últimos años de su vida, por otra parte los más fecundos literariamente hablando. Le sobrevive su obra, una vasta colección de cuentos de terror recuperados por un grupo de sus incondicionales, el Círculo de Lovecraft, que se consagra a su divulgación.
A menudo, los personajes lovecraftianos son seres desgarrados, cautivos de ancestrales maldiciones, o consumidos por la locura tras atisbar la insignificancia del ser humano en la infinitud de un universo dominado por fuerzas tenebrosas que acechan vigilantes desde los intersticios de la realidad, aguardando el tiempo en que han de venir. La perspectiva es tan ineludible y aterradora que más vale cerrar los ojos y olvidar, holgándose en una plácida y confiada ignorancia. La curiosidad, la exploración, la investigación… la ciencia en definitiva, son pecados capitales en la cosmogonía de Lovecraft.
Sin embargo, si algo caracteriza al hombre es precisamente su sed de conocimiento, así que lo siento por los dioses primigenios y sus inevitables designios, pues más tarde o más temprano serán ellos los que queden relegados al olvido. O eso espero (glub, espero que Cthulhu no lea esto).
Muy bien, pero ¿qué tiene que ver esto con la Fed (Reserva Federal) o con el BCE (Banco Central Europeo)? Bueno, lo admito, más bien poco. En todo caso, cogiéndolo con alfileres, podría aventurarse un paralelismo entre la secular aversión de los bancos centrales por la transparencia, por un lado, y el oscurantismo secundado por Lovecraft, por el otro. De hecho, seguramente Lovecraft sería un buen banquero de inversión: las crisis económicas son terribles e inevitables (¿seguro?) y frente a ellas mejor cerrar los ojos (no regular la banca, por ejemplo, tal y como quieren los bancos de inversión de Wall Street para seguir extendiendo sus viscosos tentáculos a través de los resquicios del sistema financiero).
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