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Lo que se preguntan sus alumnos de 3º de la ESO – XXIII: ¿Por qué los camellos y los dromedarios tienen chepas?

Seguimos avanzando en esta serie por la lista de preguntas que plantea el profesor Lorenzo Hernández y que a su vez ha recibido de sus alumnos de 3º de la ESO. Hoy toca enfocar la curiosidad en la siguiente cuestión: ¿por qué los camellos y los dromedarios tienen chepas? Está bien lo de las chepas… aunque normalmente decimos que estos animales tienen jorobas. Y así continuaremos.

Camellos y dromedarios son unos animales mamíferos pertenecientes a un trío de especies diferentes de la familia Camelidae: Camelus bactrianus, Camelus ferus Camelus dromedarius. Los tres tienen un origen común, un antecesor que corría por las praderas norteamericanas durante el Eoceno (entre hace 56 y 34 millones de años). De él también provienen las vicuñas, las alpacas, las llamas y los guanacos que a día de hoy habitan en Sudamérica.

A la izquierda un ejemplar de Camelus bactrianus y a la derecha de Camelus dromedarius (Wikimedia, imagen e imagen, CC BY-SA 3.0)

Nuestros amigos Camelus, el camello y el dromedario, viven actualmente en las llanuras áridas de África, Asia e incluso en Australia. Quizás tuvieron que emigrar desde su geografía de origen, las zonas de las grandes praderas, hasta esos territorios inhóspitos, empujados por sus depredadores naturales. La evolución fue conformando sus anatomías y fisiologías de forma que se seleccionaron aquellas que eran más eficientes para la supervivencia y reproducción en los territorios áridos y secos de los desiertos. Básicamente, la selección natural cotizó todo lo relacionado con la defensa frente al calor y la deshidratación. Y precisamente en eso juega un papel fundamental la joroba.

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Biografía de lo Humano 23: Los últimos 10.000 años

Al final de la entrada anterior de esta serie proponía dejar el Paleolítico. Allí comentaba cómo, con las salvedades necesarias, el hombre había entreabierto las puertas de la dialéctica, la estética, la ética y la trascendencia.

A partir de hace más o menos 10.000 años, durante el Neolítico, época que es la base de la entrada de hoy, estos catalizadores estimularon la maquinaria cerebral, de forma que se produjo una revolución cultural cuyas consecuencias cambiarían el natural curso evolutivo de la vida sobre el planeta. Permitiría llevar al Homo sapiens hacia posiciones desde las que domina, o lo intenta, su medio ambiente, llegando a ser parte decisiva en su propia selección natural. Me refiero a la domesticación de animales y vegetales.

Sin embargo, esta revolución no apareció de forma espontánea en un breve plazo temporal. Se necesitó un periodo de preparación, durante el cual unos grupos de nómadas recolectores-cazadores iniciaron su proceso de sedentarización. Esto sucedió en fechas próximas a hace unos once a ocho mil años en el levante mediterráneo, sobre territorios de los actuales Israel, Jordania y Siria. Se trataba de la cultura Natufian, como exponente de lo que se encontró en el yacimiento israelí de Uadi-en-Natuf.

Restos de las paredes de una cabaña natufiense (Wikimedia, CC BY-SA 2.5)

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Historia de un ignorante, ma non troppo… Tercera Sinfonía de Gustav Mahler

Las sinfonías deben ser como el mundo, deben contenerlo todo”.

Vosotros, amables lectores de esta pretenciosa serie musical, lo sabéis ya, porque la he citado cada vez que el genio bohemio[1] ha aparecido por estas páginas, con su Quinta Sinfonía, su Primera (Titán), y su Segunda (Resurrección). Pues ya veréis cómo esta sinfonía de hoy, la Tercera, la más larga de todas ellas y una de las obras más largas del repertorio actual (más de hora y media, normalmente entre 100 y 105 minutos), demuestra perfectamente la intención del autor, porque dentro de ella encontraremos de todo: poderosas entradas del metal junto con susurrantes temas al violín, épica, amor, chabacanería, solemnidad, melancolía… Sí, no cabe duda, esta sinfonía es como el mundo: lo contiene todo.

Esta frase que, aparentemente, el músico bohemio dijo a Sibelius cuando se conocieron, resume la percepción de Gustav Mahler, el gran ecléctico, acerca de la composición de sus sinfonías: diez completas (contando como una sinfonía más al Canto de la Tierra) y el primer movimiento de su décima que forman la parte mollar de su producción. De hecho, además de sus sinfonías, Mahler apenas compuso seis ciclos de canciones basadas en poemas alemanes populares o contemporáneos, ciclos de los que, además, tomó prestado material para sus sinfonías, un cuarteto compuesto en su etapa de estudiante del que sólo se conserva el primer movimiento y… nada más. Parece increíble que con tan escasa producción sea Mahler probablemente el autor más admirado de nuestros tiempos. Y eso que durante prácticamente cincuenta años, desde su muerte en 1911 hasta la década de 1960, fue olímpicamente ignorado por casi todos los directores y grandes orquestas de la época (aunque, ciertamente, no de forma tan intensa como lo fue Johann Sebastian Bach tras su muerte). Aunque la verdad es que durante su vida tampoco puede decirse que sus obras triunfaran. Su Primera Sinfonía, Titán, tuvo serias dificultades para ser comprendida.[2] La Segunda, Resurrección, más de lo mismo; de la que hoy comento, la Tercera, ¿para qué vamos a hablar…? Sólo la Octava, la de los Mil, tuvo un éxito arrollador en su estreno, sólo unos meses antes del fallecimiento del compositor. Sigue leyendo ›

  1. Parece que la localidad donde Mahler nació, Kaliste, era más bien de la Moravia austriaca; de hecho el idioma natal de la familia Mahler era el alemán, no el checo. []
  2. Un crítico llegó a decir que era “la más aburrida obra sinfónica que la nueva época ha producido”… Sin comentarios. []

Biografía de lo Humano 22: Entre hace 40.000/50.000 a 10.000 años III, la trascendencia humana

Vamos a seguir en el mismo escenario temporal por el que nos movimos en la entrada anterior, en pleno Paleolítico superior, entre hace 40.000/50.000 y 10.000 años. En esta serie titulada “Biografía de lo Humano” nos dedicamos a realizar una labor detectivesca sobre el camino de la emergencia del pensamiento racional y proyectivo del hombre. Habíamos polemizado acerca de cómo se puede evidenciar el surgir de un pensamiento simbólico al observar los objetos de los hombres en los que no se aprecia una utilidad concreta para su supervivencia, como pudiera ser todo lo relacionado con el arte.

Hoy seguimos el camino. Para centrarnos, propongo que volvamos a echar una ojeada desde las alturas para pintar un plano general del momento. En estos momentos ya sabemos un poco más acerca de aquellos sapiens que habían conquistado todo en sus andanzas por los territorios a través de los que se movieron. Podemos entender por sus manifestaciones culturales el porqué de tal éxito. Y tenemos que suponer que todo ello fue lo que asoló a sus vecinos neandertales en Europa, a los erectos y denisovanos en Asia o al resto de especies humanas en el territorio africano. Con algunos de estos coetáneos compartieron un cierto sentido de trascendencia individual, que se pone claramente de manifiesto al observar sus hábitos de enterramiento. Ya hablamos de ello al analizar el periodo anterior acerca de los más antiguos de sapiens y de neandertales, en el Levante mediterráneo. Vamos ahora a extender nuestra información con lo que se conoce del Paleolítico superior europeo.

Enterramiento sapiens de Sunghir en Rusia, datado entre 19 y 29 mil años antes de hoy (Wikimedia, Foto: J. M. Benito Álvarez, Dominio Público)

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Las doce bolas

Abres los ojos – ¿Dónde estoy? – te preguntas. Te duele la cabeza y estas mareado, miras a tu alrededor, te encuentras en una especie de habitación. Una habitación en la que, aunque estas seguro de no haber estado nunca antes, te resulta extrañamente familiar. Empiezas a recordar, ayer saliste con tus amigos de fiesta para celebrar el ascenso de un amigo tuyo en el trabajo, recuerdas que fuisteis a un bar y pedisteis unas cervezas seguidas de bastantes rondas de bebidas alcohólicas varias. De repente un olor nauseabundo inunda la habitación interrumpiendo tus pensamientos, un olor de difícil descripción que aumenta aún más tu mareo y el dolor de cabeza, crees que va a explotar. Levantas la cabeza para intentar averiguar de dónde sale ese olor, no te resulta demasiado difícil porque en la habitación acaba de entrar un ser con un aspecto aún peor que su olor, un ser lleno de tentáculos que deja un rastro de babas ácidas por allá donde pasa, y de repente recuerdas por qué la habitación te resulta tan familiar.

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Biografía de lo Humano 21: Entre hace 40.000/50.000 a 10.000 años II, el arte

Seguimos en la época comprendida entre 40.000/50.000 a 10.000 años antes de hoy. Dijimos en la entrada anterior de esta serie que a lo largo de este intervalo se gestó lo que se conoce como Revolución Cognitiva del Paleolítico Superior. Y estuvimos hablando de Homo sapiens como casi el único personaje de la trama, obviando a los espléndidos neandertales europeos, erectos asiáticos y heidelbergenses africanos. Pido excusas. No es un menosprecio: la cuantía en el conocimiento que de los primeros se tiene, manda. De todas formas, para lo que nos proponemos, la explosión de lo “Humano”, toda manifestación cultural nos da pistas valiosas. Quizás las veamos un poco antes en el tiempo, quizás un poco después.

Nos habíamos quedado hablando de la caza, y decíamos que los hombres de aquella época, al plantearse esta actividad lo hacían con un sentimiento de unidad indisoluble con la propia naturaleza y el objeto de su caza. Este componente de pensamiento antropomórfico puede que incorporara un nuevo valor, pudo ser uno de los antecedentes necesarios para que emergiera y se consolidara una manifestación realmente específica y personal de la especie humana: el arte.

Vista frontal y lateral de la dama de Brassempouy (Wikimedia, Dominio Público)

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¿Has leído “La historia de tu vida”, de Ted Chiang?

Ted Chiang es un escritor a tiempo parcial de ciencia ficción… la Wikipedia lo describe como “ficción especulativa”, y debo reconocer que le viene al pelo: cuando he leído sus cuentos (en particular, el recopilatorio que hoy nos ocupa), he estado continuamente pensando en que muchas de sus historias pueden empezarse con un “¿qué pasaría si…?”.

Ted tiene ya unos añitos (su primer cuento publicado es de los años 90) y ha ganado unos cuantos premios Nébula, Hugo y Locus por muchos de sus cuentos, así que, si eso te sirve de referencia, malo no es.

Portada del libro (desde la web de Amazon, https://www.amazon.es/Historia-Vida-Alamut-Serie-Fant%C3%A1stica/dp/8498891019/ref=sr_1_1)

 

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Biografía de lo Humano 20: Entre hace 40.000/50.000 a 10.000 años I, la vida

En la entrada anterior de la serie “Biografía de lo Humano“ nos despedíamos de unos hombres que estaban en el umbral del lenguaje argumentativo y de una mente racional compleja. A partir de esta entrada vamos a adentrarnos en el núcleo del nacimiento del comportamiento humano moderno: lo que se conoce como la Revolución Cognitiva del Paleolítico Superior. Al menos, eso es lo que opina una gran mayoría. Se supone que sucedió en el entorno de los años cincuenta mil a cuarenta mil antes de hoy: el gran salto hacia adelante se produjo en un periodo relativamente corto. Quizás fue el resultado de la historia, de una acumulación cultural en un cerebro humano suficientemente desarrollado que había conquistado un lenguaje sofisticado.

Sin embargo, no parece que los cambios anatómicos del cerebro fueran “el” factor decisivo, ya que el Homo sapiens de entonces tenía ya un encéfalo semejante al nuestro actual. Incluso el Homo neanderthalis lo tenía mayor. Más bien parece que las circunstancias externas por fin consiguieron la maduración de sus potencialidades neuronales, produciéndose un cambio cultural de un alto nivel. Cambio que se observa tanto en África como en Eurasia.

Pinturas en las cuevas de Lascaux -hace 14.000 años-, arte que se considera el indicio más evidente de la evolución de la mente hacia lo humano racional más complejo (Wikimedia, CC BY-SA 3.0)

Desde la antropología, la arqueología o la sociología se considera que el comportamiento moderno humano tiene que incorporar los siguientes elementos: herramientas, pesca, intercambios de productos entre grupos a grandes distancias, adornos personales, arte figurativo, juegos, música, cocinado de alimentos y enterramientos. Hasta este momento, en esta serie hemos estado dando multitud de vueltas acerca de casi todo ello, de forma que sabemos que algunos de estos elementos estaban ya presentes en el mundo antiguo, cuando se cruzaba la frontera cronológica del Paleolítico medio al superior. Es decir, hace 40.000 años. Somos ya unos “expertos” y capaces de imaginar el entorno vital de los hombres que se adentraban en la gran aventura.

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[De Thomson a Bohr, historia de un átomo] 1-Modelo atómico de Thomson 2: Fallos del modelo

Seguimos con la serie de modelos atómicos, serie que habíamos empezado con unos artículos introductorios para poder asentar unas bases antes de hablar de los modelos atómicos. Espero que las tengáis fresquitas porque hoy vamos a sudar… sobre todo los que os atrevéis con las ecuaciones (aunque el esfuerzo siempre vale la pena). En el último artículo hablamos sobre el modelo atómico de Thomson, un modelo sin demasiadas cosas que contarnos, la verdad… Hoy vamos a ver cuáles son los dos fallos más importantes de este modelo: el primero deberá esperar unos años hasta ser resuelto, mientras que el segundo (puesto de manifiesto por un experimento del que seguro que todos habéis oído hablar), lo soluciona el modelo que sucede a éste. Empecemos

Acabamos el artículo anterior con una de las consecuencias del modelo atómico de Thomson: los átomos pueden radiar ondas electromagnéticas cuando los electrones están “excitados” (el electrón suele estar en lo que se llama nivel fundamental, que es cuando éste tiene la mínima energía posible; si el electrón tiene más energía se dice que está excitado, entonces el electrón estará moviéndose alrededor de la posición de equilibrio) o al contrario, un átomo puede absorber radiación haciendo que el electrón gane energía. Esta consecuencia, aunque importante porque predice la emisión y absorción de luz observada en los espectros atómicos, es también uno de los motivos por los que este modelo debe ser descartado. Recordemos que habíamos llegado a una consecuencia muy importante: la frecuencia de la radiación solamente depende de la carga y el tamaño del átomo en cuestión, es decir, que un mismo átomo solo puede absorber/emitir una frecuencia concreta; de hecho, ya vimos que el átomo de hidrógeno sólo debería radiar ondas electromagnéticas de longitud de onda 119 nm. Y aunque este valor se acerca a una de las líneas del hidrógeno observadas en su espectro real (la línea Lyα, es decir la primera línea de la serie de Lyman, que tiene una longitud de onda de 121,6 nm) este resultado no explica las otras líneas observadas en dicho espectro.

Imagen sacada de aquí 

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Lo que se preguntan sus alumnos de 3º de la ESO – XXII: ¿Por qué tenemos sentimientos que nos pueden hacer hasta llorar?

Siguiendo el orden que plantea el profesor Lorenzo Hernández en su blog “Ciencia online” acerca de lo que le preguntan sus alumnos de 3º de la ESO, y que es objeto de esta serie específica de El Cedazo, hoy toca elucidar la respuesta a lo siguiente: ¿Por qué tenemos sentimientos que nos pueden hacer hasta llorar?

Lo primero que deberemos hacer es analizar un poco a qué nos referimos cuando hablamos de “sentimientos”. Parece obvio… y más cuando nos vamos a ver cómo los define el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que en una segunda acepción para la palabra nos dice: “Estado afectivo del ánimo”. “Afectivo”… palabra que nos lleva a la abstracción “emociones”.

El entrenador de fútbol Pep Guardiola no pudo controlar las lágrimas de emoción ante el estrés orgánico al que le había llevado el hecho de acabar de conquistar un gran éxito profesional (foto: Marca, fair use)

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