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Historia de un ignorante, ma non troppo… Sinfonía nº 8, “de los Mil”, de Gustav Mahler




He dudado mucho a lo largo del tiempo si incluir la Octava Sinfonía de Gustav Mahler en esta ignorante serie musical. Sí, he tenido mucha reticencia a escribir este artículo sobre la, posiblemente, obra más compleja y gigantesca del repertorio, “gigantesca” desde el punto de vista del número de músicos precisos para poder ejecutarla en condiciones.[1] Y si he dudado tanto es, simple y llanamente, porque ninguna grabación de ningún tipo de esta magna obra que se reproduzca en cualquier tipo de stereo, por supercalifragilístico que éste sea, le llega ni a la suela de los zapatos a lo que cualquier espectador puede oír y sentir al escucharla en directo.

Pero, en fin, dado que se trata de una de las grandísimas obras de todos los tiempos y que es, además, la única de las sinfonías del gran Gustav Mahler que, dirigida por el mismo compositor, tuvo un éxito arrollador en su estreno,[2] he abandonado mis reticencias y voy a traer a colación por fin la sublime Octava Sinfonía, apodada (correctamente, en mi opinión) “de los Mil”, por más que el compositor no aprobara este título, debido a que en su estreno el número de músicos involucrados se aproximaba a esa cifra. Esto ya puede daros una idea de lo que viene… porque, con tal cantidad de personas tocando a la vez, la posibilidad de que es resultado sea un batiburrillo incomprensible es bastante alta. Pero, claro, es que estamos hablando de Gustav Mahler, para mi gusto el compositor más inspirado y técnicamente preparado del Siglo XX.[3]

Y, por decirlo todo, el impulso último para que me arriesgue a traer esta barbaridad a colación en estas páginas es que la versión que enlazo fue grabada en directo en el Auditorio Nacional de Madrid, dirigida por un inspiradísimo Josep Pons, a la sazón director titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España, y que me tuvo a mí, entre otros miles de arrobados oyentes, como espectador. Desde luego, siendo en Madrid, mi ciudad, no me perdí este representación de primeros de junio de 2012 por nada del mundo. La grabación es realmente fantástica, pero yo os aseguro que escuchar aquella maravilla en directo fue una de las experiencias más alucinantes que he vivido en mis muchas veladas musicales.

Gustav Mahler

Por aquí han aparecido ya cuatro sinfonías mahlerianas: La Quinta, el día del centenario del fallecimiento de Gustav Mahler; la Primera, “Titán”la Segunda, “Resurrección” y la Tercera, grandísimas obras todas ellas. Como en cada una hablé de la vida y milagros del músico bohemio, no voy a contar nada más sobre la biografía de Gustav Mahler, el idolatrado director de la Wiener Hofoper (la Ópera de Viena, el templo máximo de la ópera en los albores del siglo XX y, seguramente, también hoy en día) y compositor dominical, mejor dicho, de vacaciones, ya que sólo componía en los veranos, cuando podía zafarse de sus incontables obligaciones vienesas.

Durante casi diez años pasó Mahler esos veranos en Maiernigg, componiendo, leyendo, paseando y componiendo. Y el de 1906 fue uno de los veranos más productivos, porque en tan solo ocho semanas produjo Don Gustav esta monumental sinfonía… lo que no sólo no puede ser, sino que además es imposible, como diría el torero Rafael Gómez Ortega “El Gallo”.[4]

Efectivamente, en esas semanas de febril actividad el compositor reordenó pasajes y movimientos que tenía ya escritos y escribió partes nuevas hasta obtener la obra terminada, con su innumerables contrapuntos y armonías. Se la dedicó a su amadísima esposa, Alma Mahler, a pesar de que en ese tiempo el matrimonio no estaba, por decirlo suavemente, pasando por su mejores momentos.[5]

Y la obra se estrenó finalmente en Munich el 12 de septiembre de 1910, tras una serie de preparativos que hoy suenan a descabellados, por ser simplemente imposibles: ayudantes recorriendo durante meses todas las capitales alemanas y austriacas para seleccionar a los cantantes o los miembros del coro, ensayos durante varias semanas… Otto Kemplerer, que entonces era un joven ayudante de Mahler, explicó que éste hizo muchísimos pequeños cambios a la partitura durante los ensayos, modificando alturas e intensidades, añadiendo algún instrumento más, doblando otros y buscando siempre la máxima claridad de exposición. Supongo que ése es el privilegio que un compositor tiene cuando él mismo dirige el estreno de su obra.

Pues bien, el resultado es apabullante: su obstinada búsqueda de la claridad y del contraste dinámico en todas sus obras llega al culmen en ésta de hoy. A pesar del generosísimo número de intérpretes, en la audición se distinguen siempre perfectamente los diferentes grupos orquestales, y en ningún momento hay sensación de cacofonía, para lo cual, obviamente, tiene mucho que decir el director. Director que, en obras tan complejas como ésta, se la juega. Desde luego, hay que tener agallas para enfrentarse a semejante monumento y salir con bien del intento.

Ésta fue la última sinfonía que pudo estrenar el compositor bohemio en vida. Compuso dos sinfonías más, El Canto de la Tierra,[6] la Novena (que en realidad es su décima sinfonía), y la Décima, que sería su undécima, de la que sólo pudo dejar casi acabado el adagio inicial, pues falleció mientras trabajaba en ella en 1911, ocho meses después del aclamado estreno de esta Octava de hoy.

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La obra se divide en dos partes (no sé si llamarlas “movimientos”, porque desde luego no son los típicos movimientos de las sinfonías al uso). La primera parte es un himno en latín:

Veni, creator spiritus”, un himno de Vísperas de Pentecostés atribuido a Raban Maur (Hrabanus Maurus en latín), arzobispo de Maguncia en el siglo IX. Mahler no disponía de la letra exacta del himno en su retiro de Maiernigg, por lo que compuso este primer movimiento sobre el texto que recordaba de su adolescencia… grande fue su alborozo cuando pudo consultar el texto correcto y comprobó que apenas había errores en su texto recordado, y de hecho apenas hizo cambios para acoplar el texto definitivo.

Y la segunda, que comienza con un largo y bellísimo preludio de la orquesta, contiene la escena final del Fausto de Johann Wolfgang von Goethe. Como veréis, poco o nada parece que tenga que ver un himno altomedieval en latín con una de las obras más importantes de la literatura alemana y universal del siglo XIX… pues no. Encajan perfectamente, parece como si estuvieran escritas el uno para la otra y viceversa: ambas expresan una idea común, la de la redención por gracia del amor.

Como he repetido ya alguna que otra vez, la plantilla orquestal para ejecutar esta obra es gigantesca, a saber:

En cuanto a los músicos: Cuerda completa, a ser posible reforzada (esto implica no menos de sesenta músicos: dieciséis primeros violines, catorce segundos violines, doce violas, diez violonchelos y ocho contrabajos; se recomienda que, si se puede y caben en el escenario, que ésa es otra, se amplíen en al menos dos músicos más por grupo); maderas séxtuples (es decir, seis flautas, algunas doblando a flautines, seis oboes, alguno doblando a corno inglés, seis clarinetes y seis fagotes, uno doblando a contrafagot), cinco trompetas, ocho trompas, cuatro trombones y una tuba, y además otros tres trombones y cinco trompetas más en una parte elevada de la sala; dos mandolinas; dos arpas (y, preferiblemente, cuatro); celesta, piano, armonio, órgano y, por fin, una muy abundante sección de percusión, con dos timbales, bombo, caja, platillos, gong, triángulo, campanas tubulares, etc, etc. O sea, unos ciento veinticinco o ciento treinta músicos.

En cuanto a los solistas, son nada menos que ocho: tres sopranos (una de ellas sólo interviene en veinticinco compases, en el papel de “Mater Gloriosa”, pero debido a que Mahler requería aquí una voz de excepcional pureza, asignó el papel a una cantante de forma exclusiva), dos contraltos, un tenor, un barítono y un bajo.

Y en cuanto al coro… se requiere un nutridísimo coro masculino y femenino, y también un nutridísimo coro infantil. Y cuando digo “nutridísimos” es que realmente lo son: son precisos alrededor de cuatrocientos o quinientos cantantes entre todos los coros de adultos o de niños para obtener buenos resultados. En la versión que vais a disfrutar en un momento, además de ocupar por completo el banco del coro del Auditorio Nacional, unos 140 ó 150 coristas en total, los cantantes del coro se reparten las tribunas que se encuentran tras el escenario, en las que hay alrededor de cien localidades en cada una. Calculo que son unos trescientos cincuenta coristas en total… lo que son muchos coristas, realmente.

No voy a contar nada de nada sobre el desarrollo de la obra, si entra el órgano con un acorde en mi bemol (que sí, es exactamente así como empieza la sinfonía, sea eso del “acorde en mi bemol” lo que sea) o si en el pasaje tal entran las trompas o los trombones… primero porque ya sabéis que soy un ignorante, y lo segundo porque, entre otros muchos lugares, en la Wikipedia española está la obra perfectamente diseccionada, y no digo nada si vamos a la inglesa… Tampoco voy a poner aquí los textos latino y alemán originales, que podéis encontrar fácilmente, por ejemplo, en esta página de kareol.info. La razón es porque, oh maravilla, la versión que enlazo a continuación está subtitulada en español. Tampoco es que haga muchísima falta para comprender lo que ocurre, pero siempre ayuda.

Y esa versión es, como adelanté, la de la Orquesta y Coro Nacionales de España, dirigidos por Josep Pons… pero no sólo ellos. Porque el Coro Nacional no tiene ni de lejos el número de componentes necesarios para acometer esta obra, así que además de dicho coro participan también el Coro de RTVE (Radiotelevisión Española), el Coro de la Comunidad de Madrid y el Coro de la Universidad Politécnica de Madrid. Y luego está el coro de niños, que en realidad, y por los mismos motivos, son dos coros: la Escolanía del Sagrado Corazón de Rosales y el Joven Coro de la Comunidad de Madrid. Y lo mismo con los músicos: la Orquesta Nacional hubo de reforzarse con bastantes músicos de otras orquestas para tener los efectivos apropiados para la ejecución de la obra, aunque luego estos músicos de refuerzo no salgan en los créditos.

Y faltan los solistas, claro. Ocho solistas: Manuela Uhl, soprano; Michaele Kaune, soprano; Christiane Karg, soprano; Zandra McMaster, contralto; Charlotte Hellekant, contralto; Anthony Dean-Griffey, tenor; Bo Skohus, barítono y Albert Dohmen, bajo. Me parece que no me olvido a nadie en los créditos, pero si lo he hecho, mis disculpas.

El video está en la web de RTVE.es, y fue objeto de una grabación (en directo) cuidadísima, tanto en la imagen como en el sonido, puesto que fue editado y publicado luego por la Deutsche Grammophon en un maravilloso DVD doble que recomiendo vivamente. Y por fin, y para rematar la excelencia de la grabación, los comentarios antes y después de la obra son del gran José Luis Pérez de Arteaga, el gran comentarista español de música clásica y mahleriano empedernido, fallecido en febrero de 2017.

Y aquí está el video, que como esta vez no está en youtube no puedo embeber como habitualmente. El video dura aproximadamente una hora y veinticinco minutos, incluyendo la presentación y los aplausos y créditos finales.

Primera parte: Veni, creator spiritus (al comienzo del video)

Segunda parte: Escena final de Fausto, de Goethe (27:00)

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Esta obra, aunque es de las más prestigiosas del repertorio, no se programa con frecuencia, debido, como podéis imaginar, al elevado coste de reunir a 500 ó 600 músicos en un programa. Coste no sólo monetario, que también, sino artístico, pues exige tener una cantidad ingente de músicos y cantantes ensayando durante días para poder representar la obra dignamente. Y las agendas suelen estar apretadas, lo que dificulta mucho conseguir un buen elenco. Y las grabaciones que hay… mmm, no suelen tener la calidad necesaria. Las efectuadas durante el siglo XX, incluyendo las icónicas de Leonard Bernstein, adolecen de que los equipos de sonido no tenían la fidelidad suficiente para reproducir semejante rango dinámico. Y de las que se han grabado después, hay de todo.

Si tengo que recomendar una, recomendaré esta misma grabación que habéis escuchado, que es la que más me gusta todas las que he oído (y más, desde luego, cuando la escuché en directo). Yo la compré en la tienda del propio Auditorio Nacional de Madrid, pero parece que se puede encontrar en El Corte Inglés. Sin embargo… ya suponéis lo que sigue. Pero más, esta vez mucho más.

Ni esa versión ni ninguna otra suena ni por asomo como lo hace esta sinfonía en directo. No os podéis imaginar la cantidad de decibelios de puro placer que producen los momentos de tutti… ni la ternura que desprenden los momentos más íntimos. En fin, es una gozada de sinfonía, siempre que se pueda escuchar en directo. Cueste lo que cueste: éste sí que es un dinero bien gastado. La pena es lo poco que se programa, así que hay que estar atentos.

Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música.

  1. Hay obras, muy pocas, que necesitan aún más músicos para ejecutarse, como el Gurre Lieder de Schönberg, pero no se programan casi nunca. Y si se programaran… conmigo que no cuenten para escuchar nada de Schönberg, lo siento. []
  2. Más de veinte minutos de aplausos tras su ejecución dan cuenta de dicho éxito. []
  3. Y, casi, casi, de toda la historia de la música, por más que algunos me linchéis, seguramente con razón, por decir tal cosa. []
  4. Aunque haya quien asigne la frase a otro torero coetáneo del Gallo: el Guerra. Qué más da quién dijera esta frase lapidaria: “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible“… un genio. []
  5. En el momento de su estreno Alma y Gustav ya estaban separados, de hecho. []
  6. Mahler se resistió a llamarla “Novena Sinfonía” posiblemente por superstición: para escapar de la “maldición de la Novena Sinfonía”, de la que no pudieron pasar grandes compositores como Beethoven, Schubert o Bruckner, por ejemplo, pues murieron después de componerlas o en el proceso de componer la novena. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

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