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Historia de un ignorante, ma non troppo… Tercera Sinfonía de Gustav Mahler




Las sinfonías deben ser como el mundo, deben contenerlo todo”.

Vosotros, amables lectores de esta pretenciosa serie musical, lo sabéis ya, porque la he citado cada vez que el genio bohemio[1] ha aparecido por estas páginas, con su Quinta Sinfonía, su Primera (Titán), y su Segunda (Resurrección). Pues ya veréis cómo esta sinfonía de hoy, la Tercera, la más larga de todas ellas y una de las obras más largas del repertorio actual (más de hora y media, normalmente entre 100 y 105 minutos), demuestra perfectamente la intención del autor, porque dentro de ella encontraremos de todo: poderosas entradas del metal junto con susurrantes temas al violín, épica, amor, chabacanería, solemnidad, melancolía… Sí, no cabe duda, esta sinfonía es como el mundo: lo contiene todo.

Esta frase que, aparentemente, el músico bohemio dijo a Sibelius cuando se conocieron, resume la percepción de Gustav Mahler, el gran ecléctico, acerca de la composición de sus sinfonías: diez completas (contando como una sinfonía más al Canto de la Tierra) y el primer movimiento de su décima que forman la parte mollar de su producción. De hecho, además de sus sinfonías, Mahler apenas compuso seis ciclos de canciones basadas en poemas alemanes populares o contemporáneos, ciclos de los que, además, tomó prestado material para sus sinfonías, un cuarteto compuesto en su etapa de estudiante del que sólo se conserva el primer movimiento y… nada más. Parece increíble que con tan escasa producción sea Mahler probablemente el autor más admirado de nuestros tiempos. Y eso que durante prácticamente cincuenta años, desde su muerte en 1911 hasta la década de 1960, fue olímpicamente ignorado por casi todos los directores y grandes orquestas de la época (aunque, ciertamente, no de forma tan intensa como lo fue Johann Sebastian Bach tras su muerte). Aunque la verdad es que durante su vida tampoco puede decirse que sus obras triunfaran. Su Primera Sinfonía, Titán, tuvo serias dificultades para ser comprendida.[2] La Segunda, Resurrección, más de lo mismo; de la que hoy comento, la Tercera, ¿para qué vamos a hablar…? Sólo la Octava, la de los Mil, tuvo un éxito arrollador en su estreno, sólo unos meses antes del fallecimiento del compositor.

Gustav Mahler

Esta pequeña historia de indiferencia, posterior olvido y clamoroso éxito muchos años después de su muerte, tan común en la Historia del Arte, es posiblemente debido a que Mahler, admirador de Richard Wagner hasta el punto de que aún hoy en día muchos le consideran el mejor director que haya jamás producido las grandes óperas wagnerianas, cuando componía era, como dije antes, un ecléctico. Y el eclecticismo, normalmente, no está muy bien visto casi nunca, y menos en el panorama musical del finales del XIX y principios del XX, dominado por las peleas de románticos contra wagnerianos, de dodecafonistas contra tonalistas, de innovadores contra tradicionalistas…

Efectivamente, Gustav Mahler estaba fuertemente influido por la música de Richard Wagner, desde luego, pero también por la de su acérrimo enemigo, Johannes Brahms, y por la del “paleto” Bruckner o la de Mendelssohn o Beethoven… Pero es que además bebía de las fuentes de la música popular bohemia que había escuchado en su juventud, o la de la música típicamente judía de las celebraciones de su infancia. Y todo ello mezclado en armonías imposibles… maravillosas. Eclecticismo en estado puro. Además, a todo esto hay que sumarle su capacidad innovadora, dado que, atento a las nuevas tendencias que se producían durante su vida de director de las más prestigiosas Óperas del mundo (Leipzig, Praga, Budapest, Hamburgo, hasta llegar a ser durante diez años el director de la más prestigiosa de todas: Viena), las fue incorporando a su producción musical.

La consecuencia es hoy evidente: aclamado como director pero incomprendido como compositor durante su vida, olvidado después de su muerte, barrido por los vientos huracanados de las “nuevas formas musicales” de la Escuela de Viena: dodecafonismo, serialismo y demás “ismos” que tanto han hecho por expulsar al aficionado de las Salas de Conciertos… y finalmente admirado, casi idolatrado en cuanto se desvanecieron los humos de esas nuevas formas musicales y su música pudo por fin ser comprendida. Igual os recuerda a Vincent van Gogh, aunque desde luego que Mahler, a diferencia del pintor holandés, se ganaba muy bien la vida dirigiendo orquestas y produciendo óperas, trabajo en el que fue reconocido como el número uno en la época.[3]

Esta Tercera Sinfonía (que no tiene sobrenombre como las dos primeras), fue compuesta en los veranos de 1895 y 1896. Durante la temporada de conciertos Mahler no podía dedicar su tiempo a componer. Posiblemente realizaría bosquejos o anotaría ideas, pero la composición de todas sus obras fue siempre realizada durante los veranos, en un entorno bucólico en medio de la naturaleza, y esta Tercera Sinfonía no es una excepción. Aunque sí lo es en su duración y complejidad: normalmente requiere alrededor de 100 minutos para su ejecución, y tiene seis movimientos… aunque en su concepción original tenía uno más, siete, pero el último fue asignado finalmente a su siguiente sinfonía, la cuarta.

Esta sinfonía está dedicada a la Naturaleza, de la que Mahler era un gran amante, es decir, es prácticamente su “Pastoral”, aunque ahí terminan los parecidos con la “auténtica” Pastoral, la de Beethoven . Inicialmente la sinfonía tenía un programa bien definido para sus siete movimientos iniciales; aunque posteriormente el autor eliminó dicho programa, sí que es conocido y todo el mundo lo cita en los programas de los conciertos… y no voy yo a ser menos. Estos son los títulos o, mejor, los motivos de inspiración de cada movimiento:

  1. La llegada de Pan: El verano hace su entrada
  2. Lo que me cuentan las flores del prado
  3. Lo que me cuentan los animales del bosque
  4. Lo que me cuenta la noche (el hombre)
  5. Lo que me cuentan las campanas del alba (los ángeles)
  6. Lo que me cuenta el amor
  7. Lo que me cuenta el niño (recordad que este movimiento fue eliminado finalmente de esta sinfonía y acabó situado en la Cuarta)

La sinfonía está dividida en dos partes un tanto asimétricas: la primera de ellas la forma exclusivamente el primer movimiento, Kräftig entschieden (fuerte y decisivo), que dura él solito más de media hora, mientras que los otros cinco forman la segunda parte de la sinfonía.

Bien, vamos a seguir esta maravilla de sinfonía mahleriana con la versión que Leonard Bernstein hizo en 1973 dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Viena. Pero antes de entrar en materia, recordad que esta sinfonía es como el mundo: lo contiene todo y todo es, en este caso concreto, TODO.

Entre otras maravillas varias, podéis escuchar una potentísima entrada de los metales y la percusión, aunque rápidamente se pasa a un pasaje misterioso… esto será así durante toda la obra, donde se alternan potentes pasajes y tuttis orquestales con líricos temas casi susurrados. Encontraréis también el que probablemente es el más famoso solo de trombón de todo el repertorio. Un solo que se repite dos veces a lo largo del movimiento, para poder disfrutarlo por duplicado. Oiréis cómo de repente la elevada música del primer movimiento es abruptamente interrumpida por la aparición de una banda popular, quizás de un circo, que nos invita a acudir a la función…[4] y que desaparece en lontananza, dejando de nuevo cantar al trombón solista.

Seguramente os emocionaréis con una de las más dulces melodías firmadas por Mahler, quizás dedicada a su amor del momento, la violista (sí, violista, no violinista: tocaba la viola) Natalie Bauer-Lechner, que fue su compañera y amante hasta la aparición fulgurante en su vida unos años después de Alma Schindler, la famosa Alma Mahler que tantos ríos de tinta ha hecho verter… También encontraréis en el tercer movimiento un prolongadísimo solo de corneta de posta, pero entre bambalinas, un solo que en cierto momento es interrumpido a clarinazo limpio por la trompeta, con una especie de toque militar, como diciendo “basta ya de tocar entre bambalinas”… aunque al cabo de unos momentos vuelve a sonar, imperturbable, la corneta de posta hasta que el movimiento llega a su fin.

Escucharéis después una canción, un delicado y muy sentido lied, en su cuarto movimiento, ejecutado por una contralto (la gran Christa Ludwig en la versión que propongo), un lied basado en el famosísimo “Así hablaba Zarathustra” de Friedrich Nietzsche, en concreto en la “canción de la medianoche” (Tres ángeles cantaban), y escucharéis apenas diez minutos más tarde, en el quinto movimiento, a los niños del Coro de Niños Cantores de Viena, y al coro femenino del Coro de la Ópera de Viena cantando textos del Knaben Wunderhorn, textos que ya habían sido utilizados en otras obras mahlerianas. Por cierto, es de resaltar que, siendo como es una sinfonía gigantesca en duración, de cerca de dos horas, la intervención de ambos coros, el femenino y el de niños, fácilmente 80 ó 100 cantantes entre ambos coros, su intervención, digo, sólo se circunscribe a un único movimiento que dura no más de cuatro minutos, y tampoco la participación de la contralto solista es mucho mayor, de unos ocho o nueve minutos…y esto es un gran inconveniente para programar la obra en estos tiempos de presupuestos menguantes, pues exige una nutridísima participación de músicos y cantantes para que estos últimos sólo canten un ratito. Sí, la sinfonía es como el mundo, lo contiene todo… pero, al igual que el propio mundo, es cara de producir. Seguro que a finales del siglo XIX esto no representaba el problema que hoy representa para poder programar la obra. Entonces no se habían inventado los mass media para lanzar a la fama a los Elvis, Beatles, Madonnas, Beyoncés y demás que, independientemente de lo excelsas o no que sean sus canciones, desde luego necesitan normalmente muchísimos menos músicos para producirlas y ejecutarlas… ¡o ninguno en absoluto!

Bien, volviendo a la Tercera, escucharéis por fin un movimiento final simplemente maravilloso, un adagio, es decir, un movimiento lento bastante poco habitual como colofón de las obras musicales, dado que lo normal es que terminen con un tema rápido y brillante, como el mismo Mahler había hecho en sus dos primeras sinfonías (recordad los poderosísimos finales de su Primera Sinfonía, Titán, y no digamos del de la Segunda, Resurrección). Un movimiento final, el sexto, que, a pesar de ser bastante largo, cerca de media hora, el buen Gustav parece que no quería acabar nunca de bello que es y así, en su coda final, parece que el tema termina… pero no, aún vuelve a repetirse y cuando por fin ya termina… pues no, un poquito más, y otro… le daba pena terminarlo, está claro. Y a nosotros, oyentes, nos da pena que se termine cuando al fin, tras cuatro o cinco intentos, lo hace.

En fin, vayamos ya a escuchar esta sinfonía que es como el mundo en la versión que Leonard Bernstein hizo con la Filarmónica de Viena en 1973, contando con Christa Ludwig como contralto en lo poco que la corresponde, y con el Coro femenino de la Ópera de Viena y los Niños Cantores de Viena para cantar los cuatro minutos escasos que tienen como papel estelar de ese breve quinto movimiento. Ya sabéis que fue Bernstein quien más hizo por popularizar la música mahleriana en la segunda mitad del siglo XX, por rescatarla del cuasi-olvido en que estaba, avasallada por las “nuevas tendencias musicales”, así que justo es que sea él el elegido. Además, está la obra completa en un solo video… ¡qué diferencia con hace unos años, no muchos, cuando la máxima duración de los videos en YouTube era de 10 ó 15 minutos…! Aunque, eso sí, el sudoroso Leonard hace un descanso no programado entre el tercero y cuarto movimiento para ir a buscar a Christa Ludwig, permitir a los coros situarse en su elevada posición junto al órgano (unos  y otros habían estado descansando en los camerinos hasta entonces)  y, de paso, enjugarse el sudor. Así se evita que los coros estén dormitando durante una hora larga hasta que les llegue su turno de cuatro minutitos en el quinto movimiento. Sin embargo, el editor del video nos ha ahorrado la pausa… ¡mejor así!

Los seis movimientos, y el minuto y segundo donde comienzan, son:

1- (0:01:10) Kräftig entschieden (fuerte y decisivo)

2- (0:34:00) Tempo di Menuetto

3- (0:44:55) Cómodo, Scherzando

4- (1:02:15) Sehr langsam. Misterioso (Muy lento, misteriosamente): O’ Mensch (de “Así hablaba Zarathustra”, de Friedrich Nietzsche)

5- (1:12:45) Lustig im Tempo und keck im Ausdruck (alegre en el tempo y descarado en expresión): Tres ángeles cantaban, de Des Knaben Wunderhorn, cuentos populares alemanes recopilados por Achim von Arnim y Clemens Brentano en 1805

6- (1:16:55) Langsam, ruhevoll, empfunden (lento, tranquilo, con gran sentimiento)

Y, sin más palabrería, aquí está el video de marras. Disfrutadlo.

Por fin, como siempre recomiendo, y en esta ocasión lo hago con la máxima vehemencia, siempre que podáis escuchad la música en directo. Por muy buena que sea la grabación, por muy fiel que sea el equipo de sonido, nada hay como un concierto en directo. Para tocar la Tercera de Mahler se precisan al menos cien músicos, más otros tantos cantantes… a ver cómo se consigue un efecto así con una grabación.

Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música.

  1. Parece que la localidad donde Mahler nació, Kaliste, era más bien de la Moravia austriaca; de hecho el idioma natal de la familia Mahler era el alemán, no el checo. []
  2. Un crítico llegó a decir que era “la más aburrida obra sinfónica que la nueva época ha producido”… Sin comentarios. []
  3. Lo que, por cierto, no le libró de ser purgado como director de la Ópera de Viena tras diez años de excelsa producción debido a su condición de judío, y eso que había abrazado años atrás el catolicismo. Es evidente que años después Hitler cultivó su régimen sobre terreno bien abonado… []
  4. La primera vez que escuché esta entrada me dije: ¿Qué rayos pinta esto ahí…? Pero ahora, bastantes años después,  casi es el momento que más espero para solazarme con él. Cosas de la edad… []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 2 } Comentarios

  1. Gravatar Nachott | 26/02/2017 at 06:27 | Permalink

    Hola, si es posible me gustaría que me facilitaras una dirección de correo electrónico u otro medio donde pueda dirigirte unas palabras de agradecimiento personalmente. Muchas gracias

  2. Gravatar Macluskey | 26/02/2017 at 10:00 | Permalink

    Hola, Nacho.

    Te he enviado un correo a tu dirección. Espero que llegue y me contestas a vuelta de correo.

    Un saludo Mac

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