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Historia de un ignorante, ma non troppo… Sinfonía núm. 2, Resurrección, de Gustav Mahler




Los esforzados seguidores de esta larga e ignorante serie musical se quedarían seguramente desazonados, por no decir completamente hundidos, con el último artículo publicado sobre la devastadora Sinfonía Patética de Tchaikowsky. Lo comprendo bien, porque yo así me quedo… pues, para compensar, hoy os vais a quedar en un estado anímico completamente opuesto, porque la obra de hoy, la Sinfonía número 2 en do menor, “Resurrección”, de Gustav Mahler es una de las obras más potentes, exultantes y brillantes que yo conozco. El sobrenombre de la sinfonía está muy bien elegido, porque sin duda es capaz de hacer resucitar a un muerto.

Es seguramente ésta, junto con su Octava Sinfonía, de los Mil, la sinfonía más grandilocuente de toda la producción del genio de Kaliste, en Bohemia, por entonces parte del Imperio Austro-Húngaro. Más incluso, creo yo, que su magnífica primera sinfonía, “Titán”, que tuve el placer de presentaros hace unos meses, y que todas las demás… ¡lo que es mucho decir!

Gustav Mahler, en la época en que compuso la sinfonía número 2.

Como ya he dedicado dos artículos a obras del gran Gustav Mahler, la primera para conmemorar humildemente el centenario de su fallecimiento, con un artículo dedicado a su Quinta Sinfonía, además del ya citado sobre la Titán, no voy a contaros mucho más de la biografía del director y compositor bohemio-austriaco, un genio generalmente incomprendido por sus contemporáneos. Siendo Mahler como era seguramente el mejor director de orquesta de su tiempo, tuvo sin embargo que soportar acerbas críticas debido, sobre todo, a su origen judío, por mucho que se convirtiera formalmente al cristianismo, supongo que para que le dejaran en paz de una vez… pues no le dejaron.

En cuanto a su obra como compositor, Mahler llegó a alcanzar, desde mi punto de vista, el culmen de la música tonal, pues fue él quién llevó a la perfección todas las técnicas compositivas de los siglos anteriores, aunando con su música todas las corrientes supuestamente antagónicas de los seguidores de Beethoven y Brahms o las de los seguidores de Liszt y Wagner… Y sin embargo, los estrenos de todas sus obras en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX resultaron fracasos de mayor o menor entidad. Sólo su monumental Octava Sinfonía, la de los Mil, fue un clamoroso éxito en su estreno en 1910, tan sólo unos meses antes de su muerte en mayo de 1911. De hecho, estoy casi seguro de que si le permitían estrenar sus propias obras era en razón de su reconocida calidad como director, por mucho que no fuera germánico viejo, para así compensarle y tenerle contento en su puesto de director musical y que no emigrara a otras latitudes. Aunque de todos modos, al final, emigró.

En varias ocasiones declaró Herr Gustav, amargado, que se sentía “tres veces extranjero: austriaco entre alemanes, bohemio entre austriacos y judío ante todo el mundo”.

Sí, incomprendido como compositor, que no como director. Era un trabajador incansable: durante la temporada de Ópera su actividad era frenética, programando una cantidad inusitada de obras distintas en cada temporada, muchas de ellas estrenos absolutos,[1] y en los escasos ratos libres que le quedaban dirigía conciertos, hacía giras… Y luego las merecidas vacaciones estivales las pasaba retirado en algún lugar recóndito, en contacto con la naturaleza, componiendo, disfrutando del paisaje y componiendo, paseando y componiendo cada día sin dejar pasar ni uno, componiendo seguramente la obra sinfónica, en el sentido de “compuesta por sinfonías”, más apabullante de la historia.[2]

Esta sinfonía número 2 de hoy, sobrenombrada “Resurrección” por su último movimiento, en el que toma como inspiración el poema del mismo nombre de Friedrich Gottlieb Klopstock, fue compuesta entre los años 1888 y 1894, en los veranos de esos años, como todas las sinfonías de un “compositor dominical”, como él mismo se autocalificaba, aunque la mayor parte del material fue compuesto este último año de 1894,

La sinfonía tiene una curiosa historia. En 1888, en sus inicios como director de orquesta de prestigio, escribió un poema sinfónico, de nombre Totenfeier (Ritos fúnebres; ya veis que el hechizo que Mahler sentía por las marchas fúnebres, tan habituales en su producción musical, le viene desde su tierna juventud), que presentó, lleno de ilusión al gran director del momento, el equivalente al Herbert von Karajan de la época: Hans von Bülow, el máximo director wagneriano, al menos hasta que el propio Mahler le sustituyera como tal. Y el gran hombre desechó la obra del principiante con horror, calificándola como “antimusical”, nada menos… ¡menuda clarividencia la suya!

El pobre Gustav quedó muy desanimado, aunque de todos modos fue componiendo en años sucesivos más movimientos para la obra, pero ahí quedó todo, esperando la inspiración para el final que merecía lo que llevaba compuesto… y que von Bülow le diera por fin su beneplácito. Pero esto último no hizo finalmente falta, porque el director falleció en 1894. Curiosamente, fue justamente en su funeral donde Mahler obtuvo la inspiración para el final de su sinfonía inacabada: allí se interpretó una versión musicalizada de la oda “Resurrección” (Auferstehung) del poeta alemán Friedrich Gottlieb Klopstock. Así que rápidamente compuso su propia musicalización del poema, al que hizo alguna modificación, por cierto, para que le cuadrara con su idea de la obra. Ignoro cómo sería esa versión que escuchó Mahler en el funeral, pero con toda seguridad no le llegaría a la suela del zapato a la maravilla que Don Gustav nos regaló. Ya me diréis cuando la escuchéis, ya.

El caso es que la obra fue terminada en el mismo 1894 y estrenada en Berlín en diciembre de1895, de la mano del propio compositor. Ventajas de estar ya reconocido como un genial director de orquesta. Pero éxito, lo que se dice éxito… pues no obtuvo mucho, la verdad. Igual ocurriría con todas y cada una de las sinfonías mahlerianas, a excepción de la Octava, como ya dije. Se ve que su tiempo no había llegado, como él mismo declaró en varias ocasiones.

Esta segunda sinfonía dura alrededor de hora y media (no es la más larga de las compuestas por Gustav Mahler, pues su también maravillosa Tercera Sinfonía se acerca a las dos horas) y consta de cinco movimientos. Sus tres primeros movimientos son puramente orquestales, poderosos, delicados, brillantes, magníficos, mientras que el cuarto es una canción, un primoroso lied para contralto, y por fin el último, el quinto, es una barbaridad de movimiento de más de media hora de duración, con una música apabullante, dos voces solistas (contralto y soprano), un nutrido coro que, cosa curiosa, interviene prácticamente toda su parte en piano, o sea, en voz muy bajita, … y un final de los que hacen época. Una barbaridad de movimiento, ya digo.

Vamos ya a seguir esta excepcional sinfonía mahleriana en una versión así mismo excepcional (de hecho, la mejor que yo conozco): la del Royal Concertgebouw de Amsterdam, considerada, si no la mejor, como una de las dos o tres mejores orquestas de la actualidad, y dirigida a su vez por uno de los mejores directores del momento: el letón Mariss Janssons, con Riccarda Merbeth (soprano) y Bernarda Fink (mezzo-soprano), más el Coro de la Radio de los Países Bajos. Un auténtico lujo. Y además la sinfonía está entera en un solo video, lo que resulta muy conveniente: comparad con aquellos tiempos en que los videos del YouTube no podían durar más allá de diez o quince minutos.

El primer movimiento se denomina Totenfeier (Ritos fúnebres), como ya dije, y es un Allegro maestoso. Éste es el poema sinfónico originalmente compuesto como obra independiente que tanto disgustó a von Bülow. Dura unos 22 minutos, y a su final Mahler solicita que la orquesta se tome un respiro de cinco minutos antes de ejecutar el resto de la sinfonía… cosa que en estos tiempos nadie hace, claro.

El segundo movimiento  comienza en el minuto 24:00 con la entrada de las dos solistas que intervendrán más tarde, solistas que se han quedado descansando entre bambalinas durante el movimiento anterior. Este segundo movimiento es un elegante Ländler (danza campestre de Europa Central), y es un Andante moderato (Sehr gemachlich lo etiquetó Mahler).

El tercero, que podéis escuchar a partir del minuto 35:30 comenzando con un par de fuertes golpes del timbal, es un scherzo basado en una canción de su ciclo del Knaben Wunderhorn: San Antonio de Padua predicando a los peces, en el que se cuenta cómo el santo, al encontrar la iglesia vacía, va a predicar al río y cómo los peces le escuchan atentamente… hasta que el sermón finaliza y los peces prosiguen, inmutables, su camino. El movimiento está titulado In ruhig fliessender Bewegung (Con un movimiento fluido).

El cuarto, un corto lied para contralto y orquesta de título Urlicht, Luz Prístina en español, es otra canción más del ciclo del Wunderhon. Comienza a partir del minuto 47:15 en el video, sin interrupción tras el scherzo anterior. Mahler solicita a la intérprete que “cante como un niño celestial”. Y Bernarda Fink lo consigue. Extraordinaria su ejecución de esta Luz Prístina. Ésta que indico a continuación es la letra del poema (su traducción al español, porque el original está en perfecto alemán, desde luego).

¡Oh, roja rosita!

¡La humanidad se halla en la mayor miseria!

¡La humanidad se encuentra en una pena enorme!

¡Cuánto desearía yo estar en el Cielo!

Entonces me encontré con un ancho camino;

y un angelito vino y me quiso rechazar.

¡Ah no! ¡No dejé que me rechazara!

¡De Dios soy y a Dios volveré!

¡Mi amado Dios me dará una lucecita,

me alumbrará hasta la gloria en la vida eterna!

.

Y, por fin, llegamos al quinto movimiento, “Resurrección”, que da título a toda la obra. Está etiquetado como In tempo des Scherzos (“en el tempo de los scherzos”, vaya Vd. a saber qué significará eso), y está basado en el poema homónimo de Klopstock, que da título no sólo al movimiento, sino a toda la obra. En el video comienza en el minuto 52:25. Se trata de un movimiento de más de media hora, complejo como la mayoría de la música de Mahler (recordad que para Mahler las sinfonías debían ser como el mundo: debían abarcarlo todo), episódico, con multitud de temas diferentes a cual más bello, un gran alarde compositivo, en definitiva, del compositor bohemio.

Tiene este movimiento dos partes claramente diferenciadas: la primera, exclusivamente orquestal, que nos va preparando poco a poco para la esperada resurrección… Mahler insinúa el famoso tema poco a poco, lo comienza, pero luego lo detiene y se va por otros derroteros, lo retoma de nuevo y de nuevo lo esconde… hasta que finalmente da rienda suelta a la orquesta al completo para la triunfal entrada del tema de la Resurrección en toda su gloria en el minuto 1:00:30. Disfrutad de este tema genial, uno de los más bellos y emotivos que conozco.

Una vez que el protagonista de la obra, sea quien fuere, ha resucitado, ha vuelto a la vida, Mahler se olvida de la ya inútil resurrección (el tema como tal, con lo potente que es, ya no volverá a aparecer más en lo que queda de movimiento). En el minuto 1:02:35 un tremebundo doble redoble de toda la percusión, que es mucha (dos timbales, el bombo, la placa, los platillos, todo) cambia el panorama por completo. Ahora llega una marcha triunfal en la que las campanas evocan la alegría del que ha vuelto a la vida… y entonces, hora y cuarto después de que comenzara la sinfonía, y tras una magnífica intervención de un grupo de metales entre bambalinas, por fin el coro y las dos solistas intervienen para recitar el poema de Klopstock (minuto 1:13:25), prácticamente todo el tiempo en piano, susurrando. Sólo al final del movimiento se permite al coro desarrollar toda la potencia vocal de que es capaz el Coro de la Radio Nacional Holandesa,[3] en un final como hay pocos: con coro, solistas, la nutrida orquesta en pleno, los metales a toda potencia, dos arpas, percusión, mucha percusión, gongs, campanas, hasta el órgano… Señoras y señores, ¡esto es un auténtico Finale brillante como hay pocos! Disfrutadlo.

La letra del poema en español es la siguiente:[4]

Coro y Soprano

¡Resucitarás, sí, resucitarás,

polvo mío, tras un breve descanso!

Vida inmortal te dará quien te llamó.

¡Eres sembrado para que florezcas de nuevo!

¡El Señor de las cosechas va

y recoge las gavillas

y a nosotros, que hemos muerto!

Contralto

¡Oh, cree, corazón mío, oh, cree:

no te echarás a perder!

¡Tuyo es, sí, tuyo, lo que añoraste,

tuyo lo que amaste, tuyo aquello por lo que luchaste!

Soprano

¡Oh, cree, no naciste en vano,

no has nacido ni sufrido en vano!

Coro y Contralto

¡Lo que ha nacido ha de perecer,

lo perecido ha de revivir!

¡Deja de temblar!

¡Prepárate para vivir!

Soprano, Contralto y Coro

¡Oh, dolor, tú que todo penetras,

a ti soy arrebatado!

¡Oh, muerte, tú que todo vences,

ahora eres tú vencida!

¡Con las alas que me he conseguido,

en el caluroso afán de amor,

alzaré el vuelo hacia la luz, que ningún ojo ha vislumbrado!

Coro

¡Moriré para vivir!

Todos

¡Resucitarás, sí, resucitarás,

corazón mío, en un santiamén!

¡Lo que has palpitado te llevará a Dios!

.

Espero que esta obra genial os haya encandilado y os haya hecho resucitar de entre los muertos. Existen más de un centenar de grabaciones de esta música imprescindible. Puestos a recomendar una, que sea de las consideradas de referencia: la de Leonard Bernstein con la London Symphony Orchestra, con nada menos que Sheila Armstrong y Janet Baker como solistas, grabación de 1974 en la catedral de Ely, que ha sido debidamente remasterizada y digitalizada para el disfrute de los impenitentes seguidores de Mahler. Recordad que fue precisamente Bernstein quien ayudó definitivamente a descubrir al genio bohemio cuando ejecutó su Adagietto de la Quinta en el funeral de John F. Kennedy en 1963. Luego fue él también quien realizó la primera grabación integral de la obra sinfónica mahleriana y, por fin, él fue, siendo como era compositor además de director, uno de los directores que mejor entendieron y dirigieron su música.

Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música

  1. 648 representaciones operísticas dirigió Mahler en los diez años que estuvo al frente de la Ópera de Viena… a cualquier director actual le daría un síncope sólo de pensar en semejante ritmo de trabajo. []
  2. Con permiso, desde luego, de Beethoven, de Tchaikowsky y… y de nadie más, en mi ignorante opinión. []
  3. Por cierto, fijaos: ¡cantando sin partitura!, cosa absolutamente extraordinaria en un coro. []
  4. Recordad que algunas estrofas no son originales de Klopstock, sino del propio Mahler. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 3 } Comentarios

  1. Gravatar JRQ | 15/02/2016 at 03:18 | Permalink

    Hola Mac, gracias por el artículo, no tengo ningun disco con esta composión pero voy a ver de donde me la consigo. Me he dado cuenta que la lista de artículos no estan La Victoria de Wellington ni La Sinfonía 1 de Prokofiev.

    Una consulta. ¿sabes como se pronuncia Dvorak?. Gracias.

  2. Gravatar Macluskey | 15/02/2016 at 10:56 | Permalink

    Gracias, JRQ, por el aviso: ya he actualizado la página de la serie. Supongo que se me olvidó actualizar la página cuando publiqué esos dos artículos, en 2013… ¡qué grandes lectores tenemos en El Cedazo…!

    Esta sinfonía, la Resurrección, es, desde mi punto de vista, una de las tres o cuatro mejores obras sinfónicas de todos los tiempos, así que no queda más remedio que tenerla, escucharla, aprendérsela… bueno, vale, exagero, pero sí que es de las obras imprescindibles en una buena discoteca de música clásica.

    En cuanto a la pronunciación original en checo de “Dvorak”, es algo así como “voosak“, con la “s” muy suave… pero mejor lo escuchas tú mismo:

    https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d1/Cs-Antonin_Dvorak.ogg

    Nadie mejor que un par de checos de verdad, mujer y hombre, para ilustrarnos sobre cómo hacerlo, ¿no? ;)

  3. Gravatar José M. Tinajero | 02/10/2016 at 07:47 | Permalink

    Magnífica tu descripción. Estupenda la exposición. Acertadas las valoraciones y muy de agradecer los conceptos exhibidos: ilustran, educan y descubren. ¡Gracias y continúa así, por favor!

    De las versiones que conozco, no dudo en resaltar la que yo considero es la mejor: la de Bernard Haitink con la Filarmónica de Berlín. ¡Grandiosa, emocionante, formidable, genial!

    Año 1993, Soprano: Silvia McNair, Contralto: Jard Van Nes, Coro: Ernst-Senff-Chor

    Aunque quizá parezca trivial mencionarlo, produce bello efecto el momento en que el coro se pone en pie para entrar en juego, (algo anterior a 1:07). ¡Os la recomiendo!

    (No la he visto en Youtube)

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