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La biografía de la Vida 49. El Eoceno




En la entrada anterior de esta serie sobre la Biografía de la Vida conocimos las peripecias que la Vida tuvo que pasar para no sucumbir definitivamente. No sólo lo consiguió, sino que despedimos el capítulo contemplando cómo su barca surcaba de nuevo el mar con promesas de nuevos éxitos. Nos quedan 56 millones de años hasta el momento actual de punto y seguido.

Eo-ceno“(zoico) significa “el alba de la nueva vida“. Muy sugerente, ya que por fin se ven como viables a las nuevas formas que poco a poco han ido surgiendo. Al igual que en la entrada anterior, comentamos aquí que hay una estrecha relación entre el perfil climático y el perfil de diversidad de organismos vivos.[1] Por eso dejamos una vez más nuestro gráfico como inicio del viaje.

Poco a poco las corrientes oceánicas se habían ido modificando de acuerdo al movimiento de los continentes. Las nuevas posiciones relativas entre ellos fueron favoreciendo el enfriamiento general de la atmósfera que, como ya sabemos de la entrada 47 de esta serie titulada ”Comienza el Terciario“, llevó, tras unos 20 millones de años, al recubrimiento con casquetes helados de la Antártida.

Mientras duraron los buenos momentos climáticos heredados del Paleoceno, las abundantes selvas húmedas siguieron siendo el paisaje más común. Las palmeras y los cactus habitaban Alaska y la Patagonia, mientras que las humildes plantas de flores compuestas dibujaban pequeñas manchas en los anteriores hábitats o junto a las corrientes de agua.

Como consecuencia del progresivo enfriamiento terrestre se estaba produciendo un cambio en las condiciones climáticas de las estaciones, de forma que fueron cada vez más contrastados  los veranos y los inviernos. Esta circunstancia afectó a la familia vegetal de distinta manera, dependiendo de la capacidad de resistencia de cada especie en particular. Los árboles caducifolios, gracias a su vaivén estacional de cobertura foliar, estaban muy adaptados a los grandes cambios de temperatura, por lo que comenzaron a imponerse sobre las especies perennes tropicales, de forma que ya hace 38 millones de años aquellos tipos de bosques cubrían vastas regiones en los continentes septentrionales. Las junglas a las que iban sustituyendo solamente lograron resistir en el sur, sobre Sudamérica, India, y Australia. En latitudes todavía más extremas, como era la austral Antártida, que había sido un esplendor de bosques templados subtropicales, se cubrió de grandes regiones de tundra junto a hielos perpetuos. Las zonas más estresadas eran progresivamente conquistadas por las plantas herbáceas de flores compuestas, comenzando así el esplendor de un nuevo biotopo como fueron las praderas.

En el subsuelo de estos entornos herbáceos bullía el mundo social de las hormigas, que estaban iniciando un despegue hacia nuevos hábitos y formas. Posiblemente los modernos biotopos favorecían su evolución. Es el momento en que comienzan en sus galerías una agricultura subterránea de bajo nivel sobre un amplio rango de hongos.[2] Quizás esto último fue el valor diferencial que hizo que poco después, hace unos 50 millones de años, comenzara la radiación de sus formas más modernas que perduran hasta hoy en día. Ello les permitió ser los insectos dominantes durante muchos años.

Durante esta larga época de transición hacia el frío, y a pesar de que la generalidad de los mamíferos conservaban aún un pequeño tamaño, en el registro fósil ya se empiezan a encontrar evidencias de animales mayores y de morfologías modernas.

Éste era el caso de los primitivos ungulados, animales que caminan sobre la punta de los dedos enfundados con pezuñas. La categoría ungulado viene del latín “ungula“, que precisamente quiere decir pezuña. Por lo dicho en los párrafos anteriores se puede entender que el panorama comenzaba a ser el adecuado para los animales que vivían de ramonear las plantas, entre ellos nuestros ungulados, bonanza que les llevó a experimentar en esta época una deriva hacia la diversificación y su consolidación. Aparecen en Laurasia a partir del Paleoceno tardío como una radiación de los mamíferos condilartros que a su vez descendían de animales insectívoros. El nombre de condilartro indica un gran avance estructural, ya que significa “articulación en forma de condil“, o de un hueso encajado en otro -como la rodilla-. En el Paleoceno los ungulados iniciaron su definitiva diversificación en dos familias que luego serían significativamente preponderantes: los perisodáctilos y los artiodáctilos. Para entendernos mejor, “los que tenían una única pezuña” en cada pata -léase caballos, tapires o rinocerontes- y “los que tenían dos” -léase camellos, rumiantes, cerdos, hipopótamos y sí, aunque parezca mentira, ballenas y delfines-. Ya desvelaremos el misterio.

Extremidades de los ungulados (Wikimedia, dominio público)

Los perisodáctilos habrían evolucionado a partir de un pequeño animal con aspecto de oveja, el Phenacodontidae, cuyas características anatómicas serán heredadas por sus futuros descendientes. Hace 55 millones de años ya se habían diversificado y extendido por varios continentes. En Norteamérica prosperaron los caballos, surgidos hace 54 millones de años, y los tapires, mientras que los rinocerontes parece ser que radiaron por primera vez en Asia, pasando más tarde a América a mediados del Eoceno. Estos caballos tempranos, cuyo primer fósil conocido corresponde a Hyracotherium, eran muy pequeños, del tamaño de un zorro, y aún tenían varios dedos en sus patas. Los rinocerontes también eran pequeños y aún no habían desarrollado su peculiar cuerno. Dada el corto periodo desde su diversificación, estos últimos se parecerían bastante al caballo o a un tapir de la época.

Por su parte los artiodáctilos provenían del condilartro Arctocyonidae, una pequeña pero fiera comadreja omnívora del Paleoceno. Sin embargo, los primeros artiodáctilos eran parecidos a los cerdos de hoy en día: animales pequeños de cortas patas que se alimentaban de las partes blandas de las plantas. Ocupaban por lo general hábitats marginales, como consecuencia de que se vieron superados por el mayor éxito de los perisodáctilos. Quizás por ello la evolución llevó a alguno de ellos a practicar estrategias adaptadas a la “miseria”: en esta época es cuando se desarrolló el sistema digestivo rumiante, ”invento” con el que sobrevivían gracias a que podían procesar alimentos de menor calidad.

También los artiodáctilos, hace unos 52 millones de años, fueron los sujetos de uno de los acontecimientos más importantes en el álbum familiar de los mamíferos. Sorprendentemente, o al menos a mí me lo parece, de una rama próxima a la de los hipopótamos se desprendió una nueva línea evolutiva que al cabo desembocaría en animales tan esencialmente marinos como lo son las ballenas, los delfines o cachalotes, es decir, el gran orden de los cetáceos.

Unos 325 millones de años antes de este acontecimiento, un pez había decidido salir del agua y fundar la familia de los tetrápodos. Ya lo vimos con profusión en la entrada número 32 de esta serie. La selección natural fue modelando a aquellos aventureros siguiendo un sinfín de rutas que les llevaron a través de la difícil tarea de la supervivencia. Una de ellas desembocó en los mamíferos terrestres, abriéndose más tarde la rama de los ungulados de pezuña partida. Se cree que uno de estos artiodáctilos, el pequeño Indohyus, pudo ser el eslabón perdido entre los mamíferos terrestres y los cetáceos.[3] El proceso de retorno al agua de los mamíferos descendientes de este animal se inició en el actual Pakistán, en donde un evolucionado carnívoro terrestre, considerado como el primer espécimen del orden Cetacea, el Pakicetidae, comenzó a encontrar cómodo el relajar el esfuerzo que suponía mover su cuerpo metiéndose en el agua. Algo así como hacen los hipopótamos. De él hasta los basilosaurios, que ya fueron completamente marinos, pasaron poco más o menos 10 millones de años y una adaptación cada vez mayor a la comodidad del agua y al soporte hidrostático que les ofrecía. Se acomodaron sus oídos, los orificios respiratorios migraron hacia lo alto de la cabeza, las patas delanteras adoptaron la forma de remos, aunque manteniendo la vieja estructura ósea mamífera. Mientras, las extremidades posteriores fueron derivando hasta formar unas palas, que ya no estaban ancladas al cóccix, con las que se propulsaban en un movimiento ondulatorio vertical, semejante al galopar del mamífero terrestre corredor del que provenían. Algunos cetáceos desarrollaron unas láminas córneas -barbas- en la boca que fueron sustituyendo a los dientes, novedad que les permitió colonizar un nuevo nicho de alimentación, el del abundante plancton.

Como veremos unos párrafos más abajo esos no fueron los únicos mamíferos que decidieron volver al mar.

Evolución de los cetáceos (a partir de imágenes de wikimedia, GNU FDL 1.2)

En África también estaban evolucionando las selvas que se retiraban al ritmo de las bajadas de temperaturas, abriendo espacios a los pastizales en donde estaban prosperando los nuevos animales vegetarianos. Fue a mediados del Eoceno, y dentro de la gran familia de afrotherios. Se trataban de unos animales que en principio se pensó que debían ser unos ungulados más. Hoy en día se tiene claro que no es así ya que se considera que son el resultado de un proceso evolutivo convergente por el que algunos animales africanos adoptaron hábitos y formas semejantes a los ungulados europeos. No en vano se les conoce como penungulados, o lo que es lo mismo, los “casi ungulados“. Se trata de los proboscídeos -elefantes, mamuts y demás narigudos, y también ¡asombroso! los acuáticos sirenios, de los que hoy en día conocemos a los dugongos -de apodo las “señoras del mar“-, y los manatíes.

Hace ahora unos 50 millones de años algún tipo de herbívoro africano del clado penungulado inició su vuelta al mar abriendo la senda de los actuales sirenios. En nuestro registro fósil se considera a Pezosiren portelli como el primer de ellos. Era aún un animal cuadrúpedo de costumbres anfibias. Hacia finales del Eoceno el orden sirenio había prosperado ya que datados en esa época se han encontrado multitud de fósiles de manatíes que surcaban las aguas. Los sirénidos siguen siendo los únicos mamíferos marinos hervíboros, un recuerdo indeleble de sus inicios.

Los ancestros de los proboscídeos ya vivían durante los años frontera del Eoceno con la siguiente época, el Oligoceno, hace unos 35 millones de años. Se considera como el más ancestral a Moeritherium, que era un relativamente pequeño animal de menos de un metro de altura, con una pequeña trompa y atisbos de colmillos, y un cuerpo semejante al de los hipopótamos, posiblemente ya que ambos ocupaban nichos próximos a las aguas, en este caso del Nilo, consumiendo la vegetación de ribera.

Imagen artística de Moeritherium, uno de los primeros antepasados directos de los elefantes (Wikimedia, dominio público)

Además de las dos aventuras comentadas más arriba acerca del regreso a las primitivas costumbres acuáticas protagonizadas por cetáceos y sirenios, los mamíferos aún tenían que representar un tercer acto: el de los pinípedos -focas, morsas, lobos de mar…-. Pero eso sería bastante más tarde, hace ahora unos 25 millones de años, a finales de la próxima época, el Oligoceno. Debió suceder en latitudes australes ya que el fósil más antiguo de lo que parece ser fue un animal de transición, Puijila darwini, se ha encontrado en la Antártida.[4] Su aspecto externo sería como el de las nutrias actuales, lo que permite conjeturar que los pinípedos debieron pasar por una fase de agua dulce similar a la de aquellos animales.

Los primitivos cetáceos y sirenios, tras su vuelta al mar, se encontraron con los tiburones que habían experimentado una gran diversificación. En algún caso hacia especies de gran tamaño, como el Otodus obliquus, que podía alcanzar los nueve metros de longitud y que se alimentaba de mamíferos marinos, peces y de otros tiburones.

Volvamos a tierra. En esta época los roedores, que habían iniciado su andadura hace unos 75 millones de años, se extendieron por Laurasia, en donde a finales del Eoceno ya aparecen la mayoría de los grupos actuales. Entre otros, las ardillas, los castores, los ratones o los lirones. Desde este continente colonizaron más tarde África, en donde dieron lugar al poco tiempo a los Hystricognathi, los cuales consiguieron también en poco tiempo saltar a Sudamérica llevando a cabo la primera repoblación de este territorio por los roedores. En Perú hay evidencias fósiles de roedores datadas en hace 41 millones de años.[5] Posiblemente lo hicieron sobre troncos flotantes, saltando de isla en isla en los relativamente estrechos canales que aún separaban ambos continentes, entre los que se encontraban el archipiélago de San Pedro y San Pablo. A partir de aquellos viajeros hystricognatos en el continente sudamericano radiaron los puercoespines, cobayas, capibaras… Como deducimos de lo dicho, podemos asegurar que este orden placentario es uno de los grandes éxitos en la historia de los mamíferos. Más del 40% de las especies Mammalia son de roedores, y se dice que hay más roedores en el mundo que la suma de todos los mamíferos restantes.

También en esta época, hace unos 50 millones de años, los carnívoros iniciaron su diversificación, se cree que en Norteamérica, donde se han encontrado algunos fósiles en Texas formando dos familias: la de los cánidos -perros, lobos, zorros…-, que incluyen también a los osos, y la de los félidos -tigres, leones, gatos…-. Los primeros eran más móviles y acostumbraban a cazar con estrategias poco sofisticadas y más oportunistas. Los félidos, que inicialmente abundaron más en Europa, se mantuvieron en los bosques siguiendo costumbres semiarborícolas y fueron grandes cazadores a la emboscada. Ambos habían modificado su dentadura, de forma que disponían de unos caninos afilados preparados para sujetar a sus presas. Incluso podían ser tan largos como un sable. Las cúspides de sus molares estaban dispuestas en forma de triángulos invertidos que se alternaban en el cierre de las mandíbulas, formando así una serie de bordes cortantes zigzagueantes, como si fueran las cuchillas de unas tijeras con las que cortaban la carne en porciones pequeñas.

Así, en esta época eocénica, de entre todos los carnívoros dominaron los creodontos, que precisamente significa “dientes de carnicero“. Eran animales de Laurasia y ya habían emigrado a África a principios del Eoceno, en donde desarrollaron tamaños tremendos, apropiados para la caza de los grandes proboscideos. Más tarde, a principios del Mioceno, cuando África y Europa se habían juntado, hace unos 20 millones de años, recolonizarían su antigua patria, Eurasia.

Imagen de Patriofelis ferox, uno de los primeros carnívoros del Eoceno (Wikimedia, GNU FDL 1.2)

También fue una época de evolución para los primates, que tenían una estrecha relación de parentesco con aquellos arcaicos plesiadapiformes de Laurasia. El fósil más antiguo, de hace 55 millones de años, se ha encontrado en lo que fue el lecho de un lago, hoy situado cerca del río Yangtze, en la actual provincia china de Hubei. Se trata de Archicebus achilles y corresponde a la rama filogenética de los tarsios, que apareció al poco tiempo de separarse esta rama de la de los antropoides. Archicebus difiere absolutamente de cualquier primate conocido. Realmente tiene unos pies de mono, las extremidades y dientes de un primitivo primate y el cráneo asombrósamente pequeño, adecuado a su pequeño tamaño: unos 30 gramos cuando adulto.[6]

Imagen del fósil de Archicebus achilles descubierto en China. (Imagen: Xijun Ni, ver nota a pie de página número 6., fair use)

Las primeras migraciones de los primates más ancestrales se produjeron entre los continentes boreales. Un estudio[7] hecho público en 2006, basado en análisis isotópicos del carbono sobre fósiles del primate Teilhardina, parece asegurar que este animal se originó en Asia hace más de 50 millones de años, y que en un corto lapso de tiempo de 25 mil años migró primero a Europa y luego a Norteamérica.

Y luego… ¿qué pasó? Realmente hay un vacío en el registro fósil entre estos antiguos animales del hemisferio norte y los primates más modernos, cuyos antepasados se han hallado en Asia y África. Posiblemente una población inicial emigró al continente negro extinguiéndose con posterioridad de los territorios euroamericanos de partida como consecuencia de la “Gran Ruptura”, acontecimiento biogeológico del que hablaremos en una entrada posterior. Ya en África, los emigrantes originaron más tarde la rama de los simiformes, produciéndose posteriormente su especiación -aparición de sus especies biológicas- en tres territorios muy separados: los sudamericanos Platirrinos, monos de “nariz plana” o “monos del nuevo mundo” hace unos 40 millones de años; los extintos asiáticos Eosímidos; y los africanos Catarrinos, los monos de “nariz hacia abajo” o “monos del viejo mundo”, 15 millones de años después.  

Árbol filogenético de los primates, con la estimación de la época en que se desgaja cada rama. La datación temporal está sometida a discusión como el hecho de que algunos paleontólogos afirman que Procónsul sería el primer hominoideo

Se ha estudiado el salto de los simios de África a Sudamérica siguiendo las secuencias mitocondriales, y parece ser que se produjo en un rango de entre hace 43 y 35 millones de años. De hecho el fósil sudamericano más antiguo conocido[8] data de hace 35 millones de años y presenta más semblanzas filogenéticas con especies africanas del Eoceno que con fósiles más modernos de especies del propio continente. Debido a la deriva continental hacía poco que se había formado el océano Atlántico, por lo que aún no tenía el ancho actual y seguramente estaría lleno de islas recién creadas por la dorsal atlántica. Estas islas serían cada vez más abundantes como consecuencia del progresivo descenso del nivel del mar que iba siguiendo el ritmo de crecimiento de los hielos en la Antártida. Es probable que los primates atravesaran el océano Atlántico saltando de isla en isla hasta América del Sur. O bien haciendo “rafting”, de acuerdo a lo que dicen algunas investigaciones que sugieren que un primate pequeño de un kilogramo podría sobrevivir en una balsa de vegetación durante trece días. Teniendo en cuenta la velocidad del viento y las corrientes, pudo ser un tiempo suficiente como para realizar el viaje a través del canal que separaba a los dos continentes.[9]

La emigración al norte de los catarrinos desde África para colonizar de nuevo Europa y Asia se produjo mucho más tarde, alrededor de hace 20 millones de años.

Vamos a acabar la entrada dedicada al Eoceno con el recurso que hemos empleado otras veces a lo largo de esta serie. Con una imagen que nos permitirá rememorar la aventura que hemos vivido. Las praderas avanzando, los ungulados aprovechando esta nueva oportunidad en Eurasia mientras que en África los afroterios vegetarianos hacían lo mismo. A su estela comenzaban a medrar los nuevos carnívoros, mientras que los primates hacían sus primeros pinitos arbóreos. Los roedores ya mostraban con su expansión y afanes viajeros las inquietudes que hoy suponemos en ellos. Los pájaros seguían creciendo en número y formas, mientras en el agua los peces teleósteos hacían lo mismo. Todo ello lo podemos imaginar al ver el siguiente paisaje ideado y dibujado por Alain Bénétteau.

Paisaje del Eoceno (Ideado por el dibujante Alain Beneteau, fair use)

En esta imagen parece ya intuirse a la derecha unas nubes frías que amenazan nieve. El clima estaba realmente cambiando. En la próxima entrada continuaremos la historia atravesando momentos realmente gélidos. La vida se hace más dura, pero igual de irreductible que hasta ahora.

  1. Artículo de la revista PNAS en donde se explica esta relación climática. []
  2. Ver en esta publicación de PNAS de abril de 2008 el estudio relacionado sobre la agricultura de las hormigas. []
  3. Podéis leer más sobre el tema en este artículo. []
  4. En este enlace a la revista Nature de abril de 2009 encontraréis la reseña sobre la evolución de las focas. []
  5. Para mayor información acudir aquí. []
  6. En este enlace podéis leer más sobre Archicebus achilles. []
  7. Podéis encontrarlo en este enlace. []
  8. Más detalles en esta publicación de la revista Nature de febrero de 2015. []
  9. En este enlace encontráis un interesante estudio sobre la posibilidad de viajar sobre balsas entre África y América. []

Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 8 } Comentarios

  1. Gravatar Cron | 04/04/2015 at 11:07 | Permalink

    Jreguart : que opinas del antropoceno como posible edad a continuación del holoceno , considerando la alteración feroz que hemos hecho a : la atmósfera , litosfera , biosfera , hidrosfera . …. Felicitaciones ha sido un agrado leer este educativo y entretenido trabajo

  2. Gravatar jreguart | 05/04/2015 at 07:34 | Permalink

    Hola Cron,

    lo primero comentar que mis opiniones no dejan de ser las de un simple aficionado. Ya he comentado otras veces que me siento como un notario que ha levantado acta de lo que lee y como resultado a salido esta serie. También es un pensamiento repetitivo en mi el de huir del antropocentrísmo, cosa que me parece más que evidente… aunque para opiniones hay tantas como gustos.

    Con respecto a lo que me comentas sobre el Antropoceno mi opinión va a a ser bastante crítica. A pesar de que el nombre ha sido propuesto por alguna mente lúcida me parece que el hablar de Antropoceno -en vez del tracdicional Holoceno- no deja de ser como el flash de un titular de prensa científica elemental, para el gusto de los que les encantan los titulares. Primero: las épocas geológicas deben estar referenciadas a acontecimientos “geológicos”. Parece que hay una correlación evidente entre el inicio del último periodo interglaciar y la domesticación por parte del hombre de animales y plantas. A pesar de ello lo segundo no constituye un hito para definir una nueva época geológica, sustituyendo a la palabra Holoceno que sí comienza en un hito climático. Segundo: Por hablar sólo del corto Pleistoceno que duró sólo unos dos millones y medios de años… dos millones y medios de años han dado pie a un denominación de una época geológica… y nosotros para un periodo de 12.000 años ya le hemos puesto dos. Y Antropoceno porque en los últimos 250 años ¡250 AÑO! ha habido un despegue tecnológico brutal que evidentemente ha afectado y esta afectando a nuestro medio ambiente. Sigamos pues viviendo en el Holoceno que ya me parece un refinamiento gramatical para el final del Pleistoceno ¿Quién sabe lo que va a pasar en los próximos dos millones y medio de años? ¿Quien hubiera titulado, tras haber pasado tan sólo 12.000 años, a la era que empezaba tras el zapatazo de Chicxulub, que eliminó entre otros a los dinosaurios, como el Cenozoico que quiere decir “la Vida Nueva“? 65 millones de años después, una vez sabida la historia, hemos clavado el nombre.

    Que pronto nos apuntamos los hombres nuestros diminutos momentos de gloria y como se reiría el Cosmos si pudiera. Antropoceno por qué y para qué. Esperemos a ver que pasa de aquí a unos millones de años, si aún andamos por aquí, y bauticemos a las épocas geológicas con propiedad.

    De todas formas hablemos de la era histórica Antropoceno. Me gustaría que lo hiciéramos comenzar hace unos 40.000 años cuando el hombre comenzaba a demostrar que poseía una máquina mental con grandes posibilidades. Una máquina mental que le llevó al arte, a la metafísica, al refinamiento tecnológico y social. Con ella introdujo dos vectores completamente novedosos en las leyes evolutivas biológicas: la selección social y la selección tecnológica. El medio ambiente de la biosfera ya no será consecuencia exclusiva del clima, la geología o la cosmología. El hombre puede maniobrar con otras armas y engañar a las causas anteriores. Con la tecnología un individuo condenado a la muerte infantil hace 2.000 años, por decir algo, puede sobrevivir y traspasar sus genes a la descendencia. Un primer capotazo de engaño a la naturaleza. Por otro lado las costumbres sociales humanas hacen que marginemos a determinados grupos por motivos puramente inventados por nosotros mismos, dificultando el éxito reproductor de los miembros de estos grupos. Otro engaño a lo natural ¿a dónde nos llevará esta capacidad de influir en las leyes de la evolución ? No tengo ni idea, aunque lo cierto es es que se trata de un nuevo escenario.

    El avance en la Neurología y ciencias médicas nos permiten pensar en ciberhombres ¿Quíen hubiera pensado en tiempos de la batalla de Lepanto que a Cervantes le podrían poner un brazo biónico comandado por sus propias neuronas? ¿Como no pesar en un organismo artificial, o trasplantado, dirigido por un cerebro operacional? ¿Cómo no pensar en la intercomunicación eficaz, artificial y directa entre cerebro y máquina? ¿Cómo no extender esta tecnología a la intercomunicación entre dos o MÁS cerebros? La célula eucariota se asoció con otras para facilitar su supervivencia, pasando a formar los organismos pluricelulares desarrollando células especializadas ¿por qué no pensar en organismos pluricerebrales? El multicerebro hecho una realidad ¡Eso sí que sería Antropoceno y no lo de ahora! Individuos capaces de sobrevivir de forma inimaginable pero factible al cambio climático que parece estamos induciendo. Pero ¿qué es un cambio climático de unas decenas de años si las glaciaciones se cuentan por miles de años? ¿Quién sabe lo que nos espera a la humanidad? En cualquier caso, pase lo que pase, una minucia para el planeta.

    Y por qué no hablar de nuestra capacidad de destrucción y nuestra altanería. No ha habido especie en la historia del planeta que haya vivido unos cuantos decenas de millones de años. Y qué decir de una humanidad tecnológica controlando clima y evolución, bajo la amenaza de una ionizante y destructiva radiación solar incontrolable ¿Quién sobreviviría al Antropoceno? Vaya ironía. Antropoceno.

    Bueno, no sigo pues creo que con lo dicho he manifestado mis más íntimos convencimientos… ¡viva el Holoceno!… y aún eso con reparos.

    En otro orden de cosas, me alegro con tus palabras acerca de la serie: agradable, educativa y entretenida… qué más puedo desear. Muchas gracias y espero que nos sigas hasta el final.

  3. Gravatar alpial | 06/04/2015 at 03:04 | Permalink

    jreguart : sin disponer del arsenal de antecedentes con que cuentas y el recorrido que has hecho a lo largo de estos dos eónes , recabando información , recopilando datos , en fin asomándote al pasado geológico de la tierra y con una mirada mas amplia del tema . creo que discrepo , porque incluso tu mismo me das ideas , tus propias palabras “Y por qué no hablar de nuestra capacidad de destrucción y nuestra altanería”. claro , nunca había existido una especie con tanta capacidad para alterar el ecosistema ; que ecosistema , el planeta entero . te parecen pocas las millones de toneladas de CO2 que con tanto cuidado por eras guardó la tierra en su seno para mantener los equilibrios atmosféricos y el hombre extrajo de un pestañazo y lo devuelve nuevamente ( debes saberlo de memoria , seguro) si colorearan el CO2 de la atmosfera no veríamos ni sol ni estrellas ni luna , apenas nos veríamos nosotros ; que especie que tu conozcas – y conoces miles – había alterado químicamente con : insecticidas , pesticidas , herbicidas etc etc tan profundamente la tierra . cada fruta , árbol , flor etc que existió antes de esta intervencíon fatídica del hombre ya no es el mismo en forma tamaño y sabor .con un solo articulo sobre las manipulaciones genéticas y sus consecuencias a futuro alguién ni siquiera experto usaría la misma cantidad de letras que todas las que tu has usado desde el hadeico hasta el eoceno – sin desmerecer por cierto ni una coma de este excelente trabajo – sigo .hasta las vacas no existian , fueron” fabricadas” en el laboratorio del antropoceno y emiten hasta 800 litros de principalmente metano por día ; solo en argentina hay cerca de 55 millones de estos apacibles rumiantes . la extraccíon de minerales ha dejado millones de toneladas de metales pesados nocivos para toda , toda la vida existente en la tierra , ¿ el arsenal nuclear con el potencial destructivo te parece poco ? y el que ya está actuando silenciosamente mejor ni lo pienso . la espectacularidad y rápida destrucción de un asteroide de 20 km de diámetro por supuesto que no se compara , pero ojo , los cambios en la química de la vida incluida la atmósfera , las ondas electromagnéticas , las alteraciones genéticas ; como dije antes son silenciosas . si hubieran actuado todas ellas distanciadas en el tiempo te creo , pero no es el caso , aquí vienen todas juntas en poco tiempo y cual de ellas mas letal . y que yo defienda que si estamos en el antropoceno no me hace antropocentrista – geocentrista , no nos confundamos ; el antropocentrismo no tiene base científica que yo sepa y es solamente el deseo de algunos nostálgicos que quieren creer que el mundo fué concebido para alojar a esta “maravillosa ” y constructiva especie , y para terminar mi opinión personal y como reflexión ; es que el hombre ya ha tenido dos grandes decepciones : primero galileo nos hace aterrizar ; no somos el centro del universo , darwin nos demuestra que somos descendientes del mono y lamentablemente no venimos en una misión encomendada por dios a enseñorearnos en esta tierra y subyugar a todo lo que se mueva . … esperando seguir en contacto , y ojalá pronto tengamos el oligoceno y si cambias de parecer hagas un capítulo final con el antropoceno ( estoy seguro que lo harías estupendo , bien documentado, con imágenes impactantes , para crear conciencia)

  4. Gravatar jreguart | 06/04/2015 at 09:06 | Permalink

    Hola Alpial,

    ¡cómo no puedo estar de acuerdo contigo! El hombre tiene capacidad para ser un peligro para su entorno y somos capaces de modificar nuestro medio ambiente como nunca se había conocido.

    Dicho esto sólo quiero incidir en mi tesis: Las modificaciones realizadas por sapiens sapiens son de largo alcance para nuestra mentalidad de hombre pero de corto recorrido temporal. Estamos intentando utilizar acontecimientos que se miden temporalmente a escala humana para clasificar sujetos que deben medirse a escala temporal geológica. Y entre una y otra hay por lo menos un factor de 10*6. Por eso opino que no nos apresuremos a nominar con la imagen de nuestra especie cuando aún tenemos muy pocos datos de lo que hemos hecho. Y como apuntaba en mi comentario a Cron, aún seremos capaces de ver habilidades del hombre más condicionantes para el medio ambiente que lo que hemos visto en los pocos años que ya conocemos. Incluso la destrucción de la especie… ¿en pocos años? 10 mil, cien mil… si nos ponemos en esta hipótesis posible ¿por qué adelantar como Antropoceno lo que será una lágrima en el Cosmos? Porque por mucha alteración que sea capaz de inducir la acción humana, el planeta seguirá adelante. Y si la especie triunfa, se consolida a pesar de todas las amenazas e incógnitas que vemos ahora, dejemos a nuestro sucesores el aseverar que el Antropoceno realmente es una época consolidad.

    Me atrevo a añadir un argumento más a mi tesis de “wait an see” antes de nominar: a pesar de la gran influencia de las cianobacterias llenando nuestra atmósfera de oxígeno, las pobres quedan ocultas dentro de la era Paleoarcaica ¿por qué, si su actividad modificó geológicamente el planeta de una manera tan significativa? Nada fue igual después de ellas. La influencia del hombre, aún siendo tremenda, queda lejos de la trascendencia de la actividad de aquellas bacterias.

    Bueno amigo Alpial, yo creo que estamos hablando de dos aspectos de una misma materia. Uno, hoy en día el hombre puede ser, y lo ha demstrado, una amenaza para el medio ambiente actual. Y dos, hoy por hoy tenemos pocos datos como para poner nombre a una etapa geológica.

    Con respecto a un capítulo sobre el Antropoceno… dependerá de mis fuerzas… la serie lleva camino de sobrepasar dos años de vida… no te aseguro nada.

    Seguimos intercambiado opiniones.

  5. Gravatar J | 06/04/2015 at 02:57 | Permalink

    ¡Pero si el artículo casi está escrito! Tu respuesta en el comentario número 2 es impresionante, nunca me lo había plentado así.

    ¿Existe alguna palabra para referirse a “desde que apareció el hombre en adelante”? “Historia” no, porque eso es “desde que se inventó la escritura en adelante”. Es obvio que definir el momento exacto en que un animal dejó de ser mono para ser hombre es difícil (como he tenido el privilegio de revisar tus artículos antes que el resto de los lectores, sé que llegarás a ello, pero no creo estar haciendo ningún spoiler), pero también es difícil definir cuándo se inventó la escritura (porque parece ser que se inventó en varios lugares en momentos distintos del tiempo) y aún así lo usamos como concepto.

    Lo de los múltiples cerebros conectados da para un cuento de ci-fi…

  6. Gravatar jreguart | 06/04/2015 at 08:01 | Permalink

    Hola J,

    hablar del Antropoceno es meterse en un huerto especulativo. Muy alejado del alma de esta serie que quiere hacer referencia a lo que ha pasado en la larga vida de la Vida, valga el casi retruécano. Podemos hablar y polemizar, pero pienso que eso no es material de la biografía de la Vida. Al final de la serie, y adelanto aunque tú ya lo sabes, hablo de posibilidades de vida más allá de nuestro entorno, pero esto es muy distinto de la futurología a donde nos lleva la idea del Antropoceno. Porque si hay que aceptar el concepto Antropoceno habrá que pensar en millones de años… y por ahora sólo tenemos en nuestro bolsillo unos 12.000… por decir algo.

  7. Gravatar cron | 07/04/2015 at 12:28 | Permalink

    ¿si nos cayera un asteroide de 20 ó mas kms significaría instantáneamente el comienzo de una nueva era ? considerando al de la península de yucatán como referencia .¿porque que criterios se consideran como para determinar si es un cambio de época , período o era ? . ¿es el acontecimiento cataclísmico en si , con las consiguientes consecuencias o principalmente el tiempo de duración de tales consecuencias ?.

  8. Gravatar jreguart | 07/04/2015 at 09:56 | Permalink

    Hola Cron,

    tu comentario me ha llevado a ver qué es lo que opina la Unión Internacional de Ciencias Geológicas. En Wiki me encuentro con lo siguiente:

    “Los límites de las unidades cronoestratigráficas (en los que se basan por convenio los de las geocronológicas) se establecen según características y eventos paleobiologicos y geológicos, como los cambios de los grupos de organismos predominantes, extinciones masivas, cambios climáticos y fases orogénicas, entre otros”. http://es.wikipedia.org/wiki/Unidad_geocronol%C3%B3gica

    Parece por tanto, como no podía ser de otra manera, que el criterio de clasificación se apoya en las realidades encontradas, algunas de ellas consecuencias de un evento catastrófico. Supongo que en la Unión Internacional de Ciencias Geológicas se producirán grandes polémicas para determinar cómo aplicar sus criterios. La duración del periodo que se defina lo dará la datación de sus estratos.

    ¿Antropoceno? Veremos a ver que deciden los sabios. Seguimos en contacto.

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