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	<title>El Cedazo &#187; Filosofía</title>
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		<title>Los sistemas receptores. Anexo II: Sentido de la propia identidad (Yo y consciencia)</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Mar 2018 12:04:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jreguart</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biología]]></category>
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		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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		<description><![CDATA[Este nuevo anexo de la serie sobre los sistemas receptores, que sin duda resultará sui géneris y quizás desubicado, surge espontáneamente como una necesidad vital de fijar mis ideas. Intuyo que mi identidad es lo que me eleva, me da consistencia al tan simple orden físico, que pudiera parecer tan desolador, con el que acabé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;" align="center">Este nuevo anexo de la <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/series/los-sistemas-receptores/" target="_blank" class="liinternal">serie sobre los sistemas receptores</a><strong></strong>, que sin duda resultará <em>sui géneris</em> y quizás desubicado, surge espontáneamente como una necesidad vital de fijar mis ideas. Intuyo que mi identidad es lo que me eleva, me da consistencia al tan simple orden físico, que pudiera parecer tan desolador, con el que acabé <a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/01/14/los-sistemas-receptores-17-mas-alla-de-los-cualia/" target="_blank" class="liexternal">la última entrada de la serie</a>.<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_0_56860" id="identifier_0_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Simplemente como recordatorio copio aqu&iacute; una de las &uacute;ltimas locas y contundentes frases: &ldquo;Parece que existimos como entes resultado de un mundo relacional m&aacute;s all&aacute; de lo tangible. &iquest;Es un mundo vac&iacute;o? &iquest;Es todo y s&oacute;lo el efecto de una pura acci&oacute;n-reacci&oacute;n de unas fuerzas fundamentales que parecen regir nuestro Cosmos y que se nos han revelado gracias a las matem&aacute;ticas y al poder del razonamiento que se apoya en la consciencia que gestiona el yo?">1</a>]</sup> Porque de aquel trasfondo elemental de la existencia del Cosmos surge, aunque parece un imposible, la percepción de que evidentemente yo soy bastante más que el resultado de un mero juego de las leyes físicas más fundacionales. Realmente me percibo como una identidad personal, propiamente mía, desde cuya perspectiva soy el dueño de mi cuerpo, de lo que siento y de lo que percibo. Soy propietario de estas experiencias como también soy el propietario de las reacciones con las que las afronto. Como todos, a no ser que las patologías o los accidentes lo anulen, siento, me parece saber, que hay una entidad propia que me define, me da consistencia y me permite realizar mi existencia al interactuar con más o menos fortuna con lo que me rodea.</p>

<div id="attachment_56867" class="wp-caption aligncenter" style="width: 291px"><a href="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2017/11/carnet-de-identidad.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-56867" title="carnet de identidad" src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2017/11/carnet-de-identidad.jpg" alt="" width="281" height="180" /></a><p class="wp-caption-text">En la presente entrada hablaremos de este chip, no el que ves incrustado en una tarjeta de identidad ciudadana, sino del biológico incrustrado en la complejidad de nuestro cerebro (<a href="https://www.google.es/search?q=documento+de+identidad+espa%C3%B1a&amp;tbm=isch&amp;tbs=simg:CAQSlQEJ-zcBrgEDvb0aiQELEKjU2AQaAggVDAsQsIynCBpiCmAIAxIo2AKDCNkC8wnLB9cC9wLdB98CzAf5NOo2-DTVPdY9_1j3HPek2kzfKNBowEaqRnsG4ZKdnkdGmcgiGG_1Sbx8aiBIVCu7Gynkj8PVCg-0YVkLWeVw26i0g6_1hW_1IAQMCxCOrv4IGgoKCAgBEgSLjiphDA&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwjR1fq-w77XAhVJ0RQKHWjdAzcQwg4IJCgA&amp;biw=1920&amp;bih=900" class="liexternal">Imagen</a> de la red, dominio público)</p></div>

<p style="text-align: justify;">Como podéis imaginar me estoy refiriendo, quizás más que a un sentido, a un sentimiento, a un matiz personal sobre la idea de mi identidad, a un cualia<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_1_56860" id="identifier_1_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Seg&uacute;n nos cuenta un grupo cient&iacute;fico de la Universidad de Granada&amp;#8230; &amp;#8220;Los cualias son una experiencia en primera persona. El problema duro de la conciencia. Ejemplos de cualias son el dejavu, el dolor, la intuici&oacute;n, la sinestesia, el placer mental, la pasi&oacute;n, tener algo en la punta de la lengua, el color, la curiosidad&amp;#8230;&amp;#8220;.">2</a>]</sup> personal que definimos como el sentido del Yo. Una realidad perceptiva más que emerge del mundo completo -como cerrado y autosuficiente para explicar sus fenómenos- de la biofísica, de donde la suma de sus partes ha construido algo más que lo que de esta suma se puede esperar: mi identidad, mi yo, la herramienta que me permite, con su presencia sentida, el navegar con ventaja por el mar de la supervivencia, de la homeostasis.</p>

<p style="text-align: justify;">El <em>Yo es,</em> por tanto, <em>una</em> <em>propiedad emergente</em> a partir de nuestra actividad biológica más básica, que nos ha abierto un nuevo escenario vital. Pero si aceptamos que emerge de nuestra física tendremos que suponer que hasta cierto punto deberá ser aprehensible desde la física, es decir, deberá ser explicable en base a la realidad material en que debe sustentarse. Hablé ya en alguna antigua entrada de este blog,<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_2_56860" id="identifier_2_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="&Eacute;sta, &eacute;sta y &eacute;sta.">3</a>]</sup> en la <a href="https://eltamiz.com/elcedazo/series/biografia-de-lo-humano/" class="liexternal">serie</a> “<em>Biografía de lo humano</em>”, acerca de ello: de cómo pudo surgir la emergencia del Yo a partir de lo biológico y de cuál podría ser el sustrato neuronal que nos propone esta fantástica percepción. Lo cual me permite pensar, y no creo que abusando de un forzado calzador, que entra de lleno en la esencia de la presente serie sobre “<em>Los sistemas receptores</em>” y que, en consecuencia, pueda proceder el reiterar la línea argumental de lo allí dicho con la esperanza de que el paso del tiempo me pueda permitir ahora plantear una proposición más decantada, más clara y, en la medida de lo posible, más entendible. Lo que me obliga, agradablemente para mí, a renovar la manifestación de mi entusiasmo por las ideas de Antonio Damasio, afamado neurólogo portugués, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica 2005, de quien proviene todo lo que va a seguir.</p>

<p style="text-align: justify;">La exposición acerca del <strong>Sentido de la Propia Identidad</strong><sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_3_56860" id="identifier_3_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Digo &ldquo;Propia&rdquo; por distinguirla de lo que ser&iacute;a algo menos &ldquo;emergente&rdquo;, como la percepci&oacute;n de saber qui&eacute;n es el que tengo delante -identifico a-, lo que se vehicula mentalmente por otros derroteros neurales que posiblemente ser&aacute;n objeto de otro anexo de la serie.">4</a>]</sup>, del saber íntimo y personal del Yo, va a tener dos ámbitos. Uno, el primero, acerca de la teoría evolutiva sobre el amanecer del Yo y la Consciencia &#8211; ¡qué mayor cualia que el íntimo sentir de la propia consciencia! -. Otro, el segundo, en donde exponer los posibles elementos neuronales que explicarían la anterior cualia. Comenzamos.<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_4_56860" id="identifier_4_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Todo lo anterior es a&uacute;n una hip&oacute;tesis encef&aacute;lica que en realidad no lo es tanto -lo de hip&oacute;tesis-, ya que se basa en un detallado an&aacute;lisis a partir de la experimentaci&oacute;n con individuos, v&iacute;a pruebas de tipo psicol&oacute;gico o de tipo de im&aacute;genes y encefalogramas del cerebro. Lo voy a dejar a nivel expositivo, recomendando la lectura de los libros del profesor Damasio&amp;#8230; y no s&eacute; con cu&aacute;l quedarme, pues son complementarios: &ldquo;La sensaci&oacute;n de lo que ocurre&rdquo;, &ldquo;En busca de Spinoza: neurobiolog&iacute;a de la emoci&oacute;n y los sentimientos&rdquo;, &ldquo;El error de Descartes: la emoci&oacute;n, la raz&oacute;n y el cerebro humano&rdquo; y &ldquo;El cerebro cre&oacute; al hombre&rdquo;.">5</a>]</sup></p>

<div id="attachment_56942" class="wp-caption aligncenter" style="width: 230px"><a href="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2017/11/António_Damásio.png" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-56942" title="António_Damásio" src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2017/11/António_Damásio.png" alt="" width="220" height="325" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Damasio, el maestro (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%B3nio_Dam%C3%A1sio#/media/File:Ant%C3%B3nio_Dam%C3%A1sio_no_Fronteiras_do_Pensamento_Porto_Alegre_2013_cropped.png" rel="nofollow" class="liwikipedia">Wikimedia</a>, CC BY-SA 2.0)</p></div>

<p style="text-align: justify;"><strong>Teoría </strong><strong>evolutiva acerca del amanecer del Yo y la Consciencia</strong></p>

<p style="text-align: justify;">Se basa en dos ideas fundamentales. La primera es que los circuitos neuronales son capaces de conformarse de forma que pueden dibujar, con su arquitectura y pautas funcionales, a un “sosias” de lo que está pasando, tanto del propio organismo como de los objetos percibidos por los sentidos o evocados desde la memoria, y que pueden ser manejados por la propia circuitería neural del cerebro en cualquier momento. “Sosias” que se suelen nominar como <strong>mapas neurales</strong>. Al ser un resultado de la fisiología neuronal, podemos estudiarlos y conocerlos. De hecho, la moderna neurología sabe bastante acerca de ello.</p>

<p style="text-align: justify;">La segunda idea fundamental es que estos mapas provocan unas <strong>imágenes mentales</strong>, y plausiblemente también otro tipo de mapas, que nos proporcionan la consciencia de lo que sucede a nuestro organismo y de cómo y por qué se ve afectado por el exterior -¡Ajajá&#8230; por aquí hay algo punzante que me hace cerrar el ojo!-. Es decir, la base más elemental de nuestro pensamiento racional. La mala noticia es que no tenemos ni idea del cómo los mapas neuronales pasan a las imágenes mentales: el aún inconcluso problema de los cualia, lo que se conoce como el problema difícil, o duro, de la neurología. Problema del que la mayoría de los neurocientíficos no niegan el que haya una solución física real, del estilo de la circuitería encefálica que soporta a los mapas neurales.</p>

<p style="text-align: justify;">Dicho esto, pasemos a presentar el esquema de la hipótesis sobre la emergencia evolutiva del Yo y la Consciencia. Lo voy a intentar hacer de la forma más esquemática posible.</p>

<p style="text-align: justify;">En lógica evolutiva<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_5_56860" id="identifier_5_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="La que parece m&aacute;s plausible aplicar a lo largo del desarrollo progresivo de los procesos que, desde una simple c&eacute;lula que unificaba la experiencia sensorial con la adecuada reacci&oacute;n som&aacute;tica, nos ha llevado a organismos tan complejos como el nuestro, con segmentaci&oacute;n de c&eacute;lulas especializadas, pero que en el fondo lo que hacen es lo mismo: percepci&oacute;n-reacci&oacute;n.">6</a>]</sup> tenemos que pensar que, ante la realidad tangible de lo que le pasa al organismo y de lo que pasa en su frontera con el exterior, se iban implementando unos circuitos neuronales internos que replicaban lo que estaba sucediendo. Que podemos fácilmente imaginar como los patrones de conocimiento inconsciente interno, a disposición del organismo, de lo que iba viviendo. Tenía que ser así, pues era funcionalmente vital para mantener el equilibrio homeostático del individuo. Y lo mismo pasaría con los inconscientes y automáticos patrones de respuesta motriz.</p>

<p style="text-align: justify;">El hecho de que el organismo sea un todo, sensación-reacción, haría que estos circuitos neuronales que reflejaban la “sabiduría” vital del cuerpo se fueran inevitablemente integrando, permitiendo el germinar algo así como el anclaje del cuerpo en su realidad, proporcionándole la base para una “sensación” de identidad, un <strong>Yo elemental</strong> y estable, afanado en los procesos vitales, sobre el que ya pudiera acomodarse el arranque de una sensación de consciencia automática y elemental,<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_6_56860" id="identifier_6_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="No me he atrevido a escribir consciencia &ldquo;inconsciente&rdquo;, pero creo que se entiende como posible en unos estadios de evoluci&oacute;n animal muy fundacionales.">7</a>]</sup> por la que, poco a poco, el individuo queda capacitado para sentir su unidad corporal y el imbricado carácter de las respuestas que este mismo cuerpo produce.</p>

<p style="text-align: justify;">Y eso ya no es un Yo elemental y solitario, sino un <strong>Yo nuclear</strong>, central, que existe y es interactivo en el aquí y el ahora. Los <em>mapas neurales sensitivo-motores</em> que progresivamente se iban presentando en el escenario de la evolución permitieron una nueva complejidad, digamos que sofisticación, de los procesamientos neuronales. Junto con la progresiva evolución en los imprescindibles módulos neurales de <strong><em>la</em></strong> <strong><em>atención</em></strong> (sin atención, aún en los primeros niveles evolutivos -quizás puras reacciones químicas-, no hay supervivencia) <em>que enfocaba de una forma preferente aquellos mapas de la nueva experiencia</em>, mapas del objeto que interactúa con el organismo y los propios mapas de este organismo modificado, <em>fue posible la emergencia de imágenes mentales que iban a posibilitar la aparición de la sensación del “saber” </em>(algunos le llaman “<em>sensación de la sensación”</em>) <em>acerca de la existencia de un organismo personal</em> <em>en un mundo de objetos</em>, de los que también “sabía”, <em>con los que tenía una interrelación</em>. “Saber” y “sabía” entrecomillados, ya que evidentemente en este momento evolutivo era un proceso real interno y proto-consciente del organismo. Una <strong>consciencia nuclear y central</strong> del cuerpo en el aquí y ahora, y por tanto instantánea y no aprehensible; se trataría más de una pieza del Lego vivencial que de una herramienta para una gestión vital más compleja. Como en un bullir de fotogramas momentáneos, está ahí, pero al igual que aparece, instantáneamente desaparece, sin que la podemos verbalizar ¿qué se puede hacer con ella más que imaginar su funcionamiento y su potencial?</p>

<div id="attachment_56932" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><a href="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2017/11/ESQUEMA-CONSCIENCIA-RACIONAL-pequeña.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-56932" title="ESQUEMA-CONSCIENCIA-RACIONAL pequeña" src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2017/11/ESQUEMA-CONSCIENCIA-RACIONAL-pequeña.jpg" alt="" width="450" height="283" /></a><p class="wp-caption-text">Propuesta de esquema resumen de lo que se propone en la entrada</p></div>

<p style="text-align: justify;">Sabemos que la evolución, en su actividad tozuda y persistente, poco a poco iba permitiendo la progresiva mayor complejidad en los organismos y, en particular, de los sistemas neuronales. Los mapas del Yo nuclear y las imágenes mentales que iban soportando la emergencia de la Consciencia central pudieron hacerse más complejos y más estables en el tiempo. Vislumbrándose ya la <strong>capacidad de memoria,</strong> que iba también haciéndose más potente, lo que posibilitaba el hecho de guardar esos millones de mapas e imágenes instantáneos que iban surgiendo en el día a día vivencial. Progresivamente, los patrones de funcionamiento para el Yo nuclear, encuentro del organismo y el exterior en el aquí y ahora, se debieron ir abriendo a los mapas almacenados en la memoria correspondientes a otros “aquí y ahora” temporalmente diferentes, lo cual proporcionó la ampliación de la relación. Que también se extendería hacia el futuro al hacerse más complejos los patrones de respuesta, inicialmente motora, mediante los que el cerebro proponía alternativas de comportamiento. Con ellos se generaban mapas neurales de posibles comportamientos y de los resultados históricos de dichos comportamientos. Mapas de pasado, presente y futuro que la memoria era capaz de manejar y proponer a demanda de los módulos internos de decisión.</p>

<p style="text-align: justify;">La memoria permitió jugar con los <em>flashes </em>del aquí y ahora que generaban las “vivencias”, engendrando un cuerpo correlacionado de estados del Yo, potencialmente de todo el abanico temporal vivencial del individuo. El Yo nuclear y la memoria permitieron la aparición en escena de un <strong>Yo autobiográfico</strong>, que lo mismo era histórico que recordativo o proyectivo. Los nuevos y complejos mapas neurales que surgían de la autobiografía también eran almacenados en la memoria y utilizados para nuevas realimentaciones y manipulaciones, con el correspondiente paralelo en imágenes mentales que conceptualmente eran replicaciones del funcionar de esos mapas neurales autobiográficos. Imágenes mentales que permiten ahora la emergencia de lo que algunos llaman la “sensación del ser -del Yo- conociendo”, de la consciencia de un ser que siente a sí mismo y que actúa desde una perspectiva personal, poseedor y agente único de su vida. ¿Qué es eso ni más ni menos que <em>la emergencia de la constatación por parte del individuo</em> de una <strong>Consciencia propia ampliada</strong>, con relación a la Consciencia nuclear del aquí y ahora-, que le posibilita el hacer diabluras, incluso motivadas por un propósito más allá de un estricto uso para supervivencia como organismo?</p>

<p style="text-align: justify;">Esto creemos que pudo ser la evolución y surgencia, sobre la estricta realidad física, de los fenómenos emergentes que conocemos como Yo -anclaje de la identidad- y como Consciencia -sentimiento de la identidad-. Ahora nos debemos a la segunda parte prometida: la base neuronal que soporta esta historia evolutiva.</p>

<p style="text-align: justify;"><strong>Los posibles elementos neuronales que explicarían la anterior cualia.</strong></p>

<p style="text-align: justify;">Al enfrentarme a la tarea de tratar de explicar lo qué la neurología piensa acerca de cuál pueda ser la base neuronal encefálica de los personajes del &#8220;<em>sentido de la propia identidad</em>&#8220;, toda esa colección de Yoes y de Consciencias que han ido apareciendo, poco a poco me he ido convenciendo de que la mejor alternativa es proponer una reorientación hacia lo que, con bastante extensión, escribí en la <a href="https://eltamiz.com/elcedazo/series/biografia-de-lo-humano/" class="liexternal">serie</a> &#8220;<em>Biografía de lo Humano</em>&#8221; acerca del tema. No procede el repetir lo que allí se dijo, que podéis encontrar en su <a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2016/03/19/biografia-de-lo-humano-09-soporte-neuronal-de-la-consciencia/" class="liexternal">entrada 9</a> nominada como &#8220;<em>Soporte neuronal de la Consciencia</em>&#8220;. Con una aclaración: allí llamé &#8220;proto-Yo&#8221; a lo que aquí bautizo como &#8220;Yo elemental&#8221;; allí veréis escrito &#8220;Yo-mismo&#8221; donde aquí escribo &#8220;Yo nuclear&#8221;; aquí respeto el nominativo asignado al &#8220;Yo autobiográfico&#8221; aunque allí le añadí el nexo de un guión. Con relación a las Consciencias, al estar adosadas a su propio Yo de base no procede aclaración, las pistas son obvias.</p>

<p style="text-align: justify;">Si no te apetece ir al detalle que te propongo, por otro lado un poco tedioso, dejo aquí un magnífico resumen propuesto por nuestro maestro Antonio Damasio:<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2018/03/24/los-sistemas-receptores-anexo-ii-sentido-de-la-propia-identidad-yo-y-consciencia/#footnote_7_56860" id="identifier_7_56860" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="De su libro&nbsp;&ldquo;La sensaci&oacute;n de lo que ocurre&rdquo;, al final del cap&iacute;tulo 8.">8</a>]</sup> &#8220;&#8230; <em>la consciencia </em>[nuclear]<em> depende especialmente más de regiones arcaicas -desde el punto de vista evolutivo- que de zonas recientes, y localizadas en las profundidades del cerebro, no en su superficie. Curiosamente, los procesos&#8230; que aquí propongo se arraigan en estructuras neurales antiguas, íntimamente relacionadas con la regulación de la vida, más que en los logros neurales más modernos de la neocorteza </em>[necesaria para expandir la consciencia hasta sus aspectos autobiográficos] <em>que permiten percepción fina, lenguaje y racionalidad compleja</em><em>. El aparente &#8220;más&#8221; de la consciencia depende de lo &#8220;menos&#8221;&#8230; Oculta y venerablemente antigua es la luz de la consciencia.</em>&#8221; ¿Desde cuándo?</p>

<p style="text-align: justify;">Con esta última pregunta podría dejar  el tema finiquitado. Pero&#8230;</p>

<p style="text-align: justify;"><strong>Últimas palabras.</strong></p>

<p style="text-align: justify;">Como he dicho en una nota anterior,<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/?p=56860&amp;preview=true#footnote_4_56860" id="identifier_4_56860" title="Hipótesis de arquitectura encefálica que no lo es tanto -lo de hipótesis- ya que se basa en un detallado análisis a partir de la experimentación con individuos, vía pruebas de tipo psicológico o de tipo de imágenes y encefalogramas del cerebro. Lo voy a dejar a nivel expositivo recomendando la lectura de los libros del profesor Damasio, y no sé con cuál quedarme pues son complementarios: “La sensación de lo que ocurre”, “En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos”, “El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano” y “El cerebro creó al hombre”." class="liexternal">5</a>]</sup> el dibujo de la ciudad neuronal de la Consciencia, del sentido de la propia intimidad, está bastante estudiado y, por tanto, esperanzadoramente basado sobre pacientes con deficiencias patológicas o traumáticas en sus encéfalos. Se están pudiendo correlacionar de una manera bastante seria estas malfunciones y deficiencias con la mayor o menor percepción del Yo y la Consciencia, en todas sus modalidades. También los ensayos clínicos sobre pacientes e individuos sin problemas, mediante diversas técnicas de prospección cerebral, están dando como resultado una idea que comienza a ser clara, suficientemente, en lo relacionado con los mapas neuronales y aun escasa en lo referente a las imágenes mentales, como para pensar que los neurólogos están posiblemente en una buena senda hacia el desenredo del nudo de la Consciencia.</p>

<p style="text-align: justify;">La Consciencia, una gran palabra para los humanos. Fiamos nuestra valía y posibilidades en esta magnífica emergencia evolutiva del cerebro mamífero. A veces la pensada como una propiedad de algo que no es material, un componente intangible para nuestra mente, el complemento del organismo material que nos permite intuir qué es lo que siente este último, el cuerpo. El “<em>pienso luego existo</em>” de Descartes. Pero que, al igual que sucedió en el camino de la Vida y la Ciencia, las ideas son sobrepasadas y, por mejor conocidas, aclaradas. Siempre la explicación más sencilla que se base en el menor número y menos desarrollados supuestos. Y la neurología nos está abriendo esta puerta para la Consciencia, para explicar la mecanicidad que existe en el dibujo de algo tan trascendental para el hombre como es el sentido de su propia identidad, el sentido de su Yo que realmente parece que es el sujeto que &#8220;conoce&#8221; y &#8220;actúa&#8221;, de forma que gestiona la vida desde una perspectiva exclusivamente personal e incomunicable.</p>

<p style="text-align: justify;">Aquí dejo esta entrada, que necesariamente se ha deslizado entre la neurología, la psicología y la filosofía. Personalmente me gusta esta conjunción tan necesaria a la hora de explicarnos.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_56860" class="footnote">Simplemente como recordatorio copio aquí una de las últimas locas y contundentes frases: “<em>Parece que existimos como entes resultado de un mundo relacional más allá de lo tangible. ¿Es un mundo vacío? ¿Es todo y sólo el efecto de una pura acción-reacción de unas fuerzas fundamentales que parecen regir nuestro Cosmos y que se nos han revelado gracias a las matemáticas y al poder del razonamiento que se apoya en la consciencia que gestiona el yo?</em></li><li id="footnote_1_56860" class="footnote">Según <a href="http://www.ugr.es/~setchift/esp/cualia.htm" class="liexternal">nos cuenta</a> un grupo científico de la Universidad de Granada&#8230; &#8220;<em>Los cualias son una experiencia en primera persona. El problema duro de la conciencia. Ejemplos de cualias son el dejavu, el dolor, la intuición, la sinestesia, el placer mental, la pasión, tener algo en la punta de la lengua, el color, la curiosidad&#8230;</em>&#8220;.</li><li id="footnote_2_56860" class="footnote"><a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2016/02/20/biografia-de-lo-humano-07-teoria-sobre-la-evolucion-de-la-consciencia/" class="liexternal">Ésta</a>, <a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2016/03/05/biografia-de-lo-humano-08-una-historia-para-la-consciencia-reflexiva/" class="liexternal">ésta</a> y <a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2016/03/19/biografia-de-lo-humano-09-soporte-neuronal-de-la-consciencia/" class="liexternal">ésta</a>.</li><li id="footnote_3_56860" class="footnote">Digo “Propia” por distinguirla de lo que sería algo menos “emergente”, como la percepción de saber quién es el que tengo delante -identifico a-, lo que se vehicula mentalmente por otros derroteros neurales que posiblemente serán objeto de otro anexo de la serie.</li><li id="footnote_4_56860" class="footnote">Todo lo anterior es aún una hipótesis encefálica que en realidad no lo es tanto -lo de hipótesis-, ya que se basa en un detallado análisis a partir de la experimentación con individuos, vía pruebas de tipo psicológico o de tipo de imágenes y encefalogramas del cerebro. Lo voy a dejar a nivel expositivo, recomendando la lectura de los libros del profesor Damasio&#8230; y no sé con cuál quedarme, pues son complementarios: “<em>La sensación de lo que ocurre</em>”, “<em>En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos</em>”, “<em>El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano</em>” y “<em>El cerebro creó al hombre</em>”.</li><li id="footnote_5_56860" class="footnote">La que parece más plausible aplicar a lo largo del desarrollo progresivo de los procesos que, desde una simple célula que unificaba la experiencia sensorial con la adecuada reacción somática, nos ha llevado a organismos tan complejos como el nuestro, con segmentación de células especializadas, pero que en el fondo lo que hacen es lo mismo: percepción-reacción.</li><li id="footnote_6_56860" class="footnote">No me he atrevido a escribir consciencia “inconsciente”, pero creo que se entiende como posible en unos estadios de evolución animal muy fundacionales.</li><li id="footnote_7_56860" class="footnote">De su libro “<em>La sensación de lo que ocurre</em>”, al final del capítulo 8.</li></ol>]]></content:encoded>
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		<title>Sims cuánticos</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 12:36:39 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Cuántico-Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Física]]></category>
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		<description><![CDATA[Aunque no se pretende demostrar si existen diferentes orígenes y razones de ser para las leyes físicas que conocemos, el siguiente artículo intenta, a modo de reflexión, hablar sobre la &#8220;realidad&#8221; de nuestras percepciones, para después utilizar como ejemplo el videojuego de simulación de los Sims y cómo ellos podrían crear su conocimiento físico a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque no se pretende demostrar si existen diferentes orígenes y razones de ser para las leyes físicas que conocemos, el siguiente artículo intenta, a modo de reflexión, hablar sobre la &#8220;realidad&#8221; de nuestras percepciones, para después utilizar como ejemplo el videojuego de simulación de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sims" rel="nofollow" class="liwikipedia">Sims</a> y cómo ellos podrían crear su conocimiento físico a partir de la descripción de su realidad, que contrastándola con nuestro conocimiento de su verdadera existencia virtual nos permitiría llegar a contemplar la física desde un punto de vista diferente, al menos estableciendo un punto de partida sobre si las propiedades de nuestro entorno pudieran provenir de diferentes orígenes. En cualquier caso el objetivo es pasar un buen rato, sin fórmulas y a buen seguro con menos rigurosidad científica de la quizás sería aconsejable <img src='https://eltamiz.com/elcedazo/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /> , todo ello en 10 sencillos pasos!</p>

<p>Empecemos hablando un poco sobre nuestra realidad.</p>

<p><strong>1. La realidad de la realidad</strong></p>

<p>Pero&#8230; ¿Qué es la realidad?. Pongamos el siguiente ejemplo: Imagina que quieres saber la &#8220;masa&#8221; de una esfera de madera. Para ello colocas la esfera sobre una báscula y determinas el peso (o su masa equivalente), que para este ejemplo digamos que es de 3 Kg. Es evidente que esta medida responde a una realidad cierta, la esfera tiene una masa determinada. De esta manera realidades semejantes o parecidas nos permitirían calcular, incluso sin necesidad de báscula, la masa de una esfera de madera, suponiendo que la realidad de &#8220;la densidad de la madera&#8221; fuera constante o al menos conocida, y conociendo su radio. Podemos llegar a algo todavía mas evidente, la medida que hemos obtenido de 3 Kg responde a una realidad, que es que <em>la esfera pesa 3 Kg</em>. Por lo tanto podemos decir que: &#8220;Detras de cualquier medida existe una realidad que es la que queremos medir&#8221;. Repito: <img src='https://eltamiz.com/elcedazo/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /> </p>

<p>&#8220;<em>Detras de cualquier medida existe una realidad que es la que queremos medir</em>&#8220;</p>

<p>o, siguiendo el ejemplo de la esfera,</p>

<p>&#8220;<em>La medida de la masa de la esfera que es de 3 Kg, responde a que realmente la esfera pesa 3Kg</em>&#8220;</p>

<p>Una pregunta: ¿Qué masa tenía la esfera antes de pesarla?</p>

<p>Como seguramente adivinarás, la masa de la esfera es de 3 Kg, antes, durante y después de pesarla, obviamente, si no ha existido una modificación en las propiedades físicas de la esfera. Basicamente, podemos decir que la realidad de los 3 Kg existía antes de efectuar la medida.
Y&#8230; ¿por qué dar tanta importancia a algo aparentemente tan evidente? ¿Acaso se puede medir algo que no existe?</p>

<p><strong>2. El EPR</strong></p>

<p>La mecánica cuántica afirmaba que es posible que el hecho de medir una determinada propiedad fuese la desencadenante de la creacción de esa propiedad. En otras palabras, que ciertas realidades no existen hasta que son medidas. El hecho de que no existan esas realidades implicaría que, en el fondo, no hay ninguna variable oculta que permita conocer el resultado de una medida en concreto, describiendo por tanto una naturaleza indeterminista de la mecánica cuántica.</p>

<p>El <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_EPR" rel="nofollow" class="liwikipedia">experimento EPR</a> (de Einstein-Podolsky-Rosen) consistía en una especie de &#8220;paradoja mental&#8221; cuya finalidad era poner en entredicho la mecánica cuántica como una teoría completa, es decir, que mediante razonamientos basados en los comportamientos descritos por la mecánica cuántica se llegaba a una conclusión en la que, o bien la teoría de la relatividad era cierta, o bien la mecánica cuántica era indeterminista, y como es bien sabido que la teoría de la relatividad está más que probada, la conclusión era que la teoría cuántica tendría a la fuerza que ser  determinista.</p>

<p>Esta conclusión implicaba que el comportamiento indeterminista de la mecánica cuántica era tan solo fruto de la incompletitud de la misma, es decir, que no se habían hallado todavía las verdaderas <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_variables_ocultas" rel="nofollow" class="liwikipedia">variables &#8220;ocultas&#8221;</a> que rigen (de forma determinista) la mecánica cuántica.</p>

<p>¿Podríamos llegar a determinar cuál de las dos posturas es la correcta?</p>

<p><strong>3. La desigualdad de Bell, o el experimento más profundo de la ciencia</strong></p>

<p>Bell creó un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Teorema_de_Bell" rel="nofollow" class="liwikipedia">teorema </a>que se basaba en dos premisas, la primera, la del &#8220;realismo&#8221;, que implicaría que los estados físicos existen antes de ser medidos y que al menos el conocimiento de &#8220;las variables ocultas&#8221; permitirían &#8220;determinar&#8221; el resultado de una posible medición, y la segunda premisa es la de la &#8220;localidad&#8221; (los efectos físicos tienen una velocidad de propagación finita); estas dos premisas se denominan &#8220;realismo local&#8221;. La desigualdad de Bell describe un experimento donde el resultado que predice la mecánica cuántica es diferente al que se deduce aplicando las premisas de &#8220;realismo local&#8221;. Entonces llegamos a la conclusión de que el experimento daría la razón o bien a la mecánica cuántica, y por lo tanto negando la existencia del &#8220;realismo local&#8221;, o bien el &#8220;realismo local&#8221; es acertado y la mecánica cuántica es erronea (que es, en definitiva, lo que la paradoja EPR consideraba).</p>

<p>Pues bien, años más tarde (en los 70) el experimento fue puesto por fin en práctica, y el resultado empírico dió un ganador&#8230;. y el ganador fue&#8230; (redoble de tambores)&#8230;</p>

<p><em>La mecánica cuántica.</em></p>

<p>Por lo tanto, el perdedor fue el &#8220;realismo local&#8221;, lo que nos da dos posibilidades. O bien el &#8220;realismo&#8221; es erróneo, o lo es la &#8220;localidad&#8221;. Como es bien sabido, el efecto de la &#8220;localidad&#8221; está demostrado por la teoría de la relatividad, que básicamente dice que <em>nada</em> puede viajar más rápido que la velocidad de la luz, ni siquiera la información. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que es el &#8220;realismo&#8221; lo que no encaja. ¿Todavía te parece que este experimento no es el más importante de toda la historia de la física?.</p>

<p><strong>4. La ficción de la Realidad</strong></p>

<p>Sí, has leído bien, generalmente la frase está al revés: &#8220;La realidad de la ficción&#8221;, pero aquí será &#8220;La ficción de la realidad&#8221; o más bien, como describe <a href="http://www.tusquetseditores.com/titulos/metatemas-las-carencias-de-la-realidad" class="liexternal">Ramón Lapiedra</a><em>, &#8220;Las carencias ontológicas de la realidad&#8221;.</em></p>

<p><em> </em>
Si definimos realismo como la existencia de un estado físico antes de medirlo, podríamos argumentar que, en carencia de realismo, el estado físico se crea en la misma medición, o bien que el Universo se va creando a medida que se va necesitando (<em>necesitando = midiendo, observando, usando, etc</em>). En la mecánica cuántica, el hecho de la medición provoca lo que se denomina &#8220;colapso de la función de onda&#8221;, y es en ese preciso momento cuando el &#8220;estado físico&#8221; de lo que estamos midiendo aparece. Por ejemplo, cuando intentamos medir el espín de un electrón, el &#8220;espín&#8221; se crea en el momento en el que se mide; antes de la medición, el &#8220;espín&#8221; no existía como tal. El &#8220;espín&#8221;, al crearse, toma uno de los dos valores posibles +1/2 o -1/2, y es imposible saber cuál de los dos valores será el que se genere, ya que es totalmente aleatorio, y por lo tanto un hecho fundamentalmente indeterminista.</p>

<p>Ahora bien, podríamos pensar que el hecho de que el espín tome uno de los dos valores es como resultado de alguna característica interna del electrón, o de alguna variable oculta que no conocemos o que la mecánica cuántica no es capaz de llegar a determinar. Eso es precisamente lo que el experimento EPR pretendía sugerir, y que la demostración empírica de la desigualdad de Bell negó. No existe tal variable oculta, el &#8220;espín&#8221; del electrón es una propiedad que se crea a partir de una función de probabilidad, no como consecuencia de un determinado estado, información o propiedad oculta existente antes de la medición.</p>

<p><strong>5. La caverna de Platón</strong></p>

<p>Claramente, lo anterior no es para nada intuitivo, y difiere bastante de lo que podríamos entender como <em>normal</em>, aunque quizás el entender como normal o correcto lo que somos capaces de entender o percibir sería bastante injusto, teniendo en cuenta nuestras serias limitaciones. Está claro que nuestro entendimiento del mundo se basa en una simplificación macroscópica de algo insólito, el mundo cuántico. La desigualdad de Bell y su demostración empírica muestra la existencia de unas carencias de la realidad, carencias que, aunque existentes, nos impiden conocer qué hay mas allá, como si de una frontera cuántica se tratase. Nuestro mundo a priori determinista se basa en su totalidad en un indeterminismo que se fundamenta en la imposibilidad de ver mas allá de ésta frontera cuántica.</p>

<p>Aunque la violación de la desigualdad de Bell mediante resultados experimentales demuestra que no existen variables ocultas, sería aceptable pensar que se refiere al entorno de <em>nuestro Universo</em>, y que en el hipotético caso de que realmente hubiera algo más allá de nuestro Universo, la anterior demostración no tendría validez en ése ámbito.</p>

<p><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/350px-Hoehlengleichnis.svg_.png" class="liimagelink"><img class="size-medium wp-image-7382 alignleft" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/350px-Hoehlengleichnis.svg_-300x145.png" alt="" width="300" height="145" /></a>
Tal y como ocurre en la alegoría de la caverna de Platón, nosotros (que estamos dentro de la cueva) sólo podemos percibir (y comprobar) las proyecciones a modo de sombras que son solamente apariencias de la realidad, siendo imposible interactuar directamente con esta realidad, y limitándonos tan sólo a elucubrar en nuestro mundo de los sentidos (mundo sensible) lo que podría estar pasando en el mundo inteligible, donde se encontraría la verdadera realidad y naturaleza de nuestro Universo.</p>

<p>La mecánica cuántica podría de esta manera explicar las sombras a la perfección, pero sin explicar lo que podría ser el mundo inteligible que, a buen seguro, no podría basarse en un razonamiento sencillo o intuitivo, de la misma manera que unas sombras no pueden demostrar de forma directa una realidad exterior sin aplicar una serie de suposiciones que, a buen seguro, se escapan de lo que los habitantes dentro de una cueva podrían llegar a razonar.  El mismo concepto de <em>sombra</em> sería bastante inexplicable, dado que ni siquiera podríamos conocer la exitencia de un foco de luz, la misma luz o lo que sea que generen esas sombras. Nuestra realidad son únicamente unas figuras en dos dimensiones sobre una pared, lo que hay en realidad ahí fuera bien podría ser cualquier cosa.</p>

<p><strong>6. Los Sims Cúanticos</strong></p>

<p><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/The_Sims_Coverart.png" class="liimagelink"><img class="size-medium wp-image-7377 alignright" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/The_Sims_Coverart-250x300.png" alt="" width="250" height="300" /></a>Supongo que ya conoces el videojuego de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sims" rel="nofollow" class="liwikipedia">Sims</a>, uno de los juegos de ordenador de mayor éxito, que fue creado por Maxis (y distribuido por Electronic Arts). El juego se basa en un simulador de vida en la que los seres vivos tienen personalidad propia y son controlados bien de forma directa por el jugador o directamente por el ordenador. Los Sims poseen, o parecen poseer, un cierto &#8220;<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Libre_albedrio" rel="nofollow" class="liwikipedia">Libre Albedrío</a>&#8221; y la interacción entre ellos da lugar a infinitas situaciones, es algo así como un mundo virtual.</p>

<p>Vamos a intentar ponernos en la piel de un &#8220;Sim&#8221;, algo bastante complicado, ya que sabemos que, aunque realmente especiales, distan bastante de poderse comparar a un ser humano real, pero, salvando las distancias, podríamos decir que los &#8220;Sims&#8221; tienen algo de &#8220;consciencia&#8221;, &#8220;libre albedrío&#8221; y que más o menos se rigen en base a características personales y únicas de cada &#8220;Sim&#8221;, así que ¿por que no podrían ser una especie de ser vivo en su mundo?. De la misma manera, el universo de un &#8220;sim&#8221; es, aunque inmenso, bastante más pequeño en comparación a nuestro Universo, pero, como ya hemos dicho antes, se trata de una simplificación.</p>

<p><strong>7. Los Sims y la caverna de Platón</strong></p>

<p><strong><span style="font-weight: normal;">Desde nuestro mundo, el de los humanos, podríamos claramente diferenciar cuatro importantes elementos cuando hablamos de estos &#8220;Sims Cuánticos&#8221;.</span></strong></p>

<ul>
    <li><strong><span style="font-weight: normal;"> </span>El &#8220;Sim&#8221;<span style="font-weight: normal;">. Todos y cada uno de los habitantes del simulador pueden ser tratados como objetos independientes, con una serie de variables que determinan su conocimiento, personalidad, con unas funciones de interacción con el mundo virtual que le rodea que han sido específicamente programadas a tal fin, y por lo tanto limitadas, y por último, un razonamiento que da lugar a su &#8220;libre albedrío&#8221; y limitada &#8220;inteligencia artificial&#8221;.</span></strong></li>
    <li><strong>El entorno<span style="font-weight: normal;">. Los Sims viven en un universo desarrollado mediante una serie de algoritmos (estamos hablando de un programa informático) que se ejecutan de forma similar a los algoritmos que gobiernan a los Sims. Los Sims, que han sido programados para poder interactuar en este universo virtual, ven este universo con las funciones que les han sido dadas mediante su programación, así pues un &#8220;Sim&#8221; puede abrir una puerta, porque el &#8220;Sim&#8221; interactúa con el objeto &#8220;puerta&#8221;, que es la única salida del objeto &#8220;casa&#8221; que a su vez está en el objeto &#8220;ciudad&#8221; y así sucesivamente. El &#8220;Sim&#8221; tiene capacidad de interacción con &#8220;puerta&#8221; y puede además realizar la acción de &#8220;abrir puerta&#8221; ya que el &#8220;Sim&#8221; tiene un conocimiento y una cierta &#8220;inteligencia&#8221; para cumplir sus objetivos, en este caso quizá<strong> </strong></span><strong> </strong></strong><strong><span style="font-weight: normal;">salir a la calle a comprar un periódico.</span></strong></li>
</ul>

<p>Desde nuestra perspectiva (humana) vemos a los Sims y su entorno como a los seres de la cueva de Platón. Los &#8220;Sims&#8221; interactúan básicamente con sombras de la realidad: es evidente que una puerta virtual no es una puerta, sino un conjunto de información que tiene unas características, peculiaridades y representación determinada, pero que la realidad es bien distinta, ya que se trata de un ordenador y un programa lo que generan esas sombras.</p>

<p>Así pues, continuando con la enumeración anterior, añadimos dos elementos más a nuestra lista, esta vez más reales desde nuestro punto de vista y que pertenecen a lo que Platón denominaría &#8220;mundo inteligible&#8221;.</p>

<ul>
    <li><strong>Programa informático de los Sims</strong>. El conjunto de instrucciones cuya ejecución crea toda la lógica de los Sims y las propiedades de su universo.</li>
    <li><strong>Ordenador</strong>. La máquina electrónica donde el programa informático de los Sims es ejecutado.</li>
</ul>

<p><strong>8. La física clásica de los Sims</strong></p>

<p>¿Qué pasaría si el Sim Newton, el Sim Einstein o el Sim Heisenberg estudiasen su entorno? O, mejor dicho, ¿qué es lo que un Sim podría averiguar del mundo inteligible desde su punto de vista? ¿Existe la mecánica cuántica de los Sims? ¿Habría alguna frontera definida que limitase a un &#8220;Sim&#8221; el posible conocimiento de su realidad?</p>

<p>Claramente podemos afirmar que el mismo &#8220;programa informático&#8221; que vimos en el punto anterior tendrá especificada una serie de instrucciones que emulen la &#8220;física&#8221; necesaria para el correcto funcionamiento del juego, como por ejemplo las posibles interacciones sim-sim, sim-objeto, objeto-objeto y sim-objeto-universo. Por ejemplo, sería necesario incluir en la lógica del juego la &#8220;Ley de la Gravedad&#8221;, si no queremos que los Sims salgan volando sin control al mínimo salto, ya que a buen seguro sí que está incluída la ley de &#8220;acción y reacción&#8221; de Newton.  De la misma manera han de existir controles para que los Sims no puedan, por ejemplo, traspasar directamente una pared, así como también la cinemática de todos los elementos del juego, las restantes Leyes de Newton, etc. Básicamente, cualquier videojuego de simulación mínimamente realista posee las anteriores propiedades y comportamientos físicos como parte básica del programa. Todas estas &#8220;leyes&#8221;, que son sin ninguna duda generadas a partir del programa informático y son generalmente específicas de cada juego, serían apreciables por los &#8220;Sims&#8221;, que a buen seguro podrían llegar a establecer estas leyes físicas que, por ejemplo, rigen el comportamiento de un cuerpo sometido a la fuerza de la gravedad. Haz saltar un Sim por un precipicio y verás cómo cae, o al menos podría caer, con una aceleración determinada.</p>

<p>Pero, ¿son todas las leyes físicas que perciben los Sims provenientes del programa informático de los Sims? O, por el contrario, ¿podrían los Sims encontrar otra serie de características de su universo que no provengan directamente de los algoritmos desarrollados específicamente para crear este universo Sim?</p>

<p><strong>9. Los Sims y la física moderna</strong></p>

<blockquote>Aunque los Sims fueran capaces de crear su propio acelerador de partículas, éstos sólo tendrían acceso a la materia creada en el mundo Sim y no podrían servir jamás para analizar el hardware utilizado para ejecutar el juego. Fuente: <a href="http://www.ipod.org.uk/reality" class="liexternal">http://www.ipod.org.uk/reality</a></blockquote>

<p>Pongámonos en la piel de los Sims. Alrededor del año 1900 de la era &#8220;Sim&#8221;, algunos Sim-Científicos descubrieron una serie de fenómenos que para nada correspondían a los observados y definidos por la física clásica de los que hablamos en el punto anterior. Uno de estos primeros descubrimientos realizados por los Sims se denominó el &#8220;parpadeo Browniano&#8221;:</p>

<div id="attachment_7375" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/reality_sims.jpg" class="liimagelink"><img class="size-medium wp-image-7375" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/reality_sims-300x242.jpg" alt="" width="300" height="242" /></a><p class="wp-caption-text">Fuente: http://www.ipod.org.uk/reality/index.asp</p></div>

<ul>
    <li><em><strong>El parpadeo Browniano</strong>.</em> Algunos sims-científicos empezaron a notar cómo las partículas tenían una especie de parpadeo. Durante brevísimos espacios de tiempo la partícula desaparecía y aparecía de forma intermitente. Lo que traía locos a los científicos sims de la época era no sólo averiguar la razón de esa intermitencia, sino que también habría que averiguar si la partícula, en los momentos en que no era visible realmente, estaba ahí y por lo tanto únicamente no era perceptible, o si, por el contrario, la partícula como tal dejaba de existir en los momentos en los que no era visible para crearse de nuevo inmediatamente después.  Los Sims idearon un experimento que esperaban les sacase de dudas sobre la continuidad o no de la existencia de la partícula, independientemente de su intermitencia.  Antes de continuar con el experimento de los Sims y dado que nosotros (los humanos) vivimos desde el punto de vista Sim en el mundo &#8220;inteligible&#8221;, podríamos perfectamente explicar este fenómeno que tantos dolores de cabeza les da a los sims-científicos. Este efecto es causado por la manera en que los programas informáticos, especialmente en los juegos, realizan el refresco de la imagen para dar la sensación de movimiento en el juego: básicamente hay un proceso que va &#8220;pintando&#8221; los diferentes elementos en una área de memoria especial llamada &#8220;<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Double_buffer#Double_buffering_in_computer_graphics" rel="nofollow" class="liwikipedia">doble buffer</a>&#8220;, que es una memoria intermedia en la que se va preparando (dibujando) la información que va a ser mostrada, y una vez finalizada se vuelca toda esa información en la memoria de vídeo, generalmente sincronizándolo con el refresco de pantalla para evitar al máximo, aunque no necesariamente en su totalidad, un efecto llamado &#8220;flickering&#8221; o parpadeo, que ocurriría de forma exagerada si directamente se utilizase la memoria de vídeo en lugar del &#8220;doble buffer&#8221;. A pesar de que es muy discutible afirmar que los &#8220;Sims&#8221; realmente viesen este tipo de imágenes, que son generadas obviamente para que nosotros &#8220;veamos&#8221; su mundo, podríamos afirmar que sea lo que sea que ellos pudieran tener finalmente como representación visual de su entorno, muy seguramente tendrían efectos como el descrito anteriormente, dado que la información de los diferentes elementos del juego se va actualizando en pequeñas iteraciones que van &#8220;refrescando&#8221;, y por lo tanto actualizando, la información de forma discreta a medida que pasa el tiempo. Desde el punto de vista de los Sims, este refresco se muestra como un ligero parpadeo inexplicable, ya que obviamente los Sims no tienen conocimiento de su verdadera naturaleza virtual. Para saber si la partícula en el momento &#8220;no visible&#8221; (que corresponde al borrado de memoria justo antes de su refresco con la nueva información) existía realmente, los Sims intentaron llenar ese hueco con otra partícula: si efectivamente la partícula podía llenar el hueco dejado por la anterior e invisible partícula entonces los Sims podrían llegar a la conclusión de que las partículas se destruyen y crean sucesivamente, y por tanto el parpadeo no es debido únicamente a la incapacidad de &#8220;ver&#8221; la partícula, sino a que realmente ésta no existe durante ese breve lapso de tiempo. El experimento claramente dio como resultado la imposibilidad de llenar ese hueco de &#8220;vacío aparente&#8221;, y por lo tanto los Sims llegaron a la conclusión de que la causa del parpadeo era únicamente la emisión de luz de las partículas, que por su propia naturaleza es intermitente. Desde nuestro mundo claramente observamos que el propio algoritmo de &#8220;física clásica&#8221; del juego evita que se puedan producir superposiciones de objetos, básicamente si ponemos un libro encima de una mesa no queremos que el libro atraviese la mesa por acción de la gravedad y el propio algoritmo del juego determina si algún espacio ya está ocupado (colisión) de forma independiente de, por ejemplo, el posible refresco de la imagen.</li>
</ul>

<p><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/sc_pixeles_borrosos1.gif" class="liimagelink"><img class="alignright size-medium wp-image-7376" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/sc_pixeles_borrosos1-300x58.gif" alt="" width="300" height="58" /></a></p>

<ul>
    <li><em><strong>El pixel de Bohr y la borrosidad de Heisenberg</strong></em>. Los Sims, preguntándose qué es lo que pasa a escalas más reducidas, empezaron a comprobar que los objetos se componían de pequeñas partículas fundamentales. Claramente, todos los objetos del universo &#8220;Sim&#8221; parecían tener una especie de &#8220;pixelación&#8221;. Esta pixelación tenía una serie de peculiaridades: 1) Los elementos parecían tener dos configuraciones posibles: borrosa, con máxima superficie, y delimitada, con mínima superficie. El mismo objeto en su movimiento u orientación, cambiaba de un estado a otro. 2) Cualquier objeto parecía estar formado por líneas y puntos discretos con las mismas dos configuraciónes posibles (delimitado o borroso). 3) Existían una serie de orientaciones que facilitaban la configuracion delimitada y 4) Las diferentes configuraciones no eran globales, sino  relativas a cada Sim, cada Sim tenía percepciones diferentes de borrosidad en función de su posición relativa al objeto.
Esto dio lugar a multitud de teorías en el mundo Sim, pero básicamente todos coincidían en que a pequeña escala no tenía sentido hablar de posiciones absolutas, sino de probabilidades de encontrar una partícula en una cierta posición. En algunas configuraciones (la delimitada) la probabilidad era 1 en esa región, en la borrosa la región se ampliaba, teniendo las zonas más borrosas una probabilidad menor que las más oscuras. De la misma manera, el &#8220;pixel&#8221; parecía ser la unidad mínima de distancia, nada puede ser menor que un pixel y es imposible determinar con mayor precisión la posición de cualquier partícula que pudiera de forma hipotética encontrarse dentro de un pixel. Analizando la borrosidad a la altura de nuestros ojos, facilmente llegaríamos a la conclusión de que se trata de un efecto visual de cara a crear un &#8220;suavizado&#8221; en los contornos de las imagenes. Esta técnica denominada <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Anti-aliasing" rel="nofollow" class="liwikipedia">anti-aliasing</a> da una apariencia más realista a las imágenes que, de otro modo, aparecerían con un contorno en forma de sierra.</li>
</ul>

<p><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/Blender3D_CubePlaneCollision2.gif" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-7374 alignright" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2010/03/Blender3D_CubePlaneCollision2.gif" alt="" width="200" height="150" /></a></p>

<ul>
    <li><strong>Las partículas fantasma</strong>. Seguro que alguna vez mientras jugabas a algún videojuego te ha ocurrido lo siguiente; mientras manejabas tu personaje o conducías tu coche virtual a toda velocidad, y, después de colisionar contra un objeto, lo atravesaste de forma inesperada y sin consecuencia alguna, algo que no era lo esperado, ya que se trata de una colisión contra un objeto que en principio debiera de ser impenetrable. Este tipo de errores ocurren debido al funcionamiento de algunos algoritmos encargados de detectar las colisiones.  Aunque existen bastantes métodos para <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Collision_detection" rel="nofollow" class="liwikipedia">detectar las colisiones</a> entre elementos en un juego, generalmente podríamos resumir que básicamente comprueban si existe alguna intersección entre dos o más objetos. Esta comprobación es realizada para cada iteración durante la simulación, y en el caso de que exista alguna intersección, el algoritmo se encarga de determinar cuáles serán las consecuencias, quizás la destrucción de los elementos en caso de colisión a gran velocidad, o un rebote, como ocurriría en el caso de la colisión entre dos bolas de billar.  En algunos casos, cuando la velocidad relativa entre los elementos de la colisión es muy grande, puede ocurrir que el espacio recorrido por los elementos en una iteracción es mayor que el &#8220;grosor&#8221; de los elementos y por lo tanto no se detecte colisión alguna. En otras palabras, a muy alta velocidad el incremento de posición por cada iteración es muy grande, y si este incremento es mayor que el grosor de la pared que queremos atravesar entonces se produce este efecto fantasma. Los Sims, que a estas alturas ya habían construído su acelerador de partículas, eran capaces de acelerar una partícula hasta grandes velocidades, y veían asombrados cómo esas partículas una vez alcanzaban una velocidad determinada podían en algunos casos atravesar objetos de pequeño grosor que eran totalmente impenetrables a menores velocidades. La partícula podía o bien atravesar el objeto, y en ese caso ni partícula ni objeto se verían alterados, o bien podía rebotar o destruir el objeto (ya que aun siendo el incremento de posición de cada iteración mayor que el grosor de la pared, daba la casualidad de que justo el cálculo de colisión se hacía cuando la partícula estaba situada dentro del objeto).  Para los Sims este efecto no tenía ninguna explicación, y multitud de hipótesis surgieron de la comunidad científica, siendo quizas la de mayor aceptación la que explicaba que toda la materia en el universo Sim pudiera, desde el punto de vista de una particula a gran velocidad, pasar de una estructura de pixeles homogénea a otra en donde la densidad de probabilidad de cada pixel pudiera concentrarse aún más en el centro de cada uno de estos pixeles, y por lo tanto dejarán al descubierto una serie de &#8220;huecos&#8221; en su periferia interior, dando lugar a estructuras más parecidas a una red matricial de puntos que a una estructura de densidad homogénea. Sería por estos &#8220;huecos&#8221; por donde las partículas de alta velocidad podrían pasar sin alteración alguna.  Esta teoría, aunque no demostrada, parecía ser ampliamente aceptada en la comunidad científica de los Sims y parecía explicar y predecir este tipo de fenómenos.</li>
</ul>

<p>La comunidad científica Sim siguió construyendo muchas teorías sobre las propiedades de su entorno, muchas de las cuales no tenían un razonamiento o explicación lógica a su existencia. Una vez más, desde nuestro punto de vista sabemos que el hecho de la limitación del proceso de la CPU, iteraciones del bucle principal del juego, esperas entre los diversos hilos de proceso, limitaciones de precisión de sus variables, etc, provocaban en el universo Sim una serie de propiedades físicas como las explicadas anteriormente, así como limitaciones en la velocidad de traspaso de información, desajustes en las mediciones del tiempo en procesos complejos, etc. Todas estas propiedades no estaban directamente ligadas a un algoritmo particular del juego, sino más bien a limitaciones de proceso o capacidad e incluso, en última instancia, a pequeños &#8220;bugs&#8221; del programa de los &#8220;Sims&#8221;.</p>

<p><strong>10. El Origen de las propiedades del Universo.</strong></p>

<p>Parece que el mundo Sim tendría ciertas dificultades para encontrar la verdadera naturaleza del extraño comportamiento de su entorno. Ciertamente habría una barrera que les impediría quizás llegar a averiguar la &#8220;computerizada&#8221; naturaleza de su universo, así como su propia existencia.</p>

<p>Algo similar podría ocurrir en nuestro universo.</p>

<p>¿Podríamos mediante el desarrollo científico ir más alla de las fronteras de nuestra física?  ¿Existen, al igual que en el mundo Sim, limitaciones en nuestra percepción?. Parecería lógico pensar que sí que existen tales limitaciones y fronteras, y que llegados a un limite determinado, solamente nuestra lógica permitiría avanzar sobre lo que quizas haya en el otro lado, el lado inteligible.</p>

<p>A pesar de la dificultad, quizás podríamos, al igual que en el Universo Sim, agrupar las propiedades de nuestro Universo en función de sus posibles orígenes. Unas de ellas ligadas a lo que en el mundo Sim eran aquellas propiedades cuya naturaleza provenía de las funcionalidades codificadas en el programa informático de los Sims, y por otro lado aquellas propiedades que, aun no estando directamente definidas en el anterior programa informático, existen debido a las limitaciones en la aplicación de dichas propiedades, como, en el caso de los Sims, el hardware del ordenador o la naturaleza discreta y finita de sus variables.  No es mi intención aventurar que nosotros, al igual que los Sims, seamos parte de un desarrollo informático, pero sí que quizás existan diferentes orígenes de las propiedades físicas de nuestro universo.</p>

<p>¿Pondríamos a las leyes de Newton en un grupo diferente a la teoría de la relatividad restringida? Quizás la relatividad restringida sea tan sólo un artefacto, una serie de efectos causados por la aplicación de unas ciertas leyes definidas en un contexto limitado. ¿Serían las constantes universales parte de la &#8220;lógica&#8221; de nuestro Universo? ¿o, por el contrario, nacen a partir de la limitación del entorno donde se ejecuta esa lógica?</p>

<p>Identificar las propiedades de nuestro Universo según su origen es una tarea imposible, dado que no conocemos los diferentes posibles orígenes, pero quizás, aventurándonos en esas posibles agrupaciones, nos permitiría entender un poco más sobre el lado &#8220;inteligible&#8221; y así traspasar la frontera de nuestra realidad.</p>
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		<title>Eso que llamamos &#8220;Tiempo&#8221; – Consideraciones finales</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Sep 2009 16:56:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lucas</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Física]]></category>
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		<description><![CDATA[El objetivo de los artículos de esta serie nunca ha intentado ser el de dar una respuesta conclusiva a la pregunta: ¿Qué es el tiempo? En su lugar, el objetivo ha sido hacer un recorrido a lo largo de la historia, para comprender cómo han cambiado las ideas que el ser humano tiene sobre el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El objetivo de los artículos de <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/eso-que-llamamos-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline;">esta serie</span></a> nunca ha intentado ser el de dar una respuesta conclusiva a la pregunta: <em>¿Qué es el tiempo?</em> En su lugar, el objetivo ha sido hacer un recorrido a lo largo de la historia, para comprender cómo han cambiado las ideas que el ser humano tiene sobre el <em>tiempo</em>, ideas que probablemente nunca alcanzarán una completitud. Desde Tales hasta Boltzmann, desde Platón hasta Einstein, en lo amplio de dos milenios y medio de reflexión, el hombre aún no ha llegado a una conclusión unánime, acerca de qué es exactamente el tiempo.</p>

<p>¿Es la imagen móvil de la eternidad? ¿Es el número del movimiento según el antes y el después? ¿Es una extensión y cualidad única del alma? ¿Es algo verdadero, matemático y objetivo? ¿Es el resultado de las relaciones entre la materia? ¿Es la intuición a priori de la razón humana que hace posible el pensamiento? ¿Es la cuarta dimensión del espacio? <strong>¿Por qué es tan complicado entender qué es el tiempo? </strong>¿Cómo puede ser que algo tan familiar y corriente presente tantas dificultades para nuestro intelecto?</p>

<p>El enigma del tiempo representa uno de los quebraderos de cabeza por excelencia de todo filósofo y científico. Y no sin razón. Los incontables interrogantes aún sin resolver acerca del tiempo, de hecho, <em>están profundamente vinculados con nuestra propia vida</em>, con nuestro lugar en el Universo, con nuestro libre albedrío, y con los aspectos más fundamentales de nuestra propia existencia que nos afectan día a día, como se ha podido entrever a lo largo de esta serie de artículos, y como espero quede de manifiesto en los siguientes párrafos.</p>

<p>Las cosas cambian; es un hecho. Nacemos, envejecemos, morimos. Lo irreversible gobierna nuestras vidas. En el afán por comprender y describir este mundo cambiante, el hombre ha desarrollado la Ciencia. Y sin embargo, hemos visto que la Física nos dice cosas diametralmente distintas que nuestra percepción cotidiana del tiempo. Las Ciencias Físicas parecen no establecer una flecha del tiempo objetiva; las ecuaciones más fundamentales no distinguen entre el pasado y el futuro. La Relatividad no nos dice nada acerca del ‘paso’ o el ‘fluir’ del tiempo; por el contrario, refleja que el tiempo no es sino parte del espacio, del espaciotiempo estático, que se limita a estar ahí, sin más. De acuerdo con esto, nuestra extensión en el tiempo –vale decir, nuestra historia pasada y futura– está tan fija y determinada como lo está en el espacio.</p>

<p>Si la naturaleza del tiempo es como la describe la Relatividad, simplemente <em>no nacemos ni morimos</em>: en algunos puntos del espaciotiempo estamos vivos, en otros no, y eso es todo. Nuestra existencia se limita a ocupar estática y eternamente una porción del espaciotiempo. <strong>¿Cómo puede ser que la Ciencia, la encargada de describir el mundo, nos diga semejantes desvaríos?</strong> ¿Cómo se reconcilia la noción del mundo cambiante y temporal que nos muestra la experiencia, con la idea de que todo está fijo e inmóvil en un espaciotiempo de cuatro dimensiones?</p>

<p>No lo sabemos. Como si volviéramos a la antigua discusión entre Heráclito y Parménides, nuestro sentido común parece apoyar al primero, quien sostenía que <em>todo fluye, nada permanece</em>. Mientras tanto, la Física relativista parece acreditar las ideas del segundo, quien argumentaba que el <em>Ser es inmóvil y eterno, y que el movimiento es una ilusión</em>. A Karl Popper le gustaba llamar, por este motivo, a Einstein con el nombre de Parménides.</p>

<p>Una buena pregunta que podríamos formularnos en relación a esto sería <strong>¿hasta qué punto las matemáticas de la Física representan la realidad del mundo?</strong> La Matemática es una ciencia creada a partir de la abstracción, <em>a priori</em>, de forma apartada de la experiencia. La Física, por el contrario, es una ciencia empírica, que se vale de la experimentación. ¿Cómo es posible tan perfecta conjugación entre ciencias de tan distinta especie? Pareciera que, como creía Galileo, <em>el libro de la Naturaleza fue escrito en el lenguaje matemático</em>. Pero con el advenimiento de la Mecánica Cuántica, estas nociones sufrieron una sacudida tremenda. Como señaló Bohr, <em>la Física ya no debe intentar describir cómo es el mundo, sino qué podemos decir sobre él</em>, a fin de obtener resultados medibles. A Einstein no le gustaba para nada esta idea, y la rechazó quizá por considerarla incómoda, defendiendo en cambio la postura de Galileo.</p>

<p>De aquel modo de pensar de Bohr –y de algunos otros contemporáneos, como Heisenberg– surgió la postura de que el concepto del espaciotiempo es quizá un truco matemático para obtener resultados medibles, y que no necesariamente representa la realidad de la Naturaleza. En otras palabras, surgió la idea de que el tiempo en efecto fluye, aunque la Física necesite ‘pararlo’ y combinarlo con el espacio para estudiar con mayor facilidad los sucesos físicos de nuestro Universo. Si bien ésta parece una solución elegante a un problema insondable, no resuelve el núcleo de la cuestión: ¿acaso el ‘flujo’ del tiempo rebasa las posibilidades de la descripción de la Física?<strong> ¿Descubrirá algún día la Ciencia qué es realmente el tiempo?</strong></p>

<p>Nada podemos argumentar acerca de esto, así que será mejor que retomemos lo que veníamos diciendo antes. Además de hacer tambalear esos conceptos de la Relatividad, hemos visto cómo la Mecánica Cuántica parece comprometer otras nociones fundamentales: ¿Cómo se reconcilia el futuro estático y determinista de la Relatividad, con el futuro abierto a posibilidades indeterminables de la Cuántica? ¿El futuro está escrito o no? De ser correcto del Determinismo, los seres humanos resultaríamos no ser más que aparatos mecánicos, no muy diferentes que relojes de engranajes, cuyo pensamiento, conciencia y voluntad serían simplemente ilusiones aparentes, como si nos engañáramos a nosotros mismos. No, <em>esto es enserio</em>.</p>

<p>Descartes consideraba que si ponemos completamente todo en duda (lo que nos muestran los sentidos sobre el mundo, nuestras creencias, etc.), lo único que podemos afirmar con <em>certeza absoluta</em> es el hecho de que estamos dudando, y por lo tanto pensando y ejerciendo consciencia. Pero si el Determinismo finalmente es cierto, deberíamos dudar de nuestra propia consciencia, dudar de nuestra propia duda, y caer así en un círculo que no conduce a ninguna parte. Ya no habría ningún principio irrefutable a partir del cual apoyarnos. Si nuestra consciencia fuese ilusoria, ¿habría algo de lo que podamos estar completamente seguros?</p>

<p>En cambio, si el Indeterminismo es cierto (en el sentido de que es algo propio del Universo y no de nuestra incapacidad de predecir los sucesos futuros con certeza arbitraria) el panorama sigue siendo turbio:</p>

<p>El Indeterminismo del que nos habla la Cuántica no implica necesariamente el libre albedrío. Alguien podría llegar a pensar que las partículas que conforman nuestro cerebro se comportan de manera aleatoria e impredecible, dando lugar a la “libertad de consciencia”. Yo lo pensaría dos veces. La mayoría de los procesos cerebrales son prácticamente macroscópicos en comparación con las partículas subatómicas en donde se da la indeterminación cuántica. Si arrojamos una roca al río, éste seguirá su curso indiferentemente. Sin embargo, alguien podría interrumpir aquí y argumentar que, por el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_mariposa" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline;">efecto mariposa</span></a>, una minúscula perturbación puede producir un efecto mayor, y así sucesivamente hasta alcanzar una consecuencia considerable, que tenga incidencia en nuestro pensamiento, tal como el aleteo de una mariposa en Brasilia puede desencadenar un tornado en Lisboa. Efectivamente es posible, pero esto resultaría ser un fenómeno muy poco probable, y por tanto insuficiente para justificar la libertad de la consciencia.</p>

<p>Asumamos, sin embargo, que nuestro cerebro fluctúa aleatoriamente: ¿cómo se supone que podríamos ‘controlar’ esas aleatoriedades, a fin de tener la <em>voluntad</em> de pensamiento? Con un cerebro fluctuante, ¿el pensamiento de la persona acaso no estaría más bien a merced de los caprichos cuánticos? Lo cierto es que en la actualidad comprendemos muy poco acerca del funcionamiento cerebral. De hecho, conocemos mucho más sobre nuestro Sol (que está a 150 millones de km. de distancia) que sobre nuestro propio cerebro. Y además, estas cuestiones exceden los propósitos de este artículo.</p>

<p>Continuemos con la discusión sobre el Indeterminismo. Es interesante señalar que el hecho de que el futuro esté indeterminado no implica que no exista como tal; o dicho más específicamente, que el hecho de que los sucesos futuros estén indeterminados quizá no significa que no forman parte del espaciotiempo, <em>sino que al menos no pueden deducirse a partir de los sucesos presentes</em>. De ser así, el Universo sería determinista pero no determinable, pues la cadena de la causalidad estaría entrecortada: los efectos no se derivarían de sus causas. Pero claro, si no son determinables, por definición escapan de los límites de la Ciencia, y en ese caso, muchos alegarían que no tiene sentido hablar sobre su existencia o no (nos referimos a los sucesos futuros).</p>

<p>Lo que quiero poner en relieve es que el problema del Determinismo e Indeterminismo nos muestra <strong>cuán vinculada está la cuestión del tiempo con los aspectos fundamentales de nuestra propia vida</strong>, como el libre albedrío, la voluntad, la vida y la muerte, por mencionar algunos. En este ámbito, quizá cuesta trazar la línea que divide a la Física de la Filosofía. Como ha quedado de manifiesto en sucesivos artículos de esta serie, estas dos ramas del conocimiento guardan un profundo vínculo, y probablemente ninguna sería fructuosa sin la otra. Es importante, sin embargo, tener en cuenta que Filosofía no significa Metafísica. La Filosofía no es la encargada de continuar el camino, cuando la Física ya no puede hacerlo; de eso se trata la Metafísica. La Filosofía, en su sentido más puro, es más bien una <em>compañera</em> imprescindible de la Física –y claro está, de la Ciencia en general–, una compañera que no va adelante ni atrás, sino <em>junto con ella</em>, y que la ayuda a no desfallecer, a lo largo del escalonado trayecto que debe recorrer.</p>

<p>Antes de Galileo y sus contemporáneos, se entendía que la reflexión pura era un medio suficiente para comprender el mundo. Los antiguos consideraban que hallando el más alto grado de pensamiento, sería posible entender el funcionamiento del Cosmos en sus más íntimos detalles. Sin embargo, en ausencia de una ciencia experimental, empírica, el desarrollo de la Filosofía de la Naturaleza se vio entorpecido: no contaba con aquella compañera fundamental, que es la Física. ¿Quiere decir esto que las reflexiones de los antiguos son vanas? <strong><em>De ninguna manera</em></strong>. Es impresionante cuánta convergencia existe entre la Filosofía antigua y la Física moderna. Como mencionamos más arriba, el debate entre Heráclito y Parménides hoy continúa vivo y refulgente, por poner un ejemplo.</p>

<p>Pero a fin de cuentas, resulta curioso e inquietante el hecho de que las Ciencias Físicas no puedan dar una respuesta clara y concisa al enigma del tiempo. Estamos hablando de un concepto que oscila entre la Física y la Filosofía, o que abarca ambas a la vez.</p>

<p>Desde Galileo hasta hoy, en tan sólo cuatro siglos, los seres humanos hemos adquirido una cantidad de conocimientos sobre el funcionamiento del Universo, muchísimo mayor a la acumulada durante el resto de la existencia del hombre. Hoy comprendemos cosas que hasta hace algunos pocos años parecerían totalmente fantásticas, como la formación y el comportamiento de los planetas, las estrellas y las galaxias. Todo ello, conseguido sin siquiera salir de nuestro planeta, gracias a nuestra capacidad intelectual. Quizá, después de todo, los antiguos tenían razón al considerar que la herramienta última que el ser humano dispone para comprender el mundo, es su pensamiento.</p>

<p>Pero como decía Alberto Einstein, <em>comparada con la realidad, nuestra Ciencia está en pañales</em>. De hecho es eso justamente lo que nos mueve: el saber que todavía nos queda mucho por descubrir. Y el concepto del <em>tiempo</em> ilustra esta situación claramente. Allá por el siglo XVII, Descartes decía:</p>

<blockquote><em>Nunca, por ejemplo, llegaremos a ser matemáticos por mucho que nuestra memoria esté en posesión de todas las demostraciones hechas por otros, si nuestro espíritu no es capaz de resolver toda clase de problemas; no llegaremos a ser filósofos por mucho que hayamos leído todos los razonamientos de Platón y Aristóteles, sin ser capaces de formular un juicio sólido sobre lo que se nos propone.</em></blockquote>

<p>De tal manera, invito al lector a sacar sus propias conclusiones y reflexionar sobre estas cuestiones. Invito al lector a preguntar ¿qué es el tiempo? en una charla de amigos, en casa, o en cualquier otra parte, y le aseguro que se ganará una interesante conversación. De eso se trata.</p>

<p>En lo personal, quiero comentar que he disfrutado mucho haciendo esta serie: en el camino he aprendido muchas cosas, y me he enfrentado con interrogantes que de otro modo nunca habría considerado. Agradezco enormemente a Pedro por darme la oportunidad de colaborar en <em>El Cedazo</em>, y a todos los lectores por su impagable ánimo. <strong>¡Muchísimas gracias!</strong></p>

<p>Dentro de algunas semanas publicaré la serie completa en <a href="https://drive.google.com/open?id=1wuaaZJkXMKy-Ac-eT76DtAkn_HI3Q2BE" class="liexternal">formato PDF</a> –pulida, con algunas partes reelaboradas y con algún que otro <em>bonus track</em>–, que podrá descargarse gratuitamente.<sup>[<a href="https://eltamiz.com/elcedazo/2009/09/22/eso-que-llamamos-tiempo-consideraciones-finales/#footnote_0_4434" id="identifier_0_4434" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Nota del editor: dado lo interesante de esta serie de Lucas y dado que el autor no ha tenido la oportunidad de preparar su pdf, nos hemos tomado la libertad de hacerlo desde la edici&oacute;n.">1</a>]</sup></p>

<p>Y para concluir quiero compartir unas palabras que, a mi modo de ver, son dignas de relectura indefinida:</p>

<blockquote>
<p align="center"><em>Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico,</em></p>
<p align="center"><em>son desesperaciones aparentes y consuelos secretos.</em></p>
<p align="center"><em>Nuestro destino no es espantoso por irreal;</em></p>
<p align="center"><em>es espantoso porque es irreversible y de hierro.</em></p>
<p align="center"><em>El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.</em></p>
<p align="center"><em>El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;</em></p>
<p align="center"><em>es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;</em></p>
<p align="center"><em>es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.</em></p>
<p align="center"><em>El mundo, desgraciadamente, es real;</em></p>
<p align="center"><em>yo, desgraciadamente, soy Borges.</em></p>
<p align="right">— Jorge Luis Borges.</p>
<p align="right">&#8220;Nueva refutación del tiempo&#8221;.</p>
</blockquote>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_4434" class="footnote">Nota del editor: dado lo interesante de esta serie de Lucas y dado que el autor no ha tenido la oportunidad de preparar su pdf, nos hemos tomado la libertad de hacerlo desde la edición.</li></ol>]]></content:encoded>
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		<title>Historia de la Filosofía de la Mente I &#8211; De Platón a Descartes</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Aug 2009 08:38:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ElCalvo</dc:creator>
				<category><![CDATA[ElCalvo]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde el comienzo de la historia de la Filosofía, pueden verse los rasgos característicos de los problemas de los que se ocupa la filosofía de la mente. Así, Platón postulo una división entre mente y cuerpo, entre el mundo sensible y el mundo de las ideas. Imagen En una caverna hay varios hombres atados de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm"><span style="font-weight: normal">Desde el comienzo de la historia de la Filosofía, pueden verse los rasgos característicos de los problemas de los que se ocupa la filosofía de la mente. Así, Platón postulo una </span><strong>división entre mente y cuerpo</strong><span style="font-weight: normal">, entre el </span><strong>mundo sensible</strong><span style="font-weight: normal"> y el</span><strong> mundo de las ideas</strong><span style="font-weight: normal">. </span></p>

<p style="margin-bottom: 0cm"></p>

<blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm"><img class="alignnone size-full wp-image-4183" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/platón.jpg" alt="platón" width="555" height="269" /></p>
<p style="margin-bottom: 0cm"><a href="http://laaletheia.wordpress.com" class="liexternal">Imagen</a></p>
</blockquote>

<blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm">En una caverna hay varios hombres atados de tal forma que sólo pueden ver la pared. Detrás de ellos hay un muro con un pasillo, una hoguera y, por último, la salida a la naturaleza. En el pasillo, varios hombres circulan cargando de todo tipo de objetos de tal forma que, gracias a la luz que proviene de la hoguera, se refleja su sombra en la pared que los prisioneros pueden ver. Como los hombres no han visto nada más, solo pueden considerar verdadero ese mundo que se refleja ante sus ojos.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm">Uno de estos hombres es liberado, y puede ver entonces las figuras que dan origen a las sombras, ve la hoguera, y luego de subir por un escarpado ascenso, llega al mundo real y ve a los hombres, astros, animales y árboles. Luego de contemplar esto fija su vista en el sol (el sumo bien), y es obligado a regresar a la caverna. Allí soporta la burla de sus compañeros, que siguen considerando las sombras como lo único real.</p>
</blockquote>

<p style="margin-bottom: 0cm"></p>

<p style="margin-bottom: 0cm">Mediante esta alegoría, Platón separa el mundo sensible (las sombras que son reflejadas en la pared), como simples apariencias de un mundo eterno y puro, el de las Ideas o  esencias. Ambos mundos son reales, más el de las Ideas es el más elevado y cercano al <strong>Sumo Bien</strong>. De esto se desprende también la división entre el <strong>alma </strong>y el <strong>cuerpo</strong>. El alma es inmortal y esta atada al cuerpo. Al morir el alma se separa del cuerpo y parte hacia el mundo de las Ideas.</p>

<p style="margin-bottom: 0cm">Esta idea de división entre alma y cuerpo fue adoptada en la Edad Media, y al iniciar la Edad Moderna, aún tenía fuerza desde el punto de vista religioso. Descartes retoma entonces esta idea propuesta por Platón y se vale de conceptos de Dios y alma para crear un sistema de conocimiento verídico.</p>

<p style="margin-bottom: 0cm"></p>

<p style="margin-bottom: 0cm">Cuando Descartes reflexiona sobre las características y propiedades de la mente, inicia un nuevo periodo en la Filosofía de la Mente, por lo que su influencia llega aún hasta nuestros días como la más influyente aunque no haya sido el primero en sostener estas ideas. De hecho, muchos de los problemas que trata actualmente la Filosofía de la Mente fueron formulados por él y sus sucesores, o son consecuentes de su teoría.</p>

<p style="margin-bottom: 0cm">Descartes es conocido por su <em>duda metódica</em>, que busca una base firme a partir de la cual edificar un conocimiento verídico e indudable. Para esto plantea tres reflexiones: La Duda sobre el Mundo Sensible, La Hipótesis del Sueño y por último la Duda Hiperbólica.</p>

<ul>
    <li>La Duda sobre el Mundo Sensible plantea que no podemos fiarnos del Mundo Sensible, ya que debido a nuestros sentidos, podemos ser engañados fácilmente aunque sea sólo en contadas ocasiones. <em>Es prudente no fiarse nunca por entero de quienes  nos han engañado alguna vez.</em></li>
    <li>La Hipótesis del Sueño nos hace dudar de nuestro cuerpo, ya que aunque ahora pueda yo estar escribiendo en mi escritorio, puedo experimentar lo mismo durante el sueño, por lo que jamás sabré si estoy despierto o dormido y por tanto no puedo fiarme de mi cuerpo.</li>
    <li>La Duda Hiperbólica plantea la posibilidad de conocer a partir de nuestra mente. Para ello Descartes plantea la existencia de un Genio Maligno cuyo objetivo es engañarnos. Pero si creemos en la existencia de Dios, Él no tendrá este objetivo y no nos hará equivocarnos deliberadamente. Es entonces de acá de donde podemos edificar un sistema de conocimiento sólido, ya que no podemos equivocarnos sobre nuestra propia mente.</li>
</ul>

<p>Descartes acepta entonces la existencia de dos mundos, el Mundo Sensible y el Mundo Mental; en analogía, el Ser Humano esta  compuesto de Mente y Cuerpo. El Cuerpo se caracteriza por su extensión en tres dimensiones en el Mundo Sensible, puede ser infinitamente dividido hasta que deja de existir como cuerpo, y finalmente no puede ser conocido directamente, pues para conocer una mesa, he de experimentarla primero para formarme una <em>idea</em> de esta, sin llegar a conocerla directamente.
Por otra parte, la Mente es conocida directamente, es indivisible y por lo tanto indestructible. Pero su rasgo más importante es la consciencia o el <em>pensamiento</em>.</p>

<p style="margin-bottom: 0cm">Es entonces cuando dice: <span style="font-style: italic">cogito ergo sum</span> o <span style="font-style: italic">pienso, luego existo.</span> Esto significa que, al ser la consciencia la característica de la Mente, siempre seremos conscientes de algo: De estar leyendo sobre la Filosofía de la Mente, de comer o de caminar. Cuando dejemos de estar conscientes, dejaremos de existir.</p>

<p style="margin-bottom: 0cm">Durante la Edad Moderna, la religión y la metafísica parecieron perder toda importancia, pues los descubrimientos científicos no daban lugar a las especulaciones teológicas. Descartes debe su influencia a la división que efectuó entre un mundo físico del que podría ocuparse la ciencia, y un mundo mental reservado para los filósofos y los teólogos.</p>

<p>A partir de estas ideas, es que comienzan a surgir los problemas.</p>

<p><em>¿Como el mundo físico puede influir en una sustancia mental e incorpórea? </em>Si siento dolor, es a partir de un estímulo interno, más la sensación de dolor es un suceso mental. <em>¿</em><em>Como una sustancia mental e incorpórea como el pensamiento puede influir en el mundo físico?</em> Si decido levantar el brazo, esto es un estado mental, pero el levantarlo ocurre en el mundo físico.</p>

<p><em>¿Como sé que hay otras mentes aparte de la mía?</em> Si no puedo <em>mirar</em> dentro de la otra persona, solo puedo establecerlo por analogía: Si una persona se comporta igual que yo ante el dolor, puedo decir entonces que también tienes estados mentales, pero ¿Como puedo saberlo con certeza? ¿Puedo decir entonces que una máquina tiene estados mentales? ¿Puedo decir entonces que los animales tienen estados mentales? ¿Soy yo el único que tengo estados mentales?</p>

<p><em>¿Soy libre? ¿</em>O mi mente no puede interferir en el cuerpo y mi libertad es solo una ilusión? Aunque pueda pensar que elegí algo, si esta acción estaba determinada por sucesos físicos anteriores, ¿Como puedo saber que mi mente influyó en esta decisión si no tengo claro como se comunica mi mente con mi cuerpo?</p>

<p><em>¿Quien soy yo?</em> Si aceptamos el dualismo, la respuesta es fácil: Mi mente. Pero ¿Que es lo que hace que a pesar de los cambios que sufro durante mi vida siga siendo el mismo?</p>

<p><em>¿Si durante el sueño somos inconscientes entonces dejamos de existir?</em> Si acepto que lo que condiciona mi existencia es mi consciencia o mi pensamiento, durante estados inconscientes ¿No existimos?</p>

<p>Te invito a la reflexión sobre estas preguntas, y luego veremos cual es la respuesta de Descartes y cual es la respuesta del materialismo. En el próximo artículo nos dedicaremos a estudiar el materialismo.</p>

<p>Para saber más:</p>

<ul>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mito_de_la_caverna" rel="nofollow" class="liwikipedia">Mito de la caverna</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/René_Descartes" rel="nofollow" class="liwikipedia">René Descartes</a></li>
</ul>
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		<title>Filosofía de la mente &#8211; Presentación</title>
		<link>https://eltamiz.com/elcedazo/2009/08/24/filosofia-de-la-mente-presentacion/</link>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 11:21:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ElCalvo</dc:creator>
				<category><![CDATA[ElCalvo]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>

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		<description><![CDATA[La Filosofía de la Mente se ocupa de los estados mentales, sus naturalezas y sus causas. El comportamiento del hombre en base a esto ocupa el tema central, llegando a abarcar ámbitos epistemológicos y ontológicos. Mi objetivo al escribir estas palabras es esbozar una serie sobre la Filosofía de la Mente, que con ayuda del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La <strong>Filosofía de la Mente</strong> se ocupa de los <em>estados mentales</em>, sus naturalezas y sus causas. El comportamiento del hombre en base a esto ocupa el tema central, llegando a abarcar ámbitos epistemológicos y ontológicos.</p>

<p>Mi objetivo al escribir estas palabras es esbozar una serie sobre la Filosofía de la Mente, que con ayuda del lector, pueda ser corregida y reeditada en una versión final.</p>

<p>Las entradas estarán divididas de la siguiente forma:</p>

<ul>
    <li>Filosofía de la mente a través de la historia.</li>
    <li>El problema mente-cuerpo.</li>
    <li>¿Las otras personas tienen mente? ¿Los animales tienen mente?¿Puede una máquina tener mente?</li>
    <li>Lo que hay afuera.</li>
    <li>¿Somos libres?</li>
    <li>La identidad.</li>
    <li>El inconsciente.</li>
    <li>La intencionalidad.</li>
    <li>Causalidad mental.</li>
    <li>El yo.</li>
</ul>

<p>Puedes seguir leyendo el primer artículo de la serie sobre la <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/08/30/de-platon-a-descartes/" class="liinternal">Historia de la Filosofía de la mente</a>.</p>
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		<title>Análisis de las Paradojas del Viaje en el Tiempo.</title>
		<link>https://eltamiz.com/elcedazo/2009/08/17/analisis-de-las-paradojas-del-viaje-en-el-tiempo/</link>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2009 15:02:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lucas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Física]]></category>
		<category><![CDATA[lucas]]></category>

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		<description><![CDATA[En el artículo anterior, que forma parte de esta serie sobre la naturaleza del tiempo, hicimos las primeras consideraciones sobre el viaje a través del tiempo: cuáles son sus distintos significados, cuáles están avalados por la Física, y cuáles son las implicaciones filosóficas iniciales. Ahora, iremos más allá y examinaremos la cuestión más problemática y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/07/28/los-problemas-filosoficos-del-viaje-en-el-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">artículo anterior</span></a>, que forma parte de <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/eso-que-llamamos-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">esta serie</span></a> sobre la naturaleza del <em>tiempo</em>, hicimos las primeras consideraciones sobre el <em>viaje a través del tiempo</em>: cuáles son sus distintos significados, cuáles están avalados por la Física, y cuáles son las implicaciones filosóficas iniciales. Ahora, iremos más allá y examinaremos la cuestión más problemática y a su vez fascinante: <em>las paradojas del viaje en el tiempo</em>. Sin embargo, <strong>¿qué es una paradoja?</strong> ¿Existen contradicciones en la naturaleza?, ¿o sólo en las ecuaciones de los físicos?</p>

<p>En la naturaleza no hay paradojas. La naturaleza es coherente y consistente consigo misma: de ahí la pasión del hombre por encontrar patrones, inducir leyes y hacer ciencia. Con todo, la ciencia no es una narración de la realidad, sino justamente una creación del ser humano en el intento por comprenderla. Las paradojas en la Física son, de hecho, una señal de alerta de que algo estamos entendiendo mal, y de que nuestros modelos o creencias no se ajustan del todo con la naturaleza. Hemos vistos antes que la Física permite cierto tipo de viaje en el tiempo; entonces <strong>¿por qué surgen paradojas? ¿Qué es lo que estamos entendiendo mal? ¿Son paradojas por ser contradicciones reales, o sólo aparentes?</strong></p>

<p><strong><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/Drawing-Hands-Escher.jpg" target="_blank" class="liimagelink"><img class="alignnone size-full wp-image-4124" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/Drawing-Hands-Escher.jpg" alt="Drawing-Hands-Escher" width="583" height="489" /></a>
</strong></p>

<p><em>“Drawing Hands”, <a href="http://www.mcescher.com/" target="_blank" class="liexternal"><span style="text-decoration: underline">M. C. Escher</span></a>.</em></p>

<p>Es recomendable que, antes de leer este artículo, lo hayas hecho con <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/07/28/los-problemas-filosoficos-del-viaje-en-el-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">el anterior</span></a>; si no, es posible que te encuentres con algunas dificultades cuando mencionemos conceptos como Eternalismo o curva cerrada de tipo tiempo. Como ya vimos, la Teoría de la Relatividad nos dice que el tiempo es la cuarta dimensión de espacio, conformando el espaciotiempo, y que no existe diferencia objetiva entre pasado y futuro. Ese “fluir del tiempo” al que estamos tan habituados a considerar, escapa de la descripción de la Física. Como es sabido, las paradojas del viaje en el tiempo nacen cuando nos referimos a <em>viajar al pasado</em>. Viajando al futuro no se crea contradicción alguna. Pero, ¿cómo puede suceder esto si para la Física pasado y futuro son la misma cosa?; ¿acaso sí existe una dirección privilegiada en el tiempo?</p>

<p>Generalmente leemos que, de viajar al pasado, se entraría en conflicto con el Principio de Causalidad, que dice que las causas deben preceder a los efectos, y no al revés. Pero ¿qué es exactamente la causalidad? Este principio, aunque es una de las cosas más básicas y fundamentales que sabemos sobre el universo, <em>no se deriva de las leyes de la Física</em>. ¿Cómo puede ser esto? En las ecuaciones de la Física no hay nada que nos explique la naturaleza de la causalidad; si bien todo efecto debe tener una causa ¿por qué ésta tiene que existir antes y no luego que aquél?, ¿qué es exactamente el lazo que une a una causa con su efecto? Cuando se trata de cuestiones como el tiempo o la causalidad, la Ciencia no nos dice cosas claras.</p>

<p>Existen diversas clases de paradojas causales del viaje en el tiempo. Dependiendo qué aspecto de la causalidad violan, se clasifican principalmente en dos grupos:</p>

<ul>
<li><p>Por un lado, <strong>en las que existe un efecto sin causa</strong>. Una causa A produce un efecto B, el cual regresa al pasado e impide que ocurra A. De modo que si la causa A nunca existió ¿de dónde rayos salió el efecto B? Las paradojas de esta especie reciben a veces el nombre de <em>paradojas de incoherencia</em>.</p></li>
<li><p>Por otro lado, <strong>en las que un efecto se convierte en su propia causa</strong>. Una causa A produce un efecto B, el cual regresa al pasado y produce A, formando lo que se llama un <em>bucle causal</em>, sin principio ni fin. A esto apunta la imagen de arriba. ¿Cuál mano comenzó a dibujar?</p></li>
</ul>

<p>Del primer tipo, la más célebre es la archiconocida y poco analizada <em>paradoja del abuelo</em>, que se presume fue expresada por primera vez en 1943 por el escritor francés René Barjavel. Aunque es cierto que a menudo los escritores hacen historias inconsistentes y paradojas mal formuladas, otros literatos sobresalen con historias meticulosamente elaboradas, que son fruto de un exhaustivo análisis lógico. Desde luego que, como veremos, las más profundas fueron desarrolladas en realidad por físicos y lógicos, más que por escritores. <em>Las paradojas de viaje en el tiempo constituyen uno de los mayores desafíos intelectuales para la razón humana</em>. Será, por tanto, interesante y fructífero examinarlas.</p>

<p>Comencemos enunciando rápidamente la paradoja del abuelo, para llevarla luego hasta sus últimas consecuencias: <em>Una persona toma una máquina del tiempo (un agujero de gusano, o lo que sea) y regresa a un punto del pasado en donde ni él ni sus padres han nacido todavía. Esta persona se encuentra con quien en el futuro será su abuelo; toma un arma y –digamos accidentalmente– lo mata.</em> La situación que se plantea es la siguiente: si el abuelo murió de joven, nunca habrá nacido, pongamos, la madre del viajero, ni tampoco él. Si no hay viajero, no hay asesinato. O dicho de otro modo, el viajero mata a su abuelo si y sólo si no lo mata: ésta es la contradicción. Por supuesto, no hace falta que quien muera sea el abuelo; la paradoja sería más explícita si el viajero asesinase a su propia persona del pasado.</p>

<p>Analicemos primero la llamada <strong><em>solución de la auto-consistencia</em></strong>. Según esto, las leyes de la Física no permitirían ningún suceso que resultase paradójico; el viajero nunca lograría matar a su abuelo. ¡¿Cómo?! Pero, ¿qué lo detendría exactamente?, ¿acaso va contra las leyes de la Física el simple hecho de que un hombre tome un arma y dispare? Uno de los más destacados en analizar estas cuestiones, fue el filósofo <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/David_Kellogg_Lewis" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">David Lewis</span></a> (1941-2001). En su escrito “Paradoxes of Time Travel”, nos dice:</p>

<blockquote><em>Tim [el viajero] puede matar a Abuelo. Tiene lo que necesita. [...] <strong>¿Qué puede pararle? ¡Las fuerzas de la lógica no detendrán su mano!</strong> Ningún poderoso guardián espera para defender del pasado de interferencias. (Imaginar, como hacen algunos autores, tal guardián es una aburrida evasiva, innecesaria para hacer consistente la historia de Tim.) En resumen, Tim es tan capaz de matar a Abuelo como cualquiera puede serlo de matar a cualquiera.</em></blockquote>

<div class="mceTemp"><dl> <dt><img class="size-full wp-image-4131 " src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/DavidLewis.jpg" alt="DavidLewis" width="272" height="337" /></dt> <dd>David Lewis. La profundidad de su pensamiento es acorde a la de su barba.</dd> </dl></div>

<p>Sin embargo –explica Lewis– en otro sentido no <em>puede</em> matar a su abuelo. Él indaga: ¿qué entendemos por <em>posible</em>? Decimos que <em>podemos</em> hacer algo, cuando ese algo es componible o introducible en un contexto determinado de hechos. Por ejemplo, Lewis <em>puede</em> nadar, únicamente cuando existen hechos que permiten que esto tenga sentido, como el hecho de que él se encuentre dentro de una piscina. Si bien la acción matar-abuelo es componible con los hechos del momento en que el viajero decide hacerlo (en otras palabras, las leyes de la Física lo permiten en ese momento), esta acción <em>no</em> es componible con una cantidad <em>mayor</em> de hechos: por ejemplo, el hecho de que al año siguiente el abuelo se casó, tuvo un hijo, compró una propiedad, etc., más precisamente todos los efectos futuros de los que el abuelo es causa. Por lo tanto, nos dice Lewis, sería lógicamente imposible que el viajero logre matar a su abuelo (así como tampoco a cualquier otra persona hoy viva).</p>

<p>Para entender con más claridad este confuso argumento, tenemos que recordar la interpretación eternalista, o de “universo bloque”, de la que hablamos <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/07/28/los-problemas-filosoficos-del-viaje-en-el-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">antes</span></a>. La Teoría de la Relatividad nos dice que el mundo es una combinación de espacio y tiempo –el espaciotiempo– y por consiguiente que todo lo que ocurrió y ocurrirá está fijo y determinado en él. Si el futuro es tan real como lo es el presente (pues esa división no existe en la Física), no hay forma de que podamos realizar actos que alteren los sucesos futuros. Es decir, no sería posible el libre albedrío; la libertad y voluntad humanas serían sólo apariencias; todas nuestras acciones y decisiones estarían determinadas de antemano por las leyes de la Física. De este modo, argumenta Lewis, lo que un hombre <em>puede</em> y no <em>puede</em> hacer, está determinado por el todo, no sólo por el presente, que no tiene nada de particular. Nuestras acciones no deben estar únicamente en concordancia con la Física a escala local, <em>sino también global</em>. El físico John L. Friedman, entre otros, llama a esto como <em>principio de coherencia</em>.</p>

<p>A pesar de todo, alguien puede intervenir aquí y decir: <strong><em>¡Sigo sin entender qué es exacta y concretamente lo que impide que el viajero tome un arma y le dispare a su abuelo!</em></strong> Razonar de este modo significa que no estamos comprendiendo lo que quiere decir <em>consistente</em>. ¿Cuándo una historia es consistente y cuándo no? En la literatura y el cine, se suele mostrar que el viajero en el tiempo puede alterar los sucesos pasados, quizá sólo levemente, aunque la historia a grandes rasgos se mantiene intacta, por lo que se dice que esa historia es <em>consistente</em>. Por citar algún ejemplo conocido, en “<em>Back to the Future</em>” <em>(&#8220;Regreso al Futuro&#8221;)</em> , Marty McFly hace todo tipo de estragos con sus padres en el pasado, pero aun así, años después su nacimiento no se ve alterado en lo más mínimo; de esta manera se nos dice que no hay paradoja alguna.</p>

<p>Sin embargo, esta forma de entender los conceptos de <em>historia</em> y de <em>consistente</em>, es muy humana: para la Física no es más importante si una persona está viva o muerta que si una lámpara está encendida o apagada: todos los sucesos tienen relevancia física, <em>y todos son igualmente capaces de producir paradojas</em>, como más abajo ejemplificaremos. Es decir, la hipótesis de la auto-consistencia no dice podemos viajar al pasado siempre y cuando ‘no toquemos nada’ que ponga el peligro el curso de la historia. Dice que todo lo que allí se haga (hizo) ya está reflejado en la actualidad, y que simplemente no podemos “cambiarlo”, sino sólo formar parte de él. ¿Qué nos garantiza que el viajero <em>fallará</em> y no matará a su abuelo? El hecho de que <em>falló</em> evidentemente, pues su abuelo vivió y el viajero nació.</p>

<p>Es interesante observar que solemos usar verbos conjugados en futuro para referirnos a las acciones del viajero en el pasado. Decimos: “¿qué le <em>impedirá</em> matar a su abuelo?”. Esto nos lleva a cometer errores de razonamiento. Aunque parezca contraintuitivo, lo correcto sería decir “¿qué le <em>impidió</em> matar a su abuelo?”. La auto-consistencia no ostenta que fallará, sino que falló. Si todos los sucesos en el espaciotiempo ya están determinados y fijos, no tiene sentido la expresión “modificar el pasado”. De tal suerte que <strong><em>lo único que podría hacer el viajero en ese punto del espaciotiempo que localmente llamamos pasado, sería formar parte de él, no modificarlo</em>.</strong> No es que el pasado tenga algo de especial por lo que no podamos cambiarlo; tampoco podemos cambiar el presente ni el futuro, teniendo en cuenta el Determinismo del que nos habla la Teoría Relatividad. Podríamos comparar el tiempo con una novela ya escrita: por mucho que retomemos la lectura y hagamos saltos de página en página, en ella siempre sucedería inexorablemente lo mismo.</p>

<p>Hasta aquí estuvimos hablando de la auto-consistencia en su formulación meramente conceptual. En las últimas décadas del siglo pasado, el físico <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dgor_N%C3%B3vikov" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Igor Novikov</span></a> (1935-), entre otros, se encargó de traducir esta idea al lenguaje de la Física, e investigar si tenía sentido matemáticamente. En su libro “Evolution of the Universe” dice:</p>

<blockquote><em>El cierre de las curvas de tiempo no supone necesariamente una violación de la causalidad, ya que los acontecimientos a lo largo de esta línea cerrada pueden estar todos ‘auto-ajustados’ — todos se afectan unos a otros en un ciclo cerrado y se siguen uno de otro de una forma coherente</em>.</blockquote>

<p>Sin embargo, esta tesis no está libre de críticas. Por la misma época, un colega y amigo suyo, el físico <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_Polchinski" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Joseph Polchinski</span></a> (1954-), formuló una célebre paradoja que no involucra abuelos ni asesinatos, sino bolas de billar –que son más adecuadas para ser tratadas por la Matemática–, intentando refutar la hipótesis de la auto-consistencia y generando un candente debate sobre el viaje en el tiempo. Consideremos la siguiente situación. Imaginemos una mesa de billar en la que dos de sus agujeros son en realidad las bocas de un agujero de gusano. El agujero de gusano tiene esta peculiaridad: si una bola ingresa por la boca derecha, emerge por la boca izquierda unos segundos en el pasado. Desde el punto de vista de un observador externo (que no se introduce dentro del agujero) la experiencia sería un tanto extraña, como se muestra en la siguiente animación:</p>

<p><img class="alignnone size-full wp-image-4125" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/pool1.gif" alt="pool1" width="550" height="200" /></p>

<p>La bola sale antes de que ingrese en el agujero, es decir, el efecto ocurre antes que la causa. Sin embargo, por ahora no hay paradoja alguna. Lo que se le ocurrió a Polchinski, es que la trayectoria de la bola podría ser de modo tal que, al salir por la boca izquierda, chocase contra su ‘yo’ del pasado, impidiendo que entre en la boca derecha. <strong>Si la bola nunca entró en el agujero de gusano, ¿de dónde provino la que salió por la boca izquierda? Al parecer, no provino de ninguna parte.</strong> En términos de causalidad, esta paradoja se podría expresar así: si un efecto ocurre antes que su causa, alguien o algo podría impedir que aquella causa suceda, obteniendo de este modo un efecto sin causa (como la bola billar que no salió de ninguna parte), lo que crea una contradicción. Ésta se conoce como la <em>Paradoja de Polchinski</em>.</p>

<p><img class="alignnone size-full wp-image-4126" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/pool2.gif" alt="pool2" width="550" height="200" /></p>

<p>Te darás cuenta que la estructura causal de esta paradoja es análoga a la del abuelo, sólo que reducida audazmente hasta sus aspectos más básicos. La ventaja que tiene este modo de formularla, es que eliminamos todo lo referente al libre albedrío y la libertad humana, <em>y podemos enfrentarnos cara a cara con la esencia de la contradicción</em>. Es como si observáramos –si fuera posible– una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Singularidad_espaciotemporal" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">singularidad</span></a>.</p>

<p>En la mayoría de los relatos sobre viajes en el tiempo, interviene como factor decisivo una persona, sus decisiones, asesinatos, memoria, abuelos, cambios de sexo, etc.; pero todo eso no es más que un disfraz para hacerlas más vistosas. Quedamos estupefactos por estos asuntos accesorios, y olvidamos la esencia de las paradojas, que es la causalidad. Si queremos comprender si tiene o no lógica el viaje al pasado, debemos atacar directamente la raíz de todo este asunto, que es el nebuloso Principio de Causalidad. Y Polchinski nos ayuda en este aspecto.</p>

<p>Visualicemos lo que ocurriría desde la perspectiva de la bola (si tuviera ojos para mirar). Es impulsada, entra por la boca derecha del agujero de gusano, atraviesa un extraño ‘túnel’, sale por la boca izquierda y choca contra otra bola. Si le preguntáramos a la bola, ella nos diría que no ha ocurrido ningún suceso paradójico. No obstante, la historia vista desde un observador externo sería distinta: la que se muestra en la animación de arriba. En Física, a las “historias” de los objetos, es decir, lo que les va sucediendo a lo largo del tiempo, se las llama <em>líneas de mundo</em>. Como acabamos de ver, en la paradoja de Polchinski hay dos líneas de mundo, o historias, para un mismo suceso: en una, la bola entra por el agujero; en la otra no, a causa de que es golpeada por ella misma. Esto es lo que crea la paradoja. ¿Cómo pueden coexistir dos líneas de mundo diferentes, que describen la misma cosa? Es como si arrojáramos una copa al suelo, que se rompe y a la vez no se rompe. ¿Cuál es la historia original?</p>

<p>Uno de los que más ha investigado sobre esta paradoja, es el conocido físico <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Kip_Thorne" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Kip Thorne</span></a> (1940-). Él se preguntó: <strong>¿existe alguna otra trayectoria de la bola, análoga a la de Polchinski, pero que no cree una paradoja?</strong> Encontró que sí. Por ejemplo, podría suceder que la bola chocase consigo misma, desviándose, pero no lo suficiente como para no entrar en el agujero. Y ese rozamiento inicial explicaría a su vez por qué ha salido la bola por la boca izquierda con un impulso menor, como para sólo acariciar a su ‘yo’ del pasado, sin crear una paradoja. Veámoslo gráficamente:</p>

<p><img class="alignnone size-full wp-image-4127" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/pool3.gif" alt="pool3" width="550" height="200" /></p>

<p>Esta trayectoria de Thorne es completamente consistente, y está en brillante concordancia con las leyes de la Dinámica. Notemos que <strong>no hay dos líneas de mundo, como antes, sino una sola</strong>. Ahora, ¿ésta es la única trayectoria no-paradójica que existe? Por su puesto que no. De hecho, hay infinitas. Por ejemplo, se encontraron otras en donde la bola describe un complejo recorrido, entrando y saliendo varias veces por los agujeros, aun sin crear ninguna paradoja. La pregunta a formularse entonces es: ¿de qué modo las leyes de la Física ‘elegirían’ una de estas trayectorias consistentes, de las infinitas que hay, y ‘evitarían’ a toda costa la de Polchinski? <strong>¿Cómo la Naturaleza se protegería a sí misma de las paradojas?</strong> Ésta es una cuestión sumamente abierta, y estaría mal inclinarnos caprichosamente hacia alguna respuesta ‘bonita’.</p>

<ul>
<li>Alguien que asumiera el determinismo      radical, diría: <em>no es que la      Naturaleza deba ‘protegerse’ de nada; todo lo que ocurrirá ya está      determinado y acorde con ella; no existe posibilidad de crear a voluntad      una paradoja</em>.</li>
<li>Alguien que asumiera el libre      albedrío, podría decir: <em>el hombre      puede crear todo tipo de situación física y puede modelar la Naturaleza a      su deseo, pero no tiene la capacidad de lograr que ella se contradiga a sí      misma. Las leyes de la Física lo impedirían contra viento y marea. Quizá      hoy no comprendemos cómo, porque ni siquiera las comprendemos a ellas      mismas.</em></li>
<li>Alguien que asumiera el      indeterminismo (que no implica libre albedrío) podría hacer una síntesis y      decir: <em>la mecánica cuántica nos      muestra que la indeterminación está presente en todo suceso natural;      aunque pueda existir un determinismo a escala macroscópica, en el mundo      microscópico siempre existe la posibilidad de eludir el ‘plan’ de la      Naturaleza, dando lugar a aleatoriedades. Las paradojas del viaje en el      tiempo surgen cuando nos referimos a objetos macroscópicos, como personas      o bolas de billar. Pero si estos viajes fueran sólo posibles a escalas      microscópicas o aun subatómicas, habría que analizar las paradojas con los      términos de la mecánica cuántica, la cual tiene otras reglas de juego, y sí      permite fluctuaciones de la causalidad.</em></li>
</ul>

<p>Este último punto se acerca en cierto aspecto a la llamada <em>Conjetura de la Protección Cronológica</em>, postulada por el famoso astrofísico <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_Hawking" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Stephen Hawking</span></a> (1942-). Esta hipótesis dice que tal vez las leyes de la Física impidan que un objeto <em>macroscópico</em> viaje al pasado, en un agujero de gusano, o en cualquier otro medio, como si el Universo se protegiera a sí mismo de contradicciones. Profundizaremos más sobre este tema en el próximo artículo. Lo que nos ocupa aquí es examinar la naturaleza de las paradojas.</p>

<p>Volvamos a lo que decía Thorne sobre las trayectorias de la bola. Si se creara una situación consistente, como la ilustrada en la última animación, esto daría lugar a uno de los fenómenos más curiosos jamás concebidos por la mente humana: <strong><em>los bucles causales</em></strong>. Notemos que la causa por la cual la bola que sale por la izquierda choca levemente, es que ella (antes de meterse en el agujero) perdió impulso a causa del choque. Es decir, el choque es leve porque el choque fue leve: <em>un efecto es su propia causa</em>. Digámoslo en términos más sencillos: <em>Thorne está a punto de escribir su próximo libro sobre viajes a través del tiempo. Pero antes de que tomara la pluma, toca la puerta alguien: es Thorne-viejo, que ha venido del futuro. Él le entrega a Thorne el libro ya escrito. Thorne, muy agradecido, manda a hacer copias de editorial y vende muchos ejemplares. Unos años después, Thorne regresa al pasado y le entrega a su ‘yo’ joven el libro ya terminado.</em></p>

<p>En la historia anterior no hay contradicciones. <em>Pero… ¿Quién escribió ese libro? ¡¿De dónde salió?!</em> Thorne-joven no lo escribió, pues a él se lo entregó su ‘yo’ futuro. Éste último tampoco, ya que a él se lo dieron cuando era joven. Lo que tenemos es un bucle causal, un efecto que es su propia causa. Éste es el segundo tipo de paradoja causal del viaje en el tiempo, aunque, como veremos, quizá no es tan paradójico como el primer tipo. Empecemos por decir que esta historia es completamente consistente; la solución de la auto-consistencia no tiene nada que reprocharle. Cada evento se explica a partir del anterior. Pero cuando miramos el todo, hay algo que parece fallar. <strong>¿De dónde provino la información? </strong>En la vida cotidiana nunca vemos libros que se escriben solos.</p>

<p>Sin embargo, ¿qué es la información? Miremos de nuevo la solución consistente de la trayectoria de Polchinski, que es esta misma historia del libro, aunque reducida a bolas de billar. En vez de aparecer en forma de texto, allí la <em>información</em> está dada en la trayectoria. El que la bola-joven haya sido golpeada levemente, se explica a partir de que la bola-vieja había perdido impulso por el choque que sufrió antes de haber ingresado en la boca derecha, es decir, cuando era una bola-joven. Uno podría preguntarse: ¿de dónde salió la “información” que hizo que la trayectoria fuera así y no de otra forma? Viéndolo de esta manera, notamos que la pregunta no tiene mucho sentido. El bucle se explica a sí mismo, pero es imposible hallar explicación a partir de causas externas a éste. La información no <em>salió</em> de ninguna parte: siempre estuvo ahí.</p>

<div class="mceTemp"><dl> <dt><img class="size-full wp-image-4138 " src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/ecalerapenrose.jpg" alt="escalera_penrose" width="434" height="325" /></dt> <dd>El bucle causal es análogo a la escalera sin fin de Penrose. Cada escalón está en perfecta concordancia con el anterior, pero su conjunto parece ser paradójico.</dd> </dl></div>

<p>Lo interesante es que estos bucles causales parecen no violar ningún principio de la Física, aunque intuitivamente nos aturda la idea de que exista un libro que no haya sido escrito por nadie. Como dice Lewis, <em>¡extraño! Pero no imposible</em>.</p>

<p>El escritor de ciencia-ficción <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_A._Heinlein" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Robert Heinlein</span></a> (1907-1988), ha llevado esta idea hasta el extremo, en lo que se convirtió, según algunos, en una de las mejores y más lógicas historias de viajes en el tiempo, de toda la historia. El relato en cuestión se llama “<em>Todos vosotros, Zombies</em>”, en donde una persona se convierte en su propia madre y su propio padre. Recomiendo su lectura, por razones morbosas.</p>

<p>Para terminar con este episodio sobre las paradojas, nos queda examinar los aciertos y flaquezas de otra solución muy extendida y desventuradamente popular: la de los <strong><em>Universos Paralelos</em></strong>. Sin duda, una expresión como ésta hace arquear la ceja a cualquiera. ¿Por qué debería haber otros universos a parte del nuestro? Y si así fuere, ¿cómo lo sabríamos? Generalmente se dice que el modo en que éstos resuelven las paradojas, vendría a ser éste: <em>al viajar en el tiempo, lo que se está haciendo es viajar hacia otro universo paralelo al nuestro; es posible modificar el pasado, alguien podría perfectamente asesinar a su abuelo o impedir la muerte de Luis XVI; no existiría contradicción alguna ya que el universo en donde el viajero nació es distinto al universo en donde el abuelo murió de joven y el viajero nunca nació.</em></p>

<p>En el párrafo anterior hay muchos gatos encerrados. El lector se dará cuenta de que ésta es una hipótesis formulada con el específico fin de resolver las paradojas. No es que haya algo en la Naturaleza que nos haga pensar que debe haber múltiples mundos, y que como consecuencia de eso hayamos descubierto una nueva forma de esquivar las contradicciones del viaje en el tiempo. <em>¿O sí?</em>&#8230; Es muy común que los avezados escritores de ciencia-ficción hagan referencia a la <strong>Interpretación de Múltiples Universos de Everett</strong> (una teoría seria que intenta explicar ciertos problemas de la Mecánica Cuántica), al hablar de universos paralelos. ¿Entonces sí existe un fundamento en la Física Teórica para esta extravagante solución de las paradojas? Para hallar la respuesta, debemos explorar de qué se trata la curiosa Interpretación de Everett. Si bien ya la habíamos mencionado muy brevemente en <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/07/07/eso-que-llamamos-tiempo%e2%80%93en-la-mecanica-cuantica-ii/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">otro artículo</span></a>, aquí entraremos en más detalles.</p>

<p>Tradicionalmente, en la Física, se usaba a la Matemática para describir las cosas del mundo tal cual <em>son</em>. Cuando contamos las personas que hay dentro de un autobús, o calculamos la trayectoria de la Luna, estamos sustituyendo objetos físicos por símbolos matemáticos que los representan exactamente. <em>Pero en la Mecánica Cuántica, esto ya no es así</em>. En virtud de las Relaciones de Indeterminación de Heisenberg (o Principio de Incertidumbre), que dicen que cuanto más determinada está la posición de una partícula, más indeterminada será su velocidad, y viceversa, es imposible representar matemáticamente un objeto ‘tal cual es’: siempre habrá aleatoriedad. Lo que se hace en Cuántica, es hallar una función de onda que contiene <em>todos</em> los estados en que es posible encontrar una partícula cuando la midamos (o todas las “historias” posibles de la partícula). Pero, ¿cómo se interpreta esto? La forma más aceptada, es la que dice que la función de onda es en realidad una abstracción que representa las <strong>probabilidades</strong> que tiene una partícula de encontrarse en el modo en que presuponemos (esto se llama Interpretación de Copenhague).</p>

<p>Pero lo que se le ocurrió a <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Hugh_Everett_III" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Hugh Everett</span></a> (1930-1982) en 1957, es que la función de onda, en donde están condensadas todas las posibles historias, no es ninguna abstracción, <em>sino que representa la realidad tal cual es</em>. No es que de todas las historias posibles, alguna de las más probables se dé en nuestro universo. Más bien, <strong>absolutamente todas las historias que nos muestra la función de onda, existen físicamente, pero necesariamente en distintos universos</strong>. La interpretación de Everett no es más metafísica que la interpretación de Copenhague. Por el contrario, lo que hizo Everett fue interpretar las matemáticas de la Cuántica al pie de la letra, las cuales dicen que existen distintas historias superpuestas.</p>

<div class="mceTemp"><dl> <dt><img class="size-full wp-image-4144 " src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/08/burbujas.jpg" alt="¿Acaso la realidad consta de múltiples universos?" width="249" height="374" /></dt> <dd>¿Acaso la realidad consta de múltiples universos?</dd> </dl></div>

<p>Según esto, entonces, el tiempo no es lineal, sino que se va ramificando constantemente, hacia todas las posibilidades. Algunos universos serían exactamente iguales al nuestro, salvo por las posiciones de algunas partículas, y otros serían muy distintos y con características tan esquizofrénicas que la razón humana jamás podría concebir. En algunos universos tú no has leído este artículo; estoy agradecido de estar en uno en que sí lo has hecho.</p>

<p>Un aspecto interesante de todo esto, es que <strong>se compatibiliza el Determinismo de la Relatividad con el Indeterminismo de la Cuántica</strong>, como ya han señalado físicos como <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Paul_Davies" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Paul Davies</span></a> (1946-). <em>La indeterminación no residiría ya en cuál será el resultado de tal experimento cuántico, sino en qué universo estamos</em>. Todos y cada uno de los universos serían completamente deterministas. La aleatoriedad provendría en realidad de que sólo tenemos acceso a una pequeña parte del todo, y no de algo intrínseco de nuestro universo.</p>

<p>Ahora viene lo importante: en lo que respecta a la comunicación, <em>estos universos están totalmente desconectados</em>. No es posible salir de uno e ingresar en otro, o al menos no hay nada en la Ciencia que lo permita. ¿Y qué hay de los agujeros de gusano?, ¿no podrían utilizarse como ‘túneles’ para conectar estos universos? Pensemos en esto: un agujero de gusano es una curvatura del espaciotiempo que se ha cerrado sobre sí misma, y que permite de este modo acortar la trayectoria entre dos puntos ya sea del espacio o del tiempo. Pero esta curvatura se da en el espaciotiempo local, de un universo en particular. Curvando el espaciotiempo tanto como queramos, no lograremos que una línea de mundo acabe en otro espaciotiempo, de otro universo. Para entenderlo más fácilmente, tomemos una hoja de papel e imaginemos que es el espaciotiempo. Podemos estrujarla, enrollarla o agujerearla todo lo que queramos, pero es imposible que, haciendo esto, acabemos con otra hoja diferente en las manos.</p>

<p>Si existiera una curva cerrada de tipo tiempo, que permitiera regresar al pasado, el viajero acabaría en otro punto del espaciotiempo, sí, <em>pero del mismo universo</em>, cuya historia debería ser consistente. De modo que la Interpretación de Everett está irónicamente más de acuerdo con la auto-consistencia que con la solución de “universos paralelos”. Si pretendemos que los universos paralelos resuelvan las paradojas, habrá que desechar todo lo que se sabe de agujeros de gusano y curvas temporales cerradas, y descubrir otra forma radicalmente nueva de viajar al pasado.</p>

<p><strong>Pero nada está dicho</strong>; aún no sabemos hasta qué conclusiones nos llevará la Ciencia en los próximos años. Es conocida la frase que dice que hoy estamos tan lejos de hacer práctico el viaje el tiempo, que lo que los hombres de las cavernas estaban de hacer posible el viaje espacial, algo que hoy es un hecho cotidiano. Sin embargo, también es conocida la famosa objeción de Stephen Hawking que dice: si en el futuro se llegara a encontrar la forma de viajar al pasado, ¡¿por qué no nos están invadiendo hoy turistas del futuro?! Algunos suelen contestar: ¿y por qué elegirían visitar una época tan insulsa como la actual?; entretanto otros contestan: quizá nadie venga del futuro porque el futuro está desierto…</p>

<p>Pero una respuesta más firme, es que al crear una curva cerrada de tipo tiempo, no sería posible regresar a un punto del pasado anterior a su creación. <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/09/09/las-dificultades-teoricas-de-las-maquinas-del-tiempo/" class="liinternal">En el próximo artículo</a> veremos el porqué de esto, y examinaremos las diversas máquinas del tiempo (serias) que los físicos han propuesto y las dificultades teóricas y prácticas que imposibilitan que hoy construyamos cualquiera de ellas.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Los Problemas Filosóficos del Viaje en el Tiempo</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jul 2009 23:56:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lucas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Física]]></category>
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		<description><![CDATA[En los últimos artículos de esta serie, hablamos acerca de cómo cambia la noción que tenemos sobre el tiempo a partir de las teorías de la relatividad especial y relatividad general, y de las implicaciones de la mecánica cuántica. Hoy comenzaremos a examinar una cuestión de asiduas controversias: los viajes a través del tiempo. Todos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos artículos de <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/eso-que-llamamos-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">esta serie</span></a>, hablamos acerca de cómo cambia la noción que tenemos sobre el <em>tiempo</em> a partir de las teorías de la <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/03/18/eso-que-llamamos-tiempo-en-la-relatividad-especial/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">relatividad especial</span></a> y <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/04/02/eso-que-llamamos-tiempo-en-la-relatividad-general/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">relatividad general</span></a>, y de las implicaciones de la <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/04/23/eso-que-llamamos-tiempo-en-la-mecanica-cuantica-i/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">mecánica cuántica</span></a>. Hoy comenzaremos a examinar una cuestión de asiduas controversias: <em>los viajes a través del tiempo</em>.</p>

<p>Todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿será posible viajar en el tiempo?, y muchas veces sin considerar inmediatamente: ¿qué es el tiempo? Como hemos visto a lo largo de la serie, la naturaleza del tiempo aparenta exceder los límites del intelecto humano, si bien hemos avanzado mucho en la comprensión de su comportamiento físico, a través de los trabajos fundamentalmente de Albert Einstein. Al hablar de viajar a través del tiempo, ¿qué estamos entendiendo por “tiempo”, y qué por “viajar”? Por ejemplo, ¿estamos presuponiendo que tanto el futuro como el pasado existen físicamente, y que podemos acceder a ellos? Por otra parte, el concepto de viaje o movimiento se refiere a la relación entre espacio y tiempo (de ahí que hablemos de km/h, m/s, etc.); ¿qué significación le estamos dando al aplicarlo únicamente en el tiempo?</p>

<p>Es necesario preguntarnos <strong>¿qué entendemos por viajar en el tiempo?</strong>, ya que de su respuesta depende<em> </em><strong>¿qué principios físicos avalan o comprometen el viaje a través del tiempo?</strong> En este artículo examinaremos el origen del concepto de viaje en el tiempo, las distintas interpretaciones desde la Física, y las implicaciones filosóficas que éstas sugieren. De modo que propongo comenzar con la pregunta: <strong>¿De dónde y cuándo surge semejante idea?</strong></p>

<p><strong><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/time-machine-wells.jpg" class="liimagelink"><img class="alignnone size-full wp-image-4083" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/time-machine-wells.jpg" alt="time-machine-wells" width="543" height="589" /></a>
</strong></p>

<p><em>Representación artística de &#8220;La máquina del tiempo&#8221; de H. G. Wells.</em></p>

<p>La expresión “viaje en el tiempo” brota en la Literatura, a finales del siglo XIX. Pero en contraste con una creencia muy extendida, no fue H. G. Wells en su obra “La máquina del tiempo” de 1895 quien propuso por primera vez esta idea. En años anteriores se escribieron otros célebres relatos como “El reloj que marchaba hacia atrás” de Edward Page Mitchell, publicado en 1891, o “El Anacronópete” del español Enrique Gaspar, en 1887. Existe un acalorado debate en torno a quién fue el primer escritor que ‘inventó’ la máquina del tiempo; hay quienes encuentran este artilugio de manera implícita en obras aún anteriores, mientras que otros sostienen que el viaje en el tiempo en la ciencia-ficción (es decir, no por métodos mágicos) empieza con “El Anacronópete”. Lo que sí es cierto es que fue “La máquina del tiempo” de Wells a través de la cual se extendió enormemente esta idea, y no sólo entre escritores sino también entre ‘aficionados’ que pretendían construirla o al menos ganar dinero o fama en el intento.</p>

<p>Consideremos el significado de la palabra <em>viajar</em> en el sentido cotidiano: nos referirnos al desplazamiento de un cuerpo a través del <em>espacio</em>, durante un período de tiempo. Cuando alguna de las coordenadas que indican nuestra posición cambia, decimos, pues, que viajamos en el espacio. Ahora bien, nuestra posición en el tiempo está cambiando constantemente, así que con el mismo criterio se puede afirmar que <em>estamos viajando en el tiempo</em>. ¿Quieres ir hacia el futuro? Sólo debes sentarte y esperar. Por supuesto, esto no es lo que tenemos en mente cuado hablamos de viajes en el tiempo. La idea que sugiere esta expresión es la de manipular, de alguna manera, nuestra coordenada del tiempo, en particular por la tentadora imagen que representa conocer nuestro futuro o modificar el pasado.</p>

<p>En esta serie enfocamos la cuestión del tiempo desde el punto de vista de la Física y la Filosofía; pero, con el fin de ver cómo nace la noción de viaje en el tiempo, me parece interesante que comencemos haciendo una breve referencia literaria. Echemos un vistazo a la novela de Wells. El personaje “Viajero a través del tiempo” que construye su dichosa máquina, narra lo siguiente:</p>

<blockquote><em>Cogí la palanca de arranque con una mano y la de freno con la otra, apreté con fuerza la primera, y casi inmediatamente la segunda. Me pareció tambalearme; tuve una sensación pesadillesca de caída; y mirando alrededor, vi el laboratorio exactamente como antes. […] Observé el reloj. Un momento antes, eso me pareció, marcaba un minuto o así después de las diez, ¡y ahora eran casi las tres y media! […] El laboratorio se volvió brumoso y luego oscuro. La señora Watchets, mi ama de llaves, apareció y fue, al parecer sin verme, hacia la puerta del jardín. Supongo que necesitó un minuto o así para cruzar ese espacio, pero me pareció que iba disparada a través de la habitación como un cohete. Empujé la palanca hasta su posición extrema. La noche llegó como se apaga una lámpara, y en otro momento vino la mañana. […] Pronto, mientras avanzaba con velocidad creciente aún, la palpitación de la noche y del día se fundió en una continua grisura; el cielo tomó una maravillosa intensidad azul, un espléndido y luminoso color como el de un temprano amanecer; el sol saltarín se convirtió en una raya de fuego, en un arco brillante en el espacio, la luna en una débil faja oscilante; y no pude ver nada de estrellas, sino de vez en cuando un círculo brillante fluctuando en el azul.</em></blockquote>

<p>¿Qué está significando aquí viajar en el tiempo? Desde el punto de vista del viajero, la máquina cumple la función de <em>acelerar</em> la evolución física del resto del Universo a un ritmo progresivamente elevado. Pero claro, desde el punto de vista de un observador externo (fuera de la máquina), la función de ésta consiste en <em>retardar</em> la evolución física del viajero, haciendo que todos sus procesos biológicos estén prácticamente ‘congelados’, y así avanzar en el tiempo sin envejecer. El método que usa el artefacto para lograr esto lo desconocemos; pero vemos que expresión ‘viajar al futuro’ no está significando más que un retardo o dilatación en la evolución física del viajero, a lo que para abreviar vamos a llamar <strong><em>viaje al futuro mediante dilatación</em></strong>. Hacemos esto para diferenciar esta idea de otra interpretación muy extendida sobre el ‘viaje al futuro’ que aparece en la ciencia-ficción.</p>

<div id="attachment_4096" class="wp-caption alignright" style="width: 304px"><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/einstein_violin.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-4096" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/einstein_violin.jpg" alt="Albert Einstein. Un gran músico." width="294" height="275" /></a><p class="wp-caption-text">Albert Einstein. Un gran músico.</p></div>

<p>Si has leído los artículos anteriores ya sabes que la Teoría de la Relatividad Especial demuestra que el viaje al futuro entendido de esta manera es perfectamente posible. Basta con adquirir una velocidad cercana a la de la luz, con respecto a los demás (o estar cerca de un campo gravitatorio intenso, según la Relatividad General) para que nuestro tiempo se dilate; cuando frenáramos veríamos que en el mundo ha transcurrido un tiempo mucho mayor al que estuvimos viajando. Desde luego que esto ya lo hemos comprobado hace muchos años, pero no con naves espaciales sino con partículas subatómicas. En un artículo posterior examinaremos los problemas de ingeniería que impiden que hoy aceleremos naves a estas velocidades extravagantes; pero ahora el tema que nos ocupa es analizar las distintas interpretaciones del viaje en el tiempo.</p>

<p>Otra idea muy popular en la literatura y el cine sobre el <em>viaje al futuro</em>, es la que consiste en un salto instantáneo desde el presente hacia un punto del futuro, lo que permite, a diferencia del <em>viaje al futuro mediante dilatación</em>, encontrarse con uno mismo. Por citar algún ejemplo conocido, esto aparece en las películas de la trilogía “<em>Back to the Future</em>” (“Regreso al Futuro” o “Volver al Futuro”). Ahora bien, esta interpretación trae consigo bastantes problemas. Antes que nada, el término <em>viaje</em> no se ajusta del todo, ya que no se trata de atravesar todos los puntos intermedios entre el tiempo de partida y de llegada, como sí ocurre en el caso de Wells. Si usamos la palabra <em>viajar</em> para referirnos a un recorrido, por ejemplo desde Montevideo hasta Moscú –que implica atravesar los países intermedios–, no podemos usarla también para indicar una ‘teletransportación’ instantánea desde Montevideo hasta Moscú. Así que para diferenciar aquella forma de ‘salto’ en el tiempo, vamos a usar la expresión <strong><em>salto instantáneo al futuro</em></strong>.</p>

<p>Este <em>salto instantáneo al futuro</em>, que en la ficción hace parecer al viaje en el tiempo tan fácil y asequible, acarrea dificultades muy complejas. Si miramos de nuevo el <em>viaje al futuro mediante dilatación</em>, notamos que, por decirlo de algún modo, el viajero nunca se ‘desprende’ de su tiempo presente. De hecho, si se llegara a pensar que el pasado y el futuro no existen, y que el presente es la única realidad, este tipo de viaje en el tiempo seguiría teniendo sentido. Sin embargo, en un <em>salto instantáneo al futuro</em>, es menester que eso que llamamos “futuro” exista como algo físico. Podemos viajar por una carretera porque la carretera existe; pero si pretendemos viajar al futuro de esta manera, ¿qué realidad o existencia tiene aquello a donde queremos llegar?; ¿acaso el futuro ya está <em>determinado</em> y fijo, y podemos acceder a él a antojo? Aquí es donde comienza a revelarse la importancia de qué entendemos por <em>tiempo</em>, en la expresión <em>viaje en el tiempo</em>.</p>

<p>Para encarar estas cuestiones, existen principalmente tres visiones o interpretaciones modernas del tiempo, que surgen como fruto de las Teorías de la Relatividad: <strong>el Presentismo, el Posibilismo y el Eternalismo</strong>. En realidad, estas visiones adoptan muchos nombres distintos; por ejemplo, a veces se usa “Block Time” o “Block Universe” como sinónimo de “Possibilism”, y a veces también de “Eternalism” (casi toda la bibliografía está en inglés). El hecho es que existen tres interpretaciones; veamos de qué se trata cada una en relación con el viaje en el tiempo.</p>

<p><strong>El Presentismo</strong> se basa en dos postulados íntimamente relacionados: por un lado, que <strong>el tiempo presente es lo único que tiene existencia</strong>, mientras que el pasado y el futuro no; y por otro lado, que el universo es tridimensional (sólo se consideran las tres dimensiones de espacio, y no al tiempo como una cuarta). Si el pasado ya no es, y el futuro aún no es, lo único existente es el punto presente, que no tiene duración. De ahí que aquí al tiempo se lo conciba de naturaleza distinta al espacio: en una dimensión hay extensión (podemos saltar de abajo a arriba y viceversa); pero si en el tiempo no hay extensión (porque lo único que existe es el presente, que es un límite, un punto) no podemos decir que es una dimensión. Sin embargo, el Presentismo no habla de un ‘presente universal’: la Relatividad Especial nos dice que el presente es distinto para cada observador, según su velocidad relativa. El presente de una persona en un avión es distinto que el presente de alguien parado en una playa. Para esta postura, entonces, sólo los sucesos presentes son los que gozan de realidad.</p>

<p><img class="alignnone size-full wp-image-4085" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/presentismo_elcedazo1.png" alt="presentismo_elcedazo" width="472" height="343" /></p>

<p><em>Analogía ilustrativa de la concepción presentista. No podemos representar el tiempo como una línea, tal como en los gráficos cartesianos, ya que según esta interpretación, el tiempo es un punto.
</em></p>

<p>De modo que según el Presentismo, es coherente el <em>viaje al futuro mediante dilatación</em>, pero es imposible el <em>salto instantáneo al futuro</em> pues, de acuerdo con esto, el futuro simplemente no existe. (Desde luego que tampoco sería posible un <em>salto instantáneo al pasado</em>, pero eso lo examinaremos más adelante). Afortunadamente para los viajeros del tiempo, existen razones para creer que el Presentismo, aunque intuitivo, es falso.</p>

<p><strong>El Posibilismo</strong> (también llamado “Block Time”, “Growing block Universe” y de diversas formas) <strong>plantea que el presente y el pasado tienen realidad física, mientras que el futuro es sólo posibilidad</strong>. Vamos por partes. A diferencia del Presentismo, aquí el tiempo sí es una dimensión (tiene extensión), pero de naturaleza distinta al espacio, ya que se trata de una dimensión que está en constante crecimiento, expansión y flujo. Para entender cómo es que el pasado tiene existencia física, tenemos que recordar que el universo no tiene tres, sino cuatro dimensiones: el espaciotiempo. Según el Posibilismo, el espaciotiempo es incompleto, y se va ‘construyendo’ mediante flujo del tiempo. Esto quiere decir que el futuro no está determinado y que cualquier posibilidad puede tener lugar. Notemos que este argumento se ve reforzado por las Relaciones de Indeterminación de Heisenberg (o “principio de incertidumbre”), que –recordemos– dice que cuanto más determinada está la posición de una partícula, menos determinada estará su velocidad y viceversa, lo que demuestra que, a grandes rasgos, el desenlace de los sucesos no está determinado por las condiciones iniciales (dicho mal y rápido, que el futuro no está escrito).</p>

<p>Resumiendo, el Posibilismo es la opinión de que tanto el pasado como el presente forman parte del espaciotiempo, pero que el futuro no existe a causa del Indeterminismo. Veamos ahora qué pasa con el viaje en el tiempo. El <em>viaje al futuro mediante dilatación</em> continúa siendo posible, y el <em>salto instantáneo al futuro</em> continúa siendo imposible. <em>Pero</em>, ahora vemos que un <em>salto instantáneo al pasado</em> tiene mayor coherencia. Según esto, intentar viajar al pasado es lo mismo que intentar viajar a la izquierda, por ejemplo. Sin embargo, el <em>salto instantáneo al pasado</em> (¡aún no estamos discutiendo el método para llevarlo a la práctica!) es uno de los mayores desafíos intelectuales, ya que de él nacen las famosas <em>paradojas</em> capaces de enloquecer al más prudente, que analizaremos en profundidad en el próximo artículo. La más clásica es la que dice: si volvieras al pasado y mataras a tu abuelo, nunca podrías haber nacido ni por tanto haber matado a tu abuelo.</p>

<p><img class="alignnone size-full wp-image-4087" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/posibilismo_elcedazo.png" alt="posibilismo_elcedazo" width="510" height="345" /></p>

<p class="MsoNormal"><em>Analogía ilustrativa de la concepción posibilista. El tiempo se extiende desde el pasado y culmina en el punto presente, más allá del cual, no hay nada.</em></p>

<p>Finalmente, está <strong>el Eternalismo</strong> (que peligrosamente algunos autores llaman también “Block Time”) que es la postura mantenida por Einstein: <strong>tanto el pasado, como el presente y el futuro, existen físicamente</strong>, formando la cuarta dimensión que constituye el espaciotiempo. Como hemos visto en artículos anteriores, la Teoría de la Relatividad nos muestra que el tiempo es sólo otra dimensión más de espacio. Decir que, por ejemplo, el pasado es más real que el futuro, es como decir que la derecha es más real que la izquierda. Considerar el tiempo como la cuarta dimensión del espaciotiempo, significa que debemos olvidarnos de la idea clásica de que el mundo es algo tridimensional que se va modelando con el tiempo. Los cuerpos se extienden no en tres sino en cuatro dimensiones. Para fijar ideas, el Universo “visto desde afuera” sería como un bloque estático, inmóvil, en donde se podría observar todo su desarrollo en lo que nosotros llamamos tiempo, con sólo dirigir la vista sobre una de las cuatro dimensiones que lo forman.</p>

<p>Para los no familiarizados con la Teoría de la Relatividad, esto puede parecer absurdo, y no hay culpa, ya que va contra toda intuición. Pero adentrándonos un poco más, veremos que ésta es la forma más consistente de entender la naturaleza del tiempo, en la Física. En artículos anteriores hemos visto que la Relatividad es determinista: pretende describir la totalidad de los sucesos pasados, presentes y futuros, con certeza absoluta. De ahí que también el futuro se considere como real: ya está escrito por las leyes de la Física –relativista–. Además hemos visto es una teoría <em>reversible</em>, o simétrica en el tiempo (si el tiempo fluyera en sentido contrario, las ecuaciones seguirían funcionando), por lo que el pasado y el futuro tienen en realidad la misma naturaleza.</p>

<p>Esto es a lo que refería Einstein en su famosa carta en memoria de su amigo Besso, que ya hemos citado en otra ocasión pero que no está demás reproducirla de nuevo:</p>

<p><em> </em></p>

<blockquote><em>Michele me ha precedido de poco para irse de este mundo extraño. Eso no tiene importancia. Para nosotros, físicos convencidos, la diferencia entre el pasado, presente, y futuro no es más que una ilusión, aunque tenaz.</em></blockquote>

<p>Es decir, el espaciotiempo está constituido por cuatro dimensiones exactamente iguales (de la misma naturaleza), una de las cuales, a causa de una “ilusión tenaz”, el hombre ha decidido diferenciarla con el nombre de <em>tiempo</em>. Pero según la Relatividad, no hay nada que distinga el tiempo del espacio; el tiempo simplemente no ‘fluye’, como no fluyen las demás dimensiones de espacio. Quizá ese ‘fluir’ sea estudio de la Psicología, no de la Física, según el Eternalismo. Esto no quiere decir de ninguna manera que el tiempo como tal “no exista”; <em>sabemos que es una dimensión más y que el pasado y futuro forman parte del espaciotiempo</em>, pero el ‘flujo’, que lo distingue del espacio, aún no lo comprendemos. Lo que hay que rescatar de todo esto, es que son coherentes –como más abajo veremos– los <em>saltos instantáneos al futuro y al pasado</em>, en el sentido de que en estos ‘viajes’ al menos habría un <em>lugar</em> a donde llegar.</p>

<p><img class="alignnone size-full wp-image-4088" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/eternalismo_elcedazo.png" alt="eternalismo_elcedazo" width="508" height="342" /></p>

<p class="MsoNormal"><em>Analogía ilustrativa de la concepción eternalista. La extensión en el tiempo de los cuerpos ya está completamente determinada por la Causalidad. El presente, no es más que una arbitrariedad. </em><em> </em></p>

<p>Sin embargo, aceptar el Eternalismo significa aceptar el Determinismo, admitir que las Relaciones de Indeterminación de Heisenberg no implican azar o incertidumbre en la Naturaleza, y gritar junto con Einstein que “Dios no juega a los dados con el Universo”. Porque sólo así el futuro tendría realidad física; de otro modo habría que refugiarse en el Posibilismo, que dice que el Indeterminismo implica que el futuro no existe.</p>

<p>Recapitulemos:</p>

<ul>
    <li>Si el Presentismo es cierto, la única      forma posible de viaje en el tiempo es el <em>viaje al futuro mediante dilatación</em> (esto es, la dilatación      del tiempo que se adquiere al moverse a velocidades cercanas a la de la      luz).</li>
    <li>Si el Posibilismo es cierto, es      coherente lo anterior y además podemos plantearnos la posibilidad del<em> salto instantáneo al pasado</em>.</li>
    <li>Si el Eternalismo es cierto, es      coherente todo lo antedicho y además el <em>salto instantáneo al futuro</em>.</li>
</ul>

<p>Todo esto desde el punto de vista conceptual; ahora estamos en condiciones de preguntarnos: <strong>¿la Física contempla la posibilidad de los <em>saltos instantáneos en el tiempo</em>?</strong> Hasta 1949 se creía que no. Pero en ese año, Kurt Gödel halló la primera solución a las ecuaciones de la Relatividad General, que demuestra que, bajo determinadas circunstancias y en determinados fenómenos gravitatorios, puede originarse un <em>bucle en el tiempo</em> (técnicamente una Curva cerrada de tipo tiempo) que permitiría a alguien trasladarse a un punto del pasado del espaciotiempo, como ya habíamos comentado en el artículo sobre <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/04/02/eso-que-llamamos-tiempo-en-la-relatividad-general/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">Relatividad General</span></a>. Desde entonces, físicos de todo el mundo han hallado cientos de soluciones que permiten la existencia de este extraño suceso.</p>

<div id="attachment_4100" class="wp-caption alignright" style="width: 420px"><img class="size-full wp-image-4100" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/07/ctc31.png" alt="Analogía de un espaciotiempo con una Curva temporal cerrada. Con estas características sería posible regresar a un punto del pasado." width="410" height="295" /><p class="wp-caption-text">Analogía de un espaciotiempo con una Curva temporal cerrada. Con estas características sería posible regresar a un punto del pasado.</p></div>

<p>Ahora, ¿en qué fenómenos gravitatorios puede existir una curva temporal cerrada? En la actualidad, el modelo más factible es lo que comúnmente se llama <em>Agujero de Gusano</em> (o Puente de Einstein-Rosen) que, como también vimos en aquel artículo, consiste en dos “bocas” que conectan dos puntos distantes del espaciotiempo, como un atajo. Por ejemplo, si alguien entrara allí, tal vez sólo recorriendo unos miles de kilómetros, acabase en otra galaxia lejana o en el año 5000 a.C. Es el día de hoy que no tenemos evidencia de la existencia de esto, ni sabemos si sería estable de modo tal que sirviera como máquina del tiempo, <em>pero sí sabemos que encaja perfectamente en las ecuaciones de la Relatividad General</em>. En otro artículo próximo examinaremos los fascinantes problemas que dificultan construir una máquina del tiempo de esta especie.</p>

<p>Sin embargo, antes de salir a la calle a gritar que la Física permite el viaje al pasado, tenemos que considerar otra forma de viaje al pasado que aparece en la literatura <em>y que es totalmente imposible</em>, según lo que hasta hoy sabemos.</p>

<p>Como vimos, la máquina de Wells que emplea el <em>viaje al futuro mediante dilatación</em> está avalada por la Relatividad Especial (salvo por el hecho de que no se desplaza a velocidades relativistas). Sin embargo, Wells se mete en problemas cuando, por el final de la novela, el “Viajero a través del tiempo” <em>regresa</em> con su máquina hacia el siglo XIX, describiéndolo así:</p>

<blockquote><em>Debí permanecer largo tiempo insensible sobre la máquina. La sucesión intermitente de los días y las noches se reanudó, el sol salió dorado de nuevo, el cielo volvió a ser azul. […] Las agujas giraron hacia atrás sobre los cuadrantes. […] Empecé a reconocer nuestra mezquina y familiar arquitectura, la aguja de los millares volvió rápidamente a su punto de partida, la noche y el día alternaban cada vez más despacio. Luego los viejos muros del laboratorio me rodearon. Muy suavemente, ahora, fui parando el mecanismo. Observé una cosa insignificante que me pareció rara. Creo haberles dicho a ustedes que, cuando partí, antes de que mi velocidad llegase a ser muy grande, la señora Watchets, mi ama de llaves, había cruzado la habitación, moviéndose, eso me pareció a mí, como un cohete. A mi regreso pasé de nuevo en el minuto en que ella cruzaba el laboratorio. Pero ahora cada movimiento suyo pareció ser exactamente la inversa de los que había ella hecho antes. La puerta del extremo inferior se abrió, y ella se deslizó tranquilamente en el laboratorio, de espaldas, y desapareció detrás de la puerta por donde había entrado antes. […] Entonces detuve la máquina, y vi otra vez a mi alrededor el viejo laboratorio familiar, mis instrumentos mis aparatos exactamente tales como los dejé.</em></blockquote>

<p>Ahora las cosas se tornan un tanto complicadas. ¿Qué se entiende aquí por “viajar al pasado”? A simple vista se podría pensar que la máquina cumple la función de <em>hacer que la evolución en el tiempo del viajero se dé en sentido opuesto al del resto de los objetos</em> fuera de la máquina. Como vimos en otro artículo, <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/03/05/eso-que-llamamos-tiempo-la-flecha-del-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><span style="text-decoration: underline">la flecha del tiempo</span></a> está dada por el aumento de la entropía (dicho mal y rápido, las cosas tienden a desordenarse con el tiempo). Se podría llegar a suponer que lo que está haciendo la máquina es, de algún modo, invertir la flecha del tiempo dentro de la máquina: lograr que la entropía disminuya con el tiempo. <em>Pero el resultado de esto no sería regresar al pasado</em>, sino que el viajero rejuvenezca, mientras el tiempo sigue fluyendo indiferente fuera de la máquina. Desde luego, según la Física actual esto es imposible. Sin embargo, lo que Wells nos está pidiendo que aceptemos, es que la función de la máquina es invertir el curso del tiempo de todo el Universo, excepto dentro de la máquina; y esto claramente pertenece a la fantasía. Para abreviar, vamos a llamar a este imposible como <em>retroceso gradual al pasado</em>.</p>

<p>De modo que la única forma en principio lógica del viaje al pasado, es la emplea un agujero de gusano. Pero existe una objeción muy popular entre aficionados a la ciencia-ficción, hacia los <em>saltos instantáneos en el tiempo</em> del modo en que aparecen en la literatura y el cine. Esta objeción dice así: <em>si viajáramos en el tiempo, no podríamos “materializarnos” </em>[nótese la expresión usada]<em> en el mismo lugar del que partimos, pues la Tierra estaría ya en otro lugar del espacio, teniendo en cuenta que orbita velozmente en torno al Sol, y el Sol en torno al centro de la galaxia, etc. Pero en la literatura y el cine se muestra que el viajero aparece en el mismo punto del planeta que partió.</em></p>

<p>Sencillo. Este problema nace porque algunos escritores imaginan el viaje en el tiempo como una suerte de “desmaterialización” del viajero, y “rematerialización” en otra época. <em>Desde luego, la Física no contempla esta posibilidad</em>. Lo que sí contempla, son los agujeros de gusano, cuyas “bocas” ya estarían definidas en espacio y tiempo antes de que nada viajase a través del agujero. De modo que no existiría, en realidad, ningún problema como el dicho arriba.</p>

<p>Hemos visto cómo la expresión “viaje en el tiempo” tiene múltiples significados: unos los hemos comprobado (<em>viaje al futuro mediante dilatación</em>), otros están avalados por la Física Teórica pero aún no tenemos evidencia (<em>salto instantáneo al pasado</em>), y otros son insostenibles según la ciencia actual (<em>retroceso gradual al pasado</em> y <em>“desmaterialización”</em>). Por eso, cuando leas que alguien habla de la posibilidad o imposibilidad de los viajes en el tiempo en general, sin especificar a qué se refiere, ten mucha cautela; es mejor no sacar conclusiones apresuradas.</p>

<p>De modo que para la pregunta “¿es posible viajar en el tiempo?”, la respuesta más indicada posiblemente sea un rotundo “¡depende a qué te refieres!”. <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/08/17/analisis-de-las-paradojas-del-viaje-en-el-tiempo/" class="liinternal">En la próxima entrada</a>, examinaremos las <strong>paradojas del viaje en el tiempo</strong> más interesantes, y las posibles soluciones que se han propuesto.</p>
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			<wfw:commentRss>https://eltamiz.com/elcedazo/2009/07/28/los-problemas-filosoficos-del-viaje-en-el-tiempo/feed/</wfw:commentRss>
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		<title>¿Qué es el Problema de Gettier?</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jul 2009 17:24:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lucas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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		<description><![CDATA[La parte de la Filosofía que estudia todo lo referente al conocimiento en general, su alcance, su naturaleza, su origen, etc. se llama Gnoseología (o también “Teoría del Conocimiento”). La pregunta por ¿qué es el conocimiento?, nació junto con la propia Filosofía y ha sido tratada por los más célebres pensadores de toda la historia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal">La parte de la Filosofía que estudia todo lo referente al <em>conocimiento</em> en general, su alcance, su naturaleza, su origen, etc. se llama Gnoseología (o también “Teoría del Conocimiento”). La pregunta por ¿qué es el conocimiento?, nació junto con la propia Filosofía y ha sido tratada por los más célebres pensadores de toda la historia.</p>

<p class="MsoNormal">En una de sus obras, llamada “<em>Teeteto</em>”, Platón narra una discusión entre Sócrates y Teeteto, en la que debaten sobre qué es el conocimiento. Allí se explica que la única forma de entender este concepto sin caer en ambigüedades, es definirlo como una <strong><em>creencia verdadera y justificada</em></strong>. Y aunque parezca difícil de creer, esta definición se mantuvo plenamente firme durante toda la historia –claro que surgieron variantes, desarrollos y demás; pero a ésta se la aceptaba como “la definición clásica”–, hasta que en el año 1963, el filósofo estadounidense <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edmund_Gettier" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Edmund Gettier</span></a> desarrolló unos contraejemplos que intentaron demostrar que esta forma de entender el conocimiento no es completa. A estos contraejemplos o experimentos mentales se los denomina como <strong>Problemas de Gettier</strong>.</p>

<p class="MsoNormal">Gettier publicó un artículo muy breve con el título de “<em>Is Justified True Belief Knowledge?</em>” (“¿Es Conocimiento la Creencia Verdadera y Justificada?”), que le valió el reconocimiento y prestigio internacional. El impacto que tuvo ese célebre artículo fue tremendo, ya que con unas simples consideraciones que a primera vista pueden parecer ingenuas, demostró que una creencia verdadera y justificada puede resultar no ser conocimiento; lo que, obviamente, generó una amplísima polémica. Al final de la entrada voy a dejar un enlace al artículo y a una traducción al español. Ahora veamos despacio de qué se trata todo esto.</p>

<p class="MsoNormal">Supongamos que definiéramos al conocimiento simplemente como una <em>creencia</em>. Por ejemplo, si yo creo que ayer llovió, afirmo como consecuencia que tengo el conocimiento de que ayer llovió. Es fácil ver que esto no es consistente, ya que si estoy equivocado y mi creencia es falsa, no puedo aseverar que tengo un conocimiento. Si ayer no llovió, por más que esté convencido (falsamente) de que sí, esta creencia evidentemente no es conocimiento.</p>

<p class="MsoNormal">Entonces mejoremos un poco la definición así: el conocimiento es una <em>creencia verdadera</em>. Por ejemplo, si yo creo que ayer llovió y efectivamente así fue, sostengo por lo tanto que mi creencia es ahora un <em>conocimiento</em>. Pero aún así, esta forma de definir el conocimiento no sirve. Para ver por qué, más claramente, supongamos que arrojo un dado y que tengo la creencia de que va a salir el número uno. Imaginemos que, en efecto, sale el número uno. Mi creencia es entonces verdadera, pero no puedo afirmar que tenía el <em>conocimiento</em> de que saldría el número uno. Sí; mi creencia fue verdadera, <em>pero por mero azar</em>. Y en el caso de la creencia de que ayer llovió, yo pude haberla propuesto por instinto, y de hecho pudo ser cierta –por casualidad–; pero es evidente que mi creencia, aunque verdadera por azar, no constituye conocimiento firme.</p>

<p class="MsoNormal">De esta manera, la única forma (según se explica en el <em>Teeteto</em>) de que una proposición constituya conocimiento es que sea una <em>creencia verdadera y además justificada</em> con evidencia. Veamos. Sigamos con el ejemplo anterior pero agreguémosle algo más. Supongamos que Sócrates tiene la creencia de que ayer llovió y que tiene evidencia firme que lo justifica –como por ejemplo, que él mismo fue empapado por la lluvia–, por lo que la creencia es verdadera y justificada. Ahora sí podemos afirmar que él tiene <em>conocimiento</em> de que ayer llovió.</p>

<p class="MsoNormal">Se entendía que estas tres condiciones –creencia, veracidad y justificación– son <strong>necesarias y suficientes</strong>. Necesarias, porque solamente cuando <em>todas</em> ellas son válidas podemos hablar de <em>conocimiento</em>. Suficientes, porque basta con que sólo se verifiquen esas tres, y no se necesita nadas más.</p>

<p class="MsoNormal">Todo era fantástico; nadie encontraba ninguna falla a esta definición, hasta que apareció el sin duda perspicaz Gettier, aunque algunos señalan que fue <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wittgenstein" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Wittgenstein</span></a> quien había incitado antes el problema que sugiere esta forma de entender el conocimiento. De todas formas, fue Edmundo Gettier quien desarrolló unos célebres contraejemplos lógicos brillantemente sencillos y reveladores, que comprometen a la concepción tripartita del <em>conocimiento</em>, que estuvimos viendo.</p>

<p class="MsoNormal">El ejemplo que voy a poner aquí no es literalmente el mismo que el de Gettier, pero la estructura lógica –que es lo que nos interesa– permanece intacta. Igualmente, luego puedes leer el original.</p>

<p class="MsoNormal">Imaginemos que Platón se encuentra cara a cara con Gettier. Platón ha observado claramente que Gettier tiene un calzado color carmesí, y por otro lado ha corroborado rigurosamente que Gettier recibirá un reconocimiento, por parte del pueblo, por su gran labor como pensador. Es decir, Platón está justificado en afirmar:</p>

<p class="MsoNormal"></p>

<blockquote><strong>(a) Gettier tiene calzado color carmesí <em>y</em> Gettier recibirá un reconocimiento por su labor como pensador.</strong></blockquote>

<p class="MsoNormal">De la proposición anterior, Platón infiere lo siguiente:</p>

<p class="MsoNormal"></p>

<blockquote><strong>(b) El hombre que tiene calzado color carmesí recibirá un reconocimiento por su labor como pensador.</strong></blockquote>

<p class="MsoNormal"></p>

<p class="MsoNormal">Atendamos a esto. Platón está totalmente justificado en aceptar a (b) como verdadera, a partir de los fundamentos que establece (a), para los cuales tiene, como vimos, evidencia firme.</p>

<p class="MsoNormal">Pero supongamos que, a último momento, y sin que Platón lo sepa, el pueblo decide destinar el reconocimiento a Platón y no a Gettier. Imaginemos, además, que Platón también tiene un calzado color carmesí, aunque en ningún momento se percató de ello pues no tenía importancia. Entonces, vemos que la proposición (a) es falsa, <em>mientras que (b) sigue siendo verdadera</em>. Aquí llegamos al quid de la cuestión. <strong>Platón tiene la creencia verdadera y justificada de que (b) y no por ello podemos decir que tiene <em>conocimiento</em> de que (b)</strong>. En otras palabras, la proposición (b) cumple todos los requisitos necesarios para ser considerada <em>conocimiento</em>: es totalmente verdadera, Platón cree en ella y está justificado para hacerlo, pero vemos claramente que él no ‘<em>sabe</em>’ que (b), ya que la ha formulado en virtud de que era Gettier quien tiene calzado color carmesí, y que era también Gettier quien recibiría el reconocimiento.</p>

<p class="MsoNormal">Sí; yo también puse esa cara la primera vez que leí este argumento, pero adentrándonos un poco más veremos que el asunto es más profundo y complejo de lo que parece. Los problemas de Gettier tienen dos puntos o supuestos importantes, de los que el propio estadounidense hace mención en su artículo. Éstos son:</p>

<ul type="disc">
    <li class="MsoNormal">La evidencia y el razonamiento por el cual      justificamos una creencia puede implicar inequívocamente que esa creencia      sea verdadera, aunque de hecho no lo sea. Es decir, es posible justificar      algo falso.</li>
    <li class="MsoNormal">Si se acepta una creencia verdadera y justificada,      también se acepta como verdadera y justificada otra creencia que derive o      esté implicada por la primera.</li>
</ul>

<p class="MsoNormal">Estos puntos fueron los que abrieron la polémica, y que, entre otros, se convirtieron en foco de discusión y críticas. Siguiendo con el ejemplo anterior, Platón está infiriendo una conclusión correcta (que un hombre con calzado color carmesí recibirá un reconocimiento), a partir una premisa errónea, aunque cierta en un principio (que Gettier usa calzado color carmesí <em>y</em> que Gettier recibirá un reconocimiento). Esto significa que su justificación falla, <em>pero existe</em>; y sólo eso es lo que se requiere para conformar conocimiento: que <em>exista</em> una justificación, según la definición tripartita. Entonces, para evitar toda esta dificultad, sería necesario que la justificación también sea totalmente verdadera y así poder hablar de <em>conocimiento</em>. Pero de este modo, necesitaríamos una justificación para la justificación, y una justificación para la justificación de la justificación, <em>ad infinitum</em>.</p>

<p class="MsoNormal">Tales son las dificultades que suscitan los contraejemplos de Gettier, sobre la “definición clásica” del conocimiento (que desde ahora voy a abreviar como <em>CVJ</em>). Pero las consideraciones anteriores no sugieren que la concepción CVJ no sea <em>necesaria</em> para constituir conocimiento, sino que, en última instancia, no es <em>suficiente</em>, esto es, que hace falta alguna condición más, o la sustitución de alguna de las que ya está por otra mejor.</p>

<p class="MsoNormal">Claro que también están los de la opinión de que no hay que tocar nada en la definición CVJ, sino que el problema radica en una confusión de conceptos por parte de Gettier, y que en realidad no existe paradoja alguna. Los filósofos que sostienen esta postura dicen que en los contraejemplos de Gettier, de hecho, no se cumplen las tres condiciones requeridas en la definición CVJ. Los argumentos son diversos, y algunos son más o menos consistentes que otros; por ejemplo se propuso que como en (a) no se cumple la condición de veracidad, todo razonamiento posterior no tiene nada que ver con, ni compromete a, la concepción del conocimiento CVJ. Esto quiere decir que Gettier no habría encontrado una proposición que contradice tal definición, sino una proposición derivada, o sea (b), (aunque inferida correctamente) que resulta ser ambigua. Ambigua porque no especifica el sujeto al que se refiere: no sabemos si se trata de Platón, de Gettier, o de otra persona, quien tiene calzado color carmesí y recibirá el reconocimiento.</p>

<p class="MsoNormal">Pero este argumento no se aplica a otros ‘problemas de tipo Gettier’ –propuestos más adelante, por otros filósofos y lógicos– que tienen una estructura lógica diferente a la del ejemplo de arriba, pero que aún así sugieren que una creencia verdadera y justificada puede no ser conocimiento. Por ejemplo, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alvin_Goldman" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><span style="text-decoration: underline">Alvin Goldman</span></a> propuso en 1976 otro interesante contraejemplo, que básicamente dice así:</p>

<p class="MsoNormal">Imaginemos que en una alejada región, existe una carretera en la que conduce Sócrates con su automóvil. Hacia los lados derecho e izquierdo, él observa una gran cantidad de lo que parecen ser graneros. Pero lo que Sócrates no sabe, es que esos graneros son en realidad fachadas de cartón, que están ahí digamos como decorado para una filmación. Desde la carretera, esos graneros de cartón son totalmente indistinguibles de los graneros de verdad. Si Sócrates llegara a afirmar que tiene el <em>conocimiento</em> que allí hay graneros, sería mentira, ya que no se cumple la condición de <em>veracidad</em>, aunque él <em>crea</em> y esté <em>justificado</em> para hacerlo. Pero supongamos que Sócrates señala un granero al azar que, por casualidad, sí es un granero auténtico, el único verdadero que hay, y dice la siguiente afirmación:</p>

<p class="MsoNormal"><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0 21   false false false        MicrosoftInternetExplorer4  &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;   &lt;![endif]--></p>

<blockquote><strong>(c) Ahí hay un granero.</strong></blockquote>

<p class="MsoNormal">En este caso concreto, <em>su creencia es verdadera y está firmemente justificada</em>. Sin embargo <strong>¿podemos afirmar que Sócrates <em>sabe</em> que ahí hay un granero?</strong> ¿Estamos ante un caso de <em>conocimiento</em>? Atendamos a que él hubiera dicho lo mismo, de haber elegido cualquier otro granero. De esta manera, Goldman presenta otro caso en donde se cumplen las tres condiciones de la definición CVJ y sin embargo no parece tratarse de conocimiento propiamente dicho. Lo que hay que rescatar de este contraejemplo es que, a diferencia del caso de Platón y su calzado, la proposición (c) no se infiere a partir de una premisa falsa. El observar al granero elegido representa una justificación verdadera para afirmar que (c).</p>

<p class="MsoNormal">Los filósofos que sostienen que la definición CVJ es incompleta, se preguntan entonces ¿qué condición hace falta agregar para constituir conocimiento? Respuestas hay de todos los tipos y para todos los gustos; y ninguna está libre de algún intento de refutación. La principal modificación posible, gira en torno a la condición de <em>justificación</em>. ¿Cuándo algo está realmente justificado? Una de las propuestas que ha recaudado varios partidarios, es la de introducir el principio de causalidad (que dice que a todo efecto precede una causa) del siguiente modo: <em>una creencia se convertiría en conocimiento, si esta creencia está apropiadamente </em>causada<em> por aquello que hace que sea verdadera</em>.</p>

<p class="MsoNormal">Por ejemplo, en el caso de Platón y su calzado, la creencia (b) (que “el hombre que tiene calzado color carmesí recibirá un reconocimiento por su labor como pensador”) es verdadera y está justificada, pero la razón por la cual Platón la cree no está <em>causada</em> por aquello que hace que sea verdadera. Es decir, Platón no la cree porque vio su propio calzado y porque el pueblo le dijo que le otorgaría a él un reconocimiento, sino por <em>otra causa</em> (que es que Gettier es el sujeto al que se refiere la proposición). De esta manera, se demostraría que esta definición que involucra la causalidad, explica mejor qué es el conocimiento, que la concepción CVJ.</p>

<p class="MsoNormal">No obstante, este argumento se ve comprometido por el contraejemplo de Goldman, de los graneros. Observemos que la creencia (c) (que “ahí hay un granero”) está <em>causada</em> por el hecho que hace que sea verdadera: que es que ahí hay un granero. Y por otro lado, este argumento de la causalidad recibe también fuertes críticas por quienes defienden a la definición clásica. Por ejemplo, si aceptamos que una creencia sólo se convierte en conocimiento <em>luego</em> de que exista una <em>causa</em> que la verifique, no podremos afirmar que las predicciones científicas y las verdades matemáticas son conocimiento. Por ejemplo, en la proposición: “1 + 2 = 3”, ¿de dónde hallamos una <em>causa</em> para creer que es verdadera? De tal manera, esta solución para los problemas de Gettier no se considera completa. Pero también, persiste la opinión de que dichos problemas en realidad no constituyen una amenaza a la definición clásica, sino que más bien son malinterpretaciones de los conceptos de creencia, veracidad y justificación.</p>

<p class="MsoNormal">Lo cierto es que los problemas de Gettier abrieron y enriquecieron enormemente los debates e investigaciones filosóficas sobre la cuestión de <em>qué es el conocimiento</em>, cuestión que aún hoy está exenta de consenso y que sin duda alguna nos involucra a todos nosotros, como seres pensantes que somos.</p>

<p class="MsoNormal"></p>

<hr />

<p class="MsoNormal">Artículo de Gettier: <a href="http://www.ditext.com/gettier/gettier.html" target="_blank" class="liexternal"><span style="text-decoration: underline">Is Justified True Belief Knowledge?</span></a></p>

<p class="MsoNormal">Una traducción al español: <a href="http://www.box.net/encoded/8685887/85630343/dc32d8b9ee3b752288903874258bfbea" target="_blank" class="liexternal"><span style="text-decoration: underline">¿Es Conocimiento la Creencia Verdadera y Justificada?</span></a></p>

<address>Para investigar más:</address>

<p class="MsoNormal"><a href="http://plato.stanford.edu/entries/knowledge-analysis/" class="liexternal"><span style="text-decoration: underline">The Analysis of Knowledge</span></a> &#8211; Enciclopedia Filosófica de Stanford</p>

<p class="MsoNormal"><a href="http://www.filosoficas.unam.mx/~tomasini/ENSAYOS/Gettier.pdf" target="_blank" class="lipdf"><span style="text-decoration: underline">Un ensayo crítico sobre los problemas de de Gettier</span></a> &#8211; Alejandro Tomasini Bassols (Instituto de investigaciones filosóficas de la  UNAM)</p>

<p class="MsoNormal"><a href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S0120-00622007000300004&amp;script=sci_arttext" target="_blank" class="liexternal"><span style="text-decoration: underline">Otro ensayo crítico</span></a> &#8211; Carlos Emilio García (Universidad de Caldas de Colombia)</p>
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		<title>Eso que llamamos &#8220;Tiempo&#8221; – En la Mecánica Cuántica (II)</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jul 2009 17:27:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lucas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Física]]></category>
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		<category><![CDATA[Dirac]]></category>
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		<category><![CDATA[Universos Paralelos]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy continuamos con la serie en donde exploramos las principales concepciones sobre la naturaleza del tiempo a lo largo de la historia, de forma accesible. En la primera parte de este artículo, comentamos acerca de algunas consecuencias de la mecánica cuántica, como la hipótesis de la discontinuidad del tiempo y la ruptura del concepto de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy continuamos con la <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/eso-que-llamamos-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><u>serie</u></a> en donde exploramos las principales concepciones sobre la naturaleza del <i>tiempo</i> a lo largo de la historia, de forma accesible. En la <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/04/23/eso-que-llamamos-tiempo-en-la-mecanica-cuantica-i/" target="_blank" class="liinternal"><u>primera parte</u></a> de este artículo, comentamos acerca de algunas consecuencias de la mecánica cuántica, como la hipótesis de la discontinuidad del tiempo y la ruptura del concepto de causalidad determinista, en virtud de las Relaciones de Indeterminación de Heisenberg.</p>

<p>Durante el siglo XX, el desarrollo de esta nueva mecánica demostraría cuán equivocados estábamos acerca del funcionamiento básico de la naturaleza, derrumbado muchas nociones filosóficas milenarias, como el determinismo o el monismo, así como resucitando otras profundas concepciones, entre las que cabe destacar la del carácter incognoscible del Universo –<a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/02/22/eso-que-llamamos-tiempo-la-critica-de-kant/" target="_blank" class="liinternal"><u>en el sentido de Kant</u></a>– o la del libre albedrío. Sin embargo, también brotarían nuevas y realmente interesantes implicaciones –a partir del estudio de desconocidos fenómenos subatómicos–, como la posibilidad de la <b>&#8216;bifurcación&#8217; del tiempo</b>, o la <b>Interpretación de Universos Paralelos</b> del físico <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Hugh_Everett_III" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><u>Hugh Everett</u></a> (1930-1982).</p>

<p><img class="size-full wp-image-3945 alignnone" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/06/rio-saskatchewan.jpg" alt="rio-saskatchewan" height="360" width="575"><i> </i></p>

<p><i>El tiempo era antiguamente concebido como un río. Pero el avance de la ciencia nos hizo reconsiderar si en verdad tiene sentido hablar de un único cauce. </i>(Bifurcaciones del Río Saskatchewan. Fuente: <a href="http://www.geo.uu.nl/fg/palaeogeography/results/avulsions" target="_blank" class="liexternal">www.geo.uu.nl</a>)</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" alt="" class="mceWPmore mceItemNoResize"></p>

<p>Especialistas y académicos advertidos están que esta serie sigue la filosofía “<i>Antes simplista que incomprensible</i>”. Además, como se dijo en la entrada anterior, aquí no se pretende explicar detalladamente los fundamentos de la mecánica cuántica, sino sólo mostrar sus principales implicaciones en la investigación de la naturaleza del tiempo, aunque sin necesidad de conocimientos previos. Para quienes deseen introducirse en aspectos de la cuántica en general, tienen la serie <a href="http://eltamiz.com/cuantica-sin-formulas/" target="_blank" class="liinternal"><i><u>Cuántica sin fórmulas</u></i></a>, de Pedro.</p>

<p>Llegar al núcleo de la cuestión que a este artículo concierne, requiere que primero nos familiarizarnos con algunos conceptos.</p>

<div class="mceTemp"><dl><dt><a href="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/06/schrodinger.jpg" class="liimagelink"><img class="size-thumbnail wp-image-3960" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/06/schrodinger-150x150.jpg" alt="Erwin Schrödinger (1887-1961)" height="294" width="294"></a><br /></dt><dd>Erwin Schrödinger (1887-1961)</dd></dl></div>

<p>En busca de un modo más sencillo y menos abstracto que el de Heisenberg, a la hora de describir el mundo subatómico, Schrödinger formuló la famosa ecuación que recibe su nombre (<b>Ecuación de Schrödinger</b>), y que permite estudiar cómo va cambiando un sistema físico, como un electrón libre, a lo largo del tiempo. Él abandona la idea de que el electrón, por seguir con el ejemplo, es una partícula, y encuentra que tratarlo como una onda es más sencillo matemáticamente. El resultado de esa ecuación es lo que se llama <b>función de onda</b> del electrón. Esta función es un aparato matemático que describe completamente al electrón: no representa ninguna magnitud en particular, sino todas a la vez.</p>

<p>No vamos a entrar en detalles, pero sepamos que las distintas características de la función de onda revelan diferentes magnitudes físicas sobre el sistema que se quiere estudiar. Pero recordemos asimismo las Relaciones de Indeterminación de Heisenberg (desde ahora RIH): si en la función, el valor de la velocidad está muy determinado, el valor de la posición será muy difuso, y viceversa.</p>

<p>Esto implica que la función de onda no puede representar el estado exacto en que estará el electrón cuando realicemos la observación, como podría esperarse en la mecánica de Newton o en la de Einstein, sino <i>todos los estados posibles o probables</i>, dentro de lo que permiten las RIH. Ahora bien, todos estos estados posibles del electrón –que determinan por ejemplo los valores de su posición, energía, etc.– se encuentran <i>superpuestos</i> dentro de la función de onda. Vayamos despacio. En la física pre-cuántica lo que se hace es tomar datos de un sistema físico y con una ecuación averiguar cómo va a evolucionar en un determinado período de tiempo, obteniendo <i>el</i> resultado que inequívocamente mediremos en la realidad. Pero en cuántica, lo que obtenemos es una superposición de varios resultados, cualquiera de los cuales puede tener lugar en la realidad. No podemos elegir o inclinarnos por alguno de ellos antes de realizar la observación; el estado en el que se encuentra el sistema (en nuestro ejemplo, el electrón) es un <i>estado de superposición</i>.</p>

<p>Este estado de superposición evoluciona en el tiempo mediante la ecuación de Schrödinger, de una manera que siempre estará formado por los mismos estados básicos. Es decir, no pueden aparecer con el tiempo estados nuevos, ni desaparecer otros, como por ejemplo modo tal que quede uno solo. Sólo cuando se realiza la medición física ‘desaparece’ la superposición y se observa uno solo de los estados previstos. A este proceso se lo llama <i>colapso de función de onda</i>, ya que viola la evolución temporal dada por la ecuación de Schrödinger, que establece que se mantienen todos los estados básicos intactos en el tiempo.</p>

<p>Pero detengámonos un momento. <b>¿Qué significa que distintos estados posibles estén superpuestos?, ¿y qué nos dice esto sobre la naturaleza del tiempo?</b></p>

<p>Uno de los principios más fundamentales y antiguos de la Lógica es el <i>Principio de Contradicción</i> (también llamado “de no contradicción”), que simplemente dice que dos proposiciones contrarias no pueden ser verdaderas al mismo tiempo. Por ejemplo, no es posible que una moneda muestre cara y no muestre cara a la vez. Lógico. Este concepto es importantísimo en la noción de <i>tiempo</i> desde <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/01/15/eso-que-llamamos-%e2%80%9ctiempo%e2%80%9d-%e2%80%93-segun-aristoteles/" target="_blank" class="liinternal"><u>Aristóteles</u></a> hasta Einstein. El tiempo es introducido como necesidad de justificar el hecho de que, en efecto, <i>los contrarios existen</i>, en otras palabras, que en el mundo contemplamos cosas que son de determinada manera y que <i>al cabo de un tiempo</i> son de otra; ejemplo de esto es el movimiento, el cambio. El tiempo interviene para cumplir el papel de <i>orden</i>, de <i>número</i>, como decía Aristóteles. En resumen, una frase célebre de Einstein (algo irónica, claro, pero que ayuda a complementar la idea):</p>

<blockquote><p><i>La única razón para que el tiempo exista es para que no ocurra todo a la vez.</i></p></blockquote>

<p>Ahora bien, el concepto de superposición cuántica viene para complicar las cosas. La mecánica cuántica nos dice que hasta que no realicemos el proceso de medición, no podemos ir más allá de lo que nos muestra la función de onda, que contiene todos los resultados posibles en forma superpuesta. Por ejemplo, supongamos que la función de onda de un electrón nos dice que la posición de éste puede ser (0, 1), (0, 2) o (0, 3) (permíteme suponer que existen dos dimensiones de espacio, ¿sí?) Podríamos pensar: <i>claro, pero aunque no la conozcamos, la posición del electrón debe tener uno de los valores posibles, del cual nos enteramos cuando realizamos la observación</i>. Pero veremos que este argumento no puede sostenerse cuando tengamos en cuenta otras consideraciones. Es necesario aceptar que el electrón está en los tres lugares a la vez. En este proceso, el tiempo muestra una naturaleza distinta a la que estamos habituados, porque <i>los contrarios coexisten simultáneamente</i>, lo cual obliga o bien a rechazar el Principio de Contradicción, o bien a considerar una ‘bifurcación’ del tiempo.</p>

<p>Consideremos el experimento de la doble rendija. Por si no lo conoces o no lo recuerdas bien, aquí dejo un vídeo explicativo. Si eres físico y/o lo tienes muy bien en claro, conviene que lo saltees <i>o el autor de este artículo no se hará responsable del desarrollo de onicofagia crónica o tricotilomanía.</i></p>

<p><object width="425" height="355"><param name="movie" value="https://www.youtube.com/v/KYX4ki7y-xI&amp;rel=0"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="https://www.youtube.com/v/KYX4ki7y-xI&amp;rel=0" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object></p>

<p>Lo que nos interesa de esto es que si intentáramos comprender este tipo de fenómenos con nociones de la física clásica, o más concretamente a partir de la <i>intuición</i>, nos enfrentaríamos con una paradoja, en virtud del Principio de Contradicción. Si le preguntáramos a Newton –o a Einstein– qué sucedería en esta situación, nos diría que el electrón pasa por una rendija o bien por la otra, y evidentemente eso no sucede. Entonces, ¿qué le ocurre al electrón en el momento de atravesar las rendijas? ¿Se divide en dos y se reintegra luego? ¿La indeterminación de su posición permite que esté en varios lugares a la vez? ¿El electrón interfiere consigo mismo, en el tiempo? Al respecto, Werner Heisenberg dice (énfasis mío):</p>

<blockquote><p><i>Este ejemplo muestra claramente que el concepto de función de probabilidad no permite una descripción de lo que sucede entre dos observaciones. Todo intento de encontrar tal descripción conducirá a contradicciones; <b>esto demuestra que el término ‘sucede’ debe limitarse a la observación</b>.</i></p></blockquote>

<p>Lo que está diciendo Heisenberg es tremendo, porque le está concediendo al tiempo un carácter subjetivo –o idealista, si se quiere–, que sugiere que <i>no tiene significado físico lo que ocurre entre dos observaciones</i>, y que el tiempo sólo es tal en tanto es concebido por el sujeto. Tal vez, como decía Kant, no tenga sentido preguntarnos por la cosa en sí, sino más bien qué podemos conocer de ella; es decir, que lo que observamos no sea la naturaleza en sí, sino la naturaleza presentada a nuestro modo de interrogarla. Muy bien pero&#8230; ¿entonces qué significa la función de onda?, ¿es simplemente una abstracción?, ¿qué alianza con la realidad tiene esa abstracción?</p>

<p>Allá por 1957, el físico Hugh Everett propuso la <b>Interpretación de Universos Paralelos</b> (o Múltiples) para intentar encarar estas cuestiones. Antes que nada aclaro que no pretendo exponer una formulación rigurosa de la misma, sino más bien dar una idea intuitiva de lo que significa. Supongamos que tengo un dado común de seis caras. Si yo lo tiro al aire, la “función de onda del dado” me mostraría una superposición de las seis caras, como resultados posibles. Imaginemos que existe la misma probabilidad de que salga cualquiera de los seis números. Lo que dice esta interpretación es que cada resultado posible existe físicamente, pero en distintos universos. Éstos serían exactamente iguales (sí, partícula por partícula), salvo por el desenlace del suceso en cuestión. Si al caer, el dado muestra el número 3 por ejemplo, eso significa simplemente que estoy en el universo en el que la función de onda colapsó de modo tal que salió el número 3; lo que implica que inexorablemente en otros cinco universos habrían salido los restantes números (1, 2, 4, 5 y 6).</p>

<div class="mceTemp"><dl><dt><img class="size-full wp-image-3993" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/06/dados.jpg" alt="No perdamos de vista que el ejemplo de los dados es simplemente una analogía. La interpretación de Everett versa sobre fenómenos subatómicos." height="300" width="301"></dt><dd>No perdamos de vista que el ejemplo de los dados es simplemente una analogía. La interpretación de Everett versa sobre fenómenos subatómicos.</dd></dl></div>

<p>Sé que esto puede sonar extraño, y no hay culpa; cuando Everett publicó su hipótesis fue ampliamente ignorado o rechazado. Pero en las últimas décadas, esta hipótesis estuvo en constante estudio y fue reconsiderada ya que permite dar respuesta a fenómenos de otra forma inexplicables. Según esta interpretación, todos los estados posibles superpuestos en la función de onda tienen lugar en la realidad, pero en universos distintos. Lo que es más, nosotros mismos como observadores también tendríamos nuestros “paralelos” presentes en tales universos, cada uno de quienes observaría un resultado posible.</p>

<p>Algunos físicos y filósofos han calificado a esta hipótesis como no <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/02/15/%C2%BFque-es-la-ciencia-el-falsacionismo/" target="_blank" class="liinternal"><u>falseable</u></a>, lo que significa que no sería susceptible de ser comprobada o refutada por experimentación. Lo cierto es que hasta la fecha no se ha encontrado evidencia –siquiera indirecta– que avale la interpretación de universos múltiples, aunque nada garantiza que en un futuro no se la halle (a la evidencia indirecta). Un comentario final: buscar en la red sobre este tema es una odisea; verás que resulta como caminar en bosques pantanosos cuando encuentras miles y miles de artículos ‘divulgativos’ del tipo “Universos paralelos comprobados”, o disparates similares. Ya sabes cómo son los medios. Mi consejo: cautela.</p>

<p>Retomemos, sin embargo, el tema anterior, que aún hay muchas cosas interesantes por considerar. Existen frecuentes confusiones sobre la ecuación de Schrödinger, como cuando se afirma que no es determinista, lo cual es falso. <i>La ecuación de Schrödinger es completamente determinista</i> porque nos dice exactamente qué función de onda existirá en cualquier instante en el tiempo. Es en el proceso del colapso de la función de onda en donde aparece el indeterminismo, ya que cualquiera de los estados posibles superpuestos puede tener lugar en el universo –si se quiere, en <i>nuestro</i> universo–.</p>

<p>Otro aspecto interesante es que <b>la ecuación de Schrödinger es totalmente reversible en el tiempo</b>, es decir, es igualmente coherente “si pasáramos la película al revés”. Recuerdas que, cuando hablamos de los <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/03/05/eso-que-llamamos-tiempo-la-flecha-del-tiempo/" target="_blank" class="liinternal"><u>procesos reversibles e irreversibles</u></a>, vimos que la dirección del tiempo estaba únicamente determinada por el aumento de la entropía. Para los físicos y filósofos de la época, era algo estremecedor tener que aceptar que la única diferencia entre el pasado y el futuro esté dada simplemente por las probabilidades del desorden. ¿Acaso existirá alguna discrepancia realmente entre pasado y futuro, o se trata de la misma cosa? Acompáñame en el siguiente experimento mental.</p>

<p>Imaginemos que arrojamos una moneda tan fuertemente que queda en órbita alrededor de nuestro planeta. El proceso físico “moneda orbitando planeta” es completamente simétrico y reversible en el tiempo. Si filmáramos este hecho y lo pasáramos de adelante hacia atrás, sería algo totalmente explicable por las leyes de la física. Ahora bien, en ese momento, el lado que muestra la moneda –cara o cruz– está indeterminado. “<i>¿Cómo? ¡Pero no tiene sentido hablar del lado que muestra la moneda pues aún no ha caído!”</i>. Así es, pero por favor concédeme lo que dije antes para que el experimento sirva a lo que deseo explicar.</p>

<p>Mientras que yo no capture la moneda –de algún modo– la “función de onda de la moneda” seguirá mostrando una superposición de los resultados posibles: cara y cruz. Y esta función evolucionará en el tiempo de forma perfectamente reversible. Pero cuando la he atrapado –no me preguntes cómo– la función de onda colapsa hacia uno de los estados posibles <b>y todo este fenómeno deja de ser simétrico en el tiempo</b>.</p>

<p>El proceso de colapso de función de onda, pues, comenzó a ser interpretado como una nueva ruptura de la simetría temporal –como una nueva “flecha del tiempo”– puesto que viola la reversibilidad de la evolución de los fenómenos cuánticos, dada por la ecuación de Schrödinger. E incluso se llegó a postular que este proceso tiene mayor fortaleza que el del aumento de la entropía, a la hora de designar una “flecha del tiempo” objetiva. Pero el problema es que el colapso de función de onda depende plenamente del observador: <b>del sujeto</b>. Entonces resulta algo aún más turbador considerar que el curso del tiempo esté absolutamente establecido por el sujeto, y que no sea nada objetivo.</p>

<p>Lo cierto es que el fenómeno del colapso de función de onda es uno de los que menos entendemos en la actualidad, y que más debates ha generado entre físicos y entre filósofos. Nada podemos asegurar hoy.</p>

<p>Profundicemos un poco más en otro asunto ‘con miga’ sobre este gigante concepto que es el de función de onda. Concretamente, ¿qué tipo de información nos brinda sobre la realidad? Las variables que definen las características y el comportamiento de un sistema físico, y que por tanto pueden ser medidas y operadas matemáticamente, en mecánica cuántica se llaman <i>observables</i>. Habíamos visto que las RIH se dan en ciertos pares de observables, como la posición y el momento lineal (masa por velocidad), que son llamados observables <i>incompatibles</i> o <i>inconmutables</i>, es decir que cuan mayor precisión tenemos en la medición de uno de éstos, menor es la precisión con la que conoceremos a su observable “pareja”. Lo que nos interesa es que para la mecánica cuántica <b>el tiempo no es un observable</b>.</p>

<p>¡¿Cómo?! Esto parece ser un problema bastante grave, pues ¿cómo se explica la relación de indeterminación entre el tiempo y la energía? Volveremos a eso luego. Primero, ¿qué significa que el tiempo no sea una magnitud observable? El asunto es algo complejo, pero básicamente sucede que, a diferencia de los observables, el tiempo es entendido como un <i>parámetro</i>, dentro de la ecuación de Schrödinger, a partir del cual nos ubicamos en el momento en que queremos saber qué pasa con la función de onda que estamos estudiando. Si esto se parece al <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/02/03/eso-que-llamamos-tiempo-newton-vs-leibniz/" target="_blank" class="liinternal"><u>concepto de tiempo de Newton</u></a> (“<i>verdadero, matemático y que fluye sin relación con nada externo</i>”), no es coincidencia. Justamente, en sus comienzos, la mecánica cuántica no tuvo en cuenta el carácter relativo del tiempo y del espacio, que manifiesta la Teoría de la Relatividad de Einstein.</p>

<div class="mceTemp"><dl><dt><img class="size-full wp-image-3961" src="http://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/uploads/2009/06/paul_dirac.jpg" alt="Paul Dirac (1902-1984)" height="353" width="269"></dt><dd>Paul Dirac (1902-1984)</dd></dl></div>

<p>Sólo una mente brillante lograría combinar la noción de tiempo y espacio relativos con las ecuaciones cuánticas. Se trata de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dirac" target="_blank" rel="nofollow" class="liwikipedia"><b><u>Paul Dirac</u></b></a> (1902-1984) que en 1928 encontró una forma muy elegante de lograrlo, lo que le valió el Premio Nobel, al igual que a todos los físicos de los que estuvimos nombrando hasta aquí. Esta combinación de la <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/03/18/eso-que-llamamos-tiempo-en-la-relatividad-especial/" target="_blank" class="liinternal"><u>relatividad especial</u></a> (ojo, no <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/04/02/eso-que-llamamos-tiempo-en-la-relatividad-general/" target="_blank" class="liinternal"><u>relatividad general</u></a>) con la cuántica, desencadenó una serie de totalmente inesperadas y profundas consecuencias. En principio, se pudo explicar por primera vez la relación de indeterminación entre el tiempo y la energía, aunque cuyo significado es algo distinto que el de la posición y la velocidad. Una definición un poco más rigurosa de las RIH que la que estuvimos comentando, sería decir que la indeterminación de la posición (<img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_b56546a86ab832a9b2a5b15f96519319.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\Delta x" />) multiplicada por la indeterminación del momento lineal (<img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_7aa41487a1a40b0077afa0c3331ba111.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\Delta p" />), es siempre mayor a un valor límite, similar a la constante de Planck (<img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_cfa8a20558aa30d06bde0db04975327d.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\hbar/2" />). Lo que se puede expresar elegantemente de la siguiente manera:</p>

<p><img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_e698e1b1b9bfa1a383d73a6cb280980a.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\Delta x \cdot \Delta p \ge \hbar/2" /></p>

<p>Es decir, es imposible reducir la indeterminación a cero; ésta siempre será mayor que la constante de Planck (o más precisamente “constante de Dirac”) dividida en 2. Bien, de manera similar la relación entre el tiempo y la energía adopta la siguiente forma (por favor, no la mires con horror; contempla su belleza):</p>

<p><img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_03955aedf3920dd1e87c7f7cf53104ea.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\Delta E \cdot \Delta t \ge \hbar/2" /></p>

<p>Se entiende, ¿no? Pero ojo, porque <img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_5a72f1304af0783657605aed0e38201a.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\Delta t" /> no hay que interpretarlo como “la indeterminación del tiempo”, sino más bien como el período de tiempo en el que determinamos la energía de algo. Si miramos la ecuación desde otro punto de vista, esto se entenderá muy fácilmente. Pasemos <img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_5a72f1304af0783657605aed0e38201a.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\Delta t" /> hacia el otro lado de la igualdad y nos queda: <img src="https://eltamiz.com/elcedazo/wp-content/cache/tex_84f8fc134affd67fb4a05862425dbc4b.png" align="absmiddle" class="tex" alt="\Delta E \ge \hbar / 2 \Delta t" />. Esto quiere decir que <i>cuanto menor sea el intervalo de tiempo que usemos para medir la energía de, por ejemplo, un electrón, más indeterminada estará esta energía</i>, ya que, como sabes, todo número dividido por algo que tiende a cero, es igual a algo que tiende a infinito. Cuanto más reducimos el intervalo de tiempo, más indeterminada estará la energía.</p>

<p><i>Muy bien, pero ¿me estás diciendo que la energía puede variar arbitrariamente, violando el principio de conservación de energía?</i> <b>Así es</b>; cuando hablamos de intervalos de tiempo ridículamente pequeños, ocurren fenómenos ciertamente extraños. Un aspecto aún más fascinante de la indeterminación energía-tiempo es lo que generalmente se llama “<b>Energía del vacío</b>”. Piensa en esto: imaginemos una región muy remota del universo, totalmente privada de materia y energía; es decir, espacio vacío en el sentido más puro. En este caso –ideal, por supuesto– <i>la energía presente estaría totalmente determinada</i>: cero. Esto violaría la relación de indeterminación entre el tiempo y la energía, por lo que <i>tal espacio vació no puede existir</i>.</p>

<p>¿Entonces qué sucede? Los físicos llegaron a la conclusión de que en los pequeños intervalos de tiempo que admiten las RIH, se deben ‘crear’ cierto tipo de partículas para luego ‘aniquilarse’ entre sí. Bien, pero ¿cómo pueden crearse partículas literalmente de la nada?; ¿de dónde toman la energía? Por más extraño que parezca, de ninguna parte. Sobre esto, Heisenberg dice:</p>

<blockquote><p><i>[...] Por ejemplo, un esquema, cuando es interpretado en términos de acontecimientos reales en el espacio y el tiempo, lleva a <b>una especie de reversión del tiempo</b>; predeciría procesos en los que repentinamente se crean partículas en algún punto del espacio, cuya energía es luego provista por algún otro proceso de colisión entre partículas elementales en algún otro punto.</i></p></blockquote>

<p>Es decir, se podría interpretar que, para crearse, estas partículas toman la energía que se produce cuando colisionan y se aniquilan luego; en otras palabras, <i>obtienen la energía desde el futuro</i>. Es como si compráramos algo al fiado, y pagáramos luego. Pero claro, estamos hablando de intervalos de tiempo ínfimos (y de espacio también; conviene aclarar), casi inconmensurables, en donde parece darse esta “reversión del tiempo”, como decía el alemán. Evidentemente, la naturaleza del tiempo no es nada homogénea, en este sentido.</p>

<p>Demás está aclarar que la existencia de este fenómeno de creación y aniquilación de partículas, demuestra claramente que las relaciones de indeterminación no tienen nada que ver con el proceso de observación, sino que son propias de la Naturaleza. Por otro lado piensa que esto no se da sólo en el vacío del espacio exterior, sino que está teniendo lugar en la habitación en la que lees este artículo, en frente tuyo, dentro de tu cuerpo, etc.</p>

<p>Pero hay algo más –y con este tema cierro el artículo–. Para que las ecuaciones tuvieran sentido, Dirac supuso que en este fenómeno debería tener lugar un nuevo tipo de partículas, con propiedades muy curiosas: <i>las antipartículas</i>. Para cada partícula conocida, existe su correspondiente antipartícula que es exactamente igual, salvo por la carga, la paridad y el tiempo. Hace bastante, Pedro ha explicado breve y claramente de qué se trata esto, así que puedes leer <a href="http://eltamiz.com/2007/05/22/esas-maravillosas-particulas-el-positron/" target="_blank" class="liinternal"><u>este artículo</u></a> antes de continuar. Créeme que vale la pena.</p>

<p>Asumo, entonces, que ya entiendes lo que significa la simetría de carga, paridad y tiempo, entre partículas y antipartículas. Existe un teorema fundamental, que dice que las leyes de la física son las mismas si cambiáramos la carga, la paridad y el tiempo de todas las partículas, esto es, ante las tres simetrías combinadas, lo que se llama como <b>Simetría CPT</b>. Es decir, si invirtiéramos las cargas, pusiéramos al Universo ‘reflejado en un espejo’ e invirtiéramos la dirección del tiempo, todo sería exactamente igual (desde el punto de vista microscópico, claro). En un principio, se aceptaba que cada una de estas tres simetrías por separado también era válida. Pero a mitad del siglo pasado se descubrió que la  C y la P son violadas por ciertos fenómenos físicos, aunque ambas combinadas sí son válidas. Entonces, si la combinación CP se conserva por un lado, eso implica, de acuerdo con el teorema CPT, que la simetría T debe ser válida independientemente: <i>que no existe una dirección privilegiada de tiempo</i>.</p>

<p>Conviene aclarar cómo es eso de que el tiempo es inverso para las antipartículas, ya que frecuentemente lleva a malentendidos. Se podría llegar a pensar que si existiera un planeta con seres compuestos de antimateria, el tiempo para ellos transcurriría de forma inversa a la nuestra. Aunque excitante, esto es falso. Lo que dice la simetría T es que, en lo que respecta a una antipartícula, es decir, desde el punto de vista microscópico, estudiar su comportamiento con las leyes de la física conocidas requiere invertir el signo del tiempo en las ecuaciones. Sí; es como si el tiempo fluyera al revés, <i>pero sólo para la antipartícula individual</i>. Recordemos que en el mundo macroscópico la ‘flecha del tiempo’ está dada por el aumento de la entropía, <i>y éste no distingue entre materia y antimateria</i>.</p>

<p>En lo que respecta al mundo microscópico, no existía nada que indique una dirección –mejor dicho, sentido– del tiempo: para las partículas, pasado y futuro parecerían ser la misma cosa. Sin embargo, en 1964 se descubrió por primera vez un fenómeno que viola la simetría T. Se trata de la desintegración de cierto tipo de partícula (llamada <a href="http://eltamiz.com/2007/08/26/esas-maravillosas-particulas-el-kaon/" target="_blank" class="liinternal"><u>Kaón</u></a> o mesón K). <b>Este hallazgo representó el primer proceso microscópico en donde existe una diferencia física entre el pasado y el futuro</b>. Al contrario de la desintegración de las demás partículas, la del Kaón es la única que si la filmáramos en una película y la pasáramos en sentido inverso, veríamos un fenómeno que no puede existir en el Universo. Este descubrimiento fue de gran trascendencia para la comprensión del tiempo, aunque obviamente aún estamos muy lejos de llegar a un concepto certero.</p>

<p>Espero que esta clase de ‘filosofísica’ no haya resultado demasiado densa. <a href="http://eltamiz.com/elcedazo/2009/07/28/los-problemas-filosoficos-del-viaje-en-el-tiempo/" class="liinternal">En las próximas entradas</a> comenzaremos a desmenuzar el tema más apasionante de la serie: <b>Los viajes en el tiempo</b>. Hablaremos de cómo surge el concepto, de las posibilidades y dificultades teóricas, filosóficas y prácticas, entre otros temas de interés. Hasta la próxima.</p>
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		<title>¿Qué significa ser escéptico?</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jun 2009 15:03:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lucas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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		<description><![CDATA[Quizás no sea una palabra demasiado afortunada para representar lo que en verdad significa. O quizás sea su escasez en nuestra sociedad la que hace que pierda su significado. En cualquier caso, al escuchar, al ver o al leer lo que nos brindan los siempre amados medios de información, nos topamos con un desolador desafío: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0 21   false false false        MicrosoftInternetExplorer4  &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;   &lt;![endif]--> Quizás no sea una palabra demasiado afortunada para representar lo que en verdad significa. O quizás sea su escasez en nuestra sociedad la que hace que pierda su significado. En cualquier caso, al escuchar, al ver o al leer lo que nos brindan los siempre amados medios de información, nos topamos con un desolador desafío: <em>¿en qué creer y en qué no?</em></p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Es alarmante el crecimiento de la difusión de pseudociencias, falacias, y demás disparates que atentan contra el futuro de nuestra sociedad (por no decir de la especie humana). Creo, pues, urgente detenernos a reflexionar sobre esto y empezar a tomar medidas. Por supuesto que no soy el primero, ni seré el último, pero no me sentiría feliz no habiendo hecho mi (modesto) aporte.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Casi irónicamente, la falta de escepticismo conduce a que la palabra <em>escéptico</em> sea malinterpretada. El hombre escéptico es visto (precisamente por el no escéptico) como aquel “reacio a aceptar nuevas verdades”, de “mente cerrada”, “que no cree nada”, y con otros adjetivos despectivos. Aquel que así lo piense no tiene la menor idea de lo que significa ser escéptico. La actitud escéptica <em>no consiste en negar</em> afirmaciones inconsistentes, como por ejemplo “anoche escuché un zumbido que muy posiblemente provino de un platillo volante extraterrestre”, sino en <em>dudar</em>, en <em>examinar argumentos</em>, en <em>buscar evidencias</em>, en no aceptar nada sin <em>previo análisis</em>, con el sólo afán de hallar conocimiento firme. El escepticismo no es un capricho; es una forma de vida.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Pero lo lamentable es que en nuestros tiempos, a parte del hidrógeno, hay otro elemento que sobreabunda &#8212; los charlatanes. Personas que promueven la desinformación, la desculturización, la deshumanización, que se regocijan a costa de la credulidad, ingenuidad y falta de pensamiento crítico por parte de la gente, y que al mismo tiempo visten de traje y atraen multitudes con palabras sabrosas. Sin embargo, ¿qué mejor que me digan lo que yo quiero oír?, ¿qué mejor que leer a quienes apoyan mis <em>creencias</em> e ignorar a quienes se contraponen? ¡Qué agradable sensación! No, esa actitud no conduce ningún lado. Eso sí es tener una “mente cerrada”.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Las falacias, pseudociencias, y manipulaciones de pensamiento no tienen hábitat particular; están en todas partes: en la radio, en la televisión, en periódicos, en libros, en conferencias, en la calle, en el hogar, y nosotros las repetimos o efectuamos corrientemente sin detenernos un momento a reflexionar sobre su coherencia y consistencia. Y lo peor es que aparentan ser verdades tan obvias que las hacemos parte de nuestra vida. Sé que estoy describiendo el caso extremo, pero asimismo consideremos algo más <em>blando</em>: la publicidad comercial.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Según el comerciante, el producto que ofrece es <em>sensacional</em>, tiene el mejor precio y es la opción más inteligente que el comprador puede elegir. ¡No posee desventaja ni inconveniente alguno! El buen comerciante alimenta a sus posibles compradores con palabras de gozo y satisfacción, logrando en el atónito cliente una sensación de <em>ansias de poder</em>. Un poder que sólo puede conseguir adquiriendo el producto. Ante estas circunstancias, alguien más despierto se para y dice “¡momento!, ¿qué me está ofreciendo este señor?, ¿qué ganaría él, vendiendo un producto tan fantástico a tan bajo precio?, ¿realmente necesito esto?”. La actitud escéptica está en cada persona por naturaleza, <em>pero hay que desarrollarla</em>.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Es muy poco común que en casos como el anterior —que más que nada es una fábula ilustrativa— el sometido se ponga en el lugar del dominante, es decir, que el ‘comprador’ se ponga a reflexionar tal si fuera el ‘comerciante’, con el objeto de desentrañar sus intensiones y arremeter de forma más adecuada. Ésta es una herramienta tan valiosa como escasa, cosa que usted puede comprobar.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Ante cualquier argumento que escuchamos o leemos, por más evidente o agradable que luzca, es conveniente desmenuzarlo y analizarlo detenidamente. ¡¿Qué?! ¿Y por qué me tengo que tomar yo la terrible tarea de <em>pensar</em>? ¿No es más fácil dejarse llevar por el <em>instinto</em>? ¿No es más fácil que otros piensen por mí? Hasta este punto está llegando nuestra sociedad. Ante la pregunta <em>¿en qué creer y en qué no?</em>, la mente tiene programado un procedimiento automático que es necesario reconocer y desterrarlo, que es el siguiente:</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Si la <em>creencia</em> favorece la <em>intención</em> con la que uno se ha hecho la pregunta, entonces debe ser verdadera, y si no la favorece entonces debe ser falsa. En otras palabras, si la creencia en cuestión puede resultar provechosa o beneficiosa para nuestra vida, entonces se tiende a afirmar que debe ser verdadera, y si es incómoda o complicada se tiende a sostener que es falsa. Esto, desde luego, <em>es un error tremendo</em>, y lo preocupante es que lo llevamos a cabo a cada momento sin percatarnos de ello.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Un ejemplo exagerado: “<em>la noche pasada vi una extraña luz en el cielo, ¿habrá provenido de una fuente extraterrestre? Me parece muy factible que sí</em>”. Veamos cuál es el razonamiento. La pregunta consiste en si la extraña luz pudo provenir de una fuente extraterrestre. Si la respuesta fuese <em>no</em>, sería algo muy frustrante y decepcionante, por lo que esta respuesta debe ser falsa. Si en cambio la respuesta fuese <em>sí</em>, sería algo muy emocionante y excitante, y en consecuencia <em>es mejor </em>que esta respuesta sea verdadera. Es decir, si en las circunstancias descritas uno se hace la pregunta “¿habrá provenido de una fuente extraterrestre?”, lo está haciendo con la <em>intención</em> de encontrar una respuesta afirmativa, si no ¡qué injusta sería la vida!, ¿no?</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Otro ejemplo menos exagerado: en la antigüedad se creía que nuestro planeta era el centro del Universo. Después apareció Copérnico con la teoría heliocéntrica (que en realidad era de Aristarco de Samos), diciendo que nuestro planeta no tenía nada de especial, sino era uno más entre tantos, girando en torno al Sol. ¿Cómo fue tomada esta proposición? Evidentemente, que nuestro planeta sea <em>uno más</em>, sin nada de especial, es algo nada agradable, muy desafortunado, por lo que la teoría heliocéntrica debe ser falsa. Que, en cambio, nuestro planeta sea el centro del Universo, es muy reconfortante, nos da la sensación de <em>poder</em>, de <em>autoridad</em>, etc. y por eso es <em>mejor</em> que esta proposición geocéntrica sea verdadera. ¡Qué decepcionante sería si sólo fuéramos un planeta más!</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Después de examinar estos dos ejemplos falaces, creo que se habrá entendido a dónde apuntaba antes. La tarea del científico es hallar conocimiento firme por medio de la <em>evidencia</em> fundamentalmente, sin importar si nos <em>convienen</em> o no las conclusiones que obtengamos. En el siglo pasado, por ejemplo, los físicos tuvieron que convivir con una ingente cantidad de conclusiones incómodas que contradecían toda intuición, durante el desarrollo de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica, y no por eso abandonaron su labor, sino todo lo contrario. Esta actitud es la que necesitamos.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Por eso, conviene tener muy en cuenta las diferencias de razonamiento entre el científico y el pseudocientífico (ufólogos, parapsicólogos, y demás charlatanes), para identificarlos fácilmente:</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">El pseudocientífico identifica (o inventa) un fenómeno y formula una hipótesis (muy bonita, por cierto) que intenta explicarlo. Todo lo que hará el pseudocientífico desde este momento y por el resto de su vida, será defender su hipótesis, sin someterla a prueba, y buscando argumentos alternativos para explicar las posibles refutaciones que aparecieran. Es decir, su hipótesis es irrefutable: no puedes luchar contra él; él tiene la razón y punto.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">En cambio, cuando el <em>científico</em> observa un fenómeno o detecta algún problema con explicación desconocida, formula una hipótesis (sea muy bonita o desagradable) para intentar justificarlo. Inmediatamente después, el científico hará todo lo posible por intentar refutar su propia hipótesis (sí, refutarla) sometiéndola a distintas circunstancias pertinentes, y en caso de no conseguir ninguna experiencia que la contradiga, y que la <em>totalidad</em> de los experimentos la apoyen, esta hipótesis se convertirá en Teoría. De lo contrario, en caso de encontrar algún experimento que la refute, la actitud del científico será la de aceptar la ineficiencia de su hipótesis y buscar otra que se ajuste mejor a la realidad.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Note la riqueza y lo mucho que nuestra sociedad debe aprender de la actitud científica. Pero hay una cosa que quiero aclarar de lo anterior. Existe un mito casi pandémico sobre la palabra <em>Teoría</em>. Doy un ejemplo clásico: “La teoría de la evolución de Charles Darwin mostró que las especies provienen de ancestros comunes” a lo que se le suele responder: “¡Ah, pero eso es <em>tan sólo una teoría</em>!” Francamente, no sé qué es lo que entienden por “teoría” quienes responden de esa manera, pero me parece que se confunden con el término de “hipótesis”. Una teoría no es un invento divagatorio que pretende explicar algo, sino una hipótesis <em>comprobada</em> o fundamentada por <em>evidencia firme.</em> Claro que una teoría no es la última palabra, pero es el modelo más consistente y que mejor se ajusta a la realidad; de eso se trata la ciencia.</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">Pero lo preocupante es que la <em>industria de la desinformación</em> no descansa, y cada día ataca con nuevas armas. La astrología, la ufología, la medicina alternativa, la parapsicología, etc., etc., son recibidas con los brazos abiertos y gran gratitud, ya que ofrecen un paquete de soluciones mágicas y tan fantásticas que sería necio no aprovecharlas. Y peor es cuando se difunden a tal magnitud, que hay quienes empiezan a mirar con malos ojos a la ciencia. ¿Se da usted cuenta de lo grave que es esto? ¿En qué acabará nuestra sociedad? ¿En qué acabará la humanidad?</p>

<p class="MsoNormal" style="margin-top: 6pt;">La belleza de la ciencia es infinita; no porque ofrezca todo tipo de soluciones mágicas, sino por su magia; no porque nos dé todas las respuestas, sino por sus preguntas; no porque sea un trabajo cuadrado y cerrado, sino porque abre fronteras; y no porque ambicione perfección, sino porque orgullosa está de su incompletitud.</p>
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