Regístrate | Conectar
El Tamiz Libros Recursos Series Únete 3 Users Online
Skip to content

Biografía del Universo 15: La sinfonía del Universo I




a lo largo de los primeros 380.000 años

A estas alturas de nuestra serie, y ya lo veníamos advirtiendo en anteriores entradas, sabemos que el Universo había emprendido un largo camino de monotonía que iba a durar casi cuatrocientos mil años. Como dijimos en el capítulo 3, tras la inflación el universo pasó de tener un tamaño algo menor que un protón reducido en un factor de 10-20, al de una “esfera” de 10 centímetros. Muchas veces se habla del tamaño de una naranja, pero ahora apuesto por la metáfora de una granada, repleta de multitud de infinitesimales granos jugosos preñados de una inestabilidad cuántica surgida durante la inflación exponencial. Ya veremos el porqué de la comparación.

Primero la radiación y luego la materia fueron los que iban manipulando su dinámica al fijar las tasas de expansión, por la que progresivamente disminuía la densidad del plasma que rellenaba el Universo. Pasó por un momento en que tuvo la del agua, luego atravesó el nivel de la del aire y no paró, pues se encaminaba hacia un estado en el que cada centímetro cúbico iba a tener tan sólo unos 103 átomos.[1]

En un primer plano la representación artística de como debía moverse el plasma inicial del Universo impulsando unas ondas sonoras. En el horizonte lejano se proyecta nuestra época, en donde algunas galaxias lucen como congeladas luminarias de este sonido cósmico. A lo largo de estas entradas iremos explicando su trasfondo. (Imagen: Wayne Hu, Universidad de Chicago, fair use)

Durante la inflación se habían ido magnificando las ligeras inestabilidades cuánticas primordiales que habían devenido en materia tan pronto finalizó. Se había generado un plasma de núcleos ligeros, electrones, fotones, neutrinos y algunas partículas de otros sabores, que se encontraban en equilibrio térmico inmersos en “océanos” de materia oscura, completamente ligados como si se tratara de un gas. Las cargas de protones y electrones se cortejaban y los fotones de la radiación no conseguían desatarse de las interacciones Thomson con los electrones mientras la materia oscura quedaba indiferente a la influencia electromagnética. La materia bariónica no solo estaba sujeta a la interacción con la radiación, sino que también se veían forzada por la gravedad, en gran medida producida por la materia oscura, que la comprimía en los puntos de mayor densidad. La progresiva densificación al irse acumulando más y más materia hacía que su temperatura aumentase hasta un momento en que la presión de la radiación, cada vez más intensa con la compactación de la materia, inducía un rebote. Como consecuencia la materia se expande, disminuye su densidad decayendo también la presión del plasma, con la consecuencia de que la materia oscura recupera la capacidad de contraer de nuevo el plasma de la región, aumentando así la densidad… con lo que el ciclo comienza de nuevo. Cada una de esas zonas hijas de la inestabilidad cuántica conforman un grano de nuestra imaginaria granada cósmica. Había sucedido que en su centro “alguien” había dado una palmada, un plash seco, que indujo una dinámica, un movimiento que se comporta como una onda estacionaria. Podéis imaginar la cuerda de una guitarra constreñida entre sus dos extremos. Si la pulsamos se genera en ella una onda que inicialmente se propaga hacia sus extremos fijos. Allí rebota y vuelve hacia el centro interfiriendo en su camino con la onda primera. La consecuencia de ese proceso es que la cuerda parece ondear atada a sus extremos, dibujando un patrón característico de cumbres y valles que es lo que caracteriza a una onda estacionaria que no se desplaza longitudinalmente sino tan solo vibra arriba y abajo.

Esquema de una onda estacionaria (en negro) resultado de la superposición resonante de las ondas roja y azul que se desplazan a la misma velocidad, aunque en sentidos contrarios.

 Lo mismo en cada punto del plasma de cada grano de la granada, en donde la presión ondeaba en 3D arriba y abajo. Y al igual que el sonido o las ondas del mar son un vaivén en las moléculas del gas de la atmósfera o del agua, el plasma del Universo quedaba así repleto de resonancias sonoras que más que extenderse por el espacio lo hacían vibrando en el tiempo, bandeando confinadas entre los extremos espaciales de cada uno de los granos que se iban expandiendo con el paso del tiempo. Una especie de vóxeles “esféricos” en cuyo interior pulsaba la presión montada en una onda estacionaria, con todos sus armónicos, y que se agitaban a la velocidad del sonido adecuada a las características de aquel medio plasmático en el que dominaba la radiación[2] El Universo como una granada conformada por granos en expansión cuyos interiores pulsan y pulsan.

Sé que voy a ser reiterativo, pero quiero insistir en algo fundamental. Hay que olvidarse de la expansión de Hubble que afectan exclusivamente al tamaño de los granos que crecen según lo hace a(t), el factor de escala: las ondas de presión se movían exclusivamente en el tiempo no en el espacio. Aunque convivan y realmente sean las inductoras de un arrastre espacial de la densidad de la materia, como veremos más tarde. Es cierto que estamos hablando de una velocidad, la velocidad del sonido vs en el plasma, pero simplemente nos está diciendo cómo viajan las oscilaciones resonantes de la onda estacionaria por el plasma de un grano cósmico a lo largo de la longitud de su caja de resonancia L como he intentado resaltar en la figura anterior. Dependiendo de cómo viajen, L/vs, en cada punto espacial quedará condicionada la amplitud temporal de la vibración de la onda estacionaria. Lo que a su vez tendrá que ver con cuán rápido viajan a través del espacio, el interior de los granos, las perturbaciones de densidad de la materia.

Realmente todas las ondas de todos los granos, todos sus armónicos,[3] se encontraban en perfecta sincronía ya que todas habían empezado a la vez en el mismo instante del recalentamiento tras el Big Bang. Quizás con la distinta intensidad que les daba su particular pozo gravitatorio, pero al unísono. Algunas se superponían parcialmente, aunque otras nunca lo hicieron porque no les dio tiempo a contactar antes de la recombinación en el año 380.000 tras el Big Bang, cuando finalizó este baile y de la que hablaremos en el capítulo 17.

En el fondo sería como una sala de conciertos, quizás escuchando la Octava de Beethoven, la Pequeña Sinfonía, en un auditorio cuyo entorno está repleto de sones, muchos de ellos ondas en el rango de frecuencias audibles para el hombre. Unas provendrán de los violines o las trompetas, y serán más agudas, mientras que otras las habrán emitido los contrabajos o los trombones y serán más graves. Montados en las ondas fundamentales de cada instrumento se encuentran además cientos de armónicos, que dan colorido y cuerpo a la música de la sinfonía. De la misma manera los armónicos de las ondas de presión en el plasma del Universo apuntalaban los matices del futuro dibujo de la materia. La gran diferencia con el símil musical es que las ondas del plasma primordial tenían amplitudes de ¡cientos de miles de años luz!

La pregunta es: ¿cómo se generaron estas ondas de presión? Porque, a fin de cuentas, una onda sonora es exactamente una onda de presión que apelmaza y relaja la densidad de las partículas de la materia mientras va viajando por el espacio. Luego… empecemos por la materia.

Creemos que en el plasma del Universo se había quedado dibujado el patrón de fluctuaciones cuánticas que se habían generado durante las primeras fases expansivas provocadas por el campo inflatón.[4] La tremenda aceleración hizo que estas fluctuaciones se extendieran por todo el Universo de una forma prácticamente homogénea. Y ya sabemos también que desde el mismo momento en que se frenó la energía expansiva del proceso y se transformó en materia distribuida homogéneamente por el Universo, ésta heredó el barniz de las fluctuaciones cuánticas iniciales. El tejido espacio-temporal del Cosmos había quedado como un mosaico de zonas con distintas densidades de materia aunque bien es verdad que la diferencia entre unos y otros lugares era tan escasa que podemos imaginar al plasma primigenio como casi perfectamente homogéneo. Con el permiso de la materia oscura que lo va a poner a trabajar.

Ya tenemos en danza a nuestra metafórica granada con sus granos, coloreados de inestabilidades cuánticas, con sus estable escala comóvil[5] aunque se estuviera expandiendo desde la salida de la inflación. En su interior la onda sonora se transmitía a la velocidad de la luz extendiendo su longitud de onda hasta un tamaño esférico igual al tiempo transcurrido multiplicado por la velocidad del sonido en el medio del plasma gas. No hay nada más rápido que la luz, así que cada grano así definido era una unidad de información bastante homogénea comparando lo que pasaba en unos y otros debido a la inflación exponencial, aunque sutilmente diferenciados gracias a las alteraciones cuánticas que se habían producido durante la excursión exponencial.[6] Y como la gravedad también ejerce su influencia con la velocidad de la luz, cada grano de la granada “cósmica” constituía también una unidad gravitatoria. Y de eso va lo que sigue.

Si hacemos zoom sobre una cualquiera de las zonas del mosaico que era el Cosmos en aquellos momentos, un grano de la granada, veremos dos tipos de materia: la bariónica, formada básicamente por protones, neutrones, electrones y neutrinos, y la materia oscura, que no sabemos realmente lo que es pero que abulta como cinco veces la bariónica. Realmente hay mucha materia oscura.[7] Gracias a la incesante expansión, las partículas de materia bariónica y de la oscura iban diluyéndose cada vez más en la menguante densidad del plasma. Cada vez les costaba más encontrarse e interactuar entre ellas, aunque eso no quería decir CIERTAMENTE que no lo hicieran.

Veamos lo que le sucedía a la bariónica.[8] Sus principales actores, los protones y electrones, junto con los fotones de la radiación que los bañaba, seguían yendo forzosamente de la mano, ya que no podían ir muy lejos unos de otros. Los protones de carga eléctrica positiva y los electrones negativos, aunque en las cercanías se movían separados, intercambiando cómplices guiños gracias a sus cargas opuestas. Los fotones que constituían la radiación del plasma aún tenían energía suficiente como para, al chocar con ellos, impedir la unión definitiva de cargas opuestas. Aunque con la que tenían les sobraba como para interactuar con los electrones a través de choques dispersivos del tipo Thomson (ver imagen siguiente), tras los que el fotón salía en una dirección distinta a la que traía antes de la colisión, con la misma frecuencia y sin haber perdido energía. Así, la radiación y la materia bariónica, unidas por el pegamento de los electrones, vivían un escenario de continuos choques y dispersiones, de forma que la primera -la radiación- era incapaz de volar libre e independiente.

Esquema de lo que sucedería en una burbuja de inestabilidad cuántica en el plasma primigenio mientras el Universo se expandía. Protones y electrones unidos por la fuerzas de Coulomb mientras la radiación interfería a través de dispersiones de tipo Thomson (Imagen: Wayne Hu, Universidad de Chicago, fair use)

Dentro de ese plasma de protones, electrones y fotones pasaban además otras cosas curiosas que pudieron condicionar la evolución del Universo y sus estructuras. Protones y electrones son “fantasmas” eléctricos, cargas positivas y negativas, que como acabamos de comentar se movían independientemente. Las cargas eléctricas en movimiento inducen campos magnéticos. Y aunque las separaciones entre cargas y las corrientes creadas por la transferencia de cantidad de movimiento en las interacciones con los fotones eran muy pequeñas, fueron de gran importancia para la generación de campos magnéticos en los primeros tiempos. Una vez que surge un campo magnético es como una “semilla” que puede volverse más grande y fuerte al alinear con él a otros campos más débiles. En palabras del astrofísico teórico del Instituto Max Planck de Astrofísica en Garching, Torsten Enßlin: “El magnetismo es un poco como un organismo vivo, porque los campos magnéticos aprovechan cada fuente de energía libre que pueden retener y crecer. Pueden propagarse y afectar con su presencia a otras áreas, donde también crecen.” Los campos magnéticos primordiales que estaban presentes en el plasma en aquellos momentos y que, como hemos insinuado, eran las semillas iniciales de los potentes campos magnéticos cósmicos que vemos hoy en día,[9] estarían induciendo también fluctuaciones a pequeña escala en la densidad bariónica del plasma primordial. Estas faltas de homogeneidad van a tener su importancia más tarde durante la fase que conocemos como recombinación, cuando el Universo cumplía los 380.000 años y los electrones comenzaban a unirse a los núcleos atómicos. Esos campos magnéticos primordiales hacían que la recombinación no fuera perfectamente homogénea, lo que alteró los picos y las alturas de las anisotropías a gran escala en la radiación del fondo cósmico de microondas. Pero quizás nos hemos adelantado. Prosigamos con nuestro hilo argumental.

La burbuja de materia y radiación es comprimida por la gravedad para pasar luego a ser expandida por la presión que la radiación interior producía al haberse incrementado en el proceso de compactación. . Ello era lo que generaba la dinámica oscilatoria que se comenta en el texto. A la par la burbuja se expandía con el Universo.   (Imagen: Wayne Hu, Universidad de Chicago, fair use)

Con la materia oscura la vida era más tranquila, ya que, como ya se ha mencionado, tiene una propiedad particular y es la de que no interactúa con el campo electromagnético: los fotones son incapaces de “verla”. De forma que aquellos momentos este tipo de materia era transparente para la componente de radiación del plasma. El conjunto hacía que el plasma del Universo durante una larga etapa, sobre un fondo de materia oscura, se comportara como una niebla espesa y opaca a la luz, con unos fotones cambiando continuamente de dirección choque tras choque. Algo muy parecido les pasa a los fotones generados en el interior del Sol, que tardan entre un mínimo de diez mil y un máximo de ciento setenta mil años en poder acercarse a la superficie de la estrella y escapar definitivamente de la materia.[10] Si hubiera habido forma de ver a aquel plasma desde fuera, cosa imposible, pues fuera del Universo se postula que no hay nada, no hubiéramos sido capaz de penetrar sus brumas y saber cómo era en su interior.

Y aunque la materia oscura no se viera afectada por el electromagnetismo, la gravedad estaba presente y ejercía su acción compactando las partículas de materia, incluidas las de la materia oscura. En los puntos de la niebla de nuestro plasma-gas, que como resultado de las fluctuaciones cuánticas iniciales habían quedado más densos en materia, la gravedad actuaba aglomerándola aún más, incluso absorbiendo el plasma-gas de sus alrededores. Lo cual hacía que en estas zonas especiales la densidad aumentara, las partículas se aceleraran y la temperatura se incrementara. Como consecuencia, la presión interna de la radiación allí presente se iba haciendo mayor al irse recalentando por la creciente compresión gravitatoria, hasta que llegaba a ser tan intensa que podía dominar y contrarrestar a la gravedad, iniciándose una onda de presión ¡nuestra onda sonora! que arrastraba a la materia y la radiación acumulada hacia un proceso expansivo que no tenía nada que ver con el del Universo. Como resultado de este proceso, se descomprimía la zona y se relajaba su densidad de materia. Hasta un momento en el que la gravedad volvía a dominar… ciclos de compresión-expansión, algo parecido a lo que decíamos al principio del capítulo acerca de pulsar una cuerda de guitarra que vibra sinusoidalmente a lo largo de su longitud. Como decimos, esas eran las tan citadas ondas acústicas. A pesar de que el proceso lo inicia la atracción gravitatoria de la materia oscura, el “pulsado” definitivo de la cuerda lo produce la radiación, por lo que el proceso siguiente de expansión sólo afectaría a la materia bariónica ya que, como hemos dicho, la oscura era transparente a los fotones.

Eso pasaba en cada uno de los granos de nuestra granada cósmica, compresión-expansión, en mayor o menor grado dependiendo de la cantidad de materia y energía que les dejó en herencia las fluctuaciones cuánticas. Cada grano-burbuja iba creciendo de tamaño motorizado por la expansión del Universo aunque manteniendo la dinámica oscilatoria en todo su conjunto. Personalmente me ayuda a imaginarlo pasando a un modelo unidimensional: una cuerda de guitarra anclada en el diámetro de la esfera de la burbuja, cada vez más larga debido a la expansión del Universo, dibujando una onda estacionaria, con todos sus armónicos. Lo detallaremos más en la siguiente entrada.

Evolución de la onda sonora del plasma a través del tiempo. Z es el corrimiento al rojo y 480 Mly (millones de años luz) la distancia máxima a la que pudo elongar su longitud antes de que la recombinación la “congelara”, distancia conocida como como horizonte acústico (de todo ello hablaremos con más detalle en otro capítulo). El eje horizontal indica el radio de la burbuja en cada momento, normalizado en cada cuadro de acuerdo a la idea de escala comóvil. En el eje vertical se indica el exceso de densidad de la perturbación sobre la media del plasma (Imagen: Daniel Eisenstein, fair use)

Como consecuencia de esa dinámica en el centro más o menos relajado quedaba una materia oscura que seguía comprimiéndose gracias a su propia gravedad y una radiación menos energética, más fría. El proceso general queda reflejado en la secuencia de imágenes anterior en la que cada cuadro representa la situación de la burbuja en un momento determinado de la vida del Universo, con la distribución de materia y energía que habría en su interior. Acaba en el año 380.000 que es cuando la radiación se evade finalmente de la materia, proceso y fotograma que explicaremos con detalle en otro capítulo. En el cuadro b. vemos cómo a los 14.433 años ya se habían desacoplado ambos tipos de materia, iniciando la bariónica la cresta de la onda esférica. Con el tiempo se va estabilizando hacia su máximo alcance -horizonte acústico-, indicado con la barra vertical de trazos grises. El efecto gravitatorio de la materia bariónica afecta a la materia oscura que había quedado en el centro de la perturbación inicial y arrastra a la última en cierta medida hacia fuera. Mientras, se ve cómo los fotones van acompañando al frente de onda bariónico y sólo empiezan a desacoplarse cuando llega la edad de 380.000 años.

Como hemos dicho repetidamente, esto sucedía en mayor o menor grado en todos los puntos del plasma. Dependiendo de sus densidades particulares, resultado de las condiciones de la fluctuación cuántica que allí se había producido durante la inflación, cada una de las ondas generadas de partículas bariónicas y de radiación esclava presentaban su propio patrón. Todas ellas coincidían acopladas en el tejido del espacio-tiempo, por lo que al interferir espacialmente unas con otras hacían del plasma un mar embravecido cruzado por un patrón de ondas heterogéneo. Crestas elevadas de materia oscura y otras menores de materia bariónica. No en vano la primera era en masa unas seis veces la segunda. Y todo esto incansablemente a lo largo de 380.000 años, momento que entenderemos su porqué en la siguiente entrada.

Después de todo lo dicho ahora creo que ya podemos imaginar fácilmente que cada punto de nuestro Universo, según sus características de densidad y temperatura, se comportaba como un oscilador resultado de los procesos internos de compresión y expansión. Es lo que hemos llamado tantas veces antes de ahora, a lo largo de estos capítulos, ondas sonoras del Universo primigenio.

            

Las imágenes artísticas animadas anteriores[11] (haz clic sobre ellas si no se mueven) pueden permitirnos imaginar bastante bien el proceso que un poco más arriba nos habíamos atrevido a describir como “…un mar embravecido cruzado por un patrón de ondas heterogéneo”. Las dos de arriba hay que verlas de forma correlativa como un inicio del pico de onda que con el tiempo se va extendiendo hacia afuera del centro donde se originó, lo que corresponde a la de una sola burbuja generada en un particular punto del plasma, un grano de la granada. Intentan modelar tridimensionalmente las curvas 2-D de evolución presentadas más arriba. Realmente hay infinitud de burbujas pisándose parcialmente unas a otras, con el resultado para la evolución del Universo que intenta representar la imagen inferior.

Supongo que ahora podemos entender bien la analogía que hacía con una obra musical. En ella cada instrumento, con su timbre y color característico, genera su patrón de ondas y frecuencias, generando con su dinámica conjunta una fantástica armonía. El Cosmos también tiene sus instrumentos en la diversidad local de la densidad de su plasma: cada uno de los puntos que habían emitido su particular onda de materia bariónica era uno de ellos, que al sonar acoplados generaron un vaivén musical,[12] quizás cacofónico para nuestros gustos, pero que no deja de ser su melodía.

En este punto en que nos acabamos de encontrar con el susurrar de la música primordial del Universo primitivo vamos a hacer un intermedio. El reposo nos ayudará a asimilar el concepto antes de avanzar en su teoría. Que será en la próxima entrada.

  1. Eso sería al final de esos 380.000 años. Añado aquí un sencillo cálculo para que nos hagamos idea: Sabemos que la composición de átomos en aquel momento era básicamente de 75% de hidrógeno y 25% de helio 4, por lo que un átomo medio pesaría [0,75 x 1 + 0,25 x 4]= 1,75 unidades de masa atómica (uma). Cada uma equivale a 1,7 x 10-27 kilogramos, luego la densidad sería 1,75 uma/cm3 x 1,7 x 10-27 kg/uma x 103 gr/kg x 103 átomos ≈ 3 x 10-21 gramos/ cm3. Por comparar: en condiciones normales la densidad del agua es de 1 gramo/ cm3 y la del aire, 1,4 x 10-3 gramos/ cm3 . Llevada esta cifra a día de hoy, tras una dilatación espacial de 1.100 veces, lo que hizo que el cm3 inicial se convirtiera a más o menos 1010 cm3, la densidad bariónica ha pasado a ser más o menos 10-31 gramos/ cm3, del orden del % de la masa critica del universo que es del orden de magnitud 10-29 gramos/ cm3. []
  2. Que en aquel medio con mucha radiación era de aproximadamente  siendo c la velocidad de la luz. []
  3. La onda estacionaria no es tan sencilla como la del ejemplo empleado en el texto que hemos dibujado como una sinusoide perfecta de modo 2, dos longitudes de onda. Nuestra onda estacionaria cósmica es la suma de infinitos armónicos, sus modos, desde el fundamental de una sola longitud de onda, modo 1, hasta los que os queráis imaginar. []
  4. Podéis repasar el tema releyendo la entrada Inflando el Universo II” de esta serie. []
  5. Voy a intentar explicar que es eso de comóvil. Ya el nombre da una pista: conjuntamente móviles. Debido a la expansión del tejido del Universo dos objetos que permanecen inmóviles entre sí sobre este tejido parecen como si realmente se fueran alejando. Pero la expansión hace crecer el tejido de forma proporcional al tiempo. Es decir, la distancia entre los dos objetos “quietos entre sí” crecerá también en la misma proporción que lo hará el Universo. Esa circunstancia hace que podamos estudiar lo que les pasa a los objetos obviando en principio la expansión. Las partículas son comóviles montadas en un sistema de referencia que se mueve junto con ellas. Lo que quiere decir que un sistema de referencia comóvil una partícula siempre estará en reposo. []
  6. Tan sutilmente diferenciados que al final de la época que estamos considerando, en el momento de la recombinación a z=1.100, las diferencias se situaban dentro de un margen de 10-5. []
  7. Como veremos en una futura entrada, esa realidad no es una entelequia, y aunque no interactúa con el campo electromagnético, y por tanto no la podemos ver, sí que la hemos sabido medir por métodos indirectos. []
  8. Realmente en esos momentos la energía de expansión del espacio-tiempo era insignificante al lado de la radiación y la gravedad. Lo veremos en la próxima entrada 26. []
  9. El espacio interestelar está lleno de partículas/polvo cargados que tienen sus propios campos magnéticos debidos a sus propios momentos dipolares o inducidos por el movimiento de las cargas. Cuando un campo magnético más grande y global influye sobre estas pequeñas cargas, muy a menudo ocurre una alineación (por ejemplo, el dipolo de las partículas se alineará con el campo más grande, o el movimiento cambiará repentinamente para moverse a lo largo de la línea de campo). Esto hace que estos campos más pequeños se sumen al campo más grande, haciéndolo aún más grande. []
  10. Podéis leer al respecto en este artículo de la NASA. []
  11. Extraídas de este artículo de Scienceblogs. []
  12. Recreación del eco de la sinfonía del Universo tras la emancipación de los fotones a los 380.000 años de vida. John G, Cramer, profesor de la Universidad de Washington, explicaqué hizo para obtenerlo y por qué lo hizo. De todas formas aviso lo dicho ya en el texto: la longitud de onda de esos “ruidos” podía ser de hasta un millón de años luz. Como podéis comprender nuestro oído no está diseñado para recoger tamañas amplitudes. Para una temperatura de aire de 20ºC donde la velocidad del sonido es 344 m/s, las ondas de sonido audible, tienen longitudes de onda desde 0,0172 a 17,2 metros. []

Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 5 } Comentarios

  1. Gravatar Dino | 28/09/2017 at 01:36 | Permalink

    “Como consecuencia, la presión interna de la radiación allí presente se iba haciendo mayor al irse recalentando por la creciente compresión gravitatoria, hasta que llegaba a dominar y contrarrestar a la gravedad”, esto me recuerda los procesos estelares en que ambas fuerzas luchan por imponerse y el resultado es una esfera de plasma en equilibrio hidrostático que conocemos como una estrella …. un gran trabajo Jreguart , hombree , ya te mereces un premio a la divulgación científica por tu constante y variada producción ( una biografía de la vida y del universo , tamaña empresa , y no tan fácil de abordar) , tu permanente mención a las fuentes ( buenas fuentes) y todo esto además apoyado por imágenes y animaciones . en fin , se hace muy grata la lectura así y con tu estilo lo haces más ameno . no me caracterizo por opinar mucho , pero te sigo desde hace años ….Gracias por todo .

  2. Gravatar jreguart | 28/09/2017 at 02:48 | Permalink

    Hola, Dino,

    muchas gracias por tus amables palabras y por tu paciencia por “pero te sigo desde hace años”. Tienes toda la razón, el juego provocador de las ondas sonoras primordiales es el mismo de la lucha titánica dentro de las estrellas, energía de gravedad vs. energía de radiación. Mi afición a compartir lo que escribo es menos altruista de lo que parece. Busco respuestas a los temas que creo fundamentales para situarme en lo que soy y lo que es mi entorno de donde salgo. El Universo, la Vida, el cerebro, la consciencia… y poco más. Lo he comentado otras veces… mi memoria es frágil y tomo notas, muchas notas, que luego milagrosamente e inesperadamente se van ensamblando unas con otras y piden un hilo conductor, con lo que al final, con lo que me gusta el lenguaje y el escribir, sale un relato.

    Antes de entrar en la comunidad escritora de El Cedazo me lo cuestioné mucho, pues mis escritos no dejan de ser un acta notarial de lo que he leído, contado con más o menos fortuna y siempre con un poco más de barroquismo de lo que me gustaría. Pero pensé que publicar sería una buena forma de pulir y ampliar mi conocimiento. Como así ha sido.

    Publicar me ha hecho reflexionar gracias a los comentarios externos de los que leéis e internos de mis inigualables editores. No hay más misterio… como ves mi afán comunicador tiene un bastante mucho de factor egoísta. La experiencia es muy enriquecedora, lo que me da pie para animar a cualquiera que quiera poner en común sus conocimientos. A mí me encantaría un valiente geólogo que nos contara la historia de las piedras. Un botánico o biólogo que nos contara las maravillas de la vida vegetal de la que tan poco sabemos el público en general. Un experto en Bellas Artes que nos enseñara a diseccionar, valor y saber porqué admirar una obra de arte o una maravilla arquitectónica, al estilo de como Mac nos entusiasma con la música. Sobre todo agradezco a Pedro de El Tamiz con sus series sobre el sistema solar, las partículas, las estrellas, la cuántica, la relatividad…

    ¡Venga Cedaceros, ANIMO y al ruedo!

    Perdona por el panfleto en que se ha ido convirtiendo mi respuesta a tu opinión, pero… ¡ANIMO CEDACEROS!

  3. Gravatar Baldo WT | 12/10/2017 at 05:12 | Permalink

    Jreguart, si se afirma que los fotones son finalmente materia por la famosa ecuación de Einstein , quiere decir entonces que aquellos que viajan por el universo desde los inicios y que no interactúan con nada , ¿simplemente es materia perdida ? que no retorna? (disculpa lo básico de mi argumentación) es que estoy con aquello de la conservación de la energía y cuando pienso en el sol , puedo lograr explicarme el destino de la materia bariónica (electrones , protones ) , pero esa energía electromagnética y el calor expedidos simplemente me da la sensación que no se recupera jamás y se nos acaba la materia… lo único que se me ocurre es que los electrones y otras partículas masivas al final del día no pierden una pizca de masa , siguen siendo los mismos (aquello me tranquiliza) ahora no se si siga la misma cantidad de materia de los inicios . puede que a efectos locales aparentemente se pierda , pero en el global queda todo igual . gracias por tu paciencia y te felicito por tan interesante blog.

  4. Gravatar jreguart | 13/10/2017 at 08:58 | Permalink

    Hola Baldo WT,

    no sé si te interpreto bien. Creo que lo que quieres decir es que la energía de los fotones que nunca van a interaccionar con los elementos de la materia -átomos, moléculas- nunca va a ser recuperada como materia -como sería si se da el caso de la interacción de dos fotones dando otras partículas másicas-. Siendo eso así, la verdad es que el balance que tienes que hacer es con la energía en todas sus formas (incluye la masa). La materia perdida en forma de energía sigue siendo parte del Universo. Qué cada vez esta energía, en sentido einsteniano, estará más en forma de energía pura que de materia bariónica puede que sea lo más cierto y es lo que postula la hipótesis de un fin del Universo del “big freeze”, cuando las partículas de la materia se hayan transformado en infinidad de fotones de amplísima longitud de onda -dada la inconmensurable expansión alcanzada por el Universo en sus finales- lo que quiere decir de muy baja energía, de muy baja temperatura. La entropía habrá hecho bien su trabajo.

    De todas formas nuestro estado del conocimiento cosmológico permite hacer pensar a los expertos que puede que la energía se pierda, que no sea constante. Ponen ejemplos como que si los fotones de fondo, con la expansión del universo, van perdiendo su energía al tener longitudes de onda mayores ¿dónde se va esta energía perdida? O bien ¿de donde nace la energía oscura cada vez más abundante con la expansión? O también, si la expansión del espacio separa a dos galaxias ¿donde se queda la energía potencial del sistema que se pierde al estar cada vez la materia más separada? Algunos lo explican como que hay un intercambio de cromos entre la energía “material” y la energía negativa gravitacional materializada en curvatura del espacio tiempo.

  5. Gravatar Dino | 13/10/2017 at 10:51 | Permalink

    Yo siempre he tenido las mismas dudas con respecto al tema . Hay mucha materia convertida en energía (colisión materia y antimateria por ejemplo) , y no toda es devuelta de igual forma , la que no lo es , y no interactúa con el medio , sigue su camino como una onda estirándose junto con el espacio . el cual tiene la última palabra con respecto a su destino . No debemos olvidarnos que en la biografía del universo también se postula la creación del universo desde la nada , y por lo tanto al final todo el ejercicio de sumas y restas debe dar cero , o sea nada .

Escribe un comentario

Tu dirección de correo no es mostrada. Los campos requeridos están marcados *

Al escribir un comentario aquí nos otorgas el permiso irrevocable de reproducir tus palabras y tu nombre/sitio web como atribución.