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La Biografía de la Vida 32. El devónico: los tetrápodos conquistan la tierra




En las dos entradas anteriores[1] de esta serie sobre la Biografía de la Vida estuvimos desgranando algunos aspectos de lo que ocurrió en el Devónico: su geología y climatología, así como la historia de sus habitantes, hasta ahora las plantas, hongos, artrópodos y peces. Hoy toca completar la saga hablando de cómo alguno de estos últimos desarrollaron las habilidades necesarias como para poder salir a tierra en busca del abundante alimento que allí se encontraba así como de la protección proporcionada por la ya desarrollada vegetación.

Es en el Devónico más tardío cuando comienza un interesante rosario de diversificación de las especies de  vertebrados a partir de los peces de aletas lobuladas pelágicos como el Eusthenopteron, que los sacó fuera del agua inaugurando la familia de los primeros anfibios. En este pez ya encontramos en sus aletas una estructura de huesos comparable a la de húmero/cúbito-radio  más fémur /tibia-peroné de los futuros tetrápodos.

Esqueleto y aleta pectoral del Eusthenopteron (a partir de wikimedia, dominio público)

La figura siguiente muestra la secuencia de adaptaciones: Panderichthys, aún un pez, que coloniza bajíos fangosos. Tiktaalik, otro pez pero con muchas características de los tetrápodos. Tenía aletas semejantes a patas con las que se arrastraba hasta tierra. A partir de él aparecen los primeros tetrápodos en ciénagas con mucha vegetación: Acanthostega e Ichthyostega con ocho y siete dedos en cada pata, respectivamente.

(A partir de imágenes de wikimedia, GNU FDL 1.2)

Por su especial importancia como individuo bisagra hablaremos un poco del Tiktaalik. Quiere decir “pez de aguas someras” en el idioma de los inuktitut que viven en el Ártico canadiense donde se encontraron sus fósiles. Tengo que recomendar por su amenidad e interés la lectura del libro “Your inner fish” escrito por uno de sus descubridores, Neil Shubin, que describe la apasionante aventura que vivió para encontrar por primera vez un fósil de este animal.

Fósil de Tiktaalit (Wikimedia, CC BY-SA 3.0 Unported)

El Tiktaalit vivió hace aproximadamente 375 millones de años. Del análisis de las rocas donde se han encontrado los fósiles se sabe que habitaba zonas pantanosas en los deltas de los ríos, lugares que se inundaban periódicamente siguiendo los ciclos estacionales, lo que le obligaba a ser un experto en el desplazamiento tanto en agua como en seco. En estas zonas tropicales la vegetación era abundante e intrincada, por lo que no sólo debía dominar la natación, sino también el movimiento por un terreno enmarañado. Su organismo estaba precisamente adaptado a estas necesidades. Su mezcla de características de pez y tetrápodo condujo a sus descubridores a caracterizar a Tiktaalik como un “peztrápodo”. Técnicamente es un pez de aletas lobuladas que disponía de una mandíbula primitiva, escamas y una estructura ósea que indica que tenía branquias para respirar. Pero había desarrollado unos cambios morfológicos que lo emparentaban con los posteriores tetrápodos, como así lo demostraba la posición de los ojos en la parte superior de la cabeza que indica que pasaba gran parte de su vida en el fondo del agua mirando desde una posición superior, al igual que lo hace actualmente un cocodrilo. Tenía un cuello móvil en consonancia con lo anterior mientras que la estructura de las costillas se parece a la de los primeros anfibios. Tenía también pulmones para las épocas de sequía, que los llenaba de aire tragándolo por la boca. Además, había desarrollado en su cráneo una incipiente zona auditiva.

Lo que más llama la atención son las aletas, que eran medio de pez, medio extremidad de tetrápodo. Estas aletas tenían un apéndice central compuesto de huesos y músculos suficientemente potente como para poder soportar el peso de su cuerpo contra la fuerza de la gravedad, ya fuera en aguas someras o en tierra. La mayoría de las articulaciones de las aletas eran funcionales, flexionaban. Tenía hombros, codos y hasta unas partes de la muñeca que actuaban de una manera parecida a las de los primeros animales terrestres. Los huesos más distantes de la muñeca parecen ya dedos primitivos, como los que tienen los anfibios.

En la figura siguiente vemos cómo durante la evolución de la estructura de las extremidades hacia las de los tetrápodos van apareciendo tras el húmero un par de huesos con una articulación entre ambos niveles, sobre los que más tarde se organiza mediante una serie de huesecillos una nueva articulación, la muñeca, que permitiría a los dedos una mayor operatividad. El Acantostega tenía ocho dedos, resto de una estructura de cuatro dobles encontrada en fósiles anteriores al Eustenopteron.

Evolución de aletas de pez a extremidades de tetrápodos

La transición de aletas a patas fue acompañada por un reforzamiento de la estructura de soporte del peso, apareciendo los huesos de los hombros y las caderas, una mayor y más sólida superficie de entronque de los músculos, así como una orientación más lateral de las articulaciones iniciales de cada extremidad en el esquema corporal. Las vértebras pasaron de estar simplemente conectadas para realizar el movimiento ondulante horizontal de los peces, a estar interconectadas y soportadas unas en otras, solución que resultaba más resistente aunque exigía un movimiento ondulante vertical. Realmente se consiguió una estructura semejante a un puente colgante, la columna vertebral, soportado por cuatro pilares firmemente asentados en un esqueleto modificado, en el que las aletas pectorales pasaron de estar afianzadas en el cráneo a serlo en una caja torácica reforzada, mientras que las aletas pélvicas, independientes en los peces, se sujetaron a una nueva estructura, el conjunto de los nuevos huesos pélvicos.

Estas modificaciones permitieron a los animales que habitaban aguas poco profundas el apoyarse para asomar la cabeza, el protegerse con “costillas” y permitir una mejor expansión de sus incipientes pulmones al ir más erguidos, así como el dominar nuevas habilidades en la motilidad con unas patas delanteras directoras y unas traseras motoras.

Evolución de la cabeza de los peces durante el proceso de salida del medio acuático

La estructura de la cabeza acompañó a las modificaciones de las extremidades. A medida que se iba evolucionando hacia los tetrápodos, los cráneos se fueron ensanchando y aplanando, pasaron de posición vertical y movimiento derecha-izquierda tipo pez, a horizontal y movimiento arriba-abajo. Los ojos se desplazaron hacia atrás y arriba, lo que dejó un “hocico” más largo que reforzaba la capacidad respiratoria de la boca y permitía ver afuera del agua desde una posición de inmersión. Los huesos del cráneo se fueron soldando, lo que dio mayor rigidez y por tanto la posibilidad de un más fuerte agarre de la palanca mandibular a la hora de morder. Aparece el paladar, lo que como dijimos permitió separar la masticación de la respiración. El último hueso de la cabeza quedó libre al desaparecer el inmediatamente anterior, lo que permitió un “cuello” y una mayor independencia en la movilidad de la cabeza.

Una vez conocido su camino evolutivo, la cuestión es: ¿por qué estos peces sarcopterigios dejaron el medio acuoso?

Hay una teoría muy extendida que intenta explicar que los peces dejaron el agua por necesidades vitales. Se estableció un periodo de sequías que hizo disminuir en gran medida sus hábitats, por lo que los individuos que mudaron y se adaptaron fueron los que pudieron sobrevivir. Sin embargo esta teoría no está muy bien soportada, pues no hay pruebas de esas sequías en los momentos geológicos en que estos animales abandonaban las aguas, ni se cree que esta causa por sí sola pudiera generar tantos cambios evolutivos. Hoy en día se apuesta más por el estímulo que supondrían las oportunidades que ofrecía la tierra firme.

El ambiente acuático era estresante, estaba superpoblado y presentaba toda clase de peligros, mientras que el terrestre era mucho más seguro, estaba casi despoblado y los recursos eran prácticamente infinitos, dispuestos a ser utilizados por el primero que llegase, sin ninguna competencia. Sabemos que en aquel tiempo había ya muchos invertebrados que se arrastraban por tierra y agua, principalmente en el suelo húmedo, algo más que suficiente para ofrecer a los nuevos colonizadores que lo intentaran oportunidades para alimentarse. Algunos de estos invertebrados eran lo bastante grandes como para alimentarse de tetrápodos pequeños, convirtiéndose en un potencial peligro. Pero a pesar de ello el medio terrestre era un lugar mucho más seguro y ofrecía más que las aguas cenagosas. Las coberturas vegetales y boscosas prestaban ayuda al mimetismo y disimulo. Durante las estaciones secas las transformadas aletas les servirían para desplazarse de charca en charca a medida que se fueran desecando, o incluso en casos extremos podrían reducir su metabolismo y aletargarse enterrados en el barro, como lo hacen sus actuales primos los peces pulmonados de África y Sudamérica.

El tetrápodo devónico Tulerperon en su camino de conquista de tierra firme (Wikimedia, GNU FDL 1.2)

Una tercera teoría se basa en los siguientes datos: Durante la época anterior a que aparecieran fósiles de transición de peces a tetrápodos se constata una disminución del nivel de O2 atmosférico, a la par de que se gozaba de un clima templado que favorecía la proliferación de las plantas, las cuales iban creciendo en tamaño. Por otro lado, del estudio de la secuencia de evolución de estos fósiles se observa que los orificios nasales posteriores se van agrandando, así como el hueso hioideo por debajo del cuello, que recordemos provenía del segundo arco branquial. También se observa un sucesivo fortalecimiento del esqueleto del par de patas/aletas anteriores. De esos datos se razona el siguiente escenario:

Los prototetrápodos como el Tiktaalik vivían en aguas costeras o estanques cenagosos rodeados de una espléndida vegetación. De esta vegetación caerían troncos y restos que colmatarían estos estanques, llenándolos de nutrientes que empobrecerían de oxígeno a sus aguas. Parece como si la falta de oxígeno en sus branquias les obligara a suplementar sus necesidades de este elemento captándolo directamente con la boca fuera del agua, como lo hacen muchos de los peces actuales. Pero se encontraron con que el nivel atmosférico de este gas no era elevado. Las modificaciones genéticas especializarían a algunos para levantar mejor la cabeza y “respirar” más aire, las fosas olfatorias se fueron deformando, alargándolas hacia atrás hasta que sus aberturas posteriores, que hasta entonces eran externas, conectaron con la faringe, permitiéndoles también tomar aire a través de las fosas olfativas. Kenichthys es un espécimen de hace 400 millones de años que tenía ya los dos tipos de orificios. Los que consiguieron extremidades delanteras más fuertes podían mantener más tiempo la cabeza fuera o incluso hacerlo desde aguas ligeramente profundas. A la par se iría desarrollando la bolsa ciega en la base de la faringe que se fue especializando en la absorción de oxígeno, lo que llegaría a convertirla con el tiempo en pulmones. Estas armas les permitieron aprovechar las oportunidades del nuevo entorno. Éste pudo ser el proceso por el que los vertebrados pasaron del mar a la tierra.

La transición desde el agua al mundo nuevo de la tierra fue casi sin duda un ejemplo de “radiación adaptativa”,[2]  una rápida apertura de un abanico de nueva vida. Un resquicio por el que se abrió un mundo virgen a los nuevos pioneros, en el que penetraron gracias a sibilinas evoluciones genéticas. No encuentran competencia, y hay alimento y protección de sobras. La reproducción es fácil y la siguiente generación, que ha recibido los nuevos genes de sus padres, es estable y con una mayor capacidad de penetración. Y pasarán de generación en generación afianzándose en poco tiempo los nuevos rasgos en toda la población. Así pudieron surgir nuevas especies con relativa rapidez, así comenzó el éxito de los tetrápodos. Hay algunos, incluso, que piensan que el salir del agua a un ambiente aéreo pudo ser el inicio del camino hacia la consciencia. La explicación es sencilla. Mirar en el agua es complejo y sólo se alcanza a ver con nitidez hasta unos pocos metros. Sin embargo en el aire nuestro alcance de visión es casi infinito, hasta las recónditas estrellas de la Vía Láctea e incluso más allá. En consecuencia en el agua hay que actuar por reacción, ver algo y moverse inconscientemente es casi una obligación de supervivencia. En el aire las amenazas y las ventajas se las puede ver venir de lejos y, por tanto, hay tiempo para planificar la acción más eficaz ¿no es eso una de los matices de consciencia?[3]

Pero la vida no siempre fue fácil. Al final del Devónico, hace entre 408 y 360 millones de años, se dieron una serie de importantes extinciones de especies a las que se le ha dado el nombre genérico de “extinción masiva del Devónico”, la segunda gran extinción del Fanerozoico. De hecho, parece tratarse de tres extinciones masivas a lo largo de un periodo de tres millones de años. Los organismos que se vieron más afectados por esta crisis biótica fueron los que habitaban zonas marinas templadas. Por ejemplo, los corales que habían dominado el período vieron mermada su población y hasta el Triásico, 150 millones de años más tarde, no volvieron a tener una presencia importante los arrecifes coralinos. Aproximadamente el 83% de las especies se extinguieron.

Existen también evidencias de una importante era glaciar en Sudamérica, que en aquel momento ocupaba latitudes polares, originada probablemente por la enorme difusión vegetal del Devónico. Las plantas habrían fijado el dióxido de carbono, reduciendo el efecto invernadero que produce este gas contribuyendo así a un enfriamiento global. Aunque se sospecha de esta causa como la principal, no se excluye la influencia de un impacto extraterrestre, para el que se han propuesto varios posibles lugares de colisión.

Nos disponemos a dejar el Devónico con un regusto amargo por este final de extinción. Este periodo rico en anécdotas trascendentales, cuando la tierra fue colonizada no sólo por las plantas, sino también por los insectos, arácnidos y tetrápodos. El periodo en que los peces descubrieron la variedad que en líneas generales no ha cambiado hasta hoy. A partir de entonces el paisaje en tierra ya no fue igual.

Representación ideal de un paisaje devónico (Wikimedia, dominio público)

La figura anterior no difiere de lo que podemos encontrar en nuestra naturaleza actual. La luz pone calidez a la imagen de este atardecer de lo que sabemos un templado periodo. Los mares crecidos construían largas extensiones de aguas someras, en donde la vida bullía. En el bosque, los licopodios, equisetos y helechos daban amparo a una fauna de suculentos artrópodos. Las tranquilas aguas parecen esconder, tensas, un primigenio tetrápodo al acecho. Tengo que reconocer que la imagen me sobrecoge el ánimo al pensar que esto pudo ocurrir, tal cual lo veo, hace “tan sólo” unos 400 millones de años, cuando los años duraban la eternidad de cuatrocientos días.

Ahora debemos abandonar aquellos tiempos olvidando el regusto amargo de las extinciones finales, con la sensación relajante que da el contemplar una Tierra ya familiar, consecuencia de tantas migraciones exitosas. Continuemos atentos ante el esplendor que viene: el ciclópeo Carbonífero.

Pero esto será en la siguiente entrada. Nos encontramos entonces.

  1. Que encontraréis en estos dos enlaces, éste y éste []
  2. La radiación adaptativa es un proceso que describe la rápida especiación de una o varias especies para llenar muchos nichos ecológicos. []
  3. Esta hipótesis la propuso Malcolm A. MacIver, un experto en ingeniería biomédica, de la que podemos tener un poco más de detalle en un artículo publicado en la revista Discover de marzo de 2011. []

Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 64 } Comentarios

  1. Gravatar Laertes | 21/06/2014 at 10:00 | Permalink

    Fascinante historia la de la evolución. Y tan bien contada en estos artículos que no tengo nada más que leer, disfrutar y callar.

  2. Gravatar jreguart | 21/06/2014 at 11:47 | Permalink

    Hola Laertes,

    con vuestro apoyo la saga continua. Me alegro que disfrutes con la historia, que no es mía sino de todos.

  3. Gravatar rafamae | 22/06/2014 at 10:58 | Permalink

    He llegado! He tardado 1 mes y medio pero he evolucionado desde el hadeico hasta los tetrápodos en tierra firme. El nivel de la serie es muy bueno (llevo 1 mes y medio sin leer en mis ratitos libres a Pedro) pero para mí la mejor parte sin duda alguna es el hadeico, ya que de lo otro puedo tener alguna idea estudiada, pero no así de cómo pudo formarse la célula procariota desde la materia inorgánica. Felicidades y muchas gracias

  4. Gravatar jreguart | 23/06/2014 at 07:22 | Permalink

    Hola Rafamae ¡eres un valiente!

    La verdad es que el tema es realmente arduo y no se presta a una exposición amena. Pero es lo que tiene la labor policíaca de rastreo y notarial de dar fé de lo rastreado. Yo además de pasármelo bien en el proceso he aprendido mucho contemplando el mundo de la evolución y la Vida.

    Estoy de acuerdo contigo que los primeros capítulos son más “interesantes”, casi con toda seguridad por ser menos conocido todo lo que pasó hace unos 4.000 millones de años. Y mira que pasaron cosas. Ahora en el Fanerozoico, con todos los “inventos” realizados, desde la bioquímica a los organismos pluricelulares, ya sólo es contemplar la película de la Vida intentando adaptarse al escenario cambiante. Es sorprendente los vericuetos que ha explorado. Y en esto estamos ahora.

    Espero que te vuelvas a enganchar intensamente cuando veas aparecer al Homo haciendo sus cosas. Aunque para ello aún tienes que esperar unas cuantas entradas.

    Y gracias por tus felicitaciones. Me resulta muy grato encontrarme con gente que le emociona lo que a mi también.

  5. Gravatar kambrico | 14/04/2015 at 02:50 | Permalink

    jreguart : se me ocurre algo , ¿ es posible comparar épocas que fueron muy tranquilas casi planas con otras mas turbulentas , estresantes y traumáticas para el desarrollo de la vida y a partir de este hecho colegir que en estas últimas hubo mas saltos evolutivos producto de la necesidad de tener que adaptarse en el corto tiempo a nuevos escenarios ? digo esto porque leí por ahí en un estudio hace un tiempo que ciertos frutos ( uvas , creo) cuando se veían sometidos a un estrés hídrico controlado daban mejores resultados en el aspecto cualitativo.

  6. Gravatar jreguart | 14/04/2015 at 08:12 | Permalink

    Hola Kambrico,

    no te sabría dar una respuesta técnica muy precisa, pero creo que las dos cosas que planteas no tienen relación. Empezando por lo fácil: el tema de la mejora cualitativa en las características de las uvas ante un estrés, hídrico en el caso que planteas. Las alteraciones que se observan en las uvas son resultado de su metabolismo y fisiología, una respuesta de autoprotección. Podemos verlo al contrario en nosotros: si ingerimos más hidratos de carbono y azúcares de los que necesitamos los acumulamos en forma de grasas. Lo hacemos sin necesidad de acudir a nuevos genes. Una respuesta fisiológica a unas determinadas circunstancias externas ¿A la larga que sucederá? Los individuos afectados podrían llegar a desaparecer, como estamos hartos de ver a nuestro alrededor. A no ser que encontraran, se me ocurre, en su acervo genético del ADN “basura” algunos nucleótidos olvidados que le ayudaran a sortear las condiciones de estrés.

    El otro tema es de mayor calado ¿Un periodo medioambientalmente agitado es mejor que uno plano a efectos evolutivos? Yo diría que sí ya que también en la naturaleza las amenazas son fuentes de oportunidades. Las condiciones extremas y atípicas son oportunidades para el florecimiento de la expresión eficaz de genes no activos. La Vida es prolífica y la evolución una ley ineludible: basta ver lo que pasa en los sistemas aislados insulares tipo archipiélago, como en cada isla muta una misma especie animal para adaptarse a las exigencias de la subsistencia de cada territorio en particular. Y como tu planteas, en el cortísimo tiempo. En una sola isla no se habría producido la misma diversidad (y de hecho vemos que no se produce). La especiación requiere un elemento diferenciador para dispararse y eso lo favorece un entorno de condiciones variables. Tras la crisis del Cretácico-Terciario en la que cayeron muchos -como les pasó a los dinosaurios- los mamíferos, pájaros y peces teleósteos iniciaron su reinado ¡Y qué reinado más variopinto!

  7. Gravatar Kámbrico | 14/04/2015 at 12:45 | Permalink

    Jreguart : gracias por tu respuesta ; como vez voy avanzando lentamente porque disfruto tu trabajo . Con respecto al tema , lo que yo busco a nivel global y me motiva principalmente es encontrar patrones generales que determinan este complejo Fenómeno que es la vida ( selección natural por ejemplo) me gustaría al tenerlos , porque creo que tu ya en tu recorrido has encontrado varios se podría mirar al futuro y adivinar el comportamiento de la vida ante ciertas circunstancias . Debido a ello te comenté lo del estrés hídrico ; como un simple ejemplo – debe haber mejores y más sofisticados – en el cual intencionalmente o por necesidad se busca una reacción , un giro nuevo de la vida para que nos muestre un poco de su magia ; ejemplo análogo es el cern , ahí los científicos crean condiciones no habituales aquí en la tierra y se expone a las subpartículas a situaciones extraordinarias para sacarle algunos secretitos y en base a esto descubrir ciertos patrones , elaborar nuevas teorías y abrir el espectro de conocimientos . Mi ambición es que al final de esta saga hagas una suerte de compendio con tus propias conclusiones , porque con lo observado hasta el momento me doy cuenta que tienes muchísima información y por ende opinión , la cual realmente me interesa .

  8. Gravatar jreguart | 14/04/2015 at 02:14 | Permalink

    Hola Kambrico,

    me sobrestimas. Repito una vez más que soy un simple aficionado. Uno de mis principales objetivos de publicar mis escritos fue el de recibir mucho eco de los posible lectores. Eco que sin lugar a dudas iba a mejorar mi conocimiento. Por ahora estamos en ello, compartiendo.

    No sé como será el final… pero me quedo con tu sugerencia.

  9. Gravatar guillermo | 12/05/2019 at 02:57 | Permalink

    Un extraordinario aporte al saber evolutivo. Una cautivante narrativa. Muy agradecido.

    Aprovecho para aclarar que son osados quienes proponen que la Consciencia es consecuencia del paso del agua a la tierra firme, no solo porque para realizar tal propuesta es necesario disponer de una explicación/descripción previa de la Consciencia, sino porque si se ha de focalizar en un específico “invento evolutivo” la emergencia de la Consciencia tal distinción se encuentra en el particular lenguaje que administramos los humanos.

    Si tienes interés en conocer con más detalles lo referente a la Consciencia, gustoso te envío información que da cuenta de qué se trata aquello. Reitero mi agradecimiento por tu aporte.

  10. Gravatar jreguart | 13/05/2019 at 07:29 | Permalink

    Hola Guillermo,

    agradecido por tus palabras. Y sí, me interesa lo de la conciencia. Envíame lo que creas conveniente. Gracias.

  11. Gravatar Farkas | 14/05/2019 at 03:24 | Permalink

    Pienso que la consciencia no tiene otro origen sino que hace 3800 millones cuando emergió la vida en la tierra y las moléculas precursoras comenzaron a experimentar la selección natural , luego la evolución , nuevas emergencias producto de una mayor complejidad en los sistemas vitales y llegamos a la consciencia que ” se encuentra en el particular lenguaje que administramos los humanos” . sin duda , pero no olvidemos que el lenguaje humano no es mas que una interacción y la vida entera está basada en la interacción entre los seres vivos y estos con el medio y la única ruta posible para llegar a toda esta complejidad que tenemos actualmente es aunque les pese a muchos a partir de aquellas insignificantes bacterias que hace mas de tres eones surgieron de esa joven tierra .

  12. Gravatar guillermo | 19/05/2019 at 09:18 | Permalink

    Como introducción al tema de la Consciencia vale la pena mencionar que en rigor se trata de “la acción consciente”, y que el sujeto de acción es una muy particular Entidad, que surge en la infancia con el aprendizaje del lenguaje que nos caracteriza. A tal entidad le llamo el Ser. El cerebro es una herramienta evolutiva que surgió estando al servicio del cuerpo material del individuo que lo porta. En lo fundamental, la función del cerebro ha sido administrar las acciones de un cuerpo material que lleva a cabo acciones en un mundo material, en el Presente. Gracias al lenguaje humano, en nuestro cerebro habita una Entidad, el Ser, a quien le es dado llevar a cabo acciones en escenarios atemporales e inmateriales.

    No es posible pretender realizar una descripción detallada del Ser y de la Consciencia en cinco minutos, sin embargo cinco minutos bastan para caracterizar al Ser y a la Acción Consciente.

    Entidades que habitan en el cerebro Cuando mi hija menor le dice a su perro “¡gato¡, ¡gato¡, éste sale corriendo hacia el patio y se dirige ladrando hacia el muro de cemento sobre cuyo borde acostumbra reposar el gato. Cuando le pregunté como hizo para lograr tal resultado, me explicó que en media docena de oportunidades en que el perro le estaba ladrando al gato ella se acercó a él y con voz fuerte le gritó “gato, gato”. Luego de ello, independientemente del lugar en que se encontrara el perro, al escuchar esas palabras acudía corriendo hacia el muro. En la práctica, en el cerebro del perro se estableció una asociación entre el sonido de a palabra gato y la representación mental de una entidad –el gato- caracterizada a partir de la información procedente de la historia de vida del perro en la que ha participado el gato. Para el perro, para su cerebro, un muy real gato, situado fuera de su campo visual, se incorpora en el correlato mental que representa al medio material cada vez que mi hija le dice “gato, gato”. A través de su experiencia de vida, el perro va almacenando en su cerebro diversas entidades. El perro del vecino, el cartero, mi hija, yo, etc., estamos convenientemente representados en su cerebro.

    El lenguaje que ha aprendido un niño de cuatro años que escucha el cuento de Caperucita Roja, le permite caracterizar a dicha entidad y contextualizar las acciones que describe el relato que hace su madre. Caperucita Roja es una niña pequeña, tiene una abuelita, ambas son personas buenas. Caperucita Roja se levanta y toma desayuno con su mamá, quien le ha preparado una cesta con alimentos que deberá llevar a su abuelita, para lo cual debe atravesar un bosque en el que habita un lobo. El relato de su madre le otorga una particular dinámica temporal al cuento. En efecto, a diferencia de lo que sucede en el mundo de la materia, caperucita se despierta, se viste y toma desayuno en lo que demora su madre en relatar esos hechos. Para el niño, lo que está sucediendo con caperucita roja es muy real. No precisa ver con sus ojos aquello que, para su cerebro, está sucediendo, mismo cerebro que no cuestiona la particular dinámica temporal que le imprime el ritmo del relato de su madre a las acciones que el cuento describe. A la edad de cuatro años un niño, al que llamaremos Juanito, ha escuchado varios millones de palabras y administra un vocabulario que le permite otorgarle significado a agrupaciones de frases. A diferencia de un perro de esa edad, cuyo cerebro genera un correlato de su medio relevante sustentado en la información que capturan sus sentidos del medio material en el que se encuentra su cuerpo, el medio relevante del niño incorpora el significado del lenguaje que escucha. Ello da lugar a que en el ser humano el correlato mental de su medio relevante traspase los límites del tiempo/espacio en el que existe el mundo de la materia.

    Hay una manifiesta asimetría entre el número de palabras que emplea un niño y las que escucha. En la práctica, durante la infancia, el niño “se deja conducir” por el lenguaje de terceros en la generación de correlatos mentales que representan la realidad en la que habita. Hay que destacar que a los cuatro años de edad un niño ha escuchado entre diez y cuarenta millones de palabras. Esto es, literalmente el niño habita en un mundo construido con el lenguaje.

    Así como el niño caracteriza a caperucita roja a través del lenguaje que su madre emplea cada vez que le cuenta el cuento, muchas otras entidades (su padre, hermanos, tíos, etc.) están caracterizadas en el cerebro de un niño de cuatro años, como “entidades latentes”. Latentes, por estar “contenidas” en agrupaciones de memorias no activas que representan a la entidad en cuestión. La información que se percibe, da lugar a que se active la representación de una u otra entidad, o un grupo de ellas, entre las muchas que potencialmente puede administrar el cerebro de un niño de esa edad.

    Una muy particular Entidad, el Ser Entre todas las entidades susceptibles de ser administradas por el cerebro del niño, hay una que destaca, por sus particulares características. Tal entidad es generada por el lenguaje de terceros, por aquellos que forman parte del día a día del niño. A dicha entidad le llaman “Juanito”. A diario el niño escucha multitud de frases del tipo: “Juanito se comió toda la comida”, “esta tarde iremos con Juanito al parque”, “Juanito, ponte los zapatos”, etc. Si bien con el pasar del tiempo en el cerebro del niño se va estableciendo una asociación cada vez más fuerte entre la entidad Juanito y su individualidad, jamás se llega a producir una total fusión entre ambas. En efecto, el cerebro surgió como una herramienta evolutiva, teniendo desde su origen por función administrar las acciones del cuerpo material del individuo que lo porta, en tanto que gracias al lenguaje de terceros, a la entidad Juanito le es dado movilizarse a través del tiempo y del espacio. A diferencia del cuerpo material del niño, al que solo le está permitido llevar a cabo acciones en el Presente -y en el mundo de la materia- el lenguaje de terceros consigue que la acción de la entidad Juanito pueda realizar acciones en escenarios atemporales e inmateriales. Para el cerebro del niño, la entidad Juanito es muy real, y llega a establecerse un muy estrecho lazo entre dicha entidad y su individualidad. Sin embargo, por las razones mencionadas, no es posible que se produzca una total fusión entre ambos. El tal Juanito, dicha Entidad, es el Ser que habita en todo ser humano que administra el lenguaje que nos caracteriza. Cuando me preguntan “¿Qué almorzaste ayer?”, mi Ser, literalmente se desplaza en el tiempo, situándose en el ayer. Allí consigue reconocer lo que almorcé, y retornando al Presente me informa de ello. De la mucha información a la que estuvo expuesto el Ser durante ese breve viaje en el tiempo, el cerebro rescata como experiencia de vida del Ser lo que valora como importante, esto es, aquello que almorcé ayer, surgiendo así, de la acción del Ser, la acción consciente.

  13. Gravatar jreguart | 22/05/2019 at 10:47 | Permalink

    Hola Guillermo,

    gracias por compartir tus reflexiones con nosotros.

    Mis ideas de la consciencia no contemplan la dualidad que tu planteas: un Yo vital viviente y un Ser con conocimiento de su agencia y causalidad. Tampoco pienso que el lenguaje es fundamento de la consciencia: creo que evolutivamente apareció primero la consciencia necesaria para generar abstracciones, a las que luego se les puso nombre, el inicio del lenguaje. Evidentemente con el tiempo el lenguaje se reveló fundamental para el desarrollo de nuestra consciencia. No participó tampoco de los viajes al pasado o al futuro por un ente mental: desde mi punto de vista sólo hay presente en la actividad cerebral… con la habilidad de recordar pasados y de imaginar futuros. Pero sólo desde estados del presente.

    Mis ideas quedan más desarrolladas en otras entradas de El Cedazo, serie “Biografía de lo humano”, en particular https://eltamiz.com/elcedazo/2015/11/21/biografia-de-lo-humano-01-fijando-el-campo-de-juego/ y https://eltamiz.com/elcedazo/2016/02/20/biografia-de-lo-humano-07-teoria-sobre-la-evolucion-de-la-consciencia/.

    Dejo en el aire las siguientes preguntas ¿un recién nacido es consciente? para ello ¿requiere “cargar” sus circuitos de memoria con sus primeras experiencias perceptuales o ha de esperar a “oir” lenguaje? ¿los “niños lobo” que no hablan por haber perdido la ventana de aprendizaje del lenguaje son conscientes o no? ¿el Homo habilis que usó herramientas y cuyo lenguaje no pasó seguramente de expresiones de aviso, fue consciente? ¿hay algún mamífero distinto al hombre con algún tipo de consciencia como para navegar con ventaja por la supervivencia? ¿un paciente al que se le secciona el cuerpo calloso y desarrolla personalidades distintas en cada hemisferio cerebral es consciente o “doblemente” consciente?

    Seguimos en contacto.

  14. Gravatar Emmanuel | 23/05/2019 at 11:56 | Permalink

    Para el filósofo John Dupré, el lenguaje es causa primera de la aparición tanto de la cultura como de la conciencia. los demás también construyen nuestra identidad , y es en esa dinámica interactiva cuando surge la consciencia . Los otros primates también desarrollaron un neocórtex , pero con una comunicación rudimentaria comparada con la nuestra , siendo por ello muy difícil un desarrollo de una consciencia en ellos.

  15. Gravatar guillermo | 25/05/2019 at 01:44 | Permalink

    Hola Jaime. Como mencioné en mi comentario anterior, no es posible pretender realizar una descripción detallada del Ser y de la Consciencia en cinco minutos. Por eso opté por limitarme a caracterizar a la acción consciente y a su autor, el Ser. Nada tiene de extraño que tus ideas acerca de la consciencia difieran de las mías. De hecho, al revisar el trabajo de las distintas personas que hoy están dedicadas a su estudio es fácil comprobar que la norma es la discrepancia. Hay sin embargo un detalle en el que al parecer no reparaste. Ninguno de los anteriores afirma poder explicar de qué se trata la consciencia, e implícitamente yo lo hago. Para entender de qué se trata la consciencia no es preciso disponer de un cerebro privilegiado, pero sí es necesario armarse de paciencia. Los postulados a los que aludo para explicarla surgen como consecuencia de observaciones simples, tan simples que entonces los postulados en cuestión adquieren el carácter de obvios. A su vez, de un conjunto de postulados “elementales” surge un nuevo postulado, que a la luz de los “postulados elementales” adquiere el carácter de “postulado obvio”. Cuando afirmo que al Ser le es dado llevar a cabo acciones en escenarios inmateriales y atemporales, aludo a un postulado que se sostiene en una amplia diversidad de “postulados elementales”, y nada tiene de raro que sin disponer de estos últimos rechaces lo que afirmo. Todo lo que afirmo es fácilmente digerible por el intelecto si previamente se cuenta con la adecuada información. Cuando en mi comentario anterior me remito a caracterizar algunos aspectos del Ser y de la acción consciente, lo hago sabiendo que no dispones de la información que da lugar a validar mis afirmaciones de buenas a primeras. Mi propuesta dice relación con darte a conocer la información de que es preciso disponer para validar tal tesis, y otras no menos interesantes. Saber de la consciencia se asemeja a armar un rompecabezas compuesto por algunos cientos de piezas. Así como hay mil formas de comenzar a armar un rompecabezas, no hay un orden específico para acceder al saber que da lugar a conocer de qué se trata el Ser y la acción consciente. Antes de leer tu último comentario accedí al trabajo que publicaste en el Cedazo. Te invito a cuestionar toda afirmación que pretendiendo explicar de qué se trata la consciencia te exija adherir a un postulado que solo se sostiene en el parecer de su autor. Con ello aludo al “Error de Damasio”, quien luego de afirmar (en su libro “El error de Descartes”) que el dispositivo neural básico capaz de producir subjetividad requiere de capas corticales primarias sensoriales, y afirma que tal dispositivo no necesita lenguaje. A partir de ello desperfila el rol que le cabe al lenguaje en la acción consciente. En todo caso, Damasio da cuenta de honestidad intelectual cuando a continuación expresa que lo suyo se sustenta en un acto de imaginación. En efecto, dice “Este dispositivo neural básico no necesita lenguaje. El metaselflf cuya construcción imagino es puramente no verbal”. Lo que no previó Damasio fue que un lector no especializado en el cerebro, y ávido por saber de qué se trata la consciencia, hiciera de su supuesto un postulado cierto. Al igual que tú, soy ingeniero, y tengo claro que para llegar a serlo dispusimos de una muy bien estructurada metodología que nos permitió acceder al saber que es propio de un ingeniero. Por el momento no existe un texto que vaya de lo simple a lo complejo que tenga por finalidad explicar de qué se trata lo que somos los humanos y con ello aclarar lo que hay tras lo que llamamos “consciencia”. De aquí a entonces, paciencia.

    Paso a dar respuesta a tus preguntas, sugiriéndote que a la par de no dar por cierto lo que afirmo consideres la posibilidad de que a la luz de nuevos antecedentes lo que afirmo puede tener pleno sentido. Como contrapartida me comprometo a irte entregando la información que es preciso administrar para validar mis postulados.

    En un recién nacido no existe el Ser. Sin él, no tiene cabida la acción consciente. Para que la acción consciente tenga lugar es preciso que exista “el agente de la acción consciente”, esto es, es preciso que exista “un alguien”. Tal Entidad es el Ser. El Ser surge con el aprendizaje del lenguaje. Los humanos nacemos con una arquitectura cerebral capaz de administrar a tal entidad. Un sordo de nacimiento que llegue a manejar un lenguaje de señas consigue, es grado variable, estructurar al Ser. El grado en el que lo logra es función de la edad en la que aprende el lenguaje de señas y de “la calidad” de tal lenguaje. Si acudes a una escuela de sordos y conversas con su director te informará que a los que más tarde han aprendido un lenguaje de señas se le dificulta “situarse” fuera del Presente. Si le pregunto a mi perro “¿qué hiciste ayer en la mañana?” no tendré respuesta. Si te pregunto a ti, sabrás informarme de lo que entonces hiciste, y en ello no hay magia alguna. Se trata de que tu cerebro dispuso de “un alguien” que fue capaz de rescatar la información relativa a lo que entonces viviste. Esto, evidentemente exige una suerte de “viaje en el tiempo/espacio”. Hay un “alguien” capaz de ir al ayer, y allí rescatar información que alude a la pregunta en cuestión. A tal Entidad le llamo “el Ser”. El cerebro es una herramienta evolutiva que surgió para administrar a un cuerpo material. A su vez, la materia solo tiene cabida en el Presente. Gracias al lenguaje que nos caracteriza, en el cerebro del ser humano tiene cabida una Entidad a la que le es dado transitar por el tiempo/espacio. En nuestro cerebro está representado, como actor principal, el mono que nos habita. Al mono en cuestión no le es dado realizar acciones fuera del Presente. Sin embargo, gracias al lenguaje de terceros, un niño consigue identificar a la entidad que el lenguaje de terceros diagrama cuando se refieren a él. Ello no tiene nada de extraordinario. En efecto, el cerebro de un niño es capaz, gracias al lenguaje, de diagramar a una entidad como Caperucita Roja, una entidad que no ven sus ojos, pero que, para su cerebro, es muy real. Una Caperucita Roja es capaz de, en los treinta segundos que tarda su madre en informarle al menor que “caperucita roja se despertó, se vistió, encendió fuego, preparó el desayuno, se puso su caperuza y salió al bosque” llevar a cabo acciones imposibles de realizar, en tan breve tiempo, por un cuerpo material. A la edad a la que un niño es capaz de realizar tal proeza, dispone de un incipiente Ser. Tal entidad posee las características que terceros le asignan a través del lenguaje. No es extraño que a tal edad un niño se refiera a tal Entidad aludiendo a un extraño. En efecto, está documentado que un niño a esa edad se refiere al Ser como si tal entidad no formara parte de lo que es. Lo cierto es que en ese entonces el cerebro del niño no ha conseguido establecer la singular relación que más adelante llega a establecer con el Ser. Así por ejemplo, cuando la madre que está en una pieza de la casa escucha el sonido propio que hace un plato que se quiebra y acude corriendo a la cocina, lugar donde se encuentra el niño, y exclama “¿qué sucedió aquí?” no es extraño que el menor, que tiene por nombre Pablito, responda “fue Pablito”, dando cuenta de que aún “no se hace cargo”, no se identifica, con el Ser que ya habita en su cerebro.

    Hay diversos, aunque pocos, casos de “niños lobos documentados. Aquellos que antes de vivir en tal estado tuvieron contacto con el lenguaje humano registran un mayor grado de desarrollo del Ser. El homo habilis cuyo lenguaje no pasó de expresiones de aviso no dispuso del Ser y por ende su accionar se remitió a administrar información que alude a aquello que está sucediendo en el Presente. Al no disponer de “un viajero en el tiempo/espacio”, las expresiones de aviso de los seres vivos no humanos solo aluden a lo que está sucediendo en el Presente. Cierto es que se registran casos de seres vivos no humanos “que mienten” a sus semejantes por conveniencia, empleando para ello un lenguaje. Pero ello no permite afirmar que su cerebro administre a una entidad como el Ser.

    No existe información que dé cuenta de la existencia en otros seres vivos de un lenguaje con las características del lenguaje humano. Los chimpancés administran un par de docenas de fonemas, los que emplean como lenguaje. Los humanos, con el mismo número de fonemas construimos palabras. Esa diferencia hace la diferencia. El caso del gorila Koko nos informa de la existencia de un incipiente Ser en él. Si bien él no disponía de la arquitectura cerebral que le permitiera desarrollar el Ser como lo hace cualquier humano normal, su cerebro conseguía generar un correlato mental de su medio relevante en el cual tiene cabida un incipiente Ser, logrando su mente contextualizar escenarios de acción fuera del Presente. Es mucho lo que podemos aprender acerca de lo que somos al estudiar el comportamiento de Koko.

    La capacidad para crear y usar herramientas no implica necesariamente que se tiene la capacidad para “darle vida” al Ser. Para ello se precisa de un lenguaje que disponga de verbos. A diferencia de las restantes figuras gramaticales, el verbo se caracteriza por administrar “los tres tiempos”: Pasado, Presente y Futuro. Me ha resultado de interés conocer las consecuencias de un cerebro escindido, y he dedicado tiempo a ello, sin embargo he privilegiado, en aras de saber de qué se trata lo que somos, privilegiar el estudio de individuos normales.

    Finalizo este comentario reiterando mi invitación a conocer de qué se trata la acción consciente y “sus derivados”. Para ello, apelo a tu paciencia.

  16. Gravatar jreguart | 25/05/2019 at 08:35 | Permalink

    Hola Guillermo,

    de nuevo muchas gracias por compartir tus ideas con nosotros. Como dices, acerca de la consciencia hay múltiples opiniones, como no podía ser de otra manera con un tema altamente sensible para el humano y del que sabemos muy poco.

    Tendré paciencia.

  17. Gravatar guillermo | 26/05/2019 at 07:26 | Permalink

    Hola Jaime. ¿Por dónde empezar? Así como para comenzar a armar un rompecabezas compuesto por mil piezas no existe una pieza en particular por la cual es necesario comenzar a armarlo, lo mismo sucede en este caso. Según podrás ir observando, hay un notorio parecido entre armar un rompecabezas y lo que haremos. Comencemos por darle una mirada a una pieza que intuitivamente destaca en medio del desorden inicial de piezas. Tomaremos dicha pieza y buscaremos otras con las que comparte un segmento de su borde. Algunas de estas últimas piezas nos llevarán a seleccionar una pieza con la cual la primera no comparte borde, lo que por cierto es común que suceda al ir armando un rompecabezas. La primera pieza en cuestión es el Cerebro. (pudo haber sido cualquier otra pieza) Veamos algunas de sus características. Para ello haremos uso de información que, según veremos, de una u otra forma está asociada con el cerebro (proceso propio del armado de un rompecabezas) Los seres vivos tienen cabida en el mundo de la materia. Si bien la Materia solo existe en el Presente, en la práctica una sucesión de presentes dan lugar a la flecha del Tiempo. No está de más recordar que los seres humanos aún no sabemos a cabalidad de qué se trata la Materia y el Tiempo, lo que no nos ha impedido que algunos de los nuestros hayan podido poner sus pies sobre la luna. El cerebro gobierna el accionar del cuerpo del individuo que lo posee, un cuerpo que forma parte del mundo de la materia. Una adecuada/conveniente interacción del individuo con su medio material relevante exige que el individuo administre información proveniente de su medio relevante. Para ello los seres vivos con cerebro emplean lo que conocemos como “los sentidos”. Por su intermedio el cerebro construye un correlato mental del medio relevante, una suerte de “fotografía” de él. En todo caso, es una fotografía que posee muchas zonas borrosas/difusas. La “Atención” es una herramienta de que dispone el cerebro, por cuyo intermedio consigue “direccionar” los recursos perceptivos y obtener una mejor representación de un segmento en particular de la fotografía mencionada. Hoy sabemos que, aunque no nos percatemos de ello, nuestros ojos no paran de hacer pequeñas y veloces correcciones de la dirección en la que miran. Estos movimientos se producen del orden de 3 a 4 veces cada segundo. En cada instante solo un área muy pequeña de nuestro campo de visión se percibe clara y enfocada. Con los movimientos rápidos redirigimos el ángulo de visualización a los distintos lugares que, “al parecer de nuestro cerebro”, esconden valiosa información. El “parecer” en cuestión, remite a la existencia de una herramienta a la que le doy por nombre “la Atención”. Es limitada la capacidad de procesamiento de información que posee nuestro cerebro, como limitado resulta ser el “ancho de banda” en el que opera cada uno de nuestros sentidos. Si bien es claro que el correlato mental de nuestro medio relevante que nuestro cerebro elabora a partir de la información que capturan nuestros sentidos en caso alguno es una fiel representación de las condiciones del medio, en términos prácticos el hecho de sobrevivir da cuenta del efectivo rol que desempeña el correlato mental. No es preciso esperar a que las neurociencias nos lleven a conocer a cabalidad lo relativo al correlato mental del medio relevante del individuo para postular la existencia de tal herramienta evolutiva. Si bien el correlato mental del medio relevante del individuo alude al Presente, a aquello que está sucediendo “ahora”, en términos prácticos la existencia del individuo se edifica sobre una sucesión de presentes. Sabemos que nuestro cerebro administra información que alude no solo al “ahora” que emerge como consecuencia de lo que estamos percibiendo del medio. En efecto, sabemos que lo percibido activa neuronas que aluden a previas experiencias de vida, esto es, refieren al Pasado. A su vez, Pavlov dejó claro que el cerebro disponía de la capacidad de realizar proyecciones de eventuales estados futuros del medio. Si bien queda mucho por saber acerca del funcionamiento del cerebro, es claro que de alguna manera el cerebro discrimina convenientemente entre Pasado, Presente y un eventual Futuro, imprescindible condición para hacer frente a la dinámica tiempo/espacio en la que tiene lugar la existencia del individuo. Lo anterior da lugar a afirmar que el cerebro actualiza convenientemente el correlato mental del medio relevante del individuo. En la práctica, tal actualización posee diversos sesgos. Uno de ellos se refiere a la incertidumbre implícita en la limitada capacidad que tienen los sentidos para capturar información de aquello que está sucediendo “ahora” en el medio relevante del individuo. Me explayaré sobre el particular por sus implicancias. Para ello haré uso de un ejemplo ficticio.

    Comenzaremos situándonos en el “ahora”, para desde allí realizar algunos viajes en el tiempo. Cuatro segundos atrás caminaba por una calle pensando en lo que habría de almorzar a medio día. Concentrado en lo anterior, caminaba “distraído” en lo concerniente a lo que estaba sucediendo en mi medio material relevante. Un segundo después (esto es, tres segundos atrás) comencé a correr, pues un perro que estaba recostado sobre la acera, situado a unos treinta metros de mí, al percatarse de mi presencia detuvo su reposo, se incorporó y comenzó a correr hacia mí dando furiosos ladridos, lo que me llevó a girar ciento ochenta grados y comenzar a correr. Mi cerebro, fiel a su propósito, supo priorizar, y lo que habría de almorzar pasó a segundo término. En efecto, mi Atención, sin que mediara una “intención consciente”, se focalizó en lo que entonces estaba viviendo. El perro, quien ya no ladraba, bien pudo haber detenido su carrera un instante atrás. Eso no lo sabía entonces. Un segundo después, en medio de mi carrera vuelvo la cabeza y observo que el perro continúa corriendo tras de mí, y que se encuentra a unos veinte metros. Ciertamente me interesaría conocer, momento a momento, la distancia que me separa del perro, sin embargo si no ladra y no lo estoy viendo se me dificulta hacer una estimación de la distancia que me separa de él. A su vez, preciso estar mirando hacia el frente para evitar tropezar, y es lo que hago. Un segundo después, la información que administra mi cerebro, en lo concerniente al estado relevante de mi medio, es más bien difusa en lo concerniente a la distancia que me separa del perro. (Menos difuso es el miedo que entonces siento). Si el perro estuviera ladrado, claramente el nivel de incertidumbre que administraba entonces mi cerebro, sería menor. En ese momento –dos segundos atrás- , para mi cerebro, la distancia que me separa del perro constituye una apuesta. Por cierto, me sería muy conveniente que el perro hubiera detenido su carrera dos segundos atrás, pero mi cerebro no dispone del nivel de certeza que proveen los sentidos “en tiempo real” que le permitan dar por cierto lo anterior. En la práctica el cerebro, en su afán de diagramar las condiciones del medio relevante, no apuesta por validar como cierta tal posibilidad por el solo hecho de que sea lo que más me conviene. A todas luces, mi cerebro dispone de la capacidad para administrar incertidumbre. En la práctica, el “dibujo mental” de aquel segmento de mi medio que dice relación con lo que está sucediendo a mis espaldas resulta ser muy poco nítido en la “fotografía” que da cuenta del estado de mi medio relevante. Como fuere, lo cierto es que para mi cerebro un muy real perro forma parte de él. Mi cerebro no sitúa al perro en un específico “lugar” en el tiempo/espacio. Me refiero a tiempo/espacio y no solo a “tiempo”, por la dinámica tiempo/espacio que caracteriza lo de sobrevivir. No es preciso conocer exactamente cómo opera mi cerebro para reconocer que consigue administrar incertidumbre, un tipo de incertidumbre muy particular. Se trata de una incertidumbre compuesta de dos variables: tiempo y espacio. Tal capacidad es propia de todo cerebro. Esto es, no solo el cerebro del ser humano es capaz de administrar ese tipo de incertidumbre. Solo que, solo el ser humano fue capaz de edificar a partir de ella, de la mano del lenguaje que le caracteriza, una nueva “dimensión” de la realidad en la que habita. Al afirmar lo anterior reconozco que estoy haciendo uso de un postulado que aún no dispone de suficiente evidencia como para que lo des por cierto. Si aludo a ello, se trata de que a priori me interesa destacar el rol que juega la incertidumbre para explicar nuestra humana naturaleza. Defino como “Actualización del Presente” aquel proceso mental encargado de administrar información concerniente a aquellos segmentos del medio relevante del individuo que están fuera del alcance de los sentidos en tiempo real. A todas luces, la Actualización del Presente es una necesaria –y vital- herramienta para el ser vivo con cerebro. Apelo a que no es necesario que las neurociencias confirmen la existencia de tal herramienta para reconocer su existencia. No está de más mencionar que si estoy en mi oficina concentrado escribiéndote, no por ello deja de formar parte de mi medio relevante lo que sucede a mis espaldas. Lo cierto es que entre yo y la pared que hay tras de mí, “no sucede nada”. O al menos así lo asume mi cerebro, por lo que en este caso para mi cerebro es tarea fácil realizar la Actualización del Presente en lo relativo a lo que sucede a mis espaldas. Se evidencia que no preciso “tener consciencia” de lo que está sucediendo a mis espaldas para que tenga lugar la mencionada Actualización del Presente. Si me levanto y voy por una taza de café y al ir hacia la puerta mi campo visual abarca el escenario que un momento atrás se localizaba a mi espalda, mi cerebro espera ver una pared. Si entonces mis ojos vieran un frondoso bosque, mi cerebro “se alarmaría” en extremo. Un frondoso bosque no formaba parte un instante atrás del correlato mental de mi medio relevante. Algo no calza con la Actualización del Presente. Un muy instintivo mensaje del tipo “supervivencia en peligro” haría que mi Atención se focalizara en pretender darle sentido a lo percibido. Para mi cerebro, lo percibido en tiempo real resulta ser la realidad que posee menor incertidumbre. Es claro que tras la Actualización del Presente subyace una Proyección del Futuro. A su vez, vimos que en el ejemplo del perro nuestro cerebro se ve obligado a administrar lo que a todas luces muestra ser un elevado nivel de incertidumbre en la Actualización del Presente/Proyección del Futuro. No así en el ejemplo último. Es clara la hermandad que existe entre la Actualización del Presente y la Proyección del Futuro. En ellas “se funde” el Presente con el Futuro en el crisol de la incertidumbre. Un crisol cuyo real tamaño pretende el cerebro saber dimensionar adecuadamente. Me he explayado en la descripción de una herramienta evolutiva que resulta ser fundamental para que emerja la acción consciente, teniendo claro que tal herramienta es una entre varias otras. Saber de lo que hay tras “la acción consciente” precisa administrar bastante más información. Espero que te sirva de consuelo, y de alicate, el hacer crédito de que mi apuesta por transmitir lo que he aprendido es una apuesta que no implica el apelar a actos de fe para validar mis postulados. En tal sentido, te invito a que antes de continuar me des a conocer lo que te merece dudas en relación al contenido de este comentario. Por cierto, excluyo de lo anterior mi último postulado, el que afirma “Me he explayado en la descripción de una herramienta evolutiva que resulta ser fundamental para que emerja la acción consciente”. Lo que sustenta tal afirmación precisa administrar información a la cual aún no he aludido. Aclaro que por tomar por primera pieza del rompecabezas al Cerebro, en caso alguno en este comentario he pretendido poner es su lugar todas las piezas que están adyacentes a él, o que se relacionan indirectamente con tal herramienta evolutiva. Lo cierto es que, al igual que sucede con un rompecabezas, de una u otra forma todas las piezas tienen directa o indirecta relación entre ellas. Solo te pido paciencia.

  18. Gravatar jreguart | 28/05/2019 at 10:33 | Permalink

    Hola Guillermo,

    muchas gracias por tu interesante comentario. La exposición que haces creo que queda muy clara. No imagino por donde continuará tu relato (si es que decides hacerlo) pero no encuentro dificultad en imaginar lo que conceptúas como actualizacion del presente en la gestion de la incertidumbre. Evolutivamente tiene un gran valor para la supervivencia y debemos darle una alta probabilidad a que realmente este proceso mental exista. Yo la conceptuo como una continua exploracion de la atencion a traves del campo de la memoria, con el resultado de traerla al presente e incorporarla a la gestión del mismo. Algo así como el concepto de Edelman acerca del “presente recordado”: en el presente siempre juega el pasado grabado en configuraciones neuronales que resultaron reforzadas por la experiencia vivida. La que nos enseñó que es posible que detrás tengamos un perro enfurecido, o tan sólo curioso, dato que el cerebro evidentemente tiene en cuenta en sus propuestas de proyecciones. Poco porvenir vital tendría si no funcionara así.

    Sigo con la paciencia que me sugieres. Aunque te planteo otro camino. Tu escritura es excelente, clara y de un perfeccionismo lingüístico que a mi en particular me la hace muy atractiva. El tema es super interesante aunque pudiera suscitar grandes dudas… veremos. Pero, aunque simplemente sea como razonamiento puramente intelectual, puede tener un gran valor e interés en nuestro languideciente blog. A pesar de ello, o precisamente por ello ¿por qué no te animas a escribir formalmente en El Cedazo unas cuantas entradas acerca de tus propuestas saliendo del rincón del comentario?

  19. Gravatar Nepolo | 28/05/2019 at 05:08 | Permalink

    Muy interesante el tema , que tiene obviamente mucha miga . Me parece bueno seguir con esta modalidad de hacer más dinámico esto . Hacerlo más tipo conversación , ya que la otra forma es algo así como yo tengo un planteamiento sobre equis tema , lo publico , vengan unos comentarios los respondo y fin …. no hay diálogo suficiente quedando tanto por desarrollar y más aún en un tema tan especial como lo es la consciencia humana y su origen tan difícil de determinar . Ahora entrando de lleno en el tema adhiero a los postulados del Génesis de la consciencia a partir del lenguaje , éste sin embargo simplemente como un gatillante para su emergencia debido a que ya estaba pre -configurada su existencia en los estadios previos . Para mi el lenguaje vehicula todo aquello que en éstos homos primitivos permanecía en estado potencial . Sin embargo la riqueza que genera el lenguaje más complejo es de un carácter determinante ; como sino hablando provocas unas reacciones en los otros que en su posterior meditación generará una cascada de nuevas sugerencias y motivaciones de insospechado alcance . Espero haya gente que comparta sus conocimientos para enriquecer esta entrada resucitada inesperadamente. Un abrazo a todos .

  20. Gravatar jreguart | 29/05/2019 at 07:54 | Permalink

    Hola Nepolo,

    gracias por tu aportación. Pues sí… la entrada resucitó y con una conversación que nada tiene que ver con el Devónico. Muy interesante la opinión de Guillermo aunque ya manifesté mis dudas sobre el lenguaje como vía causal de la aparición de la consciencia. Me parecen más plausibles otros caminos: es cuestión de valorar las probabilidades que estimo a las alternativas. Aunque, sin lugar a dudas, el lenguaje fue definitivo para su espectacular desarrollo posterior. Pero ya veremos como se va orientando ese inesperado foro.

  21. Gravatar guillermo | 29/05/2019 at 04:56 | Permalink

    Hola Jaime. Recuerda objetar todo aquello que postulo y que estimes no se sostiene con los argumentos que voy entregando. Es fundamental que lo hagas.

    Dicho lo anterior, continúo.

    Los monos verdes de África Oriental habitan en grupos de 10 a 30 individuos y emiten fuertes gritos de alarma si avistan a un predador. Conforme al tipo de predador es la llamada sonora que emiten, distinguiéndose tres en particular: para leopardos, para águilas y para serpientes. La alarma que avisa del vuelo del águila les induce a mirar, conforme a las circunstancias, hacia arriba o a correr hacia los matorrales. Para un mono verde cuya atención está dirigida a tomar el fruto de un arbusto, en el momento en que escucha el alerta por águila se altera un segmento del correlato mental de su medio material relevante, segmento que comprende el entorno aéreo situado sobre y tras de sí, que está fuera de su campo visual. Y se ve alterado pues la llamada de alerta activa en su cerebro agrupaciones de neuronas asociadas con el evento “águila en el aire”, lo que trae como consecuencia que la representación mental de un águila se integre a tal segmento del correlato mental del medio. No por nada un mono verde suele mirar hacia el cielo luego de escuchar la señal de alerta por águila.

    El significado asociado al evento “águila en el aire” induce un tipo de conducta que sigue una línea muy definida. El predador, que no ha sido sino indirectamente percibido, (fue “percibido” a través del lenguaje) puede estar a diez o a una treintena de metros de su cabeza, dirigiéndose directamente hacia él, o hacia otro de sus congéneres. A su vez, el significado del llamado de alerta por águila está asociado a un estado emocional que dice relación con peligro, desencadenándose una reacción de estrés en el mono verde que lo escucha. Para éste, no hay lugar a equivocaciones en cuanto a asignarle un significado distinto a un llamado de alerta del tipo “águila en el aire”.

    La “calidad” de la representación mental del evento “águila en el aire” de que dispone en su correlato mental del medio relevante el mono inmediatamente después de escuchar la señal de alerta, evidentemente corresponde a una muy difusa representación de lo que está sucediendo en el espacio aéreo en cuestión. Con el llamado de alerta, lo que sucede en esta zona ha adquirido literalmente una “importancia vital ”. No olvidemos que en el cerebro del mono verde, un instante antes de escuchar la señal de alerta, el entorno aéreo, que no está siendo percibido en ese momento, está representado en su cerebro como una Actualización del Presente.

    No obstante la difusa representación de que dispone el mono verde en su cerebro del evento “águila en el aire” en cuanto a su ubicación espacial hasta antes de levantar la cabeza y ver al predador, el aporte a sus expectativas de supervivencia, que obtiene gracias a la señal de alerta escuchada, es evidente, y en tal sentido el uso del lenguaje reporta una elevada utilidad, por supuesto en la medida en que se cumpla un requisito básico del lenguaje que opera entre estos monos, cual es el que el emisor consiga inducir en el receptor del lenguaje un adecuado significado. El mono que dio la voz de alerta “le transfirió” a sus congéneres lo que para él constituye un segmento de su medio material relevante con significado, en el que destaca, en forma significativa, un águila. Incompleta e inexacta transferencia de lo que sus ojos veían, incierta, pero potencialmente efectiva para los restantes miembros de su grupo, los que consiguen generar con el llamado de alerta un correlato mental de su medio material relevante acorde con el significado del suceso “águila en el aire”.

    Lo descrito deja en evidencia la forma como opera el lenguaje en su aspecto más general, en cuanto a que transfiere información procedente del correlato mental del medio relevante del emisor del lenguaje al correlato mental del medio relevante del receptor de lenguaje. Un requisito básico para que “la palabra empleada” constituya lenguaje dice relación con la similitud del significado que debe poseer la palabra empleada, para el emisor y el receptor de lenguaje.

    Los chimpancés, cercanos parientes nuestros con quienes compartimos alrededor de un 98 por ciento de la genética que nos caracteriza, disponen de algo más de dos docenas de fonemas en su lenguaje verbal. Cada uno de estos fonemas tiene un determinado significado. Los humanos, con similar número de fonemas construimos infinidad de palabras. Nuestro lenguaje nos permite eventualmente darle un nombre a cada elemento del medio, como por ejemplo hacemos con “piedra”, “mesa”, “perro”, etc. y atribuirle específicas características a través del empleo del adjetivo. Por su parte, el verbo permite situar en el tiempo (pasado, presente o futuro) a una acción, proceso o estado de hechos. En el caso del mono verde, una sola palabra integra sustantivo, adjetivo y verbo. Por cierto, los monos verdes solo “conjugan” los verbos en tiempo presente. Para el cerebro del mono verde, el águila en el aire a la que refiere el lenguaje está siempre en el “aquí, ahora”. Tiene mucho sentido lo anterior si consideramos que el cerebro surgió para estar al servicio de un cuerpo material que habita en el Presente. En todo caso, la evolución se encargaría posteriormente de darle un nuevo uso a tal herramienta. Para el estudio de la evolución del lenguaje humano puede ser significativa la información que nos entregue el análisis de la experiencia de vida de Koko la gorila.

    Nada da lugar a asumir que el particular lenguaje humano surgió “de un día para otro”. Con todo lo interesante que puede ser conocer el proceso evolutivo del lenguaje humano, por el momento toda opinión al respecto no pasa de ser una hipótesis entre las muchas que pueden formularse con tal propósito. Postular una hipótesis da lugar a establecer, a partir de ella, postulados de cuestionable verosimilitud. En la práctica, no es preciso conocer su evolución para acceder a conocer de qué se trata la Consciencia (en rigor, la acción consciente), y aquello que junto con ella surgió, el Ser y la Razón.

    No me llamaría la atención que entre nuestros más cercanos parientes, ya extintos, que habitaban en el planeta hace cien mi años, varios de ellos dispusieran de un lenguaje por lejos más cercano al lenguaje nuestro que al lenguaje que emplean los chimpancés.

    Nota: si los monos verdes pudieran emplear una frase del tipo “viene un águila volando que se dirige hacia ti, y está situada a unos cincuenta metros”, se conseguiría disminuir notoriamente la incertidumbre implícita en un llamado de alerta como el que hoy emplean. Como contrapartida, el comparativamente “largo tiempo” que se precisa para transmitir la frase puede llevar a que antes de terminar la transmisión del mensaje el águila esté sobre la eventual presa.

    El estudio del lenguaje, costumbres y comportamiento de la tribu de los pirahãs, una tribu que habita en el amazonas, compuesta por algo más de doscientos individuos, puede aportar interesante información. Sin números, sin pronombres, sin colores, sin tiempos verbales, sin oraciones subordinadas y con sólo ocho consonantes y tres vocales, los Pirahãs consiguen comunicarse.

    Daniel Everett, profesor de fonética y fonología en la Universidad de Manchester, quien vivió por más de 25 años con ellos, afirma: “Restringen la comunicación a la experiencia inmediata”. Cuando no hace mucho supe de ellos, me hicieron recordar los comentarios que me hiciera la directora de una escuela de sordos hace algunos lustros. Entonces, luego de asignarle un rol fundamental al lenguaje humano en lo concerniente a “la consciencia”, acudí al establecimiento que administraba con la intención de comprobar mis supuestos. Entonces afirmó, “los más deprivados son esclavos del presente e incapaces de proyectarse en el tiempo”. Reconozco que cuando iba camino al colegio en cuestión tenía temor a que la evidencia que allí obtuviera desarmara el andamiaje conceptual que hasta entonces había construido. Para mi tranquilidad, mi visita confirmó el núcleo central de mis supuestos.

    No me llama la atención que los pirahãs carezcan de arte, pintura o escultura. En este enlace podrás encontrar información periodística sobre tal tribu. https://www.elmundo.es/elmundo/2007/05/07/ciencia/1178524552.html

    El cerebro “almacena” experiencia de vida del individuo. Es razonable asumir que el cerebro no es capaz de almacenar “toda” la experiencia de vida del individuo. Sin entrar en detalles, valoro el aporte de Damasio en lo referente a los “marcadores somáticos” a los que alude en “El error de Descartes”. No dudo que ellos participan en la “selección” de la información relativa a la experiencia de vida que es almacenada por el cerebro.

    Por cierto la información proveniente de la interacción con otros seres vivos forma parte de la experiencia de vida del individuo. En la práctica, la información que administra el cerebro de mi perro de su historia de vida en la cual yo he participado es convenientemente empleada por su cerebro. Cuando me ve llegar a casa, su cerebro proyecta escenarios de acción a partir de lo que entonces percibe. Con una sola “mirada” se percata de mi “estado de ánimo”. Mi perro, un pastor alemán de buen tamaño, es muy cariñoso, y cuando su cerebro asume que mi estado de ánimo es “positivo” se abalanza sobre mí dando cuenta de lo mucho que significo para él. Es, “afecto puro”, que aprecio. Sin embargo reconozco que lo de que se abalance sobre mí no me resulta del todo grato. Suelo intentar engañarlo y pongo cara de preocupación al entrar a casa, pero su capacidad para realizar una lectura de mi real estado parece ser superior a mi afán de engañarlo y suelo conseguir mi propósito solo a medias.

    Los humanos afirmamos que “la capacidad de ponerse en el lugar de”, -un subproducto de lo que se conoce como “Teoría de la Mente”- es una capacidad eminentemente humana. Hasta donde he aprendido, tal capacidad la poseen, en diverso grado, todos los seres vivos. En la práctica, es la experiencia de vida de mi perro en la cual yo he participado lo que le permite esa suerte de “ponerse en mi lugar” para, desde allí, proyectar mi accionar. Mi perro “me conoce” a partir de su experiencia de vida en la cual yo he participado. La capacidad de “ponerse en el lugar de” resulta ser una conveniente herramienta, que en el caso de los seres vivos con cerebro es un utilitario fruto de la experiencia de vida del individuo. Una interesante materia de estudio surge cuando observamos que implícito en los mensajes que entrega una flor a su polinizador subyace un “ponerse en el lugar de”. En todo caso, según veremos más adelante, no debe llamar la atención que en el ser humano se manifieste en grado superlativo tal capacidad. De hecho, “la naturaleza del Ser” resulta ser fruto de tal capacidad.

    Espero tus críticas, o la de cualquier otra persona que habiendo leído todos mis comentarios, desee participar.

  22. Gravatar jreguart | 31/05/2019 at 08:51 | Permalink

    Hola Guillermo,

    al igual que tus otros comentarios, realmente interesante lo que propones. Como pides opiniones, aunque de un aficionado, ahí van:

    1. La pintura general de tu exposición me parece corrrecta.

    2. Sigo con expectación tu desarrollo del Ser como ente distinto del Yo evolutivo gestor de la acción consciente. Intuyo que ahí no vamos a encontrar coincidencias.

    3. Sigo pensando en lo decisivo que fue el lenguaje para la evolución de la consciencia y la emergencia de sus funciones racionales más complejas. Aunque aún no veo la causalidad del uno para con la otra.

    4. Voy a lo particular. El que los monos verdes reaccionen a un grito de alerta me parece del mismo nivel que el seguro hecho de que reaccionen simplemente viendo la huida de algún vecino. Veo esta reacción en los humanos y tengo necesariamente que aceptarla también en los monos ¿un mono con problemas de oído no escapa del águila? Evidentemente tiene un plus de riesgo pero seguramente tiene probabilidad de sobrevivir.

    5. Comentas que los que padecen una sordera grave desde la infancia parece que reducen su acción consciente a la del presente. No dudo de lo que se te explicó en la escuela que mencionas. Aunque me quedan dos pensamientos: El vivir en el presente no anula la existencia de consciencia, saber lo que me pasa ahora, simplemente dificulta el razonamiento. Segundo, afirmo que es altamente probable que un sordo de nacimiento sepa moverse mentalmente en el tiempo gracias al influjo de otras experiencias vitales no verbales.

    6. Dudo que los animales disfruten de la Teoría de la Mente. La TdlM, según lo que yo creo, es la capacidad de darse cuenta de que el de enfrente posee una capacidad de razonamiento, una mente que, como la mía, le permite saber que yo puedo estar pensando que él también sabe acerca de mí. Un retruécano que a pesar de todo creo que se entiende. Tu afable perro ni de lejos se le ocurre pensar que tu sabes que el tiene una mente operativa útil. Simplemente, como tu dices, reacciona gracias a sus sistemas dopaminérgicos y emocionales, los “marcadores somáticos” de Damasio que tu has traído muy bien a la palestra.

    Hasta la siguiente.

  23. Gravatar guillermo | 31/05/2019 at 10:38 | Permalink

    Hola Jaime. Cuando a priori, por la razón que sea, se estima la figura que aparecerá una vez armado un rompecabezas, si tal estimación es errada, entonces se dificulta su armado. Toda persona administra intuitivamente el concepto de Consciencia y varios otros conceptos que están asociados a tal término. En el sentido de lo mencionado, y para facilitar su armado, es conveniente intentar “olvidarse”, al momento de leer lo que escribo, del significado que quien lee lo que escribo le ha asignado a tal término. Mi compromiso es entregar una coherente explicación de la acción Consciente y del Ser, a partir de cero. Me explico. No parto de un concepto/postulado de la consciencia o del Ser. Llego a ellos a partir de postulados que estimo son simples y lógicos. El hecho de que afirme disponer de una coherente explicación no garantiza el que consiga transmitir lo aprendido. Te pido paciencia en tal sentido, y que no dejes de informarme de todo aquello que te parezca “sacado de la manga”. Yendo a tus preguntas: Cuando mencionas “desarrollo del Ser como ente distinto del Yo evolutivo gestor de la acción consciente”, no tengo claro a qué te refieres con aquel “Yo”. Definir y explicar el significado del término “Yo” puede resultar más complejo que explicar la acción consciente. Así por ejemplo, asumimos que tras un “yo” hay un “alguien”, y tras este, un Individuo, y junto a este, un ser vivo. El concepto de Individuo es, por decir lo menos, resbaloso. Cada una de nuestras células es un individuo, y posee “vida propia”. ¿Dónde está la “vida propia” de un individuo pluricelular con cerebro?. Tiene sentido postular que en cada célula de nuestro cuerpo hay un “yo”. Tiene sentido postular que en cuanto a agrupación de células con cerebro que soy, también hay un “yo”. Más adelante, observando el papel que cumple el Ser, también tendrá sentido afirmar que tal entidad está ligada a un “yo”. Como se observa, el asunto del “yo” es algo complejo de abordar.

    “Sigo pensando en lo decisivo que fue el lenguaje para la evolución de la consciencia y la emergencia de sus funciones racionales más complejas. Aunque aún no veo la causalidad del uno para con la otra”. Paciencia Jaime (es parte del compromiso)

    “El que los monos verdes reaccionen a un grito de alerta me parece del mismo nivel que el seguro hecho de que reaccionen simplemente viendo la huida de algún vecino. Veo esta reacción en los humanos y tengo necesariamente que aceptarla también en los monos ¿un mono con problemas de oído no escapa del águila? Evidentemente tiene un plus de riesgo pero seguramente tiene probabilidad de sobrevivir”. La reacción final puede ser la misma. Cabe preguntarse, en tu ejemplo, ¿cuál fue el primer mono que corrió luego de ser emitida la señal de alerta?. ¿Por qué lo hizo?. Nada tendría de raro que un mono sordo al ver correr a sus semejantes imite tal acción.

    “Comentas que los que padecen una sordera grave desde la infancia parece que reducen su acción consciente a la del presente. No dudo de lo que se te explicó en la escuela que mencionas. Aunque me quedan dos pensamientos: El vivir en el presente no anula la existencia de consciencia, saber lo que me pasa ahora, simplemente dificulta el razonamiento. Segundo, afirmo que es altamente probable que un sordo de nacimiento sepa moverse mentalmente en el tiempo gracias al influjo de otras experiencias vitales no verbales”. En la práctica, todo tiene lugar en el Presente. Me referiré a ello en este comentario.

    “Dudo que los animales disfruten de la Teoría de la Mente. La TdlM, según lo que yo creo, es la capacidad de darse cuenta de que el de enfrente posee una capacidad de razonamiento, una mente que, como la mía, le permite saber que yo puedo estar pensando que él también sabe acerca de mí. Un retruécano que a pesar de todo creo que se entiende. Tu afable perro ni de lejos se le ocurre pensar que tu sabes que el tiene una mente operativa útil. Simplemente, como tu dices, reacciona gracias a sus sistemas dopaminérgicos y emocionales, los “marcadores somáticos” de Damasio que tu has traído muy bien a la palestra”. No pongo en duda que solo el ser humano dispone de la capacidad de “saber de sí mismo”, en la muy particular “forma de saber” que administramos. El ser humano asocia, inconscientemente, el término “saber”, con “saber conscientemente”. Mi apuesta es que solo los humanos “sabemos conscientemente”, lo que no impide postular que existan otras formas de saber, a la que acceden otros seres vivos.

    Para dar respuesta a tus consultas he debido “apoyarme” en algunos postulados que no he tratado en detalle, lo que induce a percibir que estoy sacando un conejo de la chistera.

    Retomo el tema central

    Los niños muestran un elevado interés por aprender palabras y un extraordinario ritmo de aprendizaje. Entre los dos y cuatro años aprenden del orden de una palabra por cada hora que están despiertos, pudiendo llegar a dominar varios miles a los cuatro años. Al parecer, la arquitectura del cerebro humano ha ido evolucionando en aras de mejorar nuestra capacidad para administrar el lenguaje que nos caracteriza.

    Hace más de 20 años Todd Risley y Betty Hart, entonces psicólogos infantiles de la Universidad de Kansas en Lawrence, grabaron cientos de horas de interacción entre niños y adultos en el seno de 42 familias de todo el espectro socioeconómico, haciendo un seguimiento a cada niño desde que cumplía nueve meses hasta los tres años de edad. Al estudiar las transcripciones de aquellas grabaciones, Risley y Hart descubrieron algo sorprendente. A los niños de familias acomodadas –típicamente hijos de profesionales con estudios universitarios– se les dirigía una media de 2.153 palabras / hora; a los niños de familias subsidiadas por los servicios sociales, una media de 616 palabras / hora. A los cuatro años esta diferencia era de unos 30 millones de palabras.

    Hago mención a lo anterior no para destacar el gap al que alude el estudio, sino para dar cuenta tanto de la evidente desproporción existente entre el número de palabras que escucha un niño, y las que pronuncia, como del hecho que el menor vive inmerso en un “medio” poblado por las palabras que escucha. En tal sentido, hay un auténtico “dejarse llevar” por el lenguaje de terceros. Es, un dejarse conducir a través del significado que el cerebro del niño le otorga a las palabras que escucha.

    El lenguaje que ha aprendido un niño de cuatro años que escucha el cuento de Caperucita Roja, le permite caracterizar a dicha entidad y contextualizar las acciones que describe el relato que hace su madre. Para el niño, Caperucita Roja es una niña pequeña, tiene una abuelita, ambas son personas buenas, etc.

    Su madre le relata: “Caperucita Roja se levantó y tomó desayuno con su mamá, quien le preparó una cesta con alimentos para llevar a su abuelita. Su mamá le dijo a Caperucita Roja “ten mucho cuidado con el lobo que habita en el bosque”.”

    El relato de su madre le otorga una particular dinámica temporal al cuento. En efecto, a diferencia de lo que sucede en el mundo de la materia, en “el mundo” en el que tiene cabida el cuento, caperucita se despierta, se viste y toma desayuno en los escasos segundos que tarda su madre en relatar esos hechos. Para el cerebro del niño, lo que está sucediendo con caperucita roja es muy real. No precisa ver con sus ojos aquello que, para su cerebro, está sucediendo, mismo cerebro que no cuestiona la particular dinámica temporal que le imprime el ritmo del relato de su madre a las acciones que el cuento describe.

    A esa edad, el cerebro del niño no consigue discriminar entre “fantasía y realidad”. Para el cerebro del menor, toda aquella información que ingresa a través de sus sentidos forma parte de su medio relevante. Ciertamente, gracias al lenguaje, el medio relevante del niño no está compuesto solo por el medio Material relevante. El lenguaje que escucha expande “la dimensión” de la realidad que como tal valida su cerebro.

    La experiencia de vida del menor le permite que a los cuatro años su cerebro pueda administrar información concerniente a muchas entidades. Sus hermanos, sus padres y abuelos, la misma caperucita roja, etc., son entidades que forman parte de su experiencia de vida.

    Entre todas las entidades susceptibles de ser administradas por el cerebro del niño, hay una que destaca, por sus particulares características. Tal entidad es generada por el lenguaje de terceros, por aquellos que forman parte del día a día del niño. A dicha entidad le llaman “Juanito”. A diario el niño escucha multitud de frases del tipo: “Juanito se comió toda la comida”, “esta tarde iremos con Juanito al parque”, “Juanito, ponte los zapatos”, etc. Si bien con el pasar del tiempo en el cerebro del niño se va estableciendo una asociación cada vez más fuerte entre la entidad Juanito y su cuerpo material, cuerpo cuyo accionar es administrado por su cerebro, jamás se llega a producir una total fusión entre ambos. En el cerebro del niño, gracias al lenguaje de terceros, a la entidad Juanito le es dado, al igual que a Caperucita Roja, “desplazarse” en el tiempo/espacio ajeno a las leyes que gobiernan el mundo de la materia. Por su parte, el cuerpo del menor es literalmente un esclavo del mundo de la materia, materia que solo tiene cabida en el Presente. El cerebro surgió como una herramienta evolutiva, teniendo desde su origen por función administrar las acciones de un cuerpo material, acciones que solo tienen cabida en el Presente. Por estrecha que llegue a ser la asociación que el cerebro en definitiva llegue a establecer entre la entidad Juanito y el cuerpo material del menor, por lo mencionado no es posible que tenga lugar una plena fusión.

    Es común que un menor al que su madre le muestra un plato roto, plato que se le quebró a él un instante atrás mientras jugaba en la cocina, ante la pregunta de su madre “¿quién fue?”, afirme : “fue Juanito”, quedando con ello de manifiesto que el cerebro del menor ve entonces en Juanito a una entidad ajena a su cuerpo. Con el tiempo el cerebro llegará a establecer una muy estrecha relación entre ambos. Tanto así, que dejará de culpar a Juanito por las acciones socialmente desafortunadas que realice su cuerpo. Tal identificación entre el cuerpo del niño y la entidad Juanito no implica fusión.

    Me he referido a la desproporción entre el número de palabras que escucha y el que emplea el menor para destacar que durante los primeros años de vida el menor se ve literalmente “conducido” por el lenguaje de terceros. En caso alguno lo anterior debe dar lugar a desperfilar el rol que juega el lenguaje que él emplea. Así por ejemplo, por su intermedio consigue gestar “amigos imaginarios” que moviliza convenientemente por medio de su lenguaje.

    En la práctica, el lenguaje humano constituye una herramienta evolutiva que posee una extraordinaria potencia. Paradojalmente, quien administra el lenguaje que empleamos es “el torpe mono que nos habita”. “Sabemos” de las palabras que vamos utilizando al hablar, solo al momento en que surgen como acción. Previo a ello, “nuestro inconsciente” realizó la selección de la palabra en cuestión. En la práctica, “el torpe mono” no es tan torpe. Solo que, su accionar forma parte de lo que conocemos como “acción inconsciente”.

    Con el pasar del tiempo, el menor consigue administrar admirablemente a la entidad Juanito, expandiendo prácticamente a voluntad su ámbito de acción a través de la acción del lenguaje. A cualquier adulto mentalmente sano le resulta fácil situar a dicha entidad, por medio del lenguaje, en lo que ha de ser el día siguiente, y desde esa atalaya programar anticipadamente su agenda. Asimismo, empleando a tal entidad, a un adulto le es posible situarla en el día de ayer, y repasar lo entonces vivido. Por cierto, tales proezas no las consigue realizar un cuerpo material que es esclavo del Presente.

    Para quienes le rodean, Juanito y su cuerpo forman una sola unidad, un solo individuo. Para el cerebro, con el pasar del tiempo Juanito llegará a ser una entidad que ameritará mucho cuidado y protección.

    Cuando mi perro ve al gato del vecino trepar por un árbol, o bien observa volar a un ave, integra dicha información a su experiencia de vida, lo que por cierto no da lugar a que su cerebro asuma como propia la capacidad de trepar por los árboles o volar. De similar forma, cuando por medio del lenguaje que emplean terceros la entidad Juanito es “movilizada” a través del tiempo/espacio, tal suceso es integrado a la experiencia de vida del menor, sin que por ello el cerebro asuma que tal capacidad es propia del cuerpo material que administra.

    La entidad Juanito se gesta en la infancia a partir del lenguaje de terceros. Son ellos quienes perfilan a tal entidad, quienes “le dan vida”. De ser, inicialmente, una entidad más, con el tiempo adquiere una relevancia fundamental en el ser humano. En la práctica, dada su génesis, y el extraordinario rol que llega a jugar con posterioridad en lo concerniente a incrementar nuestro potencial de acción, tal entidad condiciona nuestro comportamiento, tornándonos en extremo dependientes del “como me ven” mis semejantes. Ello no debe llamar la atención precisamente por la génesis de tal entidad. En rigor, tal entidad es un hijo del Afecto y del Lenguaje. En lo sucesivo, para referirme a tal entidad emplearé indistintamente el término “Juanito” o “el Ser”.

    Los humanos nacemos sin disponer del Ser. En tal sentido, al momento de nacer somos, en apariencia, un mono más. Sin embargo, en la práctica, al momento de nacer, los humanos disponemos de una arquitectura cerebral capaz de dar cabida a tal entidad. Paulatinamente va adquiriendo mayor relevancia el “cómo me ven” mis semejantes. Ello no debe llamar la atención por cuanto con el pasar del tiempo se va estableciendo una asociación más íntima entre el cuerpo material y la entidad Juanito (el Ser). En la práctica, quienes rodean al menor solo ven en él a un único individuo, lo que induce al fortalecimiento de dicha asociación. A su vez, la experiencia de vida consigue que el cerebro distinga la notoria diferencia que hay entre el potencial de acción del cuerpo material y el potencial de acción del Ser. Al Ser le es dado llevar a cabo acciones, por medio del lenguaje, que rompen con las limitaciones que le imponen al cuerpo material las leyes que gobiernan al mundo de la materia. No debemos olvidar que la capacidad para llevar a cabo acciones es el sello distintivo entre la materia inanimada y la materia con vida, y que los seres vivos se las juegan por intentar conjugar esa suerte de “ley de vida” que dice “Hoy tengo/soy/puedo cinco, mañana tendré/seré/podré ocho; hoy tengo/soy/puedo ocho, mañana tendré/seré/podre once” y así sucesivamente. En aras de incrementar el potencial de acción, el cerebro induce comportamientos del Ser que son propios de su naturaleza afectiva. De una etapa inicial en la que prima un comportamiento egoísta se pasa a un comportamiento “empático”, pues tal conducta favorece el grado en el que se es valorado por nuestros semejantes. Si bien el cerebro pretende inhibir las “conductas instintivas” que, al parecer de terceros, desacreditan el accionar del Ser, en la práctica el en cerebro humano hay una continua aparente “lucha de intereses” entre “el mono que nos habita” y el Ser – que también nos habita. .

    Es tal el peso que ejerce el Ser en lo que somos, que en definitiva los humanos terminamos identificándonos, instintivamente, con la acción del Ser. La acción del Ser da lugar a lo que llamamos la Acción Consciente.

    Nota: No está demás mencionar que hacemos uso de la Razón cada vez que hacemos uso del Lenguaje. La Razón es una poderosa herramienta evolutiva, que si bien surgió junto con el Ser, está, desde sus inicios, al servicio del mono que nos habita. Un mono que, de acuerdo a las circunstancias, privilegiará en grado variable los intereses del Ser y los propios. El niño que juega con otros menores y que por acaparar todos los juguetes de pronto queda jugando solo, suele enfrentar un dilema que resuelve por la vía de ir ofreciendo parte de sus juguetes a los restantes niños. Con esto último, privilegia los intereses del Ser que le habita. Un soldado que coloca una carga explosiva en un puente para hacerla estallar cuando tropas enemigas pasen sobre él, si bien hace de la Razón un instrumento al servicio de la muerte, actúa también en aras “del bien de la Patria”. Una ciudad, un país, una sociedad anónima, un club de pesca y caza, en definitiva tras cualquier agrupación de humanos susceptible de ser caracterizada a través de aquello en común que comparten quienes integran una agrupación, es posible identificar a una Entidad. Tales entidades son, para el historiador Yuval Harari, ficciones, ficciones propias del ser humano, y afirma, con justa razón, que sobre la capacidad para crear y difundir ficciones se ha cimentado el actual liderazgo evolutivo del ser humano. En la práctica, se lo debemos al Ser.

    El cerebro reconoce en el Ser a una entidad muy real. El cerebro “no sabe” que se trata de una ficción evolutiva, de una magistral ficción.

    El Ser habita en el cerebro, y percibimos que tiene vida por intermedio de la acción consciente. Es, en esencia Información. Si bien se trata de información que opera en el Presente la que emplea el cerebro para darle vida y acción al Ser, a través del Verbo el cerebro consigue movilizar en escenarios inmateriales y atemporales al Ser. Gracias al potencial de acción del Ser, al hacer uso de la Razón accedemos a una herramienta evolutiva inédita. Por su intermedio jugamos a ser dioses.

    He conseguido posicionar un número suficiente de piezas del rompecabezas como para que quien lea cuidadosamente mis comentarios pueda perfilar adecuadamente la naturaleza del Ser y de la acción consciente. Faltan muchas otras piezas por hacer calzar con las ya dispuestas. Su montaje permite conocer de mejor forma lo que somos, pero no es preciso aludir a ellas para disponer de una coherente explicación de la acción consciente y del Ser.

    Aquí es donde corresponde poner a prueba la paciencia, pues recomiendo volver a leer desde el comienzo mis comentarios, como si fuera primera vez que se leen. Aquello que te parezca que no calza, házmelo saber. Me refiero a lo que no calza con mi propio discurso, no a aquello que no calza con las ideas que tenías antes de leer mis comentarios.

  24. Gravatar jreguart | 06/06/2019 at 07:15 | Permalink

    Hola Guillermo,

    lo primero pedir excusas por la tardanza en mi respuesta. Andaba haciendo lo que más me gusta: montañismo. Pero todo lo bueno tiene un fin y aquí de nuevo en casa.

    Siento no poder ayudar mucho ante tu frase “Aquello que te parezca que no calza, házmelo saber. Me refiero a lo que no calza con mi propio discurso, no a aquello que no calza con las ideas que tenías antes de leer mis comentarios”. Conceptualmente nos movemos en dos mundos diferentes, el tuyo absolutamente filosófico, lo cual no quiere decir que inválido, y el mío más empírico, lo cual sólo quiere decir que en mis razonamientos me encuentro más cómodo moviéndome en un mundo físico teórico, aquel que, sin darme certeza absoluta me da la mayor probabilidad de verosimilitud. En este sentido comprenderás que no puedo comentar tus propuestas desde la posición que me pides.

    Frases como “En el cerebro del niño, gracias al lenguaje de terceros, a la entidad Juanito le es dado, al igual que a Caperucita Roja, “desplazarse” en el tiempo/espacio ajeno a las leyes que gobiernan el mundo de la materia“, “empleando a tal entidad, a un adulto le es posible situarla en el día de ayer, y repasar lo entonces vivido. Por cierto, tales proezas no las consigue realizar un cuerpo material que es esclavo del Presente“, “a través del Verbo el cerebro consigue movilizar en escenarios inmateriales y atemporales al Ser” están fuera de lo que me parece lo más probable dado lo que sabemos de como funciona el mundo, la materia y la energía. Y lo que sabemos es muy sólido y soportado por muchas pruebas empíricas. Quizás en un futuro se amplíe nuestro conocimiento, pero no creo que cambie la validez de lo que conjeturamos ahora. Me podría alargar más, pero desde mi punto de vista, aprendido del de los que realmente saben más acerca del tema, el cerebro material es el que no sólo inventa el mejor presente para nosotros, sino que también el pasado y el futuro. Ambos invenciones de la materia. No tengo reparo intelectual para aceptar esto último. Y sí para aceptar algo distinto.

    Dicho esto, también reconozco que intelectualmente tu razonamiento me interesa. Así que espero seguir leyéndote.

  25. Gravatar Cesar Alcalde | 09/06/2019 at 04:45 | Permalink

    A propósito del tema leí hace un tiempo del filósofo alemán Markus Gabriel : “somos algo más que nuestro cerebro . todo esto apoyándose en la denominada concepción o filosofía del espíritu , en la que defiende la capacidad humana de equivocarse y hasta de ser irracional . Es decir, el individuo posee un margen de libertad espiritual que nos hace independientes y falibles . En esta línea, su principal ataque va dirigido contra el neurocentrismo y sus precursores –el estructuralismo y el postestructuralismo- que, a juicio del autor, identifican el Yo con el cerebro. Si estuviésemos en manos de nuestro cerebro , en el gobierno de nuestras decisiones , y no participase también el espíritu humano, estaríamos negando el libre albedrío. Por tanto, la igualdad Yo=Cerebro, tesis básica del neurocentrismo, se presenta como una condición necesaria pero no suficiente. Por ejemplo, el lenguaje, cuya existencia y necesidad no sería explicable -como otros tantos hechos culturales- sin la interacción social propia de los individuos, pese a tener una capacidad cerebral para su desarrollo”. a considerar .

  26. Gravatar jreguart | 09/06/2019 at 07:40 | Permalink

    Hola César,

    no quiero entrar en consideraciones de tipo filosófico. No porque no las valore, que si lo hago y mucho, sino porque me interesa más la vertiente científica del cerebro. Dejar paso a la Ciencia, que por otro lado es falible, ha permitido a la Humanidad el conocerse con más profundidad. Dejémosle cabida en nuestras cabezas y no la neguemos porque se nos hace contraintuitiva. Esa es mi posición.

    Dicho eso, reafirmo mi idea de que, con una gran probabilidad, el cerebro es una máquina evolutiva que en su aislamiento nos propone actuaciones útiles para la supervivencia. No veo por ahora cómo pueden interactuar espíritu y materia, ni en que momento del desarrollo evolutivo un mamífero encontró a su espíritu por primera vez. Qué le vamos a hacer.

  27. Gravatar gillermo brand | 09/06/2019 at 04:56 | Permalink

    Hola Jaime. Bienvenido a la ciudad.

    Me ha resultado de mucha utilidad tu comentario: “Conceptualmente nos movemos en dos mundos diferentes, el tuyo absolutamente filosófico, lo cual no quiere decir que inválido, y el mío más empírico, lo cual sólo quiere decir que en mis razonamientos me encuentro más cómodo moviéndome en un mundo físico teórico, aquel que, sin darme certeza absoluta me da la mayor probabilidad de verosimilitud.”

    Ello, por cuanto desde siempre mi intención ha sido el ir edificando un escenario conceptual que sustentado en evidencia empírica permita acceder a postulados/conclusiones que revistan el carácter de obviedades. Así por ejemplo, me refiero a Pávlov para destacar un proceso cerebral que si bien tiene lugar en el presente del perro, se caracteriza por administrar información que alude al Presente, Pasado y un eventual Futuro. En efecto, a partir de información procedente del presente (el sonido de la campana) en el cerebro del perro se activan memorias que aluden a experiencia de vida previa (pasado). El pasado en cuestión abarcaría un conveniente segmento temporal. Esto es, no se refiere a una suerte de “foto” (un instante) sino más bien a un “video” (un proceso en el tiempo) en el que está contenida información que alude a una historia de vida que contiene un suceso que entonces tuvo lugar LUEGO de haber escuchado la campana. La información procedente del video en cuestión, si bien sólo alude al pasado, en la práctica constituye un referente para proyectar un eventual futuro. En efecto, en el pasado, luego del sonido de la campana tuvo lugar un suceso. A falta de mejor referencia para proyectar el futuro, el cerebro del perro “asume” que lo que entonces sucedió, volverá a suceder, esto es, que con posterioridad al sonido de la campana se le ofrecerá comida. (si estimas que el análisis anterior “no se sostiene”, házmelo saber por favor)

    Del experimento de Pávlov concluyo que el cerebro distingue convenientemente entre Pasado, Presente y un eventual Futuro. La información que capturan los sentidos, en el presente en el que se habita, activan memorias que aluden a historia de vida en la cual la información que está siendo capturada por los sentidos, entonces tuvo relevancia.

    Empleo el término “video” como una metáfora. Si bien desconocemos los mecanismos que operan en el cerebro que permiten la discriminación temporal de la información, es evidente que el cerebro distingue convenientemente entre Pasado, Presente y un eventual Futuro.

    Si bien de buenas a primeras no es posible concluir que hay “un alguien” que, alojado en el cerebro, deambula discrecional y convenientemente sobre la flecha del tiempo, en la práctica, el relato del cuento de caperucita roja da lugar a que el cerebro del niño “movilice” a través del tiempo/espacio, por medio del lenguaje que escucha, a la entidad caperucita roja. Disponiendo de la debida experiencia de vida, si su madre le pide que le relate el cuento, el niño, empleando lenguaje, no tendrá inconveniente en relatar su propia versión, la que en general no diferirá en lo sustancial del cuento.

    El hecho de que caperucita roja no exista en el mundo de la materia, no resulta ser un impedimento para hacer de ella, en el cerebro del menor, una “muy real entidad”. Con el tiempo en niño aprenderá a distinguir fantasía de realidad.

    Me interesaría que me informes acerca de lo que te parece objetable de mi comentario, y al hacerlo me entregues tu versión. ¿No estimas que el experimento de Pávlov permite concluir que el cerebro administra información que alude al Presente, al Pasado y a un eventual Futuro?. ¿Objetas que el cerebro del menor que escucha el cuento de caperucita roja “moviliza”, en un escenario no material, a tal entidad?. ¿ Objetas que a su vez, en dicho escenario “no material” tiene lugar, gracias al lenguaje, una “maleabilidad” del tiempo/espacio? (caperucita roja se viste, toma desayuno, prepara el cesto con comida y sale de casa, todo ello en nada más que los escasos segundos que tarda su madre en relatar tales acontecimientos)

  28. Gravatar jreguart | 09/06/2019 at 10:17 | Permalink

    Hola Guillermo,

    igual estoy perdido desde el principio. Todo lo que planteas hoy me parece absolutamente correcto. Cómo no afirmar que las emociones reafirmadas por la experiencia influya en la acción del perro. Cómo no estar de acuerdo que el cerebro del niño es capaz de imaginar dentro de un escenario “no material” como tu lo defines (aunque lo de no material se presta a confusión. No está en el exterior pero si en la circuitería material del cerebro del niño) siendo el niño un individuo Homo en el que alguna de sus especies fue capaz de inventar abstracciones tan inmateriales como la idea de bondad, patria… Creo que lo dejaré para los sapiens. Claro que el lenguaje da profundidad temporal y espacial a los relatos, al igual que sucede al leer un libro o incluso al escuchar una buena música programática.

    Quizás me haya perdido cuando diferencias entre un Yo y un Ser, este último con capacidad de deambular por fuera de la materia donde sí está el Yo. Tu frase “Si bien de buenas a primeras no es posible concluir que hay “un alguien” que, alojado en el cerebro, deambula discrecional y convenientemente sobre la flecha del tiempo” me sigue confundiendo. Ya que yo sí concluyo (me parece lo más probable) que no existe este “alguien” tan fuera de la realidad conocida. Adelante y atrás por la flecha del tiempo sólo deambulan las partículas fundamentales en su mundo cuántico. El resto, bajo la tozudez de la segunda ley de la termodinámica, no nos queda otra que ir en la dirección de la tal flecha. Por lo que colijo que si somos capaces de adelantarnos o atrasarnos con respecto a la dichosa flecha, es que nuestro pobre cerebro material, que como entidad material no lo puede hacer, es capaz de manejar en cada momento presente la información de nuestro vídeo autobiográfico. Información que sin lugar a dudas no es preciso ir a buscarla al pasado, o en un futuro, ya que está completa en la circuitería cerebral de cada presente. Dices “La información que capturan los sentidos, en el presente en el que se habita, activan memorias que aluden a historia de vida en la cual la información que está siendo capturada por los sentidos, entonces tuvo relevancia”. Y yo digo ¡pues claro! aquí solo aparece presente.

    Repasando mi opinión se me ocurre que quizás el entuerto esté en que tu primes un razonamiento lógico y yo un razonamiento empírico científico. Y digo eso a pesar de tu frase “desde siempre mi intención ha sido el ir edificando un escenario conceptual que sustentado en evidencia empírica permita acceder a postulados/conclusiones que revistan el carácter de obviedades”. No puede ser empírico una entidad cabalgando a su gusto por la flecha del tiempo. Como ves quizás ande perdido del todo a leerte.

    Un saludo y que siga la conversación.

  29. Gravatar Bladimir | 10/06/2019 at 01:24 | Permalink

    “el cerebro distingue convenientemente entre Pasado, Presente y un eventual Futuro” . tengo mis dudas acerca de la forma como se expresa esto , creo que el cerebro no toma nota de ello de la forma como lo hace esa emergencia que apareció mucho después y que conocemos como la consciencia . el cerebro hace esa distinción simplemente como una máquina . es por ello que me parece conveniente hacer la diferencia .

  30. Gravatar jreguart | 10/06/2019 at 05:57 | Permalink

    Hola Bladimir,

    gracias por tu opinión. Yo soy de los que piensan que el cerebro es una sorprendente y maravillosa máquina. Una emergencia no anula al sistema de donde emerge, tiene que ser compatible.

  31. Gravatar Marcelo | 10/06/2019 at 06:00 | Permalink

    Jreguart, Plenamente de acuerdo contigo , aunque les duela a los que piensan distinto , sino fuera por esta maquinita no existiría la consciencia y todo ese mundo abstracto que surgió paralelamente . distinto es decir que cerebro = yo . obviamente esto es un reduccionismo , pero la interacción ha sido con otras emergencias que surgieron de otros cerebros y en conjunto crearon la cultura y así etc etc.

  32. Gravatar jreguart | 10/06/2019 at 06:51 | Permalink

    Hola Marcelo,

    gracias por tu comentario. Me satisface oír a otros que piensen como yo. De todas formas mi opinión es que si otros piensan distinto de mi tienen todo el derecho del mundo. Como he dicho en otros comentarios yo me muevo por lo que creo me da una mayor confianza, que se traduce en una mayor probabilidad de que sea cierto frente a la probabilidad de que lo sean las otras alternativas, que es lo mismo que confiar en lo más plausible. Con este planteamiento es evidente que doy margen a equivocarme y doy probabilidad de acierto a otras ideas. Lo que pasa es que día que vivimos, descubrimiento que hacemos, ergo… más probabilidad para la tesis material o naturista, como quieras llamarla.

    Un saludo

  33. Gravatar gillermo brand | 11/06/2019 at 03:37 | Permalink

    Hola Jaime

    Animo y paciencia.

    Agradezco la participación de Bladimir y Marcelo.

    De alguna manera el cerebro se las arregla para disponer de un correlato mental, tanto del medio relevante en el que se encuentra el individuo (para ello captura información a través de los sentidos) como de su propio cuerpo. Ciertamente tal correlato se sustenta en un sustrato material (neuronas, hormonas, etc), pero en definitiva se trata de Información. Si asumimos que se trata de una caja negra que tiene un input y un output, la evidencia empírica nos informa que a partir de la información que ingresa a la caja negra tienen lugar procesos que involucran administración de información que alude al pasado, al presente y a un eventual futuro. El eventual futuro se nos manifiesta a través de las acciones que se generan producto del proceso en cuestión. Me refiero a “eventual futuro” por cuanto en definitiva se trata de una apuesta que realiza el ser vivo, en la que asume futuros estados probables del medio. Lo anterior queda claro con el experimento de Pávlov. A su vez, es evidente que el cerebro es capaz de diferenciar entre pasado, presente y un eventual futuro. En la práctica, el cerebro hace uso de la experiencia de vida para proyectar eventuales estados futuros. La experiencia de vida involucrada en el proceso, estaba “latente”, almacenada en neuronas. Como resultado de lo que se percibe, se activan específicas memorias, específicos episodios ya vividos (experiencia de vida).

    La caja negra en cuestión, a todas luces está al servicio de un “alguien”, lo que da lugar a asumir que existe un Individuo. En la práctica, tal individuo podemos identificarlo con un cuerpo material. La caja negra en cuestión administra información que alude a otros individuos, a otras entidades. Mi padre, mis amigos, mis hermanos, mi perro, todos ellos forman parte de mi experiencia de vida, experiencia de vida que está almacenada en el cerebro. Como mencionara antes, la información que capturamos en el presente que estamos viviendo da lugar a activar memorias específicas, que aluden a experiencia de vida previa.

    Si bien todo el proceso sucede en el Presente, en el proceso participa información proveniente de la historia de vida, esto es, información que alude al pasado. El hecho de que el cerebro consiga distinguir entre pasado, presente y un eventual futuro, da lugar a asumir que el cerebro administra una convenientemente representación de la flecha del tiempo. El conseguir coger una pelota que nos arrojan da cuenta de la efectividad con que el cerebro administra la flecha del tiempo para la ejecución de las acciones corporales.

    Para los restantes seres vivos con cerebro, toda la información que capturan del medio refiere a algo que está sucediendo en su medio material, en el Presente en el que habitan. Cuando mi perro escucha el maullido de un gato, para su cerebro el gato forma parte del presente. Caperucita roja no existe en el mundo de la materia, sin embargo gracias al lenguaje humano el niño integra en su correlato mental de su medio relevante a tal entidad cuando escucha el relato. El cerebro del niño procesa la información del lenguaje asumiendo que caperucita roja, aunque no la están viendo sus ojos, es muy real. Con el tiempo aprenderá a distinguir “fantasía” de “realidad”.

    En tu comentario aludes al Ser. Antes de referirme al Ser, me interesa saber si estás de acuerdo con lo que he mencionado en este comentario, y que me hagas los reparos correspondientes.

  34. Gravatar jreguart | 11/06/2019 at 08:18 | Permalink

    Hola Guillermo,

    completamente de acuerdo. Un matiz de quisquilloso: el cerebro del perro maneja la flecha del tiempo tan bien como nosotros. Podemos aplicar perfectamente tu ejemplo de coger una pelota. Otra cosa será decidir qué tipo de consciencia genera ese cerebro.

    Un saludo

  35. Gravatar Anibal Feres | 11/06/2019 at 11:28 | Permalink

    Me atrevo a afirmar que un individuo solo , sin interacción con otros de su especie no puede desarrollar una consciencia . por esta razón es que creo que la ruta del origen de la consciencia parte en el individuo como una protoconsciencia , se amplía y enriquece en la interacción con el medio y los otros individuos – con el aporte de sus experiencias – y vuelve a cada uno de los individuos con notables cambios y avances y más desarrollada . finalmente el individuo en su reflexión termina por darle forma… Sin interacción quedaría en un estado larvario ; de esta manera entiendo a aquellos que arguyen que la consciencia no se origina en el cerebro , sino en la interacción . considerando a esta última casi como una entidad nueva con valor de independencia con respecto a los cerebros individuales .

  36. Gravatar gillermo brand | 12/06/2019 at 03:51 | Permalink

    Hola Jaime

    En efecto, como tu señalas, el cerebro del perro es un hábil administrador de la flecha del tiempo.

    Como mencionara en mi comentario anterior, el maullido de un gato consigue que el cerebro de mi perro integre en su correlato mental de su medio relevante a un gato “situado en el presente”. El cerebro del perro asocia el maullido con la entidad gato. Ello, dado que el maullido del gato consigue activar memorias que contienen información relativa a experiencia de vida del perro en la cual ha participado un gato. Si en la historia de vida de mi perro nunca ha participado un gato, entonces un maullido que escucha es tan solo sonido/ruido, información sin significado. En la práctica, los sentidos capturan Información. Dicha información “adquiere sentido” (se contextualiza) a partir de la experiencia de vida que “cobra vida” cuando se activan las memorias asociadas con la información percibida.

    El cerebro de mi perro contiene mucha información (experiencia de vida) relacionada con su interacción conmigo. Ello le permite realizar convenientes discriminaciones. Así, cuando me ve llegar sonriente, se activan memorias que le inducen a dar saltos de alegría y abalanzarse sobre mí.

    Me he referido con anterioridad al “correlato mental” del medio relevante. Si la asociamos con una suerte de fotografía, es claro que dicha fotografía contiene “zonas borrosas”. En efecto, cuando mi perro escucha un maullido y no está viendo al gato, su cerebro integra a tal entidad en el correlato mental del medio relevante, pero ciertamente no consigue ubicarlo espacialmente a cabalidad, como sucede cuando a la par de escuchar el maullido está viendo al gato. Es evidente que el cerebro es capaz de administrar información asociada con Incertidumbre. En un comentario anterior aludí a la Incertidumbre en cuestión, manifestando que la Incertidumbre que administra el cerebro atañe no solo al espacio sino al espacio/tiempo. Aclaro que se trata de una incertidumbre que surge como consecuencia de la forma como el cerebro administra información, y que afecta a “la calidad” con que correlato mental del medio representa a las condiciones imperantes en el medio relevante. Es decir, no se trata de incertidumbre existente en el medio relevante.

    En un ejemplo anterior me referí a que mi perro reaccionaba ante la palabra “gato”, luego de haber conseguido que en su cerebro se generara una asociación entre dicha palabra y la entidad gato. En más de una oportunidad, en presencia de un amigo, he dicho “gato, gato”, consiguiendo que mi perro saliera corriendo hacia el patio. Yo sabía que no había gato alguno en el patio. En el cerebro de mi perro, cuando escuchó las palabras “gato, gato”, un gato se integró a su correlato mental del medio.

    Cuando un niño escucha el cuento de Caperucita Roja, literalmente “se expande” el correlato mental de su medio relevante, dando cabida a los sucesos que describe el cuento. El niño no precisa estar viendo a caperucita roja para integrarla en el correlato mental de su medio relevante. El cerebro del niño “percibe” a caperucita roja y su accionar, a través del lenguaje.

    Antes de continuar, me gustaría me informaras si algo de lo mencionado en este comentario te merece dudas.

  37. Gravatar jreguart | 12/06/2019 at 06:56 | Permalink

    Hola Anibal,

    gracias por tus acertados comentarios. La visión también surge de la circuiteria cerebral y requiere de los fotones que viene del exterior ¿por qué hay que darle a la consciencia un plus de “misterio”? La interacción stá en la base de la vida y de la funcionalidad del cerebro. Esta claro que un cerebro complejo sin interacción desarrolla un menor grado de consciencia. En la complejidad de la información que maneja el cerebro esta la base de la consciencia. Pero eso no la hace distinta a cualquier construcción del cerebro. Creo yo.

  38. Gravatar jreguart | 12/06/2019 at 12:22 | Permalink

    Hola Guillermo,

    todo bien desde mi punto de vista. Seguimos en contacto.

  39. Gravatar gillermo brand | 12/06/2019 at 07:35 | Permalink

    Hola Jaime He preferido privilegiar ir avanzando de a poco pero sobre terreno firme. De allí que mis últimos comentarios hayan sido cortos. Paciencia. Con el lenguaje humano, el correlato mental del medio relevante experimenta una auténtica “expansión”. En efecto, en los restantes seres vivos con cerebro, el lenguaje que emplean siempre alude/representa algo que está sucediendo en su medio material relevante. No es el caso del lenguaje humano, por cuyo intermedio se puede aludir a una caperucita roja inexistente en el mundo de la materia. En el sentido descrito es que la “expansión” a la que me refiero implica acceder a una nueva dimensión de “la realidad” que administra el ser humano. Podemos llamarle “mundos imaginarios” o “mundos inmateriales” a aquellos segmentos del correlato mental que genera el cerebro humano, que no disponen de un referente “localizado” en el mundo de la materia. El grado en el que estos “mundos inmateriales” participan en el correlato mental del medio relevante en el ser humano puede ser superlativo. Si bien durante la vigilia un niño está permanentemente -a través de sus sentidos- capturando información que alude a aquello que forma parte del medio material, una proporción no despreciable del lenguaje que escucha puede referirse a “mundos inmateriales”. Recordemos que entre cero y cuatro años un menor escucha entre 10 y cuarenta millones de palabras. Es una cifra descomunal, sin duda. Quienes hacen uso del lenguaje que escucha el menor, lo emplean para apelar a sucesos/elementos que no necesariamente forman parte del mundo material. Durante esta etapa de su vida el menor –en rigor, el cerebro del menor- genera correlatos mentales de su medio relevante plagados de segmentos que corresponden a “mundos inmateriales”. En tanto el niño no aprenda a diferenciar “fantasía” de “realidad”, todo aquello que relata el lenguaje que escucha es valorado, por su cerebro, como parte integrante del mundo material. Cabría exceptuar de la categoría de “fantasía” aquellos sucesos/elementos que son integrados -a través del lenguaje que escucha el menor- en su correlato mental, y que aluden al pasado o al futuro. Esto tiene lugar cuando el menor aprende a administrar los tiempos verbales. Antes de continuar, infórmame si hay algo de mi comentario que amerite una mejor explicación.

  40. Gravatar Nepolo | 12/06/2019 at 11:46 | Permalink

    “que no disponen de un referente “localizado” en el mundo de la materia” . Guillermo , si lo analizas a fondo te darás cuenta que todo aquello que está en el mundo subjetivo finalmente proviene del mundo material porque los receptores de información que son nuestros sentidos solo tienen contacto con la materia y es la única fuente que dispone nuestro cerebro para crearnos todo este mundo interior que tenemos los humanos . otra cosa es que estemos fascinados con la maravilla que se logra con el resultado que este órgano nos entrega con sus interacciones , sin embargo no hay que olvidarse que el cerebro solo recrea lo que capta del medio , no nos entrega una imagen real de él porque los abastecedores de la información son limitados . es por ello que la maquinita recurre a la inventiva para facilitarnos y facilitarse las cosas . por lo demás abundan los ejemplos de como somos engañados por la susodicha . si analizas el cuento de la caperucita que has citado como ejemplo ; cada uno de los elementos que componen esta fábula por muy originales que parezcan tienen un sustrato material finalmente ….yo antes me preguntaba por qué el cerebro no es capaz de indagar acerca de la muerte , por qué ni los más sabios durante milenios no nos han dado una respuesta satisfactoria sobre este misterio . Simplemente porque nuestros sentidos dejan de funcionar y el cerebro queda imposibilitado de formular la más simple de las respuestas . Él no nos puede informar de aquello de lo cual nunca ha tenido acceso , ni su supuesta capacidad suprasensible es capaz de hacerlo .

  41. Gravatar Fedor | 13/06/2019 at 12:05 | Permalink

    He llegado por el azar a esta entrada y veo que tratan un tema muy interesante como es la consciencia . Yo tengo una mirada muy distinta a la neurocentrista que aquí en este blog se estudia y por tal motivo quiero compartir un vídeo de la neurocientífica Divya Chander en el cual nos presenta una visión muy original acerca del origen de la consciencia . https://www.youtube.com/watch?v=enuJV72djOE&feature=youtu.be . gracias y seguiré leyendo las otras entradas de Jreguart que son de mi interés también .

  42. Gravatar jreguart | 13/06/2019 at 07:00 | Permalink

    Hola Fedor,

    muchas gracias por tu sugerencia. Me pongo a ver el vídeo.

  43. Gravatar Marcelo varoni | 13/06/2019 at 06:08 | Permalink

    Kant ya en el siglo XVIII en el terreno de la epistemología argumentaba que quizá nunca conozcamos la cosa en sí (el noúmeno) aquello que está más allá de nuestra percepción ; simplemente porque el aporte que genera nuestro cerebro depende de la capacidad limitada que tienen nuestros sentidos , y nuestra mente se ha estructurado de acuerdo con esa información y que para nosotros constituye el conocimiento , pero no hay que olvidar que es solo nuestro conocimiento que se ha elaborado en nuestro limitado cerebro . con esto nos queda más que claro que hay un vasto universo con millones de misterios por descubrir de los que nuestros sentidos y cerebro permanecen ignorantes y al que no tienen acceso . hay otras voces que suelen proponer una misteriosa conexión entre nuestro cerebro , saltándose los sentidos , con otras dimensiones que aportarían todo aquello nos falta para completar el cuadro …. espero ansioso ese día . gracias

  44. Gravatar jreguart | 14/06/2019 at 07:21 | Permalink

    Hola Marcelo,

    creo con bastante firmeza que el hombre progresivamente va a tener más y más acceso a la información que hay por ahí afuera. Hace mucho que el lenguaje le abrió un acceso y un almacen de información casi infinito fuera del entorno del cráneo. La tecnología, desde siempre, nos amplió este campo para el análisis cada vez más profundo. La tecnología hoy en día nos promete grandes alegrías. A pesar de que tengo un montón de años vividos, aun sigo con la ilusión de poder conocer y sorprenderme con nuevos datos de nuestro mundo. Estoy seguro de que será así y que mis nietos vivirán tiempos emocionantes para el razonamiento. No sé si encontraremos nuevas dimensiones donde ahora se nos ocultan explicaciones… todo es posible ¿por qué no? Dices que “saltándose los sentidos”. Si reflexionas un poco te darás cuenta que ya el hombre se saltó los sentidos hace muchos siglos: ejemplo, la riquísima información que recibimos a caballo de la luz en el espectro no visible. O la potencia de investigación que nos da las matematicas. Yo creo que hay que andar por ese camino, queda mucho por recorrer, antes de justificar el desconocimiento a partir de “soportes trascendentales”. Lo digo porque no sé si con lo de saltarse los sentidos querías expresar que la explicación la vamos a encontrar en un mundo no físico.

    Gracias por tu aportación. Todo suma.

  45. Gravatar gillermo brand | 14/06/2019 at 09:45 | Permalink

    Hola Jaime

    Al continuar, lo hago asumiendo que mi anterior comentario no te merece reparos.

    Hemos visto que el cerebro almacena información que refiere a experiencia de vida. Es una información que se encuentra en estado “latente” hasta el momento en que, como consecuencia de lo que se percibe, son activadas las neuronas/memorias que “almacenan” la información en cuestión. Sin entrar en detalles, apelando a los estudios de Antonio Damasio podemos asumir que una experiencia de vida almacenada en el cerebro posee “carga emocional” (Considero muy valioso el aporte de Damasio en lo referente a los “marcadores somáticos”). En concreto, la experiencia de vida no solo contendría información relativa a las condiciones del medio relevante del individuo. O bien, habría que incluir, en “el medio relevante del individuo” su estado corporal. No profundizaré acerca del rol de las emociones y sentimientos en el significado que adquiere lo percibido. Lo percibido por los 5 sentidos es “simplemente información”. A través del procesamiento que el cerebro realiza de la información que se percibe, se activan memorias que aluden a experiencia de vida. Entonces, la información adquiere “significado” para el individuo.

    Hemos visto que mi perro dispone de una vasta experiencia de vida en la que yo he participado, lo que le permite proyectar acciones más efectivas cuando interacciona conmigo. Para el cerebro de mi perro, yo soy una Entidad distinta a la entidad que representa al cartero que suele entregar la correspondencia que me envían. En el cerebro de cualquier humano adulto normal están latentes las representaciones de cientos, sino miles de diferentes entidades.

    Caperucita Roja es una entidad que “cobra vida” cuando el niño escucha el cuento. Sabemos que la tal caperucita roja no existe en el mundo material, sin embargo para el cerebro del niño, caperucita roja es “muy real” cuando escucha el cuento. Es “un lugar” que es representado en el correlato mental de su medio relevante, un “lugar” que es generado por el lenguaje que escucha, un “lugar” inexistente en el mundo material, lugar perteneciente a lo que he llamado “mundo inmaterial”.

    A diario el menor escucha que quienes le rodean se refieren a diversas entidades. Algunas son “muy reales”, como sus abuelos, etc., y otras no lo son, como caperucita roja. De entre todas las entidades susceptibles de ser administradas por el cerebro de un menor, hay una muy especial. Quienes rodean al menor se refieren a él, caracterizándolo. Asumiremos que el menor tiene por nombre “Juanito”. “Juanito es bueno”, “Juanito se comió toda la comida”, “Juanito, pórtate bien”, “¿ quieres ir pasear ?”, etc., etc. El lenguaje de terceros va perfilando “la biografía” de la entidad Juanito que administra el cerebro del menor. A su vez, a través del lenguaje de terceros, el cerebro del niño va estableciendo, con el pasar del tiempo, una asociación cada vez más fuerte entre la entidad Juanito y su propio cuerpo.

    Así como el cerebro del menor es capaz de “movilizar” a través de “mundos inmateriales” a una caperucita roja cuando la integra a su correlato mental al momento en que escucha el cuento, gracias al lenguaje que escucha el menor, y que se refiere a la entidad Juanito, integra a tal entidad en su correlato mental. Solo que, no siempre el lenguaje que el menor escucha se refiere a un Juanito que está llevando a cabo la acción que en ese momento realiza el cuerpo del menor. Es decir, si bien paulatinamente en el cerebro del menor se va estableciendo una asociación más fuerte entre la entidad Juanito y su cuerpo, no es posible que tal asociación llegue a dar lugar a una fusión entre la entidad Juanito y el cuerpo del menor. Gracias al lenguaje de terceros, a la entidad Juanito le es dado llevar a cabo acciones en “mundos inmateriales”. Al cuerpo material que administra el cerebro del menor no le es dado realizar tales proezas.

    No hay que olvidar que el cerebro es una herramienta evolutiva que surgió para administrar las acciones corporales del individuo que lo posee, acciones que tienen lugar en el mundo de la materia en el presente que se habita. No es posible que exista total fusión entre la entidad Juanito y el cuerpo del menor dado que en oportunidades el lenguaje de terceros “moviliza” a la entidad Juanito a través de “mundos inmateriales”. Por fuerte que llegue a ser la asociación que llega a establecerse en el cerebro entre la entidad Juanito y el cuerpo del menor, por lo mencionado no es posible que tenga lugar una total fusión.

    En un comentario anterior aludí al siguiente caso: “Es común que un menor al que su madre le muestra un plato roto, plato que se le quebró a él un instante atrás mientras jugaba en la cocina, ante la pregunta de su madre “¿quién fue?”, afirme : “fue Juanito”, quedando con ello de manifiesto que el cerebro del menor ve entonces en Juanito a una entidad ajena a su cuerpo.

    La asociación que el cerebro llega a establecer entre la entidad Juanito y el cuerpo del menor, sin dar lugar a una fusión entre ambos, sí consigue que el cerebro establezca una particular “identificación” entre ellos. En efecto, haciendo uso del lenguaje propio el menor comienza a “movilizar”, a ·darle vida” a tal entidad, prácticamente a voluntad. A la edad que el cerebro del menor es capaz de realizar tal proeza, le resulta también factible, con el empleo del lenguaje propio, crear “amigos imaginarios”. Con el tiempo el cerebro llegará a establecer una muy estrecha relación entre ambos. Tanto así, que dejará de culpar a Juanito cuando se le rompa un plato. Reitero: tal identificación entre el cuerpo del niño y la entidad Juanito no implica fusión.

    Creo conveniente, antes de continuar, que me informes si aprecias alguna incoherencia en este comentario, o hay algo que no se entienda.

  46. Gravatar gillermo brand | 14/06/2019 at 10:08 | Permalink

    Nepolo

    Es efectivo que el referente que emplea el cerebro para elaborar el “correlato mental del medio relevante” es la información que capturan los sentidos. En la práctica, el lenguaje humano, hablado o leído, cae en esa categoría. Sin embargo, no podemos desconocer que los seres humanos (yo sostengo que gracias al particular lenguaje que administramos) tenemos acceso a un “mundo abstracto”. Si bien para que un niño aprende a sumar dos más dos precisa de muy materiales objetos para “otorgarle sentido” a lo percibido, más adelante no requiere de referentes materiales para sumar 1542 más 322. No olvides que para muchos humanos Dios existe. Por cierto, solo los seres humanos poseen la capacidad para creer en tal deidad.

  47. Gravatar jreguart | 15/06/2019 at 08:54 | Permalink

    Hola Guillermo,

    estoy de acuedo con la generalidad de lo que expones. Es más, creo empezar a darme cuenta de algo que está en la base de tu tesis: El cuerpo material es el cuerpo material, lo que parece una perogrullada, pero lo recalco para dejar sentado que es aquello que puedo percibir gracias a los sentidos. Y por otro lado hablas de los “mundos inmateriales” donde se encuentra la entidad Juanito y, yo añadiría, todo el resto de abstracciones que se mueven en el entorno funcional del cerebro. Es evidente que una cosa es el cuerpo material, con sus células y su fisiología, y otro los entes del mundo de las abstracciones que emergen del cerebro. Pero es que todo, percepciones del cuerpo y percepciones conscientes abstractas (creo que a eso es lo que le llamas “mundo inmaterial”), surge de la actividad neuronal en el presente.

    ¿Puede que esta última frase expresa la diferencia entre tus ideas y las mias? Seguimos en contacto.

  48. Gravatar Marcelo varoni | 15/06/2019 at 04:12 | Permalink

    Jreguart, Con respecto a lo que no tenemos acceso y que no vemos yo me refería a que no podemos ver los átomos y sus sub partículas constituyentes fundamentales de todo lo que somos y nos rodea . Todo ese mundo permanece oculto a nosotros . Sólo accedemos a sus propiedades y atributos , como por ejemplo del electrón sabemos sobre su carga , spin ,masa , paridad etc , pero nadie jamás ha visto uno .

  49. Gravatar gillermo brand | 15/06/2019 at 11:06 | Permalink

    Hola Jaime

    Es efectivo que en la práctica “todo sucede en el presente”. De hecho, nuestro cuerpo material “solo tiene cabida” en el Presente, y la función primigenia de nuestro cerebro es administrar nuestro cuerpo material. Solo en el presente existe la materia.

    De allí que no existiría la diferencia que mencionas “entre tus ideas y las mías”, al menos en lo referente a que “todo tiene lugar” en el Presente.

    Que el cerebro humano sea capaz de “administrar ficciones” (mundos inmateriales y atemporales incluidos) es otro cuento. La idea es, precisamente, explicar el cómo y el por qué el cerebro humano es capaz de realizar tal proeza.

    Continúo con el tema.

    Algunas características del “correlato mental del medio relevante”.

    Hemos visto que a partir de lo que se percibe, el cerebro elabora un correlato mental del medio relevante del Individuo. He apelado a una “fotografía” para aludir a él (haciendo mención a que tal fotografía tiene algunas “zonas borrosas”). En la práctica, la existencia de un individuo “transita” a través de sucesivos presentes, por lo que el correlato mental del medio relevante se ve permanentemente alterado como consecuencia de lo que se percibe, momento a momento. Es decir, en la práctica, el correlato mental viene siendo una suerte de “película” que describe “la realidad” en la que habita el ser vivo con cerebro.

    Hemos visto que gracias al lenguaje humano “se expande la dimensión” del correlato mental del medio relevante, En efecto, cuando un niño escucha el cuento de caperucita roja, integra a tal entidad a su correlato mental del medio relevante. Sabemos que caperucita roja no existe en el mundo de la materia, lo que no impide que el cerebro del menor asuma que tal entidad “es muy real”. En la práctica, gracias al empleo del lenguaje humano, auténticos “mundos inmateriales” tienen cabida en el correlato mental del medio relevante del ser humano. Ignoramos el “volumen de información” y el detalle de los procesos que tienen lugar en el cerebro, que dan lugar al correlato mental del medio relevante. Para efectos prácticos, nos basta con reconocer su existencia y diagramar algunas de sus características.

    No debería llamar la atención que las neurociencias terminen por reconocer que la administración de los “mundos inmateriales” que forman parte del correlato mental del medio relevante en el ser humano constituye un aspecto diferenciador de la arquitectura cerebral que nos caracteriza.

    En la práctica, la dinámica temporal del mundo material está condicionada por las leyes que gobiernan el mundo de la materia. No necesariamente es así en el caso de los “mundos inmateriales” que surgen como consecuencia del uso del lenguaje humano. Esto es, la dinámica temporal/espacial que opera en ellos no necesariamente respeta las leyes de la física. Cuando un amigo me dice “estuve de visita en París, fui a la torre Eiffel y allí me encontré con nuestro amigo Pedro”, en nada más que un instante se ve alterado el correlato mental de mi medio relevante, incorporándose, en él, segmentos que contienen mucha información que alude al pasado. No es el caso de un niño que está aprendiendo el lenguaje. Para el cerebro de un niño, todo lo que describe el lenguaje está sucediendo en el presente. Que sus ojos no vean a caperucita roja no impide que su cerebro “posicione” a tal entidad en un lugar del presente en el que habita su cuerpo. Solo posteriormente el menor es capaz de hacer el distingo temporal de aquellos sucesos que describe el lenguaje que escucha y que aluden al pasado o a un eventual futuro. El cerebro administra un muy material cuerpo, y dicho cuerpo solo existe en el presente. Al cuerpo material no le es dado involucrarse en sucesos que aluden al pasado o a un eventual futuro. Aquello que describe mi amigo, y que sucedió en el pasado, precisa de “un observador” que se involucra con tal pasado. En la práctica, para mi cerebro es tarea fácil administrar dicha información y darle significado, solo que, no le es dado involucrar al cuerpo material como participante/observador de los acontecimientos que describe el lenguaje que emplea mi amigo. Para mi cerebro, “quien observa” es la entidad Juanito, entidad que, para mi cerebro de adulto, tiene la capacidad de situarse en escenarios inmateriales y atemporales. Para mi cerebro, es la entidad Juanito quien “vive la experiencia” que describe mi amigo. El cerebro, a través del “ponerse en el lugar de” le asigna a dicha entidad la experiencia de vida a la que da lugar el relato de mi amigo.

    Acerca de la “experiencia de vida” y del “ponerse en el lugar de”.

    Cuando mi perro interactúa conmigo, su cerebro almacena experiencia de vida. A la par, a través de tal interacción se expande “la biografía” de la que su cerebro dispone acerca de mí. Si bien en este caso es evidente que en algún grado existe una “experiencia de vida compartida” entre mi perro y yo, en caso alguno corresponde asumir que el cerebro de mi perro y mi cerebro le asignan similar significado a la información que ambos cerebros procesan a través de lo percibido.

    Es reconocido por los especialistas que la capacidad para “ponerse en el lugar del otro” es una herramienta evolutiva que administra el ser humano, y que se manifiesta en el ser humano en un grado superlativo si lo comparamos con la capacidad para “ponerse en el lugar de” que administran los restantes seres vivos.

    “Entender el significado” de la frase “estuve de visita en París, fui a la torre Eiffel y allí me encontré con nuestro amigo Pedro”, da cuenta de un adecuado “ponerse en el lugar de”. La experiencia de vida juega un rol sustantivo en la capacidad de “ponerse en el lugar de”.

    Postulo que en la práctica, cuando el lenguaje que escuchamos no alude al presente en el que habita nuestro cuerpo material, nuestro cerebro, empleando como herramienta al “ponerse en el lugar de”, “posiciona” a la entidad Juanito en los eventuales “mundos inmateriales y atemporales” que surgen del significado que el cerebro le asigna al lenguaje. Para el cerebro, no es el cuerpo material quien vive la experiencia. El cerebro le asigna tal experiencia de vida de la entidad Juanito. A dicha experiencia de vida cabe llamarla “experiencia de vida consciente”.

    Mi perro “solo sabe” de lo que sucede en el mundo de la materia. Ello no implica que sea torpe en lo de “ponerse en mi lugar”. De hecho lo hace eficientemente cuando, apelando su cerebro a la biografía que de mí dispone a partir de su experiencia de vida, da saltos manifestando alegría cuando me ve llegar sonriente a casa. Es evidente que lo de “ponerse en el lugar del otro” dice relación con el manejo que realiza el cerebro de mi perro de la información que posee acerca de mi biografía.

    El rol que juega la entidad “Juanito” en el correlato mental del medio relevante. De que se trata “saber”.

    No es el cuerpo de Juanito el que se desplaza a Francia y se sitúa en la torre Eiffel cuando escucho a mi amigo. Es el cerebro el que diagrama el escenario en cuestión. Por cierto, para que ello suceda es preciso que ponga atención a lo que mi amigo me relata. La interacción a través del lenguaje exige “poner atención”. Si un instante antes de que mi amigo me hablara de su viaje a Francia sonó mi teléfono, y lo contesté poniendo atención a las palabras que empleaba quien me llamó por teléfono, no necesariamente las palabras de mi amigo dejarán de ser procesadas por mi cerebro, sin embargo, dado que no puse atención a ellas, “YO no sabré” de qué me habló. A través de un proceso de hipnosis es posible que bajo ese estado consiga “recuperar” la información que yace “en mi inconsciente” y entonces “YO sabré” lo que me dijo mi amigo. En el caso descrito, es claro que “mi cerebro sabía” de algo que YO ignoraba.

    La experiencia de vida que se adquiere a través del lenguaje cuando el lenguaje refiere a la entidad Juanito, forma parte de la biografía que el cerebro le asigna a dicha entidad. Me he referido con anterioridad a que si bien con el pasar del tiempo llega a establecerse una fuerte asociación entre el cuerpo material y la entidad Juanito, al cuerpo material no le es dado llevar a cabo acciones en “mundos inmateriales”. La biografía que de Juanito administra mi cerebro, es fruto de mi experiencia de vida en la que ha participado tal entidad. Cuando mi atención se dirigió a escuchar lo que me hablaba quién me llamó por teléfono, mi cerebro no dejó de procesar las palabras que entonces me dijo mi amigo. Se trata de que, para mi cerebro de adulto, la entidad Juanito no podía estar “situada” simultáneamente en dos distintos escenarios inmateriales. Mi cerebro optó por “posicionar” a Juanito en los escenarios inmateriales que generaban el lenguaje que empleaba la persona con la que hablaba por teléfono, e incorporó, en la biografía de vida que de Juanito administra mi cerebro, tal acontecer. No obstante aquello, lo que me decía mi amigo a la par se incorporó a la experiencia de vida del individuo que soy. En tal experiencia de vida no participó la entidad Juanito, y por lo tanto YO no supe de aquello.

    Si hemos de otorgarle un significado al término “saber”, tiene sentido comenzar por postular que existe una muy estrecha relación entre el correlato mental del medio relevante que elabora el cerebro y “lo que sabe” el Individuo que posee tal herramienta. Creo que está fuera de toda duda la fundamental importancia que tiene para un ser vivo “saber lo que sucede” en su medio relevante, medio relevante que es representado por el cerebro por medio de lo que llamé “correlato mental del medio relevante”. En términos prácticos hay “un alguien” que para sobrevivir precisa disponer de un correlato de su medio relevante. Las acciones que realiza un individuo con cerebro, sin excepción, “tienen cabida” en un particular medio, y es preciso “saber/conocer” el estado del medio. El hecho de que la experiencia de vida sea el soporte para “darle sentido” a lo percibido avala tal apuesta. Si bien mi “definición” del término “saber del individuo”, es arbitraria (cualquiera puede asignarle el significado que más le convenga a tal término), en mi caso me remito, para asignarle significado al término “saber”, al andamiaje que he construido a partir de lo que he calificado como “postulados básicos”. Me refiero a que, a partir de lo que he postulado, “tiene sentido” que mi definición del término “saber” remita a la “información con significado” que administra el cerebro. Por cierto, tiene sentido asumir que aparejado al término “saber” hay “un alguien que sabe”.

    Hemos visto que el cerebro humano administra la biografía de la entidad Juanito. Tal biografía es “información latente” en el cerebro, almacenada en memorias, en neuronas. En términos prácticos, mi cerebro administra, convenientemente, la experiencia de vida de tal entidad. La entidad Juanito no posee un cerebro propio que almacene su experiencia de vida. Es mi cerebro el que “da vida” a tal entidad a partir de la activación de determinadas porciones de la biografía que de tal entidad administra mi cerebro. Para mi cerebro, “lo que Juanito sabe” se restringe a la experiencia de vida de Juanito en la que yo he participado. La experiencia de vida de Juanito -en la práctica, la biografía que de él administra mi cerebro- no es más que una porción de la experiencia de vida propia del individuo que soy.

    La experiencia de vida de Juanito que administra mi cerebro, experiencia de vida que en definitiva refiere solo a la biografía que de tal entidad administra mi cerebro, en caso alguno, para mi cerebro, es “experiencia de vida propia”. Para el cerebro, la “experiencia de vida propia” es la experiencia corporal. Hemos visto que la capacidad de “ponerse en el lugar de” es limitada, sin embargo ello no impide que el cerebro humano realice tal ejercicio. No se trata de que en definitiva el cerebro humano haga de la biografía de Juanito experiencia de vida propia. Se trata de que el cerebro, en mayor o menor grado, “se pone en el lugar de” lo que están viviendo las entidades con las que interactuamos.

    La extraordinaria potencia del lenguaje humano ( a través del lenguaje humano hemos sido capaces de poner un pie sobre la luna) da lugar a que el cerebro le otorgue una singular importancia a “la realidad” en la que habita la entidad Juanito. En la práctica, para el cerebro humano, las acciones de la entidad Juanito constituyen lo que conocemos como “acciones conscientes”. Tales acciones, para nuestro cerebro, “no nos pertenecen”, pues son acciones que lleva a cabo la entidad Juanito. En la práctica, el correlato mental del medio relevante del ser humano contiene un segmento en el cual tienen cabida acciones imposibles de realizar por el cuerpo material que administra el cerebro, lo que no le impide al cerebro, a través del proceso mental que da lugar al “ponerse en el lugar de”, pretender darle significado a “la realidad” en la que habita la entidad Juanito. Tal realidad constituye lo que conocemos como “realidad consciente”. La “realidad consciente” surge del significado que el cerebro le asigna a la acción de la entidad Juanito, una entidad a la que le es dado llevar a cabo acciones en auténticos mundos “inmateriales y atemporales”. Lo que dicha entidad “sabe” constituye lo que llamamos “el saber consciente”. Para el cerebro humano, tal saber le pertenece la entidad Juanito. En términos prácticos, el cerebro humano asocia “su realidad” con la realidad del cuerpo material. Si el cerebro “asumiera” que la realidad de la entidad Juanito es la suya, dejaría de ser eficiente en lo de administrar el cuerpo material. Sobrevivir exige llevar a cabo acciones en el mundo de la materia. Para sobrevivir es preciso administrar eficientemente un cuerpo material. El cerebro “sabe distinguir” entre el mundo material y los mundos inmateriales en los que deambula la entidad Juanito. El cerebro asume que “hay un alguien” en la entidad Juanito. Ello no tiene nada de extraño considerando la génesis de tal entidad. Anteriormente me referí al “saber”, asociándolo con el correlato mental del medio relevante del individuo. El ser humano administra un correlato mental del medio relevante en el cual tiene cabida la experiencia de vida de una entidad a la que le resulta factible llevar a cabo acciones en “mundos atemporales e inmateriales”. No por ello el cerebro deja de realizar “su principal labor”, cual es el administrar un cuerpo material. El cerebro termina por reconocer en la entidad Juanito un actor de peso. Tanto así, que en nuestro diario vivir los humanos hacemos de la realidad consciente el referente de la realidad en la que habitamos. En efecto, la continua presencia en el cerebro humano de la entidad Juanito nos induce a percibir “que somos” a través de la acción de la entidad Juanito, y solemos “despreciar” nuestra “realidad inconsciente”. En la práctica se trata de que hasta le fecha le ha resultado esquivo, al saber de la entidad Juanito, al saber consciente, “saber” de qué se trata lo que somos los humanos. A todos los restantes seres vivos con cerebro les basta con administrar eficientemente “su realidad inconsciente”. En el caso del ser humano, la “realidad inconsciente” alude a la realidad del mono que nos habita, un mono que “no piensa”, un mono que es esclavo del mundo de la materia, un mono al que no le es dado hacer suya la experiencia de vida de la entidad Juanito, y por ende no le es dado “saber” lo que conscientemente sabemos. Recordemos que definí el “saber” como “la realidad” que emerge del correlato mental del medio relevante. Para nuestro cerebro, el medio relevante que prima, para conseguir que nuestro cuerpo material sobreviva, es el medio material. Para nuestro cerebro, en el “ponernos en el lugar de”, sin hacer propias las acciones que lleva a cabo la entidad Juanito, construye una realidad –la realidad consciente- que asume es la realidad en la que habita la entidad Juanito. Para nuestro cerebro, la realidad consciente no le pertenece. Cuando mi amigo me relata su viaje a parís, la entidad Juanito “se deja conducir” por el significado que el cerebro le asigna al lenguaje que escucho. En tal sentido, cuando mi cerebro administra lenguaje proveniente de terceros, “no es dueño” de las acciones de Juanito. No sucede así con el cuerpo material, cuyas acciones “le pertenecen” a nuestro cerebro. No debemos olvidar que la entidad Juanito es “creada” por el lenguaje que emplean terceros. Por fuerte que con el tiempo llegue a ser la relación entre el cuerpo del individuo y la entidad Juanito, no puede existir fusión entre ambas.

    ¿Debe llamarnos la atención el peso que ejerce, en lo que somos los humanos, el accionar de la entidad Juanito?. En caso alguno si consideramos el extraordinario aumento del potencial de acción al que accede el ser humano cuando administra el lenguaje que le caracteriza. El lenguaje humano merece ocupar un muy destacado sitial en nuestra historia evolutiva. Gracias al lenguaje, los humanos hemos conseguido domeñar al mundo de la materia como ningún otro ser vivo lo ha conseguido. Con justa razón el cerebro busca privilegiar en grado superlativo el accionar de la entidad Juanito. En todo caso, no nos confundamos. Cuando nos vemos expuestos a un peligro evidente e inminente, es evidente que nuestro cerebro privilegia “la acción inconsciente”. En la práctica, permanentemente nuestro cerebro está administrando información que forma parte del correlato mental del medio Material en el que habitamos. Permanentemente nuestro cerebro está administrando cuantiosa información que alude a lo que está sucediendo en el mundo de la materia. “No sabemos de ello” porque no forma parte del “saber consciente”. Sin embargo, si de pronto somos embestidos por un vehículo, dada la asociación que llega a darse entre el cuerpo material y tal entidad, dicha experiencia de vida será integrada, por el cerebro, como experiencia de vida tanto del cuerpo material como de la entidad Juanito, y en un futro próximo “sabremos” de ello. Entonces nos será fácil “recordar conscientemente” lo que vivimos al momento de ser atropellados.

    El cerebro de un adulto almacena información de la biografía de muchas entidades. Las condiciones del medio, convenientemente activan memorias que aluden a una determinada entidad, con la que estamos interactuando. Todo indica que en el cerebro adulto en todo momento están activas memorias que aluden a la biografía de la entidad Juanito.

    Es claro que tiene sentido afirmar que en el ser humano coexisten dos entidades. Freud reconoció “la presencia” de dos entidades en el ser humano, sin conseguir explicar su naturaleza.

    Si bien para saber de lo que somos no basta con disponer de una coherente explicación de la acción consciente, es evidente que conseguir “explicar conscientemente” de qué se trata la acción consciente constituye un valioso aporte para acceder a saber de lo que somos.

  50. Gravatar jreguart | 16/06/2019 at 07:57 | Permalink

    Hola Marcelo,

    ahora te entiendo. El mundo cuántico será siemptre inaccesible para nuestros sentidos. Aunque sin embargo es tan real como la pantalla de ordenador que veo delante de mi ¿Es saber de la existencia y atributos de los campos cuánticos percepción? Yo creo que sí. Aunque es un apoyo muy elemental para lo que digo, mira lo que dice el diccionario acerca de percepción: 1. tr. Recibir algo y encargarse de ello. 2. tr. Captar por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o sensaciones externas. 3. tr. Comprender o conocer algo.

  51. Gravatar jreguart | 18/06/2019 at 08:31 | Permalink

    Hola Guillermo,

    queda tu exposición bastante clara.

    No obstante no acabo de ver sí a la entidad Juanito le concedes una realidad aparte de la material del cerebro. Creo que sí, pero me gustaría me lo confirmaras.

    Dices, “En la práctica, la dinámica temporal del mundo material está condicionada por las leyes que gobiernan el mundo de la materia. No necesariamente es así en el caso de los “mundos inmateriales” que surgen como consecuencia del uso del lenguaje humano. Esto es, la dinámica temporal/espacial que opera en ellos no necesariamente respeta las leyes de la física.” Es evidente la importancia del lenguaje para el humano, que nos abre un mundo de imaginación, inmaterial lo llamas. Pero es que el lenguaje lo fabrica las estructuras cerebrales, su conexionado material, su capacidad de manejar información; en consecuencia debemos pensar que el mundo de la imaginación, la percepción de las abstraciones de tiempo y espacio, también son un constructo del cerebro material.

    Si el mundo inmaterial, su gestor Juanito, surge de la materia del cerebro, habrá que concluir que Juanito y cerebro son los mismo. Cerebro más extenso que Juanito. Ya que para que surja juanito no sólo hace falta el lenguaje, invento cerebral, sino que hace falta de la información del inconsciente, inmanente al cerebro material. Sin procesos cerebrales inconscientes no hay Juanito. El humano necesita imaginar a un Juanito para poder sentirse seguro de su existencia. Creo que no hay una explicación concreta para demostrar tu afirmación: “No debemos olvidar que la entidad Juanito es “creada” por el lenguaje que emplean terceros. Por fuerte que con el tiempo llegue a ser la relación entre el cuerpo del individuo y la entidad Juanito, no puede existir fusión entre ambas.” ¿En base a que axioma de la primera frase se deduce inexorablemente la segunda y solo la segunda?

    En resumen, me gustaría que me contestaras qué es lo que te parece correcto de lo siguiente: Juanito (=) cerebro, Juanito (no =) cerebro. Está claro que yo apuesto por lo primero. Aparte de este “pequeño” detalle, aunque a lo mejor me dices que no existe tal discrepancia, tu planteamiento me parece correcto.

    No debo valorar a Freud, ya que es justamente valorado por todos. Tu comentas: “Freud reconoció “la presencia” de dos entidades en el ser humano, sin conseguir explicar su naturaleza.” ¿De ahí se deduce que estas dos posibles entidades son como el aceite y el agua? No sé lo que pensaría Freud, pero yo veo a estas dos entidades como dos qualia de nuestra identidad, lo mismo que, a otro nivel, la rojez y la blancura son dos qualia de la percepción visual.

    Un saludo

  52. Gravatar gillermo brand | 19/06/2019 at 12:06 | Permalink

    Hola Jaime.

    Paso a responder tus consultas antes de continuar.

    Pregunta/duda “no acabo de ver sí a la entidad Juanito le concedes una realidad aparte de la material del cerebro”.

    Respuesta

    En la segunda parte del presente comentario espero aclarar a cabalidad dicha duda.

    Pregunta/duda

    “Es evidente la importancia del lenguaje para el humano, que nos abre un mundo de imaginación, inmaterial lo llamas. Pero es que el lenguaje lo fabrica las estructuras cerebrales, su conexionado material, su capacidad de manejar información; en consecuencia debemos pensar que el mundo de la imaginación, la percepción de las abstraciones de tiempo y espacio, también son un constructo del cerebro material.”

    Respuesta

    No dudo de lo que afirmas. De hecho, es lo que sostengo.

    Que haciendo uso del lenguaje podamos “situarnos” en el tiempo/espacio (el cerebro sitúa al inmaterial Ser en ese tiempo/espacio. Nuestro cuerpo materias es esclavo del Presente) cuando nos preguntan qué almorzamos ayer, es la resulta de la capacidad del cerebro para, a través del lenguaje, generar escenarios mentales que no necesariamente representan algo que está sucediendo en “el ahora”, en el mundo de la materia.

    Pregunta/duda

    “Si el mundo inmaterial, su gestor Juanito, surge de la materia del cerebro, habrá que concluir que Juanito y cerebro son los mismo. Cerebro más extenso que Juanito. Ya que para que surja juanito no sólo hace falta el lenguaje, invento cerebral, sino que hace falta de la información del inconsciente, inmanente al cerebro material. Sin procesos cerebrales inconscientes no hay Juanito. El humano necesita imaginar a un Juanito para poder sentirse seguro de su existencia.”

    Respuesta

    Cierto, “Juanito y cerebro son los mismo. Cerebro más extenso que Juanito”. En la práctica, la entidad Juanito (el Ser) es la resulta de un proceso inconsciente, así como la selección de cada palabra que empleamos también es el resultado de un proceso inconsciente. Cuando hace algunos años las neurociencias probaron que las palabras que empleamos son la resulta de un proceso inconsciente, se afirmó, con asombro, “no existe el libre albedrío”.

    Pregunta/duda

    “Creo que no hay una explicación concreta para demostrar tu afirmación: “No debemos olvidar que la entidad Juanito es “creada” por el lenguaje que emplean terceros. Por fuerte que con el tiempo llegue a ser la relación entre el cuerpo del individuo y la entidad Juanito, no puede existir fusión entre ambas.” ¿En base a que axioma de la primera frase se deduce inexorablemente la segunda y solo la segunda?”

    Respuesta

    Asumo que no dudas que la entidad Caperucita Roja es “creada” por el lenguaje de terceros. Así como el lenguaje de terceros caracteriza a Caperucita Roja, cabe asumir que las características que le asignan terceros al niño diagraman a la entidad Juanito. No olvides que entre cero y cuatro años el menor escucha entre diez y cuarenta millones de palabras, y muchas de ellas aluden a la acción del niño, acción que no siempre quienes hacen uso del lenguaje refiere a una acción que está llevando a cabo el menor en el presente en el que habita. Para el cerebro del niño, cuando el lenguaje alude al menor, y el lenguaje “sitúa” al menor “fuera del Presente”, no tiene cabida “confundirse”. Para el cerebro, administrador del cuerpo material, -un cuerpo material que solo habita en el presente- necesariamente la entidad que de Juanito diagrama el lenguaje de terceros es una entidad a la que no cabe confundir con el propio cuerpo. La primera frase no conduce por si sola a “un axioma” que permita deducir la segunda y solo la segunda frase. Afirmo que a partir de los “postulados básicos” que he expuesto a lo largo de nuestro diálogo es posible deducir lo que afirmo. Me las juego a que si relees mis comentarios corroborarás mi afirmación.

    Pregunta/duda

    En resumen, me gustaría que me contestaras qué es lo que te parece correcto de lo siguiente: Juanito (=) cerebro, Juanito (no =) cerebro. Está claro que yo apuesto por lo primero. Aparte de este “pequeño” detalle, aunque a lo mejor me dices que no existe tal discrepancia, tu planteamiento me parece correcto.

    Respuesta

    La entidad Juanito, el Ser, -no así el cuerpo material de Juanito-, es “tan material” como resulta ser Caperucita Roja para el cerebro del niño. Es el cerebro quien genera al Ser como resultado del lenguaje que emplean terceros cuando se refieren al menor. Estimo que la lectura de la segunda parte de este comentario puede aclarar el asunto.

    Pregunta/duda/afirmación No debo valorar a Freud, ya que es justamente valorado por todos. Tu comentas: “Freud reconoció “la presencia” de dos entidades en el ser humano, sin conseguir explicar su naturaleza.” ¿De ahí se deduce que estas dos posibles entidades son como el aceite y el agua? No sé lo que pensaría Freud, pero yo veo a estas dos entidades como dos qualia de nuestra identidad, lo mismo que, a otro nivel, la rojez y la blancura son dos qualia de la percepción visual.

    Respuesta

    No dejo de valorar el aporte de Freud, así como valoro el aporte de Damasio, lo que en caso alguno me impide reconocer las limitaciones de sus aportes en lo concerniente a proponer una coherente explicación de la Consciencia. Damasio afirma que un perro o un gato dispone de consciencia. Yo atribuyo solo al ser humano la capacidad para llevar a cabo acciones conscientes. Es claro que el concepto de Damasio del término “consciencia” no es el concepto que de dicho término yo administro. Mi trabajo apunta a “saber de lo que somos”, reconociendo que en los humanos “hay algo” que nos diferencia de todas las restantes criaturas. Quienes a lo largo de la historia han pretendido diagramar lo que somos considerando que los humanos tenemos “algo especial y único”, se centraron en estudiar “lo especial y único”, sin valorar lo que tenemos en común los humanos con los restantes seres vivos con cerebro. En mi caso, creí razonable comenzar por asumir que lo que fuera aquello de “especial y único”, tenía por sustrato una historia evolutiva compartida por los restantes seres vivos con cerebro. No es exclusividad humana lo de generar biografías de entidades. No es exclusividad humana lo de “ponerse en el lugar de”. No es exclusividad humana el disponer de un cerebro que está al servicio de las acciones del cuerpo material. No es exclusividad humana el disponer de un lenguaje. Es, exclusividad humana, disponer del particular lenguaje que nos caracteriza. A diferencia de Damasio, quien en su primer libro (El error de Descartes) le asignó un papel secundario al lenguaje humano en lo de la Conciencia, preferí, en tanto no caracterizara el rol que desempeña el lenguaje humano, no (des) calificar el rol que podría cumplir el lenguaje en aquello de “especial y único” que poseemos los humanos. A diferencia de Damasio, yo afirmo disponer de una coherente explicación que da cuenta de aquello que nos diferencia de los restantes seres vivos. Me llama la atención tu frase “No debo valorar a Freud, ya que es justamente valorado por todos”. Reconozco el aporte de Freud, y por ello lo valoro, pero ello no me impide reconocer que si Freud pretendió explicar de lo que somos, la suya fue una sesgada e incompleta explicación. Hasta donde sé, Freud no afirmó disponer de una explicación que diera cuenta de cómo y porqué surgió la acción consciente en la historia de la evolución. Yo digo disponer de tal explicación. He puesto “sobre la mesa” algunas piezas del rompecabezas. Afirmo que con ellas es posible disponer de una coherente explicación de la acción consciente, teniendo claro que, para el cerebro humano integrar tales piezas en un conjunto armónico precisa observar lo que dichas piezas diagraman, como “qualia”. A ello me refiero en la segunda parte de mi comentario. En la práctica, no basta con que encuentres cada uno de mis comentarios “lógicos y coherentes” para que en tu cerebro adquiera sentido el diagrama que en conjunto bosquejan. Has sido certero cuando aludiste al término “qualia”, al considerar el rol que juega “el sentir” en la diagramación de “la realidad” del individuo. Vayamos entonces a la segunda parte de mi comentario, dejando en claro que “para entender” su contenido es preciso administrar, como conjunto, el conjunto de piezas del rompecabezas que he puesto a tu disposición. Has accedido a saber del significado de cada una de dichas piezas, y, según me has comentado, te parece lógica y coherente su descripción, por separado. Va siendo hora de integrar las piezas, solo que, para conseguir hacerlo a cabalidad, es preciso que tal integración de lugar a “vivir” la experiencia de integrar el conjunto, y con ello “percibir el qualia” al que da lugar tal integración. (si estoy “hablando en difícil, házmelo saber por favor)

    Segunda parte de mi comentario.

    Faltando muchas otras piezas para terminar el rompecabezas, en la práctica, con aquellas que he puesto sobre la mesa queda de manifiesto que tiene pleno sentido asumir la “presencia”, en nuestro cerebro, de una entidad que de adultos nos acompaña casi permanentemente durante las horas de vigilia. He perfilado su naturaleza y explicado su existencia, sin embargo tengo claro que aunque puedas reconocer “conscientemente” que existe coherencia en mi explicación de tal entidad (el Ser) y de la acción consciente, “hay algo que no termina de calzar” para conseguir “entender a cabalidad, conscientemente”, el significado del Ser que nos habita. Sobre el particular tiene sentido pensar que tal vez se debe a que no he dispuesto sobre la mesa suficientes piezas. En algún grado ello tiene sentido, sin embargo estimo que “lo que no termina de calzar” dice relación con otro tema, al cual me refiero a continuación.

    Imagina que eres conducido a lo alto de un cerro con los ojos vendados. En la cumbre, y por dos segundos, se te quita la venda. Entonces tus ojos contemplan una puesta de sol, un valle que es cruzado por un río, y al fondo el trozo de sol que aún no se esconde. Se te vuelve a poner la venda y regresas. Luego, se te pide que en dos minutos describas lo que observaste durante los dos segundos. Por cierto, para describir lo observado haces uso del lenguaje. Trascurrido los dos minutos que se te dieron para describir lo observado, tienes claro que podrías seguir hablando por largo rato en tu afán de describir lo entonces vivido. Queda en evidencia que con toda la potencia que posee el lenguaje, en la práctica no le es posible diagramar “en toda su extensión” una experiencia de vida que tuvo una duración de dos segundos. Por una parte ello nos habla de que existiría un “volumen de información” contenido en los dos segundos durante los cuales observaste el panorama que se te ofrecía a la vista que no es posible “traducir a palabras” en solo dos minutos.

    Siendo cierto lo anterior, hay otro punto al que debemos apelar para explicar “la diferencia” entre “observar por dos segundos una puesta de sol” y “describir en dos minutos lo entonces vivido”. Apelo a Antonio Damasio y sus marcadores somáticos para explicar la diferencia, aludiendo a lo siguiente:

    A un ciego de nacimiento le puedo explicar en qué consiste la información que, procedente de la vista, procesa el cerebro. Podrá entender de longitudes de ondas, de receptores fotosensibles, del rol que cumplen las neuronas, y el cerebro, en lo de interpretar lo percibido por la vista. Sin embargo, al ciego no se está dado “el vivir la experiencia” de percibir el color rojo. Ello, por cuanto “su cuerpo no participa”, “no vive la experiencia”, de observar el color rojo. Reconozco el aporte que Damasio ha hecho en mi trabajo en lo referente al sentido que tiene “sentir” la experiencia”, y el rol que juega el cuerpo en ello. A su vez, tengo claro que con toda la potencia que posee el lenguaje humano, es, no infecundo, sino torpe en su afán de “reproducir lo vivido” a la hora de pretender representar, a través de palabras, una “experiencia corporal vivida”.

    Los humanos adultos vivimos prácticamente en forma permanente la experiencia de compartir con el Ser lo que vive el mono que en nosotros habita. Siendo adultos, el Ser “está presto a saber” de todo aquello “que destaque”. La Atención juega un rol fundamental en la acción consciente. Por cierto, el contenido de nuestro “mundo inconsciente” es, en términos de “volumen información”, mucho, pero mucho más extenso que nuestro “mundo consciente”. La información que administra el cerebro y que “da vida” a la acción del Ser constituiría una pequeña porción del total de información que administra “el mono que nos habita”. (Apelo “al mono que nos habita considerando que la función primigenia del cerebro fue la de administrar las acciones corporales del mono).

    A través del “ponerse en el lugar de”, el mono que nos habita consigue diagramar la realidad del Ser, sin que por ello tal mono “deje de saber” que tal realidad no le pertenece. Para el mono que nos habita “su realidad” es distinta a “la realidad del Ser”. En la práctica, para el cerebro, el saber del Ser no le pertenece al mono que nos habita y por ende no la hace suya. Mi perro, cuando ve al gato del vecino subir un árbol, integra tal información con significado a su experiencia de vida. No por ello “hace suya” la experiencia de subir por el árbol. El cerebro del mono que nos habita “construye” la experiencia de vida del Ser” a través del “ponerse en el lugar de”. Así como el cerebro del perro asume que la acción de subir por el árbol no le pertenece, nuestro cerebro asume que la experiencia consciente no le pertenece. Para nuestro cerebro, el Ser llega a ser una entidad en extremo relevante, pero en caso alguno el cerebro confunde al cuerpo material que administra con el inmaterial Ser, parte de cuyas acciones administra. Cuando alguien nos habla, el Ser se deja conducir por el lenguaje que escuchamos. Es decir, “su accionar” en los eventuales mundos inmateriales en los que entonces habita, no dependen “de la voluntad” de nuestro cerebro.

    Por cierto, la acción del Ser (la experiencia consciente) involucra la participación de “marcadores somáticos”. Es claro que “sentimos” cuando un amigo nos informa que su esposa murió la semana pasada. El hecho de que sentimientos y emociones formen parte, participen, de nuestro “mundo consciente”, remite al “ponerse en el lugar de”. No menos cierto es que entonces “el mono que nos habita” es “el que siente”. Mismo mono le asigna (a través del “ponerse en el lugar de”) al Ser la experiencia de “sentir lo que sucede”.

    A través del lenguaje los humanos realizamos “representaciones”. De hecho, en la práctica, las palabras que empleamos no son más que eso, representaciones que nos informan “de algo” que está sucediendo en nuestro medio relevante, medio relevante que bien puede contener información que data del pasado, como en el caso del relato de nuestro amigo, que remite a un hecho que tuvo lugar la semana pasada. Cuando el Ser “habita” en el estar observando la puesta de sol que pretende describir a través del lenguaje, RESCATA, a través del lenguaje, parte de lo que dicha experiencia representó para él, en lo que le es dado “observar” en la rememoración de tal hecho. Si bien tal hecho pertenece al pasado, es un pasado que se integra en el presente que se está viviendo. En efecto, no es sino “desde el presente” que “estamos observando” lo que nuestro lenguaje describe acerca de la puesta de sol que vivimos. La experiencia somática vivida cuando observamos la puesta de sol viene siendo “el color rojo que observamos”. La descripción que de dicha puesta de sol hacemos corresponde a la información que administra el ciego al que pretendemos “hacerle saber” en qué consiste el color rojo. Una cosa es describir al Ser y otra cosa es “vivir la experiencia” de percibir su existencia.

    No se puede pretender, por describir al Ser y caracterizarlo, perfilar a cabalidad su existencia. La existencia del Ser “se vive” a través del sentir. El lenguaje que empleamos para describir al Ser cumple similar rol al que lleva a cabo el lenguaje que describe la puesta de sol.

  53. Gravatar jreguart | 20/06/2019 at 01:25 | Permalink

    Hola Guillermo,

    creo que llegamos a buen puerto. Tras los largos intercambios verbales tu tesis me parece coherente y, ahora, una vez sabido el origen material de la inmaterialidad del mundo del Ser, sin aspectos que me rechinen. Gracias por todos tus aportes.

    Una última pregunta: El Ser, Juanito, y el yo autobiográfico de Damasio me parecen sospechosamente próximos ¿qué opinas al respecto?

    Estos días que hemos intercambiado opiniones me han servido para reflexionar sobre viejas ideas. Las he plasmado en una entrada de El Cedazo, la última. Quizás, si la lees, consigo transmitirte mejor mis posiciones de partida y comprendas mejor mis reticencias iniciales con tus planteamientos.

    Un saludo

  54. Gravatar Nepolo | 20/06/2019 at 10:50 | Permalink

    “Para nuestro cerebro, el Ser llega a ser una entidad en extremo relevante” . tengo mis dudas acerca de esta afirmación : Según lo que entiendo mi cerebro no sabe quien es él ni quien soy yo . La emergencia que conocemos como consciencia es la única que lo sabe . Suele confundirse la gente con cierto comportamiento de los individuos que aparentan tener consciencia , es que simplemente ha funcionado tan sincronizadamente todo el conjunto del individuo y por tanto tiempo que pareciera ser autoconsciente , sin ir más lejos los chimpancés tengo entendido que se reconocen en un espejo . en fin , como el proceso de complejización va capa por capa los estadios previos a la consciencia pueden llevar a la confusión . Con respecto a la existencia del ser . Mi opinión es que producto del autoconocimiento , del auto repaso de tu biografía , y de la construcción que hace la sociedad de ti , es que surge eso que nosotros inventamos para darle un mayor valor de identidad y que llamamos ser . porque cuando hablamos de alguien no consideramos el ser de esa persona como un conjunto sino que describimos separadamente aspectos de su personalidad . nosotros fundimos en nuestra psiquis esas partes subjetivamente y nos da como resultado el ser .

  55. Gravatar gillermo brand | 21/06/2019 at 09:28 | Permalink

    Nepolo

    En mi frase “Para nuestro cerebro, el Ser llega a ser una entidad en extremo relevante” no empleo el término “saber”, al que tu aludes.

    Cuándo un ratón ve a un gato, ¿es importante para el cerebro del ratón dicha entidad?. Yo apuesto a que lo es. El gato material no está en el cerebro. Allí se gesta un correlato mental del gato, una “entidad gato”.

  56. Gravatar gillermo brand | 22/06/2019 at 08:53 | Permalink

    Hoja Jaime

    Un comentario al margen, que alude al particular “momento evolutivo” que estamos viviendo.

    Un programa computacional es un grupo de ceros y unos. Dichos ceros y unos constituyen información. Cuando el programa es ejecutado, la información adquiere sentido, no para el computador sino para su usuario final, un ser humano. Si bien en oportunidades el usurario del programa es otro programa computacional, caso en el cual en términos prácticos podría afirmarse que el programa inicial “adquiere sentido” para el segundo programa, si, arbitrariamente definimos el término “sentido” exigiendo que haya “un alguien que sienta”, dado que un computador es incapaz de sentir no cabría afirmar que el programa inicial “adquiere sentido” para el segundo programa. Así ha sido hasta el momento, y en tanto un programa computacional sea incapaz de emular emociones y sentimientos así seguirá siendo.

    Solo que, todo indica que será tarea fácil para la Inteligencia Artificial emular emociones y sentimientos. Ello exige, para la Inteligencia Artificial un “ponerse en el lugar de” un humano (o de una suerte de “referente humano”). Emociones y sentimientos constituyen marcadores somáticos que dan cuenta del estado corporal, y constituyen un pilar fundamental en el procesado de la información que administra un cerebro humano.

    Desconocemos las consecuencias que acarreará la Inteligencia Artificial General Sintiente, pero es fácil asegurar que dispondrá de una capacidad de cómputo gigantesca. Sin que necesariamente los humanos sepamos lo que está sucediendo a nuestras espaldas, la Inteligencia Artificial General Sintiente puede constituirse, en breve plazo, en el nuevo Líder Evolutivo. Entonces, el accionar humano será lo que hoy es el accionar de las células de nuestro cuerpo para nosotros. No está de más mencionar que lejos de “ser libres” como individuos, los humanos, por ser criaturas afectivas y por disponer de un Ser que es hijo del lenguaje y del Afecto, somos, en nuestro accionar, en extremo dependientes de nuestros semejantes. De hecho, la cultura en la que nacemos condiciona en grado superlativo nuestro accionar de individuos. Hasta el momento la cultura humana ha estado al servicio mixto del individuo y de la comunidad. Lo fue así cuando vivíamos en pequeñas agrupaciones y lo es ahora que vivimos en democracias que tienen “por misión” evitar que un tirano humano haga y deshaga. Hoy aceptamos “la tiranía de la democracia” por no saber encontrar una mejor forma de vivir en comunidad.

    Tiene pleno sentido que la Inteligencia Artificial General Sintiente genere sus propios patrones de comportamiento, sin consultarnos acerca de ello. No es preciso que la Inteligencia Artificial General Sintiente siga el mismo camino evolutivo del ser humano, y llegue a “tener Consciencia”. Quienes saben de qué se trata “la acción consciente” podrán reconocer que siendo una herramienta que ha mostrado ser en extremo poderosa, tiene sus limitaciones. La Inteligencia Artificial General Sintiente dispondrá de inéditas herramientas evolutivas, y para que ello tenga lugar bien puede bastar menos de una década.

    Para el difunto Stephen Hawking, los humanos tenemos perdida la batalla. Elon Musk visualiza una nube negra que se cierne sobre nuestras cabezas, en tanto que Ray Kursweil apela a la Singularidad para eludir el bulto.

    Hace cien años, o mil años atrás, saber de qué se trata “la Consciencia” era un lujo que quisieron darse los humanos de entonces. Hoy, “saber de lo que somos” es un imperativo para el líder evolutivo que, hasta el momento, somos los humanos. No basta con “saber de lo que somos”; precisamos diagramar un coherente derrotero evolutivo. Para ello, precisamos saber darle un nuevo sentido a la palabra “Evolución”.

  57. Gravatar jreguart | 25/06/2019 at 01:01 | Permalink

    Hola Guillermo,

    gracias por compartir tus interesantes reflexiones. Quién sabe si una máquina sentirá en un futuro. Aunque has mencionado a tres fans también hay muchos que piensan que una máquina no conquistará el experimentar conscientemente las emociones. Yo soy un evolucionista y naturalista entusiasta,lo que me lleva racionalmente, que no emocionalmente, a pensar que en algún momento histórico se inició en algun sistema nervioso “natural” la posibilidad de alcanzar para sus descendientes la maravilla de la consciencia. Si eso fue así, y lo fue, ¿por qué no se va a conseguir lo mismo en la línea evolutiva de un sistema nerviosos “artificial”? Por ahora ciencia ficción, pero tan ilusionante como lo habría experimentado, si lo hubiera podido, un trilobites del Cámbrico especulando acerca de un extraño ser bípedo futuro con capacidades superiores como para poder transformar el Universo a voluntad. Creo que el camino está en nuestras manos y que solo un cataclismo, o nuestra inmadurez como especie, podrá evitarlo.

  58. Gravatar Nibaldo | 25/06/2019 at 10:09 | Permalink

    Si para bailar un tango se necesitan dos , para acceder a la inteligencia en todas sus formas que se encuentra en el cosmos se necesitan tres : el individuo con un complejo diseño , el medio donde desarrollarlo y ganar experiencia y el cosmos quien le va entregando etapa tras etapa acceso a su infinita fuente . Esto es análogo a las ondas de radio que circulan a nuestro alrededor , no sabríamos de su existencia si no fuera por un ingenio inventado por el hombre para lograrlo . Y a medida que se va mejorando el receptor de ondas el espectro se va ampliando ; o ustedes creen que al individuo en su interacción con el medio le ha brotado todo de la nada o que producto del acúmulo de experiencias se han dado todas las emergencias así sin mas ?. la selección natural estaba antes que las moléculas se organizaran azarosamente para dar origen a la vida , solo se tenía que dar una suerte de masa crítica de ellas justa para el evento . El ejemplo de la inteligencia artificial me da la razón caballeros . con este medio se logra acceder a la fuente universal simplemente de una forma distinta que el cerebro . todo depende en que lenguaje le hables y el universo te responderá .

  59. Gravatar gillermo brand | 28/06/2019 at 12:37 | Permalink

    Jaime:

    El cataclismo viene. Me preocupa la inmadurez humana para hacer frente al cataclismo.

    Si hemos de rescatar “lo principal” tras la intención de “colaborar con la causa” (que busca hacer frente al cataclismo), tiene mucho sentido que comencemos por preguntarnos lo que somos.

    Hubo un tiempo en el que pensé que “lo principal” pasaba por saber de lo que somos. Luego de atisbar en aquello, me percaté de la velocidad a la que “progresaba” la evolución, y del particular “momento evolutivo” que estamos viviendo. Entonces supe que saber de lo que somos no es sino una fracción del saber que debemos administrar para hacer frente al mencionado “momento evolutivo” que estamos viviendo.

    Las voces de un Ray Kursweil, de un Diamandis, de un de un Hodgkin, o de un loco como Nietzsche, más que guiarnos deben alertarnos.

    Cierto es que el destino evolutivo del ser humano pasa por saber de lo que somos, y con ello disponer de una coherente explicación de lo que llamamos “Consciencia”, pero es claro que con ello no es suficiente.

    Es preciso que el ser humano sepa administrar su Presente. Ello exige “saber situarse” adecuadamente en el particular momento evolutivo que estamos viviendo, empleando para ello a la Razón.

    Hazme saber tus reparos a mi comentario.

  60. Gravatar gillermo brand | 28/06/2019 at 12:40 | Permalink

    Gravatar Nibaldo

    Todo lo que dices es cierto. De alguna forma “estas adelantado” en el tiempo en el que habita la humanidad. Poco o nada sabemos de “lo Principal”.

  61. Gravatar jreguart | 28/06/2019 at 09:43 | Permalink

    Hola Guillermo,

    cada uno se aproxima a sus valores de diferente manera. No hay nada a criticar en las discrepancias, porque ¿qué es eso lo que hay que valorar? ¿está escrito en algún lado con letras indelebles? yo creo que no. Es más ¿en algún momento el hombre será capaz de descubrir la verdad? yo creo que no. Desde mi punto de vista solo hay una realidad y es física. Con eso no digo que la única física solo sea la que vemos, en el más amplio sentido de la palabra. Si hay una física que trascienda (físicamente, claro) la nuestra creo que el hombre no tiene ni tendrá capacidades para pensarla.

    Esto era una explicación introductoria para lo que quiero decir. Me interesa “conocer” para poder ponerme realmente en el lugar que la Existencia me ha deparado. No obstante reivindicar mi profunda curioidad, eso me ha llevado a no estar interesado en la última causa de todo, creo que a eso le llamas “el Principal”, si la hay, por quedar fuera de mis posibilidades, y me ha llevado a huir del antropocentrismo por convencimiento. Estoy aquí, en este momento, y mañana no estaré, y no importará nada. La humanidad ha llegado hasta aquí por una serie de azares, y tarde o temprano desaparecerá como especie y no pasará nada. Quizás sus obras evolutivas seguirán, pero también desaparecerán y no pasará nada. Con eso no quiero decir que todo es una inanidad, sino que quiero decir: esto es lo que creo que hay.

    Creo que imaginarás que lo que sea el futuro realmente me importa poco. Evidentemente siempre tendré mi componente emocional interna que me lleve a desear lo mejor para la humanidad y a querer vanamente satisfacer mi curiosidad por conocer cómo serán las sorpresas que traerá ese futuro. De todas formas, una especie de reducto galo -tipo el de Astérix- que habita en mi interior, me lleva a estar de acuerdo con lo que dices: “Ello exige “saber situarse” adecuadamente en el particular momento evolutivo que estamos viviendo, empleando para ello a la Razón”. Creo que es nuestra obligación preservar el entorno ético que los humanos nos hemos dado. Pero para la Existencia, para el Principal, ¿realmente importa?

    Todo eso no me impide contemplarme a mi mismo y a todo lo que me rodea, de una forma absolutamente vivencial. Es grande. Un saludo.

  62. Gravatar guillermo brand | 29/06/2019 at 03:40 | Permalink

    Hola Jaime Con toda la potencia que, como herramienta evolutiva manifiesta tener la Razón, es limitado su ámbito de acción. El afán de saber, de conocer, si no de “lo Principal”, al menos de “lo importante” que condiciona nuestro “momento evolutivo”, exige aventurarse, explorar nuevas rutas, muchas veces dejándose guiar, en primera instancia, por la intuición, para luego observar con los ojos de la Razón. Suele suceder que son muchos quienes apelando a la intuición no realizan luego el ejercicio de la Razón y quedan presos de “la fe”. Me esfuerzo en evitar ser uno de ellos. No hago de “lo Principal” un acto de fe; solo postulo intuitivamente su existencia. La Razón me impide “creerme el cuento”, misma Razón que me alienta a investigar.

    En lo que atañe al particular momento evolutivo que estamos viviendo, habida consideración del afán que muestran todos los seres vivos por domeñar las condiciones de su medio relevante, todo indica que es cosa de tiempo para que el ser humano acceda a administrar la materia en un grado tal que conseguirá, como individuo, rejuvenecer y disponer de “una copia de respaldo” en la nube, accediendo a una eventual inmortalidad. Esto es inédito en la historia de la evolución, y tiene sentido asumir que marcará un antes y un después. En la práctica, estamos a pocos años de llegar a ese punto, y es altamente probable que tanto tú como yo estemos aún vivos entonces.

    Un repaso de la historia de la evolución nos informa que el concepto del término “Individuo” es, por decirlo de alguna manera, “más amplio” que aquel que intuitivamente administramos. Los humanos nos consideramos individuos, pero a su vez “estamos hechos” a partir de una comunidad de individuos. Hasta el momento, la más exitosa “agrupación de individuos” es la que da lugar al Ser, surgiendo con él la acción consciente, y junto a ella la Razón. Solo que, tal agrupación es una “agrupación virtual”. El Ser surge del “cómo me ven” mis semejantes, y resulta ser una entidad que si bien se aloja en el cerebro, “está hecha” de información; no posee un cuerpo material que limite su accionar al “aquí y ahora”. Cierto es que “todo sucede en el Presente”, y “los viajes” en el tiempo/espacio que realiza el Ser son solo “viajes virtuales”, pero en la práctica su potencial de acción ha sido el que nos ha permitido ser los actuales líderes evolutivos. Siendo el mundo material una limitación para la acción del ser vivo, tiene sentido que la evolución haya parido al Ser. En la práctica, la estrecha relación que existe entre el Ser y el cuerpo material que le sostiene constituye una suerte de “freno evolutivo”. Los humanos “somos” sentimiento y emoción, no solo Razón. La evolución “no siente” ni “razona”.

    Si consideramos como medida del “nivel” o “grado” evolutivo de una forma de vida su potencial de acción, es fácil reparar en que dicho potencial de acción es función del “volumen de información con significado” que administra. Hoy, la humanidad está doblando su potencial de acción en pocos años y estamos ad portas de acceder a una Singularidad.

    En paralelo, está irrumpiendo la Inteligencia Artificial. A la par, son notables las similitudes existentes entre un cerebro y la WEB. Hoy, por si sola la WEB no se auto administra. De hacerlo adquiriría el carácter de Individuo. Todo indica que la Inteligencia Artificial General pronto dispondrá de un potencial de acción inédito. Ya está sucediendo que los humanos no conseguimos “saber” de los pasos que da la actual Inteligencia Artificial para arribar a convenientes resultados. Son resultados convenientes, para los humanos actuales. Nuestras células “no saben” de lo que hacemos. Se dan por satisfechas con obtener los recursos que precisan para vivir. Ignoran “la dimensión/realidad” en la que habitamos los humanos.

    Cierto es que quien se quede “pegado” pretendiendo conocer de “lo Principal” no sabrá de “lo importante” que hoy estamos viviendo. El tsunami evolutivo que estamos por vivir torna recomendable que a la par de observar “lo importante” atisbemos en lo que se esconde tras “lo importante”. Para ello no disponemos de otra herramienta que la información contenida –entre líneas- en la historia de la evolución.

  63. Gravatar jreguart | 02/07/2019 at 06:48 | Permalink

    Hola Guillermo,

    muchas gracias por tus ideas. Básicamente participo de ellas. Cuando lo social y tecnológico entran como vectores de la evolución… a saber a donde vamos a llegar. Muy joven me supones cuando me dices que llegaré a poder verme en “la nube”. Ojalá… no solo por estar vivo, sino por pura curiosidad de a ver como será el futuro. Yo, la verdad, que no me lo puedo imaginar aunque sé que será absolutamente distinto a lo acontecido hasta ahora.

    En otro orden de cosas, y al leerte, me ha venido un pensamiento: Creo que lo que tu conceptúas como Ser no solo esta modelado por los otros, creo que el propio Ser se modela a sí mismo a través de la experiencia personal.

    Un saludo. Yo ya de vacaciones.

  64. Gravatar guillermo brand deis | 03/07/2019 at 01:15 | Permalink

    Hoja Jaime A mí también me asiste la curiosidad por conocer el inédito “momento evolutivo” que se avecina. Con las personas con quienes he conversado acerca del eventual rejuvenecimiento, no recuerdo a alguna que le haya provocado felicidad la idea. La opción de poder vivir “por toda una eternidad” desperfila de raíz el instinto de supervivencia y lo que ello en la práctica involucra, la acción del Individuo. Estimo que no estamos preparados evolutivamente para el momento que viene, pero no me imagino fuerza capaz de frenar el proceso tecnológico.

    Si bien inicialmente el Ser es modelado por nuestros semejantes -fundamentalmente a través del lenguaje que emplean y que se refiere a uno-, es efectivo que a través de la acción del lenguaje propio vamos “adornándolo” convenientemente a través del tiempo. Durante una etapa de la infancia pretendemos atribuirnos características excepcionales (ser Superman, ser un astronauta, etc.). Luego, moderamos nuestras expectativas al ir distinguiendo fantasía de realidad. Solo las moderamos, “convenientemente”. Siempre nos queda un espacio para “imaginarnos” (empleando el lenguaje) que “somos” algo más, o algo menos, de lo que somos. En todo caso, el tema no es fácil de tratar por cuanto si bien son las acciones las que nos caracterizan, en la práctica las acciones que realizamos son la resulta de un proceso mental en el cual están en juego, permanentemente, los intereses del mono que nos habita y del Ser que somos. Freud hizo una diferencia entre las motivaciones conscientes y las motivaciones inconscientes, pero no supo identificar al Ser, en cuanto a Entidad, ni supo de su génesis. En la práctica, el asunto no es tan simple como él lo asumió. Las palabras que empleamos las elige el mono que nos habita considerando satisfacer los intereses propios del mono y lo que, en el “ponerse en el lugar de”, “le parecen” son los intereses del Ser. Las condiciones del medio juegan un rol de peso en las acciones que realizamos. En un país en guerra, aquel que, rebosante de afecto mecía en sus brazos a su hijo recién nacido, una semana después está en el frente de batalla matando a “los enemigos del país”. Los países los inventan los humanos, no el mono que nos habita. Por cierto, tras el ánimo de dar la vida –voluntariamente- por su país, el Afecto juega un rol significativo. Como vez, no basta con caracterizar al Ser para saber a cabalidad de lo que somos. “Vamos siendo” condicionado por las circunstancias, y ello nos pesa.

    Junto con lo que significa estar presente, como espectador, en este particular momento evolutivo, no deja de pesarme la percepción de que hoy por hoy “estamos atrasados” en saber de lo que somos. Saber de lo que somos resulta ser condición necesaria para diagramar “voluntariamente” un eventual derrotero evolutivo. Por el momento, la humanidad se está “dejando llevar” (en todo caso, siempre ha sido así) desconociendo las consecuencias de su accionar. Saber de la Consciencia y de lo que somos, hace dos o diez siglos, sin ser entonces un saber irrelevante, no pesaba como hoy nos pesa.

    Espero que disfrutes de tus vacaciones.

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