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Historia de un ignorante, ma non troppo… Gran concierto para cello y orquesta “Militar”, de Jacques Offenbach




El artículo de hoy de esta serie ignorante sobre música clásica trata de una obra que, aunque escrita a mediados del siglo XIX, hace apenas unos años que ha entrado a formar parte del repertorio musical, por ciertas razones que veremos en breve. Y el que un nuevo concierto escrito para violonchelo y orquesta pueda ser interpretado con garantías en una Sala de Conciertos es una buena noticia para los esforzados músicos que tocan este instrumento, pues la lista de conciertos para cello y orquesta es bastante limitado: Además del rutilante concierto de Dvorak al que ya dediqué uno de mis desvaríos hace años, una de las grandes, grandes obras de todos los tiempos, el repertorio habitual incluye el concierto de Elgar, el de Schumann, el de Shostakovich, el de Hindemith… y ya. Muy poco más.[1]

Pues bien, cuando escuchéis este “Concierto Militar” de Offenbach veréis que tiene todas las papeletas para ser incluido con todos los honores en dicho repertorio: es original, tiene pasajes de virtuoso que hacen lucirse al solista, la armonía entre el cello y la orquesta está bien construida… en fin, es un concierto muy bello. Lo que no es de extrañar, habida cuenta de que Jacques Offenbach era, en primer lugar, un virtuoso del violonchelo y, en segundo, un celebérrimo compositor de operetas, óperas bufas, óperas cómicas, etc, el creador y rey indiscutible de la comedia musical parisina de mediados del siglo XIX, la época del can-can que él mismo llevó a su cenit en obras como Orfeo en los Infiernos o La Alegría Parisina (La gaîté parisienne, en francés), o Los Cuentos de Hoffmann, prácticamente su única ópera “seria”, que no llegó a terminar, pues le sorprendió la muerte mientras estaba componiéndola.[2]

Jacques Offenbach (Nadar, 1860)

Nació Jakob Eberst Offenbach en Deutz, cerca de Colonia, en 1819, en el seno de una familia judía de músicos. Eso facilitó que estudiara desde muy pequeño violín y violonchelo, instrumento este último en el que pronto destacó. Con apenas catorce años se trasladó a París, por entonces la capital mundial de la música,[3] junto con su hermano Julius, también músico, y su padre, e ingresó en el Conservatorio, donde fue discípulo del gran Luigi Cherubini. Pronto consiguió un puesto como violonchelista en diversas orquestas, entre ellas la orquesta de la famosa Opera-Comique.

Hubo de convertirse al catolicismo para poder casarse, en 1844, con Herminia de Alcain, joven española de 18 años, y posteriormente adoptó la nacionalidad francesa, cambiándose además el nombre a Jacques, todo ello para poder trabajar con tranquilidad en París en una época en la que los conflictos entre Francia y Alemania (Prusia, más bien) eran muy frecuentes. Ni su nacionalidad ni su religión originales ayudaban en sus aspiraciones musicales, por más que llevara una buena cantidad de años trabajando en París y siendo una referencia clave en el ambiente musical parisino.

Tras su etapa de director del Théâtre Français, fundó su propio teatro, Bouffes Parisiens, en plenos Campos Elíseos, donde representó con éxito sus propias obras, divertidas operetas en las que reflejaba la alegría de vivir propia de la época en la capital del mundo… Él fue quien puso música al mundialmente famoso can-can, que es el finale de una de sus operetas más celebradas: Orfeo en los Infiernos. Desde entonces, el can-can se convirtió en un himno de la bon-vivant sociedad francesa, de sus cabarets y sus salas de fiestas, ésas que tan bien retrató unos años después Toulouse Lautrec en sus cuadros y sus dibujos…

Murió Jacques Offenbach en París, donde obviamente tenía su residencia, en 1880.

Bien, y a todo esto… ¿qué hay de este Gran Concierto Militar en sol mayor para cello y orquesta? A eso vamos…

Fue compuesto entre 1847 y 1848 en Colonia, durante un viaje que hizo a su tierra natal, probablemente para visitar a su familia y, de paso, alejarse un poco del ambiente del París prerevolucionario. En aquella época Europa vivía una época convulsa, y Offenbach se sintió de alguna manera imbuido de ese espíritu luchador y patriótico… o no, quien sabe, pero el caso es que escribió este Concierto para el instrumento del que era un virtuoso, el violonchelo, y orquesta; él mismo lo apodó con el sobrenombre de “Militar”, debido, ya lo veréis, al uso de fanfarrias y redobles que suenan a lo largo de la obra.

Él mismo lo estrenó ese mismo año con, según cuentan las crónicas, bastante éxito. Pero el caso es que hasta nuestra época no ha llegado de este concierto ningún manuscrito autógrafo del autor,[4] por lo que no sabemos exactamente qué fue lo que Offenbach estrenó en su día, aunque en el Archivo Offenbach de Colonia se puede consultar documentación de diversas fuentes. Sobre esas fuentes trabajó el chelista francés Jean-Max Clement ,quien en 1952 exhumó la obra de la catacumba donde se encontraba y publicó, e interpretó, una versión de este concierto, un concierto romántico en toda regla, con su ataque dramático, su ensoñación lírica, sus pasajes virtuosos… Un trabajo encomiable, pero que de alguna forma perdió por el camino esa “militaridad” que se le supone al concierto si hacemos caso de su sobrenombre.

Por ello, el musicólogo francés Jean Christophe Keck, especializado precisamente en la música Offenbach, volvió ya en este siglo XXI a las fuentes originales, al escaso material existente, para confeccionar lo que, se supone, podría haber sido el concierto que el autor estrenó hace siglo y medio. El resultado es una obra que es, ahora sí, claramente de Offenbach: animada, divertida, con un humor sutil y una gran musicalidad, momentos de gran virtuosismo y convenientemente trufada de redobles de caja y fanfarrias que le dan ese especial aire “militar”.

Esta versión de Keck fue grabada en 2006 por Marc Minkowski con les Musiciens du Louvre y Jerôme Pernoo como solista, y ésa es precisamente la versión que escucharemos. Es una obra que se escucha muy fácilmente, muy original y, también, divertida. Dura en total unos 44 minutos. Espero que os guste.

Son tres movimientos, como es habitual en los conciertos para instrumento solista y orquesta:

Primer movimiento: Allegro maestoso, que comienza, lógicamente, al comienzo del video, con su larga introducción orquestal, introducción que tiene un cierto aire marcial acorde con el leit motiv del concierto. Todo el movimiento mantiene el ritmo sincopado típico de la música militar, entre pasajes virtuosos de difícil ejecución y vigorosas intervenciones de la orquesta.

Segundo movimiento: Andante, que comienza en el minuto 14:40. Con una suntuosa orquestación, el autor vuelve, cosa bastante poco habitual, a los motivos melódicos del primer movimiento. Especialmente bellos son los pasajes en los que el cello canta melodiosamente sobre el fondo de caracoleos de la madera[5] (alrededor del minuto 17:50 se puede escuchar el primero de estos pasajes), a los que luego se añadirá el primer violín… Muy bonito y con mucho sentimiento, comme il faut en toda obra romántica que se precie.

Tercer movimiento: Allegretto, que comienza en el minuto 23:15. Es en este tercer y último movimiento en el que es, con diferencia, más evidente su carácter de “militar”. Los redobles de caja y fanfarrias del metal a ritmo de desfile marcan el tempo del movimiento desde el mismo principio; curioso, y muy original, es el duetto entre caja y cello que puede escucharse alrededor del minuto 37:00 del video. El solista puede lucirse especialmente, puesto que los pasajes de virtuoso son abundantes y muy exigentes.

Basta ya de cháchara. A continuación está el video. Es un video con una foto fija de un cuadro de la época, más o menos,[6] con la música como protagonista. Os dejo también el enlace directo a youtube, por si tuvierais problemas al visualizarlo.

Para acabar, que yo sepa esta obra no se ejecuta nunca, o al menos casi nunca, debido a la muy reciente incorporación de la obra en su forma “definitiva” al repertorio. Esperemos que en breve podamos escucharla en las Salas de Conciertos, porque tener algún otro buen concierto de cello que llevarse a la boca es una buena noticia, dado lo escaso del repertorio, pero de momento no queda más remedio que escucharla enlatada. Eso sí, ya os digo yo, como siempre hago, que por muy bien grabado que esté el concierto y muy maravilloso que sea vuestro reproductor… no hay nada como el directo. Nada.

Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música.

  1. Hay también un buen número de conciertos barrocos, que suelen tocarse poco y casi siempre por orquestas especializadas, rara vez en Salas Sinfónicas. []
  2. Sí, la famosísima Barcarola que todo el mundo conoce pertenece a esta ópera []
  3. En directo, claro. Si alguien quería escuchar música tenía que ir a una Sala a escuchar a músicos que la tocaban… La música enlatada todavía tardaría muuuchos años. []
  4. Como muchas más obras más de este autor, que se han perdido… lo mismo que ocurre con las de tantos otros autores. []
  5. Flautas, oboes, clarinetes y fagotes, como seguro que sabéis. []
  6. En concreto, “Un día de revista en el Imperio”, de Hippolyte Bellangé, de 1810. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

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