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Biografía del Universo 21: La era de la gran oscuridad




de 380 mil a unos 200 millones de años desde el inicio

Volvamos a la materia oscura, cosa que nos ayudará a recuperar el relato de lo que estaba pasando en el Universo. En la anterior entrada de esta serie, en la que estamos desbrozando la biografía del Universo, nos habíamos quedado en el momento del paso del mundo dominado por la energía al mundo dominado por la materia, cuando los fotones se liberaron. La foto de aquel momento de la radiación de fondo nos dio pie a hablar de la estructura del Universo, y de cómo hay más cosas que la materia visible y los neutrinos y fotones primigenios. Evidentemente, estas “más cosas” tuvieron que ejercer un papel muy importante en el proceso. En especial la materia oscura con su más que significativo efecto gravitatorio, ya que era cinco veces más abundante que la materia bariónica. La teoría es lo que vas a leer en esta entrada y la siguiente.

Gracias al telescopio Hubble se ha podido observar en lo más profundo del Universo lo que parecen ser pequeñas galaxias, las más claras, a una distancia equivalente a unos 900 millones de años tras el Big Bang.[1] E incluso anteriores, a los 700 millones de años, pero de luminosidad más débil y en menor cantidad. Sus formas no son las “convencionales” y están muy lejos de las de las galaxias espiral o elípticas que vemos hoy en día. Estas extrañas galaxias son la crónica de un período cuando el universo era más caótico. Son fotos realmente muy antiguas, lo que nos permite asegurar que la estructura del Universo se inició muy pronto. Y si de esas estructuras la materia oscura fue el alma fundamental y la materia bariónica su cuerpo visible, tenemos que convenir que ambos actores habrían comenzado su trabajo en un momento muy temprano.

A la izquierda un esquema del Universo con la capa del campo profundo donde mira Hubble (Wikimedia, NASA, dominio público). A la derecha una doble ampliación sobreimpuesta al campo ultraprofundo: a partir de [A] una pequeña mancha de luz en la esquina superior izquierda se ha ampliado [B] de forma que ahora se ve minúsculo un punto rojo. La segunda ampliación [C] da idea del sutil halo de luz que proviene de tal galaxia: UDFy-38135539, la más profunda conocida por Hubble en un corrimiento al rojo Z de 8,6, lo que corresponde a una edad aproximada de 500 millones de años (Imagen montada a partir de varias de NASA, wikimedia, dominio público)

Se cree que aún antes de la recombinación, cuando todavía no se estaban juntando los electrones y los núcleos, ya se estaba gestando la semilla de lo que luego sería la estructura de la materia oscura. Como sabemos, eran momentos plasmáticos, por lo que materia oscura y materia luminosa -la bariónica- debían estar entrelazadas, de forma que así tuvieron que seguir tras la recombinación. Esta íntima unión entre ambas materias tuvo de algún modo su reflejo en la foto inaugural de los fotones que constituyen la radiación de fondo de microondas. Ya desde estos momentos, y a partir del esquema que dejaron las ondas sonoras del plasma, empezó a trabajar la materia oscura, modelando lo que iba a ser la arquitectura futura del Universo, hasta la actual. Por su gran abundancia, ella tuvo que ser la primera a la que la gravedad obligó a formar agrupaciones arrastrando a su vera a la materia bariónica. Conjuntamente empezaron a amplificar aquellas pequeñas heterogeneidades que veíamos en la foto de la radiación de fondo y que comparábamos con inapreciables ondulaciones de una piscina.

En la serie de gráficos que sigue podemos apreciar con más detalle esta evolución inicial. Cada una de las curvas dibuja la evolución de materia y radiación correspondiente a una burbuja de inestabilidad cuántica primigenia en un momento determinado -en millones de años, Myrs- para un corrimiento al rojo determinado -z-. Las unidades del radio, o avance de onda, están estandarizadas a las dimensiones actuales del Universo. Para pasar a las de la época correspondiente basta dividirlas por la z del momento. El extremo último del horizonte acústico está situado más o menos sobre el radio 150 Mpc.[2] Vemos cómo la materia oscura prácticamente se había quedado anclada en su pozo gravitatorio próximo al punto de partida, desde donde había empujado a los bariones a los confines del horizonte acústico. Podemos observar cómo el gas bariónico deja de estar acoplado con la radiación de fotones cayendo, con el tiempo, de nuevo en brazos de la materia oscura. Próxima la edad a los 500 millones de años ambas materias estarían prácticamente ensambladas, mientras que la presencia de fotones y neutrinos se fue disolviendo con el tiempo, siguiendo la expansión del Universo. A pesar de ser el resultado de una simulación, así comenzó el espectáculo de lo que vemos en nuestro cielo nocturno.

Evolución radial de los perfiles de masa de materia y radiación que corresponde al interior de una burbuja de inestabilidad cuántica que generó el horizonte acústico. Son la continuación cronológica de los perfiles que ya vimos en una entrada anterior de esta serie (Imagen: a partir de D. J. Eisenstein y otros, fair use)

Pero no adelantemos los acontecimientos. Nos movemos en el tiempo al que hemos llamado de la gran oscuridad, porque los fotones salidos de la recombinación tenían unas frecuencias alejadas de las que hoy conceptuamos como visibles o luminosas. El tejido espacio-temporal se estaba agrandando por efecto del empujón de la inflación. Y esto era lo más alejado a lo que pudiera ser una ayudita para la condensación de grandes masas de materia como las que observamos hoy en día. De todas formas, estas acumulaciones de materia, tanto la visible como la oscura, intentaban sujetar esta expansión gracias al efecto gravitatorio que provocaba sus masas, las cuales debían deformar fuertemente el tejido del Universo. Inicialmente conseguían muy poco, ya que el factor de expansión era muy superior al de contracción. El tejido espacio-temporal soporte se expandía en un factor x mientras que la gravedad, en aquellos lugares donde había materia, le recortaba una pequeña porción de esta x. De todas formas, lentamente, unos lugares iban diferenciando su densidad de masa con respecto a otros.

Poco a poco esas acumulaciones de materia en las zonas del Universo donde se iban produciendo, frenadas por su propio tirón gravitatorio, iban expandiéndose menos que el tejido espacio-temporal que las rodeaba. Supongamos que la expansión del espacio se estuviera produciendo siguiendo un factor temporal de escala k: cada unidad de tiempo se hace k veces más grande. Y supongamos también que en las zonas con mayor densidad de materia, debido a la contracción gravitatoria, el factor equivalente fuera menor, por ejemplo k/x. Con estas premisas en mente pongámonos a imaginar una zona cualquiera del Cosmos con una región en la que hay materia. Podremos decir que, al cabo de una unidad de tiempo, el volumen del Cosmos sin materia se incrementó en k3mientras que su zona con materia lo haría en k3/x3. Un factor 1/x3 menos. O lo que es exactamente lo mismo, su densidad de masa gravitatoria habría pasado a ser un 1/x3 mayor que la de la mayoría de su entorno en el Universo ¿Eso es mucho o es poco? Pensemos en una x pequeña, por ejemplo 1,001. En este caso y haciendo unos sencillos cálculos, en una unidad de tiempo -la que define k- la zona con masa será un tres por mil más densa que la mayoría del espacio circundante.[3] La rapidez del proceso depende de la unidad de tiempo definida y del parámetro x que acompaña a la masa.

De todas formas, casi podríamos decir que los tiempos del Universo son inconmensurables para nuestra vara de medir humana. El efecto realmente importante es que en estos puntos especiales la materia iba paulatinamente aumentando su densidad. Podemos imaginar que al cabo de mucho tiempo, cientos de miles de años, la densidad de la materia se habría hecho inmensa en determinadas zonas comparada con la “densidad” de la expansión. Iban apareciendo lo que podríamos llamar unos protocúmulos de gases en donde la gravedad podía hacer valer su poder. Su principal componente era la materia oscura, de la que hemos dicho repetidamente en esta serie que representa cinco veces más masa que la bariónica.[4] Entre los componentes que formaban esta última ganaba por goleada el hidrógeno neutro: un protón con un electrón “en órbita”. Los tirones gravitatorios conjuntos fueron de tal calibre que la masa de materia se pudo desacoplar de la expansión general del Cosmos. En el espacio habían quedado regiones de materia con libertad como para iniciar su compactación gravitatoria definitiva. En este momento la energía oscura estaba empezando a ganarle la batalla a la expansión. Ahí comenzó la formación de la estructura del Universo.

¿Quieres ver algo realmente joven-joven, de hace mucho mucho tiempo? Aquí tienes a la galaxia GN-z11, que en esta imagen era prácticamente contemporánea de los fotones de la radiación de fondo (Wikimedia, NASA Hubble site, dominio público)

A los 100 millones de años desde el inicio ya se podían encontrar nubes de materia oscura comprimida tan grandes como el sistema solar, con la mayor parte de su masa en el centro. Poco a poco se fueron agrupando más y más de esas nubes para formar cúmulos en los que también la mayoría de la masa estaría en su centro. Por tanto, la intensidad gravitatoria que se generaba era cada vez más potente. Se cree que estaba reforzada por agujeros negros producidos por esa misma materia oscura, cuyas semillas habrían nacido en la época de la nucleosíntesis y que ahora se encontraban en el centro de los cúmulos. Quizás algunos de ellos forzaron la creación de los cuásares, una especie de ávidas galaxias que ya estaban activas en los primeros millones de años tras el Big Bang. El más alejado de nosotros en espacio-tiempo se trata de ULAS J1120+0641, que se encuentra a 13.000 millones de años luz, es decir, lanzaba al espacio sus ondas de radio ya a los 800 millones de años del Big Bang. Aún más antigua es la galaxia GN-z11 que lucía unos 400 millones de años antes… ¡prácticamente tras la recombinación!

La época de la gran compactación, cuando la importancia de la expansión del tejido espacio-temporal parecía haber quedado en un segundo plano, se nos puede antojar convulsa y apocalíptica. Algo así, aunque infinitamente más dantesco, como cuando vemos avecinarse una tormenta una tarde veraniega en las grandes montañas. Pero, aunque debería haber mucha actividad en determinadas zonas, en promedio debió ser tranquilo como corresponde a un mundo de gas con una densidad de un protón por centímetro cúbico[5], protón que formaba el núcleo de un átomo de hidrógeno con un radio en el orden de los 10-8 centímetros. La materia oscura no lo tendría del todo fácil. Podríamos imaginar que en el interior de los cúmulos de materia oscura más bariónica los procesos de compresión debieron ocurrir de forma homogénea en todos sus puntos. Pero en la realidad todo fue bastante diferente.

Al principio de la compactación las partículas bariónicas -básicamente átomos de hidrógeno y helio-, al ser poco masivas, se moverían comparativamente a altas velocidades. El Cosmos en aquellos momentos se encontraba bastante frío con relación a lo que había sido, unos cientos de grados Kelvin como correspondía a la energía promedio de la radiación del orden de las décimas del electronvoltio. Incluso dicha temperatura llegó a ser del orden de las pocas decenas sobre el cero absoluto. Por eso, poco a poco, la velocidad con la que se movían los átomos de hidrógeno se iría ralentizando hasta llegar a un nivel tal que hacía posible el que apareciesen rápidamente moléculas del mismo elemento por unión covalente de dos átomos.[6] Estos átomos y moléculas progresivamente se fueron enfriando y ralentizando más. Entonces, la atracción gravitatoria de la materia oscura -que al no estar sometida a la presión de la radiación se colapsaba directamente por contracción gravitatoria sin que nada lo impidiera-, conjuntamente con el empuje que se produciría en los choques con los otros tipos de partícula, haría que los bariones de la materia luminosa poco a poco fueran “cayendo” hacia los centros supermasivos de los cúmulos de materia oscura, iniciando los primeros esbozos de la estructura del Universo que vemos. Es fácil hacernos una imagen de cómo iba siendo engullida la materia bariónica por el pozo que la materia oscura había creado al deformar el tejido espacio-temporal, proceso que podemos seguir gráficamente en la imagen de más abajo.

En ella se explica la interrelación entre ambos tipos de materia y cómo el pozo gravitatorio de la oscura fue dirigiendo el proceso. Representan tres momentos en la historia del Universo. El primero, muy metido en la sopa del plasma inicial, cuando la fuerza nuclear débil entró en combate dejando a los neutrinos que camparan a sus anchas. Era cuando rayaba el primer segundo de vida del Universo. La segunda imagen corresponde al plasma en estado “transitorio”, podíamos decir. Los núcleos atómicos se habían formado y los fotones peleaban con los electrones que aún andaban independientes. Mil años tras el inicio y conformándose el patrón del horizonte sonoro. En la tercera, el Universo a los cien millones de años, en la plenitud de la época que estamos tratando en esta entrada. El factor k/x de la materia ya había hecho sus diabluras. A la derecha una imagen espacial de como andarían de revueltos materia oscura y bariones.

Representación gráfica del proceso de compactación gravitatoria inicial de la materia dirigida por la oscura. A la derecha un esquema que pretende dibujar la realidad en el espacio (Imagen del libro “Astronomy today“,pag 706, Eric Chaisson y Steve McMillan, fair use)

Como esto se alarga, vamos a sentarnos en nuestro sillón favorito contemplando a estos embriones de lo que serán cúmulos galácticos, porque en realidad la historia se complica. Saboreando la merecida cerveza sólo me queda emplazaros: ¡Hasta la siguiente entrada!

  1. Distancia en años luz y edad es equivalente. La edad la determinamos a partir de la del Universo hoy en día -unos 13.800 millones de años luz- y del corrimiento al rojo que tiene la luz de esta galaxia que detectamos. Como veremos en otra entrada, el corrimiento al rojo, conocido como el parámetro z, nos indica cuán lejos de nosotros está el foco emisor de la luz. Por simple resta con la edad total del Universo sabemos cuál es la edad de la galaxia. Edad = 13.800 – Función[z]. En el momento de la recombinación z era igual a 1.100. []
  2. Un megaparsec, Mpc, es igual a 3,26 millones de  años luz. Por lo que el horizonte acústico de hoy en día mide unos 480 millones de años luz y, como sabemos, es el patrón estándar de la dispersión de las galaxias. []
  3. En nuestro ejemplo supongamos que K=10. El tejido espacio-temporal en una unidad de tiempo se ha incrementado en 1000 mientras que la región con materia lo ha hecho en 997. Lo que quiere decir que la materia se ha compactado con relación a su entorno. []
  4. La materia bariónica es, como sabéis, la que forma las galaxias y los cúmulos luminosos que podemos observar. []
  5. Esta sería la presencia media de la materia en la época de la formación de las primeras galaxias, particularizada para un corrimiento al rojo de z=100. En ese momento el valor de la densidad media era inferior a la densidad de la atmósfera terrestre a nivel de mar en un factor de 108. []
  6. Las uniones químicas covalentes -para más detalles ver esa entrada de este blog que nos acoge- no son más que el resultado de que a los átomos de los elementos les chifla llegar a tener la capa más externa de electrones absolutamente rellena, para parecerse en configuración al gas noble más próximo que tengan. Así, al hidrógeno le apetece parecerse en sus electrones a lo que tiene el helio, es decir dos. Y para eso lo que hace es buscarse un partenaire con el que compartir electrones para rellenar el primer nivel. Dos hidrógenos lo harán con un oxígeno, y saldrá como consecuencia una molécula de agua, H-O-H. Dos hidrógenos se entenderán y formarán su molécula de H2, con una energía de enlace de 4,52 eV. Imaginad su fortaleza cuando en aquellos momentos la energía promedio del Universo rondaría las centésimas de un electronvoltio []

Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 9 } Comentarios

  1. Gravatar León Tm | 08/12/2017 at 07:09 | Permalink

    Creo entender de acuerdo a lo he leído en otros blogs y ahora que llego a éste – muy interesante por lo de más – que los fotones del electromagnetismo sólo existen cuando los bariones adquieren energía cinética . En el caso de encontrarse a 0 Kelvin éstas partículas elementales tienen energía sólo para vibrar en su retículo sin emitir ningún fotón . Es posible concluir entonces que el espacio y las cargas de dichos corpusculos son los que generan el movimiento necesario para sacar de esa eterna quietud y oscuridad a estos bariones en el universo ?

  2. Gravatar blady | 09/12/2017 at 12:16 | Permalink

    “Es fácil hacernos una imagen de cómo iba siendo engullida la materia bariónica por el pozo que la materia oscura había creado al deformar el tejido espacio-temporal”. ahora entiendo cuando dices que sin la materia oscura no se podrían haber formado las galaxias . la bariónica al ser 5 veces menos no habría podido aglutinar nada enfrentada a la creciente expansión del espacio – tiempo comandada por la energía oscura 25 veces más presente en el cosmos .

  3. Gravatar jreguart | 09/12/2017 at 02:47 | Permalink

    Hola León Tm,

    desgraciadamente no puedo contestar a tu comentario con el rigor que se merece. No soy físico. Es claro que a 0K (cero Kelvin) las partículas y toda la materia estaría en estado de reposo y posiblemente no habría interacciones electromagnéticas entre ellas. De hecho es lo que sucede en los materiales superconductores cuando les bajas a temperaturas muy muy bajas. Aunque si la cuántica dice la verdad, y por ahora no parece que no la diga, siempre habrá una energía posible que nazca del vacío cuántico. Luego supongo que podrán existir partículas virtuales, incluso fotones.

    Dicho lo anterior paso a dar mi opinión sobre tu pregunta. Por lo que sabemos hay cuatro fuerzas fundamentales que mueven la física de nuestro Universo actual. Una es el electromagnetismo… pero también existe la gravedad y las fuerzas nucleares. En principio todas ellas “mueven” a la materia-energía, no solo el electromagnetismo. De hecho, por ejemplo, los neutrinos son partículas casi relativistas y no interactúan mediante fotones. Aunque la realidad no es que hayan unas partículas esperando ser activadas… la historia -física- nos dice que estas partículas surgen en el momento en que el nivel energético global del Universo las hace posibles. Es la energía primigenia del Big Bang y la físca más básica las que mueve al Universo, aún ahora. Nunca se ha dado la situación del cero absoluto aunque la radiación de fondo está muy cerca. La flecha de la biografía del Universo nos lleva desde altas energías, altas velocidades en las partículas, hacia un Universo frio y compuesto exclusivamente por radiación cada vez menos energética.

    No sé si te ha dado algo de luz mi respuesta o estás aún más liado. Espero que sea más de lo primero que de lo segundo. Y gracias por tus amables palabras.

  4. Gravatar jreguart | 09/12/2017 at 02:51 | Permalink

    Así creemos que fue Blady. Un abrazo.

  5. Gravatar Galo | 11/12/2017 at 12:33 | Permalink

    León Tm, nada impide que algunos núcleos atómicos a 0 Kelvin emitan fotones producto de su inestabilidad , lo que tu quieres decir (según entiendo) es ¿que hizo que las partículas con masa adquirieran energía cinética para así emitir fotones? y por lo que se , al principio los bariones no existían (solo había partículas a velocidades relativistas con altísima energía ) posterior a ello el campo de Higgs le entregó masa a los bariones y estos no se encontraron con un mundo frío y estático como bien se explica aquí en este blog , además la materia oscura curvó el espacio y se llevó consigo en grandes masas a estos bariones , nunca tuvieron paz por lo que se ve , sin embargo me imagino que no existiría calor ni luz ni vida si no fuera por la energía cinética que consiguen las partículas ya sea por la atracción y repulsión dada por sus cargas o por la curvatura espacio-temporal que fue la otra forma que los hizo moverse .

  6. Gravatar Alonso | 15/12/2017 at 11:28 | Permalink

    al leer en estas entradas acerca del estiramiento que han experimentado las ondas desde el big bang , algo así como que la distancia entre las crestas de las ondas ha aumentado , producto de la expansión que ha sufrido el tejido espacial . me pregunto entonces si la materia a nivel macro y micro también viaja a lomos de éste tejido indetectable ? por lo cual no existe realmente el salto en el vacío como tal . mirado rigurosamente es posible pensarlo así ? . Jaime, gracias por divulgar ciencia con la seriedad que tu lo haces . felicitaciones.

  7. Gravatar jreguart | 16/12/2017 at 10:08 | Permalink

    Hola Alonso,

    Lo primero, gracias por tus amables palabras.

    Ciertamente todo lo que hay en el Universo cabalga sobre el tejido espacio-temporal que se está expandiendo. Lo cual no quiere decir que también todas esas cosas, incluidos nosotros, estemos también “ensanchando”. La “fuerza” expansiva del Universo es una interacción más de su física (de la que no tenemos ni idea lo que pueda ser). Además están las cuatro fuerzas fundamentales -gravitatoria, electromagnetismo, nuclear fuerte y nuclear débil- que con mucho ahora mismo son más fuertes que la que podemos “imaginar” está generando la expansión. Así que en nuestro mundo humano, estelar, galáctico o incluso más, las cuatro fuerzas dominan a la expansión y por eso nuestro cuerpo no es cada día más voluminoso. Gracias a dios, podríamos decir, porque si no podrían pasar cosas tan terribles como, por ejemplo, que los electrones se separaran tanto de los protones que la fuerza electromagnética no fuera capaz de unir a los átomos. Todo se convertiría en un mundo de átomos ¡Imagínate cuando las fuerzas nucleares no pudieran actuar! Hoy podemos estar tranquilos a nuestras escalas, pero si la expansión del universo sigue acelerando, como creemos que lo hará, llegará un momento en que la “fuerza” de la expansión será la más potente… y entonces comenzará el camino hacia la nada. Bueno, hacia un mundo en donde todo se habrá convertido otra vez en pura energía, ínfima si la pensamos como energía local promedio.

    Siento mucho no poder responderte según lo que esperas a tu pregunta ya que no sé si entiendo tu frase “…el salto en el vacío como tal…” ¿Te refieres a la inestabilidad cuántica inicial por la que todo surge de la energía del vacío? Todo esto del “borboteo cuántico”, de la “espuma de base” no deja de ser una explicación elegante que nos permite buscar respuestas coherentes a lo que experimentamos. Aunque nadie sabe nada de nada al respecto. Pero, y está es una pregunta personal mía, ¿hay un sustrato espacio-temporal infinito de donde pueden nacer universos? ¿Este sustrato nace con la excursión cuántica inicial de cada Universo? ¡Quién sabe! Al final siempre me queda un horror vacui que quiero pensar es el resultado de nuestro precario conocimiento sobre los inicios.

  8. Gravatar Alonso | 16/12/2017 at 08:04 | Permalink

    Jreguart, Gracias por tu respuesta . ( siempre tan gentil ) a lo que me refiero es más simple : por ejemplo , un átomo viajando por el vacío interestelar está permanentemente en contacto con el vacío cuántico, por lo tanto nunca está absolutamente sólo – eso está claro – Yo me refiero a que si circula por la carretera del tejido espacial – como creo suponer – jamás saltará en el vacío , ya que de alguna forma irá interactuando con los hipotéticos gravitones . Sucede que me impresionó de tu relato esas ondas que se vienen estirando desde los inicios y deduje que si las partículas con masa no les sucede lo que a las ondas (estirarse) , entonces nunca se deben despegar de la red espacial , así lo imaginé , y de ahí viene aquello del salto imposible en el absoluto vacío .

  9. Gravatar jreguart | 17/12/2017 at 12:35 | Permalink

    Hola Alonso,

    no sabemos muy bien lo que pueda ser el tejido espacio-temporal. La mejor aproximación intuitiva es que es un escenario en donde los campos cuánticos existen e interaccionan (quizás el tejido espacio-temporal sea otro tipo de campo). En cada punto de un campo se está continuamente produciendo excitaciones energética (manda la incertidumbre) que se transforman en partículas. En su mayoría virtuales. Porque si la excursión de energía es la adecuada aparece la partícula propia del campo con una determinada longitud de onda, aunque tenga masa. Estamos hablando exclusivamente de los fermiones elementales -cuarks, electrones, neutrinos- y de los bossones -fotones, gluones…-. Te tengo que decir que como todos, los que andan libres por el Universo, como fotones y también neutrinos (estos últimos tienen masa), son a la vez ondas y partícula, se ven afectados por la expansión y por tanto sus longitudes de onda se alargan con el tiempo. Entre todos a veces logran conformar estructuras más complejas como los protones, los neutrones, los átomos o las moléculas. Los cuales también siguen las leyes cuánticas aunque su ecuación de estado nos dice que la probabilidad de encontrarlos se estrecha hacia un punto cada vez más determinado. Todo ello sucede en el espacio-tiempo.

    Una vez consolidadas estas ondas-partículas en el espacio-tiempo, su masa-energía permanece en el espacio-tiempo, no vuelve al vacío cuántico. Y no es porque la gravedad las ate al espacio-tiempo sino que por ellas misma tienen la masa-energía suficiente como para permanecer (cumplen E=mc*2). Su vida es permanecer para siempre, o interactuar con otras partículas y transformar su masa-energía en otras partículas, que seguirán por el Cosmos también libres o interactuando. Con la expansión del Universo y el tiempo se piensa que al final quedarán partículas subatómicas disgregadas por todo el espacio, casi estáticas, sin poder interactuar. O bien un Universo lleno de fotones de pobrísima energía. Pero la energía total que surgió tras el Big Bang no volverá al vacío. O sí, porque los físicos no tienen ni idea de cual pueda ser la física en un Cosmos a temperaturas casi iguales al cero absoluto Kelvin. Incluso no tienen ni idea de cual pueda ser el final del Universo.

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