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Biografía de lo Humano 20: Entre hace 40.000/50.000 a 10.000 años I, la vida




En la entrada anterior de la serie “Biografía de lo Humano“ nos despedíamos de unos hombres que estaban en el umbral del lenguaje argumentativo y de una mente racional compleja. A partir de esta entrada vamos a adentrarnos en el núcleo del nacimiento del comportamiento humano moderno: lo que se conoce como la Revolución Cognitiva del Paleolítico Superior. Al menos, eso es lo que opina una gran mayoría. Se supone que sucedió en el entorno de los años cincuenta mil a cuarenta mil antes de hoy: el gran salto hacia adelante se produjo en un periodo relativamente corto. Quizás fue el resultado de la historia, de una acumulación cultural en un cerebro humano suficientemente desarrollado que había conquistado un lenguaje sofisticado.

Sin embargo, no parece que los cambios anatómicos del cerebro fueran “el” factor decisivo, ya que el Homo sapiens de entonces tenía ya un encéfalo semejante al nuestro actual. Incluso el Homo neanderthalis lo tenía mayor. Más bien parece que las circunstancias externas por fin consiguieron la maduración de sus potencialidades neuronales, produciéndose un cambio cultural de un alto nivel. Cambio que se observa tanto en África como en Eurasia.

Pinturas en las cuevas de Lascaux -hace 14.000 años-, arte que se considera el indicio más evidente de la evolución de la mente hacia lo humano racional más complejo (Wikimedia, CC BY-SA 3.0)

Desde la antropología, la arqueología o la sociología se considera que el comportamiento moderno humano tiene que incorporar los siguientes elementos: herramientas, pesca, intercambios de productos entre grupos a grandes distancias, adornos personales, arte figurativo, juegos, música, cocinado de alimentos y enterramientos. Hasta este momento, en esta serie hemos estado dando multitud de vueltas acerca de casi todo ello, de forma que sabemos que algunos de estos elementos estaban ya presentes en el mundo antiguo, cuando se cruzaba la frontera cronológica del Paleolítico medio al superior. Es decir, hace 40.000 años. Somos ya unos “expertos” y capaces de imaginar el entorno vital de los hombres que se adentraban en la gran aventura.

Hemos comentado hasta la saciedad que el comportamiento moderno se alcanzó a medida que se fue dominando el manejo de ciertas abstracciones, fundamentalmente la de la propia identidad, primero grupal y después personal, la del sentimiento del tiempo y la de la percepción del espacio. De este dominio, mediante un cerebro con capacidad adecuada y la herramienta de un lenguaje casi argumental, emergió la reflexividad de un pensamiento plenamente simbólico, que permite bucear en un amplio abanico de posibilidades, tras de lo cual emerge una flexibilidad conductual. Y en cierta medida ello se puede rastrear a través de lo que se observa en los registros paleoantropológicos. Así hemos intentado hacerlo hasta ahora.

A lo largo de las líneas que siguen dedicadas a este periodo nos centraremos casi en exclusiva en el Homo sapiens. Es cierto que convivió con otras especies, pero… sucedió lo que sucedió. Suponemos que su mejor preparación le hizo triunfar en la competencia y quedarse en solitario. Creemos que los cuatro repuntes de temperaturas experimentados durante el periodo 52/45 mil años antes de hoy, en pleno periodo glacial Würm, pudieron incentivar a las poblaciones sapiens que estaban asentadas en el próximo oriente (costa de Israel) a migrar más al norte y oeste, en donde encontraron territorios parecidos a aquellos que les eran habituales.

Al penetrar los hombres modernos en Europa, en el camino se encontraron con neandertales, los cuales también se habían visto obligados durante los “cortos” periodos de mejora del clima a emigrar hacia el norte, hacia lugares más fríos en donde ellos se encontraban mejor preparados y más cómodos. En los Balcanes, en donde hay evidencias de asentamientos datados en hace unos 42.000 años, así como en otros lugares, ambas especies coexistieron. Se supone que de forma pacífica, ya que los recién llegados creaban generalmente sus propios asentamientos sin utilizar habitaciones de los neandertales. Aunque fuera pacífica, la competencia por los recursos no sólo motivó la rápida migración hacia el oeste europeo, sino que pudo ser la espoleta para la emergencia del comportamiento humano moderno entre los sapiens: había que diferenciarse. La mejor tecnología de estos debió ser también un buen sustrato para dicha emergencia. Parece ser que tan sólo unos 5.000 años después de que sapiens llegara a Europa, el neandertal desapareció del planeta. Diez mil años antes de lo que ha sido la opinión general hasta ahora.

Tanto el aumento de la población como las limitaciones de las zonas habitables bajo la presión de los hielos del norte habían hecho inevitable la convivencia entre las dos especies humanas europeas. Se dio la incorporación de alguna tecnología sapiens entre los neandertales, se cree que por imitación. Y, forzosamente, la hibridación entre ellos. Por estudios genéticos, se supone que hasta 10.000 individuos. La especie menos evolucionada, los neánder, a pesar de contar con un mayor volumen de su maquinaria cerebral, ralentizó la evolución en sus usos simbólicos y por tanto de su lenguaje. Y ello fue a la larga definitivo para esta especie: el tiempo se les acabó antes de poder aprovechar sus oportunidades. Desaparecieron tras lo que los estudios evalúan como 130.000 años de camino común, dejando la exclusividad al Homo sapiens.

No obstante, hay que romper una lanza por los neandertales. Hay opiniones bien fundamentadas que afirman la existencia entre estos hombres de usos que sabemos que demuestran sus capacidades simbólicas, como serían los adornos de plumas, joyaspetroglifosenterramientos intencionados e incluso pinturas rupestres. Tenían una cultura propia desarrollada, que queda injustamente eclipsada por comparación con la de los sapiens.

Arte simbólico neandertal. Arriba a la izquierda: Grabado en la cueva Gorham de Gibraltar (PNAS, imagen: S. Finlayson, fair use). Abajo a la izquierda: Garras de águila usadas como “joyas” personales (Foto: Luka Mjeda, Museo de Historia Natural de Croacia, CC-BY). A la derecha: pinturas de focas sobre una estalactita, cueva de Nerja (imagen: diversos medios)

No obstante lo dicho de los neandertales, nos vamos a centrar a partir de ahora en los Homo sapiens. ¿Cómo debían ser estos hombres en el Paleolítico Superior? Debía haber muchos clanes, aunque estos debían ser pequeños en número, normalmente no superiores a 50 o 60 individuos, y unidos por parentescos sanguíneos. Como hemos dicho más arriba, y a pesar de que las condiciones climáticas y geográficas europeas del momento favorecían el aislamiento, estos grupos compartían elementos culturales, como demuestran la difusión tecnológica de los útiles tallados en piedra o hueso, los adornos personales, los rituales funerarios y las representaciones paleolíticas.

Ya se ha dicho que hay evidencias de asentamientos sapiens en los Balcanes datadas en hace unos 42.000 años, como el búlgaro de Bacho Kiro. Precisamente ésta es la zona en donde en Europa se observan los primeros indicios claros del nuevo proceso en marcha, el de la evolución hacia hombres autoconscientes. ¿En qué basamos esta afirmación? Entre otros argumentos, en la aparición de unos (a) procedimientos tecnológicos más eficientes y complejos, que van cambiando y enriqueciéndose con el paso del tiempo, con las que se derivaban unos productos más sofisticados. Los agruparemos como tecnologías del Modo 4, que clásicamente se conocen como culturas Châtelperroniense, Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense. También nos basamos en el cambio mental que implica la aparición de nuevos tipos de (b) herramientas auxiliares específicas (buriles, raederas) que debían utilizarse para la talla de (c) objetos de hueso o madera (adornos, utensilios domésticos, caza) y en la (d) generalización de elementos de adorno personal. Eran circunstancias que ya se observaban en los homos del Próximo Oriente antes de que emigraran hacia los Balcanes, y que perfeccionaron en los nuevos territorios. Constatamos también que, a partir de los nuevos emplazamientos, todo ello se estaba moviendo en un contexto dinámico muy activo, de gran rapidez, mayor perfección técnica y superiores volúmenes productivos.

Buriles y cuchillos magdalenienses, Modo 4 (Wikimedia, CC BY-SA 4.0-3.0-2.5-2.0-1.0)

Recuperamos de nuevo la opinión del etólogo Sander E. van der Leeuw: “Por último, el tallista trabaja completamente en tres dimensiones, preparando dos superficies y después extrayendo lascas de la tercera. En esta etapa… –de memoria operativa a corto plazo que trabaja ya con 7 pasos recursivos- …por primera vez los tallistas no sólo son capaces de trabajar sobre un fragmento de piedra tridimensional, sino también de concebirlo como tal y adaptar sus técnicas de trabajo en consecuencia, reduciendo considerablemente las pérdidas y aumentando la eficiencia”. Por tanto, podemos estar razonablemente seguros de que, en este momento, algunas de las capacidades que definen al hombre moderno ya se encontraban presentes en el Homo de entonces. El cerebro estaba preparado. Ahora sólo hacía falta sacar sus potencialidades, descubrir el abanico de habilidades inéditas y, entre ellas, la capacidad de manejo de unas relaciones sociales complejas, que ocultaba.

Por eso, al lado de la tecnología lítica comienzan a aparecer nuevas ideas y métodos. Un periodo muy especial que supuso la primera fase de emergencia de nuevas tendencias “revolucionarias” y que se alargó hasta hace 10.000 años. Fue la época de las novedades tecnológicas. Después de esta “fecha”, como analizaremos más tarde, se produjo la época de las novedades sociales.

¿Qué queremos decir con lo de novedades tecnológicas? El uso de materiales inéditos antes de entonces –hueso o madera- y la combinación de materiales distintos en un solo utensilio –herramientas con mango-. El cambio de paradigma del proceso industrial, que hasta entonces procedía a partir de un todo –un canto rodado- del que se sacaba las partes –lascas- para pasar al concepto opuesto por el que al unir partes –hebras- se conseguía un todo –hilos y tejidos-. Si a esto último se le añadía la capacidad imaginativa de ver a la materia rodeando un vacío, entenderemos el nacer de la alfarería y la cestería, técnicas que consistían en unir pellas de barro o juncos para obtener objetos huecos. Las más antiguas evidencias de recipientes de cerámica se han encontrado en la cueva Xianrendong, en la china Jiangxi, que se remontan a hace unos 22.000 años, aunque su uso para figuras representativas es anterior. La cestería descubierta en El-Fayum, en Egipto, procede de hace unos 12.000 años.

Agujas de coser y hueso del que se extrajeron astillas para fabricarlas. Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira (Ministerio de Cultura, Dominio Público)

Dentro del mismo nivel de racionalidad -de la suma de unas partes se consigue un todo- también hay que hacer una mención especial a la confección de vestimenta para protegerse del frío. Lo basamos en la existencia de agujas con ojo para colocar hilos, encontradas por primera vez en yacimientos sapiens de hace unos 21.000 años y con un esplendor a finales del Paleolítico superior.

Y cómo no mencionar el uso de los pigmentos y los volúmenes para idear y plasmar una imagen, tal como se inicia en este periodo, en un acto que se considera Arte con mayúsculas. Pablo Picasso comentaba que “después de Altamira, todo parece decadente“.

Es importante resaltar el hecho de que la rápida diseminación del sapiens por Europa pudo ser la causa da la gran homogeneidad y generalización geográfica de su cultura. La rapidez de movimientos hacía que las relaciones no se rompieran, quedaba siempre un recuerdo y un contacto, una conexión económica, cultural y social, como así lo demuestran las lejanas relaciones comerciales durante esta época. Y eso fue importante porque pudo ser la espoleta que iniciara el rápido salto hacia el conocimiento reflexivo humano, al constituirse una firma base sobre la que muchos grupos humanos de la misma especie intercambiaron y acumularon sus conocimientos y costumbres.

Los grupos donde la cultura se cimentaba y desarrollaba debían ser de reducido tamaño, formando clanes unidos por parentescos sanguíneos que se concentraban en zonas donde encontraban con facilidad los recursos que necesitaban. Es el momento en que se incrementa la vida en asentamientos al aire libre, por encima de las habitaciones rupestres. Incluso se llegaron a construir pequeños poblados estacionales, como el encontrado en el yacimiento de Kostenki en Rusia, datado en hace unos 30.000 años, con restos de hasta 28 cabañas y cabañas comunales de grandes dimensiones (las mayores, de 500 metros cuadrados), hechas de madera y cuero. O los más modernos de Gönnesdorf y Andernach, en Alemania, datados en los finales del periodo que estamos analizando, y en los que se han encontrado evidencias de estructuras de habitación circulares, con un diámetro de 6 a 8 metros, cuya unión forma a veces cabañas más grandes. Con un suelo enlosado de lajas, rodeado por agujeros para afianzar unos postes perimetrales y una fosa para el pilar central: un estilo de tipi del Paleolítico. Algo parecido se ha encontrado en el yacimiento de Pincevent, Francia, que tiene semejante edad. Este último parece que fue un poblado de cazadores de renos.

Construcción con huesos de mamut de Kostenki 11 que formaban la estructura de tres viviendas (foto: Museo arqueológico nacional de Kostenki, Fair Use)

También de finales del Paleolítico superior, hace unos 13.000 años, es el yacimiento ucraniano de Mezirich, en donde se han encontrado más de cuatro cabañas circulares de 6 a 8 metros de diámetro construidas con huesos de mamut. Las cabañas no estaban aisladas, sino que aparentemente formaban un auténtico poblado sedentario. Alguna tenía, incluso, un muro divisorio interior. Junto a estas habitaciones, otras más ligeras de madera, lo que indica que sus moradores disponían de un sistema de viviendas alternativo. En invierno o en épocas de clima adverso, los grupos humanos tendían a agruparse, mientras que en verano tenderían a disgregarse formando núcleos pequeños en zonas distintas, con lo que aumentan las posibilidades de obtención de recursos.

A través de todas estás estructuras constructivas nos es fácil imaginar a los poblados con su vida, no muy diferentes conceptualmente a lo que se observa ahora en primitivas sociedades actuales, no sólo las de cazadores-recolectores sino incluso las agrícolas-ganaderas. Podemos apreciar que la vida social de entonces estaba organizada por grupos de varias familias en un entorno mayor que formaría el poblado. Parece también que los habitáculos de diversos tipos podían estar compartimentados según necesidades de usos, o que incluso algunas podían ser desmontables y ser trasladadas según las necesidades estacionales. Estamos, pues, seguros de que la idea abstracta del propio grupo y del subgrupo familiar era de uso común. Lo mismo podemos decir de las abstracciones espaciales y temporales en unos hombres que eran capaces de diferenciar estancias en sus viviendas y prepararlas con distintos materiales según variaba la acción o el clima a lo largo del año.

Mencionamos aquí el caso de un poblado especial, no tanto por él mismo, sino porque se cree que sus habitantes practicaban ya una elemental agricultura ¡12.000 años antes de lo que se tiene como arranque definitivo de tal actividad! Está situado en las orillas del mar de Galilea, al norte de Israel, y sería usado por cazadores, pescadores y recolectores. Dispone de seis chozas y una tumba, en donde se han hallado collares de perlas y diversos utensilios de piedra. En él se han encontrado también restos de cebada y trigo con una antigüedad de 23.000 años, y con una abundancia y características que hacen presumir que son la consecuencia de una práctica diferente a la de mera recolección natural. También abundaban las herramientas propias para este tipo de labores:  hoces y raspadores de sílex, similares a los utensilios empleados para cortar y cosechar cereales. E incluso lo que pudiera ser una herramienta rudimentaria para moler cereal.

La caza sería su principal motivo de preocupación. La tecnología aportaba armas más específicas y nuevos complementos. En la primera fase, hace unos 40 mil años, aparecen ya las azagayas, que no son más que hojas líticas punzantes que se enmangarían. Hacia finales del periodo, hace unos 15 mil años, se encuentran los primeros propulsores, con lo que se conseguía ampliar el radio de acción al lanzar el arma, y los primeros arpones para atrapar grandes presas marinas como cachalotes o ballenas, lo que implicaba que ya utilizaban embarcaciones.

Instrumentos de caza y pesca del Paleolítico superior. De izda a dcha: Azagayas magadaleneinses, cueva de Isturitz (Wikimedia, CC BY-SA 4.0); propulsor tallado en hueso con forma de hiena, Tursac (Wikimedia, CC BY-SA 4.0-3.0-2.5-2.0-1.0); Arpones de Le Mas-d’Azil (Wikimedia, CC BY-SA 4.0); anzuelo de Okinawa (foto: Okinawa Prefectural Museum & Art Museum, National Geographic, fair use)

En línea general, la caza seguía las mismas pautas ya observadas miles de años antes, durante el Paleolítico medio. Seguía centrada básicamente en los grandes ungulados, observándose que el mayor porcentaje corresponde a individuos jóvenes. En Europa los restos de fauna permiten hablar de una caza organizada y especializada en especies según las zonas, destacando el ciervo y el reno en el occidente, mientras que en la Europa central y oriental serán el caballo y los grandes bóvidos, junto a mamuts y rinocerontes lanudos. En el yacimiento de Solutre, el que da nombre a la cultura solutrense, se han descubierto restos de una matanza de caballos despeñados por un acantilado, es decir, seguían los principios de estrategia y planificación que ya se apuntaban en la época anterior. La pesca se manifiesta ya como una realidad que exigió nuevas planificaciones y herramientas. En una cueva de la isla japonesa de Okinawa se ha encontrado un anzuelo de pesca que, hoy por hoy, se considera el más antiguo del mundo. Tiene 23.000 años de antigüedad. Está hecho con conchas de caracol de mar, con forma de media luna y menos de dos centímetros de longitud.

También durante el Paleolítico superior el hombre domesticó al lobo: hoy disfrutamos con nuestra especial relación con los perros. Los indicios más antiguos son de hace 14.000 años en el continente eurasiático, que concuerdan con lo dicho por los análisis genéticos que horquillan el acontecimiento entre hace 11.000 y 20.000 años.

La sofistificación de los métodos de caza era reflejo de un sustrato de pensamiento antropomorfo con el que vivían sus experiencias con el medioambiente: todo era humano. Con toda seguridad el hombre confundiría su propio pensamiento con el que imaginaba en los animales: había que deducir sus querencias, cuándo iban a llegar, por donde iban a pasar, dónde se encontrarían más seguros, dónde pensarían que había más hierba, qué era lo que les iba a asustar más…. datos fundamentales para el éxito de la cacería. Es decir, el hombre pensaba que pensaba como los animales… o viceversa. El hombre pensaba que la naturaleza y él eran lo mismo.

En palabras [pg. 42] del antropólogo Tim Ingold (y otros) hablando de las sociedades cazadoras-recolectoras actuales: “Para ellos no hay dos mundos de personas (sociedad) y cosas (naturaleza), sino tan sólo un mundo –un medio- lleno de poderes personales que abarca no sólo a los seres humanos, a los animales y a las plantas de las que dependen, sino también al paisaje donde viven y se mueven”.

Esta idea extrapolada será el sustrato, como veremos en otra entrada, del pensamiento mágico y metafísico. Es más, desde la moderna neurología se interpreta que esta forma de pensamiento “global” basada en una actividad cerebral emocional subconsciente, era el que dominaba antes de que el desarrollo de la corteza cerebral permitiera el pensar en “dual”, base para la prospección y planificación de actos futuros. La forma de pensar moderna. Que a pesar de lo que podemos imaginar no ha anulado el antiguo modelo, que se evidencia en las manifestaciones místicas, chamánicas o inducidas por determinadas drogas. Simplemente le ha puesto unas riendas.

Con esto terminamos la primera entrada sobre el Paleolítico superior, momento en que se da lo que hemos llamado “época de las novedades tecnológicas”. Hemos hablado de los hombres, prácticamente sólo del sapiens, sus formas de habitación y sus métodos y armas de caza. La siguiente entrada la vamos a dedicar a la simbología “novedosa” del momento, en su máxima expresión: el arte. Hasta entonces.


Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 6 } Comentarios

  1. Gravatar kambrico | 18/10/2016 at 05:50 | Permalink

    me imagino que durante esta época comienza el totemismo , siempre he pensado que estos hombres al compararse con los otros animales perdían en casi todos los aspectos . me refiero en el ámbito de la destreza , fuerza , resistencia , rapidez etc etc . yo creo que primero partió como una fuerte admiración (como el majestuoso vuelo de un águila por ejemplo) y después comenzaron a imaginar quizá que estos animales habían sido dotados de estas cualidades por algún espíritu de la selva o algo así ; y resultó tan potente esta admiración que hasta hoy vemos en el capot de flamantes autos . caballos rampantes , leones , el águila imperial en roma . actualmente en el vestuario pasa lo mismo con las marcas , en nuestro mismo lenguaje diariamente (el famoso ojo de lince) y así en casi todos los ámbitos . es muy interesante este capítulo ya que comenzamos a identificar el origen de muchas costumbres que pertenecen a nuestra vida actual , y como partieron …. un fuerte abrazo maestro y felicitaciones.

  2. Gravatar jreguart | 20/10/2016 at 09:08 | Permalink

    Hola Kambrico,

    parece que hueles la pista de la serie. En la próxima entrada hablaré con un poco más de detalle del tema que tu expones. Muy importante para entender nuestro mundo metafísico.

    Gracias por tu palabras, pero creo que lo de maestro lo vamos a dejar para los verdaderos maestros del tema. Yo me declaro simplemente una curiosa hormiga recopiladora de conocimiento.

  3. Gravatar Franco | 20/10/2016 at 11:47 | Permalink

    Leí por ahí que este período que revisamos ahora “Paleolítico superior” también puede llamarsele edad de la piedra y la madera ya que esta fue usada profusamente al igual que el cuero , lamentablemente quedando muy pocos vestigios de ellos por razones obvias .

  4. Gravatar jreguart | 20/10/2016 at 11:10 | Permalink

    Hola Franco,

    la edad de piedra abarca un periodo más extenso que el Paleolítico superior. La edad de piedra empieza con la primera herramienta de este material hasta que comienzan los metales. Y eso coge todo el Paleolítico y el Neolítico. Es curioso como para las culturas de África sí se emplea con rotundidad lo de la Edad de Piedra, Stone Age, en paralelo a la denominación Paleolítico en el resto del mundo.

  5. Gravatar franco | 21/10/2016 at 05:49 | Permalink

    Jreguart . lo que quise decir es que la mayoría de los utensilios utilizados por los antiguos cazadores-recolectores estaban hechos de madera , y me refiero al período tratado en este capítulo y el siguiente , así que si tuviésemos acceso a ellos (instrumentos musicales, juguetes etc etc) , daríamos respuesta a muchas dudas aún sin resolver . y específicamente al tema que tu tratas que es el desarrollo de la mente del hombre . en realidad esperaba que abundaras más en el tema , si es que hay información por cierto . gracias .

  6. Gravatar jreguart | 22/10/2016 at 08:18 | Permalink

    Hola Franco,

    en la próxima entrada verás que vamos a tocar con un poco más de detalle el tema que tú propones.

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