Regístrate | Conectar
El Tamiz Libros Recursos Series Únete 7 Users Online
Skip to content

Biografía de lo Humano 18: Desde los 250 a 40 mil años antes de hoy II, usos de vida




Continuamos el relato iniciado en la entrada anterior de esta serie sobre la Biografía de lo Humano. Vamos a seguir, por tanto, en el entorno temporal que se mueve entre hace 250 y los 50/40 mil años antes de ahora. Allí se hizo un repaso de los personajes del momento, una pequeña pléyade de especies Homo entre las que destacan los heildelbergenses, los neandertales, los sapiens y algún que otro erectus.

Grupo de neandertales durante el periodo Musteriense (Wikimedia, Dominio Público)

La fecha de partida no solamente corresponde al hito de los primeros fósiles de una nueva especie, sino también al momento en que una nueva tecnología, más elaborada que la de Modo 2, comienza a tener vida propia y solitaria. Se trata de la tecnología lítica musteriense o de Modo 3, que es más que una forma de hacer herramientas, ya que da nombre a toda una cultura, desde Iberia hasta más allá del mar Caspio.

Rememoremos el panorama echando una breve mirada retrospectiva. Nos aparece un dilatado periodo temporal durante el que los hombres, de diversas especies, se movían en pequeños grupos aislados a través de las zonas habitables de África, Europa y Asia. El clima tuvo momentos de gran dureza en el hemisferio norte, mientras que en el continente africano se manifestaba en forma de continuas alternancias en las condiciones de sequedad-humedad. En el seno de los dispersos grupos humanos se observa un progresivo desarrollo de la complejidad tecnológica, aquí y allá, que poco a poco va traspasándose de unos a otros a pesar de las barreras geográficas. Ya conocemos cómo eran los homos a finales de la etapa anterior, hace unos 250 mil años: hombres especialmente habilidosos en la confección de herramientas, en el conocimiento de su medio ambiente natural, a los que se les supone un incipiente lenguaje que afianzaba sus genéticas capacidades sociales. Posiblemente en estos momentos el cerebro del hombre ya estaría creando puentes operativos, cada vez más complejos, entre estas habilidades -tecnológica, ambiental y social-, intentando con la suma de estos módulos elementales la emergencia, como de la nada, de una capacidad de rango superior. Comenzábamos a percibir un ligero perfume diferente al de los simples automatismos dirigidos por su subconsciente emocional y motor: se iniciaba la complejidad de la correlación, el raciocinio y la planificación. No es de extrañar que el nuevo personaje, el Homo sapiens, nacido sobre este sustrato cultural de hace 250 mil años, con “especiales” capacidades heredadas de su momento histórico, llegara a sentar las bases de una dispersión planetaria y de la depredación de todas las otras especies Homo. Heidelbergenses, erectus o neandertales, igualmente colaboradores en la construcción de la época, no pudieron competir con ellos. Y esto realmente es lo que veremos a lo largo de la época que estamos empezando a analizar.

Sigamos ahora ampliando la mirada sobre sus hábitos de vida: tecnología, comercio, habitación, caza…

Una vez más parece ser que África se adelantó a Europa en la manifestación de culturas más evolucionadas, como pudo ser la musteriense. Las evidencias africanas más remotas de este tipo de tecnologías son anteriores a los primeros fósiles conocidos del Homo sapiens, siendo quizás uno de los primeros yacimientos el de Gadermotta, en Etiopía, donde se observa en forma de armas de caza enmangadas, datadas en hace 279.000 años. Las últimas herramientas africanas que se consideran aún del antiguo Modo 2 se han encontrado en el yacimiento, también etíope, de Bouri Formation, con unos 155 mil años de antigüedad, lo cual nos permite pensar en una posible evolución paulatina a lo largo de un periodo de convivencia entre ambas de unos 125 mil años.

En Europa, el musteriense clásico comenzó aproximadamente hace unos 120.000 años, y se asocia a los neandertales. No obstante, se han encontrado utensilios que son más antiguos, datados entre 300 y 200 mil años.

Los patrones de evolución técnica del Modo 3 son muy diferentes entre África y Eurasia. En el primer territorio se observa un desarrollo más lineal, posiblemente porque los grupos de población estaban mejor conectados entre sí, mientras que en Europa podemos ver cómo en una región se sigue una tendencia muy definida, mientras que en la vecina hay otra o incluso ninguna. Muchas de estas variaciones son consecuencia de la necesaria adaptación a los diferentes hábitats y climas. Periódicamente había como una pulsación poblacional, ya que en los momentos fríos los grupos se aislaban en sus refugios, mientras que en los periodos de bonanza se dispersarían, favoreciendo así una mayor variación tecnológica regional. También hay que pensar que la especial geografía y clima europeo favorecían el aislamiento de la gente en pequeñas poblaciones y entornos, lo que seguramente fomentaba la pérdida o el mantenimiento de ciertos usos culturales exclusivos de estos pequeños clanes.

La tecnología del Modo 3 está basada en un método general de tallado denominado Levallois, aunque hay también registradas algunas otras tecnologías líticas enmarcadas a su vez en la cultura musteriense. Mediante la técnica Levallois se aprovecha la materia prima con mayor eficacia y además se obtienen lascas de mejor calidad, con una gran variabilidad de utilidades. En esta técnica, los pasos previos durante la realización de una herramienta servían al mismo tiempo como preparación para la siguiente, ya que la piedra se dividía conceptualmente en dos partes a lo largo de sus bordes. Recurriendo de nuevo a la opinión del etólogo van der Leeuw, esto supondría el haber añadido a la anterior tecnología achelense el control del lugar y del ángulo del lascado para dar forma a una superficie. Nos encontraríamos por tanto en un estadio de recursividad de la memoria operativa de 6 pasos. Próxima ya a la del hombre moderno (7+2). Evidentemente, todo ello es una clara manifestación de un avance en las habilidades reflexivas de estos artesanos.

Esquema de una fase del tallado con la técnica Levallois. En este enlace se puede ver una preciosa animación al respecto (animación: J.M. Benito, wikimedia, CC BY-SA 2.5)

A esta manifestación de complejidad de raciocinio le podemos añadir el matiz de que tanto el material básico como el producto podían ser transportados lejos de sus lugares de orígenes, a veces hasta más de 300 kilómetros. Como es el caso de las herramientas de obsidiana de Nasera Rock Shelter, en Tanzania, cuyo material proviene de Kenia, a unos 320 kilómetros de distancia.

En Europa también era habitual el transporte de objetos líticos, tanto lascas como núcleos, aunque a menores distancias, unos 5 a 20 kilómetros con un máximo de hasta 100.

La búsqueda y transporte de materiales en territorios ajenos a los propios nos permiten pensar en el inicio de una incipiente cultura comercial. También nos hace pensar en las capacidades cognitivas y de proyección hacia el futuro en aquellos hombres que iban a buscar materia prima y herramientas a lugares lejanos, posiblemente por el simple e importante hecho de que se podían manufacturar útiles de mayor calidad, además de la influencia que estas costumbres producirían con toda seguridad en las relaciones sociales intergrupales.

También en otras manifestaciones culturales, como la habitación o la caza, husmeamos la intensidad en el manejo de las tres abstracciones que marcan la racionalidad -una vez más, individual, espacial y temporal- y las interrelaciones en el procesamiento cerebral de las tres inteligencias básicas -tecnológica, ambiental y social-. En el camino hacia lo humano.

Comencemos hablando de los asentamientos habitacionales, donde estos hombres errantes repondrían sus fuerzas. A lo largo de la mayor parte del nuevo periodo no encontramos tipologías en las viviendas que fueran muy diferentes a las de finales de la época anterior.

En África se comienza a alternar la vida al aire libre con la ocupación de las cuevas y abrigos, colonizando nuevos entornos como las zonas de transición en los bosques o las costeras, en la mitad sur del continente. Estos últimos eran utilizados para aprovechar los recursos marinos, de forma que su ocupación fue más o menos intensa según la abundancia de moluscos o la distancia a los asentamientos principales en el interior, en donde se practicaban las actividades de caza y recolección.

En los continentes del norte el clima condicionaba los posibles entornos donde asentarse o vivir, por lo que prácticamente todos los yacimientos indican la ocupación de cuevas en las que se observan muestras de una cierta distribución espacial según funcionalidades domésticas. Sin embargo, en los momentos finales de esta época el Homo comienza a diversificar sus lugares de estancia, cambiando según las necesidades, saliendo de las cuevas y abrigos rocosos para asentarse al aire libre en habitáculos fabricados con las materias disponibles: piedras, madera o huesos.

Un ejemplo de ello lo vemos en el poblado ucraniano de Molodova, habitado en el entorno de hace 44 mil años, en donde se han encontrado restos de una construcción que se usaba de forma estable y en la que se habían utilizado para su estructura huesos de mamut. En este asentamiento el uso del fuego era ya común, ya que se han hallado muchos hogares con huesos calcinados, posiblemente utilizados como combustible.

Un ejemplo de ocupación según las necesidades estacionales del momento lo tenemos en el yacimiento francés de Pech de l’Azé, del que también hablaremos un poco más abajo en el entorno de la caza. Se trata de un abrigo rocoso habitado por los neandertales hace más de 60.000 años. Según la arqueóloga Marie Soressi, en este entorno residencial se puede observar el paso de utilizar una estrategia habitacional basada en la movilidad logística a otra residencial. La diferencia entre ambas es que mientras que en la primera primaba el aprovechamiento de recursos que estaban desigualmente distribuidos en el tiempo y en el espacio -ciclos estacionales o trashumancia animal-, lo que obligaba a que los asentamientos fueran pequeños y variables, en la segunda se optaba por llevar los recursos a los campamentos base, junto a los que se daba una relativa abundancia, de manera que esos sólo se abandonaban cuando los recursos accesibles se agotaban.

Dos individuos del pueblo cazador-recolector San, los bosquimanos, el más antiguo del planeta. Fuego, adornos, colaboración… hace 100 mil años los sapiens no debían estar muy alejados de lo que vemos en esta foto actual (Wikimedia, CC BY-SA 2.5)

Ya sabemos que se trataba de cazadores y recolectores de vegetales, quizás semejantes a algunos de los grupos humanos que actualmente practican este tipo de vida. Sin embargo, es una opinión generalizada que aquellos hombres se alimentaban en mayor medida de animales. En esos momentos la caza se centraba en los grandes herbívoros, y lo hacían usando diversas estrategias. Se practicaban las enceladas para atrapar grandes rebaños o bien se les empujaba en su marcha con el objeto de que se despeñaran por algún acantilado, o se les dirigía a zonas pantanosas en donde sería más fácil abatir a los grandes herbívoros que allí quedarían enfangados.

Algunos antropólogos, como manifiestan Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín-Loeches en su libro “El sello indeleble”, consideran que el hecho de realizar un trabajo aparentemente inútil para el estricto presente, como sería preparar enceladas para la caza, o más tarde redes para la pesca, supone una clara manifestación de la capacidad, exclusivamente humana, de actuar bajo parámetros mentales de “retraso en la obtención de la recompensa”.

En el ya mencionado yacimiento francés de Pech de l’Azé, habitado entre hace 90.000 y 60.000 años, se han encontrado restos fósiles de ciervos abatidos por el hombre. El Homo sapiens no había colonizado aún Europa, por lo que se trataba, por tanto, de neandertales. El análisis de los huesos hallados parece demostrar que a lo largo de los años se fue pasando de una ocupación prolongada y sin movilidad mientras duró la caza, a una habitación esporádica y una caza estacional de acuerdo a los periodos de emigraciones de los animales, caza que luego sería llevada -junto a la de otros “caladeros”- a los emplazamientos residenciales. Es decir, el cambio de estrategias de movilidad del que hablamos más arriba: de logística a residencial.

Lo mismo parece deducirse de los restos de ciervos y bisontes en los también yacimientos franceses de Les Pradelles (50.000 años), Mauren (45.000), La Rouquette o La Quina (45.000).

Las estrategias de caza difieren en estos emplazamientos. Por ejemplo, Mauren se trataba de un campamento al aire libre en donde se llevaban a cabo cacerías comunales usando trampas naturales a donde se conducían a las grandes manadas. En cambio, Les Pradelles era un campamento con características de ser más estable y a donde se llevaba la parte más utilizable, músculo y médula, o la más fácil de transportar, extremidades, del animal que había sido cazado en campamentos del tipo del de Mauren.

Los acantilados de La Cotte de St Brelade, a donde iban empujados mamuts y rinocerontes, aplicando una estrategia de caza que exigía planificación temporal y una evidente coordinación social (Wikimedia, Dominio Público)

En el emplazamiento de La Cotte de St Brelade, en la isla de Jersey, se ha encontrado en un abrigo junto al mar amontonamientos de huesos que corresponden a partes “selectas” de mamuts y rinocerontes lanudos, que posiblemente se habían capturado impulsándoles a despeñarse por los acantilados cercanos. Esto que imaginamos como estrategia de caza grupal lo estaban realizando neandertales hace unos 180.000 años.

Es fácil el pensar que este tipo de cacería, acorralando a los animales y con una gran mortandad, generaría excedentes con posibilidad de ser destinados para un consumo diferido. Esto implica una intencionalidad, una anticipación y planificación de las necesidades del grupo. Y también una estrategia de mantenimiento y abastecimiento de productos, como la sal, útiles para tal propósito.

Es importante hacer hincapié en un aspecto comentado como de pasada: los animales capturados no sólo representaban comida, carne o grasa, sino que eran “pensados” desde otras perspectivas. Hay evidencias arqueológicas de usos secundarios de los productos obtenidos en la caza. No solamente se trataba de sacar partido de los huesos, dientes o astas que les servían para la confección de herramientas, sino también pieles y huesos para construir cabañas, o tendones y tripas para realizar atados y sujeciones varias. O incluso grasa, para utilizarla como combustible de iluminación. Lo que demuestra que el hombre, al imaginar unos usos secundarios y presumiblemente no demasiado evidentes para ellos, estaba dando un nuevo avance en sus capacidades racionales.

No se puede dudar de que los neandertales europeos de aquella época, sin haber sido aún “colonizados” por los sapiens africanos, en teoría más evolucionados en sus capacidades racionales, ya manejaban con soltura las abstracciones del tiempo y del espacio, gracias a lo cual acudían al sitio oportuno en el momento oportuno para cubrir sus necesidades vitales. O bien fabricaban artefactos para ser utilizados para otras funciones que imaginaba su encéfalo y en otros momentos de su quehacer vital.

Entre los Homo de África también se ven unos cambios en las estrategias para la obtención de los alimentos, que permiten pensar que en aquellos momentos los hombres africanos ya manejaban una necesaria planificación de las actividades. Por un lado, se aprecia que usaban el fuego para quemar la vegetación con el objeto de favorecer la obtención de raíces alimenticias en la tierra yerma que quedaba. Por otro, se percibe cómo comenzaban a pescar y a usar los recursos marinos, ya que aparecen en algunos yacimientos restos de moluscos y de otros animales del mar, como las focas o las tortugas. El yacimiento costero sudafricano de las cuevas de Pinnacle Point, datado en hace 164 mil años, es el primer lugar en donde se evidencia el manejo de los mariscos… ¿alimento? ¿Conchas que adornaban? Ya hemos comentado también en la entrada anterior que hace unos 50 mil años los habitantes del sudeste asiático tenían que ser pueblos conocedores del entorno marino, tanto en lo referente a la pesca y modos de alimentación, como en la navegación.

Por completar el panorama geográfico, hablaremos de Asia. Es una lástima la poca información de que se dispone de los homos asiáticos del Paleolítico medio. Tan sólo en los yacimientos del Levante, en Israel, en donde se asentaron neandertales y más tarde sapiens, se ha podido obtener información acerca de las costumbre de sus habitantes. Ya hablamos de ellos en la entrada anterior y también serán objeto de nuestra curiosidad en siguiente. De otros asiáticos del momento sólo tenemos un pequeño fósil y evidencias genéticas del hombre de Denisova;  fósiles de la especie erectus, como el hombre de Solo que vivió entre hace unos 50 a 30 mil años, o los de Maba Man de hace unos 130 mil años, aunque algunos lo califiquen como de transición al sapiens; o los, estos sí, sapiens de Dingcun de hace 120 mil.

Con lo anterior acabamos la revisión que hemos hecho de los usos vitales y culturales de los homos de finales del Paleolítico. Hemos proyectado con sus restos arqueológicos fotogramas de la película de sus capacidades mentales y de su grado de evolución. Sin embargo, nos falta completarlo con el análisis de un componente fundamental: las simbologías. Pero esto será el objeto de la siguiente entrada.


Sobre el autor:

jreguart ( )

 

Escribe un comentario

Tu dirección de correo no es mostrada. Los campos requeridos están marcados *

Al escribir un comentario aquí nos otorgas el permiso irrevocable de reproducir tus palabras y tu nombre/sitio web como atribución.