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La Biografía de la Vida 56. La aventura viajera del Homo




En la entrada anterior habíamos abierto un paréntesis para desarrollar, de forma absolutamente esquemática, cómo los homininos del Cuaternario alcanzaron la condición plenamente humana, como creemos que es la nuestra. La autoconciencia reflexiva, planificadora y previsora. Hoy volvemos al relato cronológico, hilo conductor de esta serie sobre la Biografía de la Vida, para hablar de cómo los Homos, saliendo de su lugar de origen, lograron poblar el planeta.

¿Cómo se desarrolló la aventura? Debió ser muy compleja, según lo que se conoce hasta ahora de las evidencias fósiles. A partir de ellas podemos colegir variados esquemas que dibujan los posibles caminos migratorios. Hay que decir que nada hay definitivo, ya que todo queda sometido a lo que los futuros hallazgos y consiguientes estudios paleontológicos determinen. A partir de lo que se habló en la entrada 50 ya sabemos que los homininos, una vez desgajados de sus antiguos compañeros de viaje orangutanes, gorilas y chimpancés, aparecieron en el continente africano en el este de su franja ecuatorial. Pensamos que el camino evolutivo los llevó a través del espacio y el tiempo, conviviendo con otras especies, hasta el Homo habilis y de él al Homo ergaster.

Esquema de las posibles migraciones del Homo, sujeta a incertidumbres interpretativas y lógicas modificaciones según avanza el conocimiento paleoantropológico

Hace unos 1,8 millones de años se debió iniciar lo que creemos fue la primera salida conocida del Homo fuera de África. Se supone que unos individuos que pudieron ser ergaster, o incluso evolutivamente anteriores, emigraron hacia el noreste siguiendo la falla del Rift llegando a atravesar el puente de unión entre África y Eurasia. Se establecieron rápidamente en el Cáucaso, Dmanisi, en donde recientemente se han encontrado fósiles que se han catalogado como de la especie Homo georgicus y datados precisamente en las fechas de la migración, unos 1,8 millones de años. Unos pocos miles de años más tarde, o quizás a la par de la aventura del Cáucaso, cuando el ergaster aún no había evolucionado su cultura lítica olduvayense hasta la más desarrollada achelense, se pudo producir de nuevo un desplazamiento geográfico de individuos de esta especie hacia el Próximo Oriente. Llegaron hasta el sureste de Asia, en donde evolucionaron hacia la nueva especie Homo erectus. Más tarde, hace 1,2 millones de años, los mismos erectus, o quizás de nuevo los ergaster africanos en un tercer movimiento migratorio, se desplazaron hacia Europa, en donde hemos encontrado fósiles de sus descendientes (yacimiento de Atapuerca, España) que se han catalogado como de una nueva especie: Homo antecessor.

¿Por qué este afán viajero en aquel momento? ¿Se dieron unas circunstancias climáticas durante las cuales los recursos menguaron? A pesar de que la población era escasa en aquella época, cosa que ya sabemos de otras entradas, pudiera ser que la precariedad de alimentos motivara el cambio de asentamientos. La coyuntura coincide con el periodo glaciar Donau (1,8 millones de años) por lo que en aquellos momentos se estaría viviendo un clima condicionado por una atmósfera más seca. Las praderas africanas se habrían desertizado, trasladándose a latitudes superiores. Al haberse incrementado los depósitos de nieve y hielo habrían quedado al descubierto los pasos marinos entre África y Asia, permitiendo el tránsito a pie enjuto entre ambos territorios. Se sabe que el movimiento por Asia se hizo de forma muy rápida, ya que en pocos miles de años habían llegado hasta la isla de Java. A razón de un kilómetro por año lo pudieron conseguir en 15.000 años. Por ello parece plausible pensar que a medida que el clima del momento iba empobreciendo los lugares habituales de vida, paulatinamente se fueron desplazando desde África hasta Asia. Lo harían siguiendo los movimientos de las manadas de grandes animales que también eran empujados por la búsqueda de vegetales sustitutivos de los habituales en sus dietas, a través de una amplia franja geográfica más septentrional pero de características no muy diferentes a las que habían sido las ordinarias en sus puntos de origen.

Mientras, en África, el Homo ergaster que había permanecido allí siguió evolucionando hacia unas nuevas formas conocidas como Homo heidelbergensis y Homo rhodesiensis y a una nueva cultura de talla lítica más evolucionada, la achelense. Se cree que unos individuos de alguna de estas últimas especies de Homo viajaron hacia Eurasia por los mismos caminos anteriores, en un nuevo desplazamiento geográfico hace medio millón de años, durante la glaciación de Mindel cuando el hielo alcanzó su mayor extensión. Allí evolucionaron hacia nuevas especies: Homo neanderthalensis, el homínido de Denisova y posiblemente aún una tercera especie más, de la que sólo se tienen indicios por su genoma. Se cree que los heidelbergenses que quedaron en África fueron los precursores de Homo sapiens. Allí precisamente se encuentran sus primeras evidencias datadas en hace unos doscientos mil años. Con ellos se inició una nueva fiebre repobladora.

Esquema aproximado de lo que pudieron ser las primeras migraciones del Homo fuera de África

La expansión de la nueva especie Homo se inició desde algún lugar del África oriental hace entre 160 y 135.000 años. Las primeras radiaciones fueron para poblar el continente hacia la cuenca del río Congo, Golfo de Guinea, Sudáfrica y el altiplano de Etiopía. Poco después, en el entorno de hace 125.000 años, se vivió un periodo interglaciar durante el cual la atmósfera se hizo más húmeda y cálida. El resultado fue que el Sáhara se convirtió en un vergel por donde los sapiens de Etiopía se desplazaron descendiendo por el valle del Nilo. Algunos colonizaron la costa norte africana mientras que otros salieron del continente por la vía del Sinaí llegando al Próximo Oriente en el este mediterráneo, donde se asentaron. Más tarde, hace unos 115.000 años, el clima volvió a cambiar al aparecer una nueva glaciación, la de Würm, que secó la atmósfera devolviendo de nuevo al norte de África unas condiciones desérticas. Los Homos que vivían en el levante mediterráneo quedaron allí atrapados entre el frío del norte y la sequía del sur. Y desaparecieron. En la cueva de Qafzej y en Skhul (en territorio del actual Israel) se han encontrado enterramientos humanos de hace unos cien mil años. Su lugar fue ocupado por una especie mejor preparada para condiciones de bajas temperaturas: vinieron del norte y eran los neandertales. Pero no todo debió ser malo para los sapiens ya que el esplendor de los glaciares de esta última glaciación una vez más había hecho descender el nivel de las aguas marinas, lo que abrió pasos firmes entre África y Asia a través del mar Rojo y el sur de Arabia. Por estos puentes terrestre el Homo sapiens inició, en el entorno de hace 100.000 años, la colonización del sur de Asia siguiendo la costa y viviendo de los productos que les proporcionaba el mar. Se conocen algunas de sus pistas encontradas en yacimientos del sur de China: una mandíbula de 110.000 años en la cueva de Zhiren que correspondería a sapiens con ciertas características arcaicas. Y lo que es más sorprendente, medio centenar de dientes con una morfología que corresponde a individuos sapiens modernos, con una antigüedad de entre 120 y 80 mil años, en la cueva de Fuyan en Daoxian. Su descubrimiento reportado[1] en 2015 ha suscitado grandes preguntas ya que quizás el Homo sapiens moderno abandonó África antes de lo que se pensaba. Bien pudiera ser que todos los hombres modernos que actualmente vivimos fuera de África provengamos de alguno de estos pequeños grupos aventureros.

El clima del Pleistoceno siguió con su perfil de montaña rusa, de forma que hace 52.000 años hubo un nuevo repunte de la temperatura global con un incremento de entre siete y diez grados. Parece que desde Asia, en territorios que actualmente son el norte de India y Pakistán, los humanos modernos se dirigieron rápidamente hacia Europa. En los Balcanes hay asentamientos de más o menos 45.000 años de antigüedad, como el de Bacho Kiro, Bulgaria. Tardaron muy poco en llegar al extremo occidental europeo, a la península Ibérica (yacimientos catalanes de L’Arbreda y del Abric Romaní de 40.000 años de antigüedad), y a la mayor parte del Asia climatológicamente habitable (llegan a Australia hace más de 40.000 años). Habían puesto un definitivo pie en Eurasia.

Las pistas genéticas

El camino migratorio que dibuja el rastro fósil ha podido ser analizado con más exactitud a través de técnicas de análisis genéticos. Ésta es la historia de la Eva mitocondrial.

Cuando en las primeras entradas de esta serie hablábamos de las células y su aventura hacia formas complejas que dieron como resultado las eucariotas con núcleo, hablábamos de las mitocondrias, auténticas factorías celulares en donde se gestiona su infraestructura energética. Y también decíamos que las mitocondrias eran los vestigios de alguna bacteria en simbiosis con otra célula procariota hospedante. La mitocondria ha logrado mantener parte de su original acervo genético, que se transmite de generación en generación de las madres a sus descendientes, sin mezclas ni divisiones -los espermatozoides paternos no transmiten sus mitocondrias al gameto-. Sólo de vez en cuando se produce un cambio en forma de alguna alteración de un nucleótido en uno de sus genes, una mutación que perdura en el tiempo. Los genes mitocondriales no están sometidos a recombinación durante la meiosis de los gametos, como les sucede a los del ADN nuclear. Así pues, como conjunto son “eternos”, mientras que los nucleares no, ya que se transmite a la descendencia mezclando el de madres con el de padres. De aquí que resulte más claro realizar cualquier rastreo sobre la historia de los genes mitocondriales, pues siempre son los mismos “personajes”, que sobre los del ADN nuclear.

Y esto es lo que se ha hecho con los de los Homos. El rastreo nos ha llevado aguas arriba hasta una madre común a todos los hombres, madre que se los pasó a sus hijas, que a la vez lo hicieron con las suyas y así hasta hoy. A esta madre es la que simbólicamente se le ha bautizado con el nombre de Eva mitocondrial. El trasfondo del nombre Eva es esencial en este concepto ya que se trata de una única madre ancestral de todos los humanos actuales. Y esto no quiere decir que en su época sólo existiera esta mujer, quiere decir que las otras mujeres, en sus árboles de gestaciones, llegaron en algún momento a tener sólo hijos varones o hijas sin descendencia, es decir se cortó la vía madre-hija de transmisión genética mitocondrial.

El rastreo hacia atrás en el tiempo se basa en lo que llamamos el reloj biológico molecular,[2] que es algo sustentado en la sorprendente, a primera vista, propiedad de que las mutaciones en cada tipo de gen se producen en el tiempo con una frecuencia -media- constante, igual a la que se precisa para extenderse esta mutación a toda la población.

La consecuencia práctica es que si se analiza un gen determinado, el mismo, en una población de caucásicos y en una población de indios americanos, por ejemplo, y se determina el número de mutaciones en las que se diferencia el gen en ambas razas, se puede deducir el número de años hacia atrás en que se inició su divergencia genética, o lo que es lo mismo, el número de años atrás en que vivió el ancestro común. Simplemente como un ejemplo aclaratorio supongamos que el ritmo de mutaciones en este determinado gen en estudio es de una cada 50 mil años y que el análisis genético ha dado una diferencia entre ambas razas de 2 mutaciones. Está claro que estamos hablando de 100 mil años (50.000 x 2), pero que al haberse producido a lo largo de dos caminos desde un punto de bifurcación común, este momento inicial se encuentra en el punto medio del periodo, es decir, en hace cincuenta mil años. Y al igual que se puede rastrear el tiempo, se puede rastrear las relaciones territoriales y por tanto la geografía del origen.

Dicho lo anterior, que no deja de ser un simple ejemplo teórico, complemento la información con el parámetro que es utilizado en algunos análisis técnicos[3] y que corresponde a una tasa de mutación del ADN mitocondrial humano en el entorno del 2-4% por cada millón de años. Tengo que decir también que las tasas de mutación del genoma mitocondrial son especialmente elevadas, quizás consecuencia de su pasado bacteriano.

Hay que aclarar que hay que seleccionar para su estudio, de entre todos los genes, aquellos que son “transparentes” a la selección natural. Es decir, aquellos que, aun mutando, estas mutaciones son indiferentes a la selección natural de forma que ni se favorecen ni se eliminan, con lo que su ritmo de mutación es muy independiente y queda marcado por una cadencia temporal más o menos uniforme.

Ésta es la técnica, y con ella se ha establecido, analizando genes mitocondriales, que la Eva mitocondrial vivió aproximadamente hace 150 mil años en África. Dato que apoya fuertemente la tesis de que el primer Homo sapiens surgió en este continente hace entre 200 y 100 mil años (evidentemente el análisis se ha hecho sobre genes de hombres actuales, todos de la especie sapiens).

El mapa siguiente resume el resultado de los estudios genéticos realizados con las técnicas y propósitos anteriores. Las letras mayúsculas son la nomenclatura que representa a los principales alelos de genes mitocondriales estudiados.

Migraciones del Homo sapiens y zonas dominantes de determinadas familias de alelos de acuerdo a estudios genéticos mitocondriales (Wikimedia, CC BY-SA 3.0)

El grupo de genes, haplogrupo, mutantes más ancestral es el L0, con unos 150 mil años y que es muy común entre los bosquimanos y demás grupos del África oriental. Sus mutaciones se difundieron por el resto de África. La tercera generación, los L3, salieron del continente hace unos 65 mil años y se dirigieron con gran probabilidad hacia la India formando allí el núcleo germinal que pobló el resto del mundo. Como ya hemos comentado anteriormente, es probable que desde el Cuerno de África pasaran por un istmo temporal que cerraba el estrecho Bab el-Mandeb hasta el actual Yemen, llegando luego a la India. Desde allí, las siguientes mutaciones se diversificaron hace entre unos 50 y 40 mil años, en tres direcciones. La sur que llegó por Indonesia hasta Australia, con extensiones hace unos cinco mil años hacia las islas de Polinesia, islas asiáticas del Pacífico, excepto Japón, y la africana Madagascar. La ramificación del este se dirigió al Asia oriental en donde mutó de nuevo desplazándose más tarde una rama hacia el norte de forma que atravesó el Puente de Beringia hacia Norteamérica hace unos 15 mil años –y a través del istmo de Panamá, mucho más tarde, hasta Sudamérica- y que también con posterioridad pobló Siberia. La tercera ramificación se dirigió hacia el Próximo Oriente, donde volvió a mutar radiando hace unos 45 mil años hacia toda Europa, ocupando el terreno del norte a medida que se retiraban los hielos, y también emigró hacia el norte de África ocupando el Magreb y de vuelta hacia Etiopía, vía la península arábiga.

Esto es lo que dicen los genes mitocondriales.

Los estudios[4] hechos a partir de los genes del cromosoma Y humano -en particular del halogrupo A y en concreto el A1a-, que se transmiten exclusivamente de padre varón a hijo varón, llevan prácticamente a la misma conclusión. Tengo que apuntar no obstante que alguna de las últimas publicaciones[5] sobre el tema cuestionan esta idea al retrotraer el origen de un linaje “protosapiens” a fechas mucho más anteriores. Vamos a explicar la aparente contradicción.

Dicho haplogrupo A se había considerado desde siempre como la rama más antigua de los patrilinajes humanos, sin embargo se ha demostrado que incluye también evoluciones un tanto raras y ancestrales: la A1a, la A0 y la rarísima A00, todas ellas con un origen en hace unos 380.000 años, más antiguas que la A incluso. Es decir ¡que serían muy anteriores a la fecha de aparición del sapiens dictada por el genoma mitocondrial! Sin embargo en un estudio del año 2011[6] realizado por el biólogo Michael F. Hammer y colaboradores se sugiere, apoyándose en evidencias muy plausibles, que estos halogrupos tan raros podrían ser consecuencia de alguna hibridación con especies de homos africanos pre-sapiens, no muy lejanos al Homo sapiens. Al excluir de la “pureza” evolutiva a las ramas A1b y A0, los biólogos consideran que se puede permitir el mantener el criterio científico que iguala las historias de la Eva mitocondrial y el Adán del cromosoma Y. No dejaría de ser un caso más en el que a lo largo de la expansión de una especie que va a llegar al futuro, ocasionalmente se había hibridado con otras que se quedaron en el camino. Un caso conocido por lo mediático sería la hibridación cierta entre el Homo neanderthalis, el homínido de Denisova y el Homo sapiens, que comentamos en la entrada 53 de esta serie “Desde el primer hominino hasta el Homo sapiens“.

Las razas

Antes de cerrar este tema se necesita hacer un apunte sobre una de las consecuencias de la diseminación del hombre sobre la total geografía del planeta: la aparición de las razas. Los resultados de los estudios biogenéticos comentados en los párrafos anteriores parecen corroborar que el hombre moderno nació en África y lo hizo “una sola vez”. Luego las razas como manifestaciones diversas de su fenotipo han tenido que provenir de esta única semilla ancestral africana y no han sido el resultado de unas paralelas evoluciones “provinciales” independientes. De hecho, se constata que el genoma humano no varía significativamente entre razas, no más de lo que puede variar el genoma entre individuos en general. Y en esta bolsa del acervo genético del hombre, la que fija las diferencias entre individuos, sólo un 15% aproximadamente corresponde a diferencias de raza siendo el otro 85% atribuible a otras circunstancias. Y es más, este 15% de diferencias raciales afectan casi todas exclusivamente a la morfología externa, aquello que nos hace diferenciar a simple vista a individuos negroides de individuos mongoloides, por ejemplo.

Es por ello que las teorías más reconocidas sobre razas aseguran que las diferencias observadas son consecuencia, por un lado, de las adaptaciones a las condiciones ambientales de la región donde cada raza se desarrolló, y por otro lado como consecuencia de una selección sexual: las modas imperantes en un grupo humano pudieron decantar los rasgos de sus individuos hacia los que más se valoraban en aquella sociedad. Lo que descabalga cualquier idea de ventaja genética o de habilidades racionales entre razas.

En el entorno de esta última idea queda la realidad de que las razas que pudiéramos considerar más avanzadas, siguiendo la simple fotografía de la realidad actual, lo fueron porque estaban en el sitio oportuno y en el momento temporal oportuno ANTES de que las otras, que vinieron culturalmente por detrás, pudieran estarlo. Está demostrado que en aquellas zonas geográficas de nuestro planeta donde antes prosperaron los animales y las plantas domesticables, con más prontitud sus poblaciones tomaron el tren del desarrollo y del poder. Al resto no les quedó más remedio que ir a remolque. Recomiendo al respecto la lectura del libro “Armas, gérmenes y acero” de Jared Diamond.

**********************************************

En este punto del relato, justo al comienzo del esplendor del Homo, podríamos decir que ya tenemos el trabajo acabado y que, por tanto, con esto queda clausurada esta larga mirada sobre la biografía de la Vida. Lejos quedan aquellos átomos danzarines acreciendo un disco planetario, aquellas moléculas simples y primitivas cooperando bajo la tutela de las fuerzas termodinámicas y físicas, el mundo del ARN, la célula con núcleo, los primeros organismos… un larguísimo camino hasta llegar al Homo sapiens sapiens.

Sin embargo, aún me quedan cosas por decir. Después de todo lo leído acerca de esta aventura de 4.500 millones de años, en mi cabeza no dejan de dar vueltas un sinfín de ideas relacionadas con el sentido de esta historia. Y aunque sé que muchos dirán ¡¿y a mí qué me importa lo que imagine este jreguart?!, me voy a atrever a daros la lata con mis reflexiones. Me apartaré un poco del sustrato científico de El Cedazo para situarme en el “border line“. Pido disculpas desde hoy, pero me lo pide el cuerpo como último razonamiento personal a lo que me parece un infundado antropocentrismo. Esto será el objeto de la siguiente entrada.

  1. Encontraréis la información sobre este descubrimiento en esta publicación de la revista Nature de octubre de 2015. []
  2. En genética, el reloj molecular es una técnica para datar la divergencia de dos especies. Deduce el tiempo pasado a partir del número de diferencias entre dos secuencias equivalentes de ADN. []
  3. Como éste de la revista Nature publicado en enero de 1987. []
  4. Como éstos de la revista Science de agosto de 2013, que podéis leer aquí o aquí. []
  5. Como éstas de aquí (2011) o aquí (2013). []
  6. Que podéis leer aquí. []

Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 14 } Comentarios

  1. Gravatar Maikl | 26/07/2015 at 12:36 | Permalink

    Fantástico, espero con ganas la última entrada de esta serie magnífica. Muchas gracias por tu trabajo.

  2. Gravatar jreguart | 26/07/2015 at 09:58 | Permalink

    Hola Maikl,

    no te creas que te vas a librar tan pronto de mi. La Vida continúa e incluso puede estar lejos de nosotros. No puedo acabar la serie sin hacer una reseña acerca de todo ello.

    Así que la serie no se acabará en la siguiente entrada. Y si te apetece aún podremos estar unas semanas en contacto.

    ¡Ah! Y muchas gracias por tus amables palabras.

  3. Gravatar Cataclysm | 29/07/2015 at 09:20 | Permalink

    Excelente toda la serie de principio a fin. Apasionantes temas son los que has tratado hasta ahora. Me quedo a la espera de las siguientes reflexiones, sea una entrada o cien. Un saludo.

  4. Gravatar jreguart | 29/07/2015 at 09:53 | Permalink

    Hola Cataclysm,

    me alegro que estés disfrutando con la serie. Ya queda poco para acabar y espero tener ánimo para continuar la materia con otra serie que intentará profundizar en el tema de la “humanización” de algunos simios africanos. La experiencia de publicar está siendo muy gratificante y te agradezco la parte que te corresponde.

  5. Gravatar Sergio B | 06/08/2015 at 01:50 | Permalink

    Muy interesante, aunque la verdad es que esta parte ya me la conocia bastante bien. De todas formas yo lo del reloj molecular no me lo compro mucho y segun tengo entendido, con el limitadisimo registro fosil que tenemos actualmente, no es como para comprarlo en el caso de los humanos. Pero vamos, que lo que explica es bonito y tiene hasta cierto sentido, si olvidamos la procuaz habilidad humana de matarse unos a otros, no se por que no veo yo que algunos nuevos “aventureros” no se hayan hecho algun viajecito de un ricon a otro matando todo lo que encontraban a su paso (quiza no todas las mujeres).

    Por cierto, que yo creo haber entendido lo de “border line”, pero cierta parte de mi cabeza con mala fe ha entendido que en cuanto te alejas del efoque cientifico te vas al nivel “border line” (obviamente con otro significado) y vamos que el nivel normal no es tan malo. Y si, hago conas de “border line” (triste como es que se secuestre el lenguaje, yo diria que aqui en inglaterra ya no es politicamente correcto usar ese termino).

  6. Gravatar kambrico | 06/08/2015 at 04:07 | Permalink

    jreguart : con todo lo objetivo que te has esforzado en ser durante este y otros trabajos tuyos y en las que personas incluido yo nos hemos sentido tentados a navegar por las aguas de la incerteza y tu gentilmente con buenas palabras y con muuuucha paciencia nos has devuelto al camino ; por esto y por mucho mas tienes todo el derecho a incursionar en el “border line” y deleitarnos con tus conocimientos y tus ideas personales …… “los locos abren los caminos que mas tarde recorren los sabios”.

  7. Gravatar jreguart | 06/08/2015 at 04:33 | Permalink

    Hola Sergio B,

    con respecto a lo del reloj molecular no te sabría decir el grado de confianza que nos puede dar, aunque sí está caro que es una de las principales herramientas en la datación de la filogenia de las especies. Evidentemente ya sabrás que sus aportaciones deben ser contrastadas, o al menos se intenta, con los datos que provienen de otras técnicas de datación. No soy un experto, ni de lejos, pero me decanto por una teoría seria que es muy aceptada, aunque también, hay que decirlo, no por todo el mundo.

    Lo de “grupo aventurero” me resultó literario… a uno le gusta esto de escribir. Ahora bien, ¿hubo un grupo, hubieron varios…? Lo único cierto es que ahora sólo quedamos los sapiens con algún que otro gen heredado de alguna señora (o señor) del antiguo patio de vecinos ¿Para ello mataron a sus vecinos? No necesariamente. Como todo en esta vida el mejor preparado erradica de su hábitat a los competidores directos menos preparados, lo que se conoce el principio de exclusión competitiva. Basta con que arrincone a su competidor en un lugar sin recursos suficientes para que la especie competidora se degrade hasta poder desaparecer. Supongo que algo parecido pasa ahora mismo con diversos pueblos primitivos, cazador/recolector, a los que el “hombre blanco” les condena a la extinción por simple presión de formas de vida (desgraciadamente los métodos muchas veces son tan expeditivos como los que llevan implícitas las armas o las drogas).

    Lo de “border line” quizás sea otro adorno literario de los que soy valerosamente aficionado: La intersección algebraica entre mi intención al usar esta expresión y lo que se interpreta como una enfermedad mental, da el conjunto vacío. Con toda seguridad incultura por mi parte, pero me pareció una forma desenfadada de decir “en el entorno del límite”, “más o menos en la frontera” “un pie aquí y otro allá” de lo que es ciencia y lo que no lo es. Nada que ver con enfermedades mentales más que mis propias neuras ¿Te parece que debería arreglar lo escrito? Soy todo oídos.

    Sobre lo políticamente correcto habría mucho que hablar. Creo que comparto plenamente lo que quieres decir. Ya está bien de que secuestren el maravilloso lenguaje en aras a tranquilizar absurdamente unas malas conciencias producto de estúpidos remordimientos sobre el qué dirán.

    Un saludo y gracias por tus aportaciones de las que suelo aprender siempre.

  8. Gravatar jreguart | 06/08/2015 at 04:40 | Permalink

    Hola Kambrico,

    mientras contestaba a Sergio B. se ha colado tu amabilísimo comentario. De verdad que en mi “border line” el único más o menos loco soy yo. Como a Sergio B. te pido tu opinión si debería cambiar la expresión a una forma que no sugiera lo incorrecto aunque no sea esta mi opinión. No es mi intención desagradar a los que creen que la educación exige lo políticamente correcto.

    Un saludo.

  9. Gravatar Sergio B | 07/08/2015 at 11:44 | Permalink

    Saludos jreguart,

    En absoluto, sin duda es una expresion perfectamente correcta, mi comentario pretendia ser totalmente jocoso y en cierta forma adelantarme a cualquiera que pudiese tener esas absurdas reglas de correccion en el lenguaje para en lo mas posible ridiculizarlo. Lamento que probablemente haya sido estupido por mi parte y mas que tapar haya destapado, pero soy asi de torpe y algo polemico tambien, todo sea dicho.

    Tengo que decir que lei hace poco “una corta historia de casi todo”, siguiendo una recomendacion que ley aqui y la verdad es que la parte sobre la historia del homo esta repleta de incertidumbre y discusiones. Tus explicaciones siempre son excelente y seguramente muy documentadas (no recuerdo si prometistes un larga lista de referencias al final, pero estaria bien) pero todo este relato maravilloso no deja de ser historia, por lo tanto dificilmente es 100% cierta. Ojo, lo digo como amante de la historia en general, que en mi opinion tiene mucho sentido por si misma, sin tener que recurrir constantemente a las pruebas me remito, como si fuesen experimentos cientificos. Por ejemplo, la cueva de Zhiren, que contiene una mandibula y dos molares, sin duda datos insuficiente para cualquier teoria cientifica estricta (3 experimentos actualmente dicen haber obtenido impulso del EM drive y no veo yo a la gente dejando la teoria de la inercia masivamente o aplaudiendo la idea de ondas microondas activando la energia del vacio (como luego sea verdad vamos a quedar como viejos dinosaurios, pero ahora nos reimos mucho)), pero eso no significa que no se pueda obtener informacion de ella.

    Todo eso, si otro objetivo que aumentar mi comentario sobre el reloj molecular. Quiero decir que aunque ya sea soprendente que la frecuencia de mutacion sea constante, por lo que yo se del registro fosil es, dificil que tengamos datos de puntos en comun que no se separen millones de anos (igual mas) con los que hacer comparaciones y asumo que esa tasa media se respeta en periodos considerablemente grandes (cientos o miles de mutacions ocurren cada cientos o miles de millones de anos constantemente, no se, habria que ver la cantidad de datos para que un resultado pudiera tener coherencia estadistica solida). En resumen, y ahora que caigo en ello, lo que a mi mas me mosquea es el ejemplo que pones de una mutacion cada 50 mil anos luego dos mutacion=100 mil anos. Supongo que lo correcto sera cientos o miles de mutaciones (aunque no se yo, 50 mil anos seran unas 250 mil generaciones y la tasa de reproduccion debe ser bastante exacta) cada 50 mil anos de media, o quiza es que son mil mutaciones cada 50 millones de anos de media, que se puede reducir a 1 mutacion cada 50 mil anos pero no es muy correcto hacerlo (si decimos que hay un alvino cada 100 mil personas, si en un grupo de gente indeterminado hay dos alvinos, hay que tener cuidado con decir que seguramente sean 200 mil personas).

  10. Gravatar jreguart | 07/08/2015 at 11:47 | Permalink

    Hola de nuevo Sergio B., seguiré en la línea de la frontera.

    Con respecto a lo que comentas de que el relato que manejamos de la evolución y expansión del hombre no será cierta al 100%, es bien cierto y no creo que haya ningún paleoantropólogo que se atreva a decir “¡aquello fue así!”. De hecho cada día aparecen nuevos datos y nuevos descubrimientos que enmarañan cada vez más, de una forma absolutamente excitante, las relaciones entre las distintas especies (a veces no tan distintas) Homo. Tenemos poca información, pocos fósiles, terrenos casi vírgenes en la exploración… así que las sorpresas y cambios de rumbo en lo que se postula actualmente están asegurados.

  11. Gravatar kambrico | 08/08/2015 at 12:21 | Permalink

    Jreguart : un ejemplo de ello es el yacimiento arqueológico monte verde en Chile con una datación de 33 mil años próxima confirmación ; que podría modificar las teorías sobre las rutas de entrada y difusión por el continente americano . Si consideramos isla de pascua a 3700 kms del continente y poblada por polinésicos los cuales si pudieron navegar 4 mil kms para llegar a ella , por qué no pudieron hacerlo al continente ?

  12. Gravatar jreguart | 08/08/2015 at 01:07 | Permalink

    Hola Kambrico,

    realmente lo que dices del yacimiento de Monte Verde cronológicamente si sería una bomba. Aunque por lo que tengo entendido la datación de 14.000 años sería más exacta. Prácticamente el 100% de las opiniones y estudios hasta la fecha abogan por la emigración por Bering hace uno 20.000-15.000 años. Hace poco tuve referencias de lo que debe ser los últimos estudios al respecto (te incluyo el enlace en el que encontrarás los enlaces a los estudios originales http://www.dw.com/es/dos-estudios-gen%C3%A9ticos-aclaran-el-origen-de-la-poblaci%C3%B3n-ind%C3%ADgena-en-am%C3%A9rica/a-18598664).

  13. Gravatar kambrico | 22/11/2015 at 06:31 | Permalink

    jreguart : creo que se va aclarando el tema de la datación del ingreso del hombre en américa posiblemente por el estrecho de bering . http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2015/11/659-656527-9-nuevo-estudio-dice-que-monte-verde-es-4-mil-anos-mas-antiguo.shtml

  14. Gravatar jreguart | 22/11/2015 at 06:47 | Permalink

    Hola Kambrico,

    muy interesante el artículo. Muchas gracias por la información.

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