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El euro: Intermedio – La Unión Monetaria Latina




Escudos Unión Latina

Escudos de los países signatarios de la Unión Latina.

Hoy, lector dilecto, me gustaría hacer un alto en nuestro camino a través de la Eurozona para hablar de algo que debí mencionar en su momento, en el primer artículo de esta serie, pero de lo que no hablé entonces por desconocimiento. Ese «algo» es, como ya sabrás si has leído el título de este artículo, la Unión Monetaria Latina, que sentó un interesante precedente para el actual euro.

Hay varias razones para que haya decidido intercalar este breve intermedio aquí y no en otro momento. Para comenzar, ya hemos visto diez de los veinte países que conforman la Eurozona en la actualidad —más Mónaco, San Marino y el Vaticano—, por lo que estamos en el justo medio de la serie. Además, acabamos de salir de Francia, un país que tuvo una importancia capital dentro de la Unión Latina, y veremos en el próximo capítulo a Grecia, que también perteneció a dicha Unión. Resumiendo, que, como todos los caminos llevan a Roma, ya iba siendo hora de que nos diésemos un garbeíto por Roma para ver qué es lo que se cuece allí.[1]

Dinero intrínseco y dinero fiduciario

Antes de comenzar, un concepto que debería quedar más o menos claro es el de dinero «intrínseco»[2] frente a dinero fiduciario.

El dinero «intrínseco», que era el predominante —si no el único— en la Europa de la segunda mitad del siglo XIX, consistía en monedas que valían exactamente lo que marcaba su valor facial. Es decir, por poner un ejemplo: una moneda de 5 francos franceses de oro del año 1867 estaba fabricada con 1,61 g de oro de 900 milésimas, y ese oro valía, exactamente, 5 francos. Observa la diferencia con el dinero actual: si tú coges una moneda de 50 céntimos de euro, que está fabricada —como dije, tal vez lo recuerdes, en el tercer artículo de esta serie— con 7,80 g de oro nórdico, y la fundes, obteniendo 7,80 g de oro nórdico bruto, ni en tus sueños más descabellados te ofrecerá nadie 50 céntimos de euro por ese metal —sobre todo porque, como recordarás, el oro nórdico solo tiene de «oro» el nombre; está hecho de metales «plebeyos»—.

100 pesetas 1965

Billete español de 100 pesetas, del año 1965: «El Banco de España pagará al portador cien pesetas». (Dominio público)

Con el tiempo, el dinero «intrínseco» se fue abandonando, en aras del dinero fiduciario. «¿Fidu… qué?» Fiduciario. El dinero fiduciario, explicado rápidamente y de un modo lo más tonto posible, viene siendo «vale, esta moneda de 5 zañutes (!) no está hecha con 5 zañutes de oro. El metal de que está hecha sólo vale 50 centésimos de zañute. Pero, de verdad, juro sobre la Biblia que, si la presentas en un banco, te doy 5 zañutes de oro —o de plata, o de patata frita licuada— por ella. Palabrita del Niño Jesús».

Dicho de otro modo, nos fiamos de la autoridad emisora de moneda, y esa confianza es la que da el valor al dinero. En el caso de los billetes, este carácter fiduciario es inseparable de su propia naturaleza: ningún billete está fabricado de un material tal que el valor de dicho material, por sí solo, iguale el valor del billete en cuestión. Más aún: los billetes nacieron, en cierto modo, como cheques al portador. Sin ir más lejos, en los billetes españoles anteriores a los años cincuenta del siglo XX, decía «El Banco de España pagará al portador no-sé-cuántas pesetas», y no fue hasta la primera mitad de la década de 1950 que dicho texto empezó a ser sustituido por «Banco de España – No-sé-cuántas pesetas de curso legal», sin mencionar ya nunca más lo de «pagará al portador».

Lingotes de oro

No, todo este oro no alcanza para todos los españoles. Aunque, si seguimos perdiendo poder adquisitivo, quién sabe... (Alborzagros/CC BY-SA 3.0)

Claro, no se nos debe escapar un detalle: ¿Y si, en una hipotética pandemia nacional de desconfianza, todos los españoles fuésemos al Banco de España a la vez, a cambiar toda nuestra moneda fiduciaria por oro? Es de esperar que el susodicho Banco tenga suficientes reservas de oro para satisfacer nuestra impulsiva e imprevista demanda. Estoy hablando, mi perspicaz lectora —o sagaz lector— del patrón oro.

El patrón oro, o gold standard en inglés, consiste, sencillamente, en que toda la moneda circulante en un país está respaldada por oro, bien porque la moneda en sí se auto-certifica —es decir, es una moneda «intrínseca»—, bien porque el Banco Central tiene reservas de oro suficientes para cubrir todos los billetes —o monedas fiduciarias— circulantes. Y el patrón oro se vino abajo cuando, con las Guerras Mundiales, los países involucrados en ellas se vieron obligados a emitir, deliberadamente, más moneda de la que sus reservas de oro podían permitirse. Desde ese momento, la «garantía» del dinero fiduciario dejó de consistir en las reservas de oro del banco central: el dinero no servía porque tuviese oro detrás certificando su valor, sino porque el Estado decía que servía, y punto. Aunque realmente no tenga respaldo de oro, la ley obliga a todos los ciudadanos a aceptar ese dinero como medio de pago, por lo que el ciudadano confía en que su dinero fiduciario será aceptado —pues la ley obliga a aceptarlo— a cambio de otros bienes o servicios.

A pesar de lo que yo digo aquí, según he podido comprobar, la frontera de «dinero fiduciario» cambia dependiendo de la fuente consultada. La mayoría de las fuentes en lengua francesa aplican una definición en sentido amplio, mientras que, para las fuentes en inglés, el patrón oro no entra en su definición de dinero fiduciario o fiat money, sino que emplean una definición «stricto sensu» que abarca únicamente el último caso que he mencionado, el de dinero válido «por decreto-ley». Dado que esto no es un artículo de macroeconomía, y a falta de nada mejor —pues las fuentes en español mezclan con alegría ambas definiciones— he empleado en este artículo la definición francesa de monnaie fiduciaire, sin querer sugerir por ello que sea más correcta que la otra… sino quizá como tributo al papel fundamental que, como veremos, tuvo Francia en el tema que nos ocupa.

Tema del que me estoy desviando… yo quería hablar de la Unión Monetaria Latina, ¿no? Pues eso.

Situación previa a la Unión

Los humanos somos así: no damos puntada sin hilo. Así que, si existió una Unión Monetaria Latina, cabe preguntarse por qué se creó dicha unión o, dicho de otro modo, qué situación terminó derivando en la creación de una asociación de ese tipo.

Pongámonos en situación, pues. En la época en la que nos encontramos —mediados del siglo XIX— prácticamente todo el dinero es dinero «intrínseco», pues aún no estaba demasiado desarrollado el concepto de dinero fiduciario y, además, la confianza de la gente en el dinero fiduciario, esa confianza tan importante para que el sistema funcione con normalidad, no era demasiado grande. Sólo dinero «intrínseco», en resumen.

Esto quiere decir, como acabas de leer, que cada moneda está «auto-certificada»: contiene ella misma la cantidad de oro —o plata, o cobre— que justifica su valor facial. Y resulta que, aunque los francos, las coronas o las pesetas no sean internacionales, el valor del oro sí es internacional. El oro vale igual en todas partes. «Bueno, Saúl, ¿a dónde quieres ir a parar? Deja de enrollarte», podrías estar pensando. Pues quiero ir a parar a que, en la época que nos ocupa, las monedas emitidas por un país, al estar hechas de oro, plata, etc., traspasaban las fronteras y eran utilizadas —y aceptadas— en cualquier otro país.

«¡Ajá!», podrías pensar ahora. «Saúl nos está tomando el pelo a todos: si el dinero ya circulaba libremente entre unos países y otros, ¿para qué fundar una unión monetaria?»

La respuesta a tan capciosa pregunta se comprenderá mucho mejor con un ejemplo.

Avutarda

Avutarda. Un apergonflo bituminoso es bastante más impresionante... y, por qué negarlo, más apestoso. (Snowyowls/CC BY-SA 1.0)

Madrid, 1850. Tú eres un comerciante, y vas vendiendo tu mercancía —apergonflos bituminosos,[3] por ejemplo— a quien tenga a bien pagártela. Un apergonflo bituminoso, de primerísima calidad, por 2 escudos. Y hete aquí que se te acerca un endomingado cliente, atraído por la fama de tus apergonflos, para comprarte unos cuantos. Pero claro, tu renombre como vendedor de apergonflos bituminosos ha llegado lejos, y este cliente viene del Reino de Saulandia, ni más ni menos, así que te ofrece una moneda de oro de 50 zañutes. Y tú, que estabas desprevenido, no has oído hablar del Reino de Saulandia en tu vida, ni mucho menos conoces la tasa de cambio entre el zañute saulandés y el escudo español.

No problemo. Tú sabes que una moneda de oro de dos escudos pesa 6,77 gramos, así que procedes a pesar esa gran moneda de 50 zañutes. Resulta que pesa, oh sorpresa, 24,80 gramos. Las matemáticas más simples sirven para comprobar que no llegan para comprar cuatro apergonflos, así que le das tres y le devuelves el cambio en calderilla española. Bien, ¿no?

Pues no.

Porque el tipo este quiere cuatro apergonflos, no tres, y cuando tú te dispones a explicarle que no le llega con ese dinero, el astuto cliente te contesta, con un marcado acento del nordeste de Saulandia: «Ah, pero es que el oro de los zañutes es más puro que el de los escudos españoles. Es oro de 990 milésimas».

Pues ya tenemos el lío montado. Porque los escudos españoles se emiten en oro de 900 milésimas. Así que, si está diciendo la verdad, y echando cálculos, no sólo sí le llega para comprarte los cuatro apergonflos bituminosos, sino que además le sobra dinero. ¿Qué hacemos? ¿Le creemos? ¿Mandamos el oro a analizar, con la subsiguiente espera y el sub-subsiguiente enfado de los que están en la cola? ¿Enviamos al engalanado saulandés a freír espárragos perdiendo, por lo tanto, la venta?

Pues para protegerse de saulandeses indeseables y de sus volubles caprichos, algunos países —entre ellos, Francia, una de las primeras potencias económicas de la Europa de la época— dijeron «Oye, ¿y porqué no nos asociamos varios países, y creamos un estándar para que todas nuestras monedas tengan el mismo tamaño y composición, y así nos evitamos malentendidos?»…

Y montaron la Unión Monetaria Latina.

La Unión Monetaria Latina

Así, el 23 de diciembre de 1865 el Imperio Francés, el Reino de Bélgica, el Reino de Italia y la Confederación Helvética —Suiza— fundaron la Unión Monetaria Latina, unificando sus divisas: el franco francés, el franco belga, la lira italiana y el franco suizo. Cómo no, este nuevo sistema monetario estaba basado en la moneda del país más poderoso económicamente, que era Francia, así que repasemos brevemente la situación del franco francés en este momento.

El sistema Germinal

Tal vez recuerdes, del artículo anterior, que el 7 de abril de 1803[4] se instaló en Francia el franco-oro o «franco Germinal», que basaba su valor no sólo en el oro, sino también en la plata. El sistema Germinal era, pues, un sistema bimetalista: establecía el valor de un franco-oro como 4,5 gramos de plata pura o 0,29025 gramos de oro puro. El franco-oro estaba ligado a dos metales a la vez, y esto hacía que existiera una ratio oficial entre el valor de la plata y el del oro de 15,5, más o menos. ¿Le ves la debilidad a este sistema?

Efectivamente, establecer «por decreto-ley» una relación fija entre la plata y el oro presupone que la producción y demanda de ambos materiales se mantendrá estable en el futuro. Pero a la larga esto puede no pasar: es posible, por ejemplo, que se descubran de pronto muchas minas de oro, o que aumente inesperadamente la demanda de plata, y esto hará que el valor del oro baje respecto del de la plata y, ¡hala! Todo el sistema a pique.

Y eso era, precisamente, lo que estaba sucediendo: tras el descubrimiento de nuevas minas de oro a mediados de siglo —Alaska, California, Australia, etc.—, el valor relativo del metal amarillo estaba cayendo, y eso hacía que el valor de la plata, a su vez, subiera, situándose por debajo de las 15 onzas por onza de oro. Imagínate el panorama: una onza de oro vale menos de 15 onzas de plata, pero en Francia, por ley, ¡te dan 15,5 onzas de plata por ella! Inmediatamente el resto de países comenzó a vender oro a Francia para obtener más plata de la que les darían en otro sitio. En el Imperio Francés, por el contrario, la plata comenzó a desaparecer de la circulación… y de las reservas del Banco de Francia. Francia se quedaba sin plata, y las autoridades monetarias se apresuraron a rebajar la ley de las monedas divisionarias de plata, de 900 a 835 milésimas.

Y no sólo Francia tenía problemas. Los reinos de Italia y Bélgica, además de Suiza, tenían sistemas monetarios muy similares al francés, y estaban atravesando dificultades análogas. Italia no tardó en rebajar también la pureza de sus monedas de plata a 835 milésimas. Suiza, a 800 milésimas. Sin ningún tipo de organización entre países, la situación monetaria internacional empezaba a ser caótica. Y la creación de una Unión Monetaria empezaba a alzarse como una solución, también a este problema.

Se creó la Unión Monetaria Latina, bajo el auspicio del gobierno imperial de Napoleón III, y se igualaron los sistemas monetarios de los cuatro países firmantes… pero el bimetalismo continuaba en vigor. Nada, se ve que no habían aprendido aún. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Hacia el monometalismo

Y lo que ya había pasado volvió a suceder… pero al revés. Y es que todo lo que sube, baja —y viceversa—, así que el valor del oro volvió a subir… y el de la plata, a bajar. Los países de la Unión Latina, que habían hecho hercúleos esfuerzos para recuperar sus reservas de plata, veían cómo, ahora, era el oro el que se les escapaba de las manos. Se requerían medidas urgentes y drásticas, así que en 1867 se decide comenzar una transición hacia un patrón oro, y en 1873 la Unión Latina se convierte al monometalismo oro, abandonando el bimetalismo y, con él, la relación fija oro-plata. En 1878 se suspendía la acuñación de monedas de plata dentro de la Unión Latina. En 1893, las monedas de plata italianas dejan de ser intercambiables dentro de la Unión, y en 1908 les pasa lo mismo a las monedas griegas. El bimetalismo había fallecido. Bienvenido, patrón oro.

Decadencia y colapso

No obstante, tampoco esto duraría mucho. Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, los metales preciosos empezaron a estar cada vez más demandados, y la gente hacía lo lógico: se guardaba sus monedas de oro hasta que el valor del metal subiera, y así ganar un beneficio. Las monedas de metales nobles, de repente, habían dejado de ser un medio de pago para pasar a ser una inversión.

Esto se vio agravado cuando los países empezaron a declarar la no convertibilidad del oro, obligando a la circulación de los billetes y de las monedas de necesidad —en broncealuminio, cuproníquel…—. La Unión Latina estaba obsoleta. Por no mencionar que, debido a la guerra, algunos de sus miembros estaban enfrentados entre sí. La Unión fue oficialmente disuelta en 1927, mucho después de su final efectivo. La idea de una divisa internacional fue abandonada hasta varias décadas más tarde… pero esa es otra historia, una que tal vez conozcas ya.

Sistema monetario de la Unión Latina

Las monedas del sistema de la Unión Monetaria Latina se emitieron en tres metales: oro, plata y cobre. He aquí la tabla con las características de cada moneda:

Valor facial

Metal

Diámetro

Peso

Pureza

Imagen

1 centésimo de unidad

Cobre

15 mm

1 g

-

0,01 U

2 centésimos de unidad

Cobre

20 mm

2 g

-

0,02 U

5 centésimos de unidad

Cobre

25 mm

5 g

-

0,05 U

10 centésimos de unidad

Cobre

30 mm

10 g

-

0,10 U Cu

20 centésimos de unidad

Plata

16 mm

1 g

835 ‰

0,20 U

 50 centésimos de unidad

Plata

18 mm

2,5 g

835 ‰

0,50 U

1 unidad

Plata

23 mm

5 g

835 ‰

1,00 U

2 unidades

Plata

27 mm

10 g

835 ‰

2,00 U

5 unidades

Plata

37 mm

25 g

900 ‰

5,00 U

Oro

17 mm

1,61 g

900 ‰

5,00 U (Au)

10 unidades

Oro

19 mm

3,22 g

900 ‰

10,00 U

20 unidades

Oro

21 mm

6,45 g

900 ‰

20,00 U

50 unidades

Oro

27,5 mm

16,12 g

900 ‰

50,00 U

100 unidades

Oro

34 mm

32,25 g

900 ‰

100,00 U

En esta tabla se aprecia perfectamente el carácter intrínseco que tenía el dinero por aquel entonces: una moneda de 2 centésimos de unidad tenía el doble de cobre —pues pesaba el doble— que una moneda de 1 centésimo, una moneda de dos unidades tenía el doble de plata que otra de una unidad, etc.

Fíjate en el hecho de que, en la tabla, pongo «tantas “unidades”», o «tantos “centésimos de unidad”». Los países firmantes de la Unión Latina habían estandarizado las características técnicas de sus monedas, pero no había ninguna nueva divisa internacional: la moneda de Francia seguía siendo el franco francés, igual que la de Italia seguía siendo la lira, etc. Así, la moneda de 2 «unidades» se refiere tanto a la de 2 francos franceses como a la de 2 francos belgas, 2 liras italianas, 2 pesetas españolas —como veremos más tarde—, etc. Las imágenes de la derecha corresponden al franco francés, que es la moneda en la que estaba basado todo el sistema, pero al final del artículo hay una pequeña galería de imágenes de monedas de otros países diferentes.

Además, si todo el sistema monetario de la Unión Latina estaba basado en el sistema Germinal francés, este último se basaba, a su vez, en la moneda de 5 francos. En la tabla puedes ver que los 5 francos se acuñaban tanto en oro como en plata, así que, al final, era esta moneda la que establecía la equivalencia oro-plata. También por ello la moneda de plata de 5 francos no rebajó su ley —siempre fue emitida en plata de 900 milésimas— mientras que la pureza de las demás monedas de plata sí fue rebajada.

Pero ahora debemos preguntarnos qué países formaban la Unión. Hemos visto ya cuáles fueron los países firmantes, pero acabo de mencionar a la peseta española: ¿Hubo, acaso, más países dentro de la Unión Latina, además de los fundadores? Por supuesto, y eso es lo que veremos a continuación.

Países miembros de la Unión Latina

Entre los países que siguieron los estándares propuestos por la Unión Latina en materia monetaria, podríamos distinguir diferentes «clases».

Países signatarios

Los países signatarios eran miembros de pleno derecho de la Unión Latina. Ya hemos mencionado al Imperio Francés, el Reino de Bélgica, el Reino de Italia y la Confederación Helvética —es decir, Suiza—. Pero, además, la moneda del Gran Ducado de Luxemburgo, el franco luxemburgués, estaba ligada 1:1 al franco belga —como veremos en su día—, así que Luxemburgo entró en la Unión en el mismo año. Algunos años más tarde, en 1868, el Reino de Grecia era también admitido en la Unión, y su moneda, la dracma griega, fue también fijada en peso y dimensiones al franco francés y las demás monedas de la Unión Latina.

Países asociados

Hubo una gran cantidad de países que, a pesar de no formar parte nominalmente de la Unión Monetaria Latina, firmaron acuerdos con esta para adoptar sus estándares, y de esta forma beneficiarse también de las ventajas de una unión monetaria. Algunos de estos países fueron:

  •  Reino de Rumanía: El leu fue introducido en el año 1867, gesto por el que el Imperio Otomano —al que aún pertenecía Rumanía, pues no fue completamente independiente hasta 1881— protestó de forma enérgica. El leu fue definido en origen como 5 gramos de plata, por lo que seguía el estándar de la Unión Latina. De hecho, debido a las pequeñas tiradas de moneda rumana, era muy frecuente la circulación de moneda francesa en el país.
  •  Reino de España: Efectivamente, la peseta perteneció al sistema monetario de la Unión Latina desde el mismo instante en que sustituyó al escudo como moneda oficial en 1868, durante el gobierno provisional de Francisco Serrano. Sí: la misma peseta que murió siendo una lentejilla de aluminio de 600 mg de peso, había nacido como una moneda de plata del tamaño de un euro, y pesaba 5 gramos.
  •    Estados Pontificios: Fue el papa Pío IX el que decidió, en 1866, crear una nueva unidad monetaria, la lira pontificia, siguiendo el sistema monetario italiano y, por ende, el francés, que no era otro que el de la Unión Latina nacida el año anterior. No obstante, la lira pontificia no duraría demasiado, ya que los Estados Pontificios desaparecieron en 1870 absorbidos por el Reino de Italia.
  •  Serenísima República de San Marino: Siguiendo el ejemplo de Italia y los Estados Pontificios, San Marino se asoció también con la Unión Latina, y su lira era equivalente a la italiana y la pontificia. Es más, la lira italiana y la lira sanmarinense, junto con la lira vaticana —sucesora de la pontificia—, fueron intercambiables hasta la entrada del euro en 2002.

Países alineados

Además de los países asociados con la Unión Latina mediante acuerdos bilaterales, hubo muchos —los más— que adoptaron los estándares de la Unión por su cuenta y riesgo, sin ningún tipo de acuerdo oficial, como por ejemplo:

  •  Reino de Serbia: La moneda del Reino de Serbia, desde su independencia del Imperio Otomano, fue el dinar, que estuvo ajustado a los estándares de la Unión Latina desde antes incluso de su reconocimiento como reino. De hecho, en los primeros dinares aparece la efigie del príncipe Milan IV, del Principado de Serbia, que posteriormente sería el rey Milan I.
  •  Reino de Bulgaria: El lev búlgaro se creó en 1881, ya con tasa 1:1 con el franco francés y siguiendo el sistema de la Unión Monetaria Latina. Las monedas búlgaras se seguirían acuñando según las especificaciones de la Unión hasta 1916.
  •  Estados Unidos de Venezuela: La moneda de Venezuela había sido el peso, que fue sustituido por el efímero venezolano y, a partir de 1879, el bolívar. El bolívar fue definido como 4,5 gramos de plata pura, es decir, 5 gramos de plata de 900 milésimas… igual que el franco francés. Así, el bolívar venezolano siguió los estándares de la Unión Latina desde sus inicios.
  •  República del Perú: He aquí una especie de «excepción» a los estándares de la Unión, que probablemente no hubiese sido posible si Perú hubiese firmado un acuerdo con la Unión Latina en vez de adoptar sus estándares unilateralmente. Y es que la moneda de Perú, el sol, estaba definido desde 1863 como 25 gramos de plata, y por lo tanto no era equivalente al franco francés. No obstante, el sistema de la Unión Monetaria fue adoptado igualmente, con la salvedad de que, lo que en otros países eran 5 francos, 5 pesetas, 5 leva o 5 liras, en Perú era 1 sol: además de la denominación, cambiaba también el valor facial. Es cierto, sin embargo, que entre 1880 y 1882 se definió la peseta peruana como la quinta parte de un sol, y, por lo tanto, las monedas de 1 sol llevaban la inscripción «5 pesetas» y se ajustaban a los estándares de la Unión. Sin embargo, la denominación no tuvo éxito y pronto se volvió al estatus anterior. El sol duraría hasta 1985, cuando fue sustituido por el inti.
  •  República de Haití: Haití se encontraba en la misma situación que el Perú: su moneda, la gourde, fue fijada al franco francés en 1881 a la tasa de 5 francos cada gourde, por lo que las monedas haitianas, si bien eran iguales en características técnicas a las de la Unión Latina, su valor facial era diferente —las de 5 unidades eran de 1 gourde, las de 1 unidad eran de 20 centimes, etc.—.
  •  República Argentina: El Decreto 1130 de 1881 establecía como moneda oficial de Argentina el peso oro sellado, con valor de 1,61 g de oro 900, y el peso de plata, de 25 g de plata 900, junto con el peso moneda nacional, empleado para los billetes. Un sistema calcado del de la Unión Latina, bimetalismo incluido, salvo por la misma razón que Haití y Perú: la equivalencia 5 francos = 1 peso. Este sistema no duraría demasiado: en 1885 las reservas de oro y plata del Banco Nacional se estaban terminando, y la convertibilidad del peso fue suspendida. El peso moneda nacional se convirtió en la única moneda de Argentina.
  •  República de Chile: Con la misma equivalencia de 1 peso = 5 francos vista en los países anteriores, Chile se unió en 1851 a los estándares del Imperio Francés, y, por lo tanto, a los de la Unión Latina tras su creación. Esto era válido sólo para las monedas de plata, pues las de oro tenían unas características diferentes.

Países bajo estatus colonial

Además de los mencionados, hubo muchos otros países que siguieron la corriente de la Unión Monetaria Latina porque eran colonias de alguno de sus países miembros. Es el caso, por ejemplo, del Estado Libre del Congo —propiedad privada del rey Leopoldo II de Bélgica—, la Eritrea Italiana —perteneciente, claro, a Italia—, la Cochinchina, la Indochina más tarde, las Comoras y el protectorado de Túnez —que eran colonias francesas—.

Pequeña galería de los 5 francos

Por último, para cerrar este breve —aunque, al final, no tan breve— intermedio, una galería, a modo de comparativa, de las monedas de 5 «unidades» de varios países de la Unión Monetaria Latina. He elegido las de 5 «unidades» porque, como ya dije, todo el sistema Germinal francés giraba en torno a esta moneda.

Francia: 5 francos (Napoleón III)

Bélgica: 5 francos (Leopoldo II)

Francia Bélgica

Italia: 5 liras (Víctor Manuel II)

Suiza: 5 francos (Helvetia)

Italia Suiza

Grecia: 5 dracmas (Jorge I)

Rumanía: 5 lei (Carlos I)

Grecia Rumanía

España: 5 pesetas (Alfonso XII)

Venezuela: 5 bolívares (Simón Bolívar)

España Venezuela

Perú: 5 pesetas

Estados Pontificios: 5 liras (Pío IX)

Perú Estados Pontificios

Argentina: 1 peso

Chile: 1 peso

Argentina Chile

Y ya tá. Fin del artículo, para lástima de algunos y alivio de la mayoría. Para el próximo artículo, recuperaremos nuestro ritmo habitual y hablaremos de la República Helénica. Es decir, Grecia, para los amigos… Hasta entonces.


  1. Las licencias de los escudos de la imagen son: Francia y Grecia: Sodacan/CC BY-SA 3.0. Italia: Flanker/CC BY 3.0. Bélgica: Ssolbergj/CC BY-SA 3.0. Suiza: Dominio público. Luxemburgo: Katepanomegas/CC BY-SA 3.0. []
  2. Escribo «intrínseco» entre comillas porque el término es mío. Insisto en que yo no soy economista, así que no sé cuál es exactamente el término opuesto a «fiduciario»; si hay alguien que sepa de esto, que aporte su granito de arena. []
  3. El apergonflo bituminoso, de nombre científico Apaergomphlum bithuminosum, es una pequeña ave semejante a la avutarda, con un plumaje de un intenso color azul índigo y que, bajo ciertos estímulos, emite luz desde unos órganos especiales ubicados en sus cuartos traseros. Su dieta se compone exclusivamente de pasta a la carbonara, y ya desde cierta distancia despide un penetrante olor a betún de Judea —de ahí su nombre—. Este curioso animal existe únicamente en mi pervertida imaginación, y nadie lo ha visto jamás en el mundo real —o, si lo ha visto, no ha vivido para contarlo, lo cual da muestra de su desmedida ferocidad—. []
  4. Según el calendario republicano francés, el 17 del germinal del año XI. []

Sobre el autor:

Saul_IP (Saúl Iglesias Prieto)

Con 22 años, soy estudiante de Ingeniería Química, me gusta casi todo tipo de música (sí, la clásica también, ¡viva Bach!), los coches antiguos y coleccionar cosas, en especial monedas de euro. Llegué a El Cedazo a través de El Tamiz, del que soy un fan incondicional desde 2008.
 

{ 17 } Comentarios

  1. Gravatar asertus | 12/12/2011 at 02:04 | Permalink

    Muy interesante, pero ha faltado también explicar porqué “explotó” esta unión monetaria, que quizás pueda ser, o no, presagio de la actual.

    Básicamente terminó porque las economías de los países era tan diferente que, aunque se hizo una “tabla rasa” al inicio, usando estándares metálicos entonces, y una “equivalencia en divisas” ahora (1€ = 166.6 ptas, 1€ = 2DM, etc…), al cabo de los años las monedas en cada país iban por caminos diferentes, la inflación se la comía en unos mientras que en otros era más estable.., etc…

    A ver cómo aguanta la unión “germánica” actual…

    Saludos

  2. Gravatar Macluskey | 12/12/2011 at 02:44 | Permalink

    Sorprendente (y documentadísimo) artículo sobre algo de lo que no tenía ni idea.

    Curioso… igual nos pensamos que nuestro euro va a ser eterno, como posiblemente los diseñadores de la Unión Monetaria Latina debieron pensar que era su invento.

    Felicidades, Saúl

  3. Gravatar Juan Carlos | 12/12/2011 at 04:30 | Permalink

    Excelente artículo, gran narración.

    Lo que más me sorprente, es la inclusión de paises sudamericanos en una “unión” europea.

    Saludos

  4. Gravatar Macluskey | 12/12/2011 at 06:58 | Permalink

    @asertus: No estoy de acuerdo con tu conclusión. En absoluto.

    Ten en cuenta que esta Unión Monetaria Latina no era, en realidad, ni más ni menos que una especie de consenso de estándares. No es que hubiera una moneda común, como ahora, sino unos estándares comunes de moneda. Por ejemplo, los cinco dracmas y las cinco pesetas y los cinco francos tenían el mismo valor no porque hubiera un acuerdo para que lo tuvieran, sino porque pesaban lo mismo y en el mismo metal (plata) con la misma ley.

    La Unión falleció cuando fallecieron las monedas de metal noble, se eliminó la convertibilidad de las monedas al oro y pasamos al sistema fiduciario actual, en el que la moneda está respaldada no por las reservas de oro del Banco Central, sino por… por… espera que recuerde… por… lo tengo en la punta del teclado… esteeee…

    ¡Rayos y Centellas!!

    ¿Por qué demonios estarán ahora respaldadas las monedas? ¿Einn??

    Preocupado me quedo…

  5. Gravatar RyAnG | 12/12/2011 at 07:29 | Permalink

    Ese el quid de la cuestión Mac. Desde que mandamos a freir espárragos el patrón oro, nuestra flamante divisa europea (y otras) está respaldada por la “confianza”. ¿Cuántas veces habéis oido esa palabra durante los dos últimos años? Me río yo de la confianza.

    Una cuestión, me sorprende lo de la fecha de desaparición de lo de ‘pagará al portador’. Más que nada porque yo recuerdo perfectamente verlo en los billetes y nací un par de décadas después de los 50 y siempre lo pongo como ejemplo cuando hablo de mi indignación de haber cambiado nuestras pesetas por billetes de monopoly avalados por la confianza en la Unión Europea (a.k.a Comunidad Económica Europea). ¿Cuáles fueron los últimos billetes que lo llevaron?

  6. Gravatar Macluskey | 12/12/2011 at 07:41 | Permalink

    Equili-quá, RyAnG, equili-quá (que decimos los castizos).

    Ésa es la cosa. Tienes un billete de 50 euros y, en realidad, ¿qué tienes?

    Un papelito. Muy mono, sin duda. En el que, con setecientas medidas de seguridad, dice muy pomposamente que vale… 50 euros.

    Hala, yastá.

    Nos pagan con eso, pagamos con eso, y todo el mundo supone que 50 euros valen 50 euros. O que con 50 euros te dan 62 dólares, o 125000 sums uzbekos, o lo que sea. Pues vale.

    ¡Y dicen que hay crisis de vocaciones y de creencias, cuando en realidad todo el mundo cree que los billetitos sirven para algo!!

    En fin.

    Estoy pensando en invertir enteramente mi escaso patrimonio en botellas de vino, que en caso de venir mal dadas, al menos se beben… ;)

  7. Gravatar Juan Carlos | 12/12/2011 at 08:40 | Permalink

    Pues yo creo que la clave en cuestión está aqui: “todo el mundo supone que 50 euros valen 50 euros”.

    Todo el mundo!

    Es que los humanos somos unos confiados.

  8. Gravatar J | 12/12/2011 at 09:18 | Permalink

    Chicos,

    es un poco más complicado. Todo el mundo cree que 50€ valen 50€ porque la ley dice que si tienes una deuda de 50€, y la pagas con un billete de 50€, la deuda queda saldada. Fíjate en que puede ocurrir que el otro crea que los 50€ no valen nada, y los rechace… vale… está en su derecho… pero la deuda queda saldada de todos modos. Si luego quiere denunciarte porque le debes 50€, y tú puedes demostrar que le quisiste pagar con un billete de 50€ y él lo rechazo, se jode.

    Es decir, no es que confíes en el otro, es que confías en la ley, en el Estado. Por eso es tan crítico que nadie crea que los Estados puedan dejar de pagar su deuda, o que no impriman billetes como posesos (lo cual les permitiría pagar la deuda nominal, pero con un valor real mucho menor).

    Por supuesto, eso es el comportamiento “normal” y sencillo, cuando entramos en hiperinflaciones, guerras, tipos de cambio y cosas así, se complica mucho más.

  9. Gravatar RyAnG | 13/12/2011 at 12:10 | Permalink

    @J: Pero es que en esa complicación está el truco. Un zañute no vale dos gramos de oro o dos apergonflos, vale lo que unos tipos en Fall Street, Frunkfort o el Banco Estelar de Deneb quieren que valga. Si algún día, por la razón que sea (y considerando al punto que hemos llegado la razón será especulación pura y dura), nadie quiere zañutes, los zañutes valdrán menos que el papel en que están impresos. Y claro que si tienes una deuda en zañutes el acreedor estará obligado a aceptarlos pero olvídate de que alguien que te los acepte en un contrato nuevo y a ver que haces con esos preciosos billetes con hologramas que guardas debajo del colchón. Prenderlos fuego como se cuenta de los marcos en la Alemania de entreguerras porque valían menos que la leña que se podía comprar con ellos. Yo creo que los conceptos están claros. Otra cosa es que nos parezcan una gran mentira. Y a mí personalmente, el sistema actual no me parece ni capitalismo ni ná. Me parece un gran timo piramidal en el que ya estamos atrapados y tenemos que aguantarlo como sea.

    Aparte de esto, Saúl, estupenda serie y muy currada.

  10. Gravatar RyAnG | 13/12/2011 at 12:14 | Permalink

    Por supuesto, si me olvido de meter dos líneas en los puntos aparte consigo unos ladrillo-mensajes preciosos.

  11. Gravatar Sergio B | 13/12/2011 at 06:58 | Permalink

    No es muy sencillo saber cuanto vale un euro, vale tres barras de pan, un cafe, una caña y ya, se puede tomar por medida lo que quieras, digamos que es una combinacion entre el producto interior bruto y la inflaccion para compensar lo que vale de verdad y plas, pero digamos que son vacas. Si en el mundo hay no se cuantos euros y en euros se venden no se cuantas vacas y en el mundo hay no se cuantos dolares y se venden en dolares no se cuantas vacas, pues ya tienes mas o menos la relacion entre euros y dolares, claro que como en verdad hay muchas cosas que se venden y compran en una y otra y muchas monedas, pues no es un cambio que se pueda hacer sin mas, pero ojo, que con el oro te pasaba igual, cuando la españa imperial, aqui te costaba un zapato mas oro del que te costaba un caballo en bohemia, vamos, por eso sufriamos tanto con la pirateria, el oro no valia lo mismo aqui que en reino unido, asi que ellos tenian muchos mas incentivos para robarlo que nosotros para defenderlo.

    En fin, que no es nada raro ni depende de confianzas ni cosas asi, vamos, que el euro sigue valiendo mas que el dolar, que el yuan o demas y lo que haya perdido es por que la economia europea va de culo, por lo que sea que vaya. En fin, no es cuestion de confundir moneda unica con crisis de deuda, no tiene nada que ver. Los giliflautas de turno, reclaman que si tuvieramos moneda podriamos devaluar, es decir, poner al Banco central a crear pesetas para comprar la deuda española, claro que eso es una estrategia pesima a largo plazo, precisamente por eso se cedio ese poder al BCE, para que en una crisis un gobierno no pudiese sacrificar el futuro del pais para un bien temporal y ganar unas elecciones, obviamente.

  12. Gravatar J | 14/12/2011 at 04:42 | Permalink

    RyAnG,

    Un zañute no vale dos gramos de oro o dos apergonflos, vale lo que unos tipos en Fall Street, Frunkfort o el Banco Estelar de Deneb quieren que valga

    No estoy de acuerdo. Un zañute de oro vale lo que un zañute de oro sea capaz de comprar. Es justo el ejemplo que tú pones luego de los marcos en el periodo enteguerras o el que pone Sergio B de las vacas. Busca por Internet sobre el “índice BigMac”, que intenta comparar el poder adquisitivo de los países mirando lo que cuesta un BigMac en cada uno.

    Si algún día, por la razón que sea (y considerando al punto que hemos llegado la razón será especulación pura y dura), nadie quiere zañutes, los zañutes valdrán menos que el papel en que están impresos

    Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere oro, el oro valdrá menos que la bolsita en la que viene.

    Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere diamantes, los diamantes valdrán menos que el metal en el que se engarzan.

    Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere petroleo, el petroleo valdrá menos que el barril en que lo distribuyen.

    Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere sal, conchas o cualquiera de los otros sistemas monetarios que también se han usado a lo largo del tiempo, la sal o las conchas no valdrán nada… oh, espera, eso ya ha ocurrido, a pesar de que no eran dinero fiduciario.

    Ah, por cierto, también se especula con el oro, el petroleo, el maíz, los metros cuadrados y casi con cualquier otra cosa.

    Es muuuuucho más complicado que decir que como es fiduciario no vale nada.

    Al final la pregunta es: ¿qué está menos sometido a cambios fortuitos, accidentales, no-económicos? Cualquier material-moneda (conchas, sal, oro, petroleo,…) puede verse afectado bruscamente por descubrimiento de yacimientos o cambios tecnológicos (es decir hechos “fortuitos”, no económicos), mientras que quizá la confianza es lo que puede permanecer más estable, sufrir cambios menos “fortuitos”.

    Ojo, esto no es una defensa del dinero fiduciario, solo unas frases para recordar que identificar fiduciario=malo, intrínseco=bueno es una simplificación peligrosa. No solo no soy economista, sino que incluso economistas que en su día fueron laureados, hoy son vilipendiados, y los que hoy son honrados mañana pueden ser denostados… Insisto: es mucho más complicado de lo que parece.

    Y claro que si tienes una deuda en zañutes el acreedor estará obligado a aceptarlos

    Me parece que estás entendiendo “deuda” en su sentido más estricto (préstamo, hipoteca). Pero cuando vas a comprar al supermercado y pagas al pasar por la línea de caja, eso también es una deuda que saldas. Cuando al final de mes te paga tu empresa, eso es una deuda que tu empresa salda contigo. Cuando tienes dinero en una cuenta corriente, el banco tiene una deuda contigo. Casi cualquier transacción económica es una deuda.

    a ver que haces con esos preciosos billetes con hologramas que guardas debajo del colchón

    Lo mismo que hacía el acumulador de oro cuando se descubría un nuevo yacimiento de oro: comérselo con patatas.

    ¡Cuanto añoro la serie de Mazinger!

  13. Gravatar J | 14/12/2011 at 05:00 | Permalink

    Sergio B,

    Los giliflautas de turno, reclaman que si tuvieramos moneda podriamos devaluar, es decir, poner al Banco central a crear pesetas para comprar la deuda española, claro que eso es una estrategia pesima a largo plazo, precisamente por eso se cedio ese poder al BCE, para que en una crisis un gobierno no pudiese sacrificar el futuro del pais para un bien temporal y ganar unas elecciones, obviamente.

    ¿He dicho ya lo que añoro la serie de Mazinger? Devaluar la moneda es una solución a corto plazo. Pero eso solo provoca crecimiento a base de “robárselo” (entrecomillado adrede) a otros países. En beneficio de quienes no conocen el mecanismo, lo resumo muy resumido.

    Cuando tu moneda se ha devaluado, tu moneda vale menos (vaya verdad de perogrullo…). Tus ciudadanos parece que cobran lo mismo, así que no se quejan mucho. Pero como tu moneda vale menos, tus importaciones te salen más caras. Es decir, que tus ciudadanos importarán menos (excepto en cosas con demanda inelástica, como el petroleo). Por ejemplo, importarán menos coches de Alemania.

    Y a la vez, tus exportaciones serán más baratas, así que Noruega te comprará fruta a ti en lugar de a Italia. Lo que hemos conseguido es que internacionalmente nuestros ciudadanos se hayan bajado el sueldo, pero sin que nacionalmente lo hayan hecho (es decir, sin huelgas ni esas cosas desagradables). Venderemos más al exterior (dinero que entra al país) y compraremos menos (menos dinero que sale del país).

    Pero es un crecimiento ficticio, porque… ¿de dónde sale nuestro aparente crecimiento? Sale de que Italia ahora vende menos fruta (porque la nuestra es más barata) y Alemania vende menos coches (porque nosotros le compramos menos). ¿Qué harán entonces Alemania e Italia cuando se den cuenta? Devaluar también su moneda, obviamente, volviendo al statu quo.

    Es más: a medio plazo ni siquiera Alemania o Italia necesitan hacer nada. El mero hecho de que vendamos más fruta hace que suba nuestro ingreso, por lo tanto volveremos a comprar muchos coches alemanes, y nuestra moneda volverá a apreciarse, volviendo al statu quo.

    Pero mientra tanto, como dice Sergio B, esa aparente bonanza ha cambiado por ejemplo el signo de unas elecciones.

  14. Gravatar Laertes | 14/12/2011 at 10:21 | Permalink

    Hay gente como Paul Krugman que cree que las medidas de austeridad en Europa no sólo no sirven para nada sino que son contraproducentes y que un poquito de inflación, al estar en una trampa de liquidez, es necesaria.

    ¡Yo también echo de menos la serie de Mazinger!

  15. Gravatar RyAnG | 15/12/2011 at 01:02 | Permalink

    @J:

    No estoy de acuerdo. Un zañute de oro vale lo que un zañute de oro sea capaz de comprar. Es justo el ejemplo que tú pones luego de los marcos en el periodo enteguerras o el que pone Sergio B de las vacas. Busca por Internet sobre el “índice BigMac”, que intenta comparar el poder adquisitivo de los países mirando lo que cuesta un BigMac en cada uno.

    Esa es la base teórica del sistema y le encuentro toda la lógica del mundo e incluso la defiendo. Si realmente tengo claro el sistema. La de leches que me he llevado por defender el capitalismo (que llevamos ejerciéndolo desde que vivimos en sociedad) en alguna ocasión. :) Lo que digo es que hemos llegado a un punto en que todo ha perdido el sentido.

    Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere oro, el oro valdrá menos que la bolsita en la que viene. Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere diamantes, los diamantes valdrán menos que el metal en el que se engarzan. Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere petroleo, el petroleo valdrá menos que el barril en que lo distribuyen. Si algún día, por la razón que sea, nadie quiere sal, conchas o cualquiera de los otros sistemas monetarios que también se han usado a lo largo del tiempo, la sal o las conchas no valdrán nada… oh, espera, eso ya ha ocurrido, a pesar de que no eran dinero fiduciario.

    Pero aquí está el único punto que objetaba. Oro, diamantes, petroleo, sal, conchas,… Son cosas materiales, vamos, como el patrón oro, que podría ser patrón sal. Llámame ser del neolítico, pero es algo tangible. Ahora un euro, un dolar o un yen, no valen las vacas, el oro o la sal que se puedan comprar con ellos, valen los euros, dolares o yenes que se puedan comprar. Y el problema es que la oferta y la demanda de esos papeles con números son totalmente artificiales y movidas en una parte importante por especulación pura y dura en “Fall Street, Frunkfort o el Banco Estelar de Deneb “.

    Ah, por cierto, también se especula con el oro, el petroleo, el maíz, los metros cuadrados y casi con cualquier otra cosa.

    Lo sé, lo sé. Y me parecen indignantes cosas comos los contratos de futuros sobre materias de primera necesidad como el maíz. Es una oferta y una demanda totalmente artificial. No depende de la producción de maiz y de la gente que necesite maíz exclusivamente, sino de lo que se quiera especular con el precio del maíz. Eso es lo que critico.

    Me parece que estás entendiendo “deuda” en su sentido más estricto (préstamo, hipoteca). Pero cuando vas a comprar al supermercado y pagas al pasar por la línea de caja, eso también es una deuda que saldas. Cuando al final de mes te paga tu empresa, eso es una deuda que tu empresa salda contigo. Cuando tienes dinero en una cuenta corriente, el banco tiene una deuda contigo. Casi cualquier transacción económica es una deuda.

    No, no, he hablado de contratos nuevos en general. Lo que digo es que ese día iré al supermercado y no querrán generar una deuda en zañutes. Aceptarán, euros, dolares, yenes o sal pero no querrán zañutes. Así que me los comeré con patatas.

    Lo mismo que hacía el acumulador de oro cuando se descubría un nuevo yacimiento de oro: comérselo con patatas.

    Anda, no lo he hecho a propósito. justo las mismas palabras. Si realmente estamos diciendo lo mismo. :D Lo único que expreso es mi indignación por la especulación y las ofertas y demandas ‘ficticias’.

    @Sergio B:

    Lo mismo de arriba. De verdad, que lo único que digo que es que lo que no me cabe en mi pequeño cerebro es que la medida del valor de un papel con números no sean cañas, cafés, barras de pan o vacas sino otros papeles con números cuyo valor tampoco se pueda medir en cañas, cafés o barras de pan y que se juegue con la oferta y la demanda de esos papeles como se juega.

    Y sí, la ‘confianza’ sí es parte del valor de estos papeles. Por supuesto, recomiendo también la serie de Mazinger y animo a contar el número de veces que aparece esta palabra o sus derivados en la misma.

    Como siempre un placer leer las divagaciones en los comentarios.

  16. Gravatar Sergio B | 15/12/2011 at 11:08 | Permalink

    @J Creo que lo que comentas de la vuelta al status quo no es muy correcto o es demasiado optimista, la devaluacion de la moneda es perniciosa a medio plazo, por que a corto plazo venderemos mas fruta y aumentaremos nuestros ingresos, pero nuestros ingresos en moneda devaluada, asi que como mucho podremos volver a comprar los mismos coches alemanes que comprabamos antes, teniendo para ello que producir y vender mucha mas fruta. A medio plazo la demanda aumentada hara que los precios en moneda devaluada aumente, con lo que la poblacion perdera poder adquisitivo y la ventaja para el comercio se perdera, quedandonos al final peor de lo que empezamos.

    @ Ryang El mercado financiero es bastante complejo, y no se puede mezclar. Me gusto leer en la hoguera de las vanidades sobre el mercado de deuda, pero en fin, que existen muchos mercados, no todo es lo mismo y la confianza es para cada cosa. Hablar de confianza en el mercado monetario no es lo mismo que en el de deuda o el bursatil, por que hay unos enormes bichos el BCE y la RSF. Pero en fin, claro que unas cosas se mezclan con las otras, se contagian, pero no son la misma. Los mercados monetarios suelen actuar sobre hechos consumados, rara vez se ven grandes movimientos especulativos, sobre todo por que es un suicidio hacerlos debido a que precisamente el BCE y la RSF estan ahi para evitarlos. Hay un motivo muy sencillo para evitar el patron oro, desde el momento en que se establece la legalidad internacional, si el pais de donde cristo perdio la sandalia, Maria Tirana encuentra una mina de oro que tenga tanto oro como el que tiene el banco de EEUU, mientras pague sus aranceles, se puede comprar el pais entero si le apetece. Si no hay una serie de potencias que controlen el cotarro y que actuen militarmente en la mayoria de casos en estas situaciones, el patron oro es poco mas que absurdo. Y a mi sinceramente, no se por que tendria que dar mis queridas vacas, que me han costado tanto trabajo, por un cacho de metal que no sirve para casi nada, si no fuera por que confio en que me lo cambien luego por algo util, en fin, que el oro no es mucho mas util que el papel de los billetes de euro.

  17. Gravatar J | 15/12/2011 at 02:21 | Permalink

    Sergio B: te promete que llegué a escribir algo como eso, pero lo borré, porque solo quería escribir un resumen muy resumido. En resumen: que sí, que estoy de acuerdo.

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