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La memoria – 3) Casos específicos




En el artículo anterior hablábamos de los actos automáticos, cómo se forman y permanecen y en qué condiciones se pueden modificar. Mencionábamos también las amnesias que se producen ocasionalmente en momentos comprometedores durante la práctica o el ejercicio de diferentes profesiones que demandan cierta destreza motriz o intelectual.

Decíamos también que la atención desempeña un papel muy importante en el aprendizaje. Esos “blancos” de la memoria que se producen cuando menos los deseamos, ¿pueden entonces adjudicarse a fallas de la atención? En términos generales diríamos que sí, aunque no es tan sencillo.

¿La memoria es una sola?

Después de todo lo que terminamos de ver, esta pregunta parecería casi fuera de lugar. Sin embargo la respuesta es afirmativa. La memoria es una sola y aunque se habla de “diferentes tipos de memoria” en realidad son especializaciones:

Memorias sensoriales (táctil o motriz, visual, auditiva, olfativa y gustativa).

Memoria conceptual o razonada (codifica información proveniente del pensamiento).

Pero todas estas divisiones funcionan de manera unitaria o sea que no están disociadas. Difícilmente se recuerde algo sin relacionarlo con algún otro recuerdo.

La memoria conceptual o razonada, por ejemplo, parecería ser la más independiente de todas. Es una de las más cultivadas por los científicos pues los ayuda a organizar el pensamiento de manera esquemática. Pero los científicos no son los únicos que recurren a esta forma particular de memoria ni tampoco es un proceso mental tan separado como parece del resto de los componentes de la memoria unitaria. Según vimos en la primera entrada de la serie, “las ideas son en cierto modo un resultado de la memoria. Si tu cerebro no percibe algo, tampoco lo recordará (lógico) pero tampoco podrás pensar en lo que tu cerebro nunca registró. O sea, para pensar es necesario recordar”. Lo que esto significa es que hasta los pensamientos más abstractos del razonamiento científico o filosófico, alguna vez entraron en la memoria y en este caso fue escuchando o leyendo. Es decir, entraron por los sentidos adecuados al caso. Pero ese origen parecería que luego pasa al olvido.

Se sostiene que el recuerdo sensorial se olvida en estos casos por innecesario. Permanecerían solamente los códigos útiles al pensamiento puro y sólo eso. Esta suposición no es del todo cierta, a pesar de la apariencia. No es raro que un intelectual (sea o no un científico) recuerde que “tal cosa la leyó en el capítulo tercero del libro tal que guarda en el segundo estante de la biblioteca, o que estaba en un libro que Fulano le prestó hace un mes luego de haber asistido a una obra de teatro cuyo argumento aludía el tema tratado en una conferencia que había escuchado hacía más o menos cuatro años”. Lo que esto demuestra es que los sentidos son la única puerta abierta a la información – incluso a la información de más alto contenido intelectual – pero también demuestra que cada variedad de memoria predominará según la necesidad del caso. Si lo que la persona que decíamos quiere es volver a leer el libro que guarda en la biblioteca, predominará su memoria visual que le ayudará a materializar todo lo demás que globalmente recordó incluyendo alguna visualización de las páginas del libro; pero si su atención se dirige en cambio a lo que una vez escuchó decir en una conferencia (etc.) predominará su memoria auditiva que le ayudará incluso a recordar algunas citas textuales..

De esta manera, lo que existe es un predominio alternativo de cada uno de los componentes. Veamos algunos ejemplos.

Relación entre la memoria visual y la memoria táctil o motriz.

Muchas veces hacer el esfuerzo de imaginar el movimiento que se quiere aprender, visualizándolo interiormente antes de hacerlo, ahorra horas y hasta días de práctica. Parece que el cerebro necesita pensar un poco, antes de cometer errores. Cada vez que un movimiento es realizado incorrectamente, la memoria no sólo registra el error sino que puede grabarlo como parte del aprendizaje si el error se repite demasiadas veces. Y puede ser que además quede asociado con alguna otra variedad de la memoria. Si por ejemplo un músico ensaya descuidadamente, los errores motrices que puede cometer y nunca corrige, se asociarán con la memoria auditiva y sin querer aprenderá a recordar también equivocadamente los sonidos.

La visualización del movimiento, tratando de que sea imaginado lo más nítidamente posible mediante repeticiones mentales sucesivas, le permite al cerebro “pensar y corregir” sin darle a los músculos ninguna orden de actuar. La gran ventaja está en que se ejercita el comando del movimiento antes de la orden de ejecución. En una analogía, sería como si alguien pensara detenidamente cómo dará una orden antes de darla, en lugar de dar la orden sin ideas claras y después salir a corregir a quienes la ejecutaron mal.

Por eso, insistir en repetir un movimiento “hasta que salga bien” y sólo eso, suele no dar grandes resultados. Es que en realidad se está entrenando el error, y eso dificulta el trabajo y compromete cada vez más el resultado final.

La visualización ayuda mucho porque la vista es uno de los sentidos que más nos permite tener noción de las distancias y las direcciones. Mirar, por ejemplo, la mano que hace cualquier movimiento que queremos hacer con ella, ayuda mucho más que intentar aprender el movimiento sin mirar la mano. Si en vez de mirar la mano directamente logramos imaginarla moviéndose, es mejor todavía porque eliminaremos la necesidad de moverla para practicar. La práctica es así tan sólo mental. Y si hacemos la prueba, veremos cuántas veces deberemos hacer correcciones puramente mentales, parando y empezando a pensar de nuevo, antes de conseguir imaginar el movimiento correcto con rapidez y facilidad sin errores.

Pero este es solamente una parte del trabajo. Falta la parte ejecutora, donde el cerebro que ya sabe cómo es la orden que debe dar, no sabe todavía exactamente cómo será ejecutada. En otras palabras, falta crear las codificaciones en las vías neuronales hacia los músculos. Entonces la primera sensación será de cierta torpeza, que podrá desaparecer más rápidamente si ha habido un ensayo mental previo.

Esa torpeza pide al principio una cierta lentitud de movimiento, que dependerá de la velocidad con que podamos pensar el movimiento. El intento de ejecutar el movimiento más rápido de lo que se lo puede pensar, lo entorpece cada vez más y nuevamente se estaría entrenando el error.

Estas peculiaridades de la memoria motriz asociada a la visual, hoy es seriamente considerada en el entrenamiento de deportistas que muchas veces deben aprender a realizar movimientos de extremada rapidez que no permiten la etapa del ensayo lento. Se ha comprobado que una concentración durante algunos minutos hasta conseguir una representación visual nítida de la secuencia de movimientos que deberán ser realizados, ahorra no sólo muchos buenos golpes y caídas, sino también mucho tiempo.

Cualquier caso que sea, casi todos sabemos que la experiencia acumulada en ensayar movimientos nuevos aplicados todos ellos a un trabajo específico, va creando una tendencia donde cada vez es más fácil aprender y automatizar nuevas combinaciones de movimientos. Esta experiencia acumulada, cuanto mayor sea, genera un alto grado de habilidad. Debido a esto es que la rapidez con que se va adquiriendo la destreza corporal aumenta en forma logarítmica. Y por la misma razón, al principiante no se le puede exigir demasiado por más aptitudes que tenga.

Profundizando en los movimientos complejos.

Primero que nada hay que entender lo siguiente. Aun para un acto como aprender a subir y bajar una escalera se cumple un mismo principio:

Lo que el cerebro aprende es la SECUENCIA de los movimientos y no cada componente por separado.

Volviendo al ejemplo, quiere decir que aunque aparentemente estés atendiendo pierna por pierna, lo que en realidad haces es atender una pierna con relación a la otra porque mides el tiempo de cada movimiento necesario para no tropezar.

Veamos otro ejemplo: la práctica con manos separadas sobre un instrumento musical de teclado. Es cierto que es más fácil automatizar los movimientos de cada mano separadamente en comparación con la dificultad de intentar hacerlas tocar juntas desde el principio. Pero lo que el cerebro quiere aprender es qué hará una de ellas mientras la otra hace otra cosa. Sucede que este mecanismo coordinador puede ser contrario a la habilidad adquirida con cada mano por separado y la dificultad de unirlas puede ser mayor de lo esperado y peor si se trata de algún caso de gran dificultad de coordinación. Si cada mano logró por separado un alto grado de automatismo, el trabajo de ensayarlas juntas podrá ser bastante engorroso a causa de la carencia total de una idea de coordinación. A nadie se le ocurriría practicar con “dedos separados” (primero todas las notas que tocará el índice, después todas las que tocará el pulgar, y así en adelante suponiendo que esto favorecerá la comprensión del trabajo integral de la mano en toda la partitura).

Este ejemplo quizá haga reír, pero lo que la memoria debe registrar es qué dedo se moverá luego de cualquier otro. Y sucede exactamente lo mismo con ambas manos. Da más trabajo ensayarlas juntas desde un principio, es verdad, pero comparativamente, se alcanza el dominio de habilidad coordinada en menor tiempo que con la práctica por separado que en realidad es un doble trabajo, y lleva el doble de tiempo, aunque parezca más sencillo. También debe considerarse a la memoria auditiva, que grabará los sonidos disociados y al unir ambas manos todo sonará tan dferente que acostumbrar el oído a esa nueva percepción será todavía un trabajo adicional.

Hay una falsa creencia muy común, que aún persiste en parte, y es que el aprendizaje motriz se facilita descomponiendo el movimiento complejo en sus partes simples. Este punto de vista imperó en el deporte durante mucho tiempo en forma de ciertos ejercicios “básicos” que no eran otra cosa que descomponer movimientos complejos en partes simples, con la esperanza de buenos resultados. Esto no es lo mismo que un entrenamiento propiamente dicho y no se limitó a las prácticas deportivas. También se sostuvo por mucho tiempo en el pasado el mismo punto de vista en la enseñaza del atletismo artístico y el ballet, que también son actividades que exigen gran destreza corporal. Hoy en cambio, la ciencia ha aportado elementos a los entrenadores para salvar muchas dificultades tradicionales.

Vale insistir entonces, por si a alguien le es útil, en que el cerebro en realidad necesita crear los códigos que gobernarán el movimiento complejo. Y esos códigos los puede crear solamente si tiene información que no sea contradictoria. Dejar que el cerebro reciba información coherente y completa más tarde, es casi como si te dijeran: – Ve y camina por esta calle derecho hasta la próxima esquina y cuando llegues mira a ambos lados y dobla a la izquierda; pero, cuando aprendiste eso, te dicen: – Ahora hazlo mirando hacia la derecha cada cuatro pasos mientras caminas hacia la esquina. Seguramente preguntarías por qué diablos no te lo dijeron desde el principio.

De todos modos conviene aclarar lo siguiente, porque suele ser un tema de discusión entre profesores e instrumentistas de teclado. Es cierto que ocasionalmente facilita el trabajo leer pequeños trozos de la partitura con las manos separadas, porque ahí interviene el razonamiento más que ninguna otra función. Se razona desde cuáles son los mejores dedos para usar, hasta cuáles pueden ser los movimientos accesorios más convenientes. Pero ese trabajo, que es más bien analítico, nunca debería prolongarse hasta convertirse en una práctica de ensayo metódico hasta el punto del automatismo de cada mano por separado.

Se han realizado experimentos en la adquisición de habilidades, que demuestran en forma comparativa que la dificultad inicial que representa el intento de ensayar el movimiento complejo, se compensa con un tiempo menor en dominar la habilidad en relación a quienes proceden de manera contraria. El caso de aprender a tocar un instrumento de teclado es uno de los más complicados y está lleno de variables según las exigencias de cada instrumento y a veces de cada partitura. La exigencia de habilidad aumenta si además debe haber uso de pedales. Por eso se está convirtiendo en un foco de atención para investigadores que trabajan en colaboración con profesores, aunque lamentablemente hay muy pocos registros publicados y mucha información transmitida en forma oral, la cual puede ser no obstante cotejada con los conocimientos generales en neurología y psicología.

¿Por qué la memoria puede a veces quedar en blanco?

No es fácil dar una explicación simple, pero básicamente la causa se origina en malas prácticas de ensayo que provocan un desajuste inicial en la formación de hábitos. El actor de teatro olvidó un párrafo justo el día del estreno, el atleta el día del certamen no está a la altura de los ensayos previos, el músico en medio de un concierto se olvida de algunas notas y no sabe cómo seguir y queda parado, el estudiante metió los libros en la cabeza pero se le borraron el día de la prueba, en fin, hay infinidad de casos por el estilo. Una de las causas puede ser la que señalábamos al terminar el artículo anterior, es decir, la atención repentina y consciente en un acto automático. El problema es que nunca se puede comparar el grado de responsabilidad implícito en atar el nudo de la corbata y la responsabilidad que significa una prueba de examen, una presentación en público, etc.

Pero puede haber además otras causas y suceder simplemente lo siguiente.

En la etapa de aprendizaje, como ya vimos, el sistema nervioso central debe recibir toda la información necesaria y crear los códigos para la memoria. Las inseguridades más grandes al estudiar o ensayar, son las que siempre nos merecen la mayor atención. Pero hay otras inseguridades que son procesadas en forma – diríamos – “irresponsable”. Pero no se trata de una irresponsabilidad en el sentido que comúnmente se cree. La mejor forma de entender esto es con una descripción:

1) Durante el estudio (o los primeros ensayos) cualquier error u olvido es atendido de inmediato para corregirlo. Es la etapa trabajosa del paso a paso. En ese momento tratamos de entender y asimilar lo mejor posible cada detalle de lo que debemos aprender.

2) Luego viene lo que podríamos llamar la puesta a prueba de lo que aprendimos. Hacemos un repaso general verificando si no nos equivocamos e insistimos un poco más sobre algunas inseguridades (olvidos en realidad) que todavía permanecen.

3) A medida que la seguridad va en aumento, aparecen dudas fugaces que la mayoría de las veces nos hacen ojear rápidamente la página del libro, o si es un movimiento lo recordamos un poco tardíamente pero seguimos adelante (y pensamos -“ya veré eso después”) o sea, lo que está sucediendo es que la relativa seguridad que vamos adquiriendo nos lleva a una cierta negligencia que incluso la mayoría de las veces pasa desapercibida. Ya no trabajamos paso a paso sino a grades rasgos e infinidad de mínimos detalles van quedando atrás.

4) Las dudas fugaces pueden alcanzar un punto donde las percibimos e inmediatamente las olvidamos y seguimos adelante. Esta etapa es particularmente peligrosa y vale la pena dedicarle todo el espacio final de esta entrada.

Primero que nada, ninguna inseguridad fugaz debe ser desatendida. Debe prestárseles atención en el momento en que se descubren y jamás dejarlas para después. En caso contrario ellas permanecerán en el subconsciente y son la causa de ese nerviosismo característico previo a una prueba cualquiera de responsabilidad. Esas dudas fugaces aparentemente olvidadas reaparecerán en el acto de la prueba, pero ya no serán fugaces; revivirán acompañadas de un temor intenso al olvido total. Y si es verdad que el miedo es paralizante, esas ocasiones son muy buenas para comprobarlo.

Esto se debe a que el cerebro “sabe” que los códigos están incompletos o a medio formar en toda la secuencia de recordación. Y avisa, aunque le escuchemos cuando ya sea demasiado tarde.

Otro elemento igualmente importante es la tendencia natural a establecer un orden en el pensamiento. Visto de otra forma, es una tendencia a ordenar las percepciones y los pensamientos que derivarán de ellas y que podrán ser recordados. Es precisamente por ello que existen especializaciones diferenciadas de la memoria, para ayudar a dar una coherencia al pensamiento. Si durante el estudio o los ensayos no se ha utilizado esta capacidad, no sólo dará más trabajo fijar un recuerdo sino que podrán quedar además muchas inseguridades latentes. Por ejemplo, intenta memorizar este texto en 5 minutos:

“Ayer fui de paseo al parque y encontré a mi antiguo y querido profesor, sentado en un banco bajo un enorme árbol. Me saludó sonriéndome y me invitó a sentarme y conversar con él. Vestía un traje claro muy sobrio y sus gafas no escondían la mirada siempre atenta de sus ojos celestes.”

Inténtalo durante 5 minutos antes de seguir leyendo.

Ahora intenta visualizar la escena paso a paso, imagen por imagen sin perder detalle alguno y verás que es más fácil. Estás creando memoria visual además de hacer intervenir la memoria conceptual del lenguaje. Pero puedes hacer algo más; fragmenta el texto en una forma lógica e intenta memorizar cada parte una por una, por ejemplo “Ayer fui de paseo al parque”/ “y encontré a mi antiguo y querido profesor”/. Cuando sepas recordar la secuencia entera “Ayer fui de paseo al parque… y encontré a mi antiguo y querido profesor” agrégale “sentado en un banco bajo un enorme árbol”, y así en adelante hasta el fin y siempre visualizando la escena. Es posible que demores más de 5 minutos en memorizar todo de esta manera, pero pasarán días y seguirás recordando el texto. De la otra forma, esforzándote como quizá quisiste hacer en tu primer intento, es probable que de aquí a tres o cuatro días todavía te cueste mucho decirlo de memoria. Ahora en cambio, intervino además tu razonamiento para fraccionar el texto en partes lógicas de la secuencia.

Es conveniente advertir en este punto que este ejemplo no está en contradicción con el principio de coordinación. En este caso, la fragmentación del texto no implica habilidades simultáneas que se hubiesen aprendido por separado, sino que es el aprendizaje de una secuencia lógica donde se coordinanan diferentes especializaciones de la memoria unitaria y por eso es que terminamos viendo todo como en una película y a cada escena le corresponde un texto indisolublemente asociado.

La memoria entonces se fortalece si la sabemos usar aprovechando todos los recursos que tiene. Y como prueba final, intenta ahora recordar todo lo que leíste en este artículo que fue intencionadamente largo. ¿No puedes? Pues observa bien. Viste como pueden actuar las diferentes especializaciones de la memoria. La memoria visual ayuda mucho para adquirir habilidades, incluso motrices como por ejemplo aprender a tocar un instrumento de teclado. La coordinación de los movimientos debe además ensayarse desde el primer día y no separar los movimientos simples para intentar reunirlos después. (seguramente recuerdas por qué). Y ahora, si debes preparar una prueba de responsabilidad, cualquiera que sea, ¿dejarás de atender debidamente las dudas fugaces?

Ya lo ves, todo ha quedado retenido en tu memoria. Sucede que el cerebro humano es capaz de retener conceptos que, de por si, incluyen los detalles. Por eso es que una vez que algo fue comprendido conceptualmente, podremos recordarlo e incluso conversar sobre ello aun sin tener el contenido textualmente memorizado. Este gran secreto de la memoria humana es lo que permite el avance del conocimiento, porque éste ocuparía miles de millones de bibliotecas escritas pero puede caber dentro del reducido espacio de un cráneo…

Puedes leer la conclusión de la serie aquí: Los casos más extraños.


Sobre el autor:

Gustavo (Gustavo Britos Zunín)

Investigador en varias áreas del conocimiento, no se limita a su profesión de pianista y compositor. Los grandes temas del mundo moderno, y la ciencia en particular, son el foco permanente de sus intereses.
 

{ 10 } Comentarios

  1. Gravatar cruzki | 08/03/2009 at 05:41 | Permalink

    Fantástico. Es una explicación maravillosa a algunas de las cosas que he sufrido en carnes propias (como monitor de natación explicando como coordinar pies y manos a los niños y como aprendiz de pianista fracasado completamente :P )

    El problema del poco sentido de la coordinación y la pobre visualización de sus propios movimientos es bastante grande en los chiquillos, aunque la verdad nunca me había dado cuenta como de rematadamente mal lo estábamos haciendo. Supongo que si alguna vez vuelvo a darles clase tendré en cuanta estas cosas e intentaré trabajar más la visualización del movimiento.

  2. Gravatar Macluskey | 08/03/2009 at 06:05 | Permalink

    Me uno a cruzki: Extraordinaria descripción, Gustavo!!

    Qué pena que me pille tarde para practicar algún deporte (y no digamos para tocar un instrumento), pero es muy interesante conocer toda esta información.

    ¡Qué raro es el cerebro! Cada día se aprende más sobre él… yla mitad de lo que se aprende es para echar por tierra teorías muy bien fundadas que se habían deducido antes…

    Saludos

  3. Gravatar lucas | 10/03/2009 at 11:46 | Permalink

    Genial, muy bien explicado:)

    ¡Ahora por culpa tuya no voy a poder sacarme de la cabeza la escena del parque y el profesor, por unos cuantos días!

    Por cierto, cuando dices “y me invitó a sentarme u conversar con él” creo que debería ser “sentarme a conversar”.

    Espero ansioso tu próxima entrada.

    Saludos a todos.

  4. Gravatar Apoxia | 12/03/2009 at 03:19 | Permalink

    Fuentes? hay párrafos que los he leido en otro artículo no haee mucho, exactamente iguales.

    Buen artículo por cierto.

  5. Gravatar Pedro | 12/03/2009 at 04:11 | Permalink

    Apoxia,

    ¿Enlace al artículo, please?

  6. Gravatar lucas | 12/03/2009 at 09:07 | Permalink

    Apoxia, seguramente lo leíste de aquí http://eltamiz.com/foro/topic.php?id=181 La cuestión es que el autor de esos textos ¡es Gustavo mismo!

    Saludos.

  7. Gravatar Apoxia | 12/03/2009 at 11:24 | Permalink

    Lucas, tenias razón, eso fué lo que me leí, hace ya un tiempo. Y aún me acuerdo! eso dice mucho del autor, supo hacerlo interesante. Pedro, no recordaba en enlace del artículo, ahora caí que era un tu foro, he estado leyendo unos cuantos artículos sobre memoria, soy pianista , en el último concierto me quedé en blanco y he buscado información sobre como subsanarlo para el próximo, así que me he leido varios artículos, creo que éste es el que mas me está haciendo replantearme mi método de estudio. Un saludo!

  8. Gravatar Macluskey | 13/03/2009 at 08:48 | Permalink

    @Apoxia: Pues nada, nada. La próxima vez que te quedes en blanco, te arrancas con el Adagio sostenuto de la Sonata número 14, Claro de Luna, de Beethoven… quizá arruines el Concierto, pero es muy probable que a los espectadores les encanta!! Y es que hay cada concierto por ahí… que no me extraña que el cerebro lo olvide, ¡y los espectadores se marchen! Te diría yo de unos pocos…

    Ya sin bromas: tienes razón que, en ocasiones, estás delante de bastante gente soltando un rollo patatero, o dando un concierto, o en una obra de teatro… y de pronto no sabes ni quién eres, ni qué es lo que haces allí. A los informáticos siempre nos queda apretar tontamente el botón de “panic” y decir ¡Uy, este Windows, se ha vuelto a colgar… esperen mientras rearranca!, pero en medio de un Concierto, buff…

    ¡Ánimo, amigo!

  9. Gravatar Apoxia | 13/03/2009 at 11:52 | Permalink

    Ains si los pianos llevaran windows..

  10. Gravatar Mazinger | 01/04/2009 at 01:43 | Permalink

    Excelente artículo Gustavo. Se me ocurre un comentario después de leer la siguiente frase:

    “Lo que esto demuestra es que los sentidos son la única puerta abierta a la información – incluso a la información de más alto contenido intelectual –”

    Hay informaciones que se crean a partir de lo que entra por lo sentidos, produciendo nueva información en nuestro cerebro que viene “de dentro”, por decirlo así. Supongo que eso es la creatividad.

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