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La memoria – 2) Por qué aprendemos y cómo lo hacemos




En el artículo anterior hablábamos acerca de las funciones de las neuronas y su capacidad para crear ciertas proteínas por efecto electroquímico. No obstante, tales proteínas – llamadas neurotransmisores – no se crean de forma espontánea, sino a partir de estímulos internos y externos. Esto nos introduce en el proceso del aprendizaje y es el tema de hoy.

Ensayo y error.

Algunos neurotransmisores son capaces de comandar redes neuronales enteras, y la condición para que funcionen ajustadamente es el aprendizaje. Mientras ese comando no se ajuste completamente, al ensayar cualquier nueva tarea cometeremos errores. Pero el ensayo y el error es lo que finalmente ajusta el comando. A consecuencia de ello comenzará a operar el hábito, es decir, la capacidad de ejecutar un acto cualquiera pensando solamente en lo indispensable y dejando todo lo demás por cuenta de una especie de “programa” que quedó automatizado por debajo de la consciencia con la práctica frecuente, o sea mediante varias repeticiones atentas consecutivas.

Las repeticiones deben ser atentas porque, como veremos después, la atención juega un papel muy importante en la rapidez y seguridad con que la memoria retiene información.

El cerebro tiene capacidad para automatizar pensamientos, intenciones y actos. Esto habilita una eficiencia mayor del pensamiento y las acciones conscientes.

Cada vez que, por ejemplo, haces un movimiento y lo repites, se va reforzando un mecanismo necesario para comandar ese movimiento desde las neuronas hasta las terminaciones nerviosas en las fibras musculares. En los primeros intentos, se contraerán músculos que no deberían intervenir, provocando una torpeza rígida que más tarde irá desapareciendo. Cuanto mayor sea la atención para dominar esos efectos indeseables, más rápidamente se aprenderá a hacer correctamente el movimiento. Llegará finalmente el momento en que bastará en que pienses en hacer el movimiento para que lo puedas ejecutar sin necesidad de pensar, en “cómo” lo haces.

Pero este mecanismo no se limita al aprendizaje de movimientos. Si vas a un lugar, la primera vez tendrás que poner atención a muchas cosas: el recorrido por las calles, dónde hay o no hay semáforos, los números de puertas de las casas y edificios mezclados, llegarás y entrarás atendiendo dónde hay ascensores o escaleras, buscarás a la derecha o a la izquierda de ¿cuál de los pasillos?… y en fin, esa vez y en todo ese tiempo, podrás pensar en muy pocas cosas además de todo eso. La segunda vez que vayas a ese lugar, te sentirás más relajado. Y después de ir muchas veces, llegarás a ojos cerrados.

Esta cualidad del cerebro se corresponde a su vez con una característica de la atención. No es posible atender intensamente a más de una sola cosa simultáneamente. Hay quienes sostienen lo contrario, pero tal punto de vista se debe a un desconocimiento de la forma en que atendemos. Imaginemos una espiral. En el centro está el foco — el objeto al que le ponemos la mayor atención. A medida que la espiral se abre, la atención disminuye, pero -y de ahí la confusión en el tema- cada una de las vueltas de la espiral puede representar una atención secundaria en objetos diferentes. Quiere decir que es verdad que podemos atender varias cosas a la vez, y todas diferentes, pero no todas serán atendidas con la misma intensidad. De hecho, cualquier atención secundaria que súbitamente pase al foco, la percibiremos como una distracción.

De esa forma es como aprendemos absolutamente cualquier cosa. Recuerda tu primer día de clase de matemáticas. ¿No es cierto que muchas de aquellos símbolos extraños hoy los lees e interpretas con la misma facilidad con que ahora estás leyendo esto? Pero si te distraías durante las clases, seguramente te habrá resultado más difícil familiarizarte con aquellos símbolos

De modo semejante, un atleta debe ensayar cientos de veces su técnica de salto mortal antes de automatizar los movimientos correctos y poder ejecutar el salto con seguridad total. Y un músico debe ensayar cada partitura hasta lograr no tener que pensar dónde pone cada dedo, aunque sepa tocar perfectamente el instrumento. Cada tarea es un caso particular de función de la memoria y el cerebro debe crear los mecanismos para ejecutarla con precisión y diferenciarla de cualquier otra tarea previamente aprendida.

Con estos ejemplos vemos que la memoria es extraordinariamente plástica y selectiva. Esto permite realizar uno de los procesos mentales más importantes y es la evocación de la información en un orden lógico. Si estamos habituados a ir siempre a un mismo lugar y por el mismo camino, iremos reconociendo (mejor dicho, confirmando) que todo va en orden. Si un estudiante ve una ecuación y aprendió a resolverla, lo único que deberá hacer es observar los valores para el caso particular, pero todo el resto del proceso será casi automático. El atleta hará el movimiento inicial de su salto y de ahí en adelante su cerebro dará el resto de las órdenes para un mecanismo previamente automatizado y cada movimiento de la secuencia será ejecutado en el instante oportuno. Lo mismo le sucederá al músico, que luego de la primera nota sabrá cuáles son las que siguen con los correspondientes movimientos de las manos y aun del cuerpo, desarrollando la secuencia sin tropiezos.

Pero supongamos una distracción.

¿Qué es exactamente una distracción? Es la apertura a nueva información y nos obliga a suspender lo que veníamos haciendo o pensando. Es evidente que si alguien nos distrae con algo que no tiene nada que ver con lo que estamos haciendo, debemos parar y seguir después. Pero hay algo que merece destacarse, y son las distracciones durante el aprendizaje. No sólo nos desconcentran, sino que ellas pueden incluso venir desde dentro de nosotros mismos, por evocación aparentemente involuntaria de recuerdos sin relación directa con lo que queremos aprender. Pero, sea porque nos distrajo cualquier situación ridícula a nuestro alrededor, o porque sin querer evocamos la conversación de ayer con un amigo, podrá ocurrir que esas distracciones queden incorporadas al aprendizaje y sean sumamente inoportunas más adelante.

En otras palabras, podemos formar sin querer el hábito de inmiscuir datos sin relación con el propósito.

¿Con qué consecuencias? A un músico le podría ocurrir que cada vez que llega a cierto pasaje en la interpretación, aun durante un concierto, no pueda evitar que le venga a la cabeza que un día mientras estaba ensayando entraron a su sala de estudio cuatro señoras jaraneando a gritos como si allí no hubiese nadie trabajando y después se fueron.

A esta clase de mecanismo se le llama asociación de ideas, aunque bien aprovechado puede ser, sin embargo, una herramienta útil para aprender. Siguiendo con el ejemplo del músico, si al llegar a determinado lugar de la partitura piensa que el autor quiso expresar allí tal o cual cosa, no sólo mejorará la expresividad, sino que eso le ayudará a recordar las notas. En este caso, no se trata evidentemente de una distracción sino de una variación momentánea del foco de atención , pero con relación al foco principal que es la partitura.

Atando el nudo de la corbata

Cada uno de nosotros tenemos hábitos que contribuyen a simplificarnos la vida. Por ejemplo, a la hora de salir a trabajar, supongamos que debemos ponernos una corbata. Por supuesto ya aprendimos como se hace el nudo y podemos atarlo sin problemas mientras seguimos pensando en cosas incluso tan complicadas como hallar la solución de una ecuación. Pero si hacemos la prueba de pensar cada uno de los movimientos para hacer el nudo en forma totalmente consciente y sin distraernos, nos llevaremos una sorpresa. Es casi seguro que no podremos terminar de hacerlo y en la perplejidad puede ocurrir incluso que olvidemos por completo cómo es que se hace. ¿Por qué?

Primero que nada, no le recomiendo hacer la prueba a nadie que deba salir con prisa y llevar corbata. Todavía no he visto a quien pueda salir airoso de la prueba si ha usado diariamente esa prenda durante muchos años. Sucede que la consciencia destruye los automatismos adquiridos. Las neuronas que intervienen en realizar un acto inconsciente se ponen “alerta” ante la posibilidad de recibir nueva información que modificará el patrón original aprendido. Esto es porque la atención consciente es la única manera eficiente de aprender.

Pero poner atención a un acto automatizado, hace que en ese caso la atención opere como una distracción. Esta es una de las paradojas de la relación entre la atención y la memoria. Si bien la atención es indispensable en el aprendizaje, una vez alcanzado un alto grado de automatismo ocurre que la atención bloquea la memoria.

En efecto, ponerle atención a un acto inconsciente significa abrir a nueva información un “mapa” proteínico que ya estaba diseñado. Hasta ahí, el proceso era automático y era disparado únicamente por un “comando” accionado tan sólo con pensar en realizar el acto. Pero en la nueva situación el proceso queda inhibido “en espera” de confirmación o de modificación. Para “confirmar”, el OK será volver a ejecutar el mismo acto desatendiéndolo por completo, pensando deliberadamente en cualquier otra cosa. El automatismo quedará restablecido. Pero “modificar” ya implicará un trabajo a veces arduo, porque las neuronas intervinientes deberán aprender a crear moléculas inhibidoras para bloquear toda función discordante entre el patrón ya aprendido y el que ahora se quiere aprender para corregir el anterior. Hasta que el nuevo patrón no esté bien ajustado, seguiremos cometiendo el viejo error que insistirá molestamente en reaparecer.

Y lo más curioso es que, aunque corregido, el error permanecerá en la memoria aun después de superado totalmente. No reaparecerá en la práctica, pero tampoco olvidaremos cuál era el error que estábamos cometiendo aunque incluso automáticamente no lo volvamos a repetir jamás.

Esto último se explica por el efecto de las proteínas inhibidoras que bloquean el acceso al código erróneo. No obstante eso, la evocación mental del error es posible pues más que olvido ha habido sólo un bloqueo, limitado a una acción específica al momento de realizarla y nada más que a ese momento y esa acción.

La atención merece la mayor de las atenciones

La atención es uno de los procesos psicológicos más estudiados, pero del que menos se sabe en cuanto a su estimulación. Las teorías de Hydé no consiguen explicar plenamente por qué se produce o no el fenómeno de la atención. ¿Por qué concentramos voluntaria o espontáneamente la mente en algunas cosas y otras no? La psicología habla de la motivación, pero la motivación debe ser a su vez creada de alguna forma, con lo que no se adelanta demasiado en el problema. Se dice que el “interés” que algo puede despertarnos es un factor motivador, lo cual es cierto, pero ¿por qué algunas cosas nos interesan y otras no, con la consecuente falta de motivación para ponerles atención?

Es decir, que por alguna causa que aún no ha hallado plena explicación, la fijación en la memoria es directamente proporcional al nivel de atención, pero los medios de producir la atención necesaria para estimular ese proceso es todavía un campo de investigación muy dificultoso.

El caso más fácilmente explicable de todos, es la atención forzada por un estímulo externo muy fuerte. Si cae un rayo a 50 metros de donde estás, no lo olvidarás jamás, ni tampoco lo que te quedaste pensando después. Muy distinto será si alguien te amenaza de muerte; no te podrás distraer en ningún momento y lo que te motiva es el miedo minuto a minuto. En cualquier caso, por asociación de ideas, también difícilmente olvidarás lo que hiciste o no pudiste hacer para huir del lugar del hecho. Pero hay una excepción. Si el estímulo ha sido muy traumático, la consecuencia será una amnesia. La mente se defiende contra toda posibilidad de revivir, aunque sea imaginariamente, una situación excesivamente traumática. En ese caso, se crean moléculas inhibidoras muy específicas que forman una barrera sumamente fuerte. Si cabe encuadrar casos así entre cierto tipo de “motivación” para recordar u olvidar, estaríamos hablando del instinto de conservación como principal motivador.

Se ha tratado de explicar que el origen de las motivaciones se halla en estímulos externos que despiertan los instintos primarios y en ello quedan incluidas las teorías de Freud cuando opera el subconsciente (procesos mentales que se desarrollan sin que podamos percibirlos ni recordarlos). No obstante, esas suposiciones no alcanzan. Si lo que tienes por delante es una prueba de examen, la motivación puede ser ciertamente el miedo de ser reprobado u obtener una mala puntuación, aunque quizá también te motive la necesidad de aprender. Resulta evidente que los componentes intelectuales colocan a gran distancia una y otra motivación. Al respecto, podría sostenerse que la naturaleza de las motivaciones preexiste en variados códigos que la memoria registró anteriormente. Y todo aquello que discordase con dichos códigos causará aburrimiento y falta de interés, excepto que a raíz de ello se despierten los instintos primarios (códigos de origen genético) en cuyo caso estaríamos lejos de explicar las motivaciones intelectuales del ser humano y por qué hay cosas que le interesan y otras les aburren.

¿Por qué a veces nos aburrimos?

La explicación más aceptada está en que el cerebro necesita trabajar. Incluso trabajar para desarrollarse. Esto ya no se refiere solamente al incremento de moléculas proteínicas sino a la anatomía del propio sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y aun al sistema nervioso periférico (ramificaciones del sistema nervioso central, que alcanzan todas las regiones del cuerpo).

Un cerebro que trabaja genera un aumento de las ramificaciones nerviosas, incrementando de esta forma el número de conexiones entre neuronas.

Muchas neuronas inactivas empiezan a funcionar y a crear moléculas neurotransmisoras necesarias para el aprendizaje. El aprendizaje puede ser puramente intelectual, pero también psicomotor o una combinación de ambos. Entonces puede suceder lo siguiente:

Si el trabajo es excesivo, se percibe el “cansancio mental”, que es una especie de aburrimiento placentero donde la mente necesita relajarse. Pero si en cambio ocurre que la persona simplemente “no encuentra qué hacer”, su cerebro demandará algún tipo de trabajo como si fuese un músculo que necesita contraerse aunque no sea más que desperezándose. ¿Por qué?

Porque un cerebro que no trabaja, empieza a “entender” que tiene demasiadas neuronas inútiles y que le está sobrando un montón de conexiones que no le sirven para nada. Y el organismo empezará a destruirlas por orden del mismo cerebro. La sensación que esto produce es física y muy desagradable, pues es nada menos que un alerta de un proceso destructivo a nivel fisiológico. Suele decirse que las personas ociosas tienen un cerebro atrofiado, lo cual más que un insulto es lamentablemente cierto desde el punto de vista anatómico. Pero, afortunadamente, la capacidad de desarrollo y aun de recuperación continúa latente, aun en edades avanzadas y hasta en personas que usan muy poco la capacidad intelectual.

El aprendizaje es entonces la esencia de la actividad mental, de donde el desarrollo de la memoria es tan importante y repercute incluso en la propia anatomía del cerebro y sus ramificaciones. No es imposible que la necesidad de aprender que tiene el ser humano, se deba al hecho de poseer un cerebro extremadamente complejo que necesita trabajar.

Pero olvidar es necesario.

Supongamos que, durante un año o más, dejamos de hacer alguna tarea que realizábamos diariamente. Puede ser cualquier tarea, desde una que demande una cierta coordinación de movimientos hasta un trabajo intelectual como dictar clases sobre una materia en la universidad. La consecuencia será un olvido parcial, percibido tan sólo como un ligero esfuerzo de atención algo mayor del acostumbrado para recordar. Pero si en cambio pasan 20 años, las cosas cambian. La falta de práctica se hará sentir con grandes lagunas de la memoria y no nos quedará otra solución que repasar minuciosamente lo que teníamos aprendido. Sin embargo, ese repaso no nos demandará el mismo esfuerzo que cuando habíamos aprendido aquello por primera vez. Ahora recuperaremos el dominio mucho más rápidamente.

Esto nos dice que en realidad la memoria no olvida nunca pero sucede que así como un camino poco transitado tiende a desaparecer con el tiempo, y sólo quedarán las huellas principales, en la memoria sucede exactamente lo mismo. El aprendizaje hace que el sistema nervioso central comience a crear conexiones entre las neuronas, marcando un camino de flujo de información que es específico para lo que hemos aprendido. Realmente se puede decir que aprender es desarrollar el cerebro. Claro, no es que nos vaya a crecer la cabeza, lo que crece es la cantidad y variedad de conexiones interneuronales.

Pero es cierto que esas conexiones ocupan un espacio. Este puede ser ínfimo para nuestro concepto habitual del espacio, pero en el apretado interior del sistema nervioso –y en particular del cerebro– ahorrar espacio borrando lo que no se usa, puede ser muy importante. Y eso es exactamente lo que ocurre. Solamente quedan las “huellas” a manera de guías de referencia por si en un futuro la persona quisiese reeditar aquello.

Por eso la “reedición” (repasar algo aprendido pero olvidado) siempre es mucho más fácil que aprender algo nuevo. Y no es raro que con el tiempo algo hubiese todavía mejorado, como un vino añejo, alcanzándose lo que se le llama la madurez de un conocimiento. Esa maduración no sólo es una demostración de que jamás se olvida, sino que es uno de los mecanismos cerebrales más interesante. Pertenece al campo del subconsciente. Parece que en base a los rastros que quedan de la huella de algo firmemente aprendido, la supresión de la práctica periódica hace que el camino quede más “despejado” para que pueda fluir información de origen remoto, es decir, códigos que otras conexiones neuronales pueden enviar hacia la huella en desuso momentáneo. De esta manera, el olvido cumple muchas veces la función de crear también nuevas conexiones que aportarán una riqueza de información mayor al momento de reactivar una antigua huella olvidada.

En conclusión, tenemos una capacidad parcial de olvido, pero sólo parcial, aunque muy necesaria.

Si no fuese por esta capacidad, tendríamos una actividad consciente atestada de ideas bullendo todas a la vez o una detrás de otra desordenadamente. Lo importante para una actividad mental sana –incluso en el desarrollo de una profesión cualquiera– es mantener una actitud constantemente abierta al aprendizaje, evitando la rutina, pero sin pretender tener presente en todo momento lo recién aprendido con miedo a olvidarlo. Normalmente después de un tiempo de atención concentrada viene una sensación de necesidad de distraerse, que es una de las formas del olvido, y hay que permitir que el subconsciente haga lo suyo.

Esta capacidad también nos permite efectuar correcciones en actos automáticos mal aprendidos. Como vimos, la atención consciente es el gran corrector de errores en el aprendizaje. Pero si activamos ese mecanismo en momentos inoportunos puede causarnos problemas como el del nudo de la corbata. Son muy conocidos los blancos de la memoria en una prueba de examen, a pesar de haber estudiado aparentemente bien. O cuando un músico se presenta en público y toca de memoria, le puede suceder algo semejante a pesar de la práctica metódica del repertorio día a día. O el atleta que nunca erró, pero el día del certamen algo le falla. En todos estos casos y muchos otros parecidos, suele haber además un nerviosismo previo a la prueba y hasta una cierta sensación de terror. Esta clase de anécdotas afecta a tantas personas dedicadas a diferentes quehaceres, que merece dedicarle un análisis más pormenorizado y será tema de la próxima entrada.

Como anticipo, veamos sólo lo siguiente. El dominio práctico de cualquier quehacer de responsabilidad, nunca conviene que llegue cerca de un 100% de automatismo. Al contrario, conviene que el hábito incluya una atención consciente sobre lo que se está haciendo. Si no, es prácticamente seguro que ante un acto de responsabilidad inminente le pongamos una atención tan desmesurada a lo que haremos, que destruiremos el automatismo produciéndose una amnesia. Si en cambio estamos habituados a prestar atención paso a paso a la tarea que hacemos, aun durante los ensayos, el margen de seguridad será mucho mayor e irá acompañado de una sensación de bienestar.

Puedes seguir leyendo con la tercera parte de la serie, Casos específicos.


Sobre el autor:

Gustavo (Gustavo Britos Zunín)

Investigador en varias áreas del conocimiento, no se limita a su profesión de pianista y compositor. Los grandes temas del mundo moderno, y la ciencia en particular, son el foco permanente de sus intereses.
 

{ 11 } Comentarios

  1. Gravatar Brigo | 26/02/2009 at 08:04 | Permalink

    Muy interesante, sobre todo que la atención destruya los automatismos, seguro que a todos nos ha pasado a veces, pero nunca me había parado a pensarlo.

    Por cierto creo que “la recordación” deberías cambiarlo, a lo mejor por “a recordar” o algo así.

    Este artículo puede servir de pié para explicar muchísimas cosas interesantes como la publicidad subliminal, con la que espero que te animes algún día. :-)

  2. Gravatar Pedro | 26/02/2009 at 08:15 | Permalink

    @ Brigo,

    Gustavo está ocupado esta semana, así que lo acabo de modificar yo, ¡gracias! :)

  3. Gravatar Macluskey | 27/02/2009 at 09:16 | Permalink

    Excelente entrada, Gustavo.

    Muy bien explicada, pues hasta un lego como servidor se ha enterado de los procelosos mecanismos de la memoria… ahora toca leerlo con mucha atención ocho o diez veces para fijarlo y que no se olvide!!

    Enhorabuena, espero la próxima con impaciencia.

  4. Gravatar Sergio | 27/02/2009 at 11:21 | Permalink

    Muy interesante.

    El artículo me ha hecho pensar en que no es tan importante el aprender como el aprender bien. Igual que al enseñar, hay que saber enseñar. Es como si las relaciones sociales fueran como las relaciones entre las neuronas. Y ahora con internet más aún. Cuando vi el mapa de internet actual me recordó precisamente a un cerebro, y nosotros mismos eliminamos según que conexiones que no convienen o que no nos enseñan bien.

    Me ha gustado mucho el artículo. Gracias.

  5. Gravatar cruzki | 28/02/2009 at 04:09 | Permalink

    Un comentario:

    Cuando hablas de distracciones en la enseñanza, creo que también se pueden usar como recurso “memorístico”. A fin de cuentas, puedes tomar lo que quieres aprender como “una distracción” de la anécdota. De hecho es lo que hacen todos los que se dedican a aprender de memoria trozos bestiales de Pi y esas cosas.

    La verdad es que estas cosas son las deberían de explicarse en el CAP (furuo master) y no las tonterías psicoevolutivas-teoríadeladidáctica…

  6. Gravatar Francisco | 01/03/2009 at 05:00 | Permalink

    Creo que donde dice “padrón” debería decir “patrón”

  7. Gravatar Pedro | 01/03/2009 at 08:18 | Permalink

    Gracias, Francisco. Corregido :)

  8. Gravatar Apoxia | 07/03/2009 at 02:42 | Permalink

    ESoy pianista y tu último párrafo me va a venir de perlas ;)

    Espero la 3a entrega con ansias!

  9. Gravatar Pedro | 07/03/2009 at 05:46 | Permalink

    @ Apoxia,

    La tienes publicada, y como pianista creo que la vas a disfrutar especialmente, porque Gustavo habla específicamente de teclado y aprendizaje motriz con las dos manos :)

  10. Gravatar lucas | 10/03/2009 at 11:34 | Permalink

    En realidad, estaba esperando a que volvieras para comentar, pero como veo que tu ausencia se está prolongando un poco, aprovecho para hacerlo ahora.

    Verdaderamente tienes sangre para esto. Muy bien explicados todos los conceptos.

    El concepto de atención y cómo se maneja éste es muy interesante, y clave a la hora de las percepciones visuales, como en las ilusiones ópticas y demás. Así que te citaré en una futura entrada sobre eso, porque tu explicación fue bastante clara.

    Muy buen artículo y sigue así. Saludos.

  11. Gravatar Davis73 | 07/05/2009 at 07:31 | Permalink

    Muy parecido a lo que menciona Lev Semionovich Vygotsky en su principio aprendemos a hacer lo que hacemos y nada más.

{ 1 } Trackback

  1. Gravatar meneame.net | 27/02/2009 at 08:29 | Permalink

    Por qué aprendemos y cómo lo hacemos…

    [c&p]Cada vez que, por ejemplo, haces un movimiento y lo repites, se va reforzando un mecanismo necesario para comandar ese movimiento desde las neuronas hasta las terminaciones nerviosas en las fibras musculares. En los primeros intentos, se contr…

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