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Historia de un ignorante, ma non troppo… Spiegel im spiegel, de Arvo Pärt




Hace ya seis cortos años que publiqué en esta serie musical una obra del compositor estonio Arvo Pärt, quien, tras la muerte hace unos años del polaco Heynrick Gorecki, es en mi opinión el mejor músico clásico vivo. Esa obra que publiqué en 2014 era el Cantus in memoriam Benjamin Britten, un sentido homenaje que el estonio dedicó a otro de los grandes a su muerte: el británico Benjamin Britten. Una emocionante obra de apenas seis minutos de duración…

Pues hoy viene a estas páginas otra obra minimalista de Arvo Pärt: su Spiegel im Spiegel para violín y piano, obra de 1978.[1] La traducción al español sería algo como “Espejos en el espejo“, sugiriendo esos espejos de reflejos infinitos que siempre nos atrapan cuando estamos delante de uno de ellos.

Arvo Pärt

Repito aquí lo que dije entonces de Arvo Pärt, pues nada ha cambiado:

«El compositor estonio Arvo Pärt nació en Paide, Estonia, en 1935. Eso quiere decir que nació en un estado independiente, pero a partir de los cinco años fue ciudadano de la URSS, dado que ésta se anexionó Estonia en 1940 como consecuencia de los Pactos Molotov-Ribentropp por los que la URSS de Stalin y la Alemania de Hitler se juraban amor eterno y se repartían varios países de Europa central (Países Bálticos, Polonia, etc), como si estuvieran jugando al Risk…

»Sin embargo, pocas influencias de la música soviética tuvo Pärt en su formación. O mejor, tuvo muchas influencias de todo tipo, no sólo soviéticas. Tocó todos los palos el bueno de Pärt, buscando su lugar bajo el sol musical… casi todos ellos con no demasiado éxito. Neoclasicismo, dodecafonismo, serialismo y algún que otro “ismo” más…

»No tuvo éxito. Sus obras no tenían inspiración, le desagradaban a él y, de paso, a los jerarcas soviéticos que tanto fastidiaron a Shostakovick, Khachaturian, Prokofiev y otros compositores por no componer “música patriótica”, sea eso lo que sea. Pero no había manera. Ni con obras “oficiales” ni con obras “rompedoras”. Estuvo Pärt a punto de dejar para siempre la composición.

»Sufrió entonces una profundísima crisis personal, no sólo compositiva, de la que consiguió salir abrazando la religión ortodoxa rusa y refugiándose en las formas primigenias de la música occidental: el canto llano medieval. También el canto gregoriano, la primera polifonía medieval, etc. Vuelta a las raíces de la música occidental. Y ahí sí que obtuvo el éxito con su estilo tan personal, mediante obras con esquemas muy simples, minimalistas, llenas de sentimiento, que llegan directas al corazón de una forma atávica e inmemorial…»

Un caso raro en la música, el que el reconocimiento le llegara ya en la edad madura, pero el caso es que desde entonces los estrenos de sus obras son un acontecimiento, se usan en multitud de películas, se graban una y otra vez, se suben a Youtube… Vale, no es Lady Gaga, cierto, pero dentro del panorama de la música clásica actual, Arvo Pärt es como Justin Bieber.[2] Con sus 85 años sigue en activo, componiendo…

En fin, este “Spiegel im Spiegel” de hoy, compuesto en 1978 justo antes de que el compositor abandonara su Estonia natal, está escrito en estilo tintinabular, estilo creado por el propio Pärt.[3] Se basa este estilo en algo muy simple: la música tiene dos voces, la una, la tintinabular, ejecuta la triada tónica, es decir, conjuntos de tres notas ascendentes. En la obra de hoy esa voz pertenece al piano. La otra voz se desplaza por la escala diatónica[4] de forma escalonada. En este caso esa voz la ejecuta el violín. Como consecuencia, las obras tintinabulares tienen normalmente un tempo lento y meditativo y un acercamiento minimalista tanto a la notación musical de la obra como a la ejecución.

Si no se entiende la jerga de arriba no os preocupéis, en esta obra se distinguen perfectamente ambas voces, su papel y sus características.

En fin, poco más hay que añadir, así que vamos ya a escuchar este Spiegel im spiegel, de Arvo Pärt, para violín y piano, en la versión de Nadia Vasileva (violin) y Luke Faulkner (piano). Es una grabación de la interpretación en directo, en una Sala de un Palacio aparentemente rococó, en una localización desconocida.[5]

En el caso de que tengáis problemas con el video embebido, que a mí a veces me pasa, aquí os dejo el enlace directo a Youtube.

La obra dura unos diez minutos, y desde luego no tiene más que un solo movimiento.

Como dije antes, hay versiones para distintos instrumentos. Aquí os dejo algunas, para que comparéis:

Para viola y piano; esta otra para cello y piano, grabada en directo en la Semana Musical Mozartiana de Salzburgo en 2014; para cello, arpa y ¡metalófono!, tocado con un arco, además. Y si buscáis un poco, encontrareis bastantes más combinaciones. Sin embargo, el resultado de esta pieza tintinabular es, sorprendentemente, muy similar en todas ellas; por eso yo prefiero la versión original para violín y piano.

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Bien, en estas circunstancias actuales de confinamiento que hay en casi todos los países, esta obra melancólica y concentrada viene al pelo para expresar la frustración y el duelo de aquellos, ¡de tantísimos!, que han perdido tanto debido al dichoso Covid-19. Corta, pero intensa y muy bien ejecutada, remeda de la mejor manera posible la que sin duda es la mejor forma de escuchar música: en directo.

Claro que… quién sabe cuándo podremos asistir de nuevo a conciertos en directo. Por ello, videos como éste, de gran calidad, son un alivio que nos permite a los melómanos, aunque no tengamos ni idea de música como es mi caso, disfrutar de la música en “directo” vía internet.

Lo que sí puedo garantizaros es que, cuando alguna vez podamos, escuchar la música en directo, cualquier obra, no tiene nada que ver con oír la misma obra enlatada. Por muy atómico que sea el reproductor.

Hoy de nuevo con más razón que nunca os digo: Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música.

  1. Violín y piano son los instrumentos para los que fue inicialmente compuesta; hay versiones que sustituyen ambos instrumentos, el violín por cello, viola, flauta, etc, y el piano por arpa, por ejemplo. []
  2. Si es que es Justin Bieber el que en estos momentos está en la cresta de la ola, que yo no dispongo de mucha información al respecto. []
  3. Lo de tintinabular viene del tañer de las campanas, que en idioma estonio se dice de esa manera, o algo parecido. []
  4. La que tiene siete notas, no la cromática, que es la que tiene doce notas. []
  5. Podría ser Viena, o Munich, o Londres, o, ya de paso, Estambul o Teherán… Los palacios de finales del siglo XVIII y todo el XIX son taaaan parecidos… []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 5 } Comentarios

  1. Gravatar JuanCa | 25/04/2020 at 05:10 | Permalink

    Hola Mac

    Gracias por dar a conocer este tipo de obras. Esta en particular la escuché anoche con mi familia, todos nos quedamos impactados escuchándola. Que hermosa!

    Saludos

  2. Gravatar Macluskey | 01/05/2020 at 09:42 | Permalink

    Gracias, Juan Carlos, por tu comentario.

    Sí, es una obra realmente bonita y muy apropiada a la época complicada que vivimos. Pero seguro que pronto saldrá el sol de nuevo!!

    Saludos Mac

  3. Gravatar Emilk | 03/05/2020 at 11:02 | Permalink

    Hola Macluskey

    Mi nombre es Emilio. Tengo 31 años y me considero un gran aficionado a la música clásica. Aunque en su día estudie piano, también me puedo considerar un ignorante (ma non troppo).

    Conocía tu serie desde hace bastante, pero nunca me animé a comentar. Me encantan tus artículos, y especialmente me encanta cuando cuentas como te aficionaste a la música. En mi caso viene de mi más tierna infancia, cuando mis padres compraron la minicadena y venía una colección de 50 CD editados por Planeta, de versiones bastante cutres (probablemente te suenen Alberto Lizzio-que creo que ni siquiera existe- o Alfred Scholz). Aunque el CD que pusieron mis padres el día que trajeron el aparato a casa fue, efectivamente, la Novena de Beethoven, la obra con la que se puede decir que me aficione es la Obertura para un Festival Académico, op.80 de Brahms. En seguida mi padre me la grabó en cinta junto con otras obras escogidas por él.

    Efectivamente el Spiegel im Spiegel es precioso. Una muestra de que no toda la música clásica moderna tiene que sonar a chino. La conocí el verano pasado de casualidad, en el tristemente desaparecido programa de Radio Clásica “El tupé de Karajan” cuando iba a trabajar.

    Como este es el año Beethoven, he aprovechado estos días para escuchar toda su obra, o al menos las obras notables. Hoy fue el turno del Concierto para Violin, uno de los imprescindibles, pero estoy haciendo un repaso por las sonatas, los cuartetos o los tríos. He descubierto alguna joyita… Y con respecto a cuando podremos ir a conciertos en directo, en mi ciudad (Pontevedra) puede que ya a finales de este mes… la idea es dar varias sesiones. En cualquier caso, seguro que antes de lo que pensamos

  4. Gravatar Macluskey | 04/05/2020 at 09:36 | Permalink

    Gracias, Emilk, por tu amable comentario.

    No, efectivamente no toda la música clásica “moderna” suena a chino (o a peli de miedo, que es para lo que yo creo que de verdad se inventó el dodecafonismo). Pero cuesta encontrar piezas que merezcan la pena de verdad.

    Yo voy (¡iba!, jeje) a conciertos regularmente y es normal que se programen estrenos mundiales o locales… y pocas veces es algo decente. He escuchado yo cada cosa…

    Por ello, cuando se encuentra una obra bella, cautivadora como lo es ésta de Arvo Pärt, lo mejor es compartirla…

    Un saludo Mac

  5. Gravatar Emilk | 05/05/2020 at 10:36 | Permalink

    Si, desde luego doy fé. No en Pontevedra pero si en Santiago, por aquí es normal que haya estrenos absolutos, en su mayoría de compositores locales. Y la gran mayoría no merece la pena.

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