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¿Has leído El contraataque aliado, de James Holland?




Efectivamente, ésta es la segunda parte de la trilogía sobre “La Segunda Guerra Mundial en Occidente” de James Holland, cuya primera parte, El auge de Alemania, fue objeto de comentario en este humilde blog hace unas semanas. Ya comenté en aquella entrada que James Holland es un historiador inglés, especialista en el siglo XX y, en particular, en la Segunda Guerra Mundial. Es hermano del también historiador Tom Holland, especializado en el mundo antiguo.

Habiendo nacido James Holland en los años 70 del siglo pasado, está relativamente libre las influencias de las publicaciones, documentales, películas y demás sobre la guerra imperantes en los años inmediatamente posteriores a la finalización de la guerra. Él no ha bebido de los dogmas dominantes durante tantos años: que Alemania estuvo a punto de ganar la guerra; que el Reino Unido tenía un ejército incompetente y que a puntito estuvo de ser invadida en 1940; que Rommel era un genio y que a punto estuvo de conquistar Egipto; que los estadounidenses tenían una maquinaria bélica engrasada perfectamente organizada desde siempre (en esto Hollywood ha hecho un buen trabajo)…

James Holland, al ser tan joven, no ha sido bombardeado con tantas y tantas verdades indiscutibles sobre la segunda guerra mundial; entre eso y que con el tiempo se han abierto a la luz muchísimos archivos que han estado ocultos a los investigadores durante años, su visión sobre la evolución de la guerra, su motivación y desarrollo, es muy diferente de la, por decirlo de algún modo, “historia oficial” de la guerra que nos han contado durante tantos años.

James Holland

Como ya comentaba al hablar de la primera parte de la Trilogía, El auge de Alemania, la idea central de El contraataque aliado es básicamente que, por mucho que nos hayan contado y asegurado, Alemania nunca, jamás, ni en sus mejores sueños y en ninguno de los mundos posibles pudo ganar la guerra a los Aliados, específicamente al Reino Unido y a los Estados Unidos. Por muchas torpezas que cometieran los mandatarios civiles y militares aliados, que fueron realmente muchas. Y no lo pudo hacer por varias razones:

Uno: Sus recursos eran muy limitados comparados con los disponibles por el Reino Unido y no digamos por los Estados Unidos. La carencia de combustible en Alemania era constante;[1] la falta continua de comida y de otros artículos de consumo era asfixiante;[2], los recursos mineros de todo tipo escaseaban, así como el carbón…[3]

En una palabra, Alemania no disponía ni de lejos de los recursos necesarios para poder librar la larga contienda que comenzó. Y además basta con mirar un mapa de Europa para darse cuenta de que tampoco podía importar los bienes que necesitaba de otros países, pues dada su posición en Europa resultaba muy sencillo para los Aliados, específicamente para la Royal Navy británica, bloquear cualquier tráfico marítimo con destino a los escasos puertos alemanes.

Dos: La propia concepción del poder militar alemán era la consecuencia de su visión como potencia continental. No marítima, como era el caso del Reino Unido, sino continental. Para el alto mando nazi, desde el propio Hitler hasta sus comandantes superiores, lo importante era el poder terrestre.[4] Este hecho aparentemente menor tuvo en realidad enormes consecuencias en el desarrollo de la guerra, porque igual que permitió brillantísimas operaciones difícilmente creíbles, como lo fue conquistar Francia entera, con más de tres millones de combatientes en armas, en apenas seis semanas y con tan solo seis divisiones acorazadas, luego obnubiló una y otras vez el juicio de la jerarquía nazi, por ejemplo en el desastre de Stalingrado, que hubiera sido relativamente sencillo de evitar si simplemente hubieran tenido mejor información o no se hubieran empeñado en conseguir lo que todo analista serio sabía que era de todo punto imposible desde el punto de vista práctico: conquistar la ciudad de Stalin, el dictador enemigo. Por cierto, a la batalla de Stalingrado, que para la gran mayoría de autores fue el punto de inflexión de la guerra, apenas le dedica James Holland media página de las novecientas y pico del libro: para él su desenlace fue el resultado inevitable del desarrollo de toda la campaña y no le merece mucha más atención.[5] Lo que hizo Zhukov en noviembre de 1942 fue simplemente cerrar el nudo que la jerarquía nazi se había puesto al cuello con semejante actuación, y la batalla estaba perdida desde mucho antes de que se produjera.

Esa concepción continentalista de su posición les hizo, por un lado, limitar la acción de la Fuerza Aérea, la Luftwaffe, a mero apoyo de las acciones desarrolladas en tierra, supeditando sus acciones a los pedidos de los comandantes de los Cuerpos de Ejército. Los británicos, y en particular el general Arthur “Mary” Conningham, demostraron, sobre todo en el Norte de África, que dando libertad a los comandantes de la Fuerza Aérea para decidir sus acciones y dónde emplear a sus aviones se conseguían muchísimo mejores resultados. En cambio, la dirección de la Luftwaffe, es decir, Hermann Goering, era absolutamente desastrosa. Porque, además, se rodeaba (no sólo él, claro, sino toda la plana mayor nazi) de aquellos hombres que, básicamente, les dieran la razón, por muy descabelladas que fueran sus órdenes.[6]

Y por el otro, la visión “terrestre” de sus líderes tuvo una influencia capital en el desarrollo, o mejor, la falta de desarrollo de la Kriegsmarine, la Fuerza Naval alemana. De haber tenido una visión más amplia, seguramente hubieran construido menos bonitos barcos “capitales”, es decir, acorazados o cruceros,[7] barcos carísimos erizados de cañones de gran calibre en los que les gustaba fotografiarse y hacer cortos cruceros, que quedaban muy bien en las noticias del NODO alemán, pero que fueron cazados y hundidos rápidamente por la Royal Navy, mucho más numerosa y preparada.

Efectivamente, los barcos capitales alemanes no les sirvieron prácticamente para nada y, sin embargo, los humildes submarinos, mucho más baratos y rápidos de construir, fueron los que de verdad dieron dolores de cabeza a los aliados. A pesar de su pequeño número,[8] causaron muchas bajas en las líneas de aprovisionamiento del Reino Unido (en toda la guerra, 2.779 buques, con un registro bruto de más de catorce millones de toneladas que acabaron en el fondo del océano).[9] Pues bien, siendo una cifra formidable, en ningún momento llegó a amenazar el abastecimiento de fábricas o almacenes del Reino Unido; ni unas ni otros dejaron de trabajar a pleno rendimiento toda la guerra. Si en vez de 57 hubieran sido 570 submarinos los que hubiera tenido disponibles Karl Doenitz (el comandante de la rama de submarinos, que por cierto fue quien, a falta de mandatarios de más fuste, firmó la rendición final del Reich en mayo de 1945) posiblemente otro gallo les hubiera cantado.

Tres (y termino, porque podría seguir un buen rato): La mentalidad de “superioridad aria” y de despreciar[10] a cualquiera que no fuera ario de pura raza[11] les llevó a cometer errores de bulto que comprometieron seriamente sus (escasas) posibilidades de ganar la guerra. Por ejemplo, eliminando sistemáticamente a los judíos sólo por ser judíos. Esto que además de ser, obviamente, una de las mayores barbaridades que haya cometido la especia humana en toda su historia, fue terriblemente perjudicial para los esfuerzos bélicos del Reich. Teniendo en cuenta la falta generalizada de mano de obra que había en el Reich, muchos de los eliminados hubieran trabajado gustosamente para luchar contra la “hidra comunista” una vez desatada la Operación Barbarroja (la invasión de la URSS), además de que muchos eran obreros cualificados, científicos, etc. Y es que si los nazis trataban mal al resto de europeos no arios, con los que ellos consideraban untermenschen (infrahombres) su trato fue espantoso. No sólo judíos: por ejemplo millones de prisioneros de guerra soviéticos, capturados en las primeras fases de la Operación Barbarroja, que fueron encerrados privados de alimento hasta que murieron de hambre; el trato dado a los civiles de las tierras conquistadas fue tan brutal que cuando las tornas cambiaron y fueron los soviéticos quienes conquistaron Prusia se tomaron la justicia por su mano de forma igual de terrible.

Además, en cuanto a los recursos los nazis funcionaban como una plaga de langostas. Cuando tomaron Francia esquilmaron completamente el país, de modo que todos los vehículos, fábricas, alimentos, etc, fueron requisados para satisfacer las necesidades internas de Alemania. Al no dejar casi recursos para la supervivencia de los civiles franceses, muchos millones, resulta que al cabo de poco tiempo la abundancia inicial se convirtió en una carga para Alemania: los despojados franceses no tenían medios para autoabastecerse, por lo que en lugar de añadir recursos al Reich, se los mermaban. Y lo mismo podemos decir de Polonia, la zona de la URSS que tuvieron bajo su control en 1941, 1942, 1943, etc. Con una política más inclusiva hubieran conseguido mucho mejor resultado, pero su salvaje ideología no les permitió siquiera llegar a considerar otro modo de actuación.

Portada de El Contraataque Aliado de James Holland

En fin, me estoy centrando en Alemania y en el hecho de que con su forma de hacer y entender la guerra nunca, nunca jamás hubiera podido ganar la contienda, y parece que el libro de Holland sólo trata de eso… nada más lejos de la realidad. Tiene críticas para todos, también para algunos de los más inútiles comandantes británicos, como sir Arthur Percival, que se las apañó para perder Singapur en una sola semana ante los japoneses. Singapur estaba considerada como virtualmente inexpugnable, con sus enormes baterías costeras y un solo puente que la unía al continente, puente que fue destruido nada más empezar la batalla. Además, Percival tenía 80.000 hombres a su mando, mientras que Yamashita, el comandante japonés, sólo tenía 30.000 y serios problemas de suministros. Cómo fue posible perder la plaza en una sola semana y en condiciones tan favorables para defenderla es algo que todavía se estudia en las Academias militares, supongo que para no repetir la cagada.

O la también enorme cagada de la batalla de Gazala, en Libia, donde el Afrika Korps de Rommel estuvo más de 48 horas atrapado en “El Caldero”, como lo denominaron ellos mismos, rodeado de fuerzas británicas y a su merced, sin combustible, agua ni suministros… completamente perdidos. Pero el comandante británico, Neil Ritchie, un inútil pusilánime, no aprovechó la situación, esperó y esperó, supongo, a que los alemanes se suicidaran ellos solitos… y permitió un contraataque a la desesperada de las tropas de Rommel que abrieron una brecha en el cerco, pudieron entonces reaprovisionarse y convertir una derrota segura en una de las más grandes victorias del Eje en la guerra. Como consecuencia, casi destruyeron al Octavo Ejército británico, que salió en desbandada camino de vuelta a Alejandría. Tobruk cayó por fin tras casi un año de sitio y el Afrika Korps, lanzado, llegó hasta El Alamein… donde sólo la gran longitud de su línea de suministros y la imposibilidad de recibir refuerzos y combustible hizo que se detuvieran. Y de donde fueron definitivamente expulsados meses más tarde, una vez que el ególatra e inaguantable[12] Bernard Montgomery tomara el mando y, sobre todo, recibiera decenas y decenas de veces más material y hombres que Rommel. Como veis, también le atiza a uno de los héroes británicos más admirados. Aquí hay para todos. Y queda claro que el factor más influyente en el resultado final de la guerra es, ha sido y siempre será la logística. La capacidad de llevar material y hombres[13] al punto donde son necesarios cuando se necesitan es la clave en la guerra moderna, y de la antigua también. La línea de suministros del Afrika Korps, de más de mil kilómetros de desierto (desde Bengasi hasta El Alamein), expuesta a los ataques de la RAF, pues en el desierto no hay donde esconderse, condenó al díscolo Rommel a la derrota inevitable, y más si tenemos en cuenta que la mayor parte de los suministros que se le enviaban desde Italia ni siquiera llegaban a Bengasi: eran destruidos en el mar por los aviones y submarinos con base en Malta, esa pequeña islita al sur de Sicilia que los alemanes decidieron no tomar cuando pudieron por considerarla irrelevante  y que luego fue la que decidió finalmente la batalla del Norte de África. Sin gasolina, suministros de munición y piezas de repuesto y víveres, la mejor división acorazada del mundo no tuvo nada que hacer.

En fin, ya no más spoilers. El tema es interesantísimo, o al menos así me lo parece, y seguro que el que se gaste los casi 40 euros que cuesta el libro lo disfrutará mucho. Y a esperar la tercera parte de la trilogía.

 

Eso sí: el libro en su edición española contiene un montón de erratas y faltas de ortografía. En un libro de gran porte y de 39,90€ de coste no es de recibo que haya tal cantidad de erratas. Todos los que escribimos y publicamos cosas sabemos que las erratas son esquivas y se esconden para aparecer cuando menos las esperas por mucho que revises el texto, pero este caso es sangrante. No sólo es que continuamente separe con comas al sujeto del verbo,[14] por ejemplo en “El Estado Mayor nazi, decidió hacer tal y tal cosa…”. A mí me enseñaron que el sujeto (el Estado Mayor) nunca debía separarse del verbo (decidió) con una coma… pues bien, hay centenares de casos de estos en el libro. Y luego hay secciones que no han debido pasar por el proceso de corrección, porque da la sensación de que han sido traducidas por el traductor automático de turno. El colmo es una página concreta (no voy a decir cuál) en la que dejé de contar erratas cuando iba por las treinta… Por ejemplo, en cierto momento comienza a hablar reiteradamente de un sitio llamado Maison Blanche cuando está citando los preparativos de la invasión del Norte de África (la operación Torch), y uno no sabe de qué rayos está hablando, qué casa debería ser ésa y dónde se encontraba hasta que, listo que es uno, cae en la cuenta: ¡Casablanca!, que se podría traducir chapuceramente al francés como “Maison Blanche” (casa blanca).[15] Obviamente, el nombre en francés de la ciudad marroquí de Casablanca es… Casablanca,[16] así que me gustaría saber de dónde rayos ha salido ese Maison Blanche que despista completamente al lector. Tengo mis sospechas, pero vaya Vd. a saber. En una palabra, señores editores: cuiden las ediciones de sus libros y no escatimen en correctores, sobre todo las de papel y con encuadernación lujosa, porque a uno se le quitan las ganas de rascarse el bolsillo en estas penosas condiciones.

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Bien, sólo para acabar, un dato que a mí me llamó muchísimo la atención y que demuestra palpablemente la gigantesca capacidad y eficacia de los estadounidenses cuando se ponen a ello. A partir de un diseño británico, los astilleros estadounidenses[17] comenzaron a construir barcos “Liberty”. Eran mercantes más bien lentos y feos, pero baratos y rápidos de construir, con una carga bruta de 14.400 toneladas y 136 metros de eslora y 17 de manga, de los que construyeron durante la guerra unos 2.700 en total. Los primeros necesitaron 7 u 8 meses para ser construidos. Luego fueron afinando la técnica constructiva, usando ensamblaje modular y técnicas de soldadura avanzadas y el tiempo fue bajando: tres meses, dos… mes y medio… finalmente se necesitaban de media 42 días, lo que es un tiempo realmente muy pequeño para construir un barco de 136 metros de eslora. Pero en 1942 distintos astilleros compitieron entre sí por ver quién construía más rápido un barco Liberty. No desvelaré los detalles de cómo resultó esta competición, solamente el ganador: el astillero Kaiser de Richmond, California, que construyó el SS Robert E. Peary en… (redoble de tambor)…

No os lo vais a creer: 4 días, 15 horas y 29 minutos. No se tiene constancia de los segundos. Un barco completo. De 14.400 toneladas y bastante más largo que un campo de fútbol. En fin.

Por lo que yo sé, James Holland ni siquiera ha publicado la tercera y última parte de la Trilogía en inglés, por lo que aún habrá que esperar muuucho tiempo a que esté disponible en español. Habrá que esperar, pues, y esperar también que esta vez la corrección del texto funcione mejor…

Disfrutad de la vida, mientras podáis.

  1. El Reich prácticamente dependía del petróleo que llegaba desde Ploesti, en Rumanía, no había otras fuentes alternativas para ellos. []
  2. Alemania mantuvo racionamiento de alimentos y otros bienes desde el mismo comienzo de la guerra, mientras que en el Reino Unido casi no hubo racionamientos, y desde luego en EEUU no los hubo nunca. []
  3. La invasión de Noruega por parte de Alemania en 1940 no fue un audaz golpe militar que se adelantó brillantemente por un par de semanas a la invasión británica, como se nos ha vendido tantos y tantos años: fue la consecuencia de la necesidad imperiosa que tenía Alemania de asegurar el flujo del mineral de hierro sueco, prácticamente el único que les llegaba, que llegaba desde el puerto de Narvik, en Noruega. Y una vez conquistada Noruega, allí permanecieron como guarnición hasta el fin de la guerra cerca de cuatrocientos mil soldados que nunca entraron en acción y que hubieran podido ser decisivos en otros frentes. []
  4. A pesar de que la Wehrmacht era, con diferencia, el ejército menos mecanizado de todos los contendientes, no el más mecanizado, como se nos ha contado una y otras vez, haciendo caso a la machacona propaganda goebbelsiana en la que sólo aparecían unidades acorazadas o mecanizadas, las pocas que había. Para hacernos una idea de este hecho, la Wehrmacht utilizó en la Primera Guerra Mundial nada menos que un millón y medio de mulas para acarrear el material de las divisiones de infantería. Pues bien, en la Segunda Guerra Mundial necesitaron ¡más de dos millones de mulas! Eso, bien se ve,  es lo que se dice un ejército mecanizado moderno, basado en el transporte animal. []
  5. Antony Beevor, por ejemplo, ha dedicado un extensísimo trabajo a la Batalla de Stalingrado. []
  6. Uff, no sé a qué me suena eso en la actual situación política, empresarial… incluso deportiva. []
  7. El Bismark, el Tirpitz, el Graf Spee, el Admiral Hipper y poco más. Alemania no llegó a construir ni un solo portaaviones. []
  8. Al empezar la guerra, en septiembre de 1939, la Kriegsmarine sólo disponía de la ridícula cantidad de 57 submarinos. Hubo muchos momentos de la guerra en los que sólo operaban cinco submarinos en todo el Atlántico. Y el Atlántico es muuuuy grande. A lo largo de toda la guerra se llegaron a construir 1.113 U-Boote, de los que cerca del 60% fueron hundidos. []
  9. Ahora, afortunadamente, nos estremecemos cuando un petrolero tiene un accidente y derrama algunos miles de toneladas de crudo al mar… Imaginaos cuántos millones de toneladas de combustible se derramaron (se hundieron) entre 1939 y 1945, cuántos “hilillos de plastilina” debió haber entonces: si sólo los submarinos alemanes hundieron 14 millones y pico de toneladas, sumad lo que hundieron los aviones o el resto de barcos alemanes, los japoneses, los italianos, los soviéticos y, sobre todo, los aliados, y se os pondrá el pelo como escarpias. No todo tiempo pasado fue mejor. Y sabéis una cosa: esta reflexión que acabo de hacer, que para mí es evidente, no la he leído ni escuchado nunca en libro, documental o peli alguna. Parece que todo barco hundido en aras a un bien mayor, o sea, en la guerra, hubiera desaparecido en el océano sin dejar rastro… y no, claro: sí que dejaron rastro, y ¡enorme! En fin, cosas de los historiadores. []
  10. En el mejor de los casos, “despreciar”, como hacían, por ejemplo, con sus aliados rumanos o italianos. En el peor, directamente eliminarlos. []
  11. A pesar de que los máximos dirigentes nazis no eran lo que se dice “arios modélicos”. Se contaba (eligiendo con muchísimo cuidado a la audiencia) un chascarrillo que insistía en que los alemanes debían ser “rubios como Hitler, guapos y de cuerpo perfecto como Goebbles y delgados como Goering… ¡y deben apellidarse Rosenberg!” []
  12. Aunque muy fotogénico, eso sí, siempre con su gorrita de tanquista que tan bien le quedaba. []
  13. En la segunda guerra mundial, hombres. No mujeres, salvo algunas unidades desperdigadas del Ejército soviético. []
  14. Esta práctica se ha vuelto tan universal que ya casi no llama la atención. []
  15. Esto me recuerda al “from the lost to the river” del chascarrillo. []
  16. Y en inglés es igual, Casablanca, y supongo que en el resto de idiomas, lo mismo. []
  17. Astilleros que, por cierto, se construyeron desde cero en tan solo nueve meses. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 4 } Comentarios

  1. Gravatar Rafael | 19/10/2019 at 03:15 | Permalink

    Muchas gracias por la reseña

  2. Gravatar Macluskey | 20/10/2019 at 09:00 | Permalink

    Gracias, Rafael, por tu comentario.

    Espero que de algo sirva la reseña.

    Saludos.

  3. Gravatar Tepúfilo | 21/10/2019 at 09:13 | Permalink

    No he leído el libro (aún) y me cuesta opinar sobre una reseña que no deja de ser opinar de segundas, pero me temo que para cuando lo lea este hilo será antiguo.

    Mi principal pega es la expresión “Alemania nunca, jamás, ni en sus mejores sueños y en ninguno de los mundos posibles pudo ganar la guerra a los Aliados”. Creo que Alemania lo tenía efectivamente muy difícil en una guerra de victoria total como la que planteó pero decir que era imposible quizá sea mucho decir.

    Las debilidades militares alemanas están muy bien relatadas aunque creo que están exageradas las fortalezas inglesas y no veo que se ahonde de forma adecuada con la culpable incompetencia francesa. Sin embargo donde da en el clavo es en los prejuicios ideológicos que les llevaron a no poder usar adecuadamente sus recursos y sobre todo plantear una guerra total.

    Como decía, Alemania lo tenía crudo, pero podía haber ganado si se hubiesen dado varios acontecimientos. A saber:

    — Churchill no hubiese sido Churchill y hubiese pactado un armisticio. Hitler lo hubiera aceptado y la población británica también. Sin el “portaaviones británico” y con el Atlántico por medio adiós a un desembarco por Normandía y EEUU sólo hubiesen tenido el Mediterráneo vía África y sin la colaboración del Reino Unido, la pasividad de las autoridades francesas no habría existido y la operación Torch no habría sido nada sencilla. Por no hablar de que seguramente Eisenhower hubiese tenido que activar la operación Backbone contra España.

    — A Stalin lo hubiesen removido al inicio de la operación Barbarossa. Stalin lo esperaba y durante las primeras horas las pasó aterrorizado y borracho, pero después de las purgas, la gente que tenía que echarlo le tenía más miedo a él que a los alemanes. Si lo hubiesen depuesto, la URSS habría entrado en una lucha de poder que habría sido letal en plena guerra contra Alemania.

    — Los japoneses hubiesen atacado a los soviéticos por Siberia. Desde luego no estaban por la labor y le tenían un lógico miedo atroz a Zhúkov desde la paliza que recibieron en 1938, pero Hitler intentó forzarles declarando él la guerra a EEUU. Con los japoneses ocupando o simplemente combatiendo en la costa este de la URSS y descartada Manchuria por el Sur, la ayuda estadounidense a la URSS (fue fundamental) no habría podido ser la que fue. Más aún, EEUU tendría que haber vigilado más su costa Oeste distrayendo fuerzas de otros frentes.

    — Alemania hubiese puesto más interés en el Mediterráneo (Malta mediante y tomado Gibraltar para ellos o para España) y hubiese fortalecido a Rommel (mientras sujetaba el alocado ímpetu del mariscal). Si hubiese caído Egipto habrían llegado con facilidad a los pozos de los actuales Iraq e Iran y como guinda podría atacar a la URSS por el Cáucaso. Con toda seguridad habría implicado que EEUU entrase en guerra, pero…

    — Cortejar más el frente estadounidense dando garantías y apoyando a los aislacionistas. Si además Roosevelt no hubiese sido un intervencionista “en la intimidad” mejor. Pero pedir a Alemania fineza diplomacia era tan inútil como pedirle a los prusianos que se fijen en la logística o que mejoren los servicios inteligencia.

    — Y por supuesto, no dedicarse a perseguir a judíos, ucranianos y demás posibles aliados. Al menos hasta que acabase la guerra, pero decirles eso a un nazi era como lo de la logística de los prusianos.

    En fin. No era fácil ganar la guerra para Alemania porque sus dirigentes tenían que abandonar sus fijaciones y además dependía de lo que hubiesen hecho otros pero no era imposible. No me atrevo a dar porcentajes de probabilidad pero la posibilidad desde luego no era despreciable.

  4. Gravatar Macluskey | 21/10/2019 at 10:15 | Permalink

    @Tepúfilo:

    Gracias por tu comentario.

    Obviamente, en la reseña no estoy dando mis impresiones y valoraciones sobre los hechos narrados, sino los del autor. Pero debo decir que me han convencido mucho.

    La clave de todo, creo yo, es en la gestión de los recursos, de la logística, en definitiva. Tan solo mirando el mapa se puede ver que Alemania tenía bastante difícil aprovisionarse de casi todo lo que le faltaba, en especial hierro y petróleo. Y lo sabían, por ello invadieron Noruega, para asegurar el flujo de hierro sueco (que eran neutrales) y, además, para negárselo a los británicos; y por eso mismo invadieron Creta y después Grecia, para asegurar en lo posible los yacimientos de petróleo de Ploesti, en Rumanía, prácticamente su única fuente de combustible. Estratégicamente, tanto Noruega como Grecia y Creta no tenían gran valor y mantuvieron ocupados allí a más de medio millón de soldados que hubieran podido marcar la diferencia en otros lugares. Si hubieran tomado Malta, lo que hubiera sido muy sencillo al principio de la contienda, otro gallo hubiera cantado en el Mediterráneo… pero no pasó.

    Desde luego que si Gran Bretaña hubiera firmado un armisticio en 1940 (eso era, desde luego, lo que pretendía Hitler), otro gallo hubiera cantado, pues se hubieran liberado muchas decenas de divisiones para combatir en el Este. Y si hubieran depuesto al psicópata genocida de Stalin, otro gallo hubiera cantado, efectivamente. Pero eso no ocurrió. Y siempre se ha focalizado la terquedad británica en Churcill… pero él no estaba solo: la mayoría de parlamentarios, políticos y prohombres británicos estaban a favor de continuar luchando, así como la práctica totalidad de la población civil. No parece fácil que se hubiera firmado el armisticio soñado por Hitler en 1940, con o sin Churcill…

    Y claro que el comportamiento del Alto Mando francés en el verano de 1940 fue algo más que irresponsable: fue directamente criminal, pues se las apañaron para perder toda Francia, con sus más de tres millones de soldados movilizados y bien pertrechados, en tres o cuatro semanas y contra tan solo seis divisiones acorazadas (dirigidas, eso sí, por Heinz Guderian, que se pasó por el arco del triunfo las instrucciones de sus superiores del OKW). Igual que el comportamiento de las fuerzas británicas en el Lejano Oriente (hong Kong, Singapur…), criminal.

    Bueno, no quiero dar más spoliers. El libro tiene unas 900 páginas y es muy interesante, o al menos eso me parece.

    Y sobre las probabilidades de que Alemania hubiera acabado ganando la contienda… ni idea. James Holland dice que cero. La historiografía tradicional dice que bastante más que cero; algunos autores dicen que mucho, que casi, casi… yo no lo sé, claro, pero me encanta leer a unos y otros y así formarme mi propia opinión.

    Saludos.

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