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¿Has leído El auge de Alemania, de James Holland?




James Holland es un historiador inglés, hermano de Tom Holland, el autor de libros tan maravillosos como Fuego Persa[1] o Rubicón.[2] Pero mientras que Tom es especialista en el mundo antiguo, James es especialista en el siglo XX y, en particular, en la Segunda Guerra Mundial.

En efecto, habéis deducido bien, “El auge de Alemania” se refiere a la Alemania nazi que comenzó la contienda en 1939, y es la primera parte de una monumental trilogía denominada “La segunda Guerra Mundial en Occidente: una nueva historia”. Recientemente se ha publicado en España la segunda parte de la trilogía, “El contraataque aliado”, y se espera que el autor publique en breve el último volumen de la trilogía en versión original; viendo lo que ha pasado con los dos primeros volúmenes habrá que esperar seguramente un par de añitos para poder leerlo en español.

James Holland

No es muy normal que en El Cedazo publiquemos glosas de libros de historia, lo sé… pero a mí este libro me ha impactado, tanto por la forma en que está escrito, casi como una novela a pesar de ser historia pura y dura, como por la visión del conflicto que se presenta en él, visión que da la vuelta como un calcetín al relato hasta ahora imperante sobre la mayor matanza de la Historia de la Humanidad.

A mí, lector impenitente, siempre me ha apasionado la historia de la Segunda Guerra Mundial (WWII). Siendo adolescente comencé a leer los libros de Sven Hassel,[3] y otros autores; vi un montón de películas sobre el tema, la gran mayoría, ¡cómo no!, de Hollywood, por lo que su visión sobre el conflicto era, por decirlo suavemente, sesgada: norteamericanos buenos, ingleses también, pero no tanto, franceses y compañía… así, así. Japoneses y alemanes, por supuesto, malos, malísimos de la muerte. Y los rusos… bueno, salían bastante poco en las pelis de Hollywood, porque en plena Guerra Fría sería difícil para un guionista hollywoodiense explicar que los soviéticos también eran aliados de los aliados y que seguramente fueron ellos, los malísimos rojos, quienes a base de perder hombres y más hombres derrotaron definitivamente a los pérfidos nazis.

Con el tiempo leí libros de otros autores, vi películas alemanas, italianas, etc, que me hicieron ir cambiando la visión de la jugada a otra más ecléctica: ni todos los aliados eran tan buenos ni todos los del Eje eran tan malos. Y no estoy hablando precisamente de los líderes del III Reich o de la Unión Soviética, que esos sí que eran, definitivamente, de lo peor que ha dado el género humano en toda su historia.

Entonces, hace seis o siete años, al poco de publicarse, leí “La Segunda Guerra Mundial” de Antony Beevor, otro reputadísimo historiador británico, que significó un antes y un después para mí en la comprensión del conflicto. Efectivamente, la reciente apertura a los investigadores de archivos militares hasta entonces cerrados, sobre todo rusos, permitió dar una nueva visión a acontecimientos nunca suficientemente explicados. Me dije, cuando acabé de leer sus mil y pico páginas, que por fin se había escrito el libro definitivo sobre la WWII.

Pues sí… pero no. El libro de Beevor es magnífico, pero sigue de alguna forma imbuido por las creencias e ideas “tradicionales” sobre la guerra. Al fin y al cabo, Antony Beevor nació en 1946, y ha sido bombardeado durante su adolescencia y juventud, como todos los de aquella generación y las posteriores, yo mismo incluido, por la propaganda de unos y de otros, y mantiene de alguna manera buena parte de las convenciones habituales. Cito algunos ejemplos:

  • La Wehrmacht[4] era una máquina engrasada, completamente mecanizada, enérgicamente dirigida y comandada, un ejército formidable e imparable. Entretanto, Gran Bretaña estaba aislada, con un pequeño ejército mal formado y equipado, lento y que pasaba mucho tiempo “preparando el té”.

  • La Luftwaffe[5] tenía los mejores aviones con diferencia y los mejores pilotos; estaba magníficamente dirigida y su producción de aviones era inagotable, o poco menos, mientras la diminuta RAF intentaba contener sus embates a base de esfuerzo, coraje… y suerte.

  • La Batalla del Atlántico, la que libraron los submarinos alemanes hundiendo los mercantes que abastecían a Gran Bretaña, estuvo a punto, pero literalmente a punto de abocar a Gran Bretaña a la rendición por inanición.

  • La Batalla de Inglaterra, mientras la Luftwaffe bombardeaba objetivos estratégicos en Gran Bretaña y la RAF intentaba desesperadamente defender su país estuvo a puntito, también, de causar la rendición británica.

  • Los Estados Unidos, con su impresionante maquinaria militar, fueron quienes, poco menos que gratis et amore, doblegaron finalmente a los nazis: colosal producción bélica contra genialidad militar. Y por supuesto, y esto sí que no admite duda alguna, derrotaron ellos solitos al Imperio japonés… que tampoco era lo que nos han contado que era, pero bueno.

  • Etc.

Pues bien, todo esto es verdad… hasta cierto punto. O sea, más bien poco. Eso es lo que hace de este libro algo especial: con datos y cifras obtenidas de archivos oficiales de alta fiabilidad, echa por tierra muchas de las suposiciones y dogmas creados a lo largo de los años. Al fin y al cabo James Holland, nacido en 1970, está lo suficientemente alejado personalmente de la guerra en sí, pues no vivió ni la guerra propiamente dicha ni la posguerra, ni prácticamente la Guerra Fría, como para tener una visión mucho más clara y menos influenciada por la machacona propaganda de uno y otro bando. Eso, y la investigación llevada a cabo durante más de diez años en todos los continentes, revisando archivos antes nunca investigados, entrevistando a supervivientes, repasando diarios individuales y correspondencia de soldados en el frente… han dado como resultado una visión que contrasta con la “historia oficial”, por así decirlo.

Por ejemplo: la Wehrmacht era, con diferencia, el ejército menos mecanizado de los contendientes.[6] Sólo un pequeño porcentaje de sus divisiones estaban mecanizadas, el resto dependían de caballos y mulas para llevar la impedimenta,[7] y los soldados, de sus propios pies. En la invasión de Francia solamente 6 de las ciento y pico divisiones que intervinieron eran Panzer o estaban mecanizadas… a pesar de lo cual rindieron al enorme ejército francés (tres millones de combatientes muy bien pertrechados) en apenas mes y medio. No puede precisamente decirse que la dirección militar francesa fuera muy eficaz, porque además hacía ya nueve meses que Francia estaba en guerra declarada contra Alemania y los planes de defensa de su Estado Mayor no fueron lo que se dice muy eficaces.

Por ejemplo: la Luftwaffe disponía de algunos buenos aviones, sobre todo el caza Me-109, y de otros que eran un auténtico desastre, como el Me-110, “destructor”, el ojito derecho de Goering, que era más bien un destructor de sus tripulaciones, por no hablar del famoso Stuka, magnífico bombardero en picado… siempre que no hubiera cazas enemigos cerca, porque si los había, no tenían nada que hacer y caían como patos en galería de tiro. Y la dirección, desde Goering hasta el último general, era, por decirlo de modo suave, desastrosa.

Por ejemplo: nunca, ni en sus mejores sueños, hubiera podido rendir Alemania a Gran Bretaña, puesto que la Batalla del Atlántico y todos los hundimientos de barcos perpetrados por los submarinos apenas llegaron el 1% de todas las mercancías que llegaron a puerto británico sanas y salvas durante lo peor de la batalla, por no hablar de la Batalla aérea: los británicos producían más aviones que los alemanes, entrenaban más pilotos y tenían mucho mejores tácticas, basadas en la línea de radares costeros y un sofisticado sistema de defensa coordinado basado en la radio, que muchos aviones alemanes ni siquiera llevaban. Además, al librarse la batalla sobre territorio propio, cada vez que un piloto británico era derribado y llegaba a tierra en paracaídas o como fuera, estaba volando de nuevo el día siguiente, mientras que si el derribado era alemán, era capturado y, por tanto, no podía volver a volar nunca. La flota británica, la Royal Navy, era muchas veces más grande que la Kriegsmarine alemana, su flota mercante era gigantesca comparada con la diminuta flota alemana, y los recursos de todo tipo (combustible, minerales de todo tipo, alimentos, etc) disponibles para el Reino Unido eran, y lo fueron siempre, muchísimo mayores que los alemanes.

En fin, para muestra de cómo se las gasta el libro, un botón, sacado casi literalmente de la introducción del libro:

“… el Tiger alemán fue el blindado más poderoso, el mejor de toda la guerra. Cualquiera que se haya enfrentado a semejante monstruo, producido a partir de 1942, nos dirá que era una bestia terrible y muy superior a cualquiera del arsenal aliado. Era un blindado enorme con sus 58 toneladas de peso, y estaba equipado con un cañón de gran calibre, de 88mm, y dos terribles ametralladoras MG34. Además, su blindaje era extraordinario, por lo que la visión de los soldados aliados es perfectamente válida: era un monstruo implacable. Aunque sólo se produjeron en total 1.350 unidades,[8] los Tiger destruyeron decenas de miles de carros, transportes o cañones antiaéreos aliados.

“Sin embargo, el Tiger era tremendamente complicado, poco fiable desde el punto de vista mecánico, de mantenimiento muy difícil en combate,[9] y útil solamente en distancias cortas, puesto que sólo se podía trasladar en ferrocarril, para lo que necesitaba que le cambiaran previamente las cadenas, dado que de otro modo con sus 355 cm de ancho excedía la anchura máxima que cabía en los ferrocarriles continentales. Por si fuera poco, el Tiger era insaciable consumiendo combustible, quizás 500 litros de gasolina cada 100 kms, gasolina de la que los alemanes eran ya fuertemente deficitarios en 1942, cuando empezó a usarse, y además era demasiado pesado para la mayoría de puentes de la época, por lo que hubiera resultado inútil en una ofensiva militar.

“Ciertamente, para un soldado que se enfrente a un arma tan terrible ninguno de estos aspectos sería relevante: el Tiger era poderoso y amenazador, y cualquiera vería la muerte en su enorme cañón. Pero el historiador sí debe tener en cuenta todos estos aspectos. Creer que un arma es más mortífera que otras teniendo sólo en cuenta la palabra de alguien que la tuvo enfrente en una batalla no es acertado. Hay que tener en cuenta un panorama mucho más amplio y matizado, y al analizar estos aspectos y poner en tela de juicio estas visiones largamente aceptadas surgen visiones muy diferentes…”

Portada de El Auge de Alemania

Bueno, ya está bien de hacer spoilers. Es mucho mejor que lo descubráis por vosotros mismos leyendo este magnífico (y caro: unos 40 € la pieza) libro de unas 900 páginas.

Comienza su relato en el verano de 1939, a punto de producirse la invasión de Polonia, y finaliza en junio de 1941, a punto de dar comienzo la Operación Barbarroja, la invasión alemana a la URSS. El libro está repleto no sólo de los hechos y dichos de los mandatarios de cada país, sino también de las anotaciones y aportaciones de multitud de soldados, civiles, artistas o aristócratas de todos los bandos, que relatan el día a día del individuo anónimo que, también y quizás sobre todo, fueron los protagonistas de la mayor carnicería de la historia.

Os aseguro que os vais a llevar unas cuantas sorpresas.

Yo ya tengo en mi poder el segundo volumen, “El contraataque aliado”, que leeré cuando le llegue el turno y que, espero, me guste y me instruya tanto como lo ha hecho éste de hoy.

Disfrutad de la vida, mientras podáis.

  1. Sobre las guerras médicas libradas entre el Imperio aqueménida Persa y las ciudades griegas en el siglo V A.C. []
  2. Sobre la transformación de la República Romana en Imperio en la época de Julio César. []
  3. Imperdible, genial su primer libro: La Legión de los condenados, la supuesta historia autobiográfica en un batallón de castigo de la Wehrmacht, y digo supuesta porque parece que Sven nunca estuvo en semejante batallón, ni siquiera estuvo en la guerra, sino que se basó en testimonios de excombatientes. Sin embargo, todos sus libros se leen de corrido y son tremendamente realistas. []
  4. El Ejército de Tierra alemán. []
  5. El Ejército del Aire alemán. []
  6. De los importantes, claro. Polonia, Grecia, etc. estaban aún menos mecanizados que los alemanes, pero Francia e Inglaterra, incluso la URSS lo estaban más que la Wehrmacht. []
  7. Más de dos millones de caballos usó la Wehrmacht en la WWII, muchos más incluso que los utilizados en la Primera Guerra Mundial. []
  8. La URSS produjo casi 60.000 magníficos T-34 en el mismo periodo, por ejemplo. []
  9. Más de la mitad de las bajas de Tiger fueron debidas a fallos en la caja de cambios que fue imposible reparar. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 1 } Comentarios

  1. Gravatar Rafael | 08/08/2019 at 07:09 | Permalink

    Muchas gracias por la reseña.

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