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Inventos ingeniosos - El inodoro


Nota: Lamento la irregularidad en los artículos esta semana y la siguiente, pero son fechas difíciles para seguir un ritmo predecible en la elaboración de artículos, mucho menos aún episodios del podcast. ¡Gracias por vuestra paciencia! Haremos lo posible por ir dejando entradas en cuanto estén escritas.

Antes de nada, gracias a todos por responder con tanto entusiasmo a la petición de sugerencias para la serie. Vuestras ideas han sido tantas y tan interesantes que nos ha sido difícil decidir cuál atacar en primer lugar. Desde luego, tenemos muchos otros inventos sugeridos en la lista de “pendientes”, e irán cayendo según avance la serie. Sin embargo, uno de los que más se adecúan a los propósitos de la serie (ser humilde, cotidiano pero interesante) es el que nos ocupará hoy: el inodoro, váter, excusado o taza de baño.

Inodoro

Por si no conoces la serie, en Inventos ingeniosos tratamos de descubrir objetos e ideas de la vida cotidiana, y de poner de manifiesto que incluso las cosas aparentemente más anodinas tienen una historia y unas características fascinantes. Hablamos sobre el origen y el funcionamiento de cada invento, la etimología del nombre, las cosas curiosas relacionadas con él, etc.

Finalmente, antes de empezar a hablar del invento de hoy, un aviso: como puedes comprender, es difícil hablar del inodoro sin entrar en asuntos escatológicos y tal vez desagradables para algunos. Si te incomoda leer sobre estas cosas, francamente, no deberías leer un artículo titulado “El inodoro”. Avisado estás.

Desde relativamente pronto, el hombre fue consciente de la insalubridad de estar expuesto a sus propios excrementos (aunque, como veremos un poco más adelante, hubiera algún retorno a la ignorancia), y los pueblos más primitivos ya tenían cuidado de, al menos, alejarse de los lugares de vivienda para hacer sus necesidades. Como probablemente sabes, muchos animales tienen hábitos similares, de modo que no somos únicos en esto.

La cuestión es que, según la densidad de población aumenta, esta solución no sirve. Si en una zona grande vive un número de personas pequeño, es factible “perderse en la espesura” para dar rienda suelta a tan íntima tarea. Sin embargo, con la aparición de los primeros núcleos de población, eliminar los excrementos empezó a convertirse en un verdadero problema — no sólo por la incomodidad, la falta de intimidad o el olor, sino también por el problema de contaminación del agua potable y la propagación de enfermedades infecciosas.

La primera solución a este problema, muy anterior a cualquier sistema de alcantarillado (al que dedicaremos, sin duda, alguna entrada futura en esta serie), fue la letrina: un agujero en el suelo, normalmente en el interior de una pequeña estructura para proporcionar intimidad. A menudo, el agujero conducía a una cámara más o menos grande. Cuando se había llenado, se cerraba y se abría otra en otro lado, y así una y otra vez. En algunos lugares, las letrinas eran colectivas; en otros, cada núcleo familiar tenía la suya.

Letrina
Letrina de principios del s. XX en Jerome, Arizona. Crédito: Andrew Dunn, Creative Commons Attribution Sharealike 2.0 License.

La letrina, aunque es una solución tecnológica sencilla, supone aún problemas, tantos más cuanto mayor es la densidad de población: en primer lugar, no puede estar en la propia vivienda por el olor, que –independientemente de tapas o cierres– es inevitable. Por cierto, por si no has leído el artículo correspondiente, la idea de que el mal olor de los pedos y las heces es debida al metano es, en su mayor parte, un mito. El problema se agrava porque, aunque parezca mentira, los gases desprendidos por el pozo de la letrina son potencialmente peligrosos. De ahí que la mayor parte se construyan fuera de los edificios y con buena ventilación.

El segundo problema es la posible contaminación del agua potable. Muchas culturas bebían de manantiales o pozos cercanos a las casas, y excavar un pozo en el que almacenar excrementos, como puedes comprender, puede traer muchas complicaciones. Cuando llueve, el agua se filtra a través del terreno hasta alcanzar el nivel freático, cruzando el pozo… bueno, puedes imaginarte el resto. Una vez más, esto funciona relativamente bien cuando la densidad de población no es grande, pero llega un momento en el que no se sostiene demasiado bien.

Finalmente, y una vez más relacionado con la densidad de población: cuando se llena el pozo, se cierra y se abre otro. Bien, al cabo de unas décadas y una población razonable se tiene el terreno horadado de pozos hediondos. Existen soluciones sostenibles, como la elaboración de abono a partir de la descomposición de las heces, pero muchas culturas no las empleaban, de modo que el problema era considerable. Debería decir que es considerable, porque en muchos lugares –algunos de ellos con gran densidad de población– siguen sin existir sistemas de alcantarillado e inodoros modernos, con los consiguientes problemas de salubridad.

En cualquier caso, puede que te sorprenda saber lo pronto que el problema se solucionó por parte de algunas culturas. Aunque los sistemas de cisternas y alcantarillado antiguos mejor conocidos son los romanos (y hablaremos de ellos en un momento), ya existían cisternas y alcantarillado miles de años antes de los romanos: la Cultura del Valle del Indo había solucionado ya el problema hacia el año 2.600 a.C. En las ciudades de Harappa, Dholavira y Mohenjo-daro (en el moderno Pakistán) existían servicios con agua corriente que eliminaba los excrementos a través de alcantarillas.

Mohenjodaro Sindh
Mohenjo-daro. Crédito: M. Imran, Creative Commons Sharealike 1.0 License.

No era un sistema perfecto, pero eliminaba los principales problemas de las letrinas: el agua se llevaba los excrementos lejos y no permitía que los gases se acumulasen donde había gente. Naturalmente, al final el agua de deshecho acababa en el río, de modo que cualquier otro centro de población río abajo estaba recibiendo tus residuos. Sin embargo, antes de juzgar severamente a los habitantes de Mohenjo-daro, piensa que podían ir al baño cómodamente sin salir de la ciudad ni contaminar las calles, y después, si querían, podían ir a los Grandes Baños públicos de la ciudad a lavarse en piscinas impermeabilizadas con brea. En el mismo momento, tus antepasados y los míos probablemente estaban golpeándose unos a otros en la cabeza con piedras, mientras defecaban en la puerta de sus cabañas.

Sin embargo, los impresionantes avances –en este aspecto y en muchos otros– de la Cultura del Valle del Indo se perdieron con ella. No sería la última vez que los sistemas sanitarios de eliminación de excrementos sufrirían este destino: lo mismo sucedió de nuevo con la cultura minoica. Se han encontrado sistemas de cisternas y alcantarillado en la ciudad minoica de Akrotiri, en Chipre. Es como si, una y otra vez, la solución inteligente fuera descubierta por un pueblo, simplemente para desaparecer de nuevo con la destrucción de la cultura que la desarrolló.

La historia se repite de nuevo en el caso de Roma. Como probablemente sabes, los romanos eran muy aficionados a los baños públicos, y sus termas existen en muchos lugares de Europa. Lo mismo sucede con sus latrinas, que a pesar de llamarse así son mucho más parecidas a nuestros sistemas modernos que a una primitiva letrina (agua corriente bajo el asiento elimina los residuos). Lo curioso de las latrinas romanas es que, en muchos lugares, están agrupadas en habitaciones públicas, lo cual parece sugerir que la actividad era, en algunos casos, social, en vez de algo –como nos sucede ahora– de lo que avergonzarse y ocultar. Curioso, ¿verdad?

800px Ostia Toilets
“Latrinas” públicas romanas en Ostia Antica.

Pero con la caída del Imperio muchos de los avances en ingeniería romana se perdieron en gran medida: los europeos volverían a las primitivas letrinas, y el concepto del alcantarillado se perdería en el olvido durante siglos. El problema, además, se agravaría según avanzaba la Edad Media por el aumento de población. En los pueblos, las casas solían tener su letrina en una caseta cerca del edificio principal, pero ¿y en las ciudades? Solían hacer sus necesidades en recipientes de loza o metálicos, y luego echarlos por la ventana a la calle. Desgraciadamente, el “alcantarillado” era habitualmente un par de canalizaciones a los lados de la calle, por lo que, salvo que lloviera a menudo, el olor debía de ser nauseabundo, y la salubridad inexistente.

Llegamos ya al siglo XVI, cuando Sir John Harington desarrolla un sistema bastante parecido –salvo en un aspecto fundamental– a los actuales: un asiento con cisterna y que se vaciaba con el agua de ésta al accionar un mecanismo. Harington, que formaba parte de la corte de la Reina Isabel I de Inglaterra, ofreció su invento (que denominó “El Áyax”) a su soberana. Me pregunto cómo sería la conversación. Isabel (que era, además, la madrina de Harington) construyó uno en el Palacio de Richmond, aunque no lo usaba demasiado: al parecer, hacía demasiado ruido, no me preguntes cómo ni por qué.

El Áyax seguía teniendo un problema, aparte del ruido que pudiera hacer: salvo que se utilizase una cantidad enorme de agua, o que ésta estuviera corriendo continuamente, el reflujo de agua contaminada era casi inevitable, y el olor insoportable. Para poder disponer de sistemas así en las viviendas, era necesario desarrollar un mecanismo que hiciera imposible que el olor volviese a salir del “trono”.

La solución la dio Alexander Cummings, un relojero de Londres, en 1775 con su patente 814: el sifón. El sistema es simple pero eficaz, y consiste, como probablemente sabes, en una tubería en forma de S. Cuando el agua pasa por el sifón, la parte inferior de la S siempre queda con algo de agua, que actúa de cierre hermético del resto de la tubería (que conecta, tarde o temprano, con la alcantarilla). De este modo, los gases que pueda haber “al otro lado” no pueden salir, y es posible instalar todo el invento en la casa.

De ahí el nombre de inodoro: a partir de Cummings, el olor dejaría de ser un problema insoluble. Los otros nombres que utilizamos no tienen que ver con Cummings: excusado es de significado evidente, ahora que no somos como los romanos y necesitamos intimidad para realizar según qué actividades. El nombre de váter proviene del inglés water closet, “armario (o gabinete) del agua”, referido al hecho de que solía tratarse de una habitación pequeña en la que estaban no sólo el inodoro sino el baño y el lavabo, todo lo relacionado con el agua, y no –como piensan algunos– debido a que “encierra el agua” con el sifón. El nombre del artilugio proviene del de la habitación en ese aspecto.

A pesar de que el sistema de Cummings no era exactamente igual que los que utilizamos hoy (tenía una válvula deslizante que tendía a atascarse), fue el punto de partida para otros diseños de inodoros más eficaces, como el de Albert Giblin en 1819, que era más parecido a los nuestros y no tenía ninguna válvula en la taza. Sin embargo, los desarrollos ingleses tardaron bastante en llegar al continente: la instalación del primer inodoro fuera de Inglaterra tendría que esperar hasta 1860. Es más, fue construido por ingleses para una inglesa — la Reina Victoria. El váter fue instalado en las habitaciones de la soberana en el Castillo de Ehrenburg, en Alemania, y ella era la única persona que podía utilizarlo.

Pasarían años hasta que el público en general pudiera disfrutar de los inodoros: al principio fueron instalados en lugares públicos, como el Palacio de Cristal de Hyde Park, en Londres. Los londinenses, impresionados, acudían a utilizar este prodigioso invento al palacio. Allí, funcionarios vestidos de blanco los recibían y cobraban el penique que costaba sentarse en uno. De hecho, en Londres se extendió la expresión “voy a gastar un penique” para referirse a lo que te estás imaginando.

Palacio de Cristal
El Palacio de Cristal en 1851.

Finalmente, en la década de 1880 Thomas Crapper empezó a fabricar inodoros baratos y de gran calidad, lo cual hizo que se extendieran por muchas casas. Su diseño era ya muy parecido al nuestro: una cisterna que se llena de agua y tiene un tapón; cuando se tira de la cadena o se acciona la palanca se destapa la cisterna, y el flotador cierra la entrada de agua cuando la cisterna se ha llenado de nuevo. Curiosamente, el significado literal de crapper es “cagador”, lo que ha hecho que mucha gente considere a este inglés como el inventor del inodoro (mentira), y a otros a pensar que tal persona no existió y que se trata de una broma (también mentira).

De modo que, estimado lector, propongo que la próxima vez que estemos sentados en uno, sin moscas, contaminación del agua potable, olores peores que los inevitables ni reflujo de aguas negras, en la comodidad de nuestro propio cuarto de baño, dediquemos unos segundos de agradecido silencio a Crapper, Cummings, Harington y los anónimos inventores de Roma y Mohenjo-daro. La vida sería bastante más incómoda sin su labor.

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    { 12 } Comentarios

    1. Gravatar Carlos Menéndez | 24/12/2007 at 01:24 | Permalink

      Super interesante. Siempre había creído que los romanos eran los “inventores” del alcantarillado y similares.

      Es curioso lo que resaltas en el artículo, una cultura conseguía un avance -para nosotros importante- pero su sucesora no le hacía ni caso…

    2. Gravatar Moko | 24/12/2007 at 02:20 | Permalink

      Oído cocina, entrada de la Wikipedia corregida ;-)

      Muy interesante esta entrada sobre un objeto de uso cotidiano que, efectivamente, recibe mucha menos admiración de la que merece. Podría ser interesante hablar además de los diferentes tipos. Aquí en Holanda, por ejemplo, el modelo más común es uno en el que las heces caen amontonándose sobre una superficie horizontal de la cerámica, y no en el agua. Nunca he entendido muy bien la utilidad, pero puedo mandar alguna foto…

    3. Gravatar Pedro | 24/12/2007 at 02:43 | Permalink

      Moko,

      ¿No es ése el mismo sistema que usan los alemanes? Nunca he entendido la utilidad yo tampoco, parece más eficaz (en lo que al olor se refiere) que haya agua debajo. Por mí, no hace falta que mandes foto, pero si la gente quiere ver el sistema, no problem, la cuelgo y punto :)

      Por cierto, ahora mismo cambio yo el artículo para que no aparezca referencia al error de Wikipedia, ¡gracias!

    4. Gravatar Dubitador | 24/12/2007 at 02:55 | Permalink

      Moko es interesante la pregunta que te haces respecto al diseño holandes de vater, y creo que tambien aplicable al aleman. Por lo visto el examen de las heces es una forma de detectar/evaluar problemas de salud y/o disfunciones digestivas, y de ahi que el diseño de la taza determine que aquellas no caigan directamente en el agua del sifon.

    5. Gravatar Dubitador | 24/12/2007 at 04:15 | Permalink

      Creo que conviene comentar que el tema del inodoro tiene su importancia, si se consideran las singulares, incluso tragicas, implicaciones que el asunto de la higiene, mistica, manias y estupideces de tradicion cultural (imbecilitas culturalis), que han existido -y aun persisten- al respecto.

      En tal sentido, creo que en lugares de la India y entre los pueblos semiticos, en particular los de tradicion mahometana, se considera que la mano izquierda es la menos noble y por lo tanto la preceptiva para acometer el ultimo rito de la higiene defecatoria, esto es limpiarse el culo.

      El uso del llamado papel higienico, u otros materiales aproximadamente aptos a tal fin, es algo mas bien reciente y por completo excepcional en el pasado y aun en muchos sitios hoy en dia, de modo que no queda mas opcion que el usar los dedos y luego, peor que mejor, proceder a lavarselos, peculiaridad que probablente no pocos turistas habran podido observar al ver que en vez del clasico rollo de papel solo se dispone de una suerte de grifo de agua corriente.

    6. Gravatar Mikel | 24/12/2007 at 08:51 | Permalink

      “[...]En el mismo momento, tus antepasados y los míos probablemente estaban golpeándose unos a otros en la cabeza con piedras, mientras defecaban en la puerta de sus cabañas.[...]“

      Me ha molado esa reflexion xDDDD

    7. Gravatar Half Time | 25/12/2007 at 12:40 | Permalink

      Yo tenía entendido que las tazas que menciona Moko en el comentario #2 eran así para obligar a los hombres a mear sentados y así evitar desagradables salpicaduras. Porque mear de pie en una taza de las que hay en España es fácil, pero si lo ahces en una taza de esas seguro que terminas salpicado por todas partes. La única forma de evitarlo es hacerlo sentado.

    8. Gravatar MPC | 28/12/2007 at 07:45 | Permalink

      Moko no hace falta que mandes foto, esta entrada del blog de Aitor García (http://www.aitorgarcia.net/el-water-comunista/) lo explica todo gráficamente y con mucha gracia. La verdad es que la primera vez que leí la entrada lloré de la risa, sobre todo con lo del “efecto tope”.

    9. Gravatar catalina pimentel | 03/01/2008 at 12:09 | Permalink

      es el mejor texto de propósito informativo que he leído en mi vida.

    10. Gravatar alfredo arias | 01/03/2008 at 09:18 | Permalink

      ES MUY INTERESANTE EL ARTICULO, ME GUSTARIA SI PUDIERAS HABLARAS UN POCO O UN MUCHO DEL SIST. HIDRAULICO, COMO FUNCIONA,? POR MEDIO DE CALCULO PUEDO CALCULAR EL FUNCIONAMIENTO, CONSUMO? OJALA TUVIERAS RESPUESTA A MIS PREGUNTAS TE LO AGRADECERIA MUCHO.

    11. Gravatar Pedro | 02/03/2008 at 08:39 | Permalink

      alfredo,

      Lo siento, pero no tengo ni el tiempo ni los conocimientos necesarios para hacer lo que me pides :(

    12. Gravatar Naeros | 25/06/2008 at 02:17 | Permalink

      Esto me ha recordado un dibujo que vi hace tiempo de cómo funcionaban las letrinas en los castillos para la gente noble. Se trataba de agujeros en un asiento (del estilo de la foto de los romanos) que daban a una tubería o simplemente un agujero en la piedra y que daban a parar al exterior, de forma que los “reflujos” adornaban las murallas exteriores. Me pareció muy curioso…

    { 1 } Trackback

    1. Gravatar meneame.net | 25/12/2007 at 09:26 | Permalink

      Historia del inodoro

      Historia de un invento tan ingenioso como imprescindible.

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