El Tamiz

Ignora lo accesorio, atesora lo esencial

Conoce tus elementos - El estroncio

Nota: Como sigo malo y no puedo escribir mucho, combinaremos febrero y marzo en un único número de compilación, de modo que no os preocupéis cuando no llegue febrero. ¡Lo siento!

Seguimos hoy nuestro viaje por la tabla periódica en Conoce tus elementos. En la última entrega de la serie hablamos sobre el elemento químico de 37 protones, el rubidio. Hoy lo haremos, por tanto, del elemento de 38 protones, otro metal muy reactivo: el estroncio.

Se trata de uno de esos elementos que cumplen una propiedad para ser descubiertos pronto, pero no la otra: es muy abundante en la corteza terrestre, pero no se encuentra puro jamás. Por lo tanto, es uno de esos “elementos escondidos”, con los que hemos convivido durante toda nuestra existencia en el planeta sin saber que estaban ahí. De hecho, como veremos luego, lo de convivir no es una manera de hablar: el estroncio es una parte de tu propio cuerpo.

Los Discorsi de Galileo - Primer día (V)

Hoy continuamos con la traducción comentada de los Discorsi de Galileo, el libro que estableció varias de las bases de la física moderna y sirvió de trampolín a Newton. Si llegas aquí de nuevas, lo mejor es que empieces desde el principio.

Habíamos dejado a Salviati, Sagredo y Simplicio discutiendo sobre el infinito: infinitos volúmenes infinitamente pequeños constituyendo los espacios interiores de la materia, con vacíos diminutos e innumerables manteniéndola unida –una noción falsa, pero fascinante–.

El obstáculo en la discusión es el propio concepto de infinito, que antes del italiano no había recibido demasiada atención en Occidente. Pero Galileo se dedica a examinarlo con el detalle del que es capaz en el siglo XVII. Ojo, porque hoy hace falta cierto grado de visión espacial y algo de geometría, pero no te preocupes porque iremos de la mano con figuras auxiliares que los lectores originales no tenían.

Premios Nobel - Física 1920 (Charles Édouard Guillaume)

Nos hemos saltado un premio en la serie de los Premios Nobel: el de Química de 1919. La razón, como alguna otra vez nos ha pasado, es que no se entregó galardón de Química ese año. De ahí que pasemos del Nobel de Física de 1919, el de Johannes Stark por sus descubrimientos del efecto Doppler y el desdoblamiento de líneas en los rayos canales, al de Física de 1920 con el que disfrutaremos hoy. El premio de 1920 fue entregado al suizo Charles Édouard Guillaume, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,

En reconocimiento al servicio que ha otorgado a las medidas de precisión en Física gracias a su descubrimiento de anomalías en las aleaciones de acero al níquel.

Esto puede no sonar muy fascinante… y, a diferencia de otras veces, realmente no lo es; al menos, por mucho que he leído sobre el asunto, no he encontrado demasiadas cosas interesantes sobre las que hablar. Por lo tanto, este artículo será relativamente corto.

De viaje

Esta brevísima nota es sólo para deciros que mañana me voy en un viaje inesperado de unos diez días. Como no lo he planeado, es inevitable que afecte al ritmo de publicación: tengo un artículo en la recámara pero luego habrá un hueco hasta que pueda volver a casa y escribir.

Intentaré ir publicando los comentarios y esas cosas durante mi ausencia, porque creo que tendré acceso a la red, pero no puedo prometer nada. Al menos, os aseguro que cuando esté frente a la tumba de Galileo (que lo estaré) hincaré la cabeza en un saludo a nuestro Académico.