El Tamiz

Ignora lo accesorio, atesora lo esencial

De viaje

Esta brevísima nota es sólo para deciros que mañana me voy en un viaje inesperado de unos diez días. Como no lo he planeado, es inevitable que afecte al ritmo de publicación: tengo un artículo en la recámara pero luego habrá un hueco hasta que pueda volver a casa y escribir.

Intentaré ir publicando los comentarios y esas cosas durante mi ausencia, porque creo que tendré acceso a la red, pero no puedo prometer nada. Al menos, os aseguro que cuando esté frente a la tumba de Galileo (que lo estaré) hincaré la cabeza en un saludo a nuestro Académico.

Enviado enero de 2015

Ya está enviado a mecenas y colaboradores habituales la compilación de artículos de enero. Los formatos son los habituales (PDF, epub, mobi, fb2 y HTML), con las versiones de libro electrónico gracias a johansolo, como siempre. En el número de diciembre:

  • La viruela (III)
  • Los Discorsi de Galileo - Primer día (IV)
  • Premios Nobel - Física 1920 (Charles Édouard Guillaume) (aún sin publicar)

Gracias, como siempre, a todos los que ayudáis de alguna manera, y que disfrutéis la lectura.

Los Discorsi de Galileo - Primer día (IV)

Seguimos hoy nuestra conversación con Salviati, Sagredo y Simplicio en la traducción comentada de los Discorsi de Galileo, publicados en 1638. Es absurdo leer esto sin empezar desde el principio, de modo que si no sabes de qué va el asunto, te recomiendo la presentación para que sigas desde allí.

Habíamos dejado a los tres amigos discutiendo sobre la posibilidad de que la materia contuviese un número infinito de espacios vacíos en un volumen finito. La cuestión del infinito es tela marinera hoy en día, y lo era mucho más en el siglo XVII, cuando nuestras Matemáticas aún no le habían hincado el diente de veras.

Pero ése es uno de los encantos del libro de Galileo: el italiano ataca los problemas con agudeza, pero sin una base teórica, con la misma ingenuidad que un niño. Eso sí, un niño con una inteligencia privilegiada, claro, con lo que incluso cuando no llega a conclusiones correctas es una delicia pensar con él.

Estrellas, y diciembre de 2014 disponible para todo el mundo

Dos cosas muy rápidas. Por un lado, ya tenéis disponible, como cada año por estas fechas, el número de diciembre de nuestra pobre “revista”, el compendio de los artículos del mes. Como pequeño regalo navideño, el archivo está disponible para descargar para todo el mundo y podéis acceder a él pinchando en la portada.

Los formatos son los habituales (PDF, epub, mobi, fb2 y HTML), con las versiones de libro electrónico gracias al inimitable johansolo, para variar. En el número de diciembre:

  • La viruela (II)
  • Los Discorsi de Galileo - Primer día (III)
  • Llega la clonación cuántica

Por otro, para que veáis que en vacaciones no me rasco la panza, aunque no publique mucho, he estado trabajando como un poseso preparando el próximo libro, que será La vida privada de las estrellas (revisada y ampliada, sobre todo gráficamente). No puedo decir mucho aún, más que será caro y precioso, pero al menos puedo compartir con vosotros un borrador (que seguro que tiene errores tipográficos y de formato, porque no lo ha revisado nadie aún).

Es el capítulo de los tipos espectrales, que podéis descargar aquí.

La viruela (III)

Nota: Ya sé que no hemos mandado el número de diciembre, porque como cada año, lo colgaremos para todo el mundo como pobre “regalo navideño”. Solemos hacerlo el día de Reyes, pero esta vez no me he dado cuenta y se lo he pasado tarde a johansolo, con lo que tardará un poquito más que otras veces. ¡Paciencia!

En la anterior entrega dedicada a la viruela entramos, por fin, en una etapa más alentadora que las anteriores. Hablamos sobre la variolación, mediante la cual se redujo mucho la mortalidad debida a esta enfermedad, aunque nadie supiera exactamente por qué. Pero este primer triunfo conta la viruela era sólo eso, un primer paso: cosas más maravillosas estaban por venir.

Como dijimos al final de la entrega anterior, en 1756 fue variolado un niño inglés, Edward Jenner. El proceso fue, como solía ser siempre, muy desagradable, en parte por nuestra ignorancia sobre el carácter microbiano de la enfermedad. En preparación para la variolación se sangraba a los niños, se los ponía a dieta durante días y se los sometía a todo tipo de barrabasadas para “purificar” su sangre. Esto hacía, por supuesto, que estuvieran especialmente débiles al recibir la variolación, y a su vez esto disminuía sus posibilidades de sobrevivirla… pero, como digo, nuestra ignorancia era entonces tremenda.

El caso es que este niño variolado, Jenner, estudió medicina bajo la tutela de Daniel Ludlow, que a su vez recomendó al joven como aprendiz a un médico que ejercería una gran influencia sobre él: John Hunter. Hunter era un buen ejemplo de una nueva estirpe de médicos británicos en la segunda mitad del XVIII: no se limitaba a repetir los tratamientos tradicionales, sino que investigaba para descubrir otros nuevos empleando el método científico, y cuestionaba las supuestas verdades conocidas desde siempre. Se consideraba a sí mismo (y con razón) un científico por encima de todo, y desde 1767 fue miembro de la Royal Society.