El Tamiz

Si no eres parte de la solución eres parte del precipitado

Los Discorsi de Galileo - Primer día (III)

Ésta es la tercera parte del primer día de los Discorsi de Galileo Galilei. Si no sabes de lo que hablo, puedes encontrar la presentación de esta traducción comentada aquí, y las dos partes anteriores aquí y aquí.

Habíamos dejado a Salviati, Simplicio y Sagredo hablando sobre el vacío, y Galileo nos había mostrado una manera magistral de cuantificar la “fuerza del vacío” con un émbolo del que se colgaba un cubo al que se iba añadiendo peso. Para seguir con el diálogo, como hice la última vez, pongo aquí la última intervención de la entrega anterior:

La viruela (II)

En la primera parte de este artículo hablamos sobre la viruela, causada por Variola virus, y nuestra terrible relación con la enfermedad en la Antigüedad y la Edad Media. Como vimos, desde las regiones densamente pobladas de Asia donde fue endémica desde hace milenios, la viruela se extendía de vez en cuando en una tremenda epidemia por otras regiones, matando a un tercio de la población antes de desaparecer durante unas décadas o un siglo. Posteriormente, tras el aumento de la densidad de población europea y la selección causada por repetidas epidemias, la viruela se convirtió en una constante de la vida: casi todos los niños asiáticos, africanos y europeos estaban expuestos a ella y algunos de ellos morían, pero del hachazo periódico el horror se convirtió en algo más cotidiano y más apagado.

Otras poblaciones, sin embargo, no habían sufrido esos hachazos, ya que como dijimos la separación entre ellas y las regiones de endemismo ancestral se había producido antes de la mutación de Variola virus para afectar al ser humano. El reencuentro entre unos y otros seres humanos era inevitable, y también terrible por muchas razones; la más devastadora de esas razones, la viruela.

Hoy hablaremos del terrible azote que esa enfermedad supuso para americanos y australianos y, por fin, del primer golpe del ser humano contra la enfermedad, que reduciría su mortalidad hasta la décima parte de su valor anterior. ¡Sí, por fin algo de optimismo! ¿Preparado?

Los Discorsi de Galileo - Primer día (II)

Por si no sabes de qué va esto, nos encontramos leyendo juntos una traducción comentada de los Discorsi e dimostrazioni matematiche, intorno à due nuove scienze (Discursos y demostraciones matemáticas en torno a dos nuevas ciencias, la última obra de Galileo Galilei. Tras la introducción, dedicatoria y presentación empezamos con el primer día de los diálogos, en el que conocimos a Sagredo, Salviati y Simplicio, cuya conversación continuamos hoy.

Esta vez, como verás, entramos en Física con mayúsculas y Galileo muestra su absoluto genio experimental, así como su intuición. Para recordarte dónde estábamos en el diálogo –esto lo haré siempre– empezaremos con la última intervención del fragmento anterior. Ya intenté romper el texto en un sitio en el que hubiese un cambio de tercio, para que no hubiera demasiada discontinuidad, pero en cualquier caso no está mal recordar lo que estaban diciendo los tres amigos y seguir desde ahí. Reunámonos con ellos de nuevo:

Enviado el número de noviembre de 2014

Ya está enviado el enlace al número de noviembre a mecenas y colaboradores. Los formatos son los habituales: pdf, epub, mobi, fb2, html. También como siempre, las versiones de libro electrónico son gracias al incansable johansolo.

En el número de noviembre:

  • Los Discorsi de Galileo - Primer día (I)
  • La viruela
  • Los Discorsi de Galileo - Primer día (II) (aún sin publicar)

¡Que lo disfrutéis!

La viruela

Nota: En el último artículo de la serie dije que el siguiente sería sobre la Segunda Guerra Chino-japonesa, pero tras releer los más recientes he cambiado de opinión. La guerra biológica fue algo tan deprimente que he preferido no seguir con más guerra, sino hablar sobre algo en lo que el ser humano ha usado el conocimiento para salvar vidas en vez de matar. De ahí que esta entrada sea sobre la viruela, su vacuna y erradicación, y no la guerra. Ya sé que es raro hablar de una enfermedad como algo positivo, pero según avance el artículo –no en esta primera parte, sino luego– verás a lo que me refiero.

Como sabéis los viejos del lugar, Hablando de… es la serie caótico-histórica de El Tamiz. En ella hablamos de asuntos variados: empezamos la serie hablando sobre el ácido sulfúrico, luego enlazamos con su descubridor, Geber, y de ese modo hemos continuado.

En los últimos artículos hemos hablado sobre el concepto de infinito, cuyo tratamiento matemático sufrió duras críticas por parte de Henri Poincaré, el precursor de la teoría del caos, uno de cuyos padres, Sir Robert May, fue Presidente de la Royal Society de Londres, sociedad formada a imagen de la Casa de Salomón descrita en el Nova Atlantis de Francis Bacon cuando científicos de las siguientes generaciones leyeron sus escritos, como le sucedió a Robert Boyle, cuyo trabajo en óptica fue bienintencionado pero muy inferior al de otros estudiosos de la naturaleza de la luz, cuyo carácter de onda electromagnética nunca hubiéramos descubierto sin la ayuda de Michael Faraday, que también propuso mejorar el alcantarillado de Londres pero no se le hizo caso porque no había sido aceptada aún la teoría microbiana de las enfermedades, que la humanidad empleó para crear la guerra biológica, mediante la que se produjeron infecciones intencionadas de enfermedades como la viruela.

Pero hablando de la viruela…