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Los dioses de Pegāna – Las reflexiones de Slid




En la delirante serie sobre Los dioses de Pegāna, la semana pasada conocimos al siniestro Sish y a su sabueso, el Tiempo. Hoy nos encontramos con un dios que creo que os resultará bastante más simpático; al igual que Kib, un poco juguetón y no demasiado obediente… y a veces, como todos ellos, terrible, porque muchos son los humores de los dioses.

LAS REFLEXIONES DE SLID

(Cuya Alma está en la Mar)

Slid dijo: “Que ningún hombre rece a MANA-YOOD-SUSHAI, pues ¿quién va a molestar a MANA con las preocupaciones de los mortales o incomodarlo con las penurias de todas las casas de la Tierra?”

“Que nadie haga tampoco sacrificios a MANA-YOOD-SUSHAI, pues ¿qué gloria encontrará en los sacrificios o los altares, Él que ha creado a los propios dioses?”

“Rezad a los dioses menores, que son los dioses de la Acción; pero MANA es el dios de la Acción Realizada — el dios de la Acción Realizada y el Descanso.”

“Rezad a los dioses menores y esperad que os oigan. Pero ¿qué misericordia pueden tener los dioses menores, los mismos que han creado la Muerte y el Dolor? ¿O es que deberían detener a su viejo sabueso, el Tiempo, por vos?”

“Slid es sólo un dios menor. Pero Slid es Slid — así está escrito y así ha sido dicho.”

“Rezad, pues, a Slid, y no olvidéis a Slid, y tal vez Slid no se olvide de enviaros a la Muerte cuando más la necesitéis”.

Y las gentes de la Tierra dijeron: “Hay una melodía en la Tierra como si diez mil arroyos cantasen todos juntos sobre los hogares que abandonaron en las colinas”.

Y Slid dijo: “Soy el Señor de las aguas que fluyen y de las aguas espumosas y las aguas en calma. Soy el Señor de todas las aguas del mundo y la de todos los arroyos que la recogen en las colinas; pero el alma de Slid está en la Mar. Allí va todo lo que fluye sobre la Tierra, y el fin de todos los ríos es la Mar.”

Y Slid dijo: “La mano de Slid ha jugado con cataratas, y los pies de Slid han recorrido los valles, y los ojos de Slid han mirado desde el fondo de los lagos de las llanuras; pero el alma de Slid está en la Mar.”

Slid recibe mucha devoción entre las ciudades de los hombres, y son agradables los caminos de los bosques y los caminos de las llanuras, y son agradables los altos valles donde él baila en las colinas; pero Slid no permite que lo detengan fronteras ni orillas — así que el alma de Slid está en la Mar.

Pues allí puede Slid descansar bajo el sol y sonreír a los dioses sobre él con todas las sonrisas de Slid, y ser un dios más feliz que Aquellos que modelan los Mundos, cuyo trabajo es la Vida y la Muerte.

Allí puede sentarse y sonreír, o moverse entre los barcos, o gemir y suspirar entre las islas para su gran satisfacción — el mísero señor de riquezas incontables en gemas y perlas.

O allí puede, cuando Slid desea desfogarse, alzar sus grandes brazos en alto, o sacudir la poderosa cabeza cubierta de pelo, y cantar en voz alta terribles canciones fúnebres de naufragio, y sentir por todo su cuerpo el tremendo poder de Slid, y mover el propio Mar. Entonces el Mar, como legiones venturosas en la víspera de la guerra que se exaltan aclamando a su líder, hace acopio de su fuerza bajo todos los vientos que rugen y sigue a Slid, y canta y estalla para vencer a todas las cosas — y todo ello a una voz de Slid, cuya alma está en la Mar.

Hay paz en el alma de Slid y hay calma en la Mar; también hay tormentas en el mar y preocupaciones en el alma de Slid, pues los dioses tienen muchos humores. Y Slid está en muchos lugares, pues se sienta en Pegana. También por los valles camina Slid, en cualquier sitio en el que el agua está quieta o se mueve; pero la voz y el canto de Slid provienen de la Mar. Y a cualquiera que alcanza ese canto debe seguirlo y seguirlo, dejando atrás todas las cosas estables, para estar por siempre con Slid en todos los humores de Slid, para no encontrar descanso hasta llegar al Mar.

Con el canto de Slid ante ellos y las colinas de su hogar tras ellos han llegado cientos de miles al Mar, y sobre sus huesos se lamenta Slid con la voz de un dios que llora por su pueblo. Incluso los arroyos de las tierras interiores han oído el lejano canto de Slid, y todos ellos han olvidado praderas y árboles para seguirlo hasta donde Slid reúne a los suyos, para regocijarse cuando Slid se regocija, para cantar el canto de Slid, de igual modo que lo harán en el Fin todas las Vidas de las Gentes a los pies de MANA-YOOD-SUSHAI.


Sobre el autor:

Pedro (Pedro Gómez-Esteban)

 

{ 1 } Comentarios

  1. Gravatar sebacine | 26/03/2010 at 02:38 | Permalink

    “Que ningún hombre rece a MANA-YOOD-SUSHAI…” mmm… me parece que se va a armar un lío acá. :D

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