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Mitos, Leyendas y otros Desvaríos – La Creación del Hombre (primera parte)




Mitos antropogónicos griegos

Los mitos antropogónicos son aquellos que se ocupan de la creación del ser humano, y en el caso de la cultura griega poseemos más de una versión, las cuales serán presentadas en este artículo intentando unificarlas. He optado por este enfoque porque, en general, es fácil encontrar en Internet páginas donde se narran estos mitos por separado, obviando por completo las otras versiones o incorporando ciertos segmentos, pero sin aclarar su procedencia. Además, al igual que los anteriores que he narrado, son mitos bastante conocidos, razón por la cual prefiero sacrificar un poco la linealidad del relato en pos de un enfoque más amplio y, si me es posible, un análisis más profundo. Otra razón que determinó la elección de esta estructura es que por lo general me inclino a dejar que cada relato o tema me sugiera el modo apropiado para narrarlo. Simplificando las palabras de mi profesora de guión, ésto sería dejar que el “qué” estamos contando, determine “cómo” vamos a hacerlo.

Por último, como verán, en estos relatos Prometeo cumple un papel muy importante. Pero al mismo tiempo está muy ligado a Deucalión y el diluvio. Mito éste último que prefiero postergar hasta el próximo artículo, porque hay mucho que decir sobre este tema, en especial al hablar de otras culturas. 

Estimados Lectores, serán ustedes quienes juzguen si la modalidad elegida fue la adecuada…

El Mito de las Edades 

Hesiodo inspitado por la Musa

Hesiodo inspitado por la Musa

En Trabajos y Días, Hesíodo nos brinda una detallada descripción del habitualmente llamado “Mito de las Edades”, donde la humanidad pasa por un proceso de degradación progresiva, comenzando por la Edad de Oro, en los tiempos en los que aún reinaba Crono, pasando por la Edad de Plata, luego la de Bronce, la de los Héroes o Semidioses y finalmente la actual Edad de Hierro. Pero esta degeneración no es tan progresiva como puede parecernos en un principio, y existen varios detalles a tener en cuenta. Por ejemplo, es interesante destacar que el autor afirma en principio que los dioses y los hombres tuvieron un mismo origen. Pero luego nos dice: al principio los inmortales que habitan mansiones olímpicas crearon una dorada estirpe de hombres mortales. Como se ve, tener un mismo origen y ser creados por los dioses olímpicos son cosas distintas.

Esta posible contradicción es motivo de discrepancias entre especialistas, y ha suscitado dudas sobre la autenticidad del primer verso mencionado. Lo que sí está claro es que todos nosotros hubiéramos preferido vivir en esos tiempos, porque estos afortunados hombres vivían como dioses. Sus corazones estaban libres de sufrimiento, no había ni fatiga ni miseria, y se la pasaban de banquete en banquete, totalmente libres de preocupaciones. La muerte caía sobre ellos como un sueño y poseían toda clase de alegrías. Los campos producían excelentes y abundantes frutos de forma espontánea. Eran ricos en rebaños y entrañables a los dioses bienaventurados. Una maravilla, pues.

Como si todo esto fuera poco, cuando la tierra sepultó a esta raza, no se nos aclara por qué razón, Zeus los nombró protectores de la Humanidad, dándoles la tarea de vigilar las malas acciones, yendo a todos los rincones de la tierra envueltos en niebla. No sé si se nota, pero los habitantes de la Edad de Oro me caen muy mal. Tanta felicidad ajena… Pero no se lo digan, porque también son dispensadores de riquezas. Aunque, revisando mi billetera, me da la impresión de que ya saben lo de mi inquina hacia ellos…

Luego de éstos, los olímpicos crearon una segunda estirpe, de Plata. Pero eran mucho más feos y menos inteligentes que los anteriores. Durante cien años se criaban junto a su madre, pasando casi toda su vida en su casa, y cuando se hacían hombres vivían llenos de sufrimientos a causa de su ignorancia. Además eran muy violentos y se negaban a hacer sacrificios en honor de los dioses. Zeus, irritado, los sepultó en la tierra. Aún así, estos genios subterráneos gozan de cierta consideración entre los dioses.

La tercera estirpe de hombres creada fue la de Bronce. Terribles y vigorosos, estos seres sólo se interesaban en la guerra y los actos de soberbia. De bronce eran sus armas, de bronce sus casas y con bronce trabajaban; no existía el negro hierro. También éstos, víctimas de sus propias manos, marcharon a la vasta mansión del cruento Hades, en el anonimato. Como podemos ver hasta aquí, es claro el proceso de degradación entre las diferentes estirpes creadas, donde cada una se nos presenta como inferior a la anterior. Pero la siguiente edad no mantiene tal continuidad. 

Una vez sepultados los hombres de la Edad de Bronce, Zeus Crónida fecundó sobre el suelo otra cuarta estirpe de Héroes o Semidioses. A unos, la guerra funesta y el temible combate los aniquiló, bien al pie de Tebas, la de siete puertas, en el país Cadmeo, peleando por los rebaños de Edipo, o bien después de conducirles a Troya en sus naves, sobre el inmenso abismo del mar. Muchos de estos héroes tuvieron el honor de ser llevados lejos de los hombres, a las Islas de los Afortunados[1] 

La última raza de hombres que fue creada es la de Hierro. Raza a la que pertenecemos todos nosotros, al igual que Hesíodo, quien se queja amargamente de este infortunio, deseando haber pertenecido a la anterior o, en su defecto, a la raza venidera, ya que también nosotros seremos aniquilados tarde o temprano. Si alguno de ustedes pensaba hacerse devoto de Zeus para escapar del Apocalipsis, eligió mal. 

Muy bien, hasta aquí la cosa viene bastante clara. Sabemos que la Edad de Oro surgió en tiempos en los que aún reinaba Crono. Si repasamos un poco el artículo anterior, veremos que esto es, por lo tanto, después del reinado de Urano, quien estaba casado con su madre Gea, y antes de que Zeus le arrebatara a su padre Crono el mandato. Sabemos también que tanto la Edad de los Héroes como la actual de Hierro son posteriores a todos estos sucesos que acabo de mencionar. Pero siguiendo al mismo autor, y dejando de lado las controversias sobre su autoría, encontramos también el Mito de Prometeo, donde también se habla de la creación del Hombre, e incluso está narrado dos veces, de forma muy similar, pero no idéntica. También podemos encontrar este mito en Apolodoro, en la tragedia de Esquilo, Prometeo Encadenado y en el diálogo de Platón, Protágoras. Muchas versiones y, sobre todo, muchas contradicciones. ¿Cómo narrarlo entonces? De una forma quizás un poco tonta, pero, con un poco de suerte, más didáctica.

Supongamos que somos una especie de detectives celestiales, cuya tarea es investigar cómo fue creado el hombre y hasta qué punto fue justo o injusto el castigo de Prometeo, ya que, como veremos más adelante, éste fue condenado por Zeus a ser encadenado a una roca, mientras un águila monstruosa le devoraba el hígado, que a su vez se regeneraba, sólo para seguir siendo devorado nuevamente. Los cargos por los que el acusado fue sometido a tal tormento son los de robo, estafa y desacato a la autoridad celestial. Sin embargo, sus antecedentes son impecables.

Prometeo es hijo del Titán Jápeto y la oceánide Asia[2]. También es hermano de Atlas, Menetio y el torpe Epimeteo. Pese a pertenecer a la raza de los Titanes, cuando Zeus se enfrentó a Crono en la antes narrada Titanomaquia, Prometeo se puso del lado de Zeus, contribuyendo notoriamente a la victoria de los dioses Olímpicos. Está claro que, hasta aquí, Zeus no tenía nada de qué quejarse. Veremos entonces qué tienen para decirnos los diferentes testigos, así que preparen su olfato de sabueso, porque vamos a interrogar a todos estos autores para ver quién de ellos nos está dando la versión más creíble. 

 

El Caso Prometeo (Según Platón) 

Busto de Platon

Busto de Platon. Fuente Wikimedia

Sucedió un día, en un tiempo en el que existían los dioses, pero no las especies mortales. Cuando a éstas les llegó, marcado por el destino, el tiempo de la génesis los dioses, las moldearon con tierra y fuego. Luego, le encargaron a Prometeo y a Epimeteo que las revistiesen de facultades, distribuyéndolas convenientemente entre ellas. Epimeteo le pidió a su hermano que le permitiera hacer el trabajo y como niño con juguete nuevo se puso a repartir facultades… Al principio parecía que lo estaba haciendo bien, a algunos animales los hacia más rápidos, a otros lentos, cuando dotaba de un cuerpo pequeño a una de las especies, les concedía la capacidad de huir o de buscar escondrijos para guarecerse, en tanto que a las que daba un cuerpo grande, mediante él se protegerían. Ideó también defensas para protegerlas de los diferentes climas. A unas les puso cascos en los pies y a otras, pieles gruesas. Después de esto les suministró alimentos diferentes a cada una de ellas, teniendo en cuenta que a las que se alimentarían de carne de otros animales debían tener escasa descendencia.

Todas las especies tenían así asegurada su supervivencia, pero cuando Prometeo volvió para supervisar lo hecho por su hermano, notó que éste había gastado todos los atributos disponibles… ¡olvidando por completo al Hombre! Sorprendido por la inmensa torpeza de su hermano, Prometeo tomó el asunto en sus manos, y aun teniendo conciencia de las terribles consecuencias que esto le traería, robó a los dioses Hefesto y Atenea el fuego y la sabiduría de las artes, para dárselas a lo hombres, permitiéndoles de esta manera proporcionarse lo necesario para su subsistencia. 

Atenea es la diosa de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa. También es patrona de los cultivos. Hefesto es el dios del fuego y la metalurgia. Nombro estas características porque entre ellas están los conocimientos fundamentales que Prometeo regaló a los hombres, causando la ira de Zeus. Pero en este relato se nos aclara que entre las artes robadas no estaba la sabiduría política, ya que se encontraba en poder de Zeus y Prometeo no tenía permitido entrar en su mansión. Como el soberano de los dioses sabía que los hombres no podrían vivir en sociedad sin tal conocimiento, envió a Hermes para que la repartiera entre los hombres de forma equitativa. Siendo más específico sobre este atributo, lo que supuestamente Zeus nos dio en ese momento es el pudor y la justicia, estableciendo además la ley de que todo aquel que no participe de ellas sea eliminado como una peste de la ciudad. 

Queridos lectores, yo no sé cómo están las cosas en sus respectivos países y cuáles son los pormenores de su historia política, pero observando el mío me inclino a pensar que esta última parte del testimonio no es del todo cierta. Así que pasemos a escuchar a Hesíodo, quien ya nos brindó su descripción del “Mito de las Edades” y ahora nos cuenta dos veces el “Mito de Prometeo”, la primera vez en Teogonía y la segunda en Trabajos y días. 

El Caso Prometeo (Según Hesíodo) 

Prometeo lleva el fuego a la humanidad, de Heinrich Friedrich Füger (c. 1817). Fuente Wikipedia

Prometeo lleva el fuego a la humanidad, de Heinrich Friedrich Füger (c. 1817). Fuente Wikipedia

En Teogonía, el autor comienza diciendo: Ocurrió que cuando dioses y hombres mortales se separaron en Mecona (Tesalia), Prometeo presentó un enorme buey que había dividido con ánimo resuelto, pensando engañar la inteligencia de Zeus. Es interesante notar que, al parecer, volvemos a la idea de que los dioses y hombres podrían haber tenido un mismo origen y luego haberse separado. De esta versión podríamos interpretar incluso que tal separación es una consecuencia directa de las acciones de Prometeo. Otro detalle no menos interesante es que, según el relato, pese a que Prometeo intenta engañar a Zeus, el soberano no cae en la trampa, sino que le sigue la corriente, siendo consiente de que intentan engañarlo. Pero continuemos con la historia para poder comprender esto mejor.

Hesíodo nos cuenta que el acusado sacrificó un buey y, pensando engañar al gran Zeus, separó por un lado la piel, la carne y ricas vísceras con la grasa, ocultándolas con la piel del vientre del animal. Esta parte obviamente era la mejor, ya que la otra sólo contenía los huesos, aunque estaban disimulados por una rica capa de grasa. Zeus, conocedor de inmortales designios, aun sabiendo que lo intentaban engañar, tomó con ambas manos la blanca grasa. Y la cólera le alcanzó el corazón cuando vio los blancos huesos del buey.

¡Un momento! (Recordemos que supuestamente estamos interrogando a Hesíodo). El testigo nos dijo que Zeus sabía que lo estaban intentando engañar, pero al mismo tiempo sostiene que éste se llenó de furia al ver los huesos. ¿Acaso no sería más lógico afirmar que Zeus ya estaba enojado desde antes? ¿O bien Zeus no conocía en realidad el ardid preparado por Prometeo, y por eso se enojó tanto en ese momento? ¿Es que el testigo intenta ocultar que el soberano de los dioses fue vergonzosamente engañado? Cada vez más nervioso, Hesíodo elude contestarnos esta pregunta y continúa contándonos que fue a partir de aquí que los hombres, al hacer sacrificios, queman en el altar los huesos del animal, regalándoselos a los dioses, y comen el resto. Un arreglo bastante práctico, como verán. Pero Zeus, ofendidísimo por la astucia de Prometeo, tanto con los hombres como con el Titán, decidió quitarles el fuego a los mortales. 

Luego el relato continúa de manera similar al de Platón, aunque con menos detalles. Simplemente nos dice que Prometeo robó el fuego a los dioses, transportándolo en una cañaheja[3] y se lo dio a los hombres. La venganza de Zeus por esta última ofensa sería aún más terrible que la anterior. Pero como no me quedé conforme con su testimonio, pidámosle que vuelva a narrarlo, ésta vez en Trabajos y Días. 

Resumiendo un poco, el testigo nos dice ahora que los dioses ocultaron el sustento a los hombres y Zeus les quitó el fuego, irritado por las burlas del astuto Prometeo. –Evidentemente Hesíodo ha omitido la afirmación de que Zeus conocía de antemano el engaño- mas he aquí que el buen hijo de Jápeto le robó (el fuego) al prominente Zeus para bien de los hombres (…) Y lleno de cólera díjole Zeus amontonador de nubes: -¡Japetónida, te alegras de que me has robado el fuego y has conseguido engañar mi inteligencia! Enorme calamidad para tí en particular y para los hombres futuros. Yo, a cambio del fuego, les daré un mal con el que todos se alegren de corazón, acariciando con cariño su propia desgracia. Y así fue que Zeus encadenó a Prometeo, para castigarlo, y envió al águila hepatófaga. Y para castigar a los hombres, creó a la mujer… Pero antes de hablar de Pandora, la primera mujer según la mitología griega, vamos a analizar un poco más seriamente estas versiones del mito que les he brindado hasta ahora. 

Prometeo, de José de Ribera (c. 1630). Fuente Wikipedia

Creo que es bastante claro el hecho de que entre estas versiones existen varias diferencias, que pueden derivar en interpretaciones distintas. Al presentarlas aquí como testimonios de diferentes testigos, pretendo que las contradicciones se nos hagan aún más evidentes. La primer versión del “Mito de Prometeo” que les narré es la del diálogo de Platón, Protágoras. Allí la discusión entre Sócrates y Protágoras gira entorno a la naturaleza de la virtud. Sócrates no cree que la virtud pueda enseñarse. Tengamos en cuenta que Protágoras era un Sofista, quienes cobraban por sus enseñanzas, cosa que en aquellos tiempos no era bien vista por muchos. Protágoras narra el “Mito de Prometeo” para demostrar que todos los hombres participan de la virtud política. Cuando Zeus decide darle a estos la sabiduría política, le aclara a Hermes que la reparta de forma equitativa, por lo tanto queda claro que todos los hombres participan a partir de ahí de la virtud. Pero Protágoras divide la virtud en varias partes.

Lo interesante para nosotros del diálogo es este pequeño segmento donde se narra el mito, ya que la versión dada tiene características muy interesantes al compararlas con las otras. Además, se utiliza para demostrar el punto de vista de Protágoras. Esta función desempeñada por el relato ya de por sí es todo un tema, que no puede agotarse con sólo decir que un mito es una forma primitiva, propia de los hombres antiguos, para dar explicación a hechos para los cuales carecían de una justificación racional o la simple exageración de un hecho que realmente sucedió, pero que fue alterado con el correr del tiempo.

Los mitos contienen en su interior toda una concepción del universo, propias de las culturas de las que provienen y de los individuos particulares de quienes obtuvimos el relato. Nos dan pautas claras (aunque no necesariamente ciertas) respecto de las correctas o incorrectas maneras de proceder, nos permiten acceder a un complejo mundo de símbolos y, en lo particular, creo que nos brindan algo aún más maravilloso. Un mito no es sólo una respuesta. Y mucho menos una respuesta absurda, primitiva o ingenua. Un mito es también una pregunta. Y, si sabemos mirar, creo que podremos notar que en ellos podemos encontrar todas las preguntas que incluso hoy siguen sin respuesta. ¿Cómo surgió el universo? ¿Cómo fue creado el hombre? ¿Qué es el bien y por qué existe el mal?… Más allá de que estemos de acuerdo o no con las respuestas que se nos presenten y nuestra particular devoción religiosa a alguna de ellas, les pido que sepamos tolerar aquí los diferentes puntos de vista, analizándolos con la intención, sobre todo, de aprender de ellos, y no de debatir sobre cuál es el verdadero. 

En el relato de Platón, Protágoras menciona muy brevemente el castigo de Prometeo. Pero sí nos explica con más detalle que los atributos dados por el Titán no nos hubieran servido de mucho sin la intervención de Zeus, quien nos brindó la sabiduría indispensable para la vida en sociedad. Antes, los hombres vivían dispersos, siendo constantemente aniquilados por los animales salvajes. Podemos interpretar que en este relato Prometeo representa la inteligencia humana, que nos acerca notoriamente a los dioses, ya que es un atributo divino. En este caso, directamente robado a los dioses. Pero el pudor y la justicia son y serán bienes a los que sólo podemos acceder gracias a la grandísima buena voluntad de Zeus todopoderoso. Cabe preguntarnos, si Zeus estimaba tanto a los hombres… ¿por qué envió a Pandora y su famosa cajita? Platón elude la pregunta, negándose a hablar de ella.

Estatua de mármol de Zeus en el Museo del Hermitage. Fuente Wikipedia.

En Teogonía, la exaltación que Hesíodo hace de Zeus es aún mayor, ya que los relatos que nos cuenta brindan en su  conjunto un progresivo establecimiento del orden universal, el cual se inicia, como recordarán, con Caos, hasta llegar finalmente al orden cuando Zeus toma las riendas del universo. Quizás ésta sea la razón por la que el autor nos presentaba a Zeus como un dios que no podía ser engañado. Pero en Trabajos y Días, si bien Zeus sigue siendo presentado como el garante de la justicia, el autor se ve en el aprieto de tener que darnos explicaciones sobre la existencia de los males que aquejan a la Humanidad. Hesíodo nos da dos explicaciones diferentes para conseguir tal justificación. En el “Mito de las Edades” los humanos parecen tener en su propia naturaleza la semillita de maldad que provoca sus sufrimientos o la aniquilación en manos de Zeus, justificada por la propia execrable naturaleza humana. Zeus no hace otra cosa más que poner orden entre la persistente plaga humana, que renace una y otra vez, casi siempre más defectuosa que la vez anterior. Pero al volver a narrar el “Mito de Prometeo”, siendo necesario avalar el enojo de Zeus, Hesíodo nos cuenta cómo Prometeo lo engañó dos veces, y por estas razones el soberano encadenó al Titán y castigó a los hombres, enviándoles a Pandora.

  

El Mito de Pandora

Pandora, de Jules Joseph Lefebvre. Fuente Wikipedia

Pandora, de Jules Joseph Lefebvre. Fuente Wikipedia

Cuando Zeus vio desde lo alto el inconfundible brillo del fuego entre los hombres supo que Prometeo lo había vuelto a engañar y preparó, a cambio de este bien, un terrible mal para los hombres. Furioso, ordenó a Hefesto moldear con tierra una imagen con apariencia de doncella. La diosa Atenea la adornó con un vestido de resplandeciente blancura y cubrió su cabeza con un velo bordado con sus propias manos.

Por fin, la doncella fue llevada ante los dioses y los hombres, quienes se llenaron de estupor al ver el espinoso engaño, irresistible para los hombres. Pues de ella desciende la estirpe de femeninas mujeres (…) Gran calamidad para los mortales, con los varones conviven sin conformarse con la funesta penuria, sino con la saciedad. Y no es posible escapar de este terrible mal huyendo del matrimonio, porque el hombre que lo hace antes de morir verá como los parientes se reparten su hacienda. De esta manera no es posible engañar ni transgredir la voluntad de Zeus, pues ni siquiera el Japetónida (Prometeo) logró librarse de su terrible cólera. 

Y aquí termina el “Mito de Pandora”. ¿Sorprendidos? ¿Les parece que me olvidé de algo? Nada más y nada menos que la famosísima caja de Pandora ¿No?. Esa versión figura en Trabajos y Días, y yo aquí les he resumido la que aparece en Teogonía. La otra me la guardo para la segunda parte del artículo, porque este artículo ya va siendo largo. En lo que a mí respecta sólo me resta aclarar que rechazo completamente la visión que Hesíodo tiene de las mujeres, y doy testimonio de que las calamidades y las mujeres no vienen juntas. Sobre todo porque calamidades en mi vida sobran, pero Pandoras… no tanto.

Notas

  1. La geografía del Tártaro, donde se encontrarían estas islas, es bastante compleja y ha derivado en algunas confusiones y especulaciones, por esta razón prefiero abordar el tema en algún otro artículo []
  2. O de la también oceánide Clíeme o de la diosa Temis o incluso de Gea []
  3. Planta de tallo hueco muy ramoso en la parte superior []

Sobre el autor:

Sebastián Carrizo (sebacine) ( )

Más que alguien con grandes conocimientos… ¡un entusiasta!, con ganas de incitar a la lectura y la reflexión.
 

{ 3 } Comentarios

  1. Gravatar Macluskey | 21/01/2010 at 03:12 | Permalink

    Magnífico artículo, Sebacine. Muy bien explicado, ameno y didáctico. Da gusto leer algo tan aparentemente lejano como la Cosmogonía griega de forma tan interesante.

    Enhorabuena!!

    Mac

    PD: Y no desesperes, que cualquier día aparecerá una Pandora dispuesta a abrir todas las cajas que hagan falta…

  2. Gravatar jreguart | 22/01/2010 at 11:21 | Permalink

    Una delicia de artículo Sebastián. Has vuelto a la amenidad con que iniciaste lo de la guerra de Troya. Así que aquí me tienes esperando cuales son las calamidades que nos trajo Pandora.

  3. Gravatar sebacine | 26/01/2010 at 09:34 | Permalink

    :) Muchas gracias, espero que les guste la segunda parte.

{ 1 } Trackback

  1. Gravatar www.floreame.net | 22/01/2010 at 05:38 | Permalink

    La creación del hombre, mitos antropogónicos griegos…

    Los mitos antropogónicos son aquellos que se ocupan de la creación del ser humano, y en el caso de la cultura griega poseemos más de una versión, desde el "Mito de las edades" al "Mito de Pandora" pasando por "El caso de Promet…

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