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Biografía de lo Humano 23: Los últimos 10.000 años




Al final de la entrada anterior de esta serie proponía dejar el Paleolítico. Allí comentaba cómo, con las salvedades necesarias, el hombre había entreabierto las puertas de la dialéctica, la estética, la ética y la trascendencia.

A partir de hace más o menos 10.000 años, durante el Neolítico, época que es la base de la entrada de hoy, estos catalizadores estimularon la maquinaria cerebral, de forma que se produjo una revolución cultural cuyas consecuencias cambiarían el natural curso evolutivo de la vida sobre el planeta. Permitiría llevar al Homo sapiens hacia posiciones desde las que domina, o lo intenta, su medio ambiente, llegando a ser parte decisiva en su propia selección natural. Me refiero a la domesticación de animales y vegetales.

Sin embargo, esta revolución no apareció de forma espontánea en un breve plazo temporal. Se necesitó un periodo de preparación, durante el cual unos grupos de nómadas recolectores-cazadores iniciaron su proceso de sedentarización. Esto sucedió en fechas próximas a hace unos once a ocho mil años en el levante mediterráneo, sobre territorios de los actuales Israel, Jordania y Siria. Se trataba de la cultura Natufian, como exponente de lo que se encontró en el yacimiento israelí de Uadi-en-Natuf.

Restos de las paredes de una cabaña natufiense (Wikimedia, CC BY-SA 2.5)

Estos grupos vivían en cabañas de piedra y ramas, en zonas donde sistemáticamente podían aprovechar los cereales silvestres y abundaba la caza de gacelas. Son las primeras evidencias de una cultura que, a pesar de ser cazadora-recolectora, practicaba un tratamiento de laboreo de ciertas plantas y animales. Hay alguna opinión, controvertida, acerca de que un cambio climático provocó una sequía en la zona del Mediterráneo levantino donde vivían, de forma que tuvieron que adoptar ciertas medidas -protoagricultura- para proteger sus bases de alimentación frente a la invasión de los matorrales de secano, acostumbrados como estaban al consumo de cereales silvestres. El trigo salvaje, por obra y gracia del hambre y de la inteligencia de los natufienses, fue sometido a un continuo proceso de selección artificial nunca visto hasta entonces. El éxito para los hombres, y también para el trigo, es evidente, de forma que hay científicos que opinan, a la vista de la extensión actual de sus cultivos y la dedicación que le ofrece el hombre, que no fue éste el que domesticó al trigo sino que en realidad fue al revés.

Aproximadamente 7.000 años antes de Cristo aparece la agricultura como realmente la interpretamos conceptualmente hoy en día, en los valles de los ríos Éufrates, Tigris e Indo. Estas zonas se convirtieron así en las primeras regiones agrícolas del mundo. Poco después en estas mismas regiones se domesticaron la vaca, el cerdo, la oveja y la cabra.

La emergencia sucedió en zonas geográficas muy desconectadas y en periodos distintos. En los oasis del Sahara, con bóvidos, ovejas y cabras, y en el Sahel africano con mijo, sorgo y ñame. En el norte de China, con mijo, arroz, cerdo y perro. En el sureste asiático, con arroz, taro y gallina. En Mesoamérica, con maíz, judías y calabaza. En el Noroeste de Sudamérica, con patata, mandioca y cacahuete, así como llama y alpaca.

Las cunas de la agricultura y ganadería en el Neolítico (Wikimedia, Dominio Público)

Tras estos eventos las culturas cazadoras-recolectoras se hicieron cada vez más y más marginales, dejando un hueco donde se iba afianzando en las sociedades sapiens una economía basada en la agricultura y la ganadería.

Nos podemos preguntar por qué surge la agricultura y la ganadería en determinadas áreas del planeta y no en una ancha franja genérica, quizás intertropical, en donde el clima tenía que ser más amable.

En principio se necesitaría un entorno en donde se encontraran, de forma natural, plantas con potencial de cultivo. Un ejemplo antítesis sería la encina, que nunca ha sido domesticada para un uso básico para el hombre: no se deja. Y como ella hay muchos ejemplos. De hecho, el 80% del volumen anual del total de cultivos del mundo moderno recae sobre tan sólo doce vegetales, a los que habría que poner sobre un altar: cereales, leguminosas, ciertas raíces, plantas productoras de azúcar y el banano. Pero no sólo debían cumplir el requisito de que fueran cultivables, sino que también en el mismo emplazamiento debería darse una variedad suficiente como para cubrir una dieta básica que permitiera al recolector-cazador dejar la trashumancia y poder así fijar su lugar de residencia.

Lo mismo ocurrió con la domesticación de los animales. Determinados ungulados y rumiantes fueron los primeros, y desde entonces casi no ha variado el tipo de cabaña. África, paraíso de los herbívoros, no aportó ninguna especie a la ganadería humana: sus animales autóctonos no admiten la domesticación.

Es así como a unos hombres les fue permitida la agricultura y ganadería, mientras que a otros con similares capacidades, no. Recomiendo por su amplitud y claridad de exposición la lectura del libro de Jared Diamond, “Armas, gérmenes y acero”, en donde queda meridianamente explicado cómo pudo ser el proceso.[1]

A partir de entonces, las comunidades de recolectores y cazadores que practicaban sus actividades al albur del clima o el terreno pasaron progresivamente, y en diversas partes del planeta, a controlar estas actividades y moldearlas según sus conveniencias. La mayor eficacia al poder aplicar estrategias por adelantado, frente a las que exigían la caza o la recolección dirigidas por el azar de la naturaleza, les permitió acceder a una abundancia de recursos por encima de lo que precisaban. De todas formas, el esfuerzo de los primeros pioneros debió ser ímprobo en un mundo sumamente exigente.

Los excedentes permitieron planificar mejor la vida, al tener hasta cierto punto las espaldas de la alimentación cubiertas. Tras mucho tiempo de rigores, la progresiva mayor eficacia de las producciones agrícolas y ganaderas hizo que no fuera preciso dedicar todo el tiempo a estas labores: aparece el tiempo libre. Los excedentes permitieron ser utilizados como moneda de cambio para la obtención de otros productos, incluso aquellos que pudieran ser menos necesarios: se consolida el comercio. Se pudo sembrar en la vida la semilla de la comodidad y el lujo. Todo ello llevaba incorporado la necesidad de una especialización en las labores de los hombres de entonces.

No obstante, no todo fueron maravillas, ya que las enfermedades se multiplicaron. La convivencia doméstica con los animales, a los que hasta entonces sólo se aproximaban para su caza, y la concentración de la población en núcleos cada vez más grandes, como veremos, propulsaron un sinfín de nuevas epidemias. Pero así es la historia. La evolución valoró más la abundancia que el incremento de la enfermedad.

Los excedentes se debían almacenar. Aparece, por tanto, un uso generalizado de la cerámica y la cestería, aunque estas tecnologías, como ya sabemos, eran mucho más antiguas. La pista más ancestral de la cerámica se remonta a los restos de tazones encontrados en el yacimiento de la cueva de Xianrendong, en China, con una antigüedad de 20.000 años.

Cerámica de Xianrendong. Restos de un tazón del que se cree era utilizado para cocinar alimentos o para fermentar alcohol (Imagen: Science/AAAS, fair use)

Aunque, como puede suponerse, no tenemos evidencias muy antiguas de la cestería, se cree que este tipo de manufactura acompañaría al de la cerámica, si no fue anterior, ya que se usaba la primera para fabricar moldes que necesitaba la segunda.

Los excedentes agrícolas y ganaderos exigían también un control. Controlarlo con la mente es fácil hasta que la meta se hace muy compleja por la cantidad de objetos y sujetos a verificar. Desarrollar unas marcas con simbología numérica ayudaba. Recordemos lo que decíamos en una entrada anterior al hablar del hueso de Ishango, lo que pudo ser los primeros pasos de aproximación al cálculo. Estos sistemas aparecieron ya en el VII milenio antes de Cristo, aunque quizás debamos asociar la primera escritura real a las tablillas de arcilla sumerias de unos 3.300 años antes de Cristo.

Tablilla sumeria: Lista de dioses en escritura cuneiforme (Wikimedia, Dominio Público)

La territorialidad que exigía la agricultura y, en menor medida, la ganadería, asentó a los grupos en un lugar, por lo que comenzaron a aparecer núcleos de población que fueron creciendo impulsados por la generación y abastecimiento de nuevas necesidades. El inicio de este modelo de desarrollo social se alcanzó por primera vez en Sumeria durante el cuarto milenio antes de Cristo, al socaire del sustrato neolítico que llevaba ya cuatro mil años desarrollándose en el Creciente fértil. A partir de Sumeria y su ciudad Ur, cuyo origen esta datado en tres milenios antes de Cristo, aparecen las primeras ciudades-estado competitivas.

Con la abundancia y los excedentes se inicia también una nueva era para el comercio. El comercio abrió nuevas rutas por las que el conocimiento circulaba y se acumulaba formando el acervo cultural de las sociedades del neolítico. Hay serias teorías que establecen en aquellos momentos el inicio de la dominación de unas sociedades sobre otras en la historia del hombre: las sociedades que antes encontraron esta plataforma económica, tecnológica y cultural fueron el germen de las sociedades dominantes, determinantes en el devenir posterior de la historia.

Pronto se abandonó la tecnología basada en la piedra, iniciándose con la metalurgia del cobre la nueva era de los metales. Sus primeras manifestaciones, que parecen estar asimiladas a usos de orfebrería, se produjeron hace unos 6.000 años en la península de los Balcanes. Les siguió el bronce, una aleación de cobre y estaño, y más tarde el hierro.

En estos núcleos poblacionales con reparto de trabajos y con excedentes debió aparecer rápidamente una diferenciación entre personas, bien por el volumen de sus propiedades, bien por el alcance de su influencia en el grupo. Entre los individuos más liberados el tiempo sobraba, por lo que podían dedicar una mayor cantidad de este recurso a la “gestión”: serían los dirigentes con capacidad de mantener a otros a su servicio.

Este servicio no solamente era para el entorno doméstico, sino también cultural o de defensa. Necesidades que sin lugar a dudas fue importante el generalizarlas en todo el entorno del grupo tribal, como una extensión y reafirmación de la identidad o de la protección frente a envidias, codicias e intereses ajenos al pueblo. Aparecen los militares profesionales, aunque la guerra se había inventado hacía mucho: el primer resto arqueológico que se tiene de una batalla prehistórica es de hace 12.000-14.000 años, en el Nilo sudanés. Y aparecen las ciudades fortificadas, como la palestina de Jericó, un asentamiento de casi cuatro hectáreas en donde el desarrollo del urbanismo va incorporando desde momentos iniciales del neolítico la ejecución de una gran muralla de piedra y de torreones de carácter defensivo.

Yacimiento arqueológico en Jericó, donde se aprecia una de las torres defensivas de las murallas (Wikimedia, Dominio Público)

Junto a los militares aparecen los representantes de las artes plásticas, herederos de los primeros que tallaron el hueso o decoraron la piedra en el paleolítico. Ya comentamos en otro apartado cómo el inicio del arte fue provocado por una necesidad de comunicación, exaltada por los sentimientos y emociones que llegaba a provocar, con lo que el arte pasó a ser un potente medio que podía ser usado por la sociedad para otros menesteres más allá de los fundacionales. Primando la comunicación de la expresión de emociones vivificantes… con lo que incluso se podía manejar a la gente. Con ello se abrió la puerta a todas las manifestaciones modernas del arte: una nueva herramienta para imaginar, para reflexionar sobre la condición humana, para proponer experiencias vitales diferentes, para manifestar la profundidad de pensamientos morales, para educar, torticeramente o no, a los hombres.

La expresión poética literaria, que había necesitado de una anterior aparición de la escritura, fue quizás inaugurada con el Poema de Gilgamesh, datado unos 2.700 años antes de Cristo.

La tablilla sobre el diluvio, de la epopeya de Gilgamesh (Wikimedia, Dominio Público)

Junto a los artesanos de la defensa militar o de la propuesta artística, aparece también la expresión profunda de la razón, manifestada a través del pensamiento de los filósofos, como una extensión de los ancestrales chamanes. Sus primeras manifestaciones conocidas bien pudieron ser las del vedismo de la filosofía hindú que apareció hace unos 3.400 años. O bien los primeros comentarios del I Ching durante la dinastía china Zhou, hace más de 3.000 años. Sin olvidarnos de los presocráticos occidentales, con Tales de Mileto en la Grecia de hace 2.600 años.

Las artes materiales o del pensamiento se habían impuesto. Y se han quedado hasta hoy, lo cual nos refuerza la idea de que su manifestación y práctica son parte importante de la fuerza evolutiva y del afianzamiento del propósito homeostático. Han contribuido a la supervivencia y se han colocado como fundamento del sentimiento básico del bienestar.

Un río de pensamiento y cultura que con el tiempo ha llevado al hombre, siguiendo un exponencial avance de conocimiento científico y tecnológico, hasta el actual mundo de la información, cuando algunos miembros de nuestra especie disponemos de forma casi instantánea de todo nuestro conocimiento acumulado, lo que nos permite delegar gran parte de la gestión de nuestra supervivencia a los autómatas, liberando nuestra capacidad neuronal para la intercomunicación con los semejantes y el puro desarrollo de las ideas.

La evolución del hombre continúa, aunque las presiones de la selección natural han adquirido unas características inimaginables: el hombre puede alterar decisivamente su medioambiente con la tecnología, las oportunidades que antes se aprovechaban de forma natural tras la mutación accidental de un gen pueden ahora alcanzarse o evitarse con la fuerza de la razón. Lo que antes era una mera selección sexual por la que un individuo presentía ventajas genéticas en otro del sexo contrario, ahora se ha trasmutado a la selección cultural por la que un individuo puede ser rechazado para la procreación simplemente por ser de una casta apestada.

¿Hacia donde va el hombre…? No me atrevo a decir nada de unos procesos evolutivos, cuyas manifestaciones requieren cientos de miles de años, utilizando mi vara de medida centenaria. Las mutaciones siguen, son inevitables. Las condiciones de entorno han cambiado, sin lugar a dudas, aunque las nuevas están a la vista de todos. Y el mecanismo evolutivo es implacable. Quizás la evolución tal como la entendemos muera en manos de la biotecnología, la inteligencia artificial y la realidad virtual.[2]

¿Homo super sapiens? ¿Multisoma cosmologicus? Es cuestión de imaginar… pero sólo es eso, imaginación. La única realidad del hoy y el ahora somos nosotros, los herederos de la evolución. Los hijos de grandes titanes, como los Homo habilis o tantos otros que se batieron el cobre, con apenas medio litro de cerebro, en un medio que nunca fue el suyo. Y que triunfaron.

Con esto acaba el cuerpo de la serie. En la siguiente entrada haré un resumen a vuela pluma de lo que hemos conocido a lo largo de estas 23 entradas. E incorporaré una bibliografía que espero os sea tan útil como lo ha sido para mí. Hasta entonces.

  1. Nota del Editor: Me sumo a la recomendación: “Armas, gérmenes y acero” es uno de los mejores libros que he leído en años. []
  2. Tesis del último libro de Yuval Noah Harari “Homo deus“ []

Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 6 } Comentarios

  1. Gravatar kambrico | 28/11/2016 at 05:36 | Permalink

    gran trabajo , felicitaciones . he pensado que quizá si hicieras un nuevo cuerpo con un tema que yo se nos apasiona a muchos – la formación de las actuales razas – estoy seguro quedaría perfecto a tu estilo y a este formato . además es un complemento a lo que vienes tratando …….como dice el dicho . en pedir no hay engaño .

  2. Gravatar jreguart | 28/11/2016 at 07:32 | Permalink

    Hola Kambrico,

    Muchas gracias por tus palabras. Lo de las razas es una buena idea, pero tendrá que ser para otra ocasión. Queda la última entrada y luego habrá algo más… pero cambiando de tercio. Un saludo.

  3. Gravatar Franco | 29/11/2016 at 01:20 | Permalink

    Pedazo de tema el de las razas , muy interesante , aquí estaremos esperando.

  4. Gravatar jreguart | 29/11/2016 at 02:37 | Permalink

    Hola Franco,

    quizás interese a algún lector el meterse en faena y escribir una serie al respecto. Yo le animo totalmente… sé que se lo va a pasar pero que muy bien.

  5. Gravatar Brigo | 29/11/2016 at 02:47 | Permalink

    Permíteme que te felicite yo también por el ciclópeo trabajo que has llevado a cabo.

  6. Gravatar jreguart | 29/11/2016 at 07:00 | Permalink

    Hola Brigo,

    gracias por tu palabras. Lo de ciclópeo es una hipérbole que te agradezco. Quizás porque lo veo desde el fin… La verdad es que cuando me lo propuso uno de mis grandes editores, Mac, me pareció una pretensión fuera de mi alcance. Pero como se suele decir, todo empieza por el primer paso, y hasta aquí hemos llegado a día de hoy. En el camino he aprendido mucho y me lo he pasado bomba. Así que bienvenido el esfuerzo y la satisfacción de haberlo podido poner al servicio de todos vosotros homo sapiens curiosos. Os invito a profundizar a partir de mis breves exposiciones, que de verdad así son. Y hasta la siguiente. Gracias por todo.

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