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Historia de un ignorante, ma non troppo… El Concierto de Violín de Mendelssohn




Hace algunos capítulos de esta ignorante serie, dediqué cuatro artículos consecutivos a disfrutar (bueno, quizá a destripar) algunos de los maravillosos conciertos para piano del repertorio musical. Conciertos para piano hay muchos, y de una enorme calidad. Me dejé en el tintero, naturalmente,  algunas obras maravillosas (que quizá revisite en un futuro), en primer lugar porque tampoco quería estar muchos artículos seguidos con el mismo género musical, y en segundo, porque de alguno que sí quería incluir no encontré una representación decente en youtube.

Stradivarius del Conjunto Palatino

Y, después de la última entrada, la Balada si Joc, de György Ligeti, para dos violines, ahora toca, creo yo, dedicar algunos artículos a algunos de los grandes conciertos para el otro gran instrumento solista: el violín.

Surgido como una evolución en pequeño de la viola (obviamente, violín significa viola pequeña), la forma y función del violín quedaron definitivamente fijadas en la forma en que lo conocemos hoy en el Siglo XVII, cuando unos artesanos de Cremona, Italia, a base de ensayo y error, o por pura suerte quizá, consiguieron el diseño perfecto para construir un instrumento musical perfecto. Me refiero a luthiers como Amati, el auténtico creador del violín moderno a mediados del siglo XVI,  Guarnieri y, por supuesto, a Antonio Stradivari por encima de todos, pues fue él quien llevó a la perfección la confección de violines. Sus stradivarius[1] pasan por ser los instrumentos musicales más perfectos jamás construidos… y los más caros, eso sin duda. Un stradivarius normalito (eeh, normalito, normalito, lo que se dice normalito, no hay ninguno, pero bueno) como el del Palacio Real de Madrid de la ilustración, tiene un precio por encima del millón de euros, y algunos de ellos simplemente no tienen valor.

Así que el violín se adueñó a lo largo del Siglo XVIII del papel preponderante en las orquestas de la época, y así sigue en nuestros días, donde es con gran diferencia el instrumento con mayor número de profesores en las orquestas modernas, y la base de la mayoría de la música sinfónica.

Y, sin embargo, no hay tantos conciertos para violín y orquesta como los hay para piano, ni mucho menos. Por ejemplo, Mozart compuso 27 conciertos para piano, pero sólo 7 para violín, Beethoven compuso cinco conciertos para piano y sólo uno para violín, Tchaikowsky, tres para piano y uno para violín, Mendelssohn y Bramhs, dos para piano e igualmente sólo uno para violín, etc. Esto es seguramente debido, digo yo, a lo complicado que puede resultar resaltar, valga el juego de palabras, el violín solista de la masa de primeros y segundos violines de la sección de cuerda de la orquesta, cosa que me parece a mí que debe ser mucho más sencilla de conseguir con el piano, con calidades tímbricas muy diferentes a los violines.

Vamos, pues, ya con la obra de hoy.

Felix Mendelssohn en 1846, por Edward Magnus

Felix Mendelssohn Bartholdy nació en Hamburgo, en el norte de Alemania, en 1809 (para situarse, ése fue el año en el que Ludwig van Beethoven compuso, entre otras obras, su Concierto para piano y orquesta número 5, Emperador), en una familia judía, siendo nieto del filósofo Moses Mendelssohn que tanto hizo por la integración de los judíos en la lengua y cultura alemana (si hubiera sabido la que les esperaba siglo y medio más tarde…).

Con grandes dotes musicales, un niño prodigio, en suma, perteneciente a una familia acomodada, viajado, de esmerada educación, admirador hasta decir basta del gran Ludwig van Beethoven, Mendelssohn saltó a la fama cuando se empeñó en interpretar, contra viento y marea, la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, cosa que consiguó en 1829, con apenas veinte años de edad, obteniendo un gran éxito y colocando de golpe al gran Johann Sebastian en el lugar de semidios que hoy sigue ocupando.

Resulta que desde el fallecimiento de Bach en 1750 no se había vuelto a representar esta obra cumbre absoluta de la música universal de todos los tiempos, que dormía el sueño de los justos cuando nuestro héroe de hoy se empeñó en ejecutarla y rescatarla del olvido. Convenció a músicos amigos suyos, hizo los arreglos y dirigió a la orquesta… y tuvo un enorme e inesperado éxito, que puso a Bach de nuevo en el centro de la pomada. Curioso que fueran precisamente los esfuerzos de un judío los que nos hicieron redescubrir la obra de exaltación de la cultura protestante por excelencia… pero es que ¡ah!, la fuerza y el sentimiento de la Pasión no pueden dejar indiferente a nadie…[2]

Quizá sea conveniente aquí resaltar el cambio de gustos, de forma de hacer y de pensar sobre la música que aconteció a mediados del siglo XVIII. Las cortes europeas, sobre todo la francesa en Versalles, pusieron de moda un estilo musical mucho más liviano, alegre, sencillo y bailable, puesto que la propia música cambió su función. Gentes como Rameau o Leclair impusieron un estilo colorido y brillante, muy del gusto de los empelucados cortesanos versallescos. Y, de pronto, la música barroca alemana, cuyo máximo representante es precisamente el eximio Johann Sebastian Bach, pesada, complicada, llena de contrapuntos y sutilezas sólo al alcance de auténticos entendidos, con fugas complicadísimas que exigían un enorme virtuosismo a los ejecutantes, y que había reinado sin ambages hasta entonces… pasó de moda. Se olvidó. Sin más. De hecho ya en la última etapa de la vida de Bach su música era denostada por antigua y fuera de onda fuera de unas pocas plazas alemanas, la ultraconservadora Leipzig donde él vivía, sobre todo, donde era KapellMeister en la ThomasKirche y personaje muy influyente en la ciudad.

Hay que tener en cuenta que en los tiempos de Bach era muy normal que un determinado príncipe, mundano o de la Iglesia, encargara a su maestro de capilla (o sea, el funcionario a sueldo encargado de la música de la corte) una cierta obra que luego el propio príncipe interpretaría… por ejemplo, en el Concierto de Brandenburgo número 6, una de las dos violas da gamba del elenco necesario para interpretar este concierto sería ejecutada por el mismísimo Príncipe Leopoldo, su patrono de entonces y reputado violagambista. Es decir, sus patronos entendían mucho, muchísimo, de música, apreciaban la habilidad de los intérpretes, muchas veces ellos mismos lo eran y buscaban la excelencia en las obras que escuchaban o ejecutaban. Y ahí, gente como Bach literalmente partían la pana

Bailando un Minué...

Pero en la segunda mitad del siglo XVIII, esto ya no ocurría. La música tomó otro papel, mucho más parecido al actual, el de entretener a los asistentes a las fiestas de palacio (las de Versalles fueron épicas, pero en no pocos palacios europeos se celebraban fiestas similares). Ahora, lo que primaba entre los cortesanos y cortesanas era su habilidad en el baile, y lo que se requería para ello era disponer de música bailable… No me imagino yo a nadie bailando una Cantata de Bach, ya veis. Minuetos, rigodones, passepieds y demás danzas galantes llenaron los barrocos salones. Y luego, a principios del Siglo XIX, con la cada vez mayor importancia de la burguesía (y menor de realeza, nobleza y clero) así como la incipiente revolución industrial, Beethoven y sus contemporáneos volvieron a revolucionar el concepto y la función de la música, sacándola definitivamente de los palacios e iglesias y llevándola a las Salas de Conciertos, de donde sólo ha salido para llegar a nuestras propias casas, por mor de los discos de pizarra, luego de los vinilos, las casettes, los CD’s, internet… Desde entonces los compositores se orientan a satisfacer al público. A todo el público posible, cuanto más mejor, y en cuantas más ciudades y países, mejor, y no sólo a los cortesanos, ni a los arzobispos, ni mucho menos al Margrave de Brandenburgo en persona, o al Conde Kaiserling (quien encargó y pagó generosamente a Johann Sebastian Bach, y para su disfrute personal, mejor, para sus dulces sueños personales, las Variaciones Goldberg).

Y uno de esos compositores de la primera mitad del XIX fue precisamente Felix Mendelssohn… y con esto me dejo ya de dar vueltas sin ir a parte alguna, como si bailara un rigodón, y vuelvo al tema del artículo de hoy.

Aunque era un niño prodigio (uno más de ellos), y había compuesto ya con 16 años el estupendo octeto en mi bemol mayor y, sobre todo, la extraordinaria Obertura de El Sueño de una Noche de Verano (cuyo resto de piezas compuso bastantes años más tarde), fue su súbito salto a la fama de la mano de la Pasión del gran Johann Sebastian la que le catapultó al centro de atención de la sociedad musical de la época. Emprendió viajes por Europa, singularmente a Gran Bretaña, donde se encontraba muy a gusto, y se ganó bien la vida como intérprete, compositor y director. Además del famosísimo Sueño de una Noche de Verano, compuso cinco sinfonías, de ellas las más conocidas la Tercera (Escocesa) y la Cuarta (Italiana), dos conciertos para piano, diversas oberturas y piezas de cámara… pero su obra cumbre, por la que hoy en día es universalmente admirado y recordado, es su maravilloso Concierto para Violín en mi menor, Op.64, que está considerado como uno de los más grandes conciertos para violín del repertorio (de los dos o tres más grandes, nada más).

En mi modesta opinión, de todos los conciertos para violín que he escuchado, el primer puesto se lo llevan ex-aequo el de Mendelssohn y el de Tchaikowsky, al que tengo planeado dedicar el próximo artículo, si me dejáis, seguidos muy de cerca por el número 1 de Bruch y el de Beethoven. Si tuviera que elegir cuatro y sólo cuatro conciertos para piano, tendría serios problemas para descartar al menos veinte o treinta, pero ya dije que había muchos menos conciertos para violín que para piano.

El de Mendelssohn fue compuesto a lo largo de la primera mitad de la década de 1840, y fue estrenado en 1845, tan sólo dos años antes del fallecimiento del autor (murió con apenas 38 años de edad… quién sabe qué maravillas nos hubiera dejado de haber vivido veinte años más), y es su última gran obra orquestal. Y curiosamente, Feliz Mendelssohn era un reputado pianista, pero no era violinista en absoluto (lo mismo que el resto de los compositores del resto de grandes conciertos de violín), así que durante la composición del Concierto de Violín consultó frecuentemente a Ferdinand David, amigo suyo y uno de los más reputados violinistas de su tiempo, que fue quien lo estrenó en la Gewandhaus de Leipzig el 13 de marzo de 1845, con un enorme éxito.

Aunque es éste un concierto aparentemente de corte clásico, es decir, con los tres movimientos tradicionales y en la forma tradicional (Allegro-Andante-Allegro), igual que los conciertos de Vivaldi, Bach o Mozart, sin embargo es un concierto fuertemente innovador, que marcó con precisión las pautas de los conciertos románticos que vendrían después, incluyendo a los de Tchaikowsky y Bruch, desde luego. He leído en algún sitio que ésta es una de las obras musicales más plagiadas de todos los tiempos… no llego yo a decir tal cosa, pero que influyó, y mucho, en la forma de hacer las cosas desde entonces, es un hecho del que hasta el ignorante de mí se percata.

Sarah Chang

Acompañadme, si os place, con una magnífica versión en la que podremos admirar a otro “niño prodigio”, o más exactamente en este caso, niña prodigio: la estadounidense (aunque de ascendencia coreana) Sarah Chang, que contaba con tan sólo quince añitos (¡!) cuando alucinó, en 1995, a los espectadores del Avery Fischer Hall, en el Lincoln Center de Nueva York, al interpretar de la manera que vais a ver a continuación el extraordinario y dificilísimo Concierto para Violín de Mendelssohn, con la Orquesta Filarmónica de Nueva York, dirigida por Kurt Masur. Que es una gran versión y muy bien partida da fe el hecho de que tenga ya más de un millón de visitas…

Antes de meternos en harina, debo indicar que existen en youtube varias versiones más de este concierto, entre ellas una de Janine Jansen (otra reputadísima violinista) en los BBC Proms londinenses, grabación también de gran calidad, así como otra de Akiko Suwanai con la Orquesta de Hiroshima, pero… en ambas ocasiones el subidor/partidor/asesinador de la obra se ha superado a sí mismo en lo del asesinamiento, partiendo el concierto en tó-el-medio-la-cadenza del primer movimiento, en el peor sitio imaginable, cuando podía haberlo hecho perfectamente por un lugar que apenas molestara… en fin, creo que ya lo he dicho en alguna ocasión, pero no me cabe en mi cuadriculada cabezota de viejo informático buscar un video de una obra maravillosa con una excelente versión, molestarse en convertirlo al formato youtubero, partirlo, subirlo… y dejar semejante truño como resultado de tanto trabajo. En fin. Hablando de Akiko Suwanai, a mediados de marzo pasado nos deleitó con su interpretación del Concierto de Mendelssohn con la ONE dirigida por Yakob Kreizberg, en el Auditorio de Madrid, a los mandos de su stradivarius “Delfín“… fue realmente extraordinario, y la cadenza fue quizá la mejor que he oído de este concierto en mi vida (como sería que durante los dos minutos y pico que dura, ¡no tosió nadie en la Sala Tusígena, perdón, Sinfónica! Pocas veces he visto yo ese fenómeno en Madrid…). Pero en youtube no hay forma de poder disfrutar de la genial Akiko…

Vamos, pues, a ver a la quinceañera  Sarah Chang entendérselas con el primer movimiento: Allegro molto appassionato.

Tras la presentación del locutor y la aparición en escena del director y de la solista, comienza la obra en el minuto 1:00. En vez de la tradicional puesta en escena por parte de un tutti de la orquesta durante un minuto o así, calentando el ambiente y preparando la entrada del solista, Mendelssohn decidió comenzar ya desde el principio con el fraseo del violín. Beethoven lo había hecho en alguna ocasión, sobre todo en su cuarto concierto para piano, pero seguía sin ser normal esta forma de comenzar en la época, y fue una de las innovaciones que más llamaron la atención en su estreno en Leipzig en 1845. En efecto, tras una breve introducción de un par de segundos por parte de la cuerda en piano, el violín comienza su primer tema sin esperas, durante ese minuto que se supone que debería ser propiedad del tutti orquestal… vaya, es como si en este principio los papeles del violín y la orquesta estuvieran invertidos y fuera el solista quien preparara la intervención de la orquesta. Sigue la exposición de orquesta y solista, en un tema de virtuoso, que exige del violinista lo mejor de sus habilidades.

Una breve entrada de los clarinetes, allá por el minuto 3:55 permite cambiar el tema, dando el relevo a un tema lírico, tranquilo y realmente precioso, que finaliza en el minuto 5:15, con un nuevo tema más movido… el concierto va moviéndose sinuosamente, preparando la llegada de la formidable cadenza del concierto…

Y en el minuto 7:50 comienza al fin la cadenza, es decir, la parte solista del instrumento protagonista del concierto, diseñada normalmente para el lucimiento del virtuoso. Mendelssohn escribió completamente la cadenza, sin dejar nada a la improvisación, que los habituales de la serie ya sabéis que era lo normal hasta unos pocos años antes, donde en la partitura se indicaba: Y aquí, una cadenza al gusto… y el solista improvisaba lo que se le ocurría o tocaba lo que sabía (cada solista, lo que se le ocurría a él, claro). Ya Beethoven escribió las cadenzas de algunos de sus conciertos de piano, pero no de otros, ni tampoco del de violín. Parece que es a partir de la época Mendelssohn (quizá, del propio Mendelssohn) cuando las cadenzas se escriben siempre por el propio compositor, dando por finalizada la época de la libertad para los virtuosos… Y la verdad es que ¡menuda cadenza se marcó el amigo Mendelssohn! Es una cadenza de virtuoso, que exige exprimir al máximo las habilidades del solista, pero sin embargo llena de lirismo… la orquesta interrumpe la cadenza en el minuto 9:25, tomando unos segundos después el protagonismo y dejando descansar un ratito a la solista.

…Y el límite de los diez minutos dichosos se acerca, y el subidor del video ha buscado el mejor sitio posible para partir el video, que es justo antes de la nueva entrada del solista tras esta sección orquestal, y eso ocurre en el minuto 9:55 que es donde acaba el video y debemos ir al segundo para oír la conclusión del movimiento. Ya sabéis mi consejo de cargar previamente los videos para verlos luego lo más continuamente posible…

Continúa el movimiento en su línea, con una nueva intervención del solista, con el violín dialogando con la orquesta, nuevamente con el tema lírico tan bello, que termina en el minuto 1:30, donde el ritmo cambia nuevamente, en una frenética preparación de la coda final del movimiento, que ya se desliza rápida e inexorablemente hacia su fin…

Y efectivamente el primer movimiento termina en el minuto 3:25, pero resulta que el segundo movimiento debe comenzar sin solución de continuidad con el primero, enlazados por ese maravilloso solo de fagot que mantiene una nota como de interrogación, que luego sube un poco (ya os imagináis que no tengo ni idea de si sube un tono, una quinta perfecta o una tercera recauchutada…), dando entrada al tema inicial del segundo movimiento. Nuevamente ésta fue una innovación muy ponderada en la época. Sí era normal que un movimiento attaccara inmediatamente después del anterior, pero siempre había al menos un microsegundo de separación entre la última nota del uno y la primera del otro. Aquí no. Aquí el fagot comienza su nota antes de que se apaguen las notas finales del primer movimiento, enlazando ambos movimientos indisolublemente. En los discos que tengo de este concierto, en todos ellos, el primer y segundo movimiento están en una sola pista.

Y, con muy buen sentido, el partidor del video ha dejado este comienzo del segundo movimiento en el final de este video, que termina justo cuando va a hacer su entrada el violín, pero luego repite de nuevo esos pocos segundos de enlace al comienzo del video siguiente, donde podemos así disfrutar entero del segundo movimiento: Andante.

Tras la entrada del fagot, el resto de la madera y la cuerda van exponiendo el tema central de este movimiento lento (pero no demasiado: es un andante, no un adagio), y en el minuto 0:35 es el violín quien toma el relevo en la exposición (es lógico: es el protagonista del concierto, ¿no?). El precioso tema se desenvuelve de forma maravillosa, obligando a que en esta sección (sobre el minuto 3:25) el violín desarrolle su tema a dos voces, es decir, obliga al solista a tocar dos cuerdas simultáneamente, la una llevando el peso del tema y la otra con un trémolo que intensifica muchísimo la sensación lírica del movimiento.

Desde mi punto de vista, este movimiento es lo más logrado que compuso Mendelssohn en toda su vida. Es espeluznante, o al menos a mí me pone los pelos de punta. Y la jovencísima Sarah Chang lo borda. Realmente lo borda. Es delicioso verla sonreír, deleitándose en esa música celestial mientras sus dedos adolescentes ejecutan las notas…

En fin, el movimiento termina cuando debe, o sea, donde la partitura dice que se acaba, y el tercer movimiento es también attacca aunque no esté enlazado como el segundo… pero casi, es decir, hay una pausa de medio segundo o así antes del comienzo del tercero, para ver el cual deberemos cambiar de video.

Aquí está, pues, el tercer y último movimiento: Allegretto non troppo – Allegro molto vivace.

Tras la introducción lenta para enlazarlo con el anterior, en el minuto 0:45 comienza la parte movidita, con un tema delicioso del violín solista acompañado sutilmente por la orquesta, sobre todo con esos trinos de la madera, la flauta sobre todo, hasta la entrada del tutti orquestal en el minuto 2:00. Este primer tema (el Allegretto, o sea, rapidito sin pasarse y con cierta gracia) sigue su curso, con un diálogo orquesta-violín magnífico, hasta la llegada del Allegro molto vivace (obviamente, muy rápido, y rapidísimo lo tocan Sarah Chang y Kurt Masur, aunque a la vez con muchísimo sentimiento) que marca el final del movimiento y del concierto, lo que se produce en el minuto 6:10. Y cuando termina la música, nos quedamos con los espectadores del Avery Fischer Hall aplaudiendo con ganas tan magnífica interpretación tanto de la solista como de la orquesta y su director. Plas, Plas, Plas

Se me hace difícil recomendar una versión concreta de este concierto. Todos, todos los grandes solistas de violín han grabado este concierto, de hecho no creo que seas considerado como un buen solista de violín hasta que hayas tocado como dios manda este portentoso concierto… David Oistrakh, Yehudi Menuhin e Isaac Stern, los tres grandes violinistas  clásicos de la segunda mitad del Siglo XX, grabaron el concierto, y lo han hecho también los violinistas que actualmente están considerados como los mejores del momento: Anne Sophie Mutter, Pinchas Kuckerman, Itzhak Perlman, Hillary Hahn, Janine Jansen, Maksim Vengérov… y la propia Sarah Chang, claro está.

Francisco G. García Fullana

Yo tengo en mucha estima, porque fue la primera versión que compré hace muchísimos años, a la de Pinchas Zuckerman con la St.Paul Chamber Orchestra, dirigida por el propio Pinchas Zuckerman, en la que además del Concierto de Mendelssohn, está también su Octeto Op.20.

Pero también hay muy buenos violinistas españoles, como Francisco Gabriel García Fullana, jovencísimo también, pero que ha tocado ya este mismo concierto incluso con Sir Colin Davis en Munich… Podéis disfrutar del concierto completo, sin cortes de ningún tipo, en la mediateca de RTVE, en la grabación de 2009 de un concierto con la Orquesta Sinfónica de RTVE y Adrian Leaper como director, aquí.

Aquellos de vosotros que dispongáis de Spotify, os podéis imaginar que hay muchas, pero muchas, versiones diferentes de este concierto allí disponibles para su audición. Desde luego que no me he escuchado todas, pero de las que he oído os puedo recomendar la de Maksim Vengérov  con la GewandhausOrchester de Leipzig, dirigida por el mismo Kurt Masur que hemos visto dirigir a Sarah Chang, y cuyo enlace encontraréis aquí, o también es realmente buena la de Itzhak Perlman con la Royal Concertgebouw de Ámsterdam y Bernard Haitink dirigiendo, cuyo enlace podéis encontrar aquí. Y, ya puestos, también la estupenda versión de la estadounidense Hillary Hahn, con la Orquesta Filarmónica de Oslo y Hugh Wolf a la batuta, que podéis encontrar aquí. En cualquier caso, vale lo que siempre digo: oír varias versiones y compararlas entre sí para quedarse con la que más nos guste a cada uno es siempre es una forma de aprender… y de encontrar de vez en cuando auténticas sorpresas. .

Pero… (Mmm, sí, ahora la pesada cantinela de siempre). Peero, decía, aunque haya muchas versiones de esta obra, y la gran mayoría buenas… ninguna tiene nada que ver con escucharla en directo. Nada de nada. Y quizá sea esto aún más importante en las obras con solista, como es el caso… Ni el mejor stereo (y por supuesto, que yo sepa, ningún PC) es capaz de reproducir las sutilezas de un stradivarius o un guarnieri en las manos de un virtuoso ejecutando una partitura perfecta, como es el caso…

Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música.

  1. Stradivarius: Violín fabricado por Antonio Stradivari []
  2. No, no me pidáis que escriba un artículo de la Pasión según San Mateo, ni tampoco de la de San Juan. Lo siento. Este pobre ignorante no puede siquiera atreverse a poner sus zarpas en estas obras, para mi gusto, conjuntamente, la obra maestra definitiva y absoluta de la música universal, y que además duran más de dos horas cada una, casi tres la de San Mateo. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 18 } Comentarios

  1. Gravatar J | 13/04/2010 at 10:43 | Permalink

    Al loro: algunos dicen que la calidad de los stradivarius se debe a que hay restos de metal en su madera, y que tales restos vienen ¡del insecticida utilizado! Lo que no me explico es por qué sabiendo eso no vuelven a fumigar unos árboles y prueban ;-)

  2. Gravatar Macluskey | 13/04/2010 at 01:17 | Permalink

    @J: Teorías sobre por qué los dichosos stradivarius suenan como suenan hay muchas. Que si Antonio Stradivarius utilizó no sé qué árbol que crecía en medio de un río y la vibración del agua dio a la madera unas cualidades excepcionales para vibrar y resonar. Que si hubo una plaga y fumigaron los árboles con no sé qué producto que se usaba en la época. Que si los barnices que usaba eran especiales y secretos y nadie ha sido capaz de conocer cómo los hacía… En definitiva, nadie lo sabe con certeza.

    Pero… ¡Cómo suenan! Siempre que asisto a un concierto de violín que toca un solista poseedor de (mejor dicho, prestatario de ;) ) un stradivarius o un guarnieri, te aseguro que la cosa cambia bastante sobre si toca otro tipo de violín, por excelente que sea.

    Saludos

  3. Gravatar OboeCrack | 13/04/2010 at 04:11 | Permalink

    Tuve el privilegio de asistir al concierto anual en el Palacio Real, en el que tocaron con los Stradivarius palatinos. ¡Que maravilla! Interpretaron dos cuartetos: de Mozart y Brahms, sin duda el último fue el mejor, que era con dos cellos. No me acuerdo el número de opus, si te interesa te los mando por mail. Es cierto que hay muchas teorías, ya no saben que decir al respecto. Lo que noté es que hay que tener muchos redaños para aceptar tocar con estos violines prestados, aparte de ser un músico de primera fila. Al primer violín en contadas ocasiones se le iba un dedo y provocaba ese sonido chirriante agudo característico. No es lo mismo que si tocara con su instrumento. Pero el cellista, bueno los dos, eran sublimes. Invitaron a la comunidad universataria: la gente se ponía a hablar en mitad de la obra, una vergüenza! Seguro que para algunos era la primera vez que iban a un concierto de tales características, lástima que no supieran aprovecharlo. Gracias, una vez más por este artículo. (el de la wiki es traducción mía y es Artículo Bueno, espero que te haya ayudado)

  4. Gravatar Macluskey | 13/04/2010 at 06:50 | Permalink

    @Oboecrack: Sí que me ha ayudado, claro que sí. Un gran artículo. Y algún programa de mano de algún concierto que conservo, y sobre todo, sobre todo, mi deslenguada capacidad para destripar cualquier cosa que se me ponga por delante… ;)

    Sobre los stradivarius palatinos, sabrás que tienen un problema: están habitualmente expuestos en unas hermosas vitrinas en el Palacio, lo que es una solemne tontería, pero así son las cosas. Y unos instrumentos de esas características necesitan, necesitan, que se les toque con frecuencia, para que las vibraciones de la música mantengan flexible la madera. Ésa es la razón por la que, una o dos veces al año, se programan conciertos (siempre gratuitos) con ellos. Pero… ¡con dos veces al año no es suficiente! Lo lógico sería prestárselos a buenos violinistas, violistas o cellos españoles, como hacen las grandes fundaciones de todo el mundo: compran el violín y luego lo prestan, debidamente asegurado, a un buen violinista para que lo toque y, de paso, lo mantenga en perfectas condiciones. En una vitrina no pintan nada. Nada de nada.

    A ver si llega alguien con sentido al Patronato del Palacio Real, o a Patrimonio o donde sea, y pone remedio al asunto.

    Gracias por tu comentario. Y saludos.

  5. Gravatar Lemurido | 14/04/2010 at 08:52 | Permalink

    El grupo de cuerda ( palatinos o decorados ) que posee pratimonio nacional son tocados cada mes , por musicos. Los instrumentos de cuerda si no se tocan se vuelven “sordos” .

    La importacia de estos instrumentos no son por su especial sonoridad sino porque son un grupo coherente de instrumentos y es muy raro encontrar un grupo de instrumentos construidos en la misma fecha y por el mismo constructor . Aparte de su bella factura ( unica en el mundo )

    Se da demasiada importancia al instrumento y parece que el interprete fuera un simple robot . David Oistrack tenia un strad. tirando a “normalito” y lo que sonaba era excepcional . Naturalmente lo que necesita un interprete especial es un instrumento a su altura que pueda sacarle todas sus posiblidades .

    Y volviendo al concierto de Mendelssohn , para mi los mejores interpretes no son ni asiaticos ni jovenzuelos , para tocar este concierto como casi todos los Romanticos hace fata una gran capacidad de fraseo y combinar lirimos en los pasajes lentos y una gran brillantez en los en los rápidos ( la dificultad de los pasajes no tiene que depender de la velocidad ) y para eso actualmente tanto Itzhak Perlman y Pinchas Kuckerman son insuperables sin contar con la gente que le precedió

  6. Gravatar Macluskey | 14/04/2010 at 03:42 | Permalink

    Gracias por la precisión, Lemurido… En mis tiempos se tocaban con muy poca frecuencia, me alegro que ahora se haga más a menudo. Y efectivamente son el único conjunto de instrumentos de Antonio Stradivari que se conserva… ¿no se les podía prestar al Cuarteto Salamanca, o el Quinteto Falla o algo así? Me dan envidia los grandes violinistas rusos o japoneses, o los grandes cuartetos como el Tokio que acaba de tocar en Madrid, que tocan siempre stradivarius prestados por fundaciones de sus países, en España podríamos hacer algo asi. En fin.

    Tienes razón que una quinceañera, por niña prodigio que sea, no puede bordar este concierto. He seleccionado esta grabación dentro de lo disponible en youtube, teniendo en cuenta la calidad de la interpretación, la de la grabación, por dónde están cortados (Brrrr), etc. Pero no te preocupes, que en el próximo episodio de esta ignorante serie me voy a desquitar… ¡ya lo creo que me desquitaré! Ya me contarás entonces si he acertado con la selección del video. ;)

    ¡Saludos!

  7. Gravatar Lemurido | 15/04/2010 at 02:36 | Permalink

    Lo del uso público de estos instrumentos de patrimonio nacional es un tema peliagudo , ¿Cual es el criterio para su uso ?. Las envidias y sentimientos similares son comunes en ambitos artísticos y entre unos y otros la casa sin barrer ( que en este caso es el disfrute público de los instrumentos ) y siendo la propiedad de los mismos pública puede por estas cosas generar mucha polémica.

  8. Gravatar dulitel | 19/04/2010 at 12:48 | Permalink

    cobarde!! quiero esa entrada de la pasion…no seas judas…. cagüen…

  9. Gravatar Macluskey | 19/04/2010 at 05:22 | Permalink

    @dulitel: ¡Sí! ¡Soy cobarde! No me atrevo, la verdad. Quizá aparezca algo del Viejo Peluca, como le llama Fernando Argenta, más adelante en la serie, pero no las Pasiones. Esas no. Me dan canguelo. :)

    No, de verdad, no sólo es que no me atreva, es que no he encontrado ninguna versión que esté entera… no creo que en los youtubes estén las Pasiones, pues necesitarían al menos quince o veinte videos. Y además, mis gustos acerca de las Pasiones no tienen nada que ver con lo que se lleva ahora, ni con lo más in. Estoy out, completamente out. Con decirte que el año pasado compré una entrada para ver y oír la Pasión según San Mateo, y a los quince mintos me levanté y me fui… Sí, soy un poco extremista en lo tocante a pasiones, así que mejor dejo que otros lo hagan por mí…

    ¿Por qué no te atreves tú, dulitel?? ;) Seguro que lo haces mejor que yo… y puedes contar con mi ayuda para lo que sea.

    Te esperamos!!

  10. Gravatar Anastacio Cabo de Vi | 01/07/2012 at 07:00 | Permalink

    Es usted un peligro para la sabiduría humana, no se puede eregir en critico musical con sólo unos infra conocimientos basico de este arte. No hay nada peor que un modesto diletante coninfulas de sabio, usted ha oido campanas pero no tiene ni idea, desista usted usted de esta pretención. No olvide ud. que el piano no es mas que un mueble de adorno que puede sonar, pero cuando este surgió en el s. XVIII, ya el violín era el centro de la música,la tecnología del piano es propia para minusvalidos, con perón de estos, te has fijado en que cualquieram toca el piano de oido pero el violín no, los recursos expresivos de este abaco de los sonidos, son tan limitados que hace honor a su nombre original:Piano forte, que estodo cuanto puede hacerse en el a falta de otros recursos como los timbres,el legato y ya no hablar de toda la gama de golpes de arcos que posee el violín. de que hablas, eres un derroche viviente de ignorancia.

  11. Gravatar Pedro | 01/07/2012 at 07:17 | Permalink

    Anastacio, sin palabras me hallo. Sin palabras… :)

    P.S. J, si crees que el comentario no merece ser publicado lo puedes borrar (junto con éste, claro). Yo iba a hacerlo pero, cuando he terminado de leer, me he encontrado a mí mismo sonriendo así que lo he dejado. Me tengo que apuntar lo de “derroche viviente de ignorancia” :)

  12. Gravatar Macluskey | 02/07/2012 at 04:32 | Permalink

    Anastacio Cabo de Vi:

    ¡¡Por fin me has descubierto!! ;)

    Por fin alguien se ha dado cuenta de que soy un ignorante… ma non troppo.

    Sí, permite que explique lo de “ma non troppo”: Al menos… ¡Una vez tuve un violín en mis manos! :D (No intenté tocarlo, desde luego, no lo fuera a romper…)

    Eso sí, amigo: no sé de dónde has sacado que yo me quiera erigir en “crítico musical”… ¡Pero si no sé distinguir una corchea de un legato!, no sé cómo podría yo atribuirme esa condición…

    Mira que lo he dicho veces: Yo de música no tengo ni idea. Sólo tengo un oído, bueno o malo, pero el mío, y ganas de contar lo que oigo, nada más.

    Ahora bien, habiéndote dado la razón en todo… ¡Menudo comentario tan bien fundado! Das una cantidad de datos e información apabullante: después de leerlo, sé mucho más sobre música, sobre Mendelssohn, sobre su concierto y sobre cómo se toca un violín… En fin.

    J: Digo lo mismo que Pedro… Hazlo extensivo también a éste.

  13. Gravatar Freddy | 05/09/2012 at 05:00 | Permalink

    Estoy leyendo (y escuchando!) la serie desde el principio e iba a comentar en el último capítulo, pero en respuesta a Anastacio lo escribo aquí: Mac, de verdad, yo de mayor quiero ser tan ignorante como tú.

  14. Gravatar Macluskey | 05/09/2012 at 05:51 | Permalink

    @Freddy:

    …yo de mayor quiero ser tan ignorante como tú.

    Pues… ¡No te va a ser muy difícil! :D

    Si disfrutas aunque sea un poquito, o descubres alguna que otra maravilla semidesconocida (que alguna vas a encontrar, seguro), por mi parte me siento más que pagado.

    Saludos, y gracias por tu comentario.

    Mac

  15. Gravatar Roger Balsach | 19/05/2014 at 06:49 | Permalink

    Mac, acabas de dejarme paranoico total… ¿¿¿como que Mendelssohn solo compuso un concierto para violín??? Yo conozco otro que siempre he atribuido a Mendelssohn (porque supongo que ambos hablamos del mismo Felix Mendelssohn no?), pues eso, que yo siempre he atribuido un concierto para violín a Mendelssohn, pero claro… tu eres un ignorante, pero yo lo soy aún más así que ahora me has dejado totalmente fuera de sitio…

    Hasta donde yo conozco Felix Mendelssohn compuso un concierto para violín en Re menor al que yo siempre he llamado Concierto para violín número 1 de Mendelssohn, y luego este en Mi menor que yo siempre he llamado Concierto para violín número 2 de Mendelssohn (y no soy el único, https://www.youtube.com/watch?v=V5bsQsqHY1M aquí esta un concierto para violín en Re menor atribuido también a Mendelssohn que, obviamente no es el que acabo de escuchar leyendo este artículo…)

    Bueno, espero que puedas aclararme esto (como ya he dicho soy un ignorante total… así que a lo mejor es de otro Felix Mendelssohn, o de alguien otro que lo compuso en honor a Mendelssohn y yo ni me he enterado…).

    En cualquier caso, una versión que a mi me gusta mucho de este concierto y que está en Spotify es la de la Prague Chamber Orchestra con Nemanja Radulovic al violín.

  16. Gravatar Macluskey | 19/05/2014 at 11:19 | Permalink

    Pues tienes razón, Roger…

    Resulta que Mendelssohn escribió cuando era mozo un concierto para violín en re menor… que no conoce ni el tato.

    En los cuatro discos que yo tengo con este concierto dice que es el “Concierto para violín de Mendelssohn”, a secas, no el concierto número 2, que sería lo lógico si hubiera (o si estuviera reconocido como una obra interesante) el número 1. Nunca jamás he escuchado este concierto número 1 en re menor. Ni en disco ni en directo. Ni siquiera sabía que existía.

    Pero sí, tienes razón, Mendelssohn escribió 2 conciertos.

    Es lo que pasa con compositores precoces. Por ejemplo, Rachmaninoff compuso dos de los mejores conciertos jamás escritos para piano y orquesta, los números 2 y 3, y otro que está muy bien también sin llegar a las cimas de los anteriores. ¿Y el número 1? Pues sí, hay un concierto número 1 de Rachmaninoff compuesto cuando era un zagal, que es terrible… pero que de todos modos alguien ha grabado (como Ashkenazy, por ejemplo), para tener la integral de conciertos de Rachmaninoff.

    Pues con Mendelssohn, ni eso. Debe ser bastante malo ese concierto, deduzco, aunque siendo como soy un ignorante… ¡quién sabe!

    Gracias por el apunte.

    Y sí, también tienes razón en esto, la versión de Sarah Chang no me gusta mucho. Hay como ochenta grabaciones mejores.

    ¿Y por qué está aquí la da Sarah Chang?

    Fácil: porque cuando publiqué el artículo hace años youtube sólo permitía videos de 10 minutos… y había lo que había, muy poco donde elegir. Ahora puedes encontrar fácilmente versiones sublimes de este sublime concierto (para mi ignorante punto de vista, uno de los DOS súperconciertos para violín y orquesta: el otro es el Tchaikowsky, claro), así que no te prives de escuchar cualquier otro que sea mejor… disfrutarás mucho más.

    Saludos

  17. Gravatar Roger Balsach | 20/05/2014 at 02:52 | Permalink

    Pues me alegro de haber podido hacer una aportación aquí :D a mi personalmente el concierto para violín número 1 no me desagrada (claro esta no se puede comparar con el número 2 o con otros conciertos para violín como el de Tchaikowsky o el de Beethoven) pero bueno… como siempre para gustos colores, para mi cualquier concierto para violín o Cello me gusta (siempre que lo haya escrito alguien con cabeza, no eso que hacen algunos, que parece que se les cayera la tinta sobre el papel y se lo dieran a alguien por error). Supongo que será por el hecho de que toco el Cello… (o a lo mejor es por el hecho de que me gustan esos conciertos que toco el Cello… nunca lo sabremos :P )

    Por cierto, por ahora solo hay 4 artículos que solo con leer el título me he puesto nervioso solo de esperar la gran belleza que me esperaba en el artículo y este es uno de ellos (claro esta que hay otros que aún no he leído ya que voy por orden pero estoy deseando llegar ya, como el siguiente XD)

    Saludos Roger ;)

  18. Gravatar Macluskey | 20/05/2014 at 05:56 | Permalink

    Pues el siguiente tiene una de las mejores versiones de todos los tiempos… un poco antigua, eso sí, pero una delicia auténtica.

    Ya lo verás. (Espero)…

    Saludos

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