Regístrate | Conectar
El Tamiz Libros Recursos Series Únete 10 Users Online
Skip to content

Historia de un ignorante, ma non troppo… Sinfonía núm. 7, “Leningrado”, de Shostakovich.




Hoy estoy contento. Pensé que nunca podría escribir un artículo de esta ignota serie musical dedicado a esta Sinfonía tan espectacular… y, mira tú por dónde, al final sí que he podido, puesto que he encontrado una serie de videos en los que se puede escuchar esta sinfonía completa de forma más que correcta, es decir, con un solo video para cada uno de sus cuatro movimientos.

Porque correcta, lo que se dice correcta del todo, no, nunca podrá ser cualquier audición de esta brutal sinfonía en un stereo, y no digamos nada en un youtube de esos… El rango dinámico que se da en una Sala de Conciertos, debido tanto a la amplitud de la plantilla necesaria para ejecutarla como por la potencia que desarrolla, no podrá ser nunca conseguido ni de lejos por el mejor de los stereos.

Y sin embargo, estamos ante una de las obras cumbre del Siglo XX, escrita por un compositor excepcional en unas circunstancias excepcionales, por lo que espero que cualquier pequeño inconveniente sea una minucia comparado con el placer de escucharla. O al menos ésa es mi opinión. Veremos si la compartís…

Dmitri Shostakovich

Nació Dmitri Dmitrievich Shostakovich precisamente en Leningrado en 1906… sólo que entonces esa ciudad no se llamaba aún Leningrado, sino que ostentaba su nombre original, el que Pedro el Grande le dio cuando la fundó en 1703, es decir, San Petersburgo. Capital del Imperio zarista desde pocos años después de su fundación, en detrimento de Moscú, fue precisamente en San Petersburgo donde cuajó la Revolución Bolchevique en octubre de 1917.[1]

A raíz de la victoria revolucionaria, San Petersburgo fue renombrada como Petrogrado (Ciudad de Pedro, se supone que “el Grande” que la fundó), eliminando toda relación con su santidad el primer papa de la iglesia cristiana.[2] Claro que apenas un par de años más tarde fue nuevamente bautizada con el nombre de un santo… de un santo marxista, por supuesto, y se convirtió en la “Ciudad de Lenin”: Leningrado. Hoy en día se llama nuevamente, tras un referendum popular, San Petersburgo.

Bien, nuestro buen Dmitri era, pues, natural de San Petersburgo/Petrogrado/Leningrado. Fue un niño prodigio, pianista precoz y compositor más precoz todavía, aunque le costó graduarse en el Conservatorio de su ciudad, se llamara como se llamara en esos años, porque no aprobó el examen de “metodología marxista”… la política no era lo suyo. El caso es que en 1925, con 19 años, saltó repentinamente a la fama al ganar el premio de composición con su Primera Sinfonía, obra compuesta para su graduación, y que es una auténtica declaración de intenciones de lo que vendría después.

Compuso, dio recitales de piano, trabajo en un teatro, siguió componiendo… hacia finales de los veinte (del Siglo pasado) su amigo Ivan Sollertinsky le mostró la música de Mahler (casi desconocido para muchísimos en la época, fuertemente dominada por la colección de dodecafonistas de la Escuela de Viena que se habían puesto tan de moda por entonces). Y Mahler tuvo una enorme influencia en su música desde entonces, a partir de su Cuarta Sinfonía. La Quinta es, de hecho, cuasi-mahleriana, y una de sus mejores obras.

Ya en 1936 tuvo problemas con la censura soviética, pues fue denunciado por hacer música “antimarxista”, o “contraria a la lucha de clases”, o “pro-occidental”, o algo así. Parte de su música fue censurada, prohibida… pero él siguió componiendo. Esto mismo le ocurrió muchas otras veces, chocar con los censores soviéticos por un quítame allá esas pajas estilísticos, que a los censores no les gustaban sus obras por decadentes y formalistas y tal, y él erre que erre… Mucho se ha hablado y escrito sobre si Shostakovich era o no un disidente soviético, sin llegar a ninguna conclusión, por lo que sé.

Mi impresión personal (si es que a alguien le importa algo) es que todo esto a Shostakovich le importaba un pito. Componía lo que le parecía bien a él… le pareciera bien o mal al censor de turno. Yo creo que cohabitó con el régimen soviético dando una de cal y otra de arena. Escribió algunas de las más exaltadas obras pro-soviéticas, como es el caso de sus Sinfonías números 3, 7, que es la de hoy, y la número 11, que son claramente de ésas, pero compuso también algunas de las obras más desmitificadoras del universo de la dictadura del proletariado, como sus Sinfonías números 8 y 9, o la famosísima Suite de Jazz… Y mientras tanto, vivía mayormente de escribir música de películas, películas soviéticas, claro, donde que yo sepa nunca fue acusado de nada, o sea, que sus bandas sonora eran meridianamente patrióticas, heroicas y marxistas-leninistas de pura cepa, signifique eso lo que signifique, que yo ya sabéis que de eso no entiendo mucho.

Un ejemplo de esta actitud suya es la siguiente historia: Después de escribir en 1941 la Sinfonía de hoy, la Séptima, que ahora veréis la exaltación que debió provocar en el pueblo soviético durante la Gran Guerra Patriótica (que es como ellos llaman a la Segunda Guerra Mundial), y de escribir en 1943 la Octava, solemne, sombría y acongojada como pocas, rememorando el enorme sufrimiento provocado por la Guerra (sinfonía que no gustó nada a la jerarquía de la URSS, empezando por el propio Stalin, aunque la toleraron), cuando por fin Alemania fue vencida en 1945 Shostakovich compuso su Novena Sinfonía, que se suponía debería ser la exaltación final de la epopeya del pueblo soviético y tal pascual. Y además, era la Novena suya, nada menos, con las reminiscencias beethovenianas, dvorakianas o mahlerianas que tiene el numerito “9”, así que se esperaba una auténtica obra grandiosa…

Pues no, nuestro amigo se despachó con una Sinfonía con cinco movimientos, pero exactamente lo contrario de lo que se esperaba, lo más alejada posible a la exaltación patriótica que puede uno imaginarse: con toques de Haydn y de Rossini, irónica, festiva, con una duración de poco más de veinte minutos, sin gota de exaltación patriótica ni de nada, con muchos momentos en que parece música circense, o la de los caballitos…

Ni os imagináis el rebote que se pilló el padrecito Stalin, lo que ocasionó que, por segunda vez, le persiguieran y le prohibieran y le amenazaran…

San Petersburgo: Plaza del Palacio de Invierno

Y sin embargo, unos años más tarde compuso su Undécima Sinfonía, titulada “1905”, rememorando la masacre que el ejército zarista hizo en la Plaza del Palacio de Invierno de San Petersburgo ese año, disolviendo a tiro limpio una pacífica manifestación obrera y campesina, donde Shostakovich volvió por sus fueros de exaltación de la Revolución Obrera y todo el rollo… Así que no sé muy bien si fue un buen comunista pero un poco díscolo, o un ferviente anticomunista en la sombra. Y no creo que nadie lo sepa a estas alturas.

El caso es que, prohibido y semi-perseguido o no, Shostakovich siempre gozó del favor del público soviético y del resto del mundo, y por lo que se ve, también de sus jerarcas, pues cuando falleció era poseedor de una docena o más de las más distinguidas condecoraciones de la URSS, entre ellas la Orden de Lenin, la Orden de la Revolución de Octubre, el Premio Lenin y el Stalin y, la más importante quizás, Héroe del Trabajo Socialista. Aunque es cierto también que, una vez fallecido Stalin, y con Nikita Kruschev como Premier de la URSS, las cosas mejoraron en lo que respecta a la música, y el propio Shostakovich accedió a ingresar con pompa y boato en el Partido Comunista de la Unión Soviética en 1960, ya con 54 años de edad y padeciendo diversas enfermedades…

Dmitri Dmitrievich Shostakovich falleció en 1975, tras “larga y penosa enfermedad”. Seguramente es el más grande compositor del Siglo XX (no considero en esta categoría a Mahler, que aunque sí vivió en el Siglo XX, pues falleció en 1910, nació y compuso buena parte de su producción en el XIX).

Vamos ya a centrarnos en su Séptima Sinfonía en do mayor, Op.60, “Leningrado”. Pero primero he de hacer una breve disquisición histórica necesaria para comprender la obra; no me llevará mucho tiempo y sin ella, no se sacaría el jugo a lo que vais a escuchar.

Shostakovich vivía con su familia en Leningrado cuando en junio de 1941 se produjo la declaración de guerra por parte de Alemania a la Unión Soviética. Sorpresiva hasta cierto punto, ya que mediante los acuerdos Molotov-Ribentropp de 1939 ambas potencias se habían repartido amigablemente Polonia y declarado amor eterno.

Rápidamente los engrasados ejércitos de la Wehrmacht invadieron el territorio soviético, empezando por la parte soviética de Polonia, Bielorrusia, Ucrania y los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), hasta llegar a la misma Rusia, divididos en dos grupos de operaciones principales. Uno de ellos se dirigió como una flecha hacia Moscú y hacia las reservas petrolíferas del Cáucaso… año y medio más tarde sus restos serían finalmente masacrados en Stalingrado, la actual Volgogrado. El otro grupo de ejércitos, al mando del mariscal Von Leeb, se dirigió como un rayo hacia el norte, para eliminar la salida soviética al Báltico, por lo que su objetivo natural era… Leningrado, que era y es el puerto más importante de la zona. Con una población de unos tres millones de habitantes, era, además, el núcleo industrial más importante de todo el norte. Tomarlo, o al menos inutilizarlo, era un evidente objetivo militar del ejército del Eje.

A fines de agosto de 1941, el ejército alemán llegó a las afueras de San Petersburgo… digo… de Leningrado. El primero de septiembre comenzaron a caer granadas en la ciudad. El día 15 de septiembre, el cerco se cerró. Leningrado estaba sitiada, sin posibilidad de ser abastecida, ni liberada ni rescatada. La situación era muy complicada; quizá lo más lógico y humano sería declararla Ciudad Abierta y permitir el acceso al ejército del Eje. Pues no. Stalin dio órdenes imperativas de obligado cumplimiento bajo pena de fusilamiento inmediato: “Resistir”; “Leningrado no se rinde”; “He dicho”. El Mariscal Zhukov, quien sería el encargado de tomar Berlín cuatro años después, comandaba las fuerzas defensoras.

En la otra parte, Hitler quería también tomar la ciudad, y dio las órdenes oportunas para ello, pero como la ciudad resistió en los primeros meses, y como consideró “un problema logístico” alimentar a la población civil en caso de tomar la ciudad, parece que decidió simplemente acabar con sus habitantes por hambre y frío. Impidió el abastecimiento de la ciudad desde el exterior, mientras la bombardeaba sistemáticamente desde sus posiciones. Se produjo el Sitio de Leningrado, casi 900 días de sitio, donde la única forma de enviar mínimamente algo de comida era por la llamada “Ruta de la Vida”, con camiones que circulaban sobre el río Neva helado (cosa que sólo podía hacerse en lo más crudo del invierno, y con grandes pérdidas debidas a los bombardeos alemanes, particularmente de los bombarderos en picado “Stuka”).[3]

No hay palabras para describir lo que debió ser el Sitio de Leningrado. Se calcula que murieron entre un millón y un millón y medio de personas, la gran mayoría, civiles. De hambre y de frío. Desaparecieron todos los animales de la ciudad, incluidas las ratas. Todos fueron comidos. Hubo muchísimos casos de canibalismo, gente que vendía carne humana, gente que la compraba sin preguntar el origen… en fin: no hay palabras. En enero de 1944 el Ejército Rojo rompió por fin el bloqueo y pudo liberar la ciudad, sólo para encontrarse allí una sucursal del infierno.

No es quizá de los episodios más conocidos de la Segunda Guerra Mundial, pero sí uno de los más terribles, pues recuerda a los sitios históricos de la antigüedad (el de Bizancio por los turcos de Mehmet II, el de Damasco por Tamerlán, el de Siracusa por Claudio Marcelo…) pero en pleno Siglo XX y con casi tres millones de personas sitiadas.

A todo esto, Dmitri Shostakovich había ya comenzado la escritura de su Séptima Sinfonía cuando se produjo el ataque alemán. Parece, incluso, que el famoso tema de la invasión que es el corazón del primer movimiento (luego lo oiremos) ya lo había compuesto casi un año antes de que se produjera la invasión alemana a la URSS (pero en cualquier caso, después del comienzo de la Guerra Mundial, en septiembre de 1939), y esto hace que los críticos se pregunten a qué invasión se refería cuando escribió el tema. Pero una vez estrenada la obra, en 1942, mientras el terrible Sitio continuaba, evidentemente se adjudicó este tema a la ominosa invasión del ejército alemán a la Rodina,[4] del mismo modo que el Réquiem que sigue al tema de la invasión fue adjudicado al dolor por los soviéticos que murieron para contener a la hidra fascista, etc, etc.

Shostakovich compuso los dos primeros movimientos de esta Séptima Sinfonía en Leningrado, habiendo escrito el segundo de ellos en quince días, en septiembre de 1941, entre bombardeo y bombardeo. En realidad, ni él ni su familia sufrieron en demasía el sitio de la ciudad. Fueron evacuados cuando aún había alguna ruta de escape practicable, a primeros de octubre de 1941, apenas un mes después de que comenzaran los bombardeos alemanes. También fueron evacuados una serie de notables elegidos mediante algún oscuro criterio, entre los que estaban los músicos de la Sinfónica de Leningrado.[5] Se estableció en Kuybishev (hoy Samara), y allí terminó de componer la sinfonía en muy poco tiempo.

Es evidente que le llegaban las noticias de lo que estaba pasando en su querida ciudad, por lo que paulatina e inevitablemente la sinfonía, que inicialmente tenía un programa diferente, cambió, para convertirse cuando fue terminada, en diciembre del mismo año 1941, en lo que fue entonces y sigue siendo hoy: Un símbolo de la resistencia del pueblo soviético (ruso) ante la invasión del extranjero, una proclama contra el totalitarismo nazi y contra el militarismo en general y la guerra en particular (aunque los soviets con esta última parte no estaban muy de acuerdo).

Iosif Stalin

Stalin vio de inmediato el potencial propagandístico que podía brindar esta música tan poderosa, y promocionó su ejecución y emisión radiofónica lo máximo posible en la URSS en plena guerra. En Rusia sigue siendo considerada como el mayor testamento musical por parte de los más de 25 millones de ciudadanos soviéticos que perdieron la vida en la Gran Guerra Patriótica,[6] y como muestra de ello, una vez al año se interpreta en el cementerio donde hay enterradas más de medio millón de víctimas del Sitio para conmemorar el evento. Se programó en todas partes, incluso en la propia Leningrado sitiada se encontraron a duras penas los músicos suficientes para ejecutarla el propio año 1942, y se emitió por todos los altavoces de la ciudad, con el simbolismo que debió tener para los sitiados. La sinfonía viajó rápidamente en microfilm a Occidente, siendo estrenada y radiada en EE.UU. y lo que quedaba de Europa. Se convirtió en un símbolo, en definitiva.

Por consiguiente, estamos ante una auténtica Sinfonía de la Guerra, de la guerra contra el invasor, de la guerra de liberación…. de la guerra, en definitiva. No es quizá la mejor sinfonía de Shostakovich, la más redonda y perfecta,[7] pero sí es la más conocida e interpretada (y la más larga, también: dura alrededor de hora y cuarto), debido a la enorme carga emocional que Shostakovich, horrorizado por las noticias del sitio y sus propias experiencias, transmitió a la partitura.

La plantilla orquestal necesaria para ejecutar esta sinfonía es enorme: la cuerda bien nutrida (60 o 70 profesores, como poco), madera triple, un nutridísimo metal, con seis trompetas, nada menos, ocho trompas y otros seis trombones, más la tuba, piano, dos arpas y una sección de percusión gigantesca, con cinco timbales, dos o tres cajas, bombo, platillos, gong, xilófono, etc, etc, etc. Unos ciento diez músicos es el número mínimo necesario para su interpretación. En una Sala de Conciertos el resultado es abrumador, os lo digo yo, que lo he oído… varias veces.

Bien. Vamos ya a escuchar la obra, siguiendo una serie de videos con fotos fijas del San Petersburgo de hogaño, o sea, el Leningrado de antaño, en la versión de la Orquesta de la Radio del Oeste Alemán, o WDR Sinfonieorchester Köln, dirigida por el recientemente fallecido Rudolf Barshai. Quizá no sea la versión más reputada de las que se han grabado,[8] pero tiene alguna ventaja. La orquesta, alemana, es, como todas las alemanas, muy precisa y suena muy bien. Y en cuanto al director, el ruso Rudolf Barshai, resulta que era amigo íntimo de Dmitri Shostakovich, y fue el director que estrenó algunas de sus últimas sinfonías y obras de cámara, por lo que es de esperar que la interpretación de la obra sea cercana a lo que el autor deseaba. A este respecto cabe destacar que cuando Shostakovich escuchó la primera grabación de la obra que el reputado como mejor director del momento, Arturo Toscanini, hizo con la orquesta de la NBC, y que hizo famosa a la obra en Occidente, se indignó con ella asegurando que ni el tempo, ni la entonación, ni el espíritu eran los correctos… Incluso llegó a escribir una carta a Toscanini quejándose amargamente de esto. Esperemos que su amigo Barshai sí que haya acertado con estas cosillas.

Son cuatro movimientos, al más puro estilo clásico, y cada uno está en un único video. Cierto que el cuarto movimiento debe comenzar inmediatamente después del tercero, en attaca, pero siendo ése el único problema, a estas alturas no nos vamos a preocupar por estas cosillas…

El primer movimiento, Allegretto, comienza en el video siguiente. Aquel que, viendo que se trata de un Allegretto, piense en música amable y desenfadada… va listo. Vamos con el video:

Comienza con una potente intervención de la cuerda, con dominio de la grave (violas, cellos y contrabajos), punteada por el metal, premonitoria de lo que va a ser el resto de la sinfonía. Rápidamente toma el relevo la madera, y el tema se desgrana, potente, siempre liderado por la cuerda en pleno. En el minuto 1:10 la música se vuelve casi militar… pero en el minuto 1:30 la música se va apaciguando. Las flautas toman el protagonismo de un tema mucho más tranquilo, seguido por la cuerda, luego los oboes, la cuerda otra vez, con temas distintos para los violines y los cellos… Quizá quiera expresar Shostakovich lo tranquilos que vivían antes de que se montara el sarao…

La flauta solista retoma nuevamente el bucólico tema, siempre acompañada por la cuerda, tema que se va desgranando hasta que el violín del concertino toma el relevo para finalizar la escena. La frase del violín termina en el minuto 5:45 e inmediatamente podemos oír la primera intervención de la caja solista.[9] El percusionista asignado a la primera caja va a tener trabajo a destajo a destajo a partir de ahora. Efectivamente, podemos escuchar el redoble del tambor… digo, de la caja, marcando el paso. Se trata del tema de la invasión, el famosísimo tema de la invasión del que antes hablé.

Este tema es un ostinato, es decir, la misma música se va repitiendo una y otra vez, con cambios en la instrumentación, en la orquestación, la altura, etc.[10] Bueno, pues este ostinato que recuerda fuertemente a una marcha militar se repetirá doce veces, siempre con el obstinado redoble de la caja marcando imperturbable el ritmo in crescendo de la invasión, nunca mejor dicho lo de “in crescendo”.

Dicen los que saben de esto que el tema de la marcha del ostinato que tanto se repite se basa en realidad en tres temas musicales preexistentes: unas notas de la opereta “La Viuda Alegre”, de Franz Lehar; otras pocas notas de un pasaje de una ópera anterior del propio Shostakovich, “Lady Macbeth del Distrito de Mtsensk” (debido a esta ópera sufrió su primera denuncia por “formalista” y “mal soviético”); y entre medias, seis notas descendentes muy características, que por lo visto son tomadas del “Deutschland uber Alles”, el himno alemán de entonces y de ahora, y por ende, del III Reich alemán, compuesto inicialmente por Franz Joseph Haydn a fines del Siglo XVIII como el segundo movimiento de su Cuarteto 76, número 3, “Kaiserquartet”. Interpretaciones sobre esta selección de temas, las hay para todos los gustos. Cada uno que se quede con la que prefiera; a mí me basta decir que es una música impactante, y que consigue plenamente su efecto: agitarnos, conmovernos y también amedrentarnos… Shostakovich dijo años más tarde que había compuesto no una “Sinfonía de la Guerra”, como la propaganda soviética se encargó de difundir a los cuatro vientos, sino más bien una “Sinfonía del Terror”. Ahí queda su declaración.

Comienza muy bajito, piano, exclusivamente con la cuerda en pizzicato respondiendo al de momento lejano ritmo de la caja; la segunda repetición, en el minuto 6:35, es a cargo del oboe solista, con el fondo tamborilero que se nos hará familiar. La siguiente repetición es en el minuto 7:15, con la flauta y el clarinete solista llevando simultáneamente el tema. En el minuto 7:55 entra de nuevo el oboe acompañado por el fagot, pero éste último está en canon, de tal manera que el oboe dice una frase y el fagot la repite literalmente, aunque más grave, claro. En el minuto 9:15 son trompetas con sordina y trompas quienes llevan el peso del tema, con la caja redoblando cada vez más fuerte. En el minuto 9:55 son oboe y clarinete también en canon, pero ahora no tan desfasados como los anteriores; el clarinete entra unas pocas notas tras la entrada de la flauta, no la frase entera como antes. El redoble sube de intensidad, y más instrumentos se unen a la caja para marcar el paso…

En el minuto 10:35 es ahora la cuerda en pleno quien lleva el tema principal, y en el minuto 11:20 es de nuevo la cuerda, pero más y más instrumentos se van uniendo a la melodía, y también al contrapunto, a la vez que una segunda caja se une a la primera para marcar el ritmo. Se pueden oír los trombones, entre otros instrumentos, “ayudando” a las cajas a llevar el ostinato. En el minuto 11:55 es ahora el metal grave (trompas y trombones, más la tuba) quienes llevan el tema, mientras que en el acompañamiento se distingue muy bien el xilófono junto con la madera, en contrapunto… El volumen sube más y más. En el minuto 12:35 ya no sé muy bien quién lleva la voz cantante (trompetas, sobre todo, con la cuerda, el bombo, los platillos y qué sé yo más). El contrapunto es más y más abrumador, parece algún tipo de máquina infernal trabajando a todo ritmo… En el minuto 13:15 hay cuerda, panderetas y el metal con una ominosa melodía de fondo… parecen ahora aviones, bombarderos, haciendo picados. Si hay una tercera caja en la plantilla, éste es el momento de unirse a la fiesta, porque también el timbal y el bombo comienzan a colaborar en el ostinato.

En el minuto 13:55 la cosa se va ya de las manos… el metal a pleno pulmón, la madera, la percusión (bombo, tam-tam, timbal… qué sé yo… ¡todo!)… Y entonces, en el minuto 14:30, cambia la melodía (parece que es porque hay un cambio de clave, sea eso lo que sea, que lo dice el libreto de mi versión en CD), siendo de nuevo el metal en pleno quien lleva el peso del tema. Y por fin en el minuto 15:20 comienza la penúltima repetición del tema ostinato. La orquesta en pleno interviene a toda pastilla, dando comienzo la última repetición en el minuto 16:00, cada vez más inquietante, más ominosa.

La música sube y sube y sube… hasta que en el minuto 16:30 un tremebundo golpe de gong pone fin al espectáculo, y el tema cambia radicalmente… la invasión ha finalizado. Todo está ya invadido, y ahora empieza el periodo de ocupación. Una serie de notas ascendentes del metal en pleno nos llenan de terror. Los martillazos en el gong marcan un antes y un después. La música sigue con una agitación espeluznante… En el minuto 18:00 comienza la coda de esta formidable invasión. Las flautas y la flauta piccolo dan una agudísima nota final de terror.

Todo está acabado. Sólo queda la desesperación y el horror. Comienza un Réquiem por los difuntos de tanta batalla. La música va descendiendo gradualmente, hasta que a partir del minuto 19:00 sólo las flautas solitarias cantan una suave melodía, que va desapareciendo poco a poco, para dar entrada a una nueva fase en este Réquiem.

A partir del minuto 20:05 es el fagot quien comienza su canto, punteado por la cuerda grave en pizzicato, en una larguísima intervención solista muy poco habitual en obras sinfónicas. Más de dos minutos canta el fagot. En el minuto 21:05 arranca el tema en las cuerdas, aunque se sigue oyendo a fagot y contrafagot en contrapunto. Pero en el minuto 22:15 vuelven las notas graves de fagot y tuba, dando entrada a la cuerda en piano, en un tema tranquilo y pesaroso, que se va diluyendo lentamente pasando de instrumento a instrumento… y de pronto, en el minuto 25:25 vuelve a oírse, pianissimo, a la caja marcando el ritmo de la invasión, y a una trompeta con sordina llevando en solitario el tema principal… para recordarnos por qué estábamos de luto, no se nos vaya a olvidar. La música desaparece poco a poco y el movimiento termina, junto con el video.

Por cierto, no había dicho nada de los videos. La música está muy bien. En cuanto a las imágenes, vale que sean fotos fijas de San Petersburgo, pero aparentemente de una gran calidad, aunque el youtube no les hace justicia para nada. Hay que destacarlo, porque se ve cada cosa por aquí…

El segundo movimiento, Moderato (poco allegretto) está en el video siguiente:

Intitulado “Recuerdos”, este movimiento es mitad un scherzo y mitad un intermedio lírico, que recuerda quizá aquel tiempo pasado que, esta vez, sí que fue mejor.

Comienza con un pasaje bastante tranquilo y casi bailable de la cuerda, seguida de un precioso solo de más de un minuto del oboe solista en el minuto 1:25. La melodía continúa después pasando de instrumento a instrumento, corno inglés, flauta, clarinete, y de nuevo la cuerda, hasta que en el minuto 4:20, el tema cambia con la intervención de la madera en pleno, liderada por el clarinete, que luego es seguida del metal, la cuerda y la madera. El tema se vuelve marcial nuevamente, y aparece un nuevo ostinato, mucho menos potente y marcado que el del primer movimiento, que se desarrolla durante unos minutos. Unas escalas descendentes de la cuerda nos llevan, en el minuto 6:50 a repetir el tema inicial del movimiento. Sin embargo, pronto cambia, y podemos asistir en el minuto 7:20 a uno de los poquísimos solos de contrafagot que se pueden escuchar en el repertorio. Su música muy grave y levemente chirriante, acompañada por la agitación de la madera, la cuerda y el xilófono en contrapunto, nos da una sensación de… eso, de chirrido, de desolación, de pena, de asco, quizá. En el minuto 8:40 acaba el solo del contrafagot y rápidamente se vuelve al tema original, que se va desgranando tranquilamente hasta la tranquila conclusión del movimiento, y del video con él.

Para disfrutar del tercer movimiento hay que cambiar de video. Vamos, pues, con este tercer movimiento, Adagio.

Se trata de un Adagio, un tiempo lento, cuyo título original era “Las amplias extensiones de Nuestra Tierra”, dedicado a exaltar la infinitud del paisaje ruso, con sus estepas, sus bosques interminables, sus nieves y sus largos días veraniegos (y los cortos invernales, supongo). Shostakovich intentó aquí hacer un retrato de Leningrado, con sus puentes sobre el Neva, sus museos, sus amplias extensiones (puedo asegurar que es una ciudad de amplias extensiones, tanto como para dejar derrengado al pobre turista que decida patearla), sus gloriosos atardeceres y sus famosas noches blancas…

Comienza con un tema lírico a cargo de madera y metal con sordina, rápidamente seguidos por los violines, en el minuto 0:30. El tema se desarrolla plácidamente, evocando, se supone, los canales, los muelles y las amplias avenidas de Leningrado. En el minuto 2:50 contrafagot y trompa tienen una curiosa intervención en dúo, seguida por el pizzicato de los contrabajos y una flauta solista que canta un solo muy emotivo en el minuto 3:35. El resto de la madera se va uniendo, y la melodía sigue hasta el minuto 5:20, en que es la cuerda quien interviene, distinguiéndose por momentos a violines primeros y segundos, cada cual con su tema.

En el minuto 6:45 se recapitula el tema original, que de pronto se vuelve más y más agitado, hasta que en el minuto 7:20 la tensión estalla en un tema frenético, realmente agitado, que no cuadra nada con la denominación general de Adagio del movimiento (quizá esté rememorando la dichosa invasión). Cuerda y metal se suceden, con una nueva intervención de las cajas que vuelven a darnos ese aire de marcha militar perenne en toda la sinfonía. En fin, el tema continúa de esta guisa hasta que esta agitada sección va desapareciendo, dando entrada a una repetición del primer tema del movimiento, que en un momento queda en una nota descendente de la cuerda cada vez más bajo…

Continúa con el mismo tema suave, roto en el minuto 12:15 por un pizzicato de cellos y contrabajos y un nuevo tema a cargo de la cuerda, al que luego se une la madera. El tema se desgrana, evocando de nuevo las amplias extensiones de la tierra rusa, hasta que en el minuto 15:10 el tema principal del movimiento vuelve por sus fueros, incluyendo ya casi al final el tan característico dúo de contrafagot y trompa, y así sigue hasta el final del movimiento. Y del video, con él.

Para oír el cuarto y último movimiento debemos cambiar de video de esos de fotos bonitas de San Petersburgo. Vamos ya con este cuarto movimiento, Allegro non troppo:

Comienza este movimiento muy suave, con una melodía llevada por la cuerda que lentamente va creciendo en intensidad y en altura… hasta que en minuto 1:25 la cuerda grave se arranca con una potente intervención con reminiscencias de marcha militar, tema muy presente en toda la obra, como habéis visto. Los violines acompañan a los pocos segundos la melodía con gran agitación, que sigue de ese tenor hasta la irrupción del metal grave (trompas y trombones) en el minuto 3:35. La melodía sube más y más su agitación y su volumen, hasta que queda una sonora melodía llevada por los cellos, cuando de pronto se escuchan, por ocho veces, una especie de latigazos, el primero de ellos en el minuto 5:30. Estos latigazos no son producidos por ningún instrumento de percusión, a pesar de la nutrida representación de percusionistas que hay en la obra (podría parecer que es el látigo quien provoca el sonido, dado que el propio Shostakovich lo usó en otras sinfonías suyas, pero no). En realidad, están producidos por… ¡los contrabajos! todos al unísono, tirando de las cuerdas y soltándolas luego para que golpeen contra el mástil… curioso instrumento de percusión el “inventado” aquí por Shostakovich.

Continúa la agitada melodía, hasta que un nuevo tema, más tranquilo y suave, siempre con preponderancia de las notas graves, irrumpe en el minuto 6:00. La melodía sigue su curso hasta que se va desvaneciendo lentamente (en esta sección volvemos a escuchar nítidamente al contrafagot), sólo para cambiar a una clave distinta en el minuto 9:15, también en piano, que dará origen a un nuevo tema…

La melodía cambia, se hace más grave, más solemne… Intervenciones esporádicas de la trompeta, remedando una llamada militar con corneta, vuelven a dar ese aire de marcha militar, acentuada por el ritmo machacón de los fagotes, y el tema va subiendo de intensidad y también de altura, mientras más instrumentos se suman a la melodía. El metal toma más y más protagonismo, imponiéndose paulatinamente a la cuerda. Fijaos en la brutal entrada del trombón bajo en el minuto 14:10, tomando el control de los acontecimientos por un momento, siendo rápidamente relevado por las trompetas. El tema se sigue desgranando, subiendo en intensidad, hasta que un redoble de caja y timbal remarcado por un sonoro “platillazo” en el minuto 14:50 nos introduce, a golpes de bombo y platillo, el exaltado tema final. Pero no se trata de un tema triunfal, ni mucho menos, sino duro, amargo, pesaroso… Un final abierto, pues, nada definitivo, incierto, ni más ni menos que como era el destino de Leningrado y de sus gentes en el momento de la composición de la sinfonía.

Y con este final, que no es en absoluto un Grand Finale al uso, termina el movimiento y la sinfonía. Efectivamente, no es un final alegre ni gozoso ni tampoco orgulloso… más bien es un final ambiguo, un poco irónico, que no sabes muy bien cómo interpretar. Todo esto dio pábulo a la supuesta disidencia de Shostakovich ante el régimen soviético, aunque más bien sería ante el régimen stalinista, porque una vez que Stalin falleció, su adhesión al régimen fue completa, llegando incluso a ser miembro del Soviet Supremo, el máximo órgano legislativo de la Unión Soviética. Lo que no quita para que, como decía al principio, fuera un compositor extraordinario en circunstancias extraordinarias…

…Y que me haya salido otro artículo de 6.000 palabras. ¡Si es que no aprendo!

.

Como antes dije, existen decenas y decenas de grabaciones de esta obra. Todos los directores y orquestas de campanillas la han grabado, así que hay mucho donde elegir. De las grabaciones de los últimos años (lo que asegura un excelente sonido) es muy reputada la de Valery Gergiev con la Sinfónica de Rótterdam y la Orquesta del Teatro Marinskii de San Petersburgo, juntas aunque no revueltas. Curioso lo de mezclar elementos de ambas orquestas, pero el resultado es excelente.

.

En Spotify hay también bastantes versiones, entre las que no se encuentra la de Rudolf Barshai del video… mejor, así podemos comparar. Por ejemplo, tenéis la de un monstruo como Leonard Bernstein dirigiendo a la Sinfónica de Chicago, cuyo enlace está aquí. Es una versión más lenta que la del video (quizá demasiado lenta para mi gusto), pero el ostinato de la invasión es realmente espectacular. Como hay más versiones, como la de Karajan o la de Ashkenazy, podéis buscarlas y comparar. Ya sabéis que, para gustos, los colores.

.

Y, en este caso, tiene más justificación que nunca el pesado mantra de todos los artículos: Si podéis oír esta sinfonía en directo, mejor, mucho, mucho mejor. Esta obra tiene un rango dinámico tremendo, con muchos instrumentos generando muchos decibelios de potencia sonora. Ningún stereo puede igualar la sensación de oírla en directo. De veras. Y además es una obra que sí suele programarse con cierta frecuencia, así que es normalmente factible adquirir entradas para disfrutarla in situ por unas monedas. Bueno, vale, unos billetes.

Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música.

  1. Aunque es conocida como la Revolución de octubre, en realidad fue en noviembre según el calendario occidental, pues el calendario ruso de la época seguía siendo el juliano, usado por el mayoritario rito ortodoxo, que no había regularizado los días perdidos. De hecho, el día 25 de octubre, día del lanzamiento definitivo de la Revolución, era el 7 de noviembre según nuestro calendario gregoriano. []
  2. San Petersburgo quiere decir, obviamente, “Ciudad de San Pedro”, en un sutil juego de palabras propiciado por el otro Pedro que la fundó. Resulta que San Pedro era el santo patrono de la familia de los Romanov, de la que Pedro I fue el máximo exponente. []
  3. El río Neva es un pedazo de río de mucho cuidado, corto pero caudalosísimo, pues es la única vía de desagüe del inmenso Lago Ladoga. []
  4. La Madre patria, en ruso []
  5. Había planes para evacuar a millón y medio de personas, las no útiles para defender la ciudad… nunca se llevaron a cabo. []
  6. ¡25 millones de rusos, ucranianos, etc, que se dice pronto! []
  7. Pocos compositores o críticos occidentales la consideraron una obra maestra cuando la escucharon… pero claro, ellos no habían estado bajo las bombas; es posible que, de haber estado, les hubiera hecho cambiar ligeramente su percepción al respecto. []
  8. Todos los directores que se precien han grabado esta sinfonía, incluidos los grandes como Karajan, Bernstein, Ashkenazy, Janssons, Gergiev, etc, así que hay mucho y bueno para elegir. []
  9. “Caja orquestal” es lo que la mayoría de los mortales denominamos “tambor”: forma parte de las baterías, se toca con palillos, etc. []
  10. Un famoso ostinato es el del Bolero de Ravel. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 17 } Comentarios

  1. Gravatar Juan Carlos Giler | 10/02/2011 at 07:44 | Permalink

    Según el libro de los Records, el asedio hacia Leningrado fue el peor de la historia de la Humanidad. No es raro decir que haya servido de “inspiración”.

  2. Gravatar Saul_IP | 18/02/2011 at 10:49 | Permalink

    Una obra magnífica, pero la parte que a mí más me gusta es el Allegretto: ese viaje desde la tranquilidad y la paz hasta el desmadre del final del tiempo… ¡me pone los pelos de punta! Ah, y excelente el artículo, como todos.

  3. Gravatar OboeCrack | 23/02/2011 at 09:07 | Permalink

    Excelente artículo! Esta sinfonía la llevo escuchando de pequeñito, es de lo poco de Shostakovich que se deja oir. Vas a ir al auditorio a algun concierto que merezca la pena?

  4. Gravatar Macluskey | 23/02/2011 at 10:44 | Permalink

    @OboeCrack: Hombre, no sólo la Leningrado es escuchable de Shostakovich… La Suite de Jazz, por ejemplo, preciosa. El concierto número 1 de cello, magnífico. Alguna otra Sinfonía, como la 5 o la 11, también tienen lo suyo. Pero sí, para mi gusto lo mejor es la Leningrado, que es absolutamente demoledora.

    Y sí, tengo como seis o siete conciertos en lo que queda de año. La ONE ha tocado ya la Sexta de Mahler, y tocarán, además, la Tercera, la Cuarta y la Quinta… que no me perderé por nada del mundo, claro. Y el fin de semana pasado escuché el Concierto 3 de Rachmaninoff (Yuja Wang; no me acabó de llenar: mucha técnica y poco corazón, me pareció) y la Patética de Tchaikowsky… una pasada, claro. Y, como siempre, la gente apludiendo al final del scherzo… ¡qué cruz!!

    En fin, se hace lo que se puede…

  5. Gravatar Luis Ángel de Benito | 11/03/2013 at 12:30 | Permalink

    Muchas gracias por esta estupenda síntesis. Le ha mencionado en mi programa “Música y Siginificado”, de Radio Clásica: http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-y-significado/musica-significado-shostakovich-sinfonia-leningrado-08-03-13/1713509/ Un saludo muy amistoso, Luis Ángel de Benito

  6. Gravatar Pedro | 11/03/2013 at 03:43 | Permalink

    Luis Ángel, si no has leído el resto de esta serie de Macluskey, no tiene desperdicio ni uno solo de los cuarenta y cinco artículos que ha publicado hasta la fecha: http://eltamiz.com/elcedazo/series/historia-de-un-ignorante-ma-non-troppo/

    Tampoco tiene desperdicio la serie conjunta con Gustavo Britos, Música y Ciencia. Nunca había leído nada igual: http://eltamiz.com/elcedazo/musica-y-ciencia/

  7. Gravatar Macluskey | 11/03/2013 at 09:14 | Permalink

    @Luis Ángel: Muchísimas gracias por tu amabilidad.

    El que uno de los más prestigiosos críticos y divulgadores musicales del país utilice mis pobres palabras en uno de los más reputados programas sobre música clásica me llena de orgullo.

    No sé qué decir, sinceramente, que no sea simplemente… ¡Gracias!!

    Y, desde luego, todos los textos de este blog están a su disposición, si lo desea.

    Saludos

    Macluskey

  8. Gravatar Jose | 05/08/2014 at 05:49 | Permalink

    Según tengo entendido Karajan nunca interpretó esta sinfonía.

  9. Gravatar carlos | 29/11/2015 at 09:11 | Permalink

    Yo sólo quería decir que Leningrado no fue llamada así hasta después de la muerte de Lenin (1924), no dos años después de cambiar a Petrogrado. Y por otra parte, tampoco fueron los revolucionarios bolcheviques quienes rebajaron de categoría a San Petersburgo; esto se hizo en 1914 cuando el zar decidió hacerlo porque el nombre original sonaba germanófilo.

    Es que de todo se echa la culpa a los bolcheviques y a Lenin, hombre.

  10. Gravatar Miguel Valiente | 22/02/2016 at 01:54 | Permalink

    Simlemente darte las gracias por la cantidad de información y apreciaciones que das sobre esta obra.

    Tiene un enorme mérito y te animo a que sigas haciendo aquí lo que te apetezca. Será un placer leer lo que vas publicando.

    Desde mi punto de vista, en la música existen muchas connotaciones filosoficas, artisicas, históricas. Algo que veo incomprensible y que sobre todo existe en España y los paises de habla hispana es de la cultura musical que no solo no se tiene, es que ni siquiera creo que se aprecia- Me refiero sobre todo a que por ejemplo se habla de Historia del Arte y jamas se habla de la Música…qué es la música entonces ¿una ciencia?. Se habla de historia y del pensamiento poltico y filosofico en general y tampoco se menciona como ejemplo las obras musicales. ¿Que importancia tienen las marchas militares y funebres , himnos de todo tipo? ¿Ninguna?. Y ¿alguien puede explicar el Romanticismo o el Barroco sin la música? Pues, se hace . Lamentablemente se hace, y bastante. Y a veces es casi más práctico y fácil poner una obra de Chopin o Stravinsky que ir a visitar un monumento…

    Bueno, reflexión un poco larga, pero que me sale del alma.

    Gracias y un saludo.

    Saludos de otro melómano y persona que busca y encuentra (a veces) en la música muchas cosas.

  11. Gravatar Macluskey | 22/02/2016 at 02:40 | Permalink

    Amigo Miguel, tienes toda la razón.

    Cuando yo he estudiado Historia del Arte, muchos años ha, me han contado la arquitectura, la pintura, la escultura… pero nada de nada de Música. Ni de Danza, ni de Teatro, que digo yo que son igualmente artes con toda la barba, ¿no? Y conozco a varios licenciados en Historia del Arte que no distinguen una corchea de un arpegio (más o menos como yo, vaya).

    Pero es lo que hay…

    Y si de verdad quieres leer más artículos míos (allá tú… ;) ), tienes como sesenta a tu disposición: http://eltamiz.com/elcedazo/series/historia-de-un-ignorante-ma-non-troppo/

    Gracias por tus amables palabras.

  12. Gravatar Monzón3 | 21/07/2019 at 01:41 | Permalink

    Interesantísimo, una vez más. Muchas gracias por los artículos, creo que es muy útil ir desgranando poco a poco lo que va sonando porque de otra manera a mí se me pasaría, como que si tal y tal instrumento hacen un canon, o si en tal momento las cuerdas responden a los metales, o yo qué sé.

    Desde hace un par de meses me ha dado por la música clásica (tengo 28 años), aunque música llevo escuchando, y mucha, desde por lo menos los 12, y la verdad que estos artículos me ayudan un montón a entender un poco mejor estas obras. Y es que, en parte porque mi cultura sobre la música clásica es nula, y en parte por lo que veo que comentábais un poco más arriba: la falta de enseñanza que existe en estos temas en España, la verdad es que me resulta complicado entenderla por mí mismo y no me parece un arte tan accesible como el cine, por ejemplo, que también me encanta, así que estos artículos son de gran ayuda.

    En fin, que entre unas cosas y otras he leído ya algunos de tus artículos y me vienen estupendos, y anoche me puse el programa de Música y significado de esta sinfonía y al ver que te nombraban corté y me acosté, con la intención de leer este artículo primero, escuchar la sinfonía entera (en el podcast no está entera) y luego ya escucharé esta tarde el programa.

    Y a finales de Septiembre iré por primera vez en mi vida a ver música clásica en directo: Carmina Burana en Madrid.

    Un saludo y seguiré leyendo tus artículos y si acaso comentando alguno de ellos. Muchas gracias de nuevo.

  13. Gravatar Macluskey | 22/07/2019 at 10:20 | Permalink

    Gracias, Monzón3, por tus amables palabras.

    Así que te vas a desvirgar con una Carmina Burana… Buena elección. Quizá te vendría bien revisar el artículo que escribí hace eones de esa obra para comprenderla bien. No sé qué orquesta la toca en septiembre, pero sí sé que hay programada por la ORCAM el día 3 de febrero del año que viene una Carmina Burana participativa que puede ser de escándalo. Es un concierto extraordinario, no de ciclo, por lo que será más sencillo encontrar entradas cuando salgan a la venta. Te lo recomiendo.

    Y ya puestos a recomendar, la OCNE empieza su ciclo 19-20 los días 4, 5 y 6 de octubre con una Resurrección de Mahler dirigida por Christoph Eschenbach que también tiene una pinta realmente estupenda.

    En fin, espero que la experiencia te resulte catárquica y te conviertas en un apasionado de la música en directo… ¡no tiene nada que ver con la enlatada!!!

    Saludos

  14. Gravatar Monzon3 | 22/07/2019 at 04:28 | Permalink

    Sí, sí, ya leí los dos artículos de las Carmina Burana, el de la obra original y el de la adaptación de Chumachenko. De hecho todo empezó por ahí: estaba viendo Excalibur (1981) y cuando sonó el O fortuna pensé que era una canción de El señor de los anillos (fijate el nivel… y perdona si te tuteo, que ya me he dado cuenta que lo hice ayer, pero es que por Internet me es más difícil mantener las formas), pero claro El señor de los anillos como que es 20 años después y pensé “igual la han plagiado” así que empecé a tirar del hilo y descubrí que era una canción famosísima de una obra famosísima que yo no conocía y una cosa llevo a la otra y la verdad que me gusta mucho mucho la obra entera (que tenga letra ayuda, la verdad, en mi caso). Y nada leí cuatro o cinco artículos más de por aquí y ahora voy por la vida escuchando Shostakovich, que hasta hace 10 días no sabía ni quién era…

    En fin, seguro que la experiencia en directo es muy buena, de siempre me ha encantado la música en directo y he estado en muchos muchos conciertos, así que nada… de Metallica a textos latinos del s.XI, por qué no? Si al final acaban todos en la taberna levantando el vaso…

    Gracias por la recomendación, intentaré también escuchar a Mahler, del que por supuesto ni el nombre conocía… y seguro que iré a otro concierto pronto.

  15. Gravatar Macluskey | 23/07/2019 at 09:55 | Permalink

    Bueno, Monzón, ya veo que ye ha picado el gusanillo… Te va a pasar como a Saulo camino de Damasco!! (obviamente podemos tutearnos sin problemas, en internet todos somos avatares o poco menos…).

    Poco a poco, amigo, poco a poco irás descubriendo joyas maravillosas… entre obras no tan maravillosas o que, simplemente, te gustarán menos o nada. Ten en cuenta que estás en el mismo punto en que yo estaba hace muuuuchos años, cuando tras el éxito del “Himno a la Alegría” de Miguel Ríos investigué un poco para aprender que eso era parte de una cosa llamada “Novena Sinfonía” de un tal Beethoven… me compré un disco (rebajado) con semejante obra, me la puse en el tocata… y aquí estoy 50 años después, hablando de música como si supiera algo de ella, yo que soy un absoluto ignorante.

    ¿Por dónde empezar? Buff, difícil cuestión. Ten en cuanta que lo que hoy llamamos “música clásica” es lo que durante muchos siglos se llamaba “música”, a secas. No había otra cosa. Así que, por supuesto, hay miles (millones!) de obras de todo pelaje. Y de todas las épocas y estilos. Nada, absolutamente nada tiene que ver un madrigal renacentista con una sinfonía mahleriana, y sin embargo ambas caen dentro de la categoría “música clásica”.

    Yo te recomendaría que fueras buscando obras muy conocidas y escucharlas enteras. Por ejemplo, la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart (espero que al menos Mozart te suene, je, je), la Quinta Sinfonía de Beethoven, la Pastoral, también de Beethoven… cosas que te suenen. Y yo iría a escuchar obras escogidas en directo. Si estás en Madrid, puedo recomendarte algunos conciertos que tendrán lugar esta temporada que seguro que te gustan y te meterán el gusanillo en el cuerpo.

    Orquesta y Coro Nacionales de España:

    Suelen repetir el mismo programa viernes, sábado y domingo. Como el domingo no se venden abonos, es más fácil encontrar entradas, y además es más barato.

    4-5-6 octubre: Sinfonía núm. 2, Resurrección, de Gustav Mahler. Es apoteósica, y en directo se te caen los palos del sombrajo, lo juro.

    13-14-15 diciembre: Triple Concierto (violín, cello y piano) de Beethoven y la Quinta Sinfonía de Mahler. Ambas obras bellísimas.

    24-25-26 abril 2020: Concierto de piano núm. 3 de Prokofiev y Sinfonía núm. 1 de Sibelius. Una combinación irresistible, para mi gusto.

    Orquesta Sinfónica de Madrid

    Es la orquesta titular del Teatro Real, y toca 8 conciertos en el año, siempre en día laborable por la tarde.

    14 noviembre: Concierto de piano 29 de Mozart, Concierto para oboe de Richard Strauss (no confundir con los Strauss de los valses, que no tiene nada que ver),m Así hablaba Zaratustra (¿te acuerdas de 2001, una odisea espacial, de Kubrik? Ésta es la música), y Suspiros de España, adaptación de Cristóbal Halffter. Un concierto muy variado y bonito.

    23 diciembre: Novena Sinfonía de Beethoven. Aunque es prácticamente seguro que no vas a encontrar entradas…

    20 enero: Sinfonía núm, 8, Inacabada, de Schubert (la más conocida con diferencia de él), y Sinfonía núm 7 de Bruckner (una de las mejores de Bruckner, para mi gusto).

    Orquesta de la Comunidad de Madrid (ORCAM).

    14 enero: Beethoven, el concierto de piano número 3 y la Sinfonia número 3, Heroica, y otra cosita más de Beethoven para abrir boca. De lo mejorcito de Beethoven.

    3 de febrero: Carmina Burana, concierto participativo. Es decir, con unos 450 ó 500 cantantes, en lugar de los 80-90 habituales. Una experiencia única.

    Hay otras orquestas más que tocan en Madrid, pero éstas son las más “serias”, por decirlo de alguna manera. También vienen a hacer bolos orquestas muy famosas (Filarmónica de Viena y cosas así), a precios desorbitados y, generalmente, con no muchas ganas de darlo todo…

    En fin, espero que este macro comentario ta haya servido de algo…

    Saludos

    Mac

  16. Gravatar Monzon3 | 23/07/2019 at 03:53 | Permalink

    Uoo, muchas gracias por el tocho, muy útil! A Mozart sí le conozco! Pero por la peli de Amadeus… jaja na, es coña (peliculón, por cierto), hay ciertos nombres (pocos) que sí conozco, incluso de obras, y además seguro que las he oído muchas veces pero soy incapaz de identificarlas.

    Pues la cosa es que estoy viviendo en Reino Unido ahora mismo pero estaré por Madrid en Octubre entero así que mira, va a ser que me apunto la segunda de Mahler, que además veo que hay artículo aquí. A ver si un día de estos cojo los cascos buenos y un buen rato para sentarme a escucharla con calma y sin hacer nada más, que si no me distraigo.

    Veo que dices que para la novena de Beethoven de la Sinfónica de Madrid será complicado pillar entradas, pero en el Auditorio Nacional veo que la interpretan el 11 de Octubre, había pensado ir a esa también, ya que la he escuchado y también me ha gustado.

    Para el resto me temo que no estaré por Madrid, pero me viene bien de todas formas porque cojo algunas ideas para ir escuchando nuevas cosas poco a poco. Por otro lado, a partir de Noviembre, aunque no este en Madrid estaré por varios sitios de Europa y ahora que me ha dado el venazo creo que voy a intentar ir a ver algunos conciertos en Berlín o Viena y quizá Moscú o San Petersburgo, siempre que no se vaya de presupuesto el asunto…

    En fin, queda un buen camino por delante.

    Por cierto, en otro orden de cosas, la página esta entera es interesantísima, no entiendo cómo no la había descubierto antes si lleva tanto tiempo funcionando, pero me pega que voy a echar buenos ratos aquí.

  17. Gravatar Macluskey | 23/07/2019 at 08:28 | Permalink

    Pues perfecto, monzón3.

    En toda Europa es sencillo conseguir entradas para buenos conciertos. Las orquestas suelen ser mejores que las de aquí (no sé si habrás leído en la prensa estos días los cachondeos, por decirlo de algún modo, que está habiendo en las oposiciones a catedrático del Conservatorio… impresentable), así que seguro que encuentras buenas opciones.

    Si puedes, no te pierdas la Resurrección de Mahler, es de las obras más impactantes que conozco dentro de que todas y cada una de las sinfonías mahlerianas son maravillosas: Gustav Mahler es, de algún modo, el culmen de la música romántica, es el compositor que coge todas las temáticas y técnicas anteriores (Bach, Beethoven, Wagner, Brahms…) y las lleva a la perfección. Aquí he comentado suyas la Primera, Titán, la Segunda, Resurrección, la Tercera, la Quinta y la Octava, y no descarto comentar el resto algún día. Pero lo más importante de estos comentarios no son mis pobres palabras, sino que las versiones enlazadas son fastuosas todas ellas, de lo mejorcito que se encuentra en youtube.

    En fin, ¡buena caza!! ;)

Escribe un comentario

Tu dirección de correo no es mostrada. Los campos requeridos están marcados *

Al escribir un comentario aquí nos otorgas el permiso irrevocable de reproducir tus palabras y tu nombre/sitio web como atribución.