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Un proceso emergente al que hemos llamado vida




Curiosamente, en estos últimos días, escribo el día 11 de junio de 2019, en los comentarios de la entrada 32 de la serie “Biografía de la Vida”, de este blog de El Cedazo, entrada que está dedicada a describir cómo los peces conquistaron la tierra, se ha suscitado un foro en donde se argumentan diversas posturas acerca de la consciencia del hombre. Lo cual me ha hecho pensar en lo que pueda ser la Vida y en lo que pueda ser el Hombre que razona.

¿Qué es la Vida? ¿Qué es estar vivo? Creo que simplemente es un concepto, uno más, inventado por nosotros los hombres para podernos entender cuando hablamos y que concreta un proceso que se halla en el seno de la Existencia con las siguientes características: Vida es lo que cualifica a un sistema capaz de autosubsistir y de autogenerarse. Metabolismo y descendencia.

Físicamente no es nada misterioso, aunque sí complejo.

La Existencia, tal como la concebimos, es una realidad que se manifiesta de diferentes maneras a diferentes escalas. Hagamos un zum desde el pixelado grueso al pixelado más fino: Seres inteligentes – seres vivos – bioquímica (o simplemente química) – macrofísica (masas, inercias, movimientos…) – física del mundo cuántico. Esta última ocupando la base, según lo que parece ser lo más probable por lo que hasta ahora conocemos. Aunque nunca se sabe… el futuro quizás nos traiga, al igual que Einstein amplió a Newton, un nuevo genio que amplíe a Schrödinger y compañía.

Lo más elemental por donde nos manejamos más seguros (y digo más seguros para dejar claro que no es absolutamente seguros) es el etéreo mundo de campos cuánticos, sus excitaciones, partículas e interrelaciones. Un mundo no concreto, azaroso, que sólo nos muestra una probabilidad de sus estados, que es capaz de navegar por el tiempo en todos los sentidos y, claro está según lo anterior, completamente contra-intuitivo para unos seres que han evolucionado y solamente necesitan vivir en el mundo macro.

Sin embargo, lo que experimentamos nos permite creer con bastante fuerza en su existencia. Sobre esta física tan extraña se ha construido una teoría, un modelo que por ahora se ajusta muy bien con lo que observamos. Muy bien no es lo exacto… ¡con un gran éxito! Me estoy refiriendo al Modelo Estándar de la Física de Partículas, en donde la física cuántica de campos nos ha permitido encontrar una base que precisamente, por estar en la base, necesariamente soporta todo lo demás, desde la macrofísica a las emergencias del cerebro humano. En esa base se encuentran unas familias de partículas y unas fuerzas de interrelación entre ellas. Hoy por hoy muy concretas, aunque quizás no sean la última palabra de la simplicidad. Si la hay, y la encontramos, podemos estar bastante seguros de que no va a quebrar nuestro modelo estándar, sino que simplemente va a ampliar nuestro campo de entendimiento. Como pasó con la física de Newton y Einstein.

Este es un punto de partida razonablemente sólido. En todo caso, más sólido que cualquier otro, dado el conjunto de evidencias que lo amparan y las muchas menos, o inexistentes, que amparan cualesquiera otras explicaciones de lo que experimentamos como realidad. Apoyados en esa mayor probabilidad, hoy por hoy tenemos que defender el hecho de que la base de campos cuánticos y sus excitaciones -ondas/partículas- deben ser el soporte de todo lo demás.

Y ¿qué es todo lo demás? Diversas capas de cebollas, cada una con sus leyes coherentes y su razonabilidad en ellas mismas. Pero ¡ah!, cada capa se soporta en la anterior, a la que no puede contravenir pues, entonces, si aceptamos la existencia de una capa “díscola” y aceptamos el nivel de conocimiento de esa capa díscola como bueno, deberíamos empezar a pensar en cambiar nuestros conocimientos más básicos, los que imprimen coherencia en la capa inferior. Y como he comentado hay una, la más básica, el mundo cuántico, donde por encontrarnos bastante seguros la tenemos que considerar la mejor cimentación para construir el edificio. Ya suponéis que las capas de cebolla a que me refería antes son meras simbologías. Son figuras literarias de realidades emergentes, cada una con un grano de definición de la existencia más grueso. Del mundo cuántico y su física más básica emerge lo que he llamado macrofísica y química. Son mundos en los que las partículas aún cuentan, como los átomos, pero donde las relaciones son otras, las dirigen otras leyes: hablamos de velocidades, masas y choques elásticos, hablamos de presiones y temperaturas, hablamos de átomos y moléculas y cuerpos, y de cómo interactúan entre ellos y, muy importante, hablamos de una flecha del tiempo. Abandonado el mundo cuántico, la segunda ley de la termodinámica aparece como incuestionable. Al mundo, el que existe, como sistema cerrado que es no le queda otra posibilidad que ir de una entropía muy baja a una muy alta. Del orden al desorden. El tiempo sólo corre en una dirección.

¿Nos atrevemos a cerrar el círculo?

Desde el mundo cuántico y el de la física daremos un nuevo paso emergente para llegar a la química, en donde focalizar sobre las moléculas del carbono, que van a configurar un entorno especial que llamamos bioquímica. A partir de este mundo y, no lo olvidemos, su base cuántica, surge una nueva emergencia: la Vida. Las moléculas solas no forman la Vida, las partículas elementales por sí solas no forman la Vida, las fuerzas fundamentales por sí solas no favorecen la Vida. Junta millones de moléculas en una caja y ahí no hay Vida. Júntalas de una determinada manera y ahí hay una bacteria. En esta determinada manera hay moléculas, fuerzas y energías, velocidades, presiones y temperaturas. Cuántica, física y química. Y de ninguna de las maneras el mundo emergente de la Vida puede contravenir a esos tres mundos completos en sí mismos, inventando un matiz que no pueda ser explicado a partir del mundo del grano más fino. La Vida en sí es otro mundo, con otros parámetros y otras palabras, completo en sí mismo, no necesita hablar de fuerzas nucleares, ni necesita hablar de niveles energéticos atómicos. Solamente necesita parte del vocabulario químico y físico y hablar de cosas nuevas como la fisiología, el metabolismo, la replicación, la evolución, la gestión de energía con el entorno.

Esto último es la Vida, lo que la salva de la tiranía de la flecha del tiempo, que es lo mismo que la tiranía de la segunda ley de la termodinámica, la tiranía del incremento de la entropía, del incremento del desorden. Porque está claro que un ser vivo está “más ordenado”, que puede explicar su organismo macro a partir de menos alternativas moleculares micro que las que ofrece la materia inerte. La aparición de un ser vivo implica que en un cierto punto del espacio-tiempo hay una “incongruencia” en forma de disminución inesperada de entropía. La respuesta al dilema es conocida: al Universo, en su expansión adiabática, como conjunto aislado, no le queda más remedio que seguir la flecha del tiempo e incrementar siempre, en cada instante, su entropía. Sorprendentemente, un ser vivo “ordenado” encaja bien en este escenario, ya que su disminución de entropía se consigue gracias a que la particular flecha del Universo realiza un escaloncito mayor de ganancia de entropía, escaloncito que equivale al del descenso de entropía necesaria para crear y mantener un ser vivo.

Así que hasta ahora no hay nada raro. La Vida surge como una emergencia a partir de una cadena de entornos emergentes soportados en el mundo cuántico. Dentro del Universo y las leyes que le rigen, la Vida es un sistema absolutamente posible que no contraviene a sus mundos madre. Un ser vivo es una máquina que absorbe energía libre de donde sea -ahora veremos de dónde-, hace un trabajo con ella, y lo que resta queda degradado en forma de calor, que vuelca al Universo de vuelta. Y eso es el escaloncito adicional de incremento de entropía que hace que el Universo cumpla las leyes físicas. Eso tan sencillo es lo mejor para ese Universo, ya que parece matemáticamente comprobado,[1] a partir de modelos similares, el hecho de que la forma más eficaz de disipar la energía útil es hacerlo mediante un sistema ordenado, no lineal, al borde del equilibrio. Suena a organismo vivo ¿no? En el Cosmos hay suficientes estrellas generando energía a toneladas en sus hornos de fusión, y hay un fondo infinito que se encuentra a menos de 3K. Desde millones de grados Kelvin a 3K, un ser vivo es lo mas eficiente para “agradar” a la flecha del tiempo. En la Tierra tenemos al Sol y también tenemos a los enlaces químicos. La energía útil generada por el sol, de baja entropía, es incorporada por las plantas a través de la fotosíntesis. Y a las plantas se las comen los animales, hongos y determinadas bacterias. Otras de estas últimas viven de la energía química de los enlaces moleculares en las rocas. Una vez incorporada a los organismos vivos esa energía útil, se ve degradada en los procesos metabólicos, quedando un residuo en forma de calor, energía de muy alta entropía, que es absorbida con facilidad por el fondo congelador del Cosmos.

Así que la Vida no es tan extraña ni tan misteriosa. Es una realidad emergente de unos mundos básicos bastantes conocidos, la “esencia” más pura de una máquina material que llamamos organismo vivo.

Mundo de la cuántica, mundo de la física, mundo de la química y mundo de la Vida. Una escalera de emergencias en donde un escalón es lo mismo que el anterior pero visto con otras gafas e interpretado con otras palabras. No obstante, parece que la estricta y única realidad deba ser el mundo cuántico, aunque los otros mundos también existen y en sí mismos tienen todo para explicar la realidad en otro nivel de realidades. Y las llamo realidades ya que evidentemente sus mundos, entenderlos, nos sirven para vivir.[2]

En los hombres se ha dado un salto adicional: la capacidad de razonamiento, de crear abstracciones, de moverse con el pensamiento desde el pasado al futuro, pasando por el presente… ¡y de darse cuenta de ello! Sin lugar a duda una nueva emergencia en la pirámide desde el pixelado fino. Como la emergencia de la Vida, tenemos que colegir que la Consciencia no tiene que ser nada raro… aunque realmente sólo sepamos de su existencia en los Homo’s… y no me extrañaría que en su faceta más elemental, la del “darse cuenta”, estuviera también presente en otros animales. Cuando me refiero a “nada raro” quiero afirmar que su explicación no depende de nada desconocido ni de nada que debamos inventar, aunque para entender al mundo de la Consciencia hay mucho de abstracción ideada a través de la historia por el propio individuo consciente. De nuevo, y al igual que dijimos para la Vida, la Consciencia la debemos ver como una de las “esencias” de una máquina material que ahora es más reducida que un organismo entero: el cerebro. La Consciencia es el “aroma” de uno de sus procesos internos, transmutación y consecuencia directa de su estado de conexionado interno en cada momento y de su capacidad de generar información, de manejarla e integrarla.

He insistido repetidas veces en que las leyes de un mundo emergente no pueden contravenir a las leyes del mundo de donde emerge. Y eso quiere decir que en el nivel donde habita la Consciencia necesariamente hay que aplicar la exigencia de la flecha del tiempo y la exigencia cuántica en tanto que sólo hay energía-materia y la energía-materia solamente interactúa siguiendo las mediaciones de las cuatro fuerzas fundamentales: gravedad, electromagnetismo, fuerza nuclear fuerte y fuerza nuclear débil. Si esto es así, y debemos pensar que tiene que ser así pues es más plausible que cualquier otra explicación imaginada hasta ahora, todas las facetas del razonamiento y de la consciencia superior tienen que emerger de la materia del cerebro, neuronas, enlaces, conectoma, y de sus procesos de manejo de información.

La Vida es una cualidad de la materia organizada. También la Consciencia es una cualidad de la materia organizada. Si tuviera que apostar, ésta sería mi alternativa favorita.

  1. Podréis encontrar una explicación que aclara el tema en esta entrada del blog “Qué vida esta” publicado por Samu. []
  2. Recordemos que todas esas disquisiciones pueden hacerse porque hay un humano que las hace. Ese humano vive y esas disquisiciones son parte de su vida. Son útiles para él. Luego habrá que admitir que son reales para él. Otra cosa es que sean una realidad en lo más esencial de la Existencia. []

Sobre el autor:

jreguart ( )

 

{ 6 } Comentarios

  1. Gravatar Konor | 19/06/2019 at 10:18 | Permalink

    “La Vida es una cualidad de la materia organizada. También la Consciencia es una cualidad de la materia organizada”. Si fuese todo esto cierto me parece más un cuento de terror que cualquier cosa . El universo es una máquina perfectamente sincronizada . El cerebro un producto de él y nuestra consciencia y nuestros valores una adaptación útil nada más . la belleza , el arte, la poesía , la fantasía y la ilusión . simplemente un engaño de nuestro cerebro . que más se puede esperar ? . que nos inserten unos chips , controlen nuestra mente y el fin de una era y el comienzo de algo que felizmente no viviré . Gracias señor Reguart .

  2. Gravatar jreguart | 20/06/2019 at 07:49 | Permalink

    Hola Konor,

    remedando a Galileo… “eppur si muove”. No sé lo que nos deparará el futuro a los humanos, pero es nuestra historia. Cambiar y, desde el punto de vista de una gran mayoría, mejorar: en conjunto vivimos mejor que hace un milenio, por ejemplo. A mi me gusta ver las cosas por su lado positivo. Me parece ilusionante que basándonos en lo que nos basamos físicamente, seamos lo que somos y sintamos las trascendencias que sentimos. Una Vida que me deja con la boca abierta.

    Yo no sé si me van a colocar un chip en el cerebro. Su bondad o maldad depende de tal como queramos ver las cosas. Si este chip avisa que mi cuerpo está comenzando a gestar una enfermedad seria y con esta información puedo atajarla a tiempo ¡bienvenido el chip! Se me pueden ocurrir muchos más beneficios no solo personales sino sociales. La dinamita se inventó para facilitar la vida a los humanos y, sin embargo, a otros se les ocurrió utilizarla para segar vidas. Las contradicciones del hombre. Repito… no necesito trascendencia para sentirme absolutamente subyugado por lo que veo. Te animo a que veas esta parte maravillosa de la existencia. Aunque te parezca todo tan material.

    Quiero quedarme un rato más comentando tu frase “simplemente un engaño de nuestro cerebro“. No, no es un engaño, es como son las cosas. Las sensaciones y emociones que te producen “la belleza , el arte, la poesía , la fantasía y la ilusión” son reales y te sirven para vivir ¡claro que son reales! Una nave llega a Marte cabalgando sobre las leyes de Kepler y Newton. ¿Alguien ha visto dichas leyes? Bien reales que son. Me repito: es todo tan subyugante que no podemos desperdiciar las muchas oportunidades que nos regala la Existencia para disfrutar del asombro. Hay hueco para la felicidad a partir de lo más material de nuestro ser. ¡Ánimo!

    No quiero dejar sin comentar lo que apuntas acerca de la humanidad con chips: no hace falta un chip para controlar nuestras voluntades… sin ellos caemos rendidos a lo que dirán las redes sociales, la búsqueda de los likes, nos suicidamos si no aprecian las últimas zapatillas de “diseño” que llevamos en la foto, caemos rendidos ante las emocionantes fake news, la inanidad de las “post-verdades” campa a sus anchas, caemos rendidos ante la defensa de mi clan, caemos rendidos ante la esclavitud que exigen las ideologías… Ante esos “horrores” confiemos en nuestro cerebro inventor.

    Un saludo.

  3. Gravatar Macluskey | 24/06/2019 at 05:58 | Permalink

    Bien dicho, Jaime. Muy bien dicho.

    El cerebro lleva eones engañándonos… bienvenidos sean sus engaños que hicieron que un mono debilucho sobreviviera a cambios climáticos, eventos meteorológicos y depredadores varios para convertirse con el paso del tiempo en lo que somos. Para bien o para mal.

    Felicidades por el artículo.

  4. Gravatar jreguart | 24/06/2019 at 07:32 | Permalink

    De nada Mac.

  5. Gravatar Miquel | 03/07/2019 at 04:27 | Permalink

    Me ha encantado el artículo, pero ¿por qué detenernos en la conciencia? Sin lugar a dudas esta no es la cúspide de la pirámide. Hay más emergencias, siguientes estados de evolución. Y sin ir más lejos ya somos testigos del primero de ellos aunque por ser mayor a nosotros mismos a menudo se nos escapa su existencia. Hablo de la conciencia colectiva, o quizás podríamos llamarla sociedad, o cultura. De la misma manera que la vida emerge de la bioquímica, y la conciencia de la vida, el siguiente estadio debe, por fuerza, emerger de la conciencia. La conciencia colectiva emerge de una combinatoria específica –y no otra- de las conciencias individuales: La simbiosis prolongada en el tiempo, o por decirlo de otro modo, la combinación armoniosa de diversos individuos que nada tienen que ver entre ellos. No emerge conciencia colectiva cuando las conciencias individuales solo se colabora a corto plazo, por ejemplo ayudando a una abuela a cruzar la calle. Tampoco cuando en lugar de colaborar se lucha por recursos y se destruye al resto de individuos. Sin embargo, combina un puñado de conciencias, haz que colaboren y que esa colaboración sea continua, y tendrás una familia, una tribu, una aldea, un pueblo, una cultura. Es, como los descritos arriba, un nuevo mundo, con analogías con los de grano más fino pero con sus propias leyes y propiedades. Lo vemos continuamente: Cualquier comunidad humana capaz de perdurar en el tiempo genera una conciencia colectiva, una historia, unas tradiciones, una autoconocimiento que supera a aquel que es capaz de generar la suma separada de sus individuos. No contradicen las normas de los mundos de grano más fino y poseen propiedades de las que carecen sus componentes por separado. Las conciencias colectivas están bajo cualquier punto de vista que querramos aplicar, vivas. Pueden ser tan pequeñas y frágiles como un pueblo amazónico o tan enormes como la aldea global de internet. Se reproducen, se dividen, luchan por recursos, prosperan en el tiempo y finalmente, de forma inevitable, mueren. Y superan en mucho a la suma de sus componentes individuales: viven centenares de veces más que cualquiera de sus componentes, acumulan conocimientos y alteran su medio de formas que un individuo aislado jamás podría conseguir. Son capaces de viajar al pasado hasta casi el mismo umbral del tiempo, conocer lo que ocurrió, y proyectarse al futuro planteando objetivos por los que ningúna conciencia individual malgastaría su energía. Y aunque en ocasiones surja en esa conciencia colectiva un elemento, una conciencia individual singularmente poderosa, un Einstein, un Newton, un Gengis Khan, a lo largo de la vida de la conciencia colectiva, esta nunca será más que una herramienta de supervivencia de esa conciencia colectiva, una gota en un oceano que lo supera en varios órdenes de magnitud. Hoy, asistimos al momento histórico en que las conciencias colectivas se disponen a dispersarse más allá de su burbuja de nacimiento. Como conciencias individuales no podemos vislumbrar mucho más allá de nuestras propias vidas, pero ¿alguien duda de que formamos parte de un todo que va a seguir vivo y evolucionando de una u otra manera dentro de mil, o diez mil años?

  6. Gravatar jreguart | 03/07/2019 at 05:25 | Permalink

    Hola Miquel,

    muy interesante reflexión. Sin lugar a dudas la colectivación, o vida social, de los homos nos ha llevado ser lo que somos. El futuro, si no lo destruimos, puede ser tan rico y diverso como queramos imaginar. Surge la Vida y a los millones de años se enriquece gracias al invento de los organismos multicelulares especializados. Surge un determinado cerebro y en base a una mayor capacidad de manejo de información en su conectoma, se aprende a manejar las abstracciones -gran actor el lenguaje- y a manejar las relaciones con sus iguales -tecnología y socialización-… llega la conciencia y nace la riquísima faceta de lo humano que se apoya en ella.

    Hay una teoría por ahí que explica cómo inexorablemente las leyes de la existencia aboca a todo lo que hay a ir escalando hacia nuevos mundos completos en sí mismos, cada vez más eficientes en la tarea de relajar la energía libre del Universo. Ya sabemos que eso va de consumir cada vez más energía y ordenar más la organización que la transforma en calor. Desde la primera célula que ya lo hacía, hasta la sociedad industrial demandadora insaciable de energía, ha habido un gran avance. Ahora la revolución tecnológica parece que nos aboca a otro estadio más consumidor y más eficiente. La estructura organizada para que eso sea realmente eficaz lo va a dar la consciencia colectiva o, incluso me atrevería decir, la consciencia colectiva homo-máquina. Hace ya un tiempo me resultó muy ilustrativo el siguiente artículo: http://quevidaesta2010.blogspot.com/2015/02/las-matematicas-de-la-conducta.html

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