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Historia de un ignorante, ma non troppo… Concierto para piano y orquesta en la menor, de Robert Schumann




Revisando las varias decenas de artículos que llevo escritos dentro de esta ya longeva serie sobre música clásica, resulta que nunca he dedicado ninguno de ellos a, posiblemente, el compositor que más hizo por el reconocimiento del Romanticismo como el movimiento musical predominante durante el siglo XIX: Robert Schumann. En efecto, se considera al Beethoven de los últimos años como el primer ideólogo del movimiento romántico en la música y a Franz Schubert como el primer músico romántico de los pies a la cabeza… aunque no publicó ni una sola obra en vida y falleció muy joven, con apenas 31 años.[1]

Pues bien, fue Robert Schumann[2] quien realmente impulsó el movimiento romántico, caracterizado por una exacerbación de los sentimientos: drama, alegría, pasión, decepción, rabia, entusiasmo… la expresión de todos los sentimientos humanos, que hasta el momento habían quedado orillados por el academicismo, ahora se efectuaba sin ambages. Y sí, el romanticismo triunfó ya con el propio Schumann y luego con Mendelssohn, Liszt y no digamos años después con Wagner y sus seguidores…

Hoy toca solucionar esa carencia en la serie y dedicar un artículo a este gran compositor y a una de sus mejores obras.

Robert Schumann en 1839 (Wikipedia)

Visto con la debida distancia originada por el paso de los años, no deja de ser curioso el surgimiento como tal del Romanticismo musical como tendencia dominante de su tiempo. Y digo esto porque se trata de uno de los estilos de ser y crear música que son más independientes del pasado. Los músicos románticos, como los poetas, pintores, escultores y compañía, apelan a la expresión del sentimiento, de la fantasía y los ideales, dejando de lado en lo posible los corsés académicos imperantes hasta el momento, corsés que coartan la libre expresión de su alma y la formalización de sus obras.

Desde luego, las claves ya estaban ahí antes, obviamente ningún movimiento artístico ni de ninguna otra clase surge por generación espontánea, pero la ruptura del Romanticismo musical con el estilo entonces imperante es total. Y Robert Schumann es uno de los compositores que más y mejor representa esos ideales románticos. Hombre de formación universitaria y dueño de una gran cultura, luchó vehementemente contra los formalismos de la época, tanto desde sus bellas páginas musicales como desde las páginas de las revistas y las columnas de los diarios. El culmen de su actividad como escritor y divulgador del nuevo catecismo musical llegó en 1834, cuando fundó una revista que lo cambió todo: Neue Leipziger Zeitschrift für Musik. Esta revista musical fue clave para el movimiento romántico alemán (lo que casi quiere decir “mundial” hablando de la música del XIX): en ella se reivindicó el papel de destacados compositores que en la época no estaban bien considerados (como Mozart, Beethoven y, sobre todo, Schubert), así como alentó y dio a conocer a compositores contemporáneos como Berlioz o Chopin que, sin su apoyo, quizá no hubieran tenido el éxito ni la repercusión que tuvieron y siguen teniendo hoy en día.

Y todo desde las páginas de una simple revista… claro que por entonces no existían las grabaciones y el que quería escuchar música tenía que ir a una sala de conciertos a hacerlo; como tampoco existían las redes sociales ni Internet ni nada, ni tan siquiera la radio ni la tele, el público no tenía más remedio que informarse por medio de las columnas de periódicos, revistas musicales y pasquines en uno u otro sentido. Por eso fue Schumann tan importante para la Historia de la Música: sin él igual hoy Beethoven o Schubert hubieran caído en el olvido, al igual que fue Mendelssohn quien rescató a Johann Sebastian Bach del pozo en el que llevaba más de 50 años sumido.

Ya sólo por eso sería Schumann una importante figura dentro de la música, pero es que además es un enorme compositor. Sus obras rebosan de lirismo y pasión romántica… y de ellas quizá la más notable de todas ellas es su Concierto para piano y orquesta en la menor, Op. 54, que escucharemos en unos momentos; se trata posiblemente de la obra más representativa del ideario romántico, plena de pasión, lirismo y sentimiento.

Aquí no queda más remedio que traer a colación a su esposa, Clara Schumann, la más famosa pianista de su época y gran impulsora del estilo romántico, que cuando tocó la obra por primera vez, antes de que estuviera terminada, hizo en su diario la siguiente anotación: “La he tocado dos veces y la he encontrado maravillosa. Cuando todos los matices estén bien estudiados la obra dejará la más exquisita impresión. La parte de piano está tan delicadamente enredada con la de la orquesta que no sabría imaginar la una sin la otra”. Y aquí no hay mucha condescendencia de la esposa por el esposo compositor: Clara expresaba lo que pensaba sin ambages y no solía adular a nadie, ni tampoco a su esposo; por su parte, Robert, aunque compuso mucha obra para piano, sólo compuso un Concierto para piano y orquesta, éste de hoy, y fue precisamente Clara quien le animó, a partir de 1841, a no limitarse a componer obras para piano y escribir también  obras orquestales, entre las que están sus magníficas cuatro sinfonías, que, por cierto, recomiendo vivamente.

En fin, Robert Schumann fue un romántico de una pieza: tuvo una extraordinaria relación de amistad y crítica constructiva con la mayoría de músicos de su tiempo, lo que, siendo como era crítico musical y él mismo compositor, es algo bastante… mmmm, poco habitual, por decirlo suavemente. Para acabarlo de rematar, sufría depresiones periódicas, con episodios de aislamiento seguidas de exuberantes y frenéticas demostraciones de genio musical. Incluso en la parte final de su vida sufrió alucinaciones con frecuencia, veía “ángeles”, oía voces… La teoría más aceptada hoy es que padecía un trastorno bipolar (lo mismo que seguramente padecía, por ejemplo, Franz Schubert).

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Bien, vamos ya con la obra de hoy, su precioso concierto para piano y orquesta. Pocas veces se encuentra un tan magistral equilibrio entre la parte solista y la orquesta, como bien decía Clara Schumann al enjuiciar la obra de su esposo. El pianista debe desarrollar las (enormes) posibilidades del instrumento sin recurrir nunca al virtuosismo tan de moda en la época. Todo es sencillo, amable, lírico… y requiere de una sensibilidad especial para interpretarlo como se merece. En cuanto a la orquesta, Schumann no la usa como simple acompañante, lo que había sido el uso normal hasta el momento en los conciertos de piano y orquesta, sino que su papel tiene su propio valor artístico y musical, tanto cuando arropa al solista acompañándole como cuando se enfrenta a él.

El resultado es uno de los mejores conciertos para piano y orquesta de todos los tiempos. Y lo vamos a disfrutar con una interpretación de una grandísima calidad, la mejor que yo haya escuchado nunca: la de la pianista argentina Martha Argerich con la Gewandehausorchester de Leipzig a las órdenes del gran Riccardo Chailly.

Son tres movimientos, como suele ser habitual en este tipo de obras:

Primer movimiento: Allegro affettuoso, que comienza en cuanto la solista se ubica frente al piano;

Segundo movimiento: Intermezzo – Andantino grazioso, que comienza en el minuto 15:30 del video; y

Tercer movimiento: Allegro vivace, que comienza en el minuto 21:25 en attacca, es decir, su ejecución sigue a la del  segundo sin solución de continuidad, sin pausa. El movimiento, y la obra, termina en el minuto 31:30. Algo más de media hora, por tanto, es la duración total del concierto.

He aquí el video. Que lo disfrutéis.

Por si acaso tenéis problemas con la reproducción del video embebido, aquí dejo el enlace directo a youtube.

Para acabar, esta obra se ejecuta con cierta frecuencia, pues es una de las obras básicas en toda orquesta y todo solista que tenga un repertorio decente, así que es factible poder disfrutarla en directo… yo lo he hecho no hace muchas semanas y, de verdad, en directo es otra cosa. Cierto que es difícil encontrar a un solista que toque con tanto sentimiento y lirismo como Martha Argerich lo hace, pero por muy bien grabado que esté el concierto y muy atómico que sea vuestro reproductor… no hay nada como el directo. Nada.

Disfrutad de la vida, mientras podáis. A ser posible, escuchando música.

  1. Entre la tuberculosis, la sífilis, el tifus y algunas otras enfermedades más, pasar de 60 años en el siglo XIX era muy improbable. []
  2. Tampoco Schumann vivió muchos años: nacido en Zwickau en 1810, falleció en Bonn en 1856, con 46 años de edad. []

Sobre el autor:

Macluskey ( )

Macluskey es un informático de los tiempos heroicos, pero no ha dejado de trabajar en Informática y disfrutar con ella hasta la fecha. Y lo que el cuerpo aguante. Y además, le gusta la música...
 

{ 2 } Comentarios

  1. Gravatar Antonio Velez | 30/11/2018 at 11:54 | Permalink

    Macluskey, gracias por traer esta obra tan bella del gran Robert Schumann . quizá también el hecho que estos hombres no dependían tanto de mecenas ni de obligaciones con la iglesia – como en períodos anteriores- se permitían dejar fluir con mayor libertad esta nueva forma de expresión musical . además de la poderosa influencia de la revolución francesa ; no olvidemos la admiración que le profesaba Beethoven a los ideales encarnados en ésta . mientras escribo estas letras disfruto de esta maravillosa obra …nuevamente gracias amigo . un abrazo y hasta la próxima.

  2. Gravatar Macluskey | 30/11/2018 at 07:35 | Permalink

    Pues sí, claro que sí, Antonio.

    Con el aumento de poder de la burguesía, a partir de Beethoven los músicos gozan de mucha mayor libertad y pueden componer mucho más siguiendo sus inspiraciones.

    Y sí, este concierto es magnífico, qué duda cabe. Junto con la Sinfonía Renana, lo mejor de la producción de Schumann, en mi ignorante entender.

    Gracias por comentar!!

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