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El Sistema Solar – Calisto

En los tres últimos artículos de El Sistema Solar hemos explorado los tres primeros satélites galileanos de Júpiter: Ío, Europa y Ganímedes. Hoy visitaremos la cuarta de estas lunas descubiertas por el divino italiano en 1610, aunque en algunos aspectos sea más conveniente pensar en las otras tres como un grupo, con la cuarta, Calisto, un poco aparte de ellas — podríamos decir que Ganímedes, Europa e Ío son “hermanas”, mientras que Calisto es “prima”, debido a razones que discutiremos a lo largo del artículo.

Por si no conoces esta serie –y, si es así, te recomiendo que empieces por el principio después de hacerte un café–, en ella recorremos, uno a uno y saboreándolos con fruición, cada objeto del Sistema Solar, desde dentro hacia fuera, conociendo sus secretos y, sobre todo, disfrutando con las maravillas que nos ofrece cada uno. Intentamos además explicar las cosas que casi ninguno aprendimos en el colegio, ya fuera porque se escapaban del nivel que puede impartirse allí, o porque se trata de cosas descubiertas en los últimos años; también tratamos de que salgas de cada artículo, además de sabiendo más planetología y cosas concretas sobre cada cuerpo, con un buen puñado de imágenes y fondos de pantalla que puedan alegrarte el día cuando los ves mientras haces cosas menos interesantes que conocer nuestro sistema estelar –y, seamos sinceros, eso significa casi todas las demás cosas–.

Calisto despierta una simpatía extraña en mí, probablemente porque casi toda la atención en el sistema joviano de satélites se lo llevan Ío y Europa, y Ganímedes en un segundo plano… la pobre Calisto es casi siempre ignorada, a pesar de que posee algunas características realmente curiosas, y se trata, desde el punto de vista práctico de la exploración espacial, del satélite más importante de las cuatro lunas galileanas con diferencia. ¿Quieres conocer una luna cuya superficie es tan antigua que los impactos de asteroides crean cráteres sobre cráteres de millones de años de antigüedad? ¿Una luna con un océano de anticongelante? ¿Una luna que sufre un tipo de erosión órdenes de magnitud más lenta que la del viento o las fuerzas de marea? ¿Un lugar comparativamente idílico para visitar Júpiter y alrededores? Pues ya sabes, sigue leyendo.

Calisto, Europa y Júpiter
Calisto al frente, con Europa y Júpiter al fondo (NASA).

A fuerza de pura repetición, imagino que quienes lleváis explorando el Sistema Solar años con nosotros tenéis ya grabado al fuego en el cerebro el hecho de que Galileo Galilei, en 1610, apuntó su telescopio hacia Júpiter y vislumbró las lunas que llevan su nombre como grupo –aunque, como ya dijimos en su momento, al principio sólo vio tres, porque dos estaban muy cerca una de la otra–. El nombre de Calisto se lo debemos sin embargo, como el de sus tres primas, a Simon Marius, en honor a una de las ninfas amantes de Zeus. Durante mucho tiempo se refirió a este satélite con el insulso nombre de Júpiter IV, pero afortunadamente a mediados del siglo XX se cambió al nombre sugerido por Marius (quien afirmaba que la sugerencia original fue de Kepler), que es el que empleamos hoy en día.

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[Astrología I] Introducción

Como recordaréis, hace un mes os preguntábamos si os parecía bien que el siguiente “bloque de conocimiento” estuviera dedicado a la mecánica clásica. Algunos de vosotros estábais encantados con ello, pero hubo varias voces no tan entusiastas, de modo que nos lo hemos replanteado y, finalmente, el próximo bloque no será de mecánica, sino que será [Astrología I], del que la entrada de hoy es la introducción.

Sí, has leído bien: Astrología, no Astronomía. De astronomía hay ya mucho material en El Tamiz, desde La vida privada de las estrellas hasta El Sistema Solar, y no está de más educar a la gente en la “prima pobre” de la astronomía, la tan denostada astrología. Antes de que te eches las manos a la cabeza porque hablemos de astrología en una página de ciencia, preguntémonos juntos: ¿no es la astrología, en el fondo, científica?

Zodíaco
Rueda del Zodíaco del siglo VI.

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Ho, ho ho…

Como cada año por estas fechas, aquí tenéis nuestro pequeño regalo navideño. Otras veces lo hemos hecho en Reyes, pero esta vez no tendría mucho sentido dado el contenido hacerlo entonces, con lo que lo hacemos hoy. Se trata simplemente del número de diciembre, en los formatos habituales (PDF de pantalla e impresión, html, epub, mobi, fb2), que podéis descargar a vuestro gusto aquí; naturalmente, este mes no cuenta para ninguna suscripción de mecenazgo, y de hecho los suscriptores ya deberíais tener el enlace al archivo en el correo antes de que se publique esta entrada.

Es un pobre regalo, pero es sentido: gracias por un año estupendo a quienes nos seguís fielmente –algunos desde hace ya años–, a quienes mejoráis los artículos con vuestros comentarios, sugerencias y correcciones, a quienes nos metéis dinero en el bolsillo por casi nada, a quienes nos enviáis correos de ánimo y agradecimiento, a quienes no decís nada pero estáis ahí, leyendo como posesos… a todos. ¡Que sigamos muchos años escribiendo, leyendo y disfrutando juntos!

Premios Nobel – Física 1907 (A. A. Michelson)

Tras saborear los Premios Nobel de Física y Química de 1906 (uno concedido a J. J. Thomson y otro a Henri Moissan), hoy continuamos con la serie pero, naturalmente, un año más tarde. Nos encontramos ya en 1907 y el receptor del Nobel de Física de ese año fue Albert Abraham Michelson –más conocido simplemente como A. A. Michelson–, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,

Por sus instrumentos ópticos de precisión y las investigaciones espectroscópicas y metrológicas realizadas con ayuda de éstos.

Albert Michelson

Es muy probable que hayas oído hablar ya de A. A. Michelson en relación con la relatividad einsteiniana por el experimento de Michelson-Morley, y de él hablamos en ese contexto hace ya mucho tiempo en El Tamiz. Aunque sigue sin estar claro si Einstein conocía los resultados del experimento de Michelson y Morley cuando elaboró su teoría, hoy en día se considera el experimento de estos dos físicos como de una relevancia tremenda como uno de los “flecos” de la Física clásica que el buen Albert destruyó con sus postulados… pero, aunque el experimento se produjo en 1887, el Nobel que recibió Michelson en 1907 no se debió a ese experimento, sino a su trabajo general en interferometría. De hecho, como verás al final cuando leas el discurso de presentación del Premio, el experimento por el que casi todo el mundo conoce a Michelson no es siquiera mencionado –de hecho, muchos lo consideraban un fracaso– entre sus logros.

Pero, sin embargo, tan injusto era entonces no darle importancia a ese experimento como lo es ahora hablar sólo de él e ignorar el resto de logros de Michelson, tal vez no espectaculares desde el punto de vista teórico, pero sí como fundamento experimental para una enorme cantidad de descubrimientos posteriores. ¿Qué es más provechoso para la humanidad, un descubrimiento concreto y espectacular, o uno no tan impresionante pero que actúa de “semilla” para muchos otros? Mi objetivo hoy, por tanto, es tratar de poner de manifiesto la importancia del cuidado, el ingenio y la minuciosidad de Michelson como físico experimental y, de paso, disfrutar con el cambio filosófico en cuanto a la metrología se refiere que se venía dando por la época, y cómo Michelson contribuyó a llevar ese cambio a la práctica.

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Desafíos – Duelo al sol (solución)

Antes de nada, un pequeño aviso: como sabéis algunos, nos acabamos de mudar, y tengo aún menos tiempo del habitual. Por tanto, es casi seguro que diciembre tenga un artículo menos de lo normal y, por tanto, haya pausas más largas entre unos y otros. Veremos qué pasa, pero avisados estáis por si las moscas.

Como suele suceder, he disfrutado como un niño viendo cómo disfrutábais vosotros peleándoos con el desafío que planteamos hace una semana. Más de una docena de vosotros respondisteis correctamente al primer par de preguntas y recibisteis la tercera: ¡enhorabuena!

De entre quienes llegasteis a la solución de las primeras dos preguntas, ha habido distintas versiones, ya que el problema puede “atacarse” de distintas formas. De lo que, en general, no os cabía ninguna duda, era de dos tácticas clarísimas:

  • Xylabarr siempre dispararía, si está viva, a la mejor tiradora de las otras dos, para poder maximizar sus probabilidades de supervivencia, es decir, a Yiggurath, y no fallará nunca en ese disparo, con lo que…

  • Yiggurath, que es consciente de ello, debe librarse de Xylabarr si puede, pues de otra manera está perdida. De modo que Yiggurath disparará a Xylabarr, y si ella muere, a Zandrakhor, por supuesto.

La difícil era la tercera, desde luego. ¿Qué debe hacer entonces Zandrakhor? Para saberlo hacía falta ver qué distintas secuencias de disparo posibles había, y determinar probabilidades, algunas de las cuales eran más sencillas que otras. La respuesta, naturalmente, era que Zandrakhor debe fallar a propósito mientras las otras dos estén vivas, y luego a la superviviente entre ambas.

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Desafíos – Duelo al sol

El Tamiz: Desafío

El último Desafío que os planteamos, Encuentro estelar, tenía que ver con probabilidades… y éste también. Intentaré cambiar de tercio en la siguiente entrega, pero como sabéis los viejos del lugar, me encanta la probabilidad y todo lo relacionado con ella. Si además la probabilidad, como ha sucedido tantas veces –y vuelve a suceder hoy– involucra asuntos de vida o muerte, mejor que mejor, porque crea historias mucho más memorables.

El Desafío de hoy tiene un par de peculiaridades. En primer lugar, la primera parte ha aparecido en muchos lugares distintos y en formas diferentes, así que es posible que ya lo hayas visto alguna vez –el inimitable Martin Gardner escribió mi versión favorita–. Por lo tanto, aquí añadiremos una pregunta de mayor nivel más allá de las que se hacen en la “versión clásica”. Sin embargo, no puedo plantear esa segunda pregunta aquí mismo, pues revelaría detalles de la primera parte. Por tanto, en este Desafío habrá dos excepciones a las reglas habituales:

  • Para poder recibir la tercera pregunta es necesario antes responder aceptablemente a las otras dos. Una vez nos envíes la respuesta y verifiquemos que es, al menos, pasable, te respondemos con la tercera pregunta en un correo electrónico.

  • Incluso si conoces el problema original, puedes participar en el Desafío para atacar la segunda parte, siempre que no la hayas visto también antes, por supuesto, o no tendría ninguna gracia.

Y, sin más preámbulos, vamos con el planteamiento.


Duelo al sol

“Vengo a solicitar el tentáculo de su hijo”, gorgoteó Xylabarr, exultante. El matrimonio era algo muy serio entre los ragnerditas, y al no haber demasiados varones, dada su fragilidad, eran muy codiciados por las féminas. Xylabarr se había fijado en Grumsch desde hacía mucho tiempo: una espalda amplia, excelente para transportar los huevos, una gran boca en la que los pequeñuelos podrían esconderse sin problemas si hacía falta, y una coloración de babas que señalaba una salud de hierro.

Desgraciadamente, Xylabarr no era la única en darse cuenta. A su espalda se oyó un carraspeo.

“Curiosamente, yo vengo exactamente a lo mismo”, anunció la recién llegada, y el padre de Grumsch la miró sorprendido. “Soy mejor partido que Xylabarr, y le daré a su hijo un hogar excelente.”

“¿Excelente? Lo dudo mucho, Yiggurath querida”, respondió siseando Xylabarr ante la grosería de la otra. “Creo que está claro quién tiene una mejor dote, y quién cuidará mejor del pobre Grumsch.”

“Clarísimo, en efecto”, interrumpió una tercera pretendiente, entrando por la puerta de la residencia. “Yo soy quien cumple esas características, de modo que es mejor que vosotras desaparezcáis de aquí antes de que tenga que poneros en el lugar que os corresponde”. Y, dicho esto, la nueva pretendiente lanzó un cascabeleo amenazador con varios apéndices.

“¡Zandrakhor!”, respondieron las otras dos al unísono, con gran desprecio y hostilidad en sus voces.

“¿Us… usted también viene a pedir la mano de Grumsch?”, preguntó el padre del susodicho –que estaba escondido en su cuarto y francamente aterrorizado–.

“Por supuesto, por supuesto”, respondió Zandrakhor mientras Xylabarr y Yiggurath la miraban con recelo. “Y creo que sólo hay una manera de resolver esto: un duelo de escupitajos.”

“¿Quién podría dudarlo?”, añadió Yiggurath.

“Es la única manera”, sentenció Xylabarr, asintiendo.

Y es que los ragnerditas, una especie muy civilizada, resuelven los problemas que no pueden ser resueltos de otro modo –como las múltiples pretendientes de un solo macho– con un duelo a escupitajos. Bajo la lengua de cualquier hembra ragnerdita hay dos depósitos: uno contiene peróxido de hidrógeno, y el otro, hidroquinonas. Cuando la hembra abre los depósitos y ambos compuestos se mezclan, se produce una reacción química muy exotérmica, aderezada además por varios catalizadores segregados por glándulas situadas junto a los depósitos. El resultado es una masa de líquido a una enorme temperatura, que la ragnerdita debe escupir rápidamente a riesgo de morir abrasada.

Si el escupitajo de una ragnerdita te alcanza, dada su temperatura, hay poco que pueda hacerse: las quemaduras son terribles. Afortunadamente, las mejores escupidoras son tan precisas que la muerte acontece rápidamente y apenas hay sufrimiento.

De modo que las tres pretendientes acordaron llevar a cabo el duelo a la mañana siguiente, de acuerdo con las reglas habituales. Estas reglas son bastante sencillas:

  • Cada participante en el duelo escupe una vez cuando llega su turno, y no puede volver a escupir hasta que vuelve a tocarle (de este modo, da tiempo a volver a llenar los depósitos sublinguales).

  • El orden de escupir se determina aleatoriamente antes de empezar el duelo, y luego se sigue rigurosamente hasta que sólo una de las duelistas sigue viva. Por ejemplo, puede empezar Xylabarr, seguir Zandrakhor y luego Yiggurath y, si todas siguen vivas, volver a escupir Xylabarr, Zandrakhor, Yiggurath, etc.

  • Si algún participante muere víctima de un escupitajo, pierde su turno –naturalmente– y continúa el siguiente en el orden normal. De modo que si, en el ejemplo anterior, Zandrakhor mata a Yiggurath, tras Zandrakhor escupiría Xylabarr.

La precisión en el tiro es una característica fundamental en las hembras ragnerditas: toda la ciudad es perfectamente consciente de la precisión de cada una de sus hembras. En este caso, las cosas no estaban muy igualadas entre las tres duelistas, como bien sabían ellas mismas, el padre de Grumsch y el público que se reunió a ver el duelo mañanero.

Zandrakhor tenía una precisión en el disparo del 50%. En otras palabras, cuando apuntaba a un objetivo –como una de sus competidoras–, la mitad de las veces acababa con su vida, y la otra mitad fallaba. Yiggurath era bastante más precisa: un 80% de precisión escupidora, un valor nada desdeñable. Pero nadie se acercaba a Xylabarr, con su 100% de precisión en el tiro, ¡no fallaba jamás!

Esa noche, cada una de las tres se puso a pensar en su táctica de la mañana siguiente. Si empiezo yo, ¿a cuál de las otras dos dispararé? ¿o fallaré el tiro a propósito, para dejar que se escupan entre ellas y que muera una? ¿qué probabilidades de ganar tengo si hago esto, o lo otro? Así pensaban y pensaban las tres duelistas mientras intentaban dormirse.

De modo que, estimado y sagaz lector de El Tamiz, aquí tienes la primera pregunta del desafío, que es doble:

  • ¿Qué debe hacer cada duelista para intentar ganar el duelo? Ten en cuenta que las tres conocen la precisión de las otras, y las tres saben que las otras intentarán maximizar sus probabilidades de ganar.

  • Con esa estrategia óptima para las tres, ¿qué probabilidades hay de que gane Xylabarr, qué probabilidades de que gane Yiggurath y cuáles de que gane Zandrakhor?

Si tienes la respuesta a estas dos preguntas, envíala a la dirección de correo habitual y, si es correcta, te enviaremos nosotros la tercera pregunta para ver si eres capaz de discurrir y llegar a la solución. Os recuerdo que lo que más valoramos en las respuestas no es la prontitud, sino la corrección, claridad en la explicación para quienes no hayan podido llegar a la respuesta, originalidad, etc. Tenéis de plazo hasta el domingo 12 de diciembre inclusive para responder. Naturalmente, puesto que hace falta enviarnos unas respuestas para recibir la última pregunta, cuanto antes respondas a las primeras, más tiempo tienes para pensar en la última, pero no te agobies. Además, nos estamos mudando, de modo que si tal vez tardemos un día o dos en contestarte: no creas que la respuesta es errónea por no recibir una contestación inmediata.

¡Que disfrutéis de la mejor manera que puede pasarlo un humano solo… pensando!

Entendiendo… en formato libro

Este pequeño aviso está destinado a aquellos que leéis El Tamiz pero, o no conocéis El Cedazo, o no lo leéis regularmente, ya que no os podéis perder esta noticia de ninguna manera: joyas gratis no hay muchas.

Como sabréis quienes la leísteis, Javier Sedano (J), con la colaboración de Macluskey, escribió una serie absolutamente imprescindible en El Cedazo, Entendiendo…. En ella, estos dos individuos tan notables explicaban, con palabras que todo el mundo puede entender y de una forma sorprendentemente amena, cómo demonios funcionan una hipoteca, un seguro, una nómina, la declaración de la renta, un fondo de inversión… Es decir, todas esas cosas en las que tan poco nos educan los colegios pero con las que, sin embargo, tenemos que enfrentarnos en la vida tarde o temprano y a veces se nos hacen grandes.

El caso es que, tras mucho trabajo, J y Mac han publicado la serie en forma de libro, físico y electrónico. El libro electrónico es gratis total, y el físico es a precio de coste, ya que Mac y J no se llevan un maldito duro por todo esto, simplemente la satisfacción de habernos desasnado un poco a todos. El libro tiene unas 270 páginas y es una auténtica joya, y el ejemplar de prueba que ha llegado a J tiene una pinta estupenda. Aunque yo sea parcial, no me digáis que no ha quedado fetén, con los colores “corporativos” y el formato análogo al de Hablando de…:

Entendiendo

Para saber más –especialmente el aviso de los autores– y descargar o encargar el libro:

En cuanto tenga tiempo, lo añado a la página de libros de El Tamiz. Mientras tanto, ¿qué haces, que no te lo estás descargando para echarle un ojo?