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Cómo volar

Que yo recuerde, prácticamente siempre que he hablado con otras personas sobre lo que soñamos cuando dormimos, hay alguien que comenta que ha soñado que volaba. Pero que volaba por sus propios medios, así, a pelo, sin prótesis tecnológicas.

Y es que volar es algo que siempre nos ha fascinado a los humanos. Aunque muchos manifiesten luego su temor cuando tienen que hacerlo de verdad, estoy seguro de que si les diesen la oportunidad de hacerlo por sus propios medios, como los pájaros, firmarían. Al fin y al cabo, si lo que te da miedo son las alturas, podrías volar a no más de uno o dos metros del suelo. Nadie dice que tengas que volar muy alto.

Como humanos que somos, estamos físicamente mal dotados para casi todo. Para cualquier actividad física que desarrollamos, siempre hay un animal que lo hace mejor que nosotros. Mi único consuelo como humano es que parece que fisiológicamente estamos bien dotados para el sexo… He leído varias veces que somos la única especie que lo practica por placer, sin fines reproductivos. Menos mal que hay algo que hacemos bien.

Salto de paracaidismo

Paracaidismo y aviación, uno me llevó a la otra. Autor: James Boole. Fuente: skydiveempuriabrava.com

Si de lo que hablamos es de volar por nuestros propios medios, eso es definitivamente de lo que peor se nos da. Lo hacemos fatal. Lo más parecido que podemos hacer es caer. Si aumentamos mucho la altura de la caída, digamos unos miles de metros, podemos engañarnos a nosotros mismos durante unos segundos y decir que estamos volando. Sí, volando… como un ladrillo.

Durante el siglo pasado, unos cuantos locos desarrollaron esa idea: subamos lo más alto posible y luego saltemos al vacío. Durante la caída será como si volásemos, que es lo que perseguimos. Y en los últimos instantes antes del desastre, se me ocurre que desplegando un trapo grande, estratégicamente cosido, podremos salir vivos de todo esto. “¡Vale!” Contestaron entusiasmados sus colegas-interlocutores. Había nacido el paracaidismo en la modalidad de caída libre. Previamente alguien tuvo que inventar y construir aviones, pero ese es otro tema.

A mí esa idea del sucedáneo de volar que es la caída libre me atrajo desde que la conocí. Así que en 1992 me apunté a un curso y conseguí el título que me permitía hacerlo siempre que me viniese en gana. Yo entonces era joven, pero no tonto, y enseguida me di cuenta de que para caer, primero había que subir. Sí, no se me escapaba nada. Y para conseguir eso había que subirse a unos aparatos que también me parecieron muy divertidos: los aviones, concretamente los aviones pequeños.

A medida que avanzaba en mi práctica del paracaidismo, cada vez me interesaban más aquellos aparatos que nos subían para que luego pudiésemos disfrutar de la caída, aunque esta frase pueda parecer un contrasentido, como aquello de la inteligencia militar. Me sentaba lo más cerca que podía del piloto para ver cómo se manejaba aquello y disfrutar así también del viaje de subida (y no sólo del de bajada). Oía hablar a los pilotos en su jerga y contarse sus batallitas, y me pareció que aquello incluso me podía ayudar a ligar más. Ah, la ingenuidad de la juventud.

Hasta que llegó un día que pensé en diversificar mis diversiones. Aunque nada se puede comparar a la sensación de caída libre, hacer volar un avión también proporciona gran diversión, así que me matriculé en un curso para obtener el título de Piloto Privado de aeronaves. No me defraudó. Conseguí mucha diversión, conocimientos, emociones y hasta nuevos amigos. No, no, ligar más, eso no lo logré.

Paracaidistas colgando del avion
Cada día es más incómodo viajar en clase turista. Autor: Babylon-Freefly. Fuente: skydiveempuriabrava.com

Luego los años fueron pasando y la vida da muchas vueltas. Dejé de saltar y luego también de volar. Inicié otras aficiones, pero sigo llevando el vuelo metido en la cabeza. De vez en cuando hago un repaso mental de mis conocimientos aeronáuticos, y compruebo con pesar que voy olvidando cosas. Qué triste. Así que se me ha ocurrido que podría dedicarme a explicar lo que sé, cómo se hace eso de volar. De esta forma refresco mis conocimientos y hasta puede que haga pasar a alguien un buen rato de lectura.

Explicar cómo se cae desde un avión no da para mucho: te subes a uno, esperas a que gane altura suficiente para despachurrarte pero bien, abres la puerta y te tiras. Ya está. Del resto se encarga la naturaleza, y la física puede darte todos los detalles de ese proceso que quieras conocer.

Las explicaciones de todo lo que hay que hacer para pilotar un avión, en cambio, tienen mucho más interés. Lo que hay que saber y cómo aplicarlo da para muchos más capítulos, así que me decidí a escribir una serie sobre el tema. ¡Menudo rodeo he dado para llegar hasta aquí! ¿eh?

Pues eso, ésta es mi serie: Cómo volar. Un paseo por el aire sin salir de detrás de la pantalla.

Espero que os guste.

Introducción

I – Antes de dejar el suelo

II – Arranque del motor

III – Por los suelos

IV – Autorizado a despegar (En preparación)