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Mitos, Leyendas y otros Desvaríos – La Creación del Hombre (tercera parte)




Después de haberle dado varias vueltas al asunto, me he decidido por incorporarle esta tercera parte al artículo, donde abordaremos dos mitos más  sobre “La creación del hombre”, pero con la particularidad de que además de esto hablarán de “El diluvio”, que es, en realidad, el tema siguiente. Como verán, estos mitos se parecen un poco al “Mito de las Edades” e incluso, en el caso del Popol Vuh, parecen más cercanos a las concepciones evolucionistas, ya que el ser humano es creado en progresivas etapas de ensayo y error. Claro que no quiero decir que este antiguo mito nos hable de la “Selección Natural”, pero sí me parece ver un cierto discernimiento sobre la mayor complejidad del ser humano frente a los demás seres vivos, que los llevó a conjeturar un tipo de creación más progresiva y dividida en etapas.

El Popol Vuh

Primera página del manuscrito del Popol Vuh, guardado en la Biblioteca Newberry, Chicago, Colección Ayer. Fuente Wikipedia.

Veremos entonces cómo fue creada la humanidad según el  Popol Vuh, libro sagrado de la civilización Maya. Según este relato, cuando los dioses decidieron crear a los animales les ordenaron: -¡hablen y griten, no hagan sólo yol, yol; cada uno de ustedes hable según su especie y diferencia! (…) Digan y alaben nuestro nombre. Pero aunque esto les fue mandado, no pudieron hablar como los hombres, quienes aún no habían sido creados. Disconformes con los resultados obtenidos, los dioses castigaron a los animales, diciendo que cuando el hombre sea creado. ¡Éste se alimentará de aquellos! Menudo castigo para los pobres animalitos, que gritaban, cacareaban y chillaban tratando de cumplir la orden, sin conseguir satisfacer a sus creadores. Y de esta suerte fueron muertos todos los animales que había sobre la tierra.

En el siguiente intento los dioses tomaron lodo para formar sus tan deseados hombres, pero el resultado tampoco los satisfizo, ya que estos seres eran pesados y carentes de movimientos. Además, como el lodo era blando, sus cuerpos se deshacían y al girar el rostro hacia un lado, ahí se quedaba.

Cansados de sus fallidos intentos, decidieron consultar con los viejos Xpiyacoc, cuyo nombre significa “antiguo secreto” y Xmucane, “antigua ocultora”. –¿De qué modo podemos hacer un hombre y conseguir que, siendo sustentado y alimentado por nosotros, nos invoque, se acuerde de nosotros y alabe nuestro nombre?. Los ancianos les aconsejaron formar al hombre con madera, asegurándoles que así hablaría. Y éste se multiplicó, tuvo hijos e hijas; pero esos hombres salieron tontos, sin corazón ni entendimiento, y no se acordaron más de su creador. Furiosos, los dioses los aniquilaron enviándoles un gran diluvio de resina y brea, que los consumió. Y enviaron a Xecotcowaoh (águila) quién les sacó los ojos, y a Camazotz (murciélago) que les cortó las cabezas, a Cotzbalam (brujo pavo) y Tucurbalam (brujo búho) quienes comieron sus carnes y los hicieron harina. Y todo esto fue un castigo porque no dieron gracias al Creador, y una pena por haberse olvidado de su padre y madre y señor que los creó, el Corazón de Cielo llamado Cucumatz (culebra fuerte y sabia) también conocido como Kukulcán, quién según parece, podría llegar a ser el mismo Quetzalcóatl (serpiente emplumada) de los Aztecas.

Templo de Kukulcán. Fuente Wikipedia.

Así fueron destruidos estos seres, de los cuales sólo sobrevivieron algunos pocos, a los que aún hoy puede verse  por los montes. Se trata de los micos (monos), y se parecen a los hombres por haber sido creados así por los dioses Cucumatz y Tepeu, permaneciendo como señal de otra gente que hubo sobre la tierra, la cual fue hecha de madera y luego destruida.

Supongo que a ustedes, como a mí, los habrá sorprendido un poco esta última parte del relato, y entenderán por qué comencé diciendo que en esta historia podían encontrarse ciertos puntos de contacto con las actuales concepciones sobre la evolución. En lo que a mí respecta, no puedo dejar de imaginarme qué hubiera sucedido si el Popol Vuh ocupara en nuestra sociedad el privilegiado lugar que ocupa la Biblia. Seguramente no faltarían quienes dijeran que lo dicho por Charles Darwin, ya figuraba en las “sagradas escrituras” y las discusiones entre evolucionistas y creacionistas, no serían tan acaloradas. Espero sepan entender estas palabras, no como una provocación, sino como un llamado de atención, como un pedido tal vez, para que cada una de las personas que esté leyendo este artículo, indague en sus creencias; independientemente de cuales sean. Probablemente no vamos a ponernos de acuerdo sólo con aprender más sobre las concepciones religiosas de los demás, pero quizá nos sirva para debatir estas cuestiones de forma cautelosa y sin tantas necedades. Sé que soy un poco molesto con tantas aclaraciones, pero es mi opinión que fomentar el debate sobre estas cuestiones es importante, pero fomentar la tolerancia es imprescindible.

Bueno, hasta aquí los dioses han intentado varias veces la creación del hombre, y fracasado una y otra vez. Desilusionados, continuaban preguntándose: ¿Cómo hemos de hacer a los hombres que nos han de sustentar y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados?.  Nótese que al parecer los dioses, cansados de tantos intentos, también se arrepintieron de sustentarnos, y ahora pretenden que nosotros lo hagamos con ellos.

En su búsqueda de un material con el cual formar la carne, los dioses contaron finalmente con la ayuda de cuatro animales, [1] quienes les mostraron el camino hacia un lugar llamado Pampaxila y Pancalaya, donde fue hallado finalmente el maíz con el que los dioses lograron hacer de una vez por todas a los humanos. Al parecer, los primeros fueron cuatro: Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam. Estos cuatro primeros hombres eran excelentes en todo. Y dieron gracias al creador (…) por su creación, y acabaron de saberlo todo hasta lo que está dentro de la tierra.

¿Creen que los dioses se sintieron orgullosos por haber creado hombres tan perfectos? ¡No!… Otra vez, al igual que en el relato del Génesis… ¡Lo que los dioses sienten es miedo! Continúo citando textualmente, porque creo que es clarísimo. Los dioses se dicen entre ellos: -¿Cómo han de ver y alcanzar lo mismo que nosotros que somos sus creadores? ¿Han de ser ellos dioses también como nosotros?[2] Frenemos esto, porque no conviene que sean así cuando se vayan multiplicando. Entonces Cucumatz les echó como un vaho de la boca en los ojos y fue perdida la sabiduría que tenían aquellos cuatro hombres, nuestros primeros padres.

En este segmento, el relato se acerca notoriamente al relato del Génesis y, aunque menos claramente, a algunas de las versiones del mito de Prometeo, donde el conocimiento o capacidad de razonar del ser humano se transforma en un problema que incomoda a los dioses y al que buscan una rápida solución… o castigo. En el caso del Génesis, la consecuencia es el destierro del Edén, pero Yavé no quita a los hombres el conocimiento, al igual que tampoco lo hace Zeus cuando elige como castigo para los hombres el envío de Pandora.

También me parece interesante hacer notar cómo a los dioses en general les preocupa que sus monigotes parlanchines los alaben. Y cuando no lo hacen, lo pagan muy caro. Plagas, diluvios y enfermedades son sólo algunos de los métodos con los que están dispuestos los dioses a disuadirnos para que cumplamos con este requisito, y no dudan en utilizarlos, incluso cuando son ellos los que fallan en la manufactura y crean seres quienes, pese a intentarlo, no logran hacerlo, como es el caso de los animales o  los micos, que  carecían de la capacidad necesaria para alabarlos. Y hay más excusas para causar la furia de los dioses, como por ejemplo: Hacer mucho ruido…

El Poema de Atrahasis

Representación del dios Enki, para los Acadios "Ea". Fuente: Wikipedia.

En el relato del poema Acadio Atrahasis vamos a reencontrarnos con algunos de los dioses de los que ya he hablado al referirme al Enûma Elish. Principalmente el dios Ea, padre de Marduk. Pero en ese artículo detuve el relato justo antes de la creación del ser humano, quién era gestado a partir de los restos del dios  Kingu, luego de ser derrotada su esposa Tiamat por Marduk. El Atrahasis nos brinda otra versión de la creación del ser humano, y veremos que su estructura también nos recordará un poco al “Mito de las Edades”.

En este caso, la creación del ser humano tiene una finalidad muy específica. Y es producto de una rebelión llevada a cabo por las divinidades menores llamas Igigu, quienes venían cumpliendo la tarea de trabajar arduamente construyendo canales, que en realidad son los ríos Tigris y Eúfrates, y produciendo el alimento para los demás dioses. Los Igigu, cansados de llevar tal yugo  sobre sus espaldas, decidieron rebelarse. La horda de enfurecidos dioses se congregó ante la mansión de Enlil y exigieron la creación de un ser que los sustituyera en dichas tareas. Anu, Ea y los Anunnaku, tras celebrar consejo y discutir el asunto, llegaron a la conclusión de que los Igigu tenían razón. Entonces convocaron a la diosa Mami y le encargaron la manufactura de esos prosaicos animalitos inteligentes llamados humanos. En esta creación también participó el dios Ea, y los materiales utilizados como materia prima fueron la arcilla y los restos del dios Wu, quién al parecer había encabezado la rebelión de los Igigu. Como puede verse, el trato dado al proletariado no ha cambiado mucho a lo largo de la historia.

El problema fue que los seres humanos, que en un principio solucionaron la contienda, se multiplicaron muy rápidamente e importunaron a los dioses con sus molestos ruidos.[3] El violento dios Enlil se reunió con los demás dioses y, con su consentimiento, envió una terrible epidemia que amenazó con llevar a la humanidad a la extinción. Pero Ea, apiadándose de nuestra pobre especie, aconsejó a los hombres dirigir sus plegarias al dios de la muerte, Namtar, quién puso fin a esta devastación.

Sin embargo, los hombres que quedaron volvieron a multiplicarse y, mil doscientos años después, el dios Enlil ya estaba nuevamente furioso y harto de escucharnos. Esta vez la aniquilación la llevó a cabo a través de una gran sequía. Ea, quién me imagino que ya se está ganando la simpatía de todos ustedes, volvió a acudir en nuestra ayuda, aconsejándonos esta vez dirigir nuestras plegarias a Adad, dios de la lluvia. Nuevamente algunos humanos sobrevivieron y sí… nuevamente se multiplicaron demasiado y nuevamente  hicieron mucho ruido. Ahora que lo pienso, quizá ambas cosas eran más o menos lo mismo…

Por tercera vez Enlil intentó destruir a la humanidad, pero esta vez pretendió ser más inteligente y utilizó, para tal fin, al dios Adad, quién envió un gran diluvio. Esta vez Ea sólo tuvo tiempo de advertir a un hombre llamado Atrahasis, quién se apresuró a construir un barco con suficiente espacio para toda su familia y numerosas parejas de animales. Estas pocas personas son las únicas que sobrevivieron, representando un número mucho menor que los que habían sobrevivido a las anteriores catástrofes, marcando una fundamental diferencia que llevó a los dioses a cambiar, de una vez por todas, sus métodos de control demográfico.    

Enki y Enlil.

Como he dicho anteriormente, uno de los motivos por los que los hombres habían sido creados era para alimentar a los dioses, pero la magnitud de la devastación del diluvio y su característica de impedir que los sobrevivientes continuaran produciendo alimento durante la inundación sumió a los dioses en un período de hambruna, muy merecida, si me lo preguntan, que los hizo recapacitar. A partir de entonces los dioses se contuvieron de utilizar estas armas de destrucción masiva y optaron por la creación de un demonio, cuya función es la de incrementar la mortalidad infantil tras los partos. También dispusieron que parte de las mujeres nacieran estériles y otras deberían renunciar voluntariamente a tener hijos, asumiendo la virginidad y transformándose en sacerdotisas. Yo no sé qué les parece todo esto a ustedes, pero la verdad es que a mí las últimas de las soluciones no me resultan mucho más simpáticas que las anteriores.    

Mí manía de rastrear las semejanzas que hay entre estos relatos para tratar de extraer sus posibles significados, me hace pensar que es interesante detenernos un poco en el hecho de que los humanos tengan la tarea de alimentar a los dioses. Esto es muy común en los mitos, y en general justifica los ritos de sacrificios de animales. Cuando los restos de la víctima sacrificial son quemados, suben hasta la morada de los dioses, calmando el apetito divino. Quizá esta característica puede ayudarnos a comprender por qué motivo estos sacrificios ocupan un lugar tan interesante, por ejemplo, en las disputas entre Prometeo y Zeus, cuando el Titán lo engaña por primera vez, y en sucesos tales como el diluvio, donde en general los sobrevivientes suelen apurarse a sacrificar algún animalito, como para recordarle a los dioses que, sin ellos, sin los humanos, pasarían hambre.

Como hemos visto en el Popol Vuh la situación al principio parece ser la inversa, ya que los dioses afirman que serán ellos quienes nos sustentarán. Pero en realidad más adelante los dioses Mayas se contradicen, o cambian de opinión, y pretenden que seamos nosotros quienes los alimentemos a ellos. En la comedia griega “Las Aves”, de Aristófanes, tenemos otro ejemplo de cómo los sacrificios cumplen esta función alimenticia y como, al suspenderla, las barrigas de los dioses se ponen a hacer ruido. En esta comedia tiene una breve participación el titán Prometeo, quién aparece escondiéndose bajo una sombrilla, para que Zeus no lo vea. También es interesante notar cómo Ea cumple en el poema acadio un papel similar al que Prometeo cumple en los mitos griegos, intercediendo a favor de los humanos.

Otro requisito que los dioses suelen imponernos es el de alabarlos, invocar sus nombres y dar gracias por nuestra creación. Claros ejemplos de esta obligación se encuentran en “El Mito de las Edades”, en especial cuando son eliminados los hombres de la edad de Plata, y en el Popol Vuh, ya que los dioses expresan claramente las razones por las cuales desean crearnos. Al parecer, el ego de los dioses necesita ser alimentado tanto como sus barrigas. De esta manera la situación del hombre como vasallo, siervo o esclavo de los dioses parece tomar su forma definitiva. Y las acusaciones tales como haber mordido un fruto que nos estaba prohibido, multiplicarnos demasiado, hacer ruido o negarnos a asumir nuestra inferioridad y dependencia, les vienen como anillo al dedo a los dioses para desatar su furia. Pero no todas son malas noticias, porque estos relatos también nos proporcionan la lectura inversa, donden de una u otra manera, los poderosísimos dioses nos necesitan para sobrevivir. ¿Cual de las dos lecturas es la que intentan transmitirnos estas historias?… probablemente ambas. Recordemos que, por antiguos que sean los hombres en cuyas mentes se gestaron tales relatos, sus capacidades cognoscitivas eran idénticas a las nuestras, así como su capacidad de sentir y sus propias contradicciones internas. Además es algo característico de estas historias la utilización de complejos símbolos y cierta ambigüedad en la forma de relatarlos.

Consideraciones Finales

Representación artística de como se vería el Paraiso Perdido, por "El Ojo de Dios". Fuente:www.protestantedigital.com

Frente a la cantidad de mitos y versiones que hemos abordado en este largo artículo, me resulta difícil poder extraer una conclusión que los abarque a todos y poder explicarla brevemente. Al mismo tiempo, mis intenciones no son las de dar interpretaciones concluyentes, sino algunas pautas generales que puedan servir para fomentar en ustedes el interés por estas maravillosas historias e incitarlos a reflexionar, para que extraigan así sus conclusiones. Con este propósito les brindaré entonces aquí, lo más brevemente posible, mis interpretaciones.

Ya hemos dicho que en los mitos cosmogónicos una característica que se suele repetir es la de el paso de una situación de “caos primordial” devenida en un “orden” establecido por los dioses. Pero, cuando hablamos de la llegada del hombre, en algunos mitos la situación parece ser la inversa. En un mundo donde los lineamientos básicos ya han sido establecidos, la presencia del hombre parecería que fue interpretada (por nosotros mismos, al imaginar estas historias o por los dioses, si las consideramos ciertas) como peligrosa. El acceder a conocimientos que nos acercaban demasiado a los dioses, como es el caso del Génesis, los mitos de Prometeo y el Popol Vuh, genera en ellos un malestar que en muchas ocasiones es resuelto con drásticos castigos. Al parecer, a los dioses, no les agrada mucho que el hombre piense demasiado. Mi pregunta es ¿Por qué?…

Otra característica que suele repetirse es esa especie de “nostalgia del paraíso perdido”. En este artículo sólo cuento con dos ejemplos: “El mito de las Edades” y nuevamente el “Génesis”. Pero hay más, como el mito Chino al que hizo referencia Mazinger en su comentario del artículo Mitos de la Creación. Allí, luego de ser creados, los hombres disfrutan de una larga temporada en perfecta armonía con los animales, ya que, como no pensaban en hacerles daño, tampoco las bestias los ofendían o atacaban. Pero luego de miles de años los hombres, cansados de cubrir su desnudez con vestidos de hierbas, mataron a los animales y se hicieron vestidos con sus pieles. ¡Desde aquel instante el mundo perdió su tranquilidad y reposo!. A grandes rasgos, la estructura que presentan estos relatos podría resumirse como un inicio donde todo era paz y bondad, “Edad de Oro” o “Temporada en el Edén”, y luego, una progresiva o brusca degradación.

Me interesa llamar la atención sobre estas características: “el hombre trayendo el desorden” y “la degradación del hombre”, porque a mi entender están muy relacionadas. Si prestamos atención a las concepciones morales de las diferentes religiones, en especial las monoteístas, veremos que, en general, los dioses o el dios único, además de ser el creador y organizador del universo, es también quién establece las leyes morales. El dios todopoderoso es además el dios bueno, el dios justo.

El Génesis es especialmente claro en este sentido. Cuando el hombre come del fruto que le proporcionaba la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pone en riesgo la soberanía divina. Los dioses temen que el hombre establezca su propio “orden”. Es por eso que la inteligencia humana se torna tan molesta. Por este camino creo que es más simple comprender también, por qué en el poema Atrahasis a los dioses les molesta el “ruido” que hacen los hombres. Se trata de un desorden, de una quiebra en el orden establecido. Además, tengamos en cuenta que, al igual que el pensamiento, la capacidad de hablar también es considerada como un atributo divino.

Desde la perspectiva de quienes no practican ninguna religión, podemos decir que la disputa que plantean estos relatos no es entre hombres y dioses, sino entre quienes asumen que, a conceptos como el “bien y el mal” o la “verdad”, solo se puede acceder a través de los dioses, y quienes creen que “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son”.

Las religiones, claro está, suelen interpretar que el hombre no es capaz de establecer sus propias leyes morales y, precisamente al intentarlo, dándoles la espalda a los dioses, es que hemos llegado a este mundo de hoy, donde sobran las injusticias. Yo no comparto este punto de vista, pero bueno, ya he dicho que lo que más me interesa es que cada cual saque sus propias conclusiones.

Para el próximo artículo preparen el paraguas, porque se anticipan precipitaciones en todo el mundo.

Notas

  1. El gato de monte, el lobo, la cotorra y el cuervo []
  2.  (Gen. 3:22):  “Ahora el hombre es como uno de nosotros (…)” []
  3. Recordarán ustedes que los mismos motivos ocasionaron la furia de Apsu en el Enuma Elish. []

Sobre el autor:

Sebastián Carrizo (sebacine) ( )

Más que alguien con grandes conocimientos… ¡un entusiasta!, con ganas de incitar a la lectura y la reflexión.
 

{ 8 } Comentarios

  1. Gravatar Pedro | 08/03/2010 at 04:21 | Permalink

    Sebastián, como siempre, fascinante… un viaje a otro lugar, lejos del mundanal ruido :)

  2. Gravatar jaume | 09/03/2010 at 02:57 | Permalink

    Hola Sebastián. Muy interesante. De estas cosas siempre me llama la atención las similitudes entre diferentes mitos. El diluvio, según tengo entendido, aparece en varios mitos alrededor del mundo. Me intriga si esto se debe a que los mitos provienen de un mito originario o se debe a un recuerdo de una catástrofe global o a que las inundaciones son comunes en casi cualquier parte del planeta… no se. Pero bueno, eso supongo que lo comentarás en el próximo episodio.

    Gracias.

  3. Gravatar jreguart | 10/03/2010 at 11:15 | Permalink

    Superinteresante Sebas y materia abundante para la meditación ¿para cuando estas cosas se enseñarán en las escuelas? De todas formas a mi lo que más me intriga y más profundo me parece para enhebrar el pensamiento es lo que parece una clara idea original en todas estas cosmogonías. Supongo que con el diluvio lo remacharemos ¿quién soltó la primera semilla de todas estas coincidencias en geografías tan lejanas? Es abrumador e inquietante ¿fue un dios, fue otra civilización, es inherente con la propia evolución de la vida y del raciocinio,…? Mi mente racional me inclina más por lo último, ante lo que me quedo absolutamente “acongojado” y lleno de inquietud ¿no te parece abrumador el que la inteligencia emocional, que se demuestra casi de pensamiento “único”, sea un subproducto obligatorio de la evolución del universo?

  4. Gravatar sebacine | 10/03/2010 at 07:22 | Permalink

    Muchas gracias por sus comentarios, @Jaume y @JReguart, seguramente tocaremos algunos de los temas que plantean y creo, en algunos de ellos, tenemos opiniones bastante similares. Es totalmente cierto eso de que relatos del diluvio hay por todo el mundo, en alguna de las entregas del artículo, seguro dedicaré un importante segmento para hablar de eso y narrar unos cuantos. Lo del pensamiento “único”, si bien solía verlo más o menos de esa manera, no hay que perder de vista los numerosos contactos que todas estas culturas han tenido entre ellas. Pero sí, definitivamente yo también me quedo “intrigado” y “acongojado” por todas estas cuestiones. @Pedro ¡Que buena la previsualización automática de los comentarios! :D

  5. Gravatar Macluskey | 11/03/2010 at 12:03 | Permalink

    ¡Qué buen artículo! Ya estoy preparando el paraguas para la próxima entrega, aunque no creas que hay que buscarle demasiado: este invierno en España lo hemos usado mucho, pero que mucho. Un par de añitos como éste y no me extraña que se empiece a hablar del diluvio y tal…

    Y sí, qué buena la previsualización de artículos…

    Saludos

  6. Gravatar Mazinger | 16/03/2010 at 11:47 | Permalink

    Enhorabuena Sebacine, te superas con cada artículo. Éste te ha quedado particularmente redondo.

    Me ha parecido muy interesante el paralelismo que has establicido entre la evolución y el modo en que los mitos del Popol Vuh (que no conocía en absoluto) la sugieren. Y lo mismo digo sobre observación acerca de si hubiera existido o no un debate entre evolucionistas y creacionistas (falso a mi juicio, pues lo suscitan los creacionistas con argumentos que caen por su propio peso) en una civilización cuyas fuentes culturales emanaran de esos mitos.

    Pienso que el debate hubiera sido bien distinto. El Popol Vuh nos muestra unos dioses muy humanos, apasionados y en ocasiones irreflexivamente excesivos, limitados en conocimiento (véanse sus tribulaciones para crear a un hombre con las “características” que desean) pero incansables perseguidores de él. Muy humanos sí. En contraposición tenemos el dios monoteísta y perfecto, tiránico en cierto sentido, espiritual y alejado, infinito, ubicuo y todopoderoso, al que le basta un simple acto de volición para crear todo el universo. Humanos, demasiado humanos, los primeros, inaprensible el segundo. Es más fácil verse reflejado en los primeros que en el segundo, a pesar de que “estemos hechos a imagen y semejanza” del segundo.

    Estoy particularmente interesado en conocer el modo en que se forjó la milogía judía, de cómo se formó el concepto de un dios tan opuesto o tan distinto a los mitos de las demás culturas (maya, babilónica, egipcia, nórdica, romana, griega, china…). No sé si llegarás a tocar este tema, Sebacine, pero se me antoja interesante.

    Respecto a vuestras reflexiones sobre mitos con temática común en diversas culturas, soy de la opinión de que tales coincidencias se deben a que el ser humano, independientemente del lugar en el que vive y se desarrolla, ha tenido que hacer frente a los mismos problemas. Las catástrofes naturales no conocen fronteras. Las inundaciones o los terremotos se producen en cualquier parte del mundo, por lo que es natural que hechos tan destacados originen mitos similares en distintas culturas.

    Volviendo a la cultura china y a la creación del hombre, aparte del mito de Pangu en el que sus piojos se metamorfosearon en seres humanos, hay otro más en sintonía con los que has contado: el de Nüwa, una diosa mitad serpiente mitad mujer, que crea a los hombres a partir de arcilla. Al principio lo hace esmeradamente, produciendo seres elevados, pero cansada del trabajo se ayuda de una cuerda para golpear la arcilla de forma que los fragmentos que salen esparcidos forman también humanos, pero esta vez más mundanos e imperfectos.

    El motivo que en este caso insta a Nüwa a crear al ser humano es la soledad o incluso el aburrimiento. Lu Xun, escritor chino de las primeras décadas del siglo XX, escribió un cuento maravilloso basado en este mito que forma parte de su libro “Contar nuevo de historias viejas”. Este libro contiene varios cuentos escritos en un tono irónico e incluso jocoso (rompiendo con los rígidos moldes de escritura que imperaban y que no fomentaban la creatividad), que además de estar basados en mitos chinos, les revisa y actualiza, humanizando a sus personajes. Este libro puede ser un buen comienzo para acercarse tanto a la literatura china como a la mitología.

    P.D. Gracias por tu amable mención. Como Mac, voy sacando el paraguas.

  7. Gravatar oldman | 18/03/2010 at 08:27 | Permalink

    Muchas gracias Sebastián por hacernos llegar tus interesantes “historias” mitológicas de forma tan amena y comparativa. En paralelo con lo que comenta Mazinger sobre la temática común en mitos similares de dispares culturas opino que, posiblemente, algunos proceden de la transmisión verbal e incluso previamente genética de fenómenos naturales, sucesos y temores que marcaron a nuestros ancestros africanos comunes, ya homo sapiens, antes de dispersarse por los demás continentes.

  8. Gravatar sebacine | 19/03/2010 at 03:59 | Permalink

    @Mazinger: Creo que estos dioses más humanos, aunque a veces también sean terribles en su accionar, nos caen más simpáticos a ambos. Sobre la historia de las religiones, no creo que vaya a hablar por el momento, aunque quién sabe. Lo seguro es que para hacerlo tendría que recopilar bastante material que me falta y aclarar varias cositas que me quedan sueltas. Los autores a veces se pelean entre ellos y yo no termino de decidirme por ninguno. El problema de estas cuestiones, es que, depende mucho quién te cuente la historia. Sí te puedo señalar algunos temitas que me parecen te pueden encaminar un poco, como todos los mitos provenientes de “Mesopotamia”, hemos hablado de algunos de ellos y en general se suele tomar como el lugar de donde proviene “el pecado”, según su concepción actual. También “La Reforma de Zaroastro (Zaratustra)”, a quien Gerald Messadié señala como “el inventor del diablo”. Pero, por ejemplo Mircea Eliade, niega que haya existido tal reforma. Claro que si nos limitamos a la tradición Cristiana se simplifican mucho las cosas: Primero Abraham, después Moises, después el resto… Y todos los demás se copiaron de ellos. Sobre el cambio de unos dioses a otros, a mí me gusta mucho comparar las concepciones de Hesíodo y las de Homero. Para mí Hesíodo siempre está mucho más cerca del monoteísmo, y lo interesante, es que sean autores tan cercanos, aunque con puntos de vista diferentes. De todas maneras, el Monoteísmo parecería que es una característica bastante original de la religión de Israel. Aunque esta afirmación del dios único, en un principio, no negaba necesariamente la existencia de otros dioses, sino que simplemente afirmaba la identidad de “su” pueblo, a partir de este “Dios Nacional”. Expuestos como estaba a los ataques de poderosos Imperios, se defienden a través de la exaltación de su identidad, diferenciándose de otros pueblos. Al mismo tiempo, la simplificación de los Panteones y la fusión entre dioses diferentes, parece ser una característica muy común en la “evolución” de las religiones. Parece ser, que en la medida en que las sociedades se van organizando, resulta más necesaria la imposición de credo sólido y no tan propicio a controversias internas. Lo triste es que casi siempre que un pueblo se ha concentrado en afirmar su identidad, al poco tiempo tal afirmación, se convierte en la negación de los demás. Y así terminamos, ahora todos estamos seguros que “Dios es Uno”, que contrariamente a lo que suele suponerse, no significa que todos los dioses sean el mismo, sino que “solo nuestro dios existe y el de los demás, es pura herejía”.

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