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	<title>El Tamiz &#187; Premios Nobel</title>
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		<title>Premios Nobel &#8211; Química 1909 (Wilhelm Ostwald)</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 18:23:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Premios Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Química]]></category>

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		<description><![CDATA[En la última entrega de la serie sobre los Premios Nobel hablamos sobre el galardón de Física de 1909, otorgado a Gulglielmo Marconi y Karl Ferdinand Braun por el desarrollo de la telegrafía sin hilos. Hoy seguimos nuestro recorrido por estos premios con el Premio Nobel de Química del mismo año, 1909, otorgado en este [...]]]></description>
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<p>En la última entrega de la serie sobre los <a href="http://eltamiz.com/premios-nobel" class="liinternal">Premios Nobel</a> hablamos sobre el galardón de Física de 1909, otorgado a <a href="http://eltamiz.com/2011/07/06/premios-nobel-fisica-1909-guglielmo-marconi-y-karl-ferdinand-braun/" class="liinternal">Gulglielmo Marconi y Karl Ferdinand Braun</a> por el desarrollo de la telegrafía sin hilos. Hoy seguimos nuestro recorrido por estos premios con el Premio Nobel de Química del mismo año, 1909, otorgado en este caso a Wilhelm Ostwald, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,</p>

<blockquote><p>En reconocimiento a su trabajo sobre catalizadores y sus investigaciones acerca de los principios fundamentales que gobiernan los equilibrios químicos y las velocidades de reacción.</p></blockquote>

<p>Como nos ha pasado otras veces, seguramente leer la descripción del Premio no revela la tremenda importancia de lo que hay detrás, aunque en este caso mi impresión es que Ostwald tal vez no merecía el Nobel tanto más que otros investigadores en este campo (luego veremos por qué). Y, como también nos ha pasado otras veces &#8211;casi todas&#8211; no podemos hablar de Ostwald y su descubrimiento sin retroceder unas cuantas décadas para comprender la situación antes de que llegara el alemán. Como siempre, no supongo que tengas conocimientos de Química, pero sí que tienes paciencia y comprensión &#8212; dicho esto, viajemos a principios del siglo XIX, cuando la Química estaba aún en pañales.</p>

<p>Por entonces se habían estudiado ya de manera concienzuda multitud de reacciones químicas; se sabía que algunas sustancias, al ponerse en contacto entre sí, formaban otras nuevas, mientras que otras parecían no reaccionar en absoluto. También se sabía que, en algunos casos, la reacción era rápida y violenta, y en otros lenta y suave. Nadie se había preocupado aún de cuantificar estas características, pero los químicos se habían percatado ya de algo muy curioso: había algunos compuestos que no parecían reaccionar entre sí pero, sin embargo, si se añadía un compuesto nuevo determinado a la fiesta como &#8220;invitado&#8221;, entonces sí reaccionaban con entusiasmo&#8230; pero, al terminar la reacción, aunque los compuestos originales se habían gastado, <em>el compuesto nuevo seguía ahí, igual que antes</em>.</p>

<p>También pasaba a veces que varios compuestos sí reaccionaban entre sí, pero muy lentamente&#8230; salvo que se añadiese una vez más un compuesto &#8220;invitado&#8221;; al hacerlo, la reacción era mucho más violenta y, una vez más, cuando terminaba, el compuesto &#8220;invitado&#8221; seguía ahí, como si tal cosa, sin haberse consumido como los demás. Como puedes comprender, se trata de algo que puede resultar muy útil para la industria, ya que en muchos casos se quieren realizar reacciones químicas para producir algo como resultado final, y cuanto más rápida sea la reacción más cantidad se produce en un tiempo determinado.</p>

<p>Muchos químicos consideraron esto como una mera curiosidad y, puesto que no se conocían muchos casos de este fenómeno, los calificaron de excepciones y a otra cosa, mariposa. La industria, sin embargo, aunque no entendiera por qué sucedía esto, utilizó los casos contados en los que funcionaba. Por ejemplo, al producir <a href="http://eltamiz.com/2007/05/01/%C2%BFque-tiene-que-ver-conmigo-el-h2so4/" class="liinternal">ácido sulfúrico</a> &#8211;que empezaba a ser ya un compuesto fundamental en la industria química naciente&#8211; si se utilizaba platino era posible, sin gastar el platino, que era el &#8220;compuesto invitado&#8221; producir el ácido mucho más rápido que sin él. El resultado final era igual, pero la rapidez mucho mayor lo hacía un método mucho más eficaz; claro, hacía falta una inversón extra para conseguir el platino,<em> pero el metal no se gastaba</em> porque era un mero &#8220;invitado&#8221;, con lo que no hacía falta estar comprándolo todo el tiempo.</p>

<p>Como digo, eran casos sueltos, curiosidades. Algunos químicos estudiaron varios de estos casos concretos en más detalle, y uno de los padres de la Química moderna tuvo la suficiente visión como para fijarse en todos esos casos concretos y extraer la clave del fenómeno. Ese químico era el sueco <strong>Jöns Jacob Berzelius</strong>, quien es probablemente merecedor de uno o más Premios Nobel, pero murió cincuenta años antes de que estos galardones nacieran. A pesar de tener la apariencia del malo en una novela de Dickens, era un auténtico genio: no sólo descubrió los elementos silicio, torio, cerio y selenio, sino que a él debemos los términos <em>proteína, catálisis, isómero, polímero, alótropo</em>, así como la distinción entre compuestos orgánicos e inorgánicos y muchos logros más.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/September/Berzelius.png" alt="Jons Jacob Berzelius"/>
<br />
<em>Jöns Jacob Berzelius (1779-1848).</em></p>

<p>Berzelius, que fue Secretario de la Real Academia Sueca de las Ciencias durante cuarenta años, desde 1808 hasta 1848, leía prácticamente todos los artículos de Química publicados en Europa, con lo que se había topado con referencias a estas reacciones con &#8220;compuesto invitado&#8221; en artículos de Kirchhoff, Döbereiner, Thénard o Humphry Davy. Por razones que desconozco parece haberse dejado un artículo sin leer &#8211;o no comprendió su importancia&#8211;, publicado en 1806 por dos científicos franceses&#8230; pero de ese artículo hablaremos después.</p>

<p>Tal vez lo que disparó el interés de Berzelius fue un experimento realizado por uno de sus propios alumnos, Eilhard Mitscherlich, que estaba estudiando la transformación de alcohol en éter. Mitscherlich había observado que, <strong>si se añadía ácido sulfúrico a la reacción, ésta se producía mucho más deprisa</strong>; además, sí, lo has adivinado &#8212; al terminar, el ácido seguía ahí como si no hubiera roto un plato, sin consumirse como el alcohol. Berzelius se dio cuenta, por tanto, de que tantos &#8220;casos raros&#8221; no podían ser simplemente eso, sino que había una propiedad química común a todos ellos.</p>

<p>Explicado con una analogía estúpida y absurda &#8211;mía , no de Berzelius, claro&#8211;, la cosa es algo así. Imagina que invitas a una serie de personas a una fiesta para intentar emparejarlas (no me preguntes por qué quieres formar parejas). Sin embargo, la fiesta no tiene mucho éxito y casi todo el mundo charla un poco pero cada uno acaba yéndose solo a su casa. Se forma alguna pareja, pero nada espectacular. Pero, en otra ocasión, montas una segunda fiesta y, en este caso, invitas a tu primo Eulalio. Y esa noche, ¡sorpresa!, con la presencia de Eulalio, todo cambia. La gente empieza a hablar y reírse rápidamente, forman relaciones de forma impetuosa y todos se vuelven a casa emparejados. Todos, menos Eulalio, que termina tan solo como empezó la fiesta.</p>

<p>También se daba el caso contrario: montas una fiesta y unas cuantas personas acaban emparejadas. Sin embargo, si a la fiesta invitas a tu prima Bruna, la cosa cambia. La gente apenas habla, hay un ambiente raro, y al final todos se vuelven a casa solos &#8211;incluida Bruna, por supuesto&#8211;. Y lo más interesante de todo, desde la Química de esta época, incluida la del propio Berzelius: nadie tenía ni idea de cuál era la razón, ni cuál era la influencia de Bruna o Eulalio &#8211;o las sustancias que fuesen&#8211; sobre la reacción. <em>¿Por qué la presencia de platino al producir ácido sulfúrico aceleraba la producción del ácido? ¿Cómo se producía esa aceleración? Si el platino no formaba parte de ella, ya que al final se quedaba como al principio, ¿qué había hecho exactamente?</em></p>

<p>En 1836, Berzelius publicó sus conclusiones sobre todos estos procesos. El sueco los denominó <em>procesos catalíticos</em> y al fenómeno <em>catálisis</em>, del griego καταλύειν, &#8220;desatar&#8221;. Las sustancias que actuaban de este modo &#8211;Eulalia, Bruno, el platino, lo que fuese&#8211; eran entonces <em>catalizadores</em>, y su efecto era el de desencadenar, acelerar o ralentizar una reacción química sin ser ellos mismos modificados en modo alguno durante la reacción. En palabras de Berzelius,</p>

<blockquote><p>La fuerza catalítica parece consistir en la capacidad de determinadas sustancias para activar las afinidades potenciales a esta temperatura por su mera presencia y afinidad, y como resultado, los elementos se estructuran de una manera diferente de modo que se produce una mayor neutralización electroquímica.</p></blockquote>

<p>Berzelius no sabía cuál era la naturaleza del mecanismo catalítico: su definición era una simple descripción de lo que se notaba macroscópicamente, y era consciente de que hacía falta avanzar para lograr una explicación racional y empírica de lo que pasaba microscópicamente. Sin embargo, otro químico, el alemán Justus von Liebig, cuya reputación era muy grande por sus trabajos en Química orgánica, era de diferente opinión. Von Liebig pensaba que lo que sucedía era que una sustancia se descomponía por ser inestable y, al hacerlo, inducía a otras sustancias a descomponerse a su vez, como si la imitasen, de modo que se desencadenaba la reacción que, de otro modo, no se hubiera producido. No sé cómo explicaba von Liebig los catalizadores negativos, estilo prima Bruna, ni por qué su explicación fue aceptada de manera generalizada frente a la de Berzelius.</p>

<p>Sí sabemos que von Liebig era un científico extraordinario, y sus aportaciones a la Química orgánica, fundamentales. Berzelius y él estaban en desacuerdo en muchas cosas, y la verdad es que en la mayoría de los casos el joven alemán tenía razón; Berzelius pensaba, por ejemplo, que había una diferencia esencial entre los procesos orgánicos e inorgánicos, y que nunca sería posible formar sustancias orgánicas en un laboratorio, mientras que von Liebig pensaba que no existía tal diferencia esencial, sino que sería posible formar sustancias orgánicas artificialmente. Con el paso de los años, las ideas de von Liebig &#8211;más avanzadas, en general, que las de Berzelius&#8211; fueron ganando aceptación, y su reputación creció a la par que decrecía la de Berzelius.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/September/Justus_von_Liebig.jpg" alt="Justus von Liebig"/>
<br />
<em>Justus von Liebig (1803-1873).</em></p>

<p>Sin embargo, en este caso particular, Berzelius tenía razón y von Liebig no, y tal vez ese factor hizo que venciese el concepto de von Liebig frente al del sueco. La definición de Berzelius era menos concreta y ambiciosa que la del alemán: se limitaba a describir el fenómeno. Sin embargo, von Liebig daba una explicación más concreta &#8211;la descomposición que induce otras descomposiciones&#8211;, <em>pero errónea</em>, aunque no se supiese entonces. Y es mejor no tener una explicación de un fenómeno que tener una mala explicación, ya que en el primer caso sigues buscando, pero en el segundo tal vez no, de modo que la cosa se estanque con una explicación incorrecta. Y eso fue exactamente lo que pasó en el caso de la catálisis: la explicación errónea de von Liebig ganó, y las cosas se quedaron prácticamente paradas durante mucho tiempo.</p>

<p>Berzelius era consciente de esto, y no le gustaba un pelo la explicación de von Liebig:</p>

<blockquote><p>Obtenemos así una explicación ficticia mediante la que creemos haber entendido lo que todavía no podemos comprender, y de este modo la atención se desvía de este asunto aún por explicar, con lo que permanece inexplicado más tiempo. Me gustaría repetir una vez más lo que ya he dicho a menudo en el pasado: que en la Ciencia, las explicaciones ficticias y prematuras llevan invariablemente a desviarse del camino, y que el único método de obtener conocimiento positivo es dejar lo incomprensible sin explicar hasta que, tarde o temprano, la explicación aparezca por sí misma a partir de hechos tan obvios que sea muy difícil que aparezcan opiniones divididas sobre ellos.</p></blockquote>

<p>El sueco tenía razón: aún no era posible explicar correctamente los fenómenos catalíticos, porque hacía falta desarrollar conceptos que áun no existían. El concepto clave era tan obvio que parece una tontería que no existiese aún, pero nadie había formulado aún una definición rigurosa de él: se trataba de la <strong>velocidad de reacción</strong>, una magnitud que midiese la rapidez con la que se produce una reacción química y algo esencial para explicar la catálisis, que no era sino la modificación de esa velocidad de reacción mediante la presencia de determinadas sustancias.</p>

<p>El primero en atacar el problema fue el alemán Ludwig Ferdinand Wilhelmy, que estudió de manera cuantitativa la velocidad con la que se producía la conversión de sacarosa en fructosa y glucosa modificando diversos factores: aumentando la concentración de sacarosa, cambiando la temperatura y añadiendo un ácido como catalizador. Wilhelmy fue capaz de construir una ecuación que describía la velocidad de la reacción en función de estos factores y, con ello, dio el primer paso hacia una verdadera <em>cinética química</em>, sin la que la catálisis era algo inexplicable, como había predicho Berzelius.</p>

<p>A pesar de que Wilhelmy incluyó la concentración de ácido en la velocidad de reacción de descomposición de la sacarosa, no mencionó la palabra <em>catalizador</em> ni trató de explicar la razón de que el ácido acelerase la reacción sin, aparentemente, tomar parte en ella. Su artículo sobre la velocidad de reacción, por cierto, no despertó demasiado interés al principio: harían falta décadas para comprender su importancia. Para ello haría falta la llegada de nuestro galardonado de hoy &#8211; Wilhelm Ostwald.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/September/Wilhelm_Ostwald.jpg" alt="Wilhelm Ostwald"/>
<br />
<em>Wilhelm Ostwald (1853-1932).</em></p>

<p>Ostwald nació en 1853 en Riga &#8211;en la actual Letonia, aunque por entonces era parte del Imperio Ruso&#8211;, aunque sus padres eran prusianos. Sus padres no tenían formación universitaria, pero el joven Ostwald se graduó en la Universidad de Tartu, en Estonia, y obtuvo su doctorado en la misma Universidad en 1878. Tras pasar su juventud en las orillas del Báltico, enseñando durante unos años en Tartu y en el Instituto Politécnico de Riga, en 1887 se mudó a Leipzig, donde permanecería hasta su muerte.</p>

<p>El principal interés de Ostwald era la Química física, de la que hemos hablado ya varias veces en esta serie, ya que el final del siglo XIX fue el momento en el que nació como disciplina. De hecho, se considera a Wilhelm Ostwald como uno de los tres padres de la Química física; los otros dos ya son viejos conocidos nuestros, <a href="http://eltamiz.com/2009/11/10/premios-nobel-quimica-1903-svante-arrhenius/" class="liinternal">Svante Arrhenius</a> y <a href="http://eltamiz.com/2008/12/23/premios-nobel-quimica-1901-jacobus-henricus-van-t-hoff/" class="liinternal">Jacobus Henricus van &#8216;t Hoff</a>. Como ya mencionamos al hablar de Arrhenius, la relación entre los tres científicos era excelente, y colaboraron juntos en diversas ocasiones. De hecho, aunque no dudo de la capacidad de Ostwald, sospecho que su Nobel se debe más a la influencia de Arrhenius que a ningún otro factor, ya que el sueco tenía un gran poder en la organización por entonces.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/September/Ostwald_Arrhenius.jpg" alt="Wilhelm Ostwald y Svante Arrhenius"/>
<br />
<em>Svante Arrhenius (izquierda) y Wilhelm Ostwald (derecha).</em></p>

<p>Ostwald estaba particularmente interesado en los ácidos y bases y la teoría de Arrhenius para explicar su naturaleza y comportamiento mediante la disociación en iones libres &#8211;algo de lo que ya hablamos en el <a href="http://eltamiz.com/2009/11/10/premios-nobel-quimica-1903-svante-arrhenius/" class="liinternal">artículo dedicado a su Nobel</a>&#8211;. Era ya conocido el hecho de que había ácidos más fuertes &#8211;como el sulfúrico&#8211; y otros más débiles &#8211;como el cítrico&#8211;, pero Ostwald quería obtener un modo de <em>medir cuantitativamente</em> esa fuerza. Para ello realizó diversos experimentos con distintos ácidos en reacciones en las que tomaban parte, entre ellas algunas en las que actuaban como catalizadores.</p>

<p>Cuanto más fuerte era un ácido, independientemente de cuál fuera en concreto el ácido, más intensa parecía ser su acción como catalizador. De modo que a Ostwald se le ocurrió que sería posible <em>cuantificar la fuerza de los ácidos midiendo la velocidad con la que se producían las reacciones catalizadas por ellos</em>, entre otros métodos. Para ello hacía falta el concepto de velocidad de reacción de Wilhelmy, pero ampliado y detallado más allá de donde había llegado él. De modo que Ostwald se dedicó a pulir y ampliar el concepto de velocidad de reacción definido por el alemán hasta crear una auténtica <strong>cinética química</strong>, es decir, un aparato conceptual capaz de describir cuantitativamente y en detalle todos los aspectos relacionados con el ritmo con el que se producen las reacciones.</p>

<p>Al aplicar estos conceptos a multitud de reacciones químicas, y de manera &#8220;lateral&#8221;, ya que su interés inicial había sido el estudio de ácidos y bases, Ostwald se dio cuenta de que las ideas de Justus von Liebig, aunque hubieran derrotado a las de Berzelius, no eran correctas. Von Liebig sostenía que las reacciones catalizadas se acababan produciendo porque la descomposición de una sustancia inducía la descomposición de otras, de modo que sin la descomposición de la primera no se producía la de las otras. Sin embargo, Ostwald había medido la velocidad de reacción de muchos procesos diferentes de manera muy meticulosa, y se había dado cuenta de algo interesante.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/September/Ostwald_labo.jpg" alt="Wilhelm Ostwald en su laboratorio"/>
<br />
<em>Wilhelm Ostwald en el laboratorio.</em></p>

<p><strong>No existía ni una sola reacción en la que el catalizador desencadenase el proceso</strong>. Dicho de otro modo, si la reacción no se producía, la presencia de un catalizador no hacía que se produjese &#8212; no cambiaba nada, ni se inducía la descomposición de nadie. Lo que sí sucedía era que una reacción <em>que ya se estaba produciendo sin la presencia del catalizador</em> se produjera más rápidamente. Pero entonces ¿de dónde había sacado von Liebig la idea del desencadenamiento de la reacción?</p>

<p>La razón era simple una vez las medidas se hacían con el suficiente cuidado: había algunas reacciones químicas tan lentas que era casi imposible percibir que se estaban produciendo. Al añadir el catalizador, la reacción se aceleraba lo suficiente para ser perceptible con facilidad, con lo que a primera vista el catalizador era quien la desencadenaba. Pero claro, la realidad era otra bien distinta: el catalizador simplemente la aceleraba hasta que podíamos percibirla, <em>¡la reacción ya estaba produciéndose antes!</em></p>

<p>Jöns Jacob Berzelius, con su definición de catálisis más modesta y limitada conscientemente, tenía razón, y von Liebig había metido la pata. Y habían hecho falta unos 50 años para que nos diésemos cuenta, gracias a la introducción del concepto de velocidad de reacción creado por Wilhelmy y perfeccionado por Ostwald. Se trató casi del cumplimiento de la profecía de Berzelius cuando decía que era mejor esperar a que las cosas estuvieran claras antes de dar una explicación errónea y aventurada.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/September/Ostwald_vant_Hoff.jpg" alt="Wilhelm Ostwald y Jacobus Henricus van 't Hoff"/>
<br />
<em>Jacobus Henricus van &#8216;t Hoff  (izquierda) y Wilhelm Ostwald (derecha).</em></p>

<p>La nueva definición de catalizador de Ostwald, basada en la velocidad de reacción, era parecida a la de Berzelius: un catalizador es una sustancia que produce un aumento o disminución de la velocidad de reacción y que al terminar ésta permanece como estaba al principio. Sin embargo, el <strong>carácter cuantitativo</strong> de la definición de Ostwald permitió a los científicos avanzar en la cinética química y el estudio de los procesos catalíticos de un modo que había sido imposible antes.</p>

<p>Pero esto no resolvía el principal problema: <em>¿qué hacía un catalizador para acelerar o ralentizar una reacción, si parecía no tomar parte en ella?</em> Curiosamente, para responder a esa pregunta no debemos continuar avanzando en la historia, sino que debemos retroceder.</p>

<p>Como recordarás, Berzelius había hecho acopio de multitud de publicaciones sobre procesos que podrían ser catalíticos para extraer conclusiones sobre ellos. Por alguna razón, entre esos estudios no estaba uno realizado por dos franceses, Charles Bernard Desormes y su yerno Nicolas Clemént. Estos dos científicos franceses son conocidos fundamentalmente porque lograron determinar experimentalmente el valor de la <em>constante adiabática</em> del aire, pero en 1806 estos dos individuos postularon una posible explicación de los fenómenos catalíticos aplicados a un caso concreto. Berzelius no conocía estas conclusiones, o no las consideró importantes, pero tras la base establecida por Ostwald fue posible realizar experimentos que demostraron que Desormes y Clément tenían razón: en 1806 habían conseguido lo que ni von Liebig ni el propio Berzelius habían podido lograr &#8212; explicar la naturaleza de los procesos catalíticos, lo mismo que voy a intentar hacer yo aquí pero de un modo bastante más vulgar.</p>

<p>No he podido encontrar, por cierto, qué experimentos concretos demostraron la existencia de las reacciones intermedias por primera vez; en el discurso del propio Ostwald en 1909, el prusiano afirma que la explicación de Clément y Desormes parece la más sólida, pero no parece haber sido demostrada por entonces más allá de toda duda.</p>

<p>La clave de la cuestión según los dos franceses estaba en que, aunque la reacción pareciese la misma con el catalizador o sin él, salvo en la velocidad a la que se producía, <em>la reacción no era igual</em>. Aunque el catalizador permaneciese igual que al principio, como si hubiese sido un mero espectador de todo el proceso, el catalizador <em>sí formaba parte de la reacción</em>. ¿Cómo era posible entonces que todo empezase y acabase igual pero que todo fuese más rápido o lento? La razón, de acuerdo con Clemént y Desormes, era que la reacción original se producía por un camino distinto, con <strong>reacciones intermedias</strong> más favorables que la original. Veámoslo con Eulalio, nuestro primo en la fiesta.</p>

<p>Antes dijimos simplemente que con Eulalio en la fiesta se formaban más parejas, pero nunca nos fijamos exactamente en qué hacía Eulalio. La realidad, aunque fuéramos incapaces de verlo, es que Eulalio se ponía a hablar con alguien, establecía una relación con él y, cuando ambos estaban ya hablando animadamente, Eulalio le presentaba a su interlocutor a otro invitado de la fiesta y lo hacía todo con tal soltura que los otros dos, sin darse cuenta, empezaban a hablar como si se conocieran de toda la vida&#8230; ¡y acababan yéndose juntos a casa! Entonces, Eulalio se fijaba en algún otro invitado solitario, se ponía a hablar con él y después le presentaba a otro invitado&#8230; y así una y otra vez. Claro, al final Eulalio seguía solo, como al principio, <em>pero no había estado solo todo el tiempo</em>: se había juntado y separado varias veces con unos y otros, acelerando enormemente el proceso por el que llegaban a conocerse y emparejarse los demás.</p>

<p>Tal vez lo veas mejor con un ejemplo pseudo-matemático. Imagina que tenemos dos sustancias, A y B, y queremos que reaccionen para formar AB. Sin embargo, la reacción</p>

<p>A + B &rarr; AB</p>

<p>es lentísima. De modo que añadimos a Eulalio &#8211;quiero decir, la sustancia E&#8211;, que reacciona muy rápidamente con A:</p>

<p>A + E &rarr; AE</p>

<p>Pero la sustancia AE, al estar cerca de B, reacciona también rápidamente con ella:</p>

<p>AE + B &rarr; AB + E</p>

<p>¡Hemos obtenido AB muy rápidamente! Pero en vez de hacerlo en un paso lento, lo hemos hecho en dos muy rápidos. Si los escribimos juntos y sumamos ambas ecuaciones, de modo que AE aparezca en ambos lados &#8211;formándose y descomponiéndose&#8211; y podamos descartarlo para ver el resultado neto de la reacción total,</p>

<p>A + E &rarr; AE</p>

<p>AE + B &rarr; AB + E</p>

<hr />

<p>A + B + E &rarr; AB + E</p>

<p>Tanto al principio como al final vemos E solo, como si no tuviera nada que ver con esto, ¡pero es porque no estamos percibiendo el paso intermedio en el que se forma y luego se descompone AE! Como puedes ver, E sí participa en la reacción, ¡ya lo creo que participa! Lo que pasa es que sufre dos &#8220;reacciones contrarias&#8221;, de modo que termina igual que empezó.</p>

<p>Lo maravilloso de esto, como dijimos antes, es que es posible acelerar o ralentizar reacciones sin gastar E, ya que siempre lo tenemos ahí al final, listo, como Eulalio, para emparejar a alguien más. Se trata de algo tan útil y, aunque nos costara tanto verlo, tan sencillo, que era inevitable que hiciera su aparición en la química de los seres vivos. Eso es, al fin y al cabo, lo que es una <strong>enzima</strong>: una proteína que actúa de catalizador de una o varias reacciones en el metabolismo. Por ejemplo, la <em>lactasa</em> cataliza la hidrólisis de la lactosa de la leche (y las personas que no producen lactasa suelen beber leche sin lactosa o no beber leche).</p>

<p>No olvides tampoco que los catalizadores pueden ser positivos &#8211;acelerando reacciones&#8211; pero también negativos: por ejemplo, es muy común utilizar catalizadores negativos de oxidaciones y putrefacciones en los alimentos envasados, de modo que cambien su composición química más lenta en vez de más rápidamente y de este modo duren más. Así, muchos conservantes son catalizadores negativos. Y es gracias a Wilhelm Ostwald, entre otros, que comprendemos este aspecto de las reacciones químicas y el ritmo al que se producen.</p>

<p>Eso sí, como puedes ver, hay multitud de nombres en la historia de la catálisis, y no tengo claro que Ostwald sea el principal. Si has leído toda la serie hasta ahora, te habrás dado cuenta de que no se me cae la baba con él como con otros científicos ganadores de un Nobel, pero es indudable que era un investigador de primera. El caso es que, si nos ha servido de excusa para pasar un buen rato hablando de estas cosas, bienvenido sea.</p>

<p>No quiero terminar, como siempre, sin dejar aquí el discurso de entrega del Premio Nobel de Química de 1909, pronunciado por el Doctor H. Hildebrand, Presidente de la Real Academia Sueca de las Ciencias el 10 de diciembre de ese mismo año:</p>

<blockquote>
  <p>Su Majestad, Sus Altezas Reales, damas y caballeros.</p>
  
  <p>La Real Academia de las Ciencias ha decidido otorgar al ex-catedrático de la Universidad de Leipzig y Geheimrat, Wilhelm Ostwald, el Premio Nobel de Química de 1909 en reconocimiento a su trabajo sobre la catálisis y los estudios fundamentales asociados a él y centrados en los equilibrios químicos y las velocidades de reacción.</p>
  
  <p>Ya en la primera mitad del siglo anterior se había observado en ciertos casos que podían inducirse reacciones químicas en sustancias que no parecían tomar parte en la reacción ellas mismas, y que en cualquier caso no sufrían alteraciones de ningún tipo. Esto llevó a Berzelius, en sus famosos informes anuales sobre el progreso de la Química de 1835 a realizar una de sus brillantes y no infrecuentes conclusiones, a partir de las que observaciones aisladas se agrupaban de acuerdo con un criterio común y se introducían nuevos conceptos en la Ciencia. Denominó este fenómeno catálisis. Sin embargo, el concepto de catálisis pronto recibió la oposición de otro bando igualmente eminente, que lo catalogó de inútil, y gradualmente cayó en un descrédito absoluto.</p>
  
  <p>Unos cincuenta años más tarde, Wilhelm Ostwald realizó una serie de estudios para determinar la fuerza relativa de ácidos y bases. Intentó resolver este importantísimo asunto para la Química de diversas maneras, y todas ellas proporcionaron resultados consistentes. Entre otras cosas, descubrió que la velocidad con la que se producen diferentes procesos bajo la acción de ácidos y bases puede emplearse para determinar las fuerzas relativas de los últimos. Realizó multitud de medidas en esta línea, y al hacerlo estableció los cimientos del procedimiento de estudio de las velocidades de reacción, y examinó todos los casos típicos. Desde entonces, la teoría de las velocidades de reacción se ha convertido en algo más y más importante en la Química teórica; sin embargo, estos experimentos también proporcionaron una nueva luz sobre la naturaleza de los procesos catalíticos.</p>
  
  <p>Después de que Arrhenius hubiese formulado su bien conocida teoría de que los ácidos y bases en disolución acuosa se disocian en iones y que su fuerza depende de su conductividad eléctrica o, más correctamente, de su grado de disociación, Ostwald comprobó la validez de esta idea midiendo la conductividad y, con ella, la concentración de los iones hidrógeno e hidroxilo con los ácidos y bases que había empleado en sus experimentos anteriores. Comprobó que la teoría de Arrhenius era correcta en todos los casos que investigó. Su explicación del hecho de que siempre encontrase los mismos valores para la fuerza relativa de ácidos y bases independientemente del método utilizado era que, en todos estos casos, los iones hidrógeno de los ácidos y los hidroxilo de las bases actuaban catalíticamente, y que la fuerza relativa de ácidos y bases estaba determinada únicamente por la concentración de estos iones.</p>
  
  <p>Ostwald decidió, por tanto, realizar un estudio más profundo de los fenómenos catalíticos y extendió su campo de estudio también a otros catalizadores &#8211;como eran llamados&#8211;. Tras una investigación continua y consistente, logró formular un principio que describía la naturaleza de los catalizadores y que es satisfactoria para el estado actual de nuestro conocimiento, es decir, que la acción catalítica consiste en la modificación, por parte de la sustancia activa, de la velocidad a la que se produce una reacción química, sin que esa sustancia sea parte de los productos formados. La modificación puede ser un aumento, pero también una disminución, del ritmo al que se produce la reacción. Una reacción que de otro modo se produciría a un ritmo muy lento, tal vez necesitando años antes de alcanzar el equilibrio, puede ser acelerada mediante catalizadores hasta que se complete en un tiempo comparativamente corto, en algunos casos en uno o unos pocos minutos, o incluso en menos de un minuto, o viceversamente.</p>
  
  <p>La velocidad de reacción es un parámetro medible y por lo tanto también son medibles todos los parámetros que la afectan. La catálisis, que anteriormente parecía ser un secreto escondido, se ha convertido por tanto en lo que se denomina un problema cinético y es accesible al estudio científico exacto.</p>
  
  <p>El descubrimiento de Ostwald ha sido profusamente explotado. Además del propio Ostwald, un gran número de investigadores eminentes han entrado recientemente en este campo y el progreso es continuo y con cada vez mayor entusiasmo. Los resultados han sido verdaderamente admirables.</p>
  
  <p>La mejor manera de revelar lo significativo de esta nueva idea es mediante el papel importantísimo &#8211;mencionado por primera vez por Ostwald&#8211; de los procesos catalíticos en todos los campos de la Química. Los procesos catalíticos son algo muy común, especialmente en la síntesis orgánica. Algunos sectores clave de la industria como, por ejemplo, la fabricación de ácido sulfúrico, la base de prácticamente toda la industria química, y la manufactura del añil que ha florecido de tal modo en los últimos diez años, se basan en la acción de catalizadores.</p>
  
  <p>Sin embargo, un factor de incluso mayor peso, tal vez, es el conocimiento de que las denominadas enzimas, de una importancia extraordinaria en los procesos químicos en el interior de los organismos vivos, actúan como catalizadores y por lo tanto las teorías sobre el metabolismo animal y vegetal caen de pleno dentro del campo de la química catalítica. Como un ejemplo, los procesos químicos involucrados en la digestión son catalíticos, y pueden simularse paso a paso empleando catalizadores puramente inorgánicos. Además, la capacidad de varios órganos de transformar nutrientes de la sangre de modo que sean adecuados para las tareas específicas de cada órgano puede explicarse, sin ninguna duda, mediante la existencia de distintos tipos de enzimas dentro del órgano, capaces de realizar acciones catalíticas adaptadas a su propósito particular.</p>
  
  <p>Aparte de esto, es extraño que algunas sustancias como el ácido cianhídrico, el cloruro mercúrico, el sulfuro de hidrógeno y otras que actúan como venenos extremadamente potentes sobre el organismo, también han sido observados neutralizando o &#8220;envenenando&#8221; catalizadores puramente inorgánicos como, por ejemplo, platino finamente pulverizado. Incluso mediante estas breves referencias debería quedar claro que, con la ayuda de la teoría catalítica de Ostwald, hemos adquirido una nueva manera de atacar complicados problemas en los procesos fisiológicos. Dado que estos procesos están relacionados con la acción enzimática en los organismos vivos, este nuevo campo de investigación es de una importancia para la humanidad que aún no puede ser comprendida completamente.</p>
  
  <p>A pesar de que el Premio Nobel de Química es otorgado al Profesor Ostwald en reconocimiento a su trabajo con los catalizadores, es un hombre a quien el mundo químico debe mucho por otras razones. Mediante la palabra hablada y escrita él, más que tal vez cualquier otro, ha llevado a las teorías modernas a una rápida victoria, y durante varias décadas ha desempeñado un papel de liderazgo en el campo de la Química general. De otras maneras ha ayudado también al avance de la Química mediante su versátil actividad con numerosos descubrimientos y refinamientos en las esferas teórica y experimental.</p>
</blockquote>

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<p>Para saber más (esp/ing cuando es posible):</p>

<ul>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/chemistry/laureates/1909/" class="liexternal">Página oficial del Premio Nobel de Química de 1909</a></li>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/chemistry/laureates/1909/ostwald-lecture.html" class="liexternal">Discurso de Wilhelm Ostwald</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wilhelm_Ostwald" rel="nofollow" class="liwikipedia">Wilhelm Ostwald</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Wilhelm_Ostwald" rel="nofollow" class="liwikipedia">WIlhelm Ostwald</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cat%C3%A1lisis" rel="nofollow" class="liwikipedia">Catálisis</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Catalysis" rel="nofollow" class="liwikipedia">Catalysis</a></li>
</ul>
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		<title>Premios Nobel &#8211; Física 1909 (Guglielmo Marconi y Karl Ferdinand Braun)</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Jul 2011 12:58:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Física]]></category>
		<category><![CDATA[Premios Nobel]]></category>

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		<description><![CDATA[Pasito a pasito, en la serie sobre los Premios Nobel vamos recorriendo la historia de estos galardones, en la Física y la Química, desde sus origenes hasta la actualidad. De este modo le damos un repaso a muchos asuntos interesantes en Ciencia, pero de un modo poco habitual: desde una perspectiva histórica, tratando de recrear [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pasito a pasito, en la serie sobre los <a href="http://eltamiz.com/premios-nobel/" class="liinternal">Premios Nobel</a> vamos recorriendo la historia de estos galardones, en la Física y la Química, desde sus origenes hasta la actualidad. De este modo le damos un repaso a muchos asuntos interesantes en Ciencia, pero de un modo poco habitual: desde una perspectiva histórica, tratando de recrear la maravilla de descubrir los secretos de la Naturaleza poco a poco. Llevamos ya un buen puñado de premios, desde los inicios en 1901 hasta el último, el de <a href="http://eltamiz.com/2011/05/12/premios-nobel-quimica-1908-ernest-rutherford/" class="liinternal">Química de 1908</a> con el que nos divertimos juntos &#8211;o eso espero&#8211; en la última entrega de la serie. La verdad es que es una de las series que más disfruto escribiendo, porque me encanta leer los textos de la época, por anticuados que suenen hoy, y vislumbrar las emociones que cosas que hoy damos por sentadas despertaban entonces. Para muestra, un botón del discurso de presentación del premio de hoy:</p>

<blockquote>
  <p>En 1897 era aún posible únicamente realizar una transmisión inalámbrica hasta una distancia de 14-20 km. Hoy en día, las ondas electromagnéticas se envían entre el Viejo y el Nuevo Mundo, todos los barcos de vapor transoceánicos de gran tamaño tienen su propio equipo telegráfico sin hilos a bordo, y toda Armada de importancia utiliza la telegrafía sin hilos.</p>
</blockquote>

<p>¡Qué modernidad! ¡Todos los barcos de gran tamaño tienen su propio equipo telegráfico sin hilos! Las ciencias adelantan que es una barbaridad&#8230;</p>

<p>En fin, que me pierdo. El Premio de hoy es el Nobel de Física de 1909, otorgado al italiano Guglielmo Marconi y al alemán Karl Ferdinand Braun, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,</p>

<blockquote>
  <p>En reconocimiento a sus contribuciones al desarrollo de la telegrafía sin hilos.</p>
</blockquote>

<p>Hoy en día, claro está, no hablaríamos de <em>telegrafía sin hilos</em> sino de <em>radio</em>, pero ese término no empezó a utilizarse de manera extendida hasta 1920 o así y, al principio, realmente se trataba de algo tan simple como la telegrafía, no la transmisión de voz posterior.</p>

<p>En cualquier caso, el premio de hoy es peculiar. Desde luego, no pretendo conocer los pensamientos de los miembros de la Real Academia por entonces, pero por importantes que sean los avances logrados por Braun, Marconi y otros que no fueron recompensados con un Nobel, se trata de avances prácticos basados en un descubrimiento fundamental, <em>el</em> descubrimiento, que es el que debería haber recibido el Nobel.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/July/Braun_Marconi.jpg" alt="Braun y Marconi" />
<br />
<em>Karl Ferdinand Braun (izquierda) y Guglielmo Marconi (derecha).</em></p>

<p>El problema es que los físicos que establecieron las bases teóricas y experimentales para el nacimiento de la &#8220;telegrafía sin hilos&#8221; y con ella de las comunicaciones inalámbricas en general estaban ya muertos antes de que se otorgase el primer Premio Nobel en 1901. Esto significa que, por revolucionarios que fueran aquellos descubrimientos, sus autores nunca podrían ser galardonados por ellos&#8230; con lo que sospecho, aunque se trate de una opinión personal, que la Academia trató de reconocer a Maxwell, Faraday o Hertz a través de Braun y Marconi y la realización práctica de las ideas y experimentos de aquellos genios.</p>

<p>De modo que tengo que pedirte, como muchas otras veces, comprensión: <strong>no voy a hablar mucho ni de Braun ni de Marconi</strong>, &#8211;aunque desde luego que describiremos brevemente sus contribuciones a este asunto&#8211;. No, esta serie es para disfrutar, no para recorrer mecánicamente los premios, y lo que es realmente para disfrutar, científicamente hablando, es lo que pasó <em>antes</em> de Marconi, Tesla o Braun, de modo que a eso nos dedicaremos fundamentalmente. Es posible que algún día dediquemos una entrega de <a href="http://eltamiz.com/inventos-ingeniosos" class="liinternal">inventos ingeniosos</a> a la radio y será allí donde abordemos los asuntos más controvertidos y escabrosos del desarrollo de ese invento, pero hoy nos recrearemos en la ciencia pura relacionada con el nacimiento de la radio.</p>

<p>Debemos retroceder, por lo tanto, a mediados del XIX, cuando la electricidad y el magnetismo estaban aún en pañales. Ya hablamos brevemente de este asunto en el artículo dedicado al <a href="http://eltamiz.com/2008/10/05/inventos-ingeniosos-el-telegrafo-electrico/" class="liinternal">telégrafo eléctrico</a>, pero en 1820 el danés Hans Christian Ørsted comprueba que una corriente eléctrica es capaz de mover una aguja imantada. La importancia fundamental de este experimento, sin duda, es el descubrimiento de la <strong>conexión existente entre electricidad y magnetismo</strong>, dos fenómenos que hasta entonces se habían considerado completamente separados, pero hay una segunda lectura más relevante en lo que al artículo de hoy se refiere: la aguja imantada no tocaba el cable por el que circulaba corriente, y sin embargo era afectada por él. Dicho con otras palabras, <em>la corriente eléctrica ejercía un efecto sobre un objeto distante a través del espacio que los separaba</em>. La electricidad afectaba al espacio circundante, aunque no se supiera aún cómo ni por qué.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/July/James_Clerk_Maxwell.jpg" alt="James Clerk Maxwell" />
<br />
<em>James Clerk Maxwell (1831-1879).</em></p>

<p>Otros científicos, como Faraday y Henry, realizan avances experimentales considerables en el estudio de la electricidad y el magnetismo, demostrando y utilizando las conexiones entre ambos, pero hace falta un marco teórico que abarque ambos campos con coherencia y solidez: una auténtica <em>teoría electromagnética</em>. Si llevas gorra o sombrero, por favor, tengo que pedirte que te lo quites como muestra de respeto antes de seguir leyendo, ya que el responsable de crearla es un genio como ha habido pocos en la historia de la ciencia: el escocés <strong>James Clerk Maxwell</strong>. Como vimos en el artículo dedicado a <a href="http://eltamiz.com/2009/05/13/premios-nobel-fisica-1902-hendrik-lorentz-y-pieter-zeeman/" class="liinternal">Lorentz y Zeeman</a>,  Maxwell toma el conocimiento teórico anterior, los experimentos de Faraday y compañía, y elabora una teoría del electromagnetismo que explica con una elegancia pasmosa las observaciones anteriores relacionadas con la electricidad y el magnetismo. Sus cuatro ecuaciones &#8211;que eran más de cuatro y más complejas hasta que Oliver Heaviside las convirtiese en las que usamos hoy, aunque sigan llevando el nombre de Maxwell&#8211; son, sin duda, algunas de las más bellas de la Física, pero en lo que a nosotros respecta en este artículo, tienen una importancia adicional.</p>

<p>El caso es que, entre las diversas predicciones que Maxwell pudo obtener de sus ecuaciones, una de ellas era realmente intrigante: cualquier perturbación eléctrica o magnética <em>no se transmitía instantáneamente</em> por el espacio, sino que tardaba cierto tiempo en alcanzar puntos distantes. El escocés, por tanto, calculó a qué velocidad se transmitían esas perturbaciones y obtuvo un <strong>valor casi idéntico al de la velocidad de la luz</strong> &#8211;dentro de la precisión de la época, por supuesto&#8211;. Pero la cosa fue más lejos; la maravilla de las ecuaciones de Maxwell es que, aunque su propósito fuera describir fenómenos ya conocidos, de ellas se deducían conclusiones sorprendentes sobre la electricidad y el magnetismo, fenómenos nuevos y nunca identificados.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/September/ecuaciones-maxwell.jpg" alt="Ecuaciones de Maxwell"/>
<br />
<em>Ay, que se me saltan las lágrimas&#8230; las ecuaciones de Maxwell, a las que un hemos dedicado <a href="http://eltamiz.com/2011/08/10/las-ecuaciones-de-maxwell-introduccion-historica/" class="liinternal">una mini-serie entera</a>.</em></p>

<p>El más sorprendente de todos, y evidente al manipular las ecuaciones, era el hecho de que el campo magnético y el eléctrico, al variar en el tiempo y el espacio, debían ser capaces de producir ondas que se propagasen por el espacio: <em>ondas electromagnéticas</em>, en las que la oscilación era la propia variación del campo eléctrico y el magnético; en términos de la época, <em>ondas eléctricas</em>. Y la velocidad de propagación de esas ondas por el espacio era, curiosamente, la de la luz. Claro, las coincidencias pueden suceder, pero a Maxwell le pareció extremadamente sospechosa la combinación de dos factores: por un lado, la coincidencia casi exacta de la velocidad de la luz con la de sus &#8220;ondas eléctricas&#8221;, y por otro lado el hecho de que, siendo tan evidente la existencia de esas ondas a partir de sus ecuaciones, nadie nunca las hubiera visto. En palabras del propio Maxwell,</p>

<blockquote>
  <p>Esta coincidencia de resultados parece mostrar que la luz y el magnetismo son efectos de la misma sustancia, y que la luz es una perturbación electromagnética que se propaga a través del campo de acuerdo con las leyes del electromagnetismo.</p>
</blockquote>

<p>Esa sustancia de la que habla Maxwell no era otra que el famoso <em>éter luminífero</em>, que traería de cabeza a los físicos durante unas cuantas décadas, pero no es eso lo que nos interesa ahora mismo. La teoría de Maxwell no sólo combinó electricidad, magnetismo y luz, sino que además &#8211;y de ahí su importancia en esta entrada&#8211; predecía la posibilidad de <strong>crear señales ondulatorias utilizando la electricidad</strong> que viajasen por el espacio y pudiesen ser detectadas en otros lugares. Desde luego, Maxwell era un teórico puro y no realizó experimentos al respecto, pero sin su base teórica no hubieran sido posibles los avances posteriores. En mi opinión, el primero de los dos genios del artículo de hoy es, sin duda, el escocés, que no recibió el Nobel porque murió bastante tiempo antes de que existieran esos premios.</p>

<p>Pero, como casi siempre pasa en Ciencia, las respuestas de Maxwell generaban preguntas nuevas; la más importante de todas en este caso era casi inmediata tras conocer la propuesta de Maxwell para la luz: si las perturbaciones eléctricas producen, básicamente, luz, <em>¿por qué no las vemos como tales? ¿Por qué al encender una corriente eléctrica, o apagarla, o modificarla, no vemos nada? ¿No será que la luz es otra cosa que no tiene nada que ver con la electricidad o el magnetismo? ¿No será que no hay ninguna &#8220;onda eléctrica&#8221; viajando por el espacio, si nadie las ha visto nunca, y que las ecuaciones de Maxwell no son más que pamplinas?</em> Dicho de un modo más formal, la propuesta de Maxwell era una hipótesis, la <strong>hipótesis electromagnética de la luz</strong>; como toda hipótesis, hacía falta demostrarla. Y, como tantas otras veces, al genio teórico &#8211;en este caso Maxwell&#8211; le hacía falta una contrapartida, un genio experimental. Ese genio no fue otro que el alemán <strong>Heinrich Rudolf Hertz</strong>, que ya hizo su aparición en esta misma serie como <a href="http://eltamiz.com/2010/06/16/premios-nobel-fisica-1905-philipp-lenard/" class="liinternal">mentor de Philipp Lenard</a>.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/June/hertz.jpg" alt="Heinrich Rudolf Hertz" />
<br />
<em>Heinrich Rudolf Hertz (1857-1894).</em></p>

<p>Como muchos otros, Hertz era consciente de que la luz era posiblemente sólo una parte de todas las ondas electromagnéticas; nuestros ojos eran sensibles sólo a ciertas frecuencias de oscilación, y no todas. Las &#8220;ondas eléctricas&#8221; de Maxwell, al ser generadas con variaciones de corriente eléctrica ordinarias, eran invisibles al ojo humano. Pero el problema entonces era difícil de resolver: <em>¿cómo demostrar que existe una onda que nadie puede ver?</em> La solución estaba en las propias ecuaciones de Maxwell, es decir, en las relaciones entre electricidad y magnetismo. El ojo humano podía no ser sensible a muchas ondas electromagnéticas, pero debía ser posible construir algún tipo de circuito eléctrico que sí lo fuese.</p>

<p>Para demostrar que Maxwell tenía razón, por lo tanto, hacían falta varias cosas: era necesario <em>producir ondas utilizando únicamente la electricidad y el magnetismo</em>, y además <em>detectar esas ondas</em> de un modo reproducible en otros laboratorios. Era también necesario <em>determinar sus propiedades</em>, y comprobar que coincidían con las de la luz &#8212; velocidad, comportamiento ante la refracción, reflexión, etc. De modo que el objetivo de Hertz no era precisamente sencillo. El físico alemán lo logró en una serie de experimentos que marcan un antes y un después en el estudio de la electricidad y el magnetismo, a pesar de que él mismo, como veremos luego, no les dio la importancia práctica que tienen. Estos experimentos son de tal importancia que, en el propio discurso del Premio Nobel de hoy &#8211;que no fue otorgado a Hertz por las razones que hemos descrito antes&#8211; se los califica como <em>&#8220;los más importantes en el último medio siglo&#8221;</em>.</p>

<p>Es muy posible, por cierto, que leas por ahí sobre otros científicos que consiguieron transmitir ondas electromagnéticas generadas por circuitos eléctricos, algunos antes que Hertz, pero ninguno lo hizo con la claridad que el alemán, ni lo hizo de un modo sistemático que demostrase la propuesta de Maxwell, ni obtuvo tantos resultados sobre las propiedades de las &#8220;ondas eléctricas&#8221; como Hertz; como decía antes, un auténtico genio de la física experimental, tanto como Maxwell lo era de la teórica.</p>

<p>Hertz conocía bien, por supuesto, la teoría electromagnética. Su idea era la siguiente: producir una variación del campo electromagnético en un punto determinado, cuanto más brusca, mejor, y construir un detector lo más sensible que pudiese, de modo que si el emisor producía una perturbación electromagnética que, efectivamente, se propagase por el espacio como predecía Maxwell, el detector fuera capaz de notar su presencia. Dicho mal y pronto, la idea era pegar un buen &#8220;latigazo eléctrico&#8221; en un punto del espacio, que generase por tanto una onda electromagnética de gran amplitud a su alrededor. A su vez, esta onda debería ser capaz de meter otro &#8220;latigazo&#8221; en un lugar razonablemente alejado, y midiendo el movimiento de las cargas en el destino, debería ser posible detectar la &#8220;onda eléctrica&#8221;. No sé si suena simple, pero no lo era en absoluto; además, el experimento debía ser capaz de medir las propiedades de las ondas emitidas, como su frecuencia o amplitud, además de su velocidad, para ver si esa velocidad y esas propiedades coincidían con la de la luz.</p>

<p>El alemán construyó un emisor de &#8220;ondas eléctricas&#8221; que básicamente producía chispas. Para ello, unió una bobina de inducción que producía una corriente eléctrica oscilante de gran <a href="http://eltamiz.com/2009/12/02/electricidad-i-voltaje/" class="liinternal">voltaje</a> a una estructura metálica. En la estructura había dos partes, que terminaban en sendas esferitas metálicas que estaban casi en contacto pero que no se tocaban, y cada una de las dos partes estaba unida a un polo de la bobina. La idea era que, según circulaba corriente, uno de los dos lados de la estructura metálica &#8211;que hoy llamaríamos una antena&#8211; se iría cargando positivamente y el otro negativamente, hasta que la diferencia de potencial entre las dos esferitas metálicas fuera la suficiente para que saltase una chispa entre ellas (en cada lado había, además de la pequeña esfera, otra más grande que actuaba de condensador y almacenaba una buena cantidad de carga cada vez). A continuación, el sentido de la corriente procedente de la bobina cambiaba, y las dos partes de la &#8220;antena&#8221; se cargaban al revés que antes, más y más hasta que saltaba, otra vez, la chispa entre ambas bolitas, y así una y otra vez.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/July/experimento_Hertz.jpg" alt="Réplica del experimento de Hertz." />
<br />
<em>Réplica del experimento de Hertz (<a href="http://www.sparkmuseum.com/BOOK_HERTZ.HTM" class="liexternal">Sparkmuseum</a>, publicado con permiso del autor).</em></p>

<p>La chispa generada era audible, como cualquier chispa eléctrica, y también era posible verla, pero si Maxwell tenía razón, debía ser posible además detectar una &#8220;onda eléctrica&#8221; invisible procedente de este emisor. Para detectarla, Hertz construyó algo muy parecido: un pequeño circuito <em>sin ningún tipo de fuente de alimentación</em>, con dos esferitas metálicas muy cercanas la una a la otra. Si, una vez más, Maxwell tenía razón, la perturbación eléctrica generada en el emisor viajaría por el espacio en todas direcciones; al alcanzar este segundo circuito, induciría en él una corriente variable de la misma frecuencia de oscilación que la original, que por lo tanto sería capaz de producir pequeñas chispas entre las esferitas metálicas del detector: <em>chispas eléctricas sin que hubiese ninguna fuente de electricidad en el detector</em>.</p>

<p>Claro, las chispas en el detector no serían tan brutales como en el emisor; si se estaban emitiendo ondas allí, según esas ondas se expandían por el espacio se irían atenuando, con lo que al llegar al receptor serían más débiles, tanto más cuanto más lejos estuvieran el emisor y el receptor, pero deberían ser visibles en la oscuridad: para asegurarse de verlas, el científico metió el receptor en una caja cerrada, de modo que fuera posible mirar dentro de la caja sin ser deslumbrado por la chispa original y ver la &#8220;chispa secundaria&#8221;. Y, cuando Hertz puso en marcha el emisor, <strong>se observaron pequeñas chispas repetidas en el receptor</strong>. ¡En un receptor sin fuente de energía eléctrica! <em>Hertz había empleado una corriente eléctrica variable para transmitir señales eléctricas por el espacio sin emplear cables</em>. ¡Éste, éste es el experimento que merece no sólo un Nobel, sino un beso en los morros de Herr Hertz!</p>

<p>Desde luego, la cosa no se quedó ahí: estamos hablando de un científico de primera. El físico comprobó y documentó la variación en la intensidad al modificar la distancia entre emisor y receptor; puso diferentes medios entre uno y otro para comprobar si la onda atravesaba distintos materiales o no, y para medir posibles cambios de dirección al cambiar de medio. Hizo reflejarse la onda sobre una lámina metálica para generar una especie de &#8220;eco&#8221;, mediante el que era posible medir aún más propiedades de la onda generada, y comprobó la velocidad de las perturbaciones. Vamos, que diseccionó estas &#8220;ondas eléctricas&#8221; para comprobar todas las propiedades, cualitativas y numéricas, que era posible comprobar, y se pasó cuatro años haciendo experimentos al respecto, entre 1885 y 1889.</p>

<p>Los resultados fueron publicados en <em>Annalen der Physik</em> y luego en un libro, <em>Untersuchungen Ueber Die Ausbreitung Der Elektrischen Kraft (Investigaciones sobre la propagación de la energía eléctrica)</em>: las ondas eléctricas de Maxwell <strong>se comportaban exactamente igual que la luz en todos los aspectos</strong>, se reflejaban como ella, se refractaban como ella, se propagaban a la misma velocidad que ella&#8230; las diferencias eran minúsculas y se debían a la diferencia entre las frecuencias de una y otra. Por ejemplo, al igual que la propagación de la luz era detenida por materiales como un trozo de madera, las &#8220;ondas eléctricas&#8221; de mucha menor frecuencia generadas por el aparato de Hertz eran capaces de atravesarla, y el ojo humano era sensible a unas sí y no a otras.</p>

<p>Los resultados de Hertz eran tan claros, los experimentos tan metódicos, las explicaciones tan meridianas y las coincidencias tan exactas que a prácticamente nadie le quedó ninguna duda: <em>la hipótesis electromagnética de la luz de Maxwell era cierta</em>. Se trata de uno de los experimentos más importantes de todo el siglo XIX, pero no sólo por su importancia teórica: Hertz había enviado una señal eléctrica entre dos puntos a través del aire. ¿Te das cuenta del potencial inmenso del experimento y sus aplicaciones prácticas?</p>

<p>Bueno, no sé si tú te das cuenta o no, pero puedo decirte que el propio Heinrich Hertz no se daba cuenta en absoluto. Era plenamente consciente, naturalmente, de la importancia <em>teórica</em> de sus experimentos &#8211;muy tonto hubiera tenido que ser para pasar cuatro años haciendo experimentos inútiles&#8211;, pero completamente ciego a la importancia práctica de lo que había logrado. <em>¿Cuáles eran las posibles ramificaciones y utilidades de lo que acababa de conseguir?</em> En sus propias palabras:</p>

<blockquote>
  <p>No tiene utilidad alguna [...] es sólo un experimento que demuestra que el Maestro Maxwell tenía razón &#8211; simplemente tenemos estas misteriosas ondas electromagnéticas que no podemos ver a simple vista. Pero están ahí.</p>
</blockquote>

<p>En otra frase digna de un autor de ciencia-ficción clarividente, el bueno de Hertz sentenció la cuestión:</p>

<blockquote>
  <p>No creo que las ondas que he descubierto tengan ninguna aplicación práctica.</p>
</blockquote>

<p>Afortunadamente para nosotros, otros no estaban de acuerdo con él, y en poquísimos años existían ya una infinidad de aplicaciones prácticas de las &#8220;ondas inútiles&#8221; de Hertz. De hecho, como he dicho al principio, en mi humilde opinión los dos héroes de toda esta historia son Maxwell y Hertz, y los demás simplemente limaron detalles. Era inevitable, aunque Hertz no lo viera, aplicar estos conceptos a la práctica, y una auténtica jauría de científicos e ingenieros se lanzaron a la faena con voracidad.</p>

<p>Tal fue el número de personas que se dedicaron a este empeño tras la publicación de los resultados de Hertz, y especialmente de 1891 en adelante, que <strong>no está nada claro quién hizo qué primero</strong>, y depende de qué fuentes consultes te aparecen unos nombres u otros: Bose, Braun, Popov, Tesla, Branly, Marconi&#8230; tengo bastante claro que los dos galardonados con el Nobel de 1909 &#8211;Braun y Marconi&#8211; no merecen ser distinguidos de este modo dejando a los demás olvidados. Sí es cierto que los sistemas de Braun y especialmente Marconi, por unas razones u otras, tuvieron un éxito comercial que los hizo más famosos, pero ése no debería ser un factor determinante en la entrega de un Nobel. En fin.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/July/Ferdinand_Braun_labo.png" alt="Ferdinand Braun en Helgoland" />
<br />
<em>Karl Ferdinand Braun (el del medio) en la estación de telegrafía sin hilos de Helgoland, el 24 de septiembre de 1900.</em></p>

<p>Braun se unió a la vorágine alrededor de 1897, y logró avances, como la adición de un diodo rectificador en el receptor, que se convirtieron en múltiples patentes. Las mejoras del alemán aumentaron el alcance práctico de las señales de radio en varios órdenes de magnitud, y permitieron conseguir que lo que en 1888 había sido una comunicación entre un emisor y un receptor separados unos metros pudiera convertirse en algo muchísimo más útil. Hacia 1900, el sistema de Braun se empleaba ya para comunicar, mediante la telegrafía sin hilos, la costa alemana con la isla de Helgoland; la distancia entre estaciones era de unos 60 km, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta que sólo habían pasado doce años desde los experimentos de Hertz.</p>

<p>El otro galardonado, el italiano Guglielmo Marconi, empezó a trabajar en el asunto unos años antes que Braun, en 1894, como consecuencia indirecta de la muerte de Heinrich Hertz: el fallecimiento del alemán provocó un renovado interés en varias de sus publicaciones, y uno de los recién interesados entonces fue Marconi. El italiano, tras comprobar que en su tierra natal no recibía la atención y los fondos necesarios, se mudó a Gran Bretaña, y allí fue mejorando poco a poco los sistemas de transmisión sin hilos. A diferencia de Hertz o Maxwell, Marconi no era ningún genio &#8211;en mi opinión, por supuesto&#8211;, y su principal mérito fue, además del tesón, la adopción de multitud de pequeñas mejoras, <em>algunas desarrolladas por otros</em> (por ejemplo, por Braun o Tesla) para conseguir resultados prácticos brillantes.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/July/marconi_1896.jpg" alt="Prototipo de Marconi" />
<br />
<em>Uno de los prototipos de Marconi, 1896.</em></p>

<p>El 13 de mayo de 1897, tres años antes de que Braun lo consiguiese desde Helgoland, Marconi realizó la <strong>primera transmisión de radio sobre el mar</strong>, entre Lavernock Point y Flat Holm Island; eso sí, en ausencia todavía de las mejoras de Braun, la distancia lograda por Marconi fue sólo de unos 6 km, mucho menos impresionante que los 60 del otro. Sin embargo, Marconi obtuvo la suficiente atención y supo gestionar contactos y finanzas de modo que fue mejorando su sistema más y más, sin inventar nada revolucionario por sí mismo.</p>

<p>Sé que no sueno muy entusiasmado con los avances de Guglielmo, pero no puedo ocultarlo y creo que es mejor dejarte claro lo que es opinión y lo que son hechos: no me despierta demasiada simpatía. En esta serie hemos visto genios como Röntgen o los Curie, que desentrañaban los secretos del Universo por curiosidad científica y, en muchos casos, donaban al público sus descubrimientos para que todos pudieran beneficiarse de ellos. Marconi y muchos de sus compañeros de la &#8220;jauría&#8221; (que no he llamado así al azar) tenían un propósito clarísimo: obtener patentes antes que los demás, establecer empresas que reemplazasen a las de telegrafía por hilos y monopolizasen las comunicaciones a larga distancia y ganar ingentes cantidades de dinero con ello. Y todo ello, además, sin realizar avances científicos de una verdadera entidad y, en muchas ocasiones, robándose las ideas unos a otros. Tener como objetivo ganar dinero es perfectamente razonable, pero el modo en el que muchos lo hicieron no lo fue tanto.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/July/Marconi_Terranova.jpg" alt="Marconi en Terranova" />
<br />
<em>Marconi y sus colaboradores elevando una antena sobre una cometa en Terranova, 1901.</em></p>

<p>En 1901, la empresa de Marconi anunció que había logrado una comunicación inalámbrica transoceánica: utilizando una antena montada sobre una cometa, habían enviado señales telegráficas entre Poldhu, en Cornualles, y Signal Hill, en Terranova. Sin embargo, sólo tenemos la palabra de Marconi y su empresa para probarlo, y muchos no se creen que realmente lo lograse entonces &#8211;y muchos tampoco se lo creían en 1901&#8211;. Además, el sistema empleado por Marconi utilizaba tantos diseños creados por otros que el mérito es muy relativo. Por otro lado, en años posteriores Marconi sí realizó comunicaciones transatlánticas comprobadas de forma regular. Claro, para realizar transmisiones a tan larga distancia, las estaciones emisoras debían ser de gran potencia, lo cual significaba que para construirlas hacían falta grandes inversiones&#8230; y nos alejamos, con todo esto, del espíritu de esta serie, de modo que permite que lo deje aquí.</p>

<p>De hecho, si algo recuerdas de este artículo en unos meses, que sean la perspicacia de James Clerk Maxwell en su predicción de la naturaleza electromagnética de la luz y la astucia experimental de Heinrich Hertz para demostrarlo, además de la ceguera del segundo respecto a las posibles aplicaciones prácticas de sus experimentos, y no tanto los avances posteriores, por más que fueran ésos los que obtuviesen el Nobel. Sin embargo, no puedo evitar dejar, como siempre, el discurso pronunciado por el Presidente de la Real Academia Sueca de las Ciencias, H. Hildebrand, el día 10 de diciembre de 1909:</p>

<blockquote>
  <p>Su Majestad, Sus Altezas Reales, damas y caballeros.</p>
  
  <p>La investigación en la rama de la Física nos ha proporcionado muchas sorpresas. Descubrimientos que al principio parecían tener únicamente un interés teórico han llevado a menudo a inventos de la máxima importancia para el avance de la humanidad. Y si esto es cierto para la Física en general, lo es aún más en el caso de la investigación en el campo de la electricidad.</p>
  
  <p>Los descubrimientos e invenciones a los que la Real Academia de las Ciencias ha decidido otorgar el Premio Nobel de Física de este año tienen también su origen en trabajos y estudios puramente teóricos. Sin embargo, por más importantes que éstos fueron en sus campos respectivos, nadie podría haber imaginado al principio que llevarían a las aplicaciones prácticas que surgieron más tarde.</p>
  
  <p>Aunque esta noche estamos otorgando el Premio Nobel a dos de los hombres que más han contribuido al desarrollo de la telegrafía sin cables, debemos antes manifestar nuestra admiración por aquellos grandes investigadores &#8211;ya fallecidos&#8211; quienes, a través de su trabajo brillante y talentoso en los campos de la Física experimental y matemática abrieron el camino a grandes aplicaciones prácticas. Fue Faraday, con su afilada mente, quien primero sospechó una conexión íntima entre los fenómenos de la luz y la electricidad, y fue Maxwell quien tradujo sus atrevidos conceptos e ideas al lenguaje matemático y, finalmente, fue Hertz quien, a través de sus experimentos ya clásicos, mostró que las nuevas ideas sobre la naturaleza de la electricidad y la luz tenían una base real en los hechos.</p>
  
  <p>Es cierto que era ya conocido antes de Hertz que un condensador cargado con electricidad puede, bajo determinadas circunstancias, descargarse de modo oscilatorio, es decir, con corrientes eléctricas que van a uno y otro lado. Sin embargo, Hertz fue el primero en demostrar que los efectos de estas corrientes se propagan por el espacio a la velocidad de la luz, produciendo así un movimiento ondulatorio con todas las características de la luz. Este descubrimiento &#8211;probablemente el más importante en el campo de la Física en el último medio siglo&#8211;. fue realizado en 1888. Constituye el fundamente, no sólo de la ciencia moderna de la Electricidad, sino también de la telegrafía sin hilos. Pero hacía falta todavía un gran salto desde las pruebas en miniatura en un laboratorio, donde las ondas eléctricas podían seguirse una pequeña distancia, hasta la transmisión de señales a través de grandes distancias. Hacía falta un hombre capaz de comprender el potencial de este empeño, y de superar todas las dificultades que se interponían en el camino de llevar la idea a la práctica. Esta gran tarea estaba reservada a Guglielmo Marconi.</p>
  
  <p>Incluso teniendo en cuenta intentos anteriores en este sentido, y el hecho de que las condiciones y prerrequisitos para la realización de este empeño ya estaban establecidos, el honor de las primeras pruebas recae, en su mayor parte, en Marconi, y debemos reconocer que el primer éxito en esta empresa fue obtenido como resultado de su habilidad para convertir la idea general en un sistema práctico y útil, además de la energía inflexible con la que persiguió el objetivo que él mismo se había marcado.</p>
  
  <p>El primer experimento de Marconi de transmisión de una señal a través de las ondas hertzianas se llevó a cabo en 1895. A lo largo de los 14 años que han pasado desde entonces, la telegrafía sin hilos ha progresado sin pausa, hasta alcanzar la enorme importancia que tiene hoy en día. En 1897 era aún posible únicamente realizar una transmisión inalámbrica hasta una distancia de 14-20 km. Hoy en día, las ondas electromagnéticas se envían entre el Viejo y el Nuevo Mundo, todos los barcos de vapor transoceánicos de gran tamaño tienen su propio equipo telegráfico sin hilos a bordo, y toda Armada de importancia utiliza la telegrafía sin hilos.</p>
  
  <p>El desarrollo de un gran invento pocas veces se produce a manos de un solo hombre, y muchas fuerzas han contribuido a los resultados notables que se han alcanzado. El sistema original de Marconi tenía sus puntos débiles. Las oscilaciones eléctricas enviadas desde la estación emisora eran relativamente débiles, y consistían de series de ondas que se seguían unas a otras y cuya amplitud caía rápidamente en las denominadas &#8220;oscilaciones atenuadas&#8221;. El resultado era que las ondas tenían un efecto muy débil en la estación receptora, con la consecuencia de que las ondas procedentes de otras estaciones emisoras interferían fácilmente con ellas, dificultando la recepción en la estación de destino. Este insatisfactorio estado de cosas se ha superado, por encima de cualquier otra cosa, gracias al trabajo inspirado del Profesor Ferdinand Braun.</p>
  
  <p>Braun realizó una modificación al diseño del circuito de emisión de ondas eléctricas, de modo que fuese posible producir ondas intensas con muy poca atenuación. Es gracias a este sistema que la denominada &#8220;telegrafía de largo alcance&#8221; ha sido posible, en la que las oscilaciones de la estación emisora, como resultado de la resonancia, pueden ejercer el máximo efecto sobre la estación receptora. Una ventaja adicional se debe al hecho de que, en general, sólo las ondas de la frecuencia utilizada por la estación emisora tienen efecto sobre la estación receptora. A través de la introducción de estas mejoras, y sólo gracias a ellas, se han obtenido los magníficos resultados recientes en la telegrafía sin hilos.</p>
  
  <p>Investigadores e ingenieros trabajan incesantemente en el desarrollo de la telegrafía inalámbrica. Hasta dónde puede llegar este desarrollo, no lo sabemos. Sin embargo, con los resultados ya obtenidos, la telegrafía se ha expandido del modo más afortunado. Libres de caminos fijos e independientes del espacio, podemos ahora producir conexiones entre lugares distantes, a través de enormes masas de agua y desiertos. ¡Éste es el magnífico resultado práctico que ha florecido a partir de uno de los más brillantes descubrimientos científicos de nuestro tiempo!</p>
</blockquote>

<p>En la próxima entrega de la serie, el Premio Nobel de Química de 1909.</p>

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<p>Para saber más (esp/ing cuando es posible):</p>

<ul>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1909/" class="liexternal">Página oficial del Premio Nobel de Física de 1909</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Clerk_Maxwell" rel="nofollow" class="liwikipedia">James Clerk Maxwell</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/James_clerk_maxwell" rel="nofollow" class="liwikipedia">James Clerk Maxwell</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_hertz" rel="nofollow" class="liwikipedia">Heinrich Hertz</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Heinrich_Hertz" rel="nofollow" class="liwikipedia">Heinrich Hertz</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guglielmo_Marconi" rel="nofollow" class="liwikipedia">Guglielmo Marconi</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Guglielmo_Marconi" rel="nofollow" class="liwikipedia">Guglielmo Marconi</a></li>
<li><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ferdinand_Braun" rel="nofollow" class="liwikipedia">Karl Ferdinand Braun</a> / <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Ferdinand_Braun" rel="nofollow" class="liwikipedia">Karl Ferdinand Braun</a></li>
</ul>
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		<title>Premios Nobel &#8211; Química 1908 (Ernest Rutherford)</title>
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		<pubDate>Thu, 12 May 2011 15:13:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Premios Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Química]]></category>

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		<description><![CDATA[En el último artículo de la serie sobre los Premios Nobel, en la que recorremos estos galardones a lo largo de toda su historia, saboreamos juntos el Premio Nobel de Física de 1908, otorgado a Gabriel Lippmann por su trabajo en fotografía empleando la interferencia. Hoy haremos lo propio con el Premio Nobel de Química [...]]]></description>
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<p>En el último artículo de la serie sobre los <a href="http://eltamiz.com/premios-nobel/" class="liinternal">Premios Nobel</a>, en la que recorremos estos galardones a lo largo de toda su historia, saboreamos juntos el <a href="http://eltamiz.com/2011/03/31/premios-nobel-fisica-1908-gabriel-lippmann/" class="liinternal">Premio Nobel de Física de 1908</a>, otorgado a Gabriel Lippmann por su trabajo en fotografía empleando la interferencia. Hoy haremos lo propio con el Premio Nobel de Química del mismo año, entregado al neozelandés Ernest Rutherford, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,</p>

<blockquote>
  <p>Por sus investigaciones sobre la desintegración de los elementos y la química de las sustancias radioactivas<sup><a href="http://eltamiz.com/2011/05/12/premios-nobel-quimica-1908-ernest-rutherford/#footnote_0_3869" id="identifier_0_3869" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Para los pejigueros: la RAE admite radiactivo y radioactivo, hay gente que prefiere una o la otra, de modo que a lo largo del art&iacute;culo intentar&eacute; intercalar ambas.">1</a></sup>.</p>
</blockquote>

<p>Se trata de un premio muy interesante no sólo por la naturaleza derrumba-paradigmas del descubrimiento, uno de esos que suponen un antes y un después, sino también por otras dos razones. En primer lugar, porque el buen Rutherford no era químico, sino físico, y sin embargo su Nobel (debería haber ganado otros, pero bueno) es de Química, lo que demuestra algo que ya venimos diciendo a lo largo de la serie en repetidas ocasiones: el cambio de siglo supuso un emborronamiento de líneas entre las distintas ramas de la Ciencia, entre lo vivo y lo no vivo, entre prácticamente todo, como demuestra este mismo Nobel.</p>

<p>En segundo lugar, porque la serie tiene ya suficiente longitud como para que podamos ver este Premio desde la perspectiva de los anteriores: no es un descubrimiento aislado, sino que se trata del tercer episodio en una cadena de investigaciones, trabajo arduo y casualidades que empezó con <a href="http://eltamiz.com/2008/10/28/premios-nobel-fisica-1901-wilhelm-rontgen/" class="liinternal">Wilhelm Röntgen</a>, siguió con <a href="http://eltamiz.com/2009/09/23/premios-nobel-fisica-1903-antoine-henri-becquerel-maria-sklodowska-curie-y-pierre-curie/" class="liinternal">Becquerel y los Curie</a> y nos lleva hasta el genio del artículo de hoy. Esto es importante porque tendemos a idealizar a los científicos y sus descubrimientos, como si las cosas surgieran por magia potagia y la inteligencia sobrehumana de uno o dos genios, y las cosas no son tan exageradas.</p>

<p>Normalmente, cada descubrimiento es un pasito más allá, a partir del lugar al que llegó alguien anteriormente, y que nos permite ver un poquito más cómo son las cosas. Es como si alguien abriera un poco las cortinas de la ignorancia y las fijase allí, para que el siguiente pueda partir de ese punto y retirar la cortina un poco más&#8230; pero mejor dejo esto, que me estoy poniendo cursi. Lo importante es que, a diferencia de otras ocasiones, hoy no me hace falta contarte toda la perspectiva histórica anterior al descubrimiento en cuestión, porque te basta con releer &#8211;o leer, si eres nuevo aquí&#8211; los artículos anteriores.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2009/September/Pierre_Marie_Curie.jpg" alt="Los esposos Curie, en el laboratorio" />
<br />
<em>Los esposos Curie en el laboratorio.</em></p>

<p>El caso es que ya vimos cómo Antoine Henri Becquerel había detectado la emisión de un extraño tipo de rayos por parte de sales de uranio &#8211;que recibieron el nombre de <em>rayos de Becquerel</em> en su honor&#8211; y cómo los dos Curie pudieron detectar emisiones similares por parte de muchas otras sustancias, como el torio o el radio. Todas esas sustancias se denominaron <em>radiactivas</em>, el proceso <em>radiactividad</em> y estaba claro que había algo muy, pero que muy raro teniendo lugar ahí, porque los rayos se llevaban energía de la sustancia pero lo que quedaba parecía no cambiar en absoluto de comportamiento, como si esa energía estuviera &#8220;saliendo de la nada&#8221;.</p>

<p>Además, estaba el misterio de los propios rayos de Becquerel: <em>¿qué demonios eran?</em> Hacía falta estudiarlos con mucho cuidado para determinar su naturaleza y propiedades, y a eso se dedicó un buen puñado de físicos tras la publicación de los resultados de Becquerel y los Curie &#8211;entre ellos, estos mismos científicos&#8211;. Uno de quienes lo hizo fue un joven físico neozelandés, que con los años se convertiría en un auténtico faro en nuestra búsqueda de la verdad acerca de la naturaleza de la materia: Ernest Rutherford.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/May/Ernest_Rutherford.jpg" alt="Ernest Rutherford" />
<br />
<em>Ernest Rutherford (1871-1937).</em></p>

<p>Los padres de Rutherford eran granjeros; habían emigrado a Nueva Zelanda desde el Reino Unido y su hijo nació cerca de Nelson, en Nueva Zelanda, en 1871. Se trataba de una familia bastante humilde, y el joven Ernest pudo obtener su educación superior gracias a distintas becas; ¿quién les hubiera dicho a James y Martha, sus padres, que su retoño se convertiría en un Par del Reino con el título de Barón Rutherford de Nelson y el lema <em>&#8220;Primordia Quaerere Rerum&#8221;</em>, <em>&#8220;Buscar los Primeros Principios de las Cosas&#8221;</em>? Pero para eso aún quedaban muchos años y mucho trabajo por delante.</p>

<p>El muchacho estudió en la Universidad de Nueva Zelanda, y posteriormente se trasladó a la Universidad de Cambridge para doctorarse. En 1898 viajó hasta Canadá y se convirtió en Catedrático de Física en la Universidad de McGill, en Montreal, casi al mismo tiempo que el problema de los <em>rayos de Becquerel</em> se convertía en un desafío para la comunidad científica mundial. En McGill, Rutherford se puso manos a la obra para intentar determinar la naturaleza de esos misteriosos rayos, realizando diversos experimentos con sustancias emisoras de radiactividad espontánea, como el uranio.</p>

<p>En primer lugar, para determinar la capacidad de penetración de esta misteriosa radiación, Rutherford cubrió trozos de óxido de uranio &#8211;que emitían rayos de Becquerel&#8211; con capas de papel de aluminio, y observó algo muy peculiar: <em>la cantidad de radiación que atravesaba el aluminio no disminuía uniformemente con la cantidad de aluminio que se interponía en su camino</em>. Una parte de los rayos de Becquerel eran absorbidos en cuanto había algo de aluminio, mientras que otra parte era mucho más difícil de bloquear&#8230; era como si una fracción de los rayos no se comportase como la otra. La conclusión de Rutherford fue inmediata: <strong>los rayos no eran una sola cosa, sino al menos dos</strong>.</p>

<p>En 1899, tan sólo un año tras llegar a McGill, publica ya <em>Uranium radiation and the electrical conduction produced by it (La radiación del uranio y la conducción eléctrica producida por ella)</em> en el <em>Philosophical Magazine</em>. Allí explica su hipótesis, que mejor lees en sus propias palabras y no en las mías&#8230; escalofríos me da:</p>

<blockquote>
  <p>Estos experimentos demuestran que la radiación del uranio es compleja y que hay presentes al menos dos tipos diferentes de radiación &#8211; una que se absorbe muy fácilmente, y que denominaré por conveniencia radiación-alfa, y otra de un carácter más penetrante, que llamaré radiación-beta.</p>
</blockquote>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/May/Paul_Villard.jpg" style="float:right" alt="Paul Villard" /></p>

<p>Estos dos tipos de radiación fueron detectados muy pronto en otros elementos radiactivos: eran emitidos también por el radio, el torio, el actinio&#8230; no se trataba de algo específico relativo al uranio, sino que siempre era posible dividir los rayos de Becquerel en estos dos tipos. Pero es que no había dos tipos, ¡había más! En 1900, el francés Paul Villard, mientras estudiaba la radiación emitida por el radio, realiza un descubrimiento extraordinario. Villard había interpuesto una placa de plomo frente a la muestra de radio, ya que de ese modo bloqueaba la radiación alfa, de modo que sólo quedaba la beta, que era desviada por los campos eléctricos ya que tenía carga eléctrica; hasta aquí, nada sorprendente, sobre todo si has leído ya los artículos dedicados a <a href="http://eltamiz.com/2010/06/16/premios-nobel-fisica-1905-philipp-lenard/" class="liinternal">Lenard</a> y <a href="http://eltamiz.com/2010/09/08/premios-nobel-fisica-1906-j-j-thomson/" class="liinternal">Thomson</a>, ya que la radiación beta no era otra cosa que electrones.</p>

<p>En cualquier caso, Villard (a la derecha), tras absorber los rayos alfa, sometió el resto a un campo magnético para curvarlos <em>y una parte no se curvó</em>. Es más, experimentando con esta tercera fracción de los rayos de Becquerel, al menos tan penetrante como la beta pero sin carga eléctrica, el francés comprobó que tenía un poder de penetración aún mayor que la radiación beta. En 1903, Ernest Rutherford propuso un nombre para este tercer tipo de rayos, <strong>radiación gamma</strong>, y se comprobó que siempre que había rayos de Becquerel estaban presentes los tres tipos de rayos: dicho de otro modo, no había tal cosa como &#8220;rayos de Becquerel&#8221;, sino que habíamos dado el nombre a una mezcla de tres cosas diferentes.</p>

<p>Si recuerdas los artículos dedicados a los rayos catódicos, Lenard, Thomson y compañía, sabes que la investigación referente a esos rayos se produjo casi al mismo tiempo que ésta. Los rayos beta fueron, por tanto, los primeros en ser identificados, ya que se sabía que los rayos catódicos estaban formados por electrones muy veloces, y el propio Henri Becquerel pudo demostrar que la radiación beta tenía las mismas propiedades, luego estaba formada por electrones: partículas muy ligeras, cargadas negativamente y que se movían muy deprisa. Pero <em>¿qué había de los otros dos tipos?</em></p>

<p>Rutherford se dedicó a estudiar la radiación-&alpha;, intentando desviarla con campos magnéticos para comprobar qué tipo de carga tenía. Sin embargo, al principio las desviaciones eran tan ligeras que no era posible estar seguros siquiera de que se estaban produciendo o si eran errores en los instrumentos de medida y los rayos alfa realmente no tenían carga eléctrica. Junto con otro físico británico, Frederick Soddy, Rutherford trabajó duramente para conseguir muestras radioactivas de mayor actividad y poder tomar medidas más y más precisas, y finalmente tuvo éxito: consiguió curvar los rayos-&alpha; en dirección opuesta a los electrones, demostrando así que se trataba de <strong>partículas cargadas positivamente</strong>.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/May/Frederick_Soddy.jpg" alt="Frederick Soddy" />
<br />
<em>Frederick Soddy (1877-1953).</em></p>

<p>Además, midiendo el radio de curvatura y sometiendo la radiación alfa a campos eléctricos, pudo tener una idea de su velocidad, la energía acarreada y la relación entre la carga eléctrica y la masa de estas partículas. Fíjate en que, tras el descubrimiento de que los rayos alfa tenían masa y carga eléctrica, gran parte del &#8220;misterio&#8221; de los rayos estaba ya desvelado: la palabra &#8220;rayo&#8221;, como &#8220;radiación&#8221;, es muy difusa, pero una vez conocida la naturaleza material y cargada de esos &#8220;rayos&#8221;, es mejor hablar de partículas-&alpha; y quitar un poco de magia a la cosa. Pero Rutherford y Soddy no habían hecho más que empezar.</p>

<p>Determinaron que las partículas alfa viajaban a alrededor de un doceavo de la velocidad de la luz, y que se trataba de algo miles de veces más pesado que los electrones. De hecho, debía tratarse de algo con una masa comparable a la de un átomo de hidrógeno o de helio, pero eso era algo de tal calibre que era imposible que lo que quedaba atrás, después de la emisión de estas partículas, fueran los mismos átomos que había al principio. Esto no era una idea nueva, y ya vimos cómo había sido postulada ya por Pierre Curie:</p>

<blockquote>
  <p>[...] que la propia existencia del átomo está en cuestión, y que estamos en presencia de una transformación de los elementos.</p>
</blockquote>

<p>Sin embargo, la demostración por parte de Soddy y Rutherford de que los rayos emitidos por los elementos radioactivos contenían partículas, y no sólo eso, sino partículas muy masivas, reforzó enormemente esta idea, que Rutherford amplió y definió hasta convertirla en una verdadera hipótesis de la radiactividad como desintegración de los átomos inestables, algo que en la propia presentación del Premio &#8211;que, como siempre, podrás leer al final&#8211; se llama ya <strong>teoría de la desintegración</strong>. Piensa, para poder comprender la magnitud del logro de Rutherford, que <em>estamos hablando de una época en la que aún no se conoce la estructura de un átomo</em>.</p>

<p>Rutherford y Soddy explican además, con su hipótesis de desintegración, el calentamiento de algunos elementos radiactivos, que ya había sido observado <a href="http://eltamiz.com/2009/09/23/premios-nobel-fisica-1903-antoine-henri-becquerel-maria-sklodowska-curie-y-pierre-curie/" class="liinternal">por los Curie</a> entre otros. Al principio se había considerado que ese calentamiento era parte de la propia radiactividad del elemento, pero Rutherford lo explica de manera muy distinta: la emisión de partículas alfa, muy pesadas y fáciles de absorber, es la responsable de la mayor parte de ese calentamiento. Al salir despedidas de algunos átomos del elemento, impactan luego contra los que lo rodean, proporcionándoles mayor energía cinética y, por tanto, mayor temperatura. De acuerdo con el neozelandés, por lo tanto, las sustancias radiactivas se calientan a sí mismas fundamentalmente bombardeándose con partículas-&alpha;. Y los experimentos van demostrando, efectivamente, que la temperatura de las sustancias radiactivas guarda una íntima relación con la cantidad de radiación alfa que emiten. Punto para Rutherford.</p>

<p>Donde el neozelandés metió la pata hasta el fondo fue al especular sobre la posible utilización de esta energía de un modo práctico. En 1933 afirmaría:</p>

<blockquote>
  <p>La energía producida por la desintegración del átomo es muy pobre. Cualquiera que pretenda utilizar la transformación de los átomos como fuente de energía está diciendo estupideces.</p>
</blockquote>

<p>Pero es que predecir el futuro es tan, tan difícil&#8230; y parece que, cuanto más categórica la afirmación, más probable es que luego se demuestre como falsa. Al menos, es un consuelo ver cómo genios clarividentes como el propio Rutherford se dan de bruces con cosas así&#8230; ¡todos humanos! Por si te hace sonreír, otra &#8220;perla&#8221; de boca del neozelandés en la que demuestra cortedad de miras, tanto más irónica en cuanto a que su Nobel no es de Física, sino de Química:</p>

<blockquote>
  <p>En la Ciencia sólo existe la Física &#8211; lo demás es coleccionismo de sellos.</p>
</blockquote>

<p>Pero el descubrimiento más fundamental y revolucionario de todos lo realizaron Rutherford y Soddy en 1901, cuando estaban estudiando un elemento radiactivo, el torio, y observaron que aparecía uranio donde antes no existía. De acuerdo con el relato de Soddy, él mismo exclamó: <em>&#8220;¡Rutherford, es la transmutación!&#8221;</em>, a lo que el bueno de Ernest respondió, azorado: <em>&#8220;¡Por Dios, Soddy, no lo llames &#8220;transmutación&#8221;! ¡Acabarán con nosotros por alquimistas!&#8221;</em> Pero no había duda alguna, y otros experimentos pronto confirmarían el hecho, unos pocos años antes impensable. <em>Unos elementos se convertían de manera espontánea en otros diferentes</em>.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/May/Rutherford_labo.jpg" alt="Rutherford, en el laboratorio" />
<br />
<em>Rutherford, al recibir su baronía.</em></p>

<p>De hecho, la hipótesis de la desintegración del propio Rutherford lo explicaba estupendamente bien: el átomo inestable emitía partículas alfa (lo que quiera que fuesen), partículas beta (electrones) y radiación gamma (radiación electromagnética), y como consecuencia se modificaban sus propiedades de una manera íntima, <strong>convirtiéndose el átomo en uno diferente</strong>, perteneciente a un elemento distinto.</p>

<p>Vamos, que una de las bases de la Química, con la que se había desenmascarado a charlatanes durante siglos &#8211;que los elementos no podían convertirse unos en otros, simplemente combinarse de una manera u otra para formar distintas moléculas&#8211; se había ido al traste. La transmutación de unos elementos en otros era posible, y de una manera rocambolesca, los alquimistas tenían razón en este aspecto, aunque fuera de chiripa y sin comprender si quiera el concepto de elemento; de hecho, aunque no tenga que ver con este artículo, posteriormente convertimos plomo en oro, el sueño de <a href="http://eltamiz.com/2007/05/14/paracelso/" class="liinternal">Paracelso</a> y similares&#8230; pero resultó que convertir plomo en oro era muchísimo más caro que comprar oro directamente, lo cual hacía del empeño algo futil desde el punto de vista de los alquimistas medievales, claro.</p>

<p>Esto explicaba algo que se conocía desde hacía tiempo pero que, hasta entonces, no había tenido explicación: el hecho de que casi siempre, junto a depósitos subterráneos de uranio y otros elementos radioactivos, se encontraban bolsas de <a href="http://eltamiz.com/2007/06/06/conoce-tus-elementos-el-helio/" class="liinternal">helio</a>. Es más, el helio es tan ligero que su presencia en la atmósfera es casi testimonial, ya que la gravedad terrestre es incapaz de mantenerlo atrapado y escapa al espacio sin problemas&#8230; lo cual indicaba que el helio de que podíamos disponer debía haberse formado en el interior de la Tierra, pero ¿cómo?</p>

<p>¡Pues a partir de la desintegración radioactiva, claro! En palabras del propio Rutherford:</p>

<blockquote>
  <p>Es esperable, por lo tanto, que si cualquiera de los productos últimos de los cambios en un elemento radioactivo son gaseosos, se encontrarán atrapados, posiblemente en cantidades considerables, en los minerales naturales que contengan dicho elemento. Esto apoya la hipótesis ya planteada de que el helio es posiblemente un producto último de la desintegración de uno de los elementos radiactivos, ya que sólo se encuentra en minerales radioactivos.</p>
</blockquote>

<p>El origen radiactivo del helio pudo comprobarse experimentalmente muy rápido de manera cualitativa: en 1903, William Ramsay y Frederick Soddy tomaron una muestra de tan sólo 30 miligramos de bromuro de radio y esperaron unos meses. Al cabo de ese tiempo examinaron la muestra y detectaron, por supuesto, cierta cantidad de helio que antes no estaba allí. Nuevo punto para Rutherford &#8212; pero no olvidemos a Ramsay, <a href="http://eltamiz.com/2010/03/26/premios-nobel-quimica-1904-sir-william-ramsay/" class="liinternal">viejo conocido de la serie</a>, y al leal Soddy.</p>

<p>Con el tiempo, realizando experimentos con muchos otros elementos inestables, como el radio o el actinio, se comprobó la hipótesis de desintegración de Rutherford a la perfección, con lo que dejó de serlo para convertirse en una teoría hecha y derecha. Todos esos elementos se <em>desintegraban</em> de manera constante, es decir, poco a poco sus átomos iban desprendiendo radiaciones diversas de manera espontánea y convirtiéndose en elementos nuevos. Es más, algunos de ellos daban como resultado, tras la transmutación, otros átomos que también eran inestables, y éstos a su vez a veces daban lugar a otros también inestables. Lo que se producía entonces era una auténtica cadena de desintegraciones hasta que, al final, se producía un último elemento que sí era estable, como por ejemplo, el plomo.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2009/April/cadena-desintegracion-uranio.png" alt="Cadena de desintegración del uranio" />
<br />
<em>Cadena de desintegración del uranio-238 hasta el plomo-206.</em></p>

<p>Qué elementos nuevos se producían, en qué cantidades, con qué rapidez y cuáles eran los productos últimos de las desintegraciones, dependían todos del elemento original. De hecho, era posible medir, si se tenía el cuidado y la meticulosidad necesarias, el grado de inestabilidad de cada elemento radiactivo. Algunos se desintegraban bastante rápido, y su actividad iba descendiendo de una manera lenta pero medible, mientras que otros eran muy poco inestables. Pronto se empezó a hablar de la <em>semivida</em> de un elemento, es decir, el tiempo que debía pasar para que de un número determinado de átomos de un elemento inestable sólo quedase la mitad; hemos hablado de este asunto al explicar <a href="http://eltamiz.com/2009/04/22/%C2%BFcomo-se-sabe-la-edad-de-las-rocas/" class="liinternal">cómo se sabe la edad de las rocas</a>, de modo que no voy a repetirme aquí.</p>

<p>Sin embargo, aunque las cosas fueran distintas para cada elemento radiactivo, por alguna razón había un producto &#8220;residual&#8221; en absolutamente todas las desintegraciones estudiadas: <strong>el helio</strong>. <em>¿Por qué?</em> Aquí es donde hacía falta una mente preclara, capaz de hilar asuntos aparentemente desconectados y encontrar la relación entre ellos. Sí, lo has adivinado: Rutherford otra vez.</p>

<p>No tengo ni idea de cómo razonaría Rutherford, pero tal vez pudo ser así: cuando estos elementos se desintegran hay dos cosas en común: emiten partículas alfa tan masivas como un átomo, y uno de los productos finales comunes es el helio. <em>¿Puede haber una relación entre ambos fenómenos?</em> Veamos: la relación carga-masa de las partículas alfa es tal que, si la carga de una partícula-&alpha; es la misma que la del hidrógeno, su masa será el doble que la de un átomo de hidrógeno. Si, por el contrario, la carga de una partícula-&alpha; es el doble que la del hidrógeno, eso significaría que su masa es cuatro veces la de un núcleo de hidrógeno&#8230; es decir, <em>la misma que el helio</em>. Era posible, por tanto, <strong>que las partículas alfa no fueran sino el propio helio</strong> que se detectaba luego.</p>

<p>¿Podría esto explicar las cosas? Sí, y de una forma elegantísima, <em>ya que ambos fenómenos eran realmente el mismo</em>. Las partículas alfa, si quedaban atrapadas, se iban acumulando, formando un pequeño depósito de helio asociado al material radioactivo. En palabras de Rutherford,</p>

<blockquote>
  <p>Sugerí que, con toda probabilidad, la partícula-alfa era un átomo de helio con carga doble que la unidad. De acuerdo con esto, cualquier sustancia radiactiva que emitiese partículas-alfa debería generar helio. Esto explicaba el hecho observado por Debierne de que el actinio, al igual que el radio, producía helio.</p>
</blockquote>

<p>Pero claro, hacían falta más experimentos que demostrasen la naturaleza de las partículas alfa como átomos de helio. El propio Rutherford realizó algunos junto con el alemán Johannes Wilhelm Geiger (sí, el del contador), igual que hicieron William Crookes y otros, de modo que pudiera cuantificarse lo mejor posible la carga de una partícula-alfa. Si resultaba ser el doble que la del hidrógeno, la hipótesis de Rutherford obtendría un espaldarazo considerable. Para estimar esta carga, los científicos se dedicaron a contar partículas alfa emitidas por una muestra de uranio con la mayor precisión posible, además de medir la carga positiva expelida tras un tiempo determinado. Combinando ambas mediciones (carga total y número de partículas emitidas) pudieron dar una estimación de la carga de cada partícula-&alpha; individual: <strong>el doble que el hidrógeno.</strong> Punto para Rutherford.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/May/Rutherford_Geiger.jpg" alt="Geiger y Rutherford" />
<br />
<em>Hans Geiger y Ernest Rutherford.</em></p>

<p>Si se suponía que los núcleos helio eran simplemente partículas alfa, sería posible predecir numéricamente la cantidad de helio que debería haber asociada a una muestra radiactiva determinada al cabo de un tiempo. Y eso hicieron precisamente Geiger y Rutherford, a pesar de que era muy difícil tener una gran precisión en la predicción dada la imprecisión en las medidas iniciales. Los dos científicos predijeron que, si la &#8220;hipótesis helio&#8221; de Rutherford era correcta, un gramo de radio debía producir, al cabo de un año, unos 158 mm<sup>3</sup> de helio, con un error de 30-40 mm<sup>3</sup>. En 1908, el británico James Dewar realizó ese experimento y midió una cantidad de helio producida de 134 mm<sup>3</sup>. Punto para Rutherford.</p>

<p><em>Pero, ¡ah!</em>, pensaban algunos. <em>¿No puede ser que el helio que aparece no sea sino simplemente un átomo más resultante de la desintegración radiactiva, y que las partículas alfa sean algo diferente? ¿No se producen otros elementos como consecuencia de la desintegración, y esos elementos no tienen que ver con los rayos-alfa?</em> Hombre, mucha casualidad sería, pero claro, podría ser. De modo que el neozelandés se propuso demostrar sin lugar a dudas la identidad entre partículas alfa y átomos de helio, &#8220;recogiendo&#8221; las partículas alfa emitidas lejos de su fuente, para que no pudiese haber atisbo de duda de que lo que se medían eran partículas alfa y no un producto atómico en el propio material radioactivo.</p>

<p>Junto con Thomas Royds, Rutherford se dedicó a comprobar esto: introdujo una muestra radioactiva dentro de un recipiente de vidrio de paredes delgadas, y éste dentro de otro de paredes gruesas. Los grosores eran los adecuados para que las partículas alfa pudiesen atravesar la primera pared pero no la segunda, quedando así atrapadas en la región intermedia entre ambas paredes. Inicialmente, esta región intermedia estaba vacía, de modo que si aparecía helio ahí dentro, tenía que provenir de la muestra radioactiva. Los dos físicos dejaron la muestra un tiempo y luego observaron, sin lugar a dudas, la presencia de helio en la capa intermedia. Para descartar la posibilidad de que el helio proveniese de la difusión a través de la pared de átomos del propio material radioactivo, reemplazaron la muestra de roca por helio puro y duro, para ver si el gas atravesaba la pared y aparecía en la parte intermedia, pero no fue así. No cabía duda alguna: <strong>el helio era el resultado de la salida a través de la pared de partículas alfa</strong>. El misterio de los rayos-alfa había sido desvelado, explicado y triturado por el hijo de los granjeros. ¡Punto, set y partido para Rutherford!</p>

<p>Esto no quiere decir, sin embargo, que todo quedase explicado&#8230; así es la ciencia, afortunadamente. Nadie tenía ni idea de por qué el helio, un elemento en otras cosas insulso, era &#8220;escupido&#8221; cuando un átomo inestable se desintegraba. ¿Quería esto decir que los átomos estaban &#8220;hechos de helio&#8221;? Tampoco estaba explicado <strong>por qué</strong> se producían las desintegraciones. ¿Qué hacía inestables a los átomos? ¿Por qué unos lo eran y otros no? Y, desde luego, la madre de todas las preguntas de la física atómica de la época: <em>¿de qué diantres estaba hecho un átomo?</em></p>

<p>El propio Rutherford nos daría la respuesta a algunas de esas preguntas, y lograría cosas que dejan su descubrimiento de las partículas alfa como un juego de niños. Pero eso es otra historia, y tendrá que esperar a otra ocasión. El caso es que aquellas becas dieron buen fruto: Rutherford se convirtió en el padre de la física nuclear y, como dije al principio del artículo, entre la multitud de honores que recibió a lo largo de su vida estuvo una Baronía, la de Nelson. Puesto que no se trataba de un título nobiliario heredado, sino otorgado a Rutherford por sus propios méritos, pudo elegir escudo de armas, lema y cosas parecidas. En el escudo de armas de Rutherford, además del lema que mencionamos al principio del artículo, el neozelandés escogió poner un guerrero maorí y un kiwi para hacer referencia a su Nueva Zelanda natal&#8230; y, a la izquierda, algo que seguramente haría sonreír a Soddy.</p>

<p>Hermes Trimegisto, patrón de los alquimistas.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/May/rutherford-escudo.gif" alt="Escudo de armas de Rutherford" /></p>

<p>Como siempre, aunque sea un lenguaje arcaico y un poco pesado, te recomiendo encarecidamente que leas el discurso de presentación de K.B. Hasselberg, Presidente de la Real Academia Sueca de las Ciencias, pronunciado el 10 de diciembre de 1908, porque es delicioso conocer la visión contemporánea de los logros de Rutherford:</p>

<blockquote>
  <p>Su Majestad, Sus Altezas Reales, damas y caballeros.</p>
  
  <p>El Premio Nobel de Química de este año (1908) ha sido otorgado por la Real Academia de las Ciencias a Ernest Rutherford, Catedrático de Física en la Universidad de Victoria, Manchester (Inglaterra), por sus investigaciones sobre la desintegración de los elementos y la química de las sustancias radioactivas.</p>
  
  <p>Estas investigaciones están estrechamente relacionadas con, y constituyen una digna continuación de, logros que han obtenido ya el reconocimiento de la Academia en forma de Premio Nobel en ocasiones anteriores, como el trabajo teórico y experimental de J. J. Thomson sobre el movimiento de la electricidad a través de gases, el descubrimiento de Becquerel de la radiactividad espontánea, y la investigación de M. y Mme. Curie sobre los elementos que emiten rayos de uranio o, como también se denominan en honor al científico francés, rayos de Becquerel [como vimos <a href="http://eltamiz.com/2009/09/23/premios-nobel-fisica-1903-antoine-henri-becquerel-maria-sklodowska-curie-y-pierre-curie/" class="liinternal">en esta misma serie</a>, se trataba realmente de radiación alfa, beta y gamma].</p>
  
  <p>Poco tiempo después del descubrimiento de estos rayos &#8211;que, como se ha comprobado desde entonces, no son emitidos únicamente por el uranio, sino también por otros elementos como el torio, descubierto por Berzelius hace ochenta años, el radio y el polonio descubiertos por Mme. Curie, etc.&#8211; por parte de Becquerel, Rutherford los eligió como objeto de una investigación muy concienzuda, desarrollando métodos extraordinariamente exactos para medir su intensidad, demostrando así la existencia de tipos de rayos absolutamente diferentes (los así llamados rayos-alfa y rayos-beta), estableciendo las características más importantes de ambos tipos y poniendo de manifiesto, especialmente en lo que se refiere a los rayos-alfa, evidencia incontestable de su naturaleza material.</p>
  
  <p>Sus investigaciones sobre los fenómenos radiativos que caracterizan al elemento torio llevaron a Rutherford a realizar el descubrimiento notable de que este elemento emana una sustancia gaseosa, la llamada emanación del torio, que se ha demostrado desde entonces es de naturaleza elemental, y utilizando aire líquido se ha conseguido condensarla en forma líquida.</p>
  
  <p>En el progreso de estas investigaciones se hizo claro que la emanación no proviene directamente del torio, sino del denominado torio-X, un producto intermedio, que puede separarse del torio y que se forma constantemente a partir de él, y que a su vez se desintegra de manera constante según se produce la emanación gaseosa. La emanación en sí no es tampoco permanente, sino que al cabo de poco tiempo se transmuta en otras sustancias radiactivas, que &#8211;si la emanación entra en contacto con cuerpos sólidos&#8211; se deposita sobre ellos en forma de una capa muy delicada, la así llamada precipitación activa.</p>
  
  <p>Las mismas condiciones que describimos respecto del torio también se han hecho evidentes respecto del radio, uranio, actinio, polonio, en resumidas cuentas, todos los elementos radiactivos, y ha sido posible demostrar, especialmente respecto al radio y el actinio, la formación de una emanación gaseosa de manera idéntica al caso del torio.</p>
  
  <p>Todos estos cambios asociados al fenómeno de la radiactividad son de un orden completamente diferente al de los que suceden durante las reacciones químicas ordinarias, y no pueden mostrarse generalmente mediante la balanza o incluso el espectroscopio. Por otro lado, pueden detectarse con aparatos más sensibles, como el electroscopio, con una precisión y claridad tales que no es posible duda alguna acerca de su existencia.</p>
  
  <p>Como se verá, los descubrimientos de Rutherford lo llevaron a la conclusión altamente sorprendente de que un elemento químico, en conflicto con las teorías existentes hasta el momento, es capaz de transformarse en otros elementos, y en cierto modo puede decirse que el progreso de la investigación nos trae de nuevo la teoría de la transmutación propuesta y sostenida por los alquimistas de antaño.</p>
  
  <p>Como explicación de estos fenómenos sorprendentes, Rutherford, junto con el Dr. F. Soddy, uno de sus numerosos ayudantes, postuló en 1902 la así denominada teoría de la desintegración, asociada estrechamente en varios aspectos a las opiniones propuestas anteriormente por J. J. Thomson y otros físicos sobre la naturaleza de la materia.</p>
  
  <p>De acuerdo con esta teoría, el origen y la pérdida de la radiactividad deben ser consideradas como consecuencia de cambios, no en la molécula, sino en el átomo en sí mismo. Los elementos radiactivos están sujetos, consecuentemente, a una desintegración real, de modo que en cualquier espacio de tiempo un porcentaje determinado de sus átomos se rompen en una o más partículas de radiación por una parte, y en un átomo nuevo por otra, que por tanto constituye un nuevo elemento distinto del origan, debido a las diferencias que manifiesta en sus propiedades físicas y químicas. Este nuevo elemento puede a su vez desintegrarse de un modo similar, y así, paso a paso, hasta que finalmente aparece un átomo de mayor estabilidad y permanencia.</p>
  
  <p>Pues debe recordarse que la transmutación de los elementos radiactivos siempre se produce gradualmente, y da lugar a la producción de una cierta cantidad de formas transicionales inestables. En el caso del radio, por ejemplo, se cree haber detectado al menos siete. Estos elementos efímeros se caracterizan, en primer lugar, por la rapidez diferente con la que se transmutan o, como a menudo se expresa, por la variación de su semivida, una constante de la misma importancia al determinar la identidad de un elemento radioactivo como la masa atómica lo es para un elemento estable ordinario. Las medidas realizadas muestran que la semivida varía entre unos pocos segundos y miles de millones de años.</p>
  
  <p>La teoría de la desintegración fue confirmada de manera meridiana justo después de ser publicada, por Sir William Ramsay y el Dr. Soddy uno después del otro, mostrando ambos de una manera absolutamente convincente cómo el helio se produce a partir del radio; este descubrimiento no puede ser considerado menos interesante que el hecho de que Rutherford y Soddy hubieran expresado previamente la opinión de que el helio debía considerarse probablemente como el producto de la desintegración de elementos radiactivos. Finalmente, la teoría de la desintegración, a pesar de la audacia con la que atacó y derribó la teoría previamente aceptada de la estabilidad de los elementos entre los químicos, ha obtenido un reconocimiento y aprobación generales de una manera extremadamente rápida, algo que seguramente se debe de manera principal por la perspicacia y orden sistemático que ha introducido en los departamentos de radiología.</p>
  
  <p>A pesar de que el trabajo de Rutherford ha sido realizado por un físico y con ayuda de métodos físicos, su importancia para la investigación química llega tan lejos y es tan evidente, que la Real Academia de las Ciencias no ha dudado en otorgar a su creador el Premio Nobel designado para el trabajo original en el dominio de la química &#8212; proporcionando así una nueva prueba, a añadir a las numerosas ya existentes, de la interacción íntima entre las distintas ramas de las Ciencias Naturales en los tiempos modernos.</p>
  
  <p>La teoría de la desintegración mencionada anteriormente, así como los resultados experimentales en los que se basa, son sinónimos de un nuevo salto en la química, que involucra una comprensión nueva y más profunda sobre la misma base de esta ciencia. Para los químicos del siglo XIX, el átomo y el elemento representaban, cada uno en su propia esfera, el límite último de la división o desintegración química, y al mismo tiempo el punto más allá del cual no era posible la investigación experimental. Si se les preguntaba qué había más allá, no era posible obtener más que especulaciones más o menos vagas y estériles. Esta línea de demarcación, considerada insuperable durante tanto tiempo, ha sido ahora barrida a un lado a todos los efectos. Hoy en día, la estructura interna de los átomos y las leyes que la regulan pertenecen al grupo de problemas que pueden ser objeto de discusión de un modo completamente práctico y científico, gracias a la exactitud de las medidas que han sido realizadas. Los resultados obtenidos hasta ahora no sólo son de la máxima importancia en sí mismos, sino que además adquieren una significación aún mayor por las numerosas posibilidades, completamente insospechadas diez o doce años atrás, que han sido abiertas por la continuación del trabajo de investigación en esta rama de la Ciencia.</p>
</blockquote>

<p><a href="http://eltamiz.com/libros/" class="liimagelink"><img src="http://eltamiz.com/images/books-banner.png"></a></p>

<p>Para saber más (es/en cuando es posible):</p>

<ul>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/chemistry/laureates/1908/#" class="liexternal">Página oficial del Premio Nobel de Física de 1908</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ernest_Rutherford" rel="nofollow" class="liwikipedia">Ernest Rutherford</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ernest_Rutherford" rel="nofollow" class="liwikipedia">Ernest Rutherford</a></li>
<li><a href="http://eltamiz.com/2009/09/30/premios-nobel-fisica-1903-radiaciones-alfa-beta-y-gamma/" class="liinternal">Radiaciones alfa, beta y gamma</a></li>
</ul>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_3869" class="footnote">Para los pejigueros: la RAE admite radiactivo y radioactivo, hay gente que prefiere una o la otra, de modo que a lo largo del artículo intentaré intercalar ambas.</li></ol>]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Premios Nobel &#8211; Física 1908 (Gabriel Lippmann)</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Mar 2011 16:26:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Física]]></category>
		<category><![CDATA[Premios Nobel]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras disfrutar juntos con el Premio Nobel de Química de 1907, concedido a Eduard Buchner por su descubrimiento de la fermentación no celular, hoy continuamos nuestro largo periplo por los Premios Nobel de Física y de Química a lo largo de la Historia. Se trata en este caso de un premio de esos en los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras disfrutar juntos con el <a href="http://eltamiz.com/2011/01/12/premios-nobel-quimica-1907-eduard-buchner/" class="liinternal">Premio Nobel de Química de 1907</a>, concedido a Eduard Buchner por su descubrimiento de la fermentación no celular, hoy continuamos nuestro largo periplo por los <a href="http://eltamiz.com/premios-nobel/" class="liinternal">Premios Nobel</a> de Física y de Química a lo largo de la Historia. Se trata en este caso de un premio de esos en los que se demuestran las vueltas que da la vida, un galardón de &#8220;múltiples ironías&#8221;: como Premio Nobel, el descubrimiento en cuestión se consideró en su momento como de una enorme relevancia&#8230; para luego ser casi olvidado ante otros más prácticos que él. Sin embargo, el uso de los mismos fenómenos físicos &#8211;y alguno más&#8211; reivindicaría unas décadas después el mismo descubrimiento, haciéndolo relevante una vez más como precursor de algo más grande.</p>

<p>Estoy hablando, por cierto, del descubrimiento realizado por el franco-luxemburgués Jonas Ferdinand Gabriel Lippmann, que obtuvo el Premio Nobel de Física de 1908, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,</p>

<blockquote>
  <p>Por su método de reproducción fotográfica en color basado en el fenómeno de la interferencia.</p>
</blockquote>

<p>A diferencia de otros años, en este caso queda clarísima la razón de otorgar el galardón, puesto que es algo muy concreto. Sin embargo, como siempre, volvamos hacia atrás en el tiempo para comprender el contexto y la relevancia del descubrimiento de Lippmann.</p>

<p>La fotografía tenía ya unas cuantas décadas aunque, por supuesto, en blanco y negro. Las primeras que conservamos, creadas por el francés Nicéphore Niépce, son de alrededor de 1825. Niépce, un genio que consiguió también crear el primer motor de combustión interna de la historia, el <em>pireolóforo</em>, denominó a sus primitivas fotografías <em>heliografías</em>, por <em>escritura mediante el Sol</em> y, aunque no eran de una gran calidad y requerían de un tiempo de exposición enorme, se trata de un logro excepcional y las bases de la técnica de Niépce son esencialmente las mismas que la de la fotografía posterior.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Niepce.jpg" alt="Nicéphore Niépce" />
<br />
<em>Nicéphore Niépce (1765-1833).</em></p>

<p>La idea es bien sencilla: introducir una placa cubierta de ciertos compuestos químicos en una cámara oscura abierta al exterior por un agujero que puede taparse a voluntad, y elegir compuestos químicos que sufren algún tipo de cambio al ser expuestos a la luz, de modo que pueda registrarse en qué puntos hubo mayor intensidad luminosa y en qué puntos menor. Una vez fijados los compuestos tras la exposición, de modo que no se siga produciendo ningún cambio químico ante la luz, basta volver a mirar la placa revelada para ver la escena a la que se expuso la placa originalmente: se ha logrado entonces &#8220;fijar&#8221; la escena permanentemente sobre un sustrato físico.</p>

<p>En el caso de las heliografías de Niépce, el compuesto químico era una disolución de betún y aceite de lavanda. Con él, el francés cubría una placa metálica, que introducía en la cámara oscura. Después exponía la placa a la escena a <em>heliografiar</em>, aprovechando una peculiaridad del betún así disuelto en aceite de lavanda: que se endurecía paulatinamente al recibir la luz debido a un cambio en su estructura química. Una vez había pasado el tiempo suficiente, Niépce lavaba la placa con más aceite de lavanda, que se llevaba consigo el betún aún viscoso pero que dejaba pegado a la lámina el endurecido debido a la luz. Así, se obtenía una placa en la que algunas partes mostraban el metal que había bajo la capa de betún &#8211;donde había desaparecido el compuesto&#8211; y en otras seguía habiendo betún.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Le_Gras.jpg" alt="Vista desde la ventana en Le Gras, de Nicéphore Niépce" />
<br />
<em>Vista desde la ventana en Le Gras, una de las primeras heliografías de Niépce (c. 1826). Observa la luz blanca sobre las caras izquierda y derecha de los edificios debido al tiempo de exposición.</em></p>

<p>El resultado tenía &#8220;relieve&#8221;, y era posible luego crear grabados a partir de él. En fin, algo realmente maravilloso. El principal problema del método de Niépce era que el tiempo de exposición necesario era de unas ocho horas, ¡como para posar para una heliografía! De ahí que el retraro de arriba sea eso, un retrato, y que no dispongamos de heliografías del propio Niépce ni de ninguna persona. Eso sí, para tomar imágenes de objetos inanimados, como otros grabados o edificios, era estupenda&#8230; excepto que al tomar heliografías de exteriores, el tiempo de exposición era tan largo que las sombras iban cambiando a lo largo del tiempo según el movimiento aparente del Sol en el cielo, claro.</p>

<p>Pero, limitaciones aparte, el inventor francés había abierto el camino, y otros lo seguirían gustosos, probando con otros compuestos químicos que requiriesen de un tiempo de exposición menor. El propio Niépce era consciente de que su método del betún no era muy práctico por esa misma razón, y colaboró durante años con otro francés, Louis Daguerre, para conseguir tiempos más cortos. Unos años tras la muerte de Niépce, Daguerre consiguió un método más eficaz que empleaba, en vez de betún y aceite de lavanda, sales de plata y vapores de mercurio.</p>

<p>El sistema de Daguerre se hizo mucho más famoso que el de Niépce &#8211;injustamente olvidado&#8211;, y sus <em>daguerrotipos</em> causaron sensación. Para crearlos, Daguerre primero cubría una lámina de cobre con una sal de plata &#8211;yoduro de plata primero, posteriormente bromuro de plata&#8211;, y luego la exponía a la escena a registrar. En las zonas expuestas a la luz, parte de la plata se reducía a plata metálica en un proceso mucho más rápido que el endurecimiento del betún de Niépce &#8211;unos 30 minutos en vez de ocho horas&#8211;. Posteriormente se situaba la placa sobre mercurio caliente, de modo que el vapor de mercurio formaba una amalgama con la plata y se adhería a la placa metálica; finalmente, se disolvían las sales de plata que no habían sufrido ningún cambio químico, y se tenía un registro visual de la escena daguerrotipada.</p>

<p>El principal avance de Daguerre, el menor tiempo de exposición, supuso que uno de sus daguerrotipos contenga la primera imagen registrada directamente de un ser humano. Claro, media hora es bastante tiempo, pero en una de sus imágenes de 1838 del Boulevard du Temple, en París, el francés tuvo la fortuna de que, mientras exponía su placa a esa calle parisina, un transeúnte decidiese utilizar los servicios de un limpiabotas. La limpieza de las botas duró lo suficiente para que ambos, limpiador y limpiado, quedaran inmortalizados para siempre.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Boulevard_du_Temple_daguerrotipo.jpg" alt="Boulevard du Temple, de Daguerre" />
<br />
<em>Boulevard du Temple (1838).</em></p>

<p>Posteriormente se desarrollarían métodos más eficaces que el de Daguerre, que obtenían negativos que luego se revelaban para producir la fotografía propiamente dicha, pero no quiero detenerme en eso, porque la base físico-química de todo el asunto es la misma que en el caso de los dos franceses Niépce y Daguerre: el cambio químico de una sustancia fotosensible. Sin embargo, aunque con los años se fue disminuyendo más y más el tiempo de exposición requerido, haciendo de la fotografía algo mucho más práctico, los sistemas posteriores seguían teniendo una limitación fundamental, idéntica a la de las heliografías y daguerrotipos.</p>

<p>Una sustancia fotosensible como el betún disuelto o las sales de plata podía no sufrir cambios &#8211;si no era expuesto a la luz o se correspondía con una zona oscura de la escena fotografiada&#8211;, sufrir cambios limitados si la intensidad luminosa no era grande, o sufrir un cambio muy notable si la intensidad era grande; idealmente, esto sucedía de manera razonablemente rápida y tenía una gradación suficiente para producir muchos matices entre la oscuridad total y una intensidad luminosa enorme&#8230; pero eso era todo. Se producían imágenes registradas en <strong>tonos de gris</strong>, es decir, lo que solemos llamar &#8220;en blanco y negro&#8221;. No había manera, si no se estrujaba uno la cabeza, de conseguir no sólo grados entre oscuridad y luz, sino calidades de luz, es decir, distinguir longitudes de onda para reproducir lo que realmente ve el ojo humano. Y a eso se dedicaron otros pioneros desde bastante pronto en la historia de la fotografía.</p>

<p>Existen varias maneras de obtener fotografías en color, pero la más evidente, la primera en ser planteada y la que, básicamente, utilizamos hoy en día, es lo que voy a denominar aquí <em>fotografía tricrómatica</em> para contraponerla a la maravillosa de Lippmann, de la que hablaremos en un momento. El primero en proponerla fue el genio escocés James Clerk Maxwell en 1855, pero muchos otros tuvieron la misma idea, parece que de manera independiente, en años posteriores.</p>

<p>Maxwell había estado estudiando, entre muchísimas otras cosas relacionadas, el fenómeno de la visión. Thomas Young había ya postulado a principios del siglo la existencia de tres tipos de fotorreceptores en nuestra retina, y Hermann von Helmholtz refinó la idea a mediados de siglo, de modo que Maxwell conocía bien la existencia de los tres tipos de receptores. Supongo que conoces más o menos de qué va este asunto, pero si no es así, puedes echar un ojo a la entrada sobre <a href="http://eltamiz.com/2008/01/01/falacias-los-toros-ven-en-blanco-y-negro/" class="liinternal">la visión de los toros</a>, en la que abordamos la cuestión de la visión en color en algo más de detalle.</p>

<p>El caso es que Maxwell se planteó la siguiente posibilidad: a pesar de que los compuestos fotosensibles utilizados en fotografía sólo pueden responder a la intensidad de luz, y no su longitud de onda, sería posible fotografiar una escena no una vez, sino tres. Superponiendo un filtro de cada longitud de onda a la que tienen su sensibilidad máxima nuestros fotorreceptores, podríamos obtener tres fotografías en rojo, verde y azul, de modo que cada punto de la fotografía registraría algo parecido a lo que registrarían nuestros conos al ver la misma imagen. Si luego se superponían las tres placas fotográficas, como si fueran diapositivas semitransparentes, y una persona las miraba, vería otra vez la combinación de intensidad relativa de los tres colores primarios sobre cada punto, reproduciéndose así la imagen fotografiada, con sus colores, en el ojo.</p>

<p>El método de Maxwell no registraba, por tanto, todas las longitudes de onda de la escena, sino sólo tres, una nimiedad comparado con el total&#8230; pero una nimiedad suficiente para nuestro ojo, ya que funcionamos básicamente de la misma manera. Al ser nosotros seres tricrómatas, la &#8220;fotografía tricrómatica&#8221;, aunque no registre toda la información cromática de la escena, nos basta de sobra. El caso es que, aunque parece que la sugerencia del buen escocés fue olvidada en poco tiempo, en los años posteriores muchos otros tuvieron la misma idea &#8211;porque es de cajón, y no hace falta ser James Clerk Maxwell para que se te ocurra&#8211;, y diversos intentos de llevarla a cabo con mayor o menor éxito se fueron produciendo.</p>

<p>Al principio, claro, los fotógrafos hacían exactamente eso: tomar tres fotos diferentes de la misma escena con cámaras equipadas con filtros. Uno de los avances más obvios, ideado por el alemán Adolf Miethe, fue emplear una sola cámara con placas y filtros sobre rieles, de modo que pudiera bajarse la &#8220;placa que fotografiará el verde&#8221; junto con el filtro verde, ¡zas!, foto, luego subir ese y bajar el azul, luego el rojo, y así conseguir las tres fotografías en el menor tiempo posible. Porque el problema al principio, claro, es que si algo se movía entre una foto de un color y otra de otro, todo quedaba fatal&#8230;</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Alim_Khan_color.jpg" alt="Alim Khan, de Prokudin-Gorskii" />
<br />
<em>Alim Khan, Emir de Bukhara, fotografiado por Prokudin-Gorskii, con las tres fotografías en cada longitud de onda a la derecha (1911).</em></p>

<p>De hecho, a principios del siglo XX un discípulo de Miethe, el ruso Sergei Mikhailovich Prokudin-Gorskii, se dedicó a recorrer el Imperio Ruso y documentar gráficamente sus viajes con fotografías tricromáticas, absolutameente maravillosas, aunque requiriesen, por supuesto, de un largo tiempo combinado de exposición, con lo que sólo se pudieran fotografiar personas que estuvieran posando cuidadosamente. Para llegar a la fotografía en color actual hacía falta tomar las tres fotos &#8220;a la vez&#8221;, claro&#8230; y eso es algo que lograron los hermanos Lumière con su <em>Autocromo</em>.</p>

<p>El <em>Autocromo Lumière</em> fue patentado por los geniales hermanos franceses en 1903, y aunque no me gusta tanto como el sistema ideado por nuestro héroe de hoy &#8211;a quien te prometo que llegamos en un par de párrafos, ¡paciencia!&#8211;, es innegable su genio. En vez de exponer tres placas fotográficas con sendos filtros a la escena a fotografiar, con el error inevitable que eso supone si algo se mueve entre unas y otras, los Lumière empleaban una sola placa y una sola fotografía en vez de tres.</p>

<p>Los hermanos empleaban una lámina de vidrio y una sal de plata&#8230; hasta aquí, nada sorprendente. Ahora bien, entre el vidrio y la plata interponían una capa de gránulos de almidón coloreados. Alrededor de un tercio de ellos estaban tintados de rojo anaranjado, otro tercio de azul violáceo y otro tercio de verde, y estaban mezclados aleatoriamente, de modo que la superficie del vidrio quedaba cubierta por una mezcolanza de minúsculos granitos de los tres colores. ¿Ves el genio de los franceses? Al tomar una fotografía, la luz debía atravesar los gránulos de almidón antes de llegar al sustrato químico que registraría la imagen, con lo que cada punto de la fotografía tenía su propio filtro minúsculo: dependiendo de qué gránulo tuviera delante, registraba la intensidad relativa de un color u otro.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Autocromo.jpg" alt="Gránulos de almidón del autocromo Lumière" />
<br />
<em>Gránulos de almidón del Autocromo vistos al microscopio.</em></p>

<p>Dicho de otro modo, cada punto era realmente una fotografía monocromática, pero todos juntos eran una mezcla de la misma escena fotografiada en tres longitudes de onda diferentes. Al mirar luego la placa a través de la misma lámina con los mismos gránulos de almidón, el ojo percibía cada punto de un color determinado, y todos juntos producían una imagen en color maravillosa en la que se había registrado la información de los tres colores de manera simultánea, a diferencia de las fotografías de Miethe y Prokudin-Gorskii que los guardaban secuencialmente.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Margate_Beach_Warburg.jpg" alt="Margate Beach, de John Cimon Warburg" />
<br />
<em>Margate Beach, autocromo de John Cimon Warburg (c. 1908).</em></p>

<p>El método de los Lumière se emplearía durante unas décadas hasta ser sucedido por otros que llevarían hasta la fotografía moderna. Como puedes ver, la fotografía tricromática venció, pues partía de una idea simple y eficaz, y era fácil de producir y, eventualmente, de copiar. Pero existía otro modo de producir color sin utilizar pigmentos de ningún tipo, ni filtros, ni nada parecido, con una sola fotografía&#8230; mas, ¡ay!, para dar con ese otro modo hacía falta saber mucha, mucha Física y, sobre todo, mucha teoría ondulatoria de la luz, una disciplina aún en ciernes. Volvamos, pues, unos años atrás, para conocer la otra rama de la fotografía en color.</p>

<p>Tenemos que retroceder hasta mediados de siglo y hasta investigaciones bien diferentes de las de Daguerre y compañía, ya que los descubridores de este &#8220;segundo método&#8221; de producir fotografías en color no estaban intentando eso en absoluto: se trató, como tantas otras veces, de pura suerte. El físico francés Alexandre-Edmond Becquerel &#8211;padre de un viejo conocido de esta serie, <a href="http://eltamiz.com/2009/09/23/premios-nobel-fisica-1903-antoine-henri-becquerel-maria-sklodowska-curie-y-pierre-curie/" class="liinternal">Antoine Henri Becquerel</a>&#8211; se encontraba entonces realizando estudios de fotoquímica, es decir, cambios químicos producidos en distintos compuestos al exponerlos a la luz. Fue así como, por cierto, descubrió el fenómeno fotovoltaico que utilizamos hoy en día en las placas solares de ese nombre pero, como siempre, me voy por las ramas.</p>

<p>Becquerel estaba utilizando láminas de plata cubiertas con una capa de cierto grosor de una sal del mismo metal, <em>cloruro de plata (AgCl)</em>, exponiéndolas a la luz. Al exponer estas láminas ante una escena determinada, el francés observó que no sólo se producían cambios químicos en la sal, sino que sobre la lámina aparecían los colores de la escena frente a la lámina. Sin embargo, cuando la lámina se llevaba a otra parte, o se dejaba de exponerla a la luz, los colores cambiaban o desaparecían &#8212; no se trataba de algo permanente. Becquerel no supo explicar la razón de este extraño fenómeno, ni consiguió hacer permanente el cambio.</p>

<p>Aunque otros físicos intentaron, en los años posteriores, explicar la razón de que apareciesen colores sobre las láminas de Becquerel, la cosa no estaba nada clara y, sobre todo, no parecía posible emplear el fenómeno para nada práctico. Hasta que, por supuesto, un individuo de inteligencia tan aguda como sus bigotes hizo su aparición en escena, levantó sus tupidas cejas y se puso a pensar en el asunto en 1886.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Gabriel_Lippmann.jpg" alt="Gabriel Lippmann" />
<br />
<em>Gabriel Lippmann (1845-1921).</em></p>

<p>Gabriel Lippmann era por entonces profesor de Física en la <em>Sorbonne</em> de París, y acababa de ser nombrado miembro de la <em>Académie des sciences</em> francesa. Se trataba de un tipo interesado prácticamente en casi todo; entre otras cosas, ideó un electrómetro que empleaba el fenómeno de la capilaridad para detectar diferencias de potencial tan minúsculas que se empleó en el primer aparato de electrocardiograma de la historia, además de un dispositivo para observar los astros durante largo tiempo que compensaba el movimiento de rotación de la Tierra, de modo que los objetos en el firmamento mantuviesen su posición relativa durante horas.</p>

<p>Como puedes ver por sus descubrimientos, no se trataba de un físico teórico que se plantease responder a preguntas fundamentales sobre la naturaleza del Universo: era un tío práctico, que se proponía resolver un problema y aguzaba el ingenio hasta hacerlo así. En lo que a nosotros respecta en este artículo, el problema que intentaba resolver era el de registrar el espectro de la luz solar, con todas sus longitudes de onda, sobre una lámina fotográfica. Lippmann no deseaba conseguir una imagen tricromática, sino una imagen realmente <em>multicromática</em>, es decir, que registrase todas las longitudes de onda, no sólo algunas.</p>

<p>Para ello, el físico se fijó en los experimentos de Becquerel, y se puso a trabajar en dos aspectos fundamentales: por un lado, comprender cómo se habían formado los colores que veía el francés y, por otro, cómo conseguir fijar esos colores de manera permanente. Afortunadamente para él, en los años transcurridos entre el descubrimiento de Becquerel y 1886 la comunidad científica había alcanzado un conocimiento parcial de lo que sucedía en aquellas láminas coloreadas, y parecía claro que la interferencia tenía algo que ver. Lippmann avanzó aún más en el entendimiento del fenómeno, y en unos años alcanzó una respuesta que, si eres fiel seguidor de <em>El Tamiz</em>, seguro que te suena.</p>

<p>Lo que sucedía, de acuerdo con el luxemburgués, era que la luz estaba produciendo un cambio químico sobre el cloruro de plata, de un modo parecido al de las placas fotográficas normales, pero la luz no incidía sobre la capa de sal una vez, <strong>sino dos</strong>. La luz penetraba en la capa de AgCl, luego se reflejaba en la lámina de plata metálica que había detrás y que actuaba de espejo, y luego volvía a salir otra vez a través de la capa de AgCl. Pero mientras volvía tras reflejarse, se encontraba con la luz que estaba entrando en la lámina antes de rebotar: la luz estaba interfiriendo consigo misma, es decir, se estaban produciendo <strong>ondas estacionarias</strong> en la capa de sal.</p>

<p>Creo que la primera vez que hablamos de ondas estacionarias en <em>El Tamiz</em> fue al estudiar el <a href="http://eltamiz.com/2008/05/15/cuantica-sin-formulas-el-pozo-de-potencial-infinito/" class="liinternal">pozo de potencial infinito</a> pero, por si no leíste aquel artículo (no se trata de algo que pueda leerse sin bucear antes en otros, con lo que no doy por sentado que lo hagas), permite que te dé una breve explicación de este fenómeno ondulatorio. Cuando una onda se refleja en alguna parte y vuelve por donde vino, interfiere consigo misma. Como consecuencia, en algunos puntos se produce una interferencia constructiva, mientras que en otros hay una interferencia destructiva. De estos dos tipos de interferencia sí hemos hablado ya en esta misma serie al hacerlo de <a href="http://eltamiz.com/2010/12/20/premios-nobel-fisica-1907-a-a-michelson/" class="liinternal">A. A. Michelson</a>, con lo que no repito aquí los conceptos.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/onda_estacionaria.gif" alt="Onda estacionaria" />
<br />
<em>Onda estacionaria (en negro), resultado de la interferencia entre la onda incidente (azul) y la reflejada (roja).</em></p>

<p>El caso es que hay puntos, denominados nodos, en los que la interferencia es destructiva y no hay luz de ningún tipo. En esos puntos, por tanto, la capa de sal permanece intacta y no se produce ningún cambio químico en ella; por el contrario, en las crestas en las que la interferencia es constructiva, la intensidad luminosa será el doble que la inicial, debido a la suma de la onda incidente y la reflejada. Y la distancia entre un nodo y el siguiente (o entre una cresta y la siguiente) es la mitad de la longitud de onda de la onda inicial. Todo esto puede sonar a trabalenguas, pero el quid de la cuestión es el siguiente: en la lámina se forma una especie de &#8220;libro&#8221; con &#8220;hojas&#8221; alternas, paralelas, en las que hay plata metálica en una y no en la siguiente, sí en una y no en la siguiente, etc., y la distancia entre una hoja y la siguiente idéntica a ella es la mitad de la longitud de onda inicial.</p>

<p>Como ves, a diferencia de una placa fotográfica normal, hace falta pensar en tres dimensiones: sí, en unos puntos de la lámina habrá más luz que en otros y la exposición de la sal será mayor, pero además, para cualquiera de esos puntos, habrá una serie de &#8220;sub-puntos&#8221; <em>dentro</em> de la capa de sal en los que ha habido una mayor y menor exposición alterna. Pensemos en esto en términos de información de la imagen: la información de luz/sombra está ahí, igual que en las fotografías normales, en el hecho de que un punto sobre la superficie ha recibido más o menos luz. Pero, además, en las placas de Becquerel &#8211;y luego en las de Lippmann&#8211; hay una dimensión de información adicional &#8212; la distancia entre las &#8220;hojas&#8221; con puntos de luz y sombra alternos almacena la longitud de onda recibida, es decir, <strong>el color de la luz que incidió sobre la lámina</strong>.</p>

<p>Es más, <em>¡esta información está almacenada para cada color que incide sobre la lámina simultáneamente!</em> Si nos fijamos en un punto determinado de la lámina, cuando éste recibe luz de varias longitudes de onda diferentes, unas no interfieren con otras &#8211;pues sus longitudes de onda son distintas&#8211;, pero cada una interfiere consigo misma tras reflejarse en la lámina, produciendo así su propia onda estacionaria. Si sobre un punto de la lámina incide luz de veinticinco longitudes de onda distintas, se producirán veinticinco series de &#8220;hojas&#8221; de luz y sombra &#8211;es decir, de mayor y menor cambio químico&#8211;, cada una de las cuales almacena la información sobre su longitud de onda particular.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Gabriel_Lippmann_2.jpg" alt="Gabriel Lippmann en el laboratorio" />
<br />
<em>Gabriel Lippmann en el laboratorio.</em></p>

<p>Una vez Lippmann hubo comprendido esto, se dedicó a intentar mostrar de nuevo esa información cromática almacenada en la lámina y a almacenarla de manera permanente. Registrarla permanentemente requería, básicamente, realizar un proceso de revelado que asegurase que el cambio químico producido no se volviera a deshacer al dejar de recibir luz, lo cual requirió de varios intentos con distintas sustancias y sustratos químicos. La visualización era, sin embargo, enormemente fácil: tan fácil que el propio Becquerel, sin comerlo ni beberlo, había visto los colores en sus propias láminas a pesar de no estar intentándolo.</p>

<p>El fenómeno se parece bastante, como seguro que recuerdas si eres un viejo del lugar, <a href="http://eltamiz.com/2011/02/03/%C2%BFque-es-un-holograma-ii-visualizacion/" class="liinternal">a cómo se ve un holograma</a>. Cuando se hace incidir luz blanca sobre la placa de Lippmann &#8211;porque así se llaman estas placas, por supuesto&#8211;, la luz penetra en la lámina, se refleja en el metal que hay detrás y luego sale otra vez hacia tu ojo&#8230; pero no antes de toparse con las &#8220;hojas&#8221; alternas dejadas allí por el proceso de exposición original. Lo que pasa entonces, como sucede en un holograma, es que lo mismo que el patrón de interferencia produjo un patrón de cambios químicos sobre el sustrato, ahora el patrón físico sobre el sustrato produce un patrón de interferencia en la luz.</p>

<p>Al volver a tu ojo, la luz ya no es blanca: en cada punto de la lámina, sólo la luz que tenía la longitud de onda adecuada &#8211;la que coincidía con la correspondiente a las &#8220;hojas de luz y sombra&#8221; originales&#8211; vuelve a salir hacia tu ojo, con lo que en cada punto ves luz de las mismas longitudes de onda que produjeron el patrón de cambios químicos sobre la placa de Lippmann. En otras palabras, estás viendo de nuevo los mismos colores que recibió la placa al tomar la fotografía; al menos, idealmente, ya que en la práctica el bueno de George no tenía los medios físicos y químicos para conseguir el ideal, pero sí el mecanismo teórico para conseguirlo.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Loro_Lippmann.jpg" alt="Loro, de Lippmann" />
<br />
<em>Loro, una de las primeras placas de Lippmann (1891).</em></p>

<p>Cinco años después de empezar a trabajar en ello, Lippmann produjo sus primeras placas en color. Los resultados pueden no parecer demasiado espectaculares, pero la relevancia del descubrimiento es extraordinaria. En 1891 anunció su logro a la Academia francesa, aunque seguiría perfeccionando el sistema durante años y, por supuesto, en 1908 recibiría el Premio Nobel de Física en honor a su descubrimiento.</p>

<p>Fíjate en dos cosas importantes: en ningún momento hemos hablado de pigmentos, ni tintes, ni filtros, ni nada. No hay &#8220;tinta de colores&#8221; ni nada parecido en la placa de Lippmann, sino que su estructura física microscópica &#8211;pues las longitudes de onda involucradas son minúsculas&#8211; hace que la luz blanca que llega a ella salga sólo en determinadas longitudes de onda. En esto se diferencia del Autocromo de los Lumière &#8211;que, por cierto, colaboraron con él para mejorar el sistema de Lippmann y producir mejores colores y mayor resolución&#8211; y de casi cualquier otro sistema de producir fotografía en color posterior.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Flores_Lippmann.jpg" alt="Flores, de Lippmann" />
<br />
<em>Naturaleza muerta (entre 1892 y 1899).</em></p>

<p>Pero más importante aún es la segunda diferencia: el método de Lippmann no registra los colores &#8220;como los ve el ojo&#8221;, sino &#8220;como son de verdad&#8221;. Dicho de otro modo, no es fotografía tricrómata, sino multicrómata, y todas las longitudes de onda son almacenadas, no sólo tres. Aunque cuando la mires con tu ojo la imagen se parezca mucho a la de una fotografía contemporánea de ella en tres colores, la cantidad de información almacenada en una placa de Lippmann es enormemente mayor.</p>

<p>¿Por qué, entonces, seguramente nunca has oído hablar del pobre Lippmann? Pues porque sus placas tenían un par de problemas prácticos enormes. Por una parte, los tiempos de exposición a finales del siglo XIX para las fotografías &#8220;convencionales&#8221; eran ya muy cortos, y era posible tomar retratos de personas sin que tuvieran que posar durante mucho tiempo. Sin embargo, las placas de Lippmann requerían más tiempo: unos 15 minutos al principio, reducidos hasta alrededor de un minuto cuando recibió el Nobel. Harían falta mejoras que redujesen este tiempo de exposición necesario aún más; en palabras del propio Lippmann,</p>

<blockquote>
  <p>Sin embargo, aún queda por perfeccionarse [este sistema] en algunos aspectos. El tiempo de exposición (un minuto a la luz del Sol) es aún demasiado largo para un retrato. Era de quince minutos cuando empecé mi trabajo. El progreso puede continuar. La vida es corta y el avance lento.</p>
</blockquote>

<p>El segundo problema es muy parecido al de los hologramas: debido al mecanismo de formación de la imagen al mirar una placa de Lippmann y al hecho de que los cambios químicos sobre la placa tienen una estructura tridimensional, con profundidad, son casi imposibles de copiar. Esto, seguramente más que la razón anterior, hizo que pronto se abandonase el método del luxemburgués en favor de los convencionales, y que este genio experimental quedase un poco olvidado. Sin embargo, al igual que los hologramas tienen valor práctico precisamente por la dificultad de copiarlos, tal vez se utilicen algún día imágenes de Lippmann como medidas de seguridad.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/March/Paisaje_Lippmann.jpg" alt="Saint Maxime, de Lippmann" />
<br />
<em>Saint Maxime (entre 1891 y 1899).</em></p>

<p>Los paralelismos entre los hologramas y las placas de Lippmann, por cierto, no acaban aquí. Una vez logró su propósito de registrar el espectro luminoso &#8220;completo&#8221;, este físico se planteó otro problema práctico: almacenar la imagen desde varios puntos de vista, de modo que al mirarla, por efecto de paralaje, el espectador pudiera percibir profundidad. El método que sugirió Lippmann era utilizar una multitud de pequeñas lentes que tomasen la imagen desde diversos puntos, pero no me dirás que no es interesante el hecho de que los hologramas resolvieran precisamente este problema.</p>

<p>El ideal de fotografía de Lippmann, por tanto, sería una &#8220;imagen completa&#8221; en cuanto al almacenaje de información sobre la escena se refiere: sus placas eran completas en cuanto a las longitudes de onda, mientras que nuestros hologramas lo son en cuanto a los puntos de vista. ¿Es posible combinar ambas técnicas para registrar una escena en todas sus longitudes de onda y desde todos los puntos de vista? El resultado sería impresionante, un almacenaje completo de la información visual de un lugar o un objeto. Tal vez algún día&#8230;</p>

<p>Como siempre, aquí tenéis el discurso de entrega del Premio, pronunciado el 10 de diciembre de 1908 por K. B. Hasselberg, por entonces Presidente de la Real Academia Sueca de las Ciencias:</p>

<blockquote>
  <p>Su Majestad, Sus Altezas Reales, damas y caballeros.</p>
  
  <p>La Real Academia Sueca de las Ciencias ha otorgado el Premio Nobel de Física de 1908 al Profesor Gabriel Lippmann de la Sorbona por su método, basado en el fenómeno de la interferencia, que permite la reproducción de color en fotografía.</p>
  
  <p>Antes incluso de 1849, cuando el arte de la reproducción fotográfica fue descubierto por esos pioneros de la Ciencia, Niepce, Daguerre, Talbot y otros, el problema de cómo registrar y fijar colores sobre una placa fotográfica estaba ya presente. Parecía que la respuesta estaba cerca cuando Edmond Becquerel mostró que una lámina de plata cubierta con una fina capa de cloruro de plata se coloreaba bajo la acción de la luz, con un color que se correspondía con el color de la luz utilizada. Esta observación no fue más allá. Becquerel no disponía de una explicación para el origen de los colores, ni consiguió un medio de fijarlos sobre la lámina. En poco tiempo desaparecían, con lo que su método, desprovisto de un uso práctico, no consiguió la atención que sin duda merecía.</p>
  
  <p>Una explicación del origen de las imágenes en color de Becquerel fue proporcionada en 1868 por el alemán Wilhelm Zenker, y fue llevada más allá por el ganador del Premio Nobel, Lord Rayleigh. De acuerdo con esta explicación, los colores se deben a ondas de luz estacionarias que, mediante una acción química, forman gránulos de plata metálica a partir del cloruro de plata. El color es un fenómeno de interferencia producido por la reflexión de la luz sobre esta capa de plata.</p>
  
  <p>El fenómeno se convirtió entonces en uno de interés teórico. Si podía confirmarse esta hipótesis, el trabajo de Becquerel nos proporcionaría más pruebas sobre la veracidad de nuestro concepto de luz considerada como el resultado de un movimiento vibratorio, ya que uno de los fenómenos fundamentales del movimiento vibratorio &#8211;la onda estacionaria&#8211; se habría verificado en el caso de la luz. Sin embargo, no fue hasta 1890 que Otto Wiener, mediante un experimento particularmente cuidadoso, consiguió pruebas concluyentes de que la hipótesis de Zenker era correcta.</p>
  
  <p>Era entonces posible reproducir imágenes con colores más o menos exactos, pero no estables. También se había encontrado una explicación para el origen de estas imágenes. Aún no era el momento de hablar de la reproducción fotográfica de objetos con colores y de su fijación. Así estaban las cosas cuando el Profesor Lippmann, en 1891, comunicó a la Academia Parisiense de las Ciencias su trabajo sensacional sobre fotografía en color.</p>
  
  <p>Las características principales del método de Lippmann son, sin duda, bastante bien conocidas. Se cubre una lámina de vidrio con una capa sensible a la luz, formada por una emulsión de gelatina, nitrato de plata y bromuro potásico. Sobre esta capa fotosensible se añade otra capa de mercurio, que forma un espejo. Esta lámina se expone dentro de una cámara oscura de manera que el lado de vidrio [el lado de la lámina que no ha sido cubierto con nada] se enfrenta al objetivo. Durante la exposición, la luz atraviesa primero el vidrio, luego penetra en la capa de la emulsión y finalmente se encuentra con la superficie reflectante del mercurio, que la devuelve hacia atrás.</p>
  
  <p>La onda de luz incidente y la reflejada forman lo que se denominan ondas estacionarias, caracterizadas por una serie de máximos y mínimos de iluminación, separados unos de otros por media longitud de onda de la luz incidente. Una vez que se revela la placa, se fija y se seca mediante los procesos normales, se encontrarán en la lámina de gelatina planos de plata reducida cuyas distancias entre sí dependen de la longitud de onda &#8212; es decir, del color de la luz que produjo la imagen. Supongamos que se hace incidir luz blanca de la manera normal sobre una lámina fotográfica como las que acabamos de describir [después de haberla revelado, es decir, cuando ya tiene la fotografía fijada en ella]. El rayo será reflejado por los diferentes planos de plata y, siguiendo las leyes de la interferencia de la luz en láminas finas ya conocidas, la lámina aparecerá coloreada &#8212; y el  color será el mismo que el de la luz que generó la impresión fotográfica original.</p>
  
  <p>La reproducción de los colores se está llevando a cabo, por tanto, de la misma manera que sucede en las burbujas de jabón y las láminas delgadas en general, con un reforzamiento adicional del fenómeno por la existencia de planos sucesivos. El efecto del color en los experimentos de Lippmann no aparece, por tanto, como consecuencia de la existencia de pigmentos. Tenemos que conformarnos con lo que se denominan colores virtuales, inalterables en su composición y vívidos mientras la placa fotográfica esté intacta. Así, las fotografías de Lippmann salen favorecidas al compararlas con intentos posteriores de resolver el problema de la reproducción del color &#8211;las fotografías de los Lumière&#8211;, así llamadas fotografías de tres colores, obtenidas utilizando pigmentos, un descubrimiento extraordinario que, debido a lo simple del método involucrado, ha obtenido una gran popularidad bien merecida.</p>
  
  <p>Una simple mirada a los trabajos de ilustración de nuestros días, tanto en el dominio de la ciencia como en el del arte y la industria, es suficiente para mostrar la importancia de la reproducción fotográfica en nuestros días. La fotografía en color de Lippmann supone otro paso adelante, de gran importancia, en el arte de la fotografía, ya que su método ha sido el primero en proporcionarnos los medios para mostrar a la posteridad, mediante imágenes inalterables, no sólo la forma de un objeto con sus luces y sombras, sino también sus colores.</p>
  
  <p>A través de sus constante esfuerzo dirigido hacia este fin, y de su comprensión completa de todos los recursos que puede ofrecer la Física, el Profesor Lippmann ha creado este elegante método de obtener imágenes que combinan la estabilidad con el esplendor del color. La Real Academia de las Ciencias ha considerado este logro digno del Premio Nobel de Física de 1908.</p>
</blockquote>

<p>Para saber más (esp/ing cuando es posible):</p>

<ul>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1908/" class="liexternal">Página oficial del Premio Nobel de Física de 1908</a></li>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1908/lippmann-lecture.html" class="liexternal">Discurso de Gabriel Lippmann</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_Lippmann" rel="nofollow" class="liwikipedia">Gabriel Lippmann</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Gabriel_Lippmann" rel="nofollow" class="liwikipedia">Gabriel Lippmann</a></li>
</ul>
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		<title>Premios Nobel &#8211; Química 1907 (Eduard Buchner)</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Jan 2011 17:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Premios Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Química]]></category>

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		<description><![CDATA[Os traigo hoy la contrapartida al Premio Nobel de Física de 1907 con el que conocimos algunos de los logros menos famosos de A. A. Michelson, pero no por ello menos importantes (como veremos en unas semanas al hablar de una aplicación muy interesante de los conceptos utilizados en su interferómetro). Esta vez haremos lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/January/buchner.jpg" style="float:left;padding:20px" alt="Eduard Buchner" /></p>

<p>Os traigo hoy la contrapartida al <a href="http://eltamiz.com/2010/12/20/premios-nobel-fisica-1907-a-a-michelson/" class="liinternal">Premio Nobel de Física de 1907</a> con el que conocimos algunos de los logros menos famosos de A. A. Michelson, pero no por ello menos importantes (como veremos en unas semanas al hablar de una aplicación muy interesante de los conceptos utilizados en su interferómetro). Esta vez haremos lo propio con el Premio Nobel de Química del mismo año, otorgado al bávaro Eduard Buchner (a la izquierda), en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,</p>

<blockquote>
  <p>Por sus investigaciones bioquímicas y su descubrimiento de la fermentación no celular.</p>
</blockquote>

<p>Se trata, como ha sucedido otras veces en esta misma serie, de una descripción que tal vez te deje frío al principio, pero el descubrimiento de Buchner es de una relevancia extraordinaria, no ya sólo para la Química, sino para la ciencia y nuestra concepción de la vida y de nosotros mismos. Y no es un descubrimiento aislado, sino que forma parte de una tendencia que hemos mencionado varias veces en artículos anteriores al hablar de premios en Química. Buchner consiguió uno de esos pasos tras los cuales no hay marcha atrás, que callan muchas bocas y cambian paradigmas&#8230; y lo hizo, dicho mal y pronto, <em>haciendo vino</em>. ¿He despertado al menos tu curiosidad?</p>

<p>Para comprender el <em>&#8220;¡zas, en toda la boca!&#8221;</em> a ciertas ideas anteriores propinado por el descubrimiento de Buchner hace falta antes, como nos pasa tantas veces en esta serie, retroceder en el tiempo para ser conscientes de cómo eran las cosas cuando llegó el alemán. La cuestión es que hay cosas que hoy en día nos sorprenden poco y nos parecen obvias, pero que hace tiempo no eran tan evidentes; no sólo eso &#8212; algunas eran tan controvertidas que las principales eminencias científicas las consideraban una estupidez.</p>

<p>Durante casi toda la historia de la ciencia, hubo una distinción radical entre los procesos biológicos y todos los demás. Desde Aristóteles en adelante se consideraba que las leyes simples que rigen casi todo el Universo no son aplicables a los seres vivos, sino que éstos son &#8220;algo diferente&#8221;. El comportamiento de plantas y animales y los procesos biológicos se consideraban algo casi milagroso, y se pensaba que todo lo relacionado con los seres vivos se debía a la &#8220;fuerza vital&#8221; que había en ellos. Hoy en día conocemos esta concepción como <strong>vitalismo</strong>. Si has seguido esta serie hasta ahora &#8211;especialmente en los Premios de Química&#8211; sabes exactamente a lo que me refiero, porque este vitalismo científico se fue desmoronando durante el siglo XIX y ya hemos visto ejemplos de ello.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/January/friedrich-wohler.jpg" style="float:right;padding:20px" alt="Friedrich Wöhler" /></p>

<p>Observa que digo <em>vitalismo científico</em>, y no vitalismo a secas, porque el vitalismo sigue vivo, aunque no en círculos científicos. Lo siento si me pongo pesado a veces, pero no puedo evitarlo: amo la Ciencia. No porque sea perfecta, ni muchísimo menos &#8211;estamos hablando ahora, precisamente, de una concepción científica absolutamente falsa y que se sostuvo milenios&#8211;, sino precisamente <em>porque es consciente de que no lo es</em>, y los hechos y la experimentación son los que mandan incluso cuando no nos gusta el resultado. Y, si no, que se lo pregunten a Wöhler (a la derecha).</p>

<p>El &#8220;milagro de la vida&#8221;, cualitativamente diferente del Universo no vivo, tenía como consecuencia el hecho de que las sustancias orgánicas eran absolutamente independientes de las inorgánicas, ya que era imposible generar la &#8220;fuerza vital&#8221; a partir de lo no vivo. Sin embargo, en 1828 el alemán Friedrich Wöhler consiguió producir urea (un compuesto hasta entonces únicamente producido por los seres vivos) a partir de moléculas inorgánicas, algo absolutamente contrario no sólo a lo que el propio Wöhler &#8211;y prácticamente todo el mundo&#8211; pensaba, sino a la manera en la que consideraba que &#8220;debían ser las cosas&#8221;. En palabras de Wöhler, al mirar los cristales de urea que había producido, estaba siendo testigo de <em>&#8220;la gran tragedia de la ciencia, la destrucción de una bella hipótesis por un feo hecho&#8221;</em>. Pero esa &#8220;tragedia&#8221;, en mi opinión, no es otra cosa que la grandeza de la ciencia: y el propio Wöhler, aunque no le gustara la conclusión, no se aferró a su idea preconcebida, sino que aceptó la bofetada que la realidad acababa de dar a su concepción de la vida. Pero me voy por las ramas.</p>

<p>El caso es que el vitalismo científico no murió con la producción de urea de Wöhler, ni mucho menos. Seguía habiendo muchos fenómenos incomprensibles mediante la química, y la mayor parte de los científicos seguían considerando una barrera insuperable entre lo vivo y lo no vivo. Si llevas mucho tiempo con nosotros has leído ya sobre <a href="http://eltamiz.com/2007/12/15/louis-pasteur/" class="liinternal">Louis Pasteur</a> y su demostración de la inexistencia de la generación espontánea aristotélica, con la que hizo avanzar muchísimo la ciencia de la época y, sobre todo, la antisepsia. ¡Qué irónica es la vida! Pasteur demostró empíricamente que un caldo en el que no había vida no la producía espontáneamente &#8212; a partir de lo no vivo no aparecía vida. Esto era cierto, desde luego, pero el francés lo llevó hasta un grado erróneo &#8211;Pasteur era, como casi todos, vitalista&#8211;.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/wp-content/uploads/2007/12/pasteur-en-su-laboratorio.jpg" alt="Louis Pasteur" />
<br />
<em>Pasteur en su laboratorio. Cuadro de Albert Albert Edelfelt, 1885.</em></p>

<p>Como dijimos en aquel artículo, Pasteur demostró que la fermentación no era un proceso químico independiente de la vida, sino que estaba producido por organismos vivos, ¡una vez más, separación entre vida y no vida! Pero, eso sí, el francés era un científico de primera, con lo que no se contentó con esto: intentó producir la fermentación sin la presencia de células vivas, pero no tuvo éxito. Su conclusión, una vez más vitalista, fue que las fermentaciones eran un ejemplo de procesos no regidos por la química, sino por la &#8220;fuerza vital&#8221; de las células, ya que sin esa fuerza vital, la fermentación no se producía. <em>Era inútil, por tanto, tratar de estudiar esos procesos químicamente</em>, ya que la vida se escapaba a los límites de la química. Todo esto, por supuesto, es falso, pero Pasteur era Pasteur, y su opinión tenía un gran peso.</p>

<p>Y aquí entra en escena, por fin, Eduard Buchner; nació en la capital de Bavaria, Munich, en 1860, unos treinta años después de que Wöhler fuera testigo de la &#8220;tragedia de la ciencia&#8221;. Creo que gran parte de la culpa de que Buchner ganara el Nobel la tuvo su hermano mayor Hans, un conocido bacteriólogo de la época: fue gracias a él, tras la muerte de su padre, que Eduard pudo estudiar Química en la Politécnica de Munich y, como veremos en un momento, siguió siendo su mentor y lo ayudó mucho a seguir sus sueños. En la Politécnica, Eduard Buchner estudió en el laboratorio de Erlenmeyer, y posteriormente bajo Alfred von Baeyer, quien <a href="http://eltamiz.com/2010/07/14/premios-nobel-quimica-1905-adolf-von-baeyer/" class="liinternal">ya ha hecho su aparición en esta misma serie</a> ya que ganó el Nobel de Química sólo dos años antes que Buchner.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/January/eduard-buchner.jpg" alt="Eduard Buchner" />
<br />
<em>Eduard Buchner (1860-1917).</em></p>

<p>Sin embargo, Buchner amplió sus conocimientos estudiando también las ciencias biológicas, especialmente botánica en el Instituto Botánico de Munich. Allí fue donde empezó a estudiar la fermentación, un fenómeno que empezaba por entonces a conocerse: no fue hasta 1838 que se demostró que la fermentación de la levadura era un proceso biológico, y Pasteur mostró en las décadas de 1850-60 que muchos otros fenómenos de fermentación, como la del ácido láctico en la leche, estaban causados por organismos vivos, como bacterias. Inicialmente, las investigaciones de Buchner fueron &#8220;al uso&#8221;, es decir, separando claramente la parte química de la parte biológica, pero ya publicó, bajo la tutela de su hermano Hans, su primer artículo sobre el asunto,<em>&#8220;Der Einfluss des Sauerstoffs auf Gärungen&#8221; (&#8220;La influencia del oxígeno en las fermentaciones&#8221;)</em> en 1885.</p>

<p>Unos años más tarde, Buchner se doctoró en la Universidad de Munich y obtuvo un puesto allí, en el laboratorio de von Baeyer &#8211;quien parece también haber apoyado mucho, como Hans, al joven Buchner&#8211;. Con la ayuda de von Baeyer, en 1893 el joven Eduard estableció su propio laboratorio de investigación sobre las fermentaciones&#8230; <strong>y empezó a intentar producirlas sin la presencia de células vivas</strong>, tratando de extraer los compuestos químicos relevantes de las células de levadura. ¡Anatema! La Universidad consideraba que esto era un esfuerzo inútil, ya que el gran Pasteur no había sido capaz de lograrlo, y le cortó las alas a Buchner. Durante tres años, Eduard no pudo seguir investigando lo que quería.</p>

<p>¿Quién consiguió que pudiera seguir su camino? ¡Hans, por supuesto! El Buchner mayor formaba parte del Consejo de Administración del <em>Institut für Hygiene</em> de Munich, y con su ayuda y la financiación del Instituto, Eduard Buchner pudo montar una vez más un laboratorio en 1896 y seguir sus intentos de extraer los fermentos de las células de levadura y producir así una fermentación sin la presencia de células vivas, algo imposible, claro, ya que la fermentación era una expresión de la fuerza vital de la levadura y se producía en el interior de la célula.</p>

<p>Pero lo consiguió.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/January/eduard-buchner-2.jpg" alt="Eduard Buchner" /></p>

<p>Buchner utilizó células de levadura seca (seca por fuera, claro), que pulverizó junto con cuarzo y diatomita para romper las paredes celulares. Como consecuencia, la mezcla se volvía húmeda, ya que el interior de las células de levadura se vertía en ella al romperse las paredes. Posteriormente, Buchner empleó prensas para &#8220;exprimir&#8221; esta mezcla y tener así únicamente el líquido, sin restos de células &#8211;que estaban todas muertas en cualquier caso, al haberse roto las paredes, pero bueno&#8211;. Como resultado final del proceso, el bávaro tenía una especie de &#8220;jugo de levadura sin levadura&#8221;, en el que esperaba que se encontrarían la sustancia o sustancias químicas responsables de la fermentación.</p>

<p>A continuación, Buchner mezcló este líquido con las sustancias orgánicas que la levadura era capaz de fermentar, como distintos azúcares. <strong>Y la fermentación se produjo</strong>. Empezó a producirse dióxido de carbono, y tras la fermentación, los azúcares se habían convertido en alcoholes, exactamente igual que cuando las células de levadura realizaban el proceso, ¡pero sin las células!</p>

<p>Buchner había realizado, en un laboratorio, una reacción química considerada hasta entonces fuera del alcance de esta disciplina, ya que era parte del &#8220;milagro de la vida&#8221;. ¡Zas! En toda la boca. Pero, en términos algo más modernos, ¿qué había conseguido Buchner?</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2011/January/s-cerevisiae.jpg" alt="Saccharomyces cerevisiae" />
<br />
<em>Saccharomyces cerevisiae al microscopio (dominio público).</em></p>

<p>Había partido de células de <em>Saccharomyces cerevisiae</em>, la levadura comúnmente empleada para fermentar cerveza y vino. Este hongo unicelular utiliza diversos compuestos para catalizar determinadas reacciones químicas que emplea en su nutrición, es decir, distintas <em>enzimas</em>. Una mezcla de ellas es la que convierte la <em>glucosa (C<sub>6</sub>H<sub>12</sub>O<sub>6</sub>)</em> en <em>etanol (C<sub>2</sub>H<sub>5</sub>OH)</em>, el alcohol del vino; ese conjunto de enzimas recibe el nombre de <strong>zimasa</strong>, y fue eso lo que Buchner extrajo al triturar la levadura y luego exprimir la mezcla. La reacción química viene a ser algo así:</p>

<p>C<sub>6</sub>H<sub>12</sub>O<sub>6</sub> + zimasa &rarr; 2C<sub>2</sub>H<sub>5</sub>OH + 2CO<sub>2</sub></p>

<p>El resultado es, por un lado, alcohol etílico (etanol), y por otro, dióxido de carbono. Y esta reacción es la que empleamos cuando queremos una cosa, la otra o las dos. Por ejemplo, en el caso de la cerveza, queremos ambas cosas, mientras que en el vino sólo queremos el etanol y nos libramos del CO<sub>2</sub>. Tal vez te estés preguntando con todo esto, por cierto, por qué diablos no nos emborrachamos al comer pan, ya que la masa sube por esta misma reacción, que genera burbujas de CO<sub>2</sub>&#8230; y bastante alcohol, claro. La razón es que el etanol tiene una temperatura de ebullición bastante baja, y en el horno se evapora prácticamente todo: en el pan, al final, no hay ni etanol ni dióxido de carbono, puesto que la razón de que empleemos levadura es simplemente &#8220;estructural&#8221; (ahuecar el pan con burbujas) y no nos interesan las sustancias formadas.</p>

<p>Pero la importancia del trabajo de Buchner va mucho más allá de la posibilidad de producir etanol de manera &#8220;artificial&#8221; (aunque fuera con enzimas procedentes de seres vivos): se trata, como en Premios de Química anteriores, del <strong>desmoronamiento de las barreras entre lo biológico y lo no biológico</strong>. Buchner continúa la desmitificación de la vida como misterio: no sólo porque, tras él, podamos explicar en términos químicos algo que antes se debía a la &#8220;fuerza vital&#8221;, sino porque lleva a la conclusión de que, incluso lo que no conocemos aún &#8211;en tiempos del propio Buchner, los detalles de la misma fermentación, que no se conocían&#8211;, <em>podemos conocerlo</em>. Hay una diferencia radical entre <em>&#8220;no conocemos tal cosa aún&#8221;</em> y <em>&#8220;no podemos conocer tal cosa porque se escapa de los límites del conocimiento científico&#8221;</em>.</p>

<p>Como sucedió en el caso del premio de Física, el Premio Nobel de Química no tuvo una ceremonia al uso debido a la muerte del rey Óscar de Suecia unos días antes, pero disponemos del discurso escrito, que hubiera sido leído por el Presidente de la Real Academia Sueca de las Ciencias, K. A. H. Mörner, el 10 de diciembre de 1907. Como siempre, te recomiendo que lo leas aunque se haga un poco pesado por el lenguaje:</p>

<blockquote>
  <p>El Premio Nobel de Química de este año ha sido otorgado al Profesor Eduard Buchner por su trabajo en la fermentación.</p>
  
  <p>Durante mucho tiempo, tanto los químicos como los biólogos han considerado un logro particularmente significativo el hecho de conseguir abrir a la investigación química un nuevo tipo dentro de los procesos químicos que tienen lugar en los organismos vivos. Con cada paso en esta dirección, el carácter desconcertante de los procesos biológicos disminuye, mientras que por otro lado las leyes químicas adquieren una aplicación más amplia. Cada vez que el campo de investigación se expande en esta dirección, más estrecho se vuelve el territorio cuya frontera no podemos traspasar, ya que, como solía decirse, los fenómenos en ese territorio estaban gobernados por leyes especiales, no visibles aún para nosotros y controladas por un tipo particular de la llamada &#8220;fuerza vital&#8221;.</p>
  
  <p>Durante mucho tiempo, los investigadores más preclaros en el campo de la química se han opuesto a la idea de que los procesos químicos en los seres vivos tengan una posición tan excepcional, y han otorgado por tanto su pleno reconocimiento a los trabajos de este tipo, ya que ofrecen un apoyo directo a sus posturas.</p>
  
  <p>En este aspecto nosotros, en Suecia, nos sentimos obligados a hacer énfasis en las afirmaciones realizadas por Berzelius. Además de su actividad creativa en la química general, Berzelius estaba muy interesado en los procesos químicos en los organismos vegetales y animales. Respecto a éstos era de la opinión de que eran más complejos y más difíciles de comprender que las reacciones químicas independientes de los seres vivos. Sin embargo, de ningún modo se sumaba a la postura prevalente en la época de que su naturaleza era diferente y que, por tanto, deben seguir leyes completamente diferentes de los anteriores.</p>
  
  <p>Berzelius tenía también especial predilección por tomar parte en el trabajo en este campo de la química cuando tenía tiempo. Daba gran importancia a los logros de otros. Como ejemplo de esto, recuerdo la respuesta de Berzelius a Wohler, cuando este último mencionó su desaliento al no haber sido el primero en descubrir el vanadio, un descubrimiento del que estuvo cerca pero que no consiguió realizar, ya que no completó el trabajo que había empezado. Berzelius lo consoló con palabras amistosas. Al mismo tiempo, señaló el mérito de Wohler en la explicación de la formación de sustancias orgánicas, algo por entonces aún en ciernes. Al referirse a un artículo de Wohler y Liebig que acababa de aparecer sobre el ácido ciánico y la urea, Berzelius afirmó que cualquiera que hubiera publicado algo así podría permitirse perfectamente no descubrir ningún elemento. Podría, escribe Berzelius, haber descubierto diez elementos desconocidos sin necesitar tanta genialidad como para producir el trabajo al que se refería.</p>
  
  <p>Desde 1813, cuando se escribieron esas palabras, este campo se ha expandido enormemente en muchas direcciones; se ha descubierto que es posible retirar el velo que había cubierto hasta ahora los fenómenos de la vida orgánica. Así, un gran número de sustancias, que en la época en cuestión se suponía que podían ser producidas únicamente por organismos vivos, pueden ahora prepararse sintéticamente. Cuando nos referimos, sin embargo, a los procesos internos que tienen lugar durante la formación y conversión de estas sustancias en los organismos vivos, debemos admitir que nuestro conocimiento está muy lejos de ser completo. Es cierto que ya no se dice que los seres vivos estén gobernados por una &#8220;fuerza vital&#8221; especial, pero muy a menudo tenemos que conformarnos, incluso hoy en día, con otra expresión que, en su significado literal, no difiere mucho de la primera. Se dice frecuentemente en la actualidad que este proceso o aquél deben considerarse &#8220;fenómenos vitales&#8221; o &#8220;expresión vital&#8221; en ciertas células. Desgraciadamente, debemos reconocer el hecho de que, en esto, estamos fundamentalmente proporcionando un término en vez de una explicación más profunda. Es cierto, desde luego, que los territorios fronterizos en los que la investigación química intenta penetrar hoy día los fenómenos complejos y místicos relacionados con la vida están mucho más allá de donde estaban en 1813. Mientras tanto, sigue siendo un hecho que debemos un reconocimiento incondicional y considerable a los trabajos en el que este campo ha llevado la investigación química un paso más allá.</p>
  
  <p>Esto es aplicable al trabajo que es objeto del Premio Nobel que nos ocupa; intentaré explicar de qué se trata en pocas palabras.</p>
  
  <p>Durante mucho tiempo, los químicos han prestado gran atención a los fenómenos que hoy llamamos fermentación. Bajo este nombre incluimos un gran número de procesos químicos que tienen lugar en los organismos vivos, y por los que son de la mayor importancia. Normalmente se trata de procesos de descomposición en los que sustancias complejas se rompen bajo la influencia de agentes que llamamos fermentos. Estos fermentos actúan, por así decirlo, por su mera presencia. Sin ser transformados ellos mismos, causan determinados cambios en otras sustancias, y el efecto de cada fermento está limitado a una cierta sustancia o aun cierto grupo de sustancias. Una propiedad importante de los fermentos es el hecho de que bajo ciertas condiciones, como las que existen en los seres vivos, tienen una acción muy poderosa, mientras que en otras frecuente y fácilmente se vuelven ineficaces. Puesto que, por otro lado, con ayuda de la química, pueden producirse procesos químicos que se parecen a la acción de los fermentos &#8211;muchos ejemplos de lo cual están disponibles&#8211; a menudo sucede que, para este propósito, son necesarios agentes cuya naturaleza los hace completamente ajenos a, y a menudo incompatibles con, las condiciones en los seres vivos.</p>
  
  <p>En los últimos tiempos, particularmente, el avance en nuestro conocimiento ha hecho probable que haya procesos fermentativos en un alto grado, que producen la transformación de las sustancias en los seres vivos y por tanto controlan esta condición de la vida. Igual que la ciencia química ha adquirido, durante el último siglo, un extenso conocimiento de la composición y estructura de las sustancias orgánicas, es esencial ahora un conocimiento profundo de la naturaleza y acción de los fermentos, de modo que esta ciencia pueda estar en posición de dominar las leyes de la formación y disociación de sustancias en el organismo.</p>
  
  <p>Mientras tanto, conocemos estos fermentos hasta ahora sólo por los efectos que producen. Su naturaleza última y su constitución interna aún nos son desconocidas. Esperamos, sin embargo, que la solución a este enigma sea objeto de un futuro Premio Nobel.</p>
  
  <p>Se han observado un gran número de fermentaciones. Esto sucede, por ejemplo, con los fermentos que existen en estado disuelto en las secreciones descargadas en el sistema digestivo y que ejercen tan gran influencia allí. Ha sido así posible obtener una experiencia empírica considerable acerca de estas fermentaciones.</p>
  
  <p>Sin embargo, otro grupo de fermentaciones sólo se ha observado en presencia de células vivas. A este grupo pertenece, entre otras, la descomposición del azúcar en alcohol y dióxido de carbono, bajo la acción de levadura ordinaria. La conexión entre esta fermentación y la presencia de células vivas de levadura parecía tan irresoluble que este fenómeno de fermentación se consideraba una &#8220;expresión vital&#8221; de las células. Este proceso parecía, por tanto, inaccesible a una investigación más detallada.</p>
  
  <p>Hasta Pasteur, esta postura era aceptada y generalmente adoptada en los círculos científicos.</p>
  
  <p>El servicio inolvidable proporcionado por Pasteur fue mostrar que hay organismos vivos que originan la putrefacción y la fermentación y otros procesos de gran relevancia. Pasteur, que se distinguía no sólo por el genio de sus ideas sino también por un gran talento como experimentador, intentó también &#8211;especialmente en lo que se refiere a la fermentación del alcohol común&#8211; investigar la relación intrínseca entre el proceso y los organismos en este caso. En particular, trató de responder a la pregunta de si la fermentación del alcohol se debía fundamentalmente a un fermento producido por las células de levadura, en cuyo caso este fermento debe poder ser separado de ellas y funcionar independientemente de la presencia de células vivas de levadura. Sin embargo sus experimentos, como los de otros, sobre la existencia de un fermento soluble de este tipo dieron resultados negativos. Se consideró por tanto confirmada la opinión de Pasteur de que el proceso químico de la fermentación del alcohol era una expresión vital de las células de levadura y estaba, por tanto, inextricablemente unido a la vida. Esta opinión prevaleció durante décadas.</p>
  
  <p>Por tanto, aunque Pasteur adquirió fama inmortal por su brillante descubrimiento sobre la relevancia de los seres vivos como la causa última de estos procesos, puso freno al progreso científico en este campo al establecer el concepto vitalista en el proceso de la fermentación. Mientras la fermentación se consideró una &#8220;expresión vital&#8221;, y por tanto un fenómeno inseparable de la vida, no había mucha esperanza de poder penetrar más profundamente en la cuestión de su mecanismo de acción. Debe además recordarse que esto es de gran importancia, ya que no sólo concierne a la fermentación alcohólica sino a un gran grupo de procesos muy importantes.</p>
  
  <p>Bajo estas circunstancias, puede comprenderse fácilmente la gran sensación causada cuando E. Buchner, tras muchos años de trabajo, consiguió probar que la fermentación alcohólica podía producirse a partir de los jugos extraídos de las células de levadura, sin la presencia de dichas células. Demostró así de manera fehaciente que esta fermentación se debía a un fermento químico producido por las células de levadura, de las que podía separarse. La fermentación no es una expresión vital directa de las células de levadura; las células pueden destruirse, pero el fermento permanece.</p>
  
  <p>A partir del trabajo de Buchner, la fermentación mencionada y otros procesos análogos se han liberado de los grilletes que los retenían y que impedían el progreso en la investigación. Hoy en día no se encuentra particular dificultad en obtener, a partir de las células de levadura y otras, una amplia variedad de sustancia celular activa independiente de células vivas. Se han realizado muchas investigaciones clarificadoras sobre sus propiedades, en parte por el propio Buchner y en parte por otros. Territorios hasta ahora inaccesibles han entrado ahora en el campo de la investigación química, y se abren vastas expectativas a la ciencia química.</p>
</blockquote>

<p>También disponemos del discurso de Eduard Buchner, pronunciado el 11 de diciembre en la ceremonia privada en la que se le entregó el Premio, y puedes leerlo aquí: <a href="http://eltamiz.com/images/2011/January/buchner.pdf" class="lipdf">buchner.pdf</a>.</p>

<p>En la próxima entrega de la serie, el Premio Nobel de Física de 1908.</p>

<p><a href="http://eltamiz.com/libros/" class="liimagelink"><img src="http://eltamiz.com/images/books-banner.png"/></a></p>

<p>Para saber más (esp/ing cuando es posible):</p>

<ul>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/chemistry/laureates/1907/#" class="liexternal">Página oficial del Premio Nobel de Química de 1907</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eduard_Buchner" rel="nofollow" class="liwikipedia">Eduard Buchner</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Eduard_Buchner" rel="nofollow" class="liwikipedia">Eduard Buchner</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fermentación_alcohólica" rel="nofollow" class="liwikipedia">Fermentación alcohólica</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ethanol_fermentation" rel="nofollow" class="liwikipedia">Ethanol fermentation</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vitalismo" rel="nofollow" class="liwikipedia">Vitalismo</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Vitalism" rel="nofollow" class="liwikipedia">Vitalism</a></li>
</ul>
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		<item>
		<title>Premios Nobel &#8211; Física 1907 (A. A. Michelson)</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 14:04:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Física]]></category>
		<category><![CDATA[Premios Nobel]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras saborear los Premios Nobel de Física y Química de 1906 (uno concedido a J. J. Thomson y otro a Henri Moissan), hoy continuamos con la serie pero, naturalmente, un año más tarde. Nos encontramos ya en 1907 y el receptor del Nobel de Física de ese año fue Albert Abraham Michelson &#8211;más conocido simplemente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras saborear los <a href="http://eltamiz.com/premios-nobel/" class="liinternal">Premios Nobel</a> de Física y Química de 1906 (uno concedido a <a href="http://eltamiz.com/2010/09/08/premios-nobel-fisica-1906-j-j-thomson/" class="liinternal">J. J. Thomson</a> y otro a <a href="http://eltamiz.com/2010/10/13/premios-nobel-quimica-1906-henri-moissan/" class="liinternal">Henri Moissan</a>), hoy continuamos con la serie pero, naturalmente, un año más tarde. Nos encontramos ya en 1907 y el receptor del Nobel de Física de ese año fue <strong>Albert Abraham Michelson</strong> &#8211;más conocido simplemente como A. A. Michelson&#8211;, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,</p>

<blockquote>
  <p>Por sus instrumentos ópticos de precisión y las investigaciones espectroscópicas y metrológicas realizadas con ayuda de éstos.</p>
</blockquote>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/michelson.jpg" style="float:right" alt="Albert Michelson" /></p>

<p>Es muy probable que hayas oído hablar ya de A. A. Michelson en relación con la relatividad einsteiniana por el experimento de Michelson-Morley, y de él hablamos en ese contexto <a href="http://eltamiz.com/2007/05/13/relatividad-sin-formulas-preludio/" class="liinternal">hace ya mucho tiempo en <em>El Tamiz</em></a>. Aunque sigue sin estar claro si Einstein conocía los resultados del experimento de Michelson y Morley cuando elaboró su teoría, hoy en día se considera el experimento de estos dos físicos como de una relevancia tremenda como uno de los &#8220;flecos&#8221; de la Física clásica que el buen Albert destruyó con sus postulados&#8230; pero, aunque el experimento se produjo en 1887, el Nobel que recibió Michelson en 1907 no se debió a ese experimento, sino a su trabajo general en interferometría. De hecho, como verás al final cuando leas el discurso de presentación del Premio, <em>el experimento por el que casi todo el mundo conoce a Michelson no es siquiera mencionado</em> &#8211;de hecho, muchos lo consideraban un fracaso&#8211; entre sus logros.</p>

<p>Pero, sin embargo, tan injusto era entonces no darle importancia a ese experimento como lo es ahora hablar sólo de él e ignorar el resto de logros de Michelson, tal vez no espectaculares desde el punto de vista teórico, pero sí como fundamento experimental para una enorme cantidad de descubrimientos posteriores. <em>¿Qué es más provechoso para la humanidad, un descubrimiento concreto y espectacular, o uno no tan impresionante pero que actúa de &#8220;semilla&#8221; para muchos otros?</em> Mi objetivo hoy, por tanto, es tratar de poner de manifiesto la importancia del cuidado, el ingenio y la minuciosidad de Michelson como físico experimental y, de paso, disfrutar con el cambio filosófico en cuanto a la metrología se refiere que se venía dando por la época, y cómo Michelson contribuyó a llevar ese cambio a la práctica.</p>

<p>Albert Michelson nació en 1852 en Strzelno, en lo que entonces era Prusia y hoy es Polonia. Sus padres emigraron a los Estados Unidos cuando el pequeño Albert sólo tenía dos años, y allí fue donde creció y se educó. Estudió Física en general, y bastante óptica en particular, en la Academia Naval de la Marina estadounidense, y posteriormente recibió formación adicional en Europa. Desde bastante pronto se interesó especialmente por la medición de la velocidad de la luz &#8211;un asunto del que no vamos a hablar hoy, ya que no tiene que ver con el Nobel que recibió en 1907&#8211; y, para lograr ese y otros objetivos, por la <em>interferometría</em>, de la que sí hablaremos largo y tendido hoy: el Nobel lo recibió en parte por la construcción de los interferómetros más precisos, con mucha diferencia, de los que habían existido hasta entonces &#8211;que permitieron realizar multitud de nuevos descubrimientos a lo largo del siglo XX&#8211;, y en parte por el trabajo que él mismo consiguió realizar con esos interferómetros. Pero <em>¿qué demonios es un interferómetro?</em></p>

<p>Si llevas tiempo con nosotros, ya tienes una idea de lo que es, puesto que hablamos del asunto al describir el experimento mental del <a href="http://eltamiz.com/2010/07/21/cuantica-sin-formulas-el-detector-de-bombas-de-elitzur-vaidman/" class="liinternal">detector de bombas de Elitzur-Vaidman</a> hace unos meses. Dicho mal y pronto, un interferómetro es un instrumento óptico que se aprovecha de las interferencias para medir o detectar cosas que, de otra manera, nos sería imposible ver. De modo que, para entender cómo funciona uno, hay que tener una cierta idea de lo que es una interferencia. ¡Ay, algún día llegará un bloque de óptica, pero por ahora lo explicamos de pasada! Puedes leer el artículo del detector de bombas y, luego, seguir con éste, ya que en ambos mencionamos el tema y si no lo entiendes bien con uno, espero que los dos juntos te aclaren las cosas.</p>

<p>Una onda es básicamente el viaje de algún tipo de perturbación por el espacio. Por ejemplo, si tú sujetas el extremo de una cuerda y un amigo el otro extremo, y le das un buen golpe de arriba a abajo a la cuerda, creas una &#8220;cresta&#8221; que viaja desde ti hacia tu amigo. Lo que se mueve de uno a otro no es, naturalmente, la cuerda, que al final termina en el mismo sitio que estaba al principio: lo que viaja es energía en forma de una perturbación sobre la cuerda, que se van pasando unas partículas de la cuerda a las otras. En otras palabras: la onda es el &#8220;empujón&#8221; que le has dado a la cuerda, viajando por ella (más estrictamente, has generado un <em>pulso de onda</em>, pero eso es lo de menos ahora mismo).</p>

<p>Pero <em>¿qué pasa si tú le das un golpe así a la cuerda, creando una onda que viaja desde ti hacia tu amigo, y él hace lo mismo hacia ti?</em> Entonces, tu amigo recibe la onda que tú has generado, y tú recibes la que ha generado él. Pero, puesto que una y otra viajan en sentidos contrarios, hay algún momento en el que se cruzan. Y, en ese lugar y en ese instante, ambos pulsos ocupan el mismo punto y sus efectos sobre la cuerda se solapan: se ha producido una <strong>interferencia</strong> entre los dos pulsos de onda. Lo que sucede ahí puede tomar muchas formas dependiendo de la naturaleza de las dos ondas. Por ejemplo, si ambos le proporcionáis el mismo empujón a la cuerda, creando pulsos de onda idénticos, y lo hacéis exactamente a la vez, las dos crestas se encontrarán justo en el centro de la cuerda: una de ellas &#8220;empuja la cuerda hacia arriba&#8221;, y la otra hace exactamente lo mismo y a la vez, con lo que la cresta se hace &#8220;doble&#8221;; es lo que se denomina <em>interferencia constructiva</em>. Mejor que mis pobres palabras es verlo con tus propios ojos:</p>

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<p>Naturalmente, una vez las dos ondas siguen su camino, cada una se comporta como antes. En el vídeo de arriba puede parecer que las dos ondas &#8220;se chocan&#8221; y vuelven por donde vinieron, pero no es así: tras el encuentro siguen su camino como si nada hubiera pasado, puesto que, al fin y al cabo, no ha habido ninguna interacción entre ellas, sino más bien una superposición de sus efectos sobre la cuerda. En cualquier caso, también podríais hacer lo mismo pero, en vez de dar ambos empujones hacia arriba, hacerlo uno hacia arriba y el otro hacia abajo. En ese caso, los efectos son justo contrarios y, al encontrarse ambas ondas, empujan la cuerda en sentidos contrarios y en ese punto no hay cresta; se ha producido una <em>interferencia destructiva</em>:</p>

<object width="700" height="525"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/URRe-hOKuMs&amp;rel=0"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/URRe-hOKuMs&amp;rel=0" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="700" height="525"></embed></object>

<p>Es mucho más fácil visualizar estas interferencias en cuerdas, pero se producen en cualquier tipo de ondas: sonoras, luminosas, lo que sea. Naturalmente, lo que en el caso de la cuerda es la altura de la cresta está relacionada con otras cosas en diferentes tipos de ondas: en el sonido, con el volumen, en la luz, con la intensidad luminosa, etc., pero el fenómeno es básicamente el mismo. Y es un fenómeno muy interesante en sí mismo, pero Michelson lo empleó con un propósito específico, que tal vez no sea evidente así, de primeras: <strong>medir distancias</strong> con una precisión extraordinaria.</p>

<p>Para entender cómo es posible medir distancias empleando interferencias, imagina que hacemos algo parecido a los ejemplos de arriba con la cuerda, pero en vez de dar un simple empujón, generando una sola cresta, subes y bajas la cuerda de forma continua, formando una serie de crestas y valles que avanzan constantemente por la cuerda, es decir, una onda como Dios manda. Y tu amigo del otro extremo, por supuesto, hace lo mismo. Si lo hacéis como en el primer ejemplo, es decir, subiendo y bajando simultáneamente, y la cuerda tiene la longitud adecuada, pasa algo bastante intuitivo. Si nos fijamos en el centro de la cuerda (cosas parecidas pasan en otros lugares, pero observemos sólo el centro, que es más sencillo), allí veremos una &#8220;onda doble&#8221;, con gran altura, debido a la interferencia constructiva entre ambas ondas.</p>

<p>Si le ponemos un lacito rojo a ese punto de la cuerda, el lacito rojo subirá y bajará como un poseso, sometido a la superposición constructiva de ambas ondas. He dibujado en azul la onda que hace tu amigo y en amarillo la tuya, y pido disculpas por el patético dibujo del lacito. Debajo ves el resultado, con el lacito subiendo y bajando violentamente:</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/interferom-cons.png" alt="Interferom 1, constructiva" /></p>

<p>Ojo avizor al siguiente párrafo, porque aquí está la clave de la cuestión. Es esencial que lo entiendas y lo imagines antes de poder comprender los instrumentos ópticos de Michelson.</p>

<p>Imagina que dejamos todo como está: el lacito rojo no lo tocamos, y tu amigo y tú seguís haciendo exactamente lo mismo&#8230; pero alargamos un poco la cuerda por tu extremo. Según tu amigo y tú subís y bajáis la cuerda simultáneamente&#8230; el pobre lacito rojo ahora recibe <strong>la onda de tu amigo justo arriba cuando la tuya llega justo abajo</strong> (la suya en cresta, la tuya en valle):</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/interferom-dest.png" alt="Interferom 2, destructiva" /></p>

<p>El lacito sufre una interferencia destructiva. Y la razón es que ahora la onda de tu amigo y la tuya, aunque empezaron haciendo lo mismo, ya no recorren la misma distancia, sino que <em>la tuya recorre un poco más</em>: justo la distancia entre una cresta y un valle.</p>

<p>Hemos pasado de una interferencia constructiva a una destructiva alargando la cuerda un poco. Y, si volviéramos a alargar la cuerda la misma distancia otra vez &#8211;de valle a cresta&#8211;, entonces volveríamos a estar exactamente igual que al principio. El lacito, desde luego, no estaría en el centro de la cuerda, pero le llegaría una cresta de tu amigo junto con una cresta tuya, de modo que la interferencia sería una vez más constructiva y los efectos se sumarían. ¿Ves cómo podrías medir distancias así?</p>

<p>Imagina, por ejemplo, que las ondas que generáis tu amigo y tú tienen una distancia de 50 cm entre cresta y valle; por usar términos un poco más técnicos, entre cresta y cresta habría 1 metro, es decir, la <em>longitud de onda</em> de las ondas que generáis sería de 1 m. Por tanto, cada vez que tú te alejes de tu amigo 50 cm, el lacito rojo pasará de interferencia constructiva a destructiva y viceversa. Un cambio de 1 metro, naturalmente, deja las cosas como están. Si en el suelo ponemos una marca en un punto determinado y otra más alejada de tu amigo en otro sitio distinto, <strong>puedes medir la distancia entre ambos puntos alejándote lentamente de tu amigo y simplemente mirando lo que hace el lacito rojo</strong>.</p>

<p>El lacito, inicialmente, sube y baja como loco, con interferencia constructiva. Te alejas unos pasitos&#8230; y el lacito no se mueve: interferencia destructiva. Eso significa que te has alejado 50 cm. Sigues andando hacia atrás, soltando más y más cuerda tras de ti, y ves como el lacito se agita más y más hasta volver al máximo de oscilación, y luego se hace menos y menos violento hasta pararse, y así unas cuantas veces. Contando el número de veces que sucede el ciclo completo (constructiva-destructiva-constructiva) estás contando longitudes de onda. Y, puesto que la longitud de onda es de 1 metro, puedes así conocer la distancia entre las dos marcas del suelo. <em>&#8220;Hay siete longitudes de onda&#8221;</em>, podrías decir, lo cual es una manera un tanto extravagante de decir que hay siete metros en este caso, claro.</p>

<p>Y, antes de que protestes: sí, medir siete metros de este modo es una estupidez, puesto que basta con medir la distancia con la misma cuerda o con un metro y punto. La interferometría que empleaba Michelson no servía para medir el tamaño de habitaciones, ni las ondas que empleaba tenían una longitud de onda de un metro, ni mucho menos. Recuerda: las interferencias las pueden sufrir <em>todas las ondas</em>, y conocemos algunas muy, muy pequeñas. Por ejemplo, una luz monocromática determinada puede tener una longitud de onda de 500 nanómetros, es decir, 0,000&nbsp;000&nbsp;005 metros. Si midieras una distancia de siete longitudes de onda con ella, estarías midiendo una distancia de 0,000&nbsp;000&nbsp;035 metros, ¡toma castaña! <em>¿Podrías medir una distancia así con un metro?</em></p>

<p>Pues ahí está el genio de todo esto: en que las ondas son muy sensibles a cambios del tamaño de su longitud de onda, y los efectos de esos cambios se hacen muy evidentes incluso para seres de sentidos tan burdos como los nuestros. Basta tomar ondas de longitud minúscula y realizar pequeños cambios sobre ellas &#8212; las ondas, por decirlo mal y pronto, &#8220;amplifican&#8221; esos cambios y nos hacen conscientes de que se han producido, incluso aunque no seamos capaces de percibirlos directamente&#8230; y todo esto con una precisión numérica increíble.</p>

<p>Michelson construyó interferómetros que empleaban luz de una longitud de onda conocida y dividían el haz de luz en dos, que viajaban en direcciones diferentes y podían recorrer distancias distintas en su viaje. De este modo, observando la alternancia entre brillo máximo y mínimo en la interferencia entre ambos haces (interferencia constructiva y destructiva), podía medir distancias como múltiplos de la longitud de onda empleada, que era minúscula al tratarse de luz, claro. Aquí tienes el diagrama de uno de sus interferómetros realizado por el propio Michelson, con algunas líneas añadidas por mí para la explicación:</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/interferometro.png" alt="Interferómetro de Michelson" /></p>

<p>La luz entra en el interferómetro tras pasar por la rendija <em>d</em>, y llega a la superficie semiespejada <em>e</em>. Allí el haz de luz se divide: parte de él (más o menos la mitad, que he dibujado en rojo) atraviesa <em>e</em>, se refleja en el espejo <em>g</em>, vuelve a <em>e</em> y luego se refleja en él y alcanza el detector <em>h</em>. La otra mitad, que he dibujado en azul, se refleja en <em>e</em>, sube hasta <em>f</em>, se refleja allí y luego baja atravesando <em>e</em> y llegando al detector <em>h</em>.</p>

<p>Puede parecer complicado pero, si lo piensas, es básicamente la misma situación que la de tu amigo, la cuerda y tú. En aquel caso decíamos que tu amigo y tú batíais la cuerda exactamente a la vez, pero la clave del genio de Michelson era precisamente la precisión casi obsesiva: ¿cómo estar seguros de que es exactamente a la vez? <em>¡Haciendo que sea la misma fuente!</em> Utilizamos el mismo haz de luz inicialmente y lo dividimos en dos &#8211;en el dibujo, rojo y azul&#8211;. Luego, el espejo <em>f</em> puede moverse hacia arriba o hacia abajo. Según lo movamos hacia arriba, el camino del haz de luz rojo seguirá siendo exactamente el mismo que al principio, <em>pero el azul recorrerá más</em>. De hecho, el azul recorrerá el doble de la distancia que movamos el espejo (pues tiene que ir y volver, recorriendo el exceso dos veces).</p>

<p>Además de la precisión extrema en la construcción del aparato, hace falta una fuente de luz adecuada, claro: en el ejemplo de la cuerda, tu amigo y tú hacíais ondas de una longitud determinada, y aquí hace falta lo mismo. Para lograrlo, en los interferómetros suele emplearse luz emitida con una longitud de onda concreta y conocida &#8211;por ejemplo, calentando algún elemento químico&#8211; o absorbiendo la mayor parte de las longitudes de onda excepto la que nos interesa antes de que la luz llegue al interferómetro.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/interferometro-moderno.jpg" alt="Interferómetro moderno de Michelson" />
<br />
<em>Interferómetro de Michelson moderno (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/User:Falcorian" rel="nofollow" class="liwikipedia">Falcorian</a>/<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.en" class="liexternal">CC 3.0 License</a>).</em></p>

<p>Michelson no fue el descubridor del fenómeno de interferencia ni de la interferometría, pero sí fue capaz de desarrollar un interferómetro de una precisión y utilidad sin precedentes hasta entonces. Hoy en día suelen ser más útiles otros tipos de interferómetros, pero el suyo supuso, en sí mismo, un gran avance en el instrumental óptico disponible para los físicos. Este tipo de aparato es el que empleó, junto con Morley, en el famoso intento de determinar la velocidad de la Tierra a través del éter luminífero, e interferómetros conceptualmente idénticos se siguen empleando hoy en día, por ejemplo, para tratar de detectar <a href="http://eltamiz.com/2007/12/18/el-graviton/" class="liinternal">ondas gravitacionales</a>.</p>

<p>El caso es que, empleando sus aparatos ópticos de precisión &#8211;el interferómetro que hemos descrito aquí y otros conceptualmente similares&#8211;, entre otras cosas Michelson fue capaz de traer paz a las mentes de los físicos de todo el mundo, que tenían &#8211;y siguen teniendo en otro caso, como veremos luego&#8211; un grave problema.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/metro.jpg" style="float:right" alt="Metro patrón" /></p>

<p>El Sistema Internacional de Unidades, por el que se definen las unidades de medida empleadas en ciencia, utilizaba como patrón de longitud para definir el metro una barra metálica guardada en París (a la derecha). &#8220;Un metro&#8221; era &#8220;la longitud de <em>esta</em> barra&#8221;. Pero claro, <em>¿y si la barra sufría alguna alteración al cabo de los años? ¿Y si en una guerra o por cualquier otra razón alguien la destruía o se perdía? ¿Era una buena idea dejar el objeto que definía una unidad en manos de un país determinado?</em> Desde luego, había copias del metro prototipo, pero sólo tenían cierta precisión, y todas estaban sometidas a la autoridad última de El Metro.</p>

<p>De modo que Michelson empleó luz emitida por cadmio metálico incandescente para determinar cuántas longitudes de onda había en el &#8220;metro estándar&#8221;. Su resultado: 1&nbsp;553&nbsp;393,3 longitudes de onda. Al realizar esta medida en otros lugares y por otros investigadores, entre ellos científicos franceses que midieron &#8220;El Metro&#8221; con mayúsculas, el error era tan pequeño que era aceptable dentro de los límites de los aparatos de medida y la longitud de onda empleada. Si no miramos más allá, Michelson simplemente había confirmado que el metro patrón medía lo mismo que la copia de la que él disponía, y que la calidad de las réplicas empleadas por los científicos era muy grande.</p>

<p>Pero miremos más allá.</p>

<p>Michelson había encontrado un <strong>procedimiento universal</strong> por el cual en cualquier momento, cualquier científico que tomase cadmio metálico, lo calentase hasta brillar y luego emplease la interferometría y contase el número adecuado de alternancias entre luz y sombra podría crear un objeto de un metro con tal precisión que, si luego sustituyera El Metro por esta copia, ningún científico del mundo podría detectar la diferencia.</p>

<p>No había ya peligro de perder el metro estándar y, de hecho, era posible definir el metro a partir de conceptos universales, como la longitud de onda de emisión del cadmio metálico. Si lo piensas, tras Michelson la definición del metro tradicional suena patéticamente primitiva. No hay comparación posible en elegancia y coherencia entre <em>&#8220;un metro es 1&nbsp;553&nbsp;393,3 veces la longitud de onda emitida por el cadmio metálico&#8221;</em> y <em>&#8220;un metro es esta barra guardada en este sótano de París&#8221;</em>. De hecho, muchos &#8211;Michelson entre ellos&#8211; lucharon largo y tendido por cambiar la definición del metro en el Sistema Internacional aunque, como siempre, hubo quien se resistió a cambiar.</p>

<p>En la práctica, la interferometría se empleó para crear réplicas del patrón físico del metro desde relativamente pronto, pero lo creas o no, hubo que esperar hasta 1960 para abandonar esa barra guardada en un sótano. En ese año se adoptó una definición conceptualmente idéntica a la de Michelson: un número de longitudes de onda de una línea de emisión del kriptón. Posteriormente, en 1983, se cambió la definición a una basada en la velocidad de la luz en el vacío, pero el cambio filosófico &#8211;el abandono de un primitivo patrón material disponible sólo para algunos por una relación física universal&#8211; fue posible gracias al bueno de Albert Abraham Michelson. <em>¿Merece o no el Nobel, aunque no descubriese nada espectacular?</em></p>

<p>Por cierto, aunque parezca mentira, en 2010 seguimos todavía utilizando una de estas definiciones para una unidad del Sistema Internacional &#8211;afortunadamente, la última en mantenerse&#8211;: el kilogramo sigue siendo &#8220;la masa de <em>este</em> objeto guardado en el sótano&#8221;. Es ya tan evidente la limitación de esta definición &#8211;el kilogramo patrón ya no parece tener la misma masa que hace muchos años, para empezar&#8211; que inevitablemente, y tal vez pronto, utilicemos un sistema más <em>á la Michelson</em> y sustituyamos el kilogramo patrón por una definición basada en la constante de Planck&#8230; pero aún no lo hemos hecho. ¡Si Albert levantara la cabeza!</p>

<p>Pero la cosa no acaba aquí&#8230; Michelson también realizó aportaciones de las que crean un antes y un después a la <em>espectroscopía</em>. Años atrás, los físicos Hendrik Antoon Lorentz y Pieter Zeeman ya habían obtenido el <a href="http://eltamiz.com/2009/05/13/premios-nobel-fisica-1902-hendrik-lorentz-y-pieter-zeeman/" class="liinternal">Premio Nobel de Física de 1902</a> por el descubrimiento de lo que hoy llamamos <em>efecto Zeeman</em>, y que no voy a volver a explicar aquí porque ya lo hicimos en aquel artículo. Zeeman y Lorentz habían descubierto algo extraordinario &#8211;y que tenía consecuencias que ellos ni imaginaban, pero de eso hablaremos en su momento&#8211;, pero no habían podido ir más allá porque, desgraciadamente para ellos, no tenían a Michelson diseñando y fabricando sus instrumentos ópticos.</p>

<p>Aunque no voy a entrar en detalles, Michelson fabricó pequeñas redes de difracción con una precisión extraordinaria, empleando puntas de diamante y tornillos y engranajes para grabar líneas paralelas sobre láminas de vidrio con espacios de meras micras entre ellas. Además, se le ocurrió añadir pequeñas láminas de vidrio de tamaños distintos, en forma de escalera, de modo que la luz que incidiese sobre ellas en un punto u otro tuviera que recorrer distancias diferentes dentro del vidrio, con lo que al salir por el otro lado llegaría antes la parte del haz de luz que tuviera que recorrer menos vidrio, y más tarde la parte que tuviera que recorrer más vidrio:</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/escalera.jpg" alt="Escalera" /></p>

<p>Utilizando este tipo de rejillas, Michelson era capaz de tomar líneas espectrales como las observadas por Zeeman y &#8220;hacer zoom&#8221;, separándolas más y más si ponía el suficiente número de laminillas escalonadas. Para que te hagas una idea, fíjate en la línea marcada &#8220;A&#8221; en la primera figura (hay otras líneas, pero fijémonos en A), tras el paso de la luz por distintos instrumentos diseñados por Michelson; primero se hace evidente que A está formada por dos líneas que antes no se veían, A<sub>1</sub> y A<sub>2</sub>, y con mayor resolución se ve que tanto A<sub>1</sub> como A<sub>2</sub> son realmente dobles líneas:</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/lineas.jpg" alt="Líneas espectrales" /></p>

<p>Al emplear los aparatos de Michelson era posible ver con una nitidez y profundidad nunca logradas la naturaleza de la luz emitida y absorbida por los átomos. Estaba a nuestro alcance, por tanto, la manera de conocer los secretos más íntimos de las transiciones electrónicas en ellos, el comportamiento de las cargas eléctricas subatómicas y, conociendo estas cosas, la naturaleza del átomo. Hacían falta años todavía para que este conocimiento floreciese y diera lugar, entre otras cosas, a la mecánica cuántica, pero Michelson tuvo una parte, aunque no sea la más brillante o conocida, en todo ello.</p>

<p>Porque Michelson no elaboró leyes, ni postuló hipótesis revolucionarias. Podríamos decir que otros, como Einstein, fueron nuestro cerebro, mientras que <strong>Michelson fue nuestros ojos</strong>. Antes de él éramos miopes, veíamos un mundo borroso y poco claro, y él refinó nuestra visión hasta conseguir que viéramos detalles que nunca hubiéramos podido adivinar sin él, y mediante esos detalles descubrimos cosas que no encajaban y que revelaban, irónicamente&#8230; un mundo más borroso de lo que nunca hubiéramos imaginado cuando no lo veíamos con nitidez; si no sabes de lo que hablo, hala, <a href="http://eltamiz.com/cuantica-sin-formulas/" class="liinternal">a leer</a>.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/December/michelson-einstein.jpg" alt="Michelson y Einstein" />
<br />
<em>Fotografía tomada en 1931, poco antes de la muerte de Michelson. De izquierda a derecha, Milton Humason, Edwin Hubble, Charles St. John, Albert Michelson, Albert Einstein, W. W. Campbell y Walter S. Adams. </em></p>

<p>A diferencia de otros años, en este caso no hubo una ceremonia pública en la que el Presidente de la Academia pronunciase un discurso elogiando al receptor del Nobel. La razón es que apenas dos días antes de la fecha planeada para la ceremonia, el Rey Óscar II de Suecia murió, con lo que los fastos se cancelaron y Michelson recibió su Nobel en una pequeña recepción privada. Sin embargo, sí disponemos de lo que hubiera sido el discurso del Presidente; como siempre, es una delicia anticuada que merece la pena leer con un poco de calma:</p>

<blockquote>
  <p>La Real Academia de las Ciencias ha decidio otorgar el Premio Nobel de Física de este año al profesor Albert A. Michelson de Chicago, por sus instrumentos ópticos de precisión y las investigaciones que ha realizado con ayuda de éstos en los campos de la metrología de precisión y la espectroscopía.</p>
  
  <p>Con un ánimo incansable y, puede decirse verdaderamente, con brillantes resultados, se está realizando ahora mismo trabajo en todos los campos de investigación en las Ciencias Naturales, y se está adquiriendo información nueva de importancia gradualmente mayor cada día que pasa, con una profusión sin precedentes. Esto es especialmente cierto en el caso de aquellas Ciencias Exactas &#8211;la Astronomía y la Física&#8211; en cuyos campos estamos obteniendo ahora la solución a problemas la mera mención de los cuales, hasta hace muy poco, se consideraba tan irreal como la propia Utopía. La razón de este avance tan gratificante se encuentra en el desarrollo de los métodos y mecanismos de realizar observaciones y experimentos, y también en el aumento en la precisión proporcionada por estos avances en la medición cuantitativa de los fenómenos observados.</p>
  
  <p>La Astronomía, la ciencia de precisión por excelencia, no sólo ha adquirido así ramas totalmente nuevas, pero también ha sufrido en sus partes más antiguas una transformación de significación mucho mayor que cualquier otra desde los tiempos de Galileo; respecto a la Física, se ha desarrollado notablemente como ciencia de precisión, de tal manera que podemos afirmar justificadamente que la mayor parte de los últimos grandes descubrimientos en Física se deben fundamentalmente al alto grado de precisión que puede obtenerse hoy en día al realizar medidas durante el estudio de los fenómenos físicos. Podemos juzgar el nivel que han alcanzado nuestros estándares a partir del hecho de que, por ejemplo, a comienzos del siglo pasado, una precisión de dos o tres centésimas de milímetro en la medición de una longitud se hubiera considerado fantástica. Hoy en día, sin embargo, la investigación científica no sólo exige sino que logra una precisión desde diez a cien veces mayor. Es obvio, por tanto, la importancia fundamental que debe reconocerse en cada paso en esta dirección, pues es la misma raíz, la condición esencial, de nuestra penetración más y más profunda en el interior de las leyes de la Física &#8212; nuestro único camino a nuevos descubrimientos.</p>
  
  <p>Un avance de este tipo es al que la Academia desea dar reconocimiento con el Premio Nobel de Física de este año. Todo el mundo está familiarizado con la significación y el alcance de los usos del telescopio y el microscopio como instrumentos de medida en la Física de precisión; pero se ha alcanzado un límite en la eficacia de estos instrumentos, un límite que no puede excederse de forma apreciable, tanto por razones teóricas como prácticas. La brillante adaptación del profesor Michelson de las leyes de la interferencia luminosa, sin embargo, ha perfecionado un grupo de instrumentos de medida, los así llamados interferómetros, basados en dichas leyes, las cuales anteriormente sólo se habían empleado para usos ocacionales, hasta tal punto que ahora está en nuestra mano un aumento en la precisión de entre veinte y cien veces la que puede obtenerse con los mejores microscopios.</p>
  
  <p>Esto se debe al hecho de que, debido a la naturaleza peculiar de los fenómenos de interferencia, el valor deseado &#8211;normalmente una medida de longitud&#8211; puede obtenerse como un múltiplo de longitudes de onda del tipo de luz empleada en el experimento, directamente mediante la observación en el interferómetro de los cambios en la imagen causados por la interferencia. Mediante este método puede obtenerse una precisión de hasta 1/50 de una longitud de onda &#8211;alrededor de 1/100000 de un milímetro&#8211;. Si recordamos ahora que las cantidades cuya medida se ha hecho posible por este aumento en la precisión &#8211;es decir, pequeñas distancias y ángulos&#8211; son precisamente aquellos que hace falta determinar más a menudo en las investigaciones de Física de precisión, se hace obvio entonces cuán poderosa ayuda se ha presentado al físico en la forma del interferómetro de Michelson &#8212; una ayuda inestimable, no sólo por su eficacia, sino también por la multiplicidad de sus usos.</p>
  
  <p>Para ilustrar este último punto, basta mencionar avances como, por ejemplo, la medición del calor de expansión de los sólidos, la investigación sobre su comportamiento elástico bajo tensión y torsión, la determinación del margen de error de un tornillo micrométrico, la medición del grosor de láminas finas de sólidos o líquidos transparentes, la obtención de la constante gravitacional, la masa y la densidad medias de la Tierra, mediante el uso de balanzas ordinarias y de torsión. Entre los usos más recientes del interferómetro, mediante los cuales pueden medirse pequeñas desviaciones angulares con una precisión de una minúscula fracción de segundo de arco, puede mencionarse la construcción galvanométrica de Wadsworth, con la que pueden medirse corrientes eléctricas de intensidades prácticamente inapreciables con una precisión hasta ahora desconocida. Sin embargo, aunque estos usos del interferómetro son importantes e interesantes, son de importancia relativamente menor si se comparan con la investigación fundamental realizada por el propio profesor Michelson en los campos de la metrología y la espectroscopía con la ayuda de estos instruemntos y las cuales, a la vista de la tremenda influcencia a largo plazo sobre la Física de precisión en su conjunto, merece sin duda ser reconocida con un Premio Nobel.</p>
  
  <p>La metrología se interesa con nada más y nada menos que encontrar un método de controlar la constancia del metro prototipo internacional, la base de todo el sistema métrico, con tal precisión que no sólo sea posible detectar cualquier cambio, independientemente de su magnitud, sino que también sea posible, si el prototipo se perdiera de algún modo, reproducirlo con tal exactitud que ningún microscopio pueda jamás encontrar diferencia alguna con el prototipo original. La significación de este hecho no necesita de mayor énfasis, pero no está de más un esbozo, aunque sea breve, del desarrollo de esta investigación y sus resultados.</p>
  
  <p>Ya he hecho énfasis anteriormente en el hecho de que, con la ayuda del interferómetro, pueden realizarse medidas de pequeñas longitudes con un grado de precisión extraordinario, y que pueden expresarse utilizando la longitud de onda de un tipo de luz como unidad. Además, es posible medir de este modo longitudes de hasta 0,1 metros o más, en condiciones adecuadas, sin que sufra la precisión. De este modo, la investigación de Michelson ha preparado el camino para la medida de un valor de longitud estándar de 10 cm como múltiplo de la longitud de onda de una radiación particular en el espectro del cadmio. A partir del valor obtenido de este modo para el estándar de 10 cm, con un error probable de, como máximo, ± 0,00004 mm, Michelson fue capaz, también utilizando el interferómetro, obtener con esa base la longitud del metro estándar, diez veces mayor, y obtuvo para esta longitud un valor de 1&nbsp;553&nbsp;164,03 longitudes de onda de este tipo para un metro. El error probable de esta medida puede ser, en las condiciones menos favorables, de sólo ± 0,000&nbsp;04 mm &#8211;es decir, menos de una longitud de onda&#8211;, un valor tan pequeño que no puede detectarse directamente con un microscopio.</p>
  
  <p>Las medidas subsiguientes realizadas en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas en París por diferentes observadores, siguiendo un método completamente distinto, mostró que el error era de hecho considerablemente menor. Estas medidas dan para la longitud del metro un valor de 1&nbsp;553&nbsp;164,13 longitudes de onda de este tipo &#8212;  un resultado que difiere del de Michelson en tan sólo 0,1 longitudes de onda, o 0,000&nbsp;06 mm. Es evidente por tanto que la medida de Michelson de la longitud del metro prototipo debe ser exacta al menos con un error de 0,000&nbsp;1 mm y, además, que esta longitud puede verificarse por el uso de sus métodos, o en caso de pérdida del prototipo, reproducido éste, con el mismo grado de precisión en cada ocasión. Finalmente, también se obtiene de esto el hecho de que durante el intervalo de 15 años que ha existido entre ambos grupos de medidas, no se ha producido una variación mensurable en el prototipo. El gran cuidado con el que se ha preservado y cuidado el prototipo le ha proporcionado, al menos, la apariencia de un alto grado de constancia, pero nada más; sólo era posible obtener una prueba real de su constancia si se podía comparar el metro con una medida absoluta de longitud, independiente de cualquier elemento físico que lo defina, la constancia del cual parece, bajo determinadas conciones, garantizada más allá de cualquier sombra de duda. Hasta donde llega nuestro conocimiento actual, ése es el caso de la longitud de onda. Supone para Michelson un honor eterno el hecho de que su investigación clásica fue la primera en proporcionar dicha prueba.</p>
  
  <p>A partir del valor obtenido de este modo para el metro como longitudes de onda de una radiación determinada, es posible ahora obtener, viceversa, valores para estas longitudes de onda en una escala de medida absoluta, con el grado correspondiente de precisión. Esta precisión es excepcionalmente alta, y es de hecho unas cincuenta veces mayor que cualquier cosa obtenida mediante los métodos absolutos en uso hasta ahora para determinar longitudes de onda. La convicción que había ido ganando peso durante mucho tiempo, de que el sistema de longitudes de onda de Rowland, en todo lo demás bastante preciso, y que se ha venido tilizando durante los últimos veinte años como la base exclusiva de toda investigación espectroscópica, tiene sin embargo errores considerables al estudiar los valores absolutos, ha recibido así una confirmación plena; se ha hecho así evidente que es necesaria una valoración cuidadosa de esos valores, utilizando el método de Michelson o cualquier otro método de interferencia similar.</p>
  
  <p>Y así alcanzamos el campo de la espectroscopía, en el que es claro que el interferómetro de Michelson es capaz de ser utilizado de una forma no menos significativa que las que hemos considerado hasta el momento. Éste no es, sin embargo, su único uso. Considerando la claridad casi perfecta con la que aparecen la mayor parte de las líneas espectrales en los espectros de emisión producidos con los potentes espectrocopios de red de difracción de nuestros días, había una buena base para considerar que estas líneas espectrales eran únicas e indivisibles; sin embargo, ése no es el caso. Haciendo uso de su interferómetro, Michelson ha demostrado de hecho que son, por el contrario, en su mayor parte grupos más o menos complejos de líneas muy densamente agrupadas, para cuya resolución la potencia de los espectrómetros más poderosos era totalmente inadecuada. El descubrimiento de esta estructura interna de las líneas espectrales ha llevado a la investigación más cuidadosa con la que Michelson ha contribuido posteriormente, en la forma de la red de difracción inventada por él mismo, una forma de investigación aún más fina que el interferómetro, pertenece sin duda al grupo de los avances más importantes en la historia de la espectroscopía, más aún ya que la naturaleza y condición de la estructura molecular de los cuerpos luminosos está estrechamente relacionada con esta estructura de líneas espectrales. Nos encontramos aquí en el umbral de campos de investigación completamente nuevos, sobre cuyos abismos inexplorados los experimentos de Michelson nos han propoorcionado nuestra primera mirada, y sus experimentos pueden servir al mismo tiempo como guía para aquéllos capaces de llevar su trabajo al siguiente nivel.</p>
  
  <p>Además de la estructura más o menos complicada que se encuentra en las líneas espectrales como consecuencia de la naturaleza interna de los cuerpos luminosos, también es posible dividirlas bajo la influencia de una fuerza magnética en grupos de varias componentes más o menos densamente agrupadas. Hace unos años esta Academia se encontró en la posición de reconocer con el Premio Nobel la primera investigación exhaustiva de este fenómeno, realizada por el profesor Zeeman, de una importantia extraordinaria para las Ciencias Físicas. Mediante el uso de un espectroscopio de gran potencia es posible estudiar este fenómeno en sus aspectos generales; como regla, sin embargo, los detalles son tan sutiles y tan difíciles de detectar que el poder de resolución de ese instrumento no es adecuado para una investigación completa. En este caso el interferómetro &#8211;o la red de difracción de Michelson&#8211; puede utilizarse con mayor eficacia, como el propio Michelson ha demostrado. No puede quedar resto de duda de que a través de este instrumento será posible facilitar de manera sustancial la investigación del Efecto Zeeman.</p>
  
  <p>Sólo he podido dar aquí una breve descripción de los numerosos e importantes problemas cuya solución se nos ha acercado tanto gracias a la poderosa ayuda a la investigación, con su grado de precisión sin precedentes, que hemos recibido en la forma de los instrumentos ópticos de precisión de Michelson. Esta descripción estaría sin duda incompleta si no mencionásemos aquellos usos encontrados de esos instrumentos que se han encontrado ya, y seguro se seguirán encontrando, en el campo de la Astronomía, casi tan importantes como en el caso de la Física. Entre éstos cabe mencionar la serie de medidas de los diámetros de los satélites de Júpiter, que han sido realizadas en parte por el propio Michelson en el Observatorio de Lick, y en parte utilizando la interferometría por parte de Hamy en París &#8212; una serie dentro de la cual hay un acuerdo mucho mayor del que había sido posible alcanzar con observaciones micrométricas normales utilizando los telescopios de refracción más potentes del momento.</p>
  
  <p>De manera similar, no puede haber ninguna duda de que será posible obtener valores considerablemente más precisos al medir el tamaño de los pequeños planetas entre Marte y Júpiter que los que se han obtenido utilizando el método fotométrico de observación, el único disponible hasta el momento, pero que es extremadamente impreciso. El método interferométrico puede ser también de importancia en el estudio de estrellas dobles y múltiples, y de este modo podremos dejar de considerar ese problema como insoluble, como también se ha considerado durante mucho tiempo insoluble el de determinar el diámetro real de al menos las estrellas más brillantes. La Astronomía ha recibido así de la Física, en  el interferómetro &#8211;como antes con el espectroscopio&#8211;, una nueva ayuda a la investigación que parece particularmente adecuada para atacar problemas cuya resolución era hasta ahora imposible, ya que no había ningún instrumento adecuado para ello.</p>
  
  <p>Lo anterior basta, no sólo para explicar a aquellos que no están involucrados estrechamente en estos problemas la naturaleza fundamental de la investigación de Michelson en uno de los campos más difíciles de la Física de precisión, sino también cuán plenamente justificada está la decisión de esta Academia al recompensarla con el Premio Nobel de Física.</p>
</blockquote>

<p>Disponemos también de las palabras pronunciadas por el Presidente de la Academia en la pequeña ceremonia privada en la que pudo dirigirse directamente a Michelson:</p>

<blockquote>
  <p>Profesor Michelson, la Academia Sueca de las Ciencias le ha otorgado el Premio Nobel de Física de este año en reconocimiento a los métodos que ha descubierto para asegurar la exactitud en la medición, además de las investigaciones en espectrometría que ha realizado usted en conexión con aquéllos.</p>
  
  <p>Su interferómetro ha hecho posible obtener un estándar no material de longitud, con un grado de precisión nunca antes alcanzado. Mediante él podemos ahora asegurar que el prototipo del metro ha permanecido inalterado en longitud, y restablecerlo con infailibilidad absoluta, si por alguna razón se perdiera.</p>
  
  <p>Sus contribuciones a la espectrometría abarcan métodos para la determinación de longitudes de onda de un modo más exacto que ninguno conocido hasta el momento. Además, ha descubierto usted el hecho importantísimo de que las líneas del espectro que se consideraban hasta ahora perfectamente únicas, son en la mayor parte de los casos realmente grupos de líneas. Nos ha proporcionado además la manera de investigar cuidadosamente este fenómeno, tanto en su forma espontántea como en la producida por influencia magnética, como sucede en los interesantes experimentos de Zeeman.</p>
  
  <p>La Astronomía también ha obtenido una gran ayuda, y seguirá obteniéndola en el futuro, en la forma de sus métodos de medición</p>
  
  <p>Al otorgarle el Premio Nobel de Física, la Academia de las Ciencias desea señalar como merecedores de especial honor las investigaciones eminentemente exitosas que ha realizado usted. Los resultados que ha obtenido son excelentes en sí mismos, y son de tal naturaleza que abren el camino al futuro avance de la Ciencia.</p>
</blockquote>

<p><a href="http://eltamiz.com/libros/" class="liimagelink"><img src="http://eltamiz.com/images/books-banner.png"></a></p>

<p>Para saber más:</p>

<ul>
<li><p><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1907/" class="liexternal">Página oficial del Premio Nobel de Física de 1907</a></p></li>
<li><p><a href="http://eltamiz.com/images/2010/December/discurso-michelson.pdf" class="lipdf">Discurso de Michelson</a></p></li>
<li><p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/A._A._Michelson" rel="nofollow" class="liwikipedia">A. A. Michelson (es)</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/A._A._Michelson" rel="nofollow" class="liwikipedia">A. A. Michelson (en)</a></p></li>
</ul>
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	</item>
		<item>
		<title>Premios Nobel &#8211; Química 1906 (Henri Moissan)</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Oct 2010 16:33:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Premios Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Química]]></category>

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		<description><![CDATA[En la última entrega sobre los Premios Nobel, dedicada al galardón de Física de 1906, nos pusimos en la piel de J. J. Thomson durante su descubrimiento del electrón y sus propiedades. Hoy haremos lo propio con el Premio Nobel de Química del mismo año, lo cual nos lleva al aviso habitual: como sabéis los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/Moissan.jpg" style="float:right" alt="Henri Moissan" /></p>

<p>En la última entrega sobre los <a href="http://eltamiz.com/premios-nobel/" class="liinternal">Premios Nobel</a>, dedicada al galardón de Física de 1906, nos pusimos en la piel de J. J. Thomson durante su <a href="http://eltamiz.com/2010/09/08/premios-nobel-fisica-1906-j-j-thomson/" class="liinternal">descubrimiento del electrón y sus propiedades</a>. Hoy haremos lo propio con el Premio Nobel de Química del mismo año, lo cual nos lleva al aviso habitual: como sabéis los viejos de lugar, no soy químico, con lo que espero con los brazos abiertos los pescozones que podáis darme quienes sabéis mucho más que yo &#8212; corregidme sin piedad, que modifico lo que haya que modificar para no decir burradas.</p>

<p>Dicho esto, disfrutemos juntos descubriendo el Premio Nobel de Química de 1906, otorgado al francés Henri Moissan, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,</p>

<blockquote>
  <p>En reconocimiento a los grandes servicios proporcionados por él en su investigación y aislamiento del elemento flúor, y por la adopción en el servicio de la ciencia del horno eléctrico nombrado en su honor.</p>
</blockquote>

<p>De los dos logros mencionados por la Academia, el primero suena muchísimo más impresionante del segundo, pero es mi intención convencerte de que el primero no tiene la importancia teórica que puede parecer a primera vista, y que el segundo tiene una relevancia práctica tremenda. Pero, como siempre, paciencia: vamos por partes, y remontémonos unos cuantos siglos para empezar nuestra historia.</p>

<p>Desde al menos la Baja Edad Media, la metalurgia en Europa utilizaba un tipo de minerales muy especiales que permitían fundir metales a menor temperatura de la normal, y que además eliminaban las impurezas (óxidos) generados al calentarlos, lo que convertía a estas rocas en algo utilísimo. Los tratados metalúrgicos de la época están todos escritos en latín, y en ellos se describen las propiedades de estos minerales denominados <strong><em>fluores</em></strong>, es decir, <em>que fluyen</em>. Hoy en día denominamos a este tipo de sustancias <em>fundentes</em> o &#8211;por influencia del inglés, creo&#8211; <em>fluxes</em>. Mientras hable de los fundentes, y no del elemento químico (que no se conocía en esa época), pondré la palabra latina en cursiva y sin tilde, de modo que no haya confusión, y cuando aparezca el elemento creo que estará clara la diferencia: un <em>fluor</em> por un lado, el flúor por otro.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/fluorita.jpg" alt="Fluorita" />
<br />
<em>Fluorita (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:Flourite.jpg" rel="nofollow" class="liwikipedia">Photolitherland</a> / <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/" class="liexternal">Creative Commons Attribution-Sharealike 3.0</a>).</em></p>

<p>En sus obras sobre metalurgia, Georg Bauer (o Georgius Agricola, en su forma latinizada) describe este tipo de minerales fundentes y su uso. Habla allí del <em>fluor</em> más utilizado de todos en Alemania, la <em>fluorita</em> (hoy en día conocemos su composición, claro: CaF<sub>2</sub>, pero en tiempos de Agricola el propio concepto de elemento químico no existía en su forma moderna). Se trataba de una roca que formaba cristales de bellos colores. Tanto es así que, a veces, la fluorita era vendida, haciendo trampa, en vez de piedras preciosas como la esmeralda o la amatista &#8211;dependiendo del color del cristal de fluorita en cuestión&#8211;, y en ocasiones se llamaba por tanto <em>falsa amatista</em> o <em>falsa esmeralda</em>.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/deremetallica.jpg" alt="De Re Metallica" />
<br />
<em>Grabado de De re metallica, de Georgius Agricola (1553).</em></p>

<p>Pero, como el incauto comprador descubriría pronto, las propiedades de la vulgar fluorita no tienen casi nada que ver con las de las otras dos: es mucho más blanda y se funde mucho antes (o no sería útil como <em>fluor</em>), además de ser muchísimo más abundante y barata, por supuesto. Cuando no se empleaba para timar a nadie, la fluorita &#8211;o <em>Flußspat</em>, como la llamaban los mineros alemanes&#8211; era muy útil y apreciada.</p>

<p>Esta roca hubiera sido simplemente una curiosidad para cualquiera que no trabajase en minería y metalurgia, si no fuera por una propiedad más, poco conocida al principio. No sabemos quién ni cuándo se dio cuenta de ella, porque estamos aún en una época en la que aún no existe la idea de la transparencia en la investigación, y quienes realizaban experimentos y descubrimientos a menudo los mantenían en secreto, y pasaban sus &#8220;recetas&#8221; a sus aprendices intentando que nadie más se enterase de ello.</p>

<p>El caso es que la fluorita tenía un comportamiento peculiar al exponerla a los ácidos. Cuando se añadía, por ejemplo, ácido sulfúrico a la fluorita, y luego se calentaba la mezcla, <strong>empezaban a desprenderse vapores de fuerte carácter ácido</strong>. Al parecer, durante el siglo XVII algunos vidrieros alemanes empleaban esta reacción química para grabar vidrio, pero se iban pasando el secreto de cómo hacerlo unos a otros y no sabemos quién fue el primero en conseguirlo. Las primeras menciones científicas de esta reacción son de mediados del siglo XVIII, pero en ellas se hace evidente que el proceso se conocía desde bastante más antiguo.</p>

<p>Es posible pensar, naturalmente, que al hacer reaccionar un ácido como el sulfúrico con la fluorita y luego calentarlo, es el propio sulfúrico el que se desprende en forma de vapor, pero también es posible una explicación alternativa, mucho más interesante: <em>que se trate de un ácido de algún modo procedente de la roca</em>, un ácido diferente del que se vertió sobre ella. El germano-sueco Carl Wilhelm Scheele, en la década de 1770, se decidió a determinar qué era exactamente ese vapor ácido desprendido por la fluorita al someterla al sulfúrico y otros ácidos.</p>

<p>Scheele realizó multitud de experimentos distintos con el vapor ácido desprendido, pero uno de ellos me parece el más revelador de todos. Al recoger los vapores y disolverlos en agua, se obtenía, naturalmente, una disolución de carácter ácido. Pero si en el agua había previamente disuelto hidróxido de calcio (Ca(OH)<sub>2</sub>), entonces se producía una reacción química que rápidamente producía un precipitado insoluble en agua, minúsculos trozos de fluorita. <em>¡Se obtenía otra vez la sustancia original que había producido el vapor ácido!</em> Esto es, hoy en día, evidente, ya que es un ejemplo típico de una reacción ácido-base, ¡pero recuerda que estamos hablando de 1770! La reacción, escrita ahora que es tan fácil hacerlo, es algo así:</p>

<p>2HF + Ca(OH)<sub>2</sub> &rarr; CaF<sub>2</sub> + 2H<sub>2</sub>O</p>

<p>Esto hizo a Scheele llegar a la conclusión de que <em>no se trataba de vapores de ácido sulfúrico</em>, ya que al disolver ácido sulfúrico en agua con hidróxido de calcio no se producía fluorita; es más, cuando el sueco no utilizó sulfúrico sobre la fluorita, sino otros ácidos, como el nítrico, el vapor desprendido realizaba <em>exactamente la misma reacción</em> con el agua de sosa y se producía, una vez más, fluorita. Parecía evidente, por lo tanto, que ese vapor ácido era un ácido nuevo, propio de la fluorita y no del ácido que se hubiera empleado inicialmente. Scheele había descubierto el &#8220;ácido de la fluorita&#8221;, al cual llamó <em>ácido fluórico</em>. Hoy en día lo conocemos como <strong>ácido fluorhídrico</strong> (HF), pero a eso llegaremos en un momento.</p>

<p>A principios del siglo XIX y, sobre todo, tras los detalladísimos experimentos del sueco Jöns Jacob Berzelius, era evidente ya que el &#8220;ácido fluórico&#8221; de Scheele era, como el ácido clorhídrico (HCl), la combinación de hidrógeno y un elemento diferente, al que se denominó <strong>flúor</strong> por provenir de ese ácido &#8211;y el ácido por venir de la fluorita, y ésta por ser un fundente&#8230; cosas de la vida&#8211;. Pero, aunque era obvio que ese elemento existía y que se comportaba, en compuestos, como los otros halógenos (el cloro, el yodo, etc.), <strong>nadie era capaz de obtenerlo puro</strong>.</p>

<p>Es uno de esos casos en los que la teoría va muy por delante de la práctica experimental: se conocía la existencia de un nuevo elemento, al que se había dado incluso nombre, y se podían identificar los compuestos de los que formaba parte, como el ácido de Scheele (HF) y muchas sales binarias (<em>fluoruros</em>), como el <em>fluoruro de sodio (NaF)</em>, el <em>fluoruro de potasio (KF)</em>, etc. Pero ningún químico podía señalar a nada y decir, &#8220;<em>Eso</em> es flúor&#8221;&#8230; debe de haber sido realmente frustrante y desalentador.</p>

<p>Más frustrante aún era el hecho de que trabajar con el ácido fluorhídrico era una auténtica pesadilla: piensa que estamos hablando de vapores capaces de comerse el vidrio, ¡imagina lo que puede hacer a tus pulmones! Uno de los nombres alternativos del elemento, además de flúor, era <em>phtor</em>, por el griego <em>destructor</em>. El maldito ácido se zampaba probetas y tubos de ensayo como si nada, y respirar sus efluvios era peligrosísimo.</p>

<p>Los químicos de la primera mitad del XIX, sin embargo, se dedicaron con verdadero afán a tratar de aislar el flúor del ácido fluorhídrico, a pesar de los peligros&#8230; y <strong>muchos sufrieron graves daños e incluso murieron a consecuencia de ell</strong>o. Los franceses Louis Jacques Thénard &#8211;que fue, por cierto, alumno de Louis Nicolas Vauquelin, el descubridor del cromo <a href="http://eltamiz.com/2010/09/23/conoce-tus-elementos-el-cromo/" class="liinternal">del que hemos hablado muy recientemente</a>&#8211; y Joseph Louis Gay-Lussac consiguieron producir ácido fluorhídrico muy concentrado; el de Scheele, a pesar de sus peligrosas propiedades, había estado muy disuelto en agua. Aunque ni Gay-Lussac ni Thenárd consiguieron separar el hidrógeno del flúor, ambos relataron las quemaduras que el ácido producía si se exponía la piel a él. Escalofriante.</p>

<p>Además de lo peligroso de trabajar con el ácido, la &#8220;pesadilla experimental&#8221; se debía básicamente a tres razones: en primer lugar, el ácido reaccionaba con el vidrio y casi cualquier otra cosa con la que se ponía en contacto, con lo que los recipientes, electrodos, instrumentos empleados, etc., no podían estar hechos de cualquier cosa. En segundo lugar, el nuevo elemento &#8220;tenía una gran energía&#8221; en términos de la época. Dicho de una forma más moderna, el flúor es un elemento extraordinariamente electronegativo, el único aún más oxidante que el propio oxígeno: <em>el elemento más ávido de electrones de todos los que existen</em>, lo que lo hace extremadamente reactivo (y peligroso). Como dijimos al hablar de él en <a href="http://eltamiz.com/conoce-tus-elementos/" class="liinternal"><em>Conoce tus elementos</em></a>, <em>&#8220;¡Ojito con el flúor!&#8221;</em> (pero esta vez, para variar, te recomiendo que leas <a href="http://eltamiz.com/2007/09/03/conoce-tus-elementos-el-fluor/" class="liinternal">el artículo sobre el flúor</a> <em>después</em> de éste, y no antes, para que tengas primero el contexto histórico y luego la visión moderna).</p>

<p>En tercer lugar, la manera más evidente de aislar el flúor a partir del HF, como se había hecho con muchos otros compuestos y elementos, era realizar la <em>electrólisis</em>: poner el ácido entre dos electrodos, de modo que se produjese una corriente eléctrica entre ellos, las moléculas de HF se &#8220;rompiesen&#8221; y el flúor, tan electronegativo, se dirigiese al polo positivo, mientras que el hidrógeno hiciese lo mismo hacia el negativo. Lo cual es una idea excelente&#8230; <em>salvo que el HF es un <a href="http://eltamiz.com/2009/11/17/electricidad-i-conductores-y-aislantes/" class="liinternal">aislante</a> extraordinario</em>; conduce fatal la corriente eléctrica. ¡Como si no hubiera ya bastantes problemas!</p>

<p>Aquí es cuando entra en escena nuestro héroe de hoy, el francés Ferdinand Frederick Henri Moissan (1852-1907). Moissan era eminentemente un químico práctico, y en este caso en particular, no podría haber contribuido grandes avances teóricos al problema porque la teoría, cuando llegó él en la segunda mitad del XIX, estaba perfectamente establecida. Hacía falta alguien con el suficiente tesón, meticulosidad e ingenio para conseguir superar los escollos experimentales y obtener flúor puro&#8230; <em>y ese alguien era Moissan.</em></p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/moissan-labo.jpg" alt="Henri Moissan en laboratorio" />
<br />
<em>Henri Moissan en su laboratorio.</em></p>

<p>El francés atacó el problema, como muchos de sus predecesores, mediante la electrólisis, y tras muchos intentos infructuosos, consiguió superar las barreras que hemos mencionado antes. Moissan empleó <strong>electrodos de iridio-platino</strong> que resistían bien la corrosión, y un recipiente de platino por la misma razón. ¡Nada de vidrio, claro! Además, <strong>enfrió todo el aparato con el ácido dentro hasta unos -50 &deg;C</strong>, para reducir la reactividad del ácido y del flúor que esperaba generar, y sobre cada electrodo puso un tubo para recoger el gas generado.</p>

<p>El problema más fastidioso de todos, la horrible conductividad del ácido, lo resolvió disolviendo en el ácido otra sal de flúor, <em>bifluoruro de potasio (KHF<sub>2</sub>)</em> &#8211;¿supongo que un nombre más moderno es hidrógeno fluoruro de potasio, o fluoruro ácido de potasio? ¿químicos?&#8211;. La disolución del ácido y la sal <em>sí era conductora de la electricidad</em>, y cuando Moissan encendió el circuito, en ambos electrodos empezaron a burbujear sendos gases. En el polo negativo bullía el hidrógeno (un gas por entonces ya muy bien conocido), pero en el electrodo positivo salían burbujas de otro gas amarillo pardusco: un gas extraordinariamente corrosivo, y <strong>nunca jamás visto por el ser humano hasta entonces</strong>. En 1886, Moissan estaba obteniendo flúor puro en forma de gas, F<sub>2</sub>.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/celda-moissan.jpg" alt="Celda de Moissan" />
<br />
<em>Celda electrolítica de Moissan con la que obtuvo flúor.</em></p>

<p>Además, el sistema del francés &#8211;que es básicamente el mismo que empleamos hoy en día para obtener flúor&#8211; no producía, como sucede a veces, minúsculas cantidades del elemento. Su celda electrolítica generaba grandes cantidades del gas de una forma constante y controlable, con lo que Moissan pudo realizar numerosos experimentos para confirmar las propiedades del flúor y determinar lo que la teoría no había podido predecir aún sobre él.</p>

<p>Espero que veas a lo que me refería al principio, tras leer toda esta historia: Moissan tiene un mérito extraordinario como químico experimental, pero no nos enseñó nada nuevo, ya que antes de que él naciera se conocía ya la existencia del elemento flúor y casi todas sus propiedades habían sido ya determinadas teóricamente. Por el contrario, el otro logro por el que obtuvo el Nobel suena menos impresionante de lo que es en realidad, aunque una vez más no lo sea por un avance teórico &#8211;no era ése el estilo de Moissan&#8211;.</p>

<p>Ese otro logro es el <em>&#8220;horno eléctrico nombrado en su honor&#8221;</em> al que hace mención la frase de la Real Academia Sueca de las Ciencias que citamos al principio del artículo. Moissan estaba muy interesado en realizar experimentos a altas temperaturas, ya que muchos compuestos se forman mediante reacciones cuya energía de activación es enorme, es decir, requieren de temperaturas tremendas para empezar a producirse. Pero los hornos de la época no alcanzaban las temperaturas deseadas por el francés, que se dedicó entonces a <strong>diseñar un horno mejor.</strong></p>

<p>Para ello, Moissan utilizó una propiedad eléctrica de la materia. Como mencionamos al hablar de <a href="http://eltamiz.com/2009/11/17/electricidad-i-conductores-y-aislantes/" class="liinternal">conductores y aislantes</a> en <a href="http://eltamiz.com/electricidad-i/" class="liinternal"><strong>[Electricidad I]</strong></a>, cuando se somete un aislante, como el aire, a una diferencia de potencial suficientemente grande &#8211;en términos de aquel artículo, un gran desequilibrio de cargas&#8211;, llega un momento en el que las propias moléculas se rompen y se obtiene un plasma que conduce muy bien la electricidad, al estar formado por iones cargados. Es lo que sucede, por ejemplo, en un rayo, o en un soldador de arco eléctrico&#8230; ambos fenómenos en los que se alcanzan temperaturas muy grandes.</p>

<p>Los hornos eléctricos &#8220;normales&#8221;, como el de tu casa, si tienes uno de este tipo, básicamente emplean el <a href="http://eltamiz.com/2010/01/13/electricidad-i-efecto-joule/" class="liinternal"><em>efecto Joule</em></a> para calentar las resistencias en su interior, que a su vez calientan el aire. Pero las temperaturas así producidas son de unos meros cientos de grados, ¡no lo suficientemente caliente para el buen Moissan! Su horno utilizaba un par de electrodos de piedra caliza entre los que saltaba <strong>un arco eléctrico que alcanzaba nada más y nada menos que hasta 3500-4000 &deg;C</strong>. Recuerda que estamos hablando de finales del siglo XIX&#8230; impresionante.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/moissan-horno.jpg" alt="Moissan junto a su horno de arco" />
<br />
<em>Moissan junto a su horno de arco.</em></p>

<p>Pero aquí llegamos a una parte de la historia de Moissan que me deja un sabor de boca un tanto raro. Una vez el francés hubo diseñado y construido su horno &#8211;puedes verlo justo arriba, y también en la foto de más arriba aún en la que está removiendo un líquido&#8211;, utilizó las temperaturas extremas que obtenía con él para realizar muchas reacciones químicas diferentes, pero un proceso en particular se convirtió en una verdadera obsesión para él: <strong>obtener diamantes artificiales</strong>.</p>

<p>La idea de Moissan para lograrlo era simple pero experimentalmente muy ingeniosa: se conocía desde hacía más de un siglo la composición química del diamante, que era simplemente <a href="http://eltamiz.com/2007/07/01/conoce-tus-elementos-el-carbono/" class="liinternal">carbono puro</a>, como el grafito, pero con una estructura diferente. No se conocían las condiciones exactas de su formación en la naturaleza, pero sí que se requerían grandes presiones y temperaturas. De modo que el francés pensó en fundir carbono y hierro a las enormes temperaturas producidas por su horno, de modo que parte del carbono quedase rodeado de gotas de hierro fundido.</p>

<p>A continuación, Moissan enfriaría esta mezcla en agua de modo que la temperatura bajase lo más bruscamente posible, de modo que las paredes de la gota de hierro ejerciesen una enorme presión sobre el carbono de su interior durante el enfriamiento y solidificación. Su esperanza era que la combinación de alta temperatura inicial y enorme presión posterior pudiera forzar a los átomos de carbono a tomar la estructura tetraédrica del diamante, y obtener así pequeños cristales de diamante dentro de cada gota metálica.</p>

<p>Cuando el francés realizó el proceso y luego atacó las gotas con ácido para eliminar el hierro, en su interior encontró aún carbono en forma de grafito&#8230; y entre la masa negruzca, <em>minúsculos cristales transparentes de diamante</em>. Lo cual es absolutamente increíble&#8230; y quiero decir, literalmente increíble, porque creemos que no es posible que Moissan obtuviese diamantes, por pequeños que fuesen.</p>

<p>No todo el mundo ha estado de acuerdo, y ha habido cierta polémica al respecto, pero la opinión más extendida es que las presiones y temperaturas generadas por Moissan con su proceso probablemente no eran suficientes para obtener diamantes, grandes ni pequeños. Sin embargo, tras leer largo y tendido sobre Moissan, creo que era un experimentador honesto &#8211;no como otros contemporáneos que también afirmaron haber obtenido diamantes, como James Ballantyne Hannay, de los que no me fío ni un pelo&#8211;. El caso es que nadie fue capaz de replicar los experimentos de Moissan y obtener diamantes.</p>

<p>¿Entonces? No lo sabemos. La opinión de Asimov al respecto, en <em>El secreto del Universo y otros ensayos</em> &#8211;libro que recomiendo con pasión&#8211;, es que tal vez un alumno o ayudante de Moissan quiso gastarle una broma &#8220;plantando&#8221; pequeños diamantes en el experimento; a continuación, el pobre Moissan anunció su descubrimiento y el bromista no se atrevió a salir a la luz tras la admiración que había producido el anuncio de su jefe. Es posible, desde luego, que Moissan introdujese los pequeños diamantes en el experimento y mintiese&#8230; pero, insisto, creo que no fue así. También es posible, como algunos han sostenido posteriormente, que Moissan sí consiguiera realmente producir diamantes artificiales. Lo cierto es que no lo sabemos, pero lo irónico del asunto es que <strong>Moissan produjo algo más valioso que los diamantes</strong>, y de eso sí estamos seguros.</p>

<p>Sus experimentos con el carbono también involucraron muchos de sus compuestos binarios, los <em>carburos</em>, de los que sabíamos hasta entonces bastante poco. La cuestión es que muchos de ellos, para poder formarse, necesitan alcanzar las temperaturas que por entonces sólo el horno de Moissan y unos pocos más podían lograr. Y la aparición de los carburos metálicos &#8211;y sobre todo de uno de ellos&#8211; supuso, por las razones que vamos a ver en un momento, un antes y un después para la industria.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/moissanita.jpg" alt="Moissanita" />
<br />
<em>Moissanita.</em></p>

<p>Pero, antes de hablar de los carburos producidos artificialmente por Moissan, no puedo dejar de mencionar uno natural, descubierto por él. Un meteorito cayó en Arizona hace unos 50 000 años, y en algunos de sus fragmentos había un mineral cristalino desconocido. Moissan se dedicó a estudiarlo, y determinó que era un compuesto conocido desde hacía unos años, el <em>carburo de silicio (SiC)</em>, en una forma cristalina determinada. Un año antes de recibir el Nobel, Moissan recibió otro honor: el nuevo mineral recibió el nombre de <em>moissanita</em>. Se trata de un cristal parecídisimo, en apariencia y propiedades, al diamante, que es el único mineral más duro que la moissanita.</p>

<p>Pero el mayor mérito de Moissan en relación con los carburos no fue encontrar uno ya conocido, sino obtener artificialmente &#8211;y en grandes cantidades&#8211; muchos otros. En su horno, el francés introdujo carbono y distintos metales, como calcio, titanio o wolframio y, calentando la mezcla hasta las tremendas temperaturas que su arco eléctrico le permitía, consiguió que los átomos de carbono se &#8220;colaran&#8221; entre la estructura formada por los átomos metálicos, formando carburos de calcio, de titanio, etc.</p>

<p>Esto, aunque suene tan prosaico, tuvo dos consecuencias fundamentales sobre la industria. En primer lugar, hasta entonces, muchos metales &#8211;como el wolframio o el titanio&#8211; sólo habían podido obtenerse en forma de polvo y en pequeñas cantidades, pero el proceso de Moissan permitía obtenerlos en abundancia y, tras un proceso relativamente simple<sup><a href="http://eltamiz.com/2010/10/13/premios-nobel-quimica-1906-henri-moissan/#footnote_0_3335" id="identifier_0_3335" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="pero que, lo creas o no, no he conseguido encontrar en ning&uacute;n sitio, si alguien tiene informaci&oacute;n, ya sab&eacute;is">1</a></sup>, extraer el carbono y tener lingotes de esos metales listos para su uso.</p>

<p>En segundo lugar, pero más importante aún: los carburos de algunos metales de transición resultaron ser compuestos extraordinarios. Resistían <strong>temperaturas mucho más altas</strong> que las que derretían y oxidaban a los metales puros, y eran además de una <strong>dureza extrema</strong>. El problema industrial por entonces era que se necesitaban herramientas capaces de cortar y taladrar sustancias muy duras, pues según avanzaba la tecnología &#8211;por ejemplo, la de los aceros&#8211;, se obtenían materiales más duros, pero ¿cómo trabajar sobre ellos? ¡Hacían falta otros más duros aún!</p>

<p>Incluso cuando se trataba de materiales no tan extremadamente duros, como por ejemplo, rocas en la minería, las herramientas se mellaban y quedaban dañadas muy pronto. Puede parecer una tontería que el avance tecnológico quede &#8220;cojo&#8221; por la falta de herramientas suficientemente duras, pero en cierto modo, así era en el cambio de siglo. Esto no quiere decir que no se conocieran sustancias durísimas: el diamante, el zafiro o la propia moissanita son estupendos en este aspecto. De hecho, se utilizan hoy en día con este propósito para fines concretos&#8230; pero son materiales carísimos, y no eran la respuesta a la demanda industrial de finales del XIX.</p>

<p>Pero aquí llega, una vez más, Moissan&#8230; y nos proporciona los carburos metálicos en general, y el <em>carburo de wolframio (WC)</em> en particular. Un carburo tan común que, muy a menudo, en industria se lo llama simplemente <em>carburo</em> y todo el mundo sabe que se refiere a éste específicamente. Un material más denso que el acero y <strong>tres veces más rígido que él</strong>; un material <strong>cuya dureza es comparable a la del carísimo zafiro</strong>&#8230; pero que podía obtenerse a paladas con el proceso de Moissan.</p>

<p><img src="http://eltamiz.com/images/2010/October/carburo-tungsteno.jpg" alt="Herramientas de carburo de tungsteno" />
<br />
<em>Herramientas de carburo de wolframio.</em></p>

<p>Bastaba añadir una capa de carburo de wolframio al filo de una sierra, o a una broca de taladro, y aquello se convertía en imparable para cortar rocas, acero o casi cualquier cosa que se le pusiera por delante. La industria lo recibió con los brazos abiertos, y hoy en día sigue siendo una parte esencial de nuestra minería, siderurgia, etc. Por cierto, estoy seguro de que te estás preguntando una cosa: si el WC es tan extremadamente duro, <em>¿cómo diablos se corta y se le da forma?</em> La respuesta es que, además de darle forma mientras está fundido, se corta utilizando los pocos materiales de que disponemos que son más duros que él, como el diamante o el carburo de silicio &#8211;que también se utiliza hoy en día con el mismo propósito, claro&#8211;.</p>

<p>De modo que ahí lo tienes: un descubrimiento que suena importantísimo pero nos proporcionó algo que ya conocíamos, y otro que suena aburrido pero cambió nuestra industria&#8230; y todo aderezado por la pretensión de haber obtenido diamantes artificiales. Así es la historia de Moissan. Pero, si aún no has huido, te sugiero que leas el discurso pronunciado por P. Klason, Presidente de la Real Academia Sueca de las Ciencias, el 10 de diciembre de 1906, porque las palabras del momento son únicas:</p>

<blockquote>
  <p>Majestad, Altezas Reales, damas y caballeros.</p>
  
  <p>La Academia de las Ciencias ha otorgado el Premio Nobel de Química de este año al Profesor Henri Moissan de la Universidad de París por aislar e investigar el elemento químico flúor, y por introducir el uso del horno eléctrico al servicio de la ciencia &#8212; logros por los cuales ha abierto nuevos campos de investigación científica y actividad industrial.</p>
  
  <p>Cuando Lavoisier presentó su sistema antiflogístico, este sistema se mostró tan perfecto en sus principios que era posible predecir con confianza que muchas sustancias bien conocidas, como las bases y las tierras alcalinas, no eran elementos sino óxidos de metales aún desconocidos &#8212; una teoría que Davy, mediante la electrólisis, mostró como correcta poco tiempo después. Sin embargo, el sistema de Lavoisier no era perfecto en todos los aspectos. La sal por antonomasia, la &#8220;sal común&#8221; no tenía lugar en él.</p>
  
  <p>Una vez que el principio negativo, el cloro, que es uno de sus constituyentes, fue estudiado a fondo, y &#8211;más importante&#8211; cuando el yodo, una sustancia análoga al cloro, hubo sido descubierta, se hizo claro que se había encontrado en estas sustancias una nueva clase de elementos, los halógenos. Esto llevó a la conclusión de que el ácido fluorhídrico, que había sido descubierto por Scheele y estudiado más en detalle por Berzelius, debe contener un elemento negativo, el flúor, completamente análogo a los otros halógenos y que, anticipadamente, recibió un lugar junto al oxígeno, a la cabeza de los halógenos. Pero todos los esfuerzos para conseguir aislarlo fracasaron hasta que, en 1886, Moissan encontró la solución última al problema.</p>
  
  <p>La dificultad se encontraba, en parte, en la enorme energía poseída por este elemento, gracias a la que era capaz de descomponer agua a bajas temperaturas, y en parte por el hecho de que el ácido fluorhídrico anhidro, que parecía la sustancia más favorable para conseguir flúor mediante la hidrólisis, no era un conductor de la electricidad. Sin embargo, mediante una serie de ingeniosas preparaciones, Moissan consiguió superar todas estas dificultades hasta tal grado que ese nuevo elemento podía ser obtenido como un flujo de gas constante durante horas. Este resultado permitió a Moissan realizar un estudio metódico sobre él. Hasta ahora, la consecuencia más importante de estas investigaciones es que se ha demostrado que el flúor posee todas las cualidades que se le atribuían previamente por su posición en el sistema como un oxígeno reforzado. Así, a temperatura ambiente se combina con el carbono y el silicio, formando gases; se combina con hidrógeno a temperaturas tan bajas como -230 &deg;C. Cuando el hidrógeno se une con este elemento, se libera más calor que cuando el hidrógeno se une con oxígeno. Algunos de sus compuestos &#8211;por ejemplo, los que contienen azufre&#8211; son de gran importancia para determinar la valencia de los elementos.</p>
  
  <p>Sin embargo, el fin último de Moissan en su trabajo sobre el flúor era ocompletar la brillante serie de síntesis minerales, que ha proporcionado gran renombre a varios de sus compatriotas, produciendo artificialmente el mineral más notable y al mismo tiempo precioso &#8212; el diamante. Esto requería el uso de un método hasta entonces poco empleado. La posibilidad de utilizar un arco eléctrico como fuente de calor era ya evidente. Moissan tuvo la idea, muy simple pero brillante, de utilizarlo para producir calor, evitando al mismo tiempo todos los efectos secundarios. En su famoso horno eléctrico consiguió licuar sustancias como la cal o el óxido de magnesio; de este modo produjo carburo de calcio y una serie completa de otros carburos, en forma pura y cristalizada, por la que se descubrió que los carburos eran los compuestos químicos más resistentes al calor. Era posible ahora, descomponiendo sus carburos, preparar lingotes puros de metales como el wolframio, el molibdeno y el titanio, que hasta entonces sólo había sido posible obtener en forma de polvo.</p>
  
  <p>Una vez más con su horno, produjo diamantes microscópicos enfriando rápidamente desde altas temperaturas un trozo fundido de hierro con carbono en su interior. Este experimento es muy instructivo: el carbono proporcionó diamantes transparentes en forma de lágrima muy similares a los especímenes microscópicos encontrados, por ejemplo, en los estratos diamantíferos de El Cabo, y esto aparentemente explica cómo se forman diamantes en la Naturaleza. Moissan también realizó un estudio sistemático del grafito, y demostró &#8211;un dato de gran interés&#8211; que el grafito se convierte en lo que se denomina &#8220;intercalado&#8221; cuando se extrae de una disolución preparada en un horno eléctrico, ya que algunos hierros nativos, como el hierro encontrado por Nordenskjöld en Ovifak, Groenlandia, al igual que los estratos diamantíferos de El Cabo, contienen grafito en su forma intercalada.</p>
  
  <p>El trabajo realizado por Moissan con el horno eléctrico ha proporcionado al mundo de la tecnología un ímpetu que se sentirá durante largo tiempo, y aún es imposible medir la extensión e importancia de los efectos de esta invención.</p>
  
  <p>Profesor Moissan. El mundo entero ha admirado la gran habilidad experimental con la que ha aislado y estudiado el flúor &#8212; esa bestia salvaje entre los elementos. Con la ayuda de su horno eléctrico ha resuelto el misterio de la formación de diamantes en la Naturaleza. Ha generado una poderosa ola sobre el mundo de la tecnología, una ola que aún no ha adquirido toda su altura. Y es en reconocimiento a estos servicios que nuestra Academia de las Ciencias le ha otorgado el Premio Nobel, y en nombre de esta Academia lo felicito por su trabajo, que será de un valor duradero.</p>
</blockquote>

<p>En la próxima entrega de la serie, el Premio Nobel de Física de 1907.</p>

<p><a href="http://eltamiz.com/libros/" class="liimagelink"><img src="http://eltamiz.com/images/books-banner.png" /></a></p>

<p>Para saber más:</p>

<ul>
<li><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/chemistry/laureates/1906/" class="liexternal">Página oficial del Premio Nobel de Física de 1906</a></li>
<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Moissan" rel="nofollow" class="liwikipedia">Henri Moissan</a> / <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Henri_Moissan" rel="nofollow" class="liwikipedia">Henri Moissan</a></li>
<li><a href="http://eltamiz.com/2007/09/03/conoce-tus-elementos-el-fluor/" class="liinternal">Conoce tus elementos &#8211; El flúor</a></li>
<li><a href="http://www.fluoride-history.de/fluorine.htm" class="liexternal">The discovery of fluoride and fluorine</a></li>
</ul>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_3335" class="footnote">pero que, lo creas o no, no he conseguido encontrar en ningún sitio, si alguien tiene información, ya sabéis</li></ol>]]></content:encoded>
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