El Tamiz

Si no eres parte de la solución eres parte del precipitado

Francis Bacon (I)

Nota: Estamos de mudanza, con lo que este mes ha sido casi imposible escribir nada. Ésa es la razón de que este artículo esté roto en dos partes no tan largas como otras veces. Lo siento, y espero que el mes que viene todo vuelva a la normalidad…

Como sabéis los habituales, en la larga serie Hablando de… recorremos el pasado saltando de asunto en asunto de manera caótica, enlazando cada artículo con el siguiente y tratando de mostrar cómo todo está conectado de una manera u otra; los primeros veinte artículos de la serie están disponibles, además de en la web, en forma de libro y los siguientes doce van de camino a formar un segundo volumen, pero la cosa tiene pinta de ir para largo. En los últimos artículos hemos hablado de Carl Linneo y empleado en su obra magna, el Systema Naturae, que acabó en el Index Librorum Prohibitorum, lo mismo que todas las obras de Giordano Bruno, prohibidas por el Papa Clemente VIII, quien en cambio tres años antes dio el beneplácito de la Iglesia al café, bebida protagonista de la Cantata del café de Johann Sebastian Bach, cuya aproximación intelectual y científica a la música fue parecida a la de Vincenzo Galilei, padre de Galileo Galilei, quien a su vez fue padre de la paradoja de Galileo en la que se pone de manifiesto lo extraño del concepto de infinito, cuyo tratamiento matemático sufrió duras críticas por parte de Henri Poincaré, el precursor de la teoría del caos, uno de cuyos padres, Sir Robert May, fue Presidente de la Royal Society de Londres, sociedad formada a imagen de la Casa de Salomón descrita en el Nova Atlantis de Francis Bacon. Pero hablando de Francis Bacon…

El mundo en el que nació Bacon era enormemente distinto del que describimos hace un par de meses al hablar de la fundación de la Royal Society un siglo más tarde; de hecho, como dijimos entonces, el propio Sir Francis fue uno de los principales responsables de que las cosas cambiaran tanto en pocas décadas. Aunque Europa se encontraba ya inmersa en cambios revolucionarios, en muchos aspectos la Inglaterra en la que nació Bacon era aún un país medieval, reacio al cambio y rígido en sus instituciones. Pero este individuo genial, contradictorio y sorprendente le daría una patada en salva sea la parte no sólo a su país de origen sino al mundo entero, empujando a ambos a mirar hacia el futuro e inspirando a varias generaciones de juristas, científicos y políticos.

Pero empecemos por el principio.

Bacon nació en Londres en 1561. Creo que tanto su familia paterna como la materna influyeron mucho en su manera de ver la vida, de modo que merece la pena detenernos un momento para hablar de su padre y de su madre. El padre era Sir Nicholas Bacon, un abogado del Estado y miembro del Parlamento. Tres años antes de que naciera el pequeño Francis su padre fue nombrado Lord Keeper of the Great Seal of England (Guardián del Gran Sello de Inglaterra, es decir, encargado del sello con el que se rubricaban los documentos más importantes del Reino. Aunque este puesto en sí parezca algo poco importante, estaba asociado a una gran influencia sobre el monarca y de hecho un año más tarde, en 1559, Sir Nicholas fue nombrado Canciller del Reino. Vamos, que era un pez gordo como pocos: se codeaba con la Reina Isabel y los nobles más importantes de la Inglaterra de mediados del XVI.

Sir Nicholas Bacon

Sir Nicholas Bacon (1510-1579).

Pero lo importante de todo esto no es tanto el carácter noble de la familia de Bacon como la idea del servicio al estado: no sólo Sir Nicholas sino varios de sus hijos ocuparon cargos públicos de diversa índole, y puedo imaginar que muchas conversaciones en la casa tratarían de asuntos de estado. El propio Francis mantendría esta tradición y la preocupación por el buen gobierno sería una constante en su vida. Pero hay otros dos aspectos interesantes en la familia de Bacon que me parece interesante resaltar.

Si por parte de padre Bacon recibió la influencia política, por la de madre recibió la influencia humanística. Sir Nicholas se casó en segundas nupcias con Anne Cooke, hija de Sir Anthony Cooke; este Sir Anthony era un humanista de primera categoría y había sido profesor particular del Rey Eduardo VI en su niñez. Cooke valoraba la educación y el conocimiento enormemente, y puso especial interés en la educación de todos sus hijos –algo perfectamente común en la época– y también sus hijas –algo muchísimo menos frecuente–.

Anne Cooke Bacon

Anne Cooke (luego Anne Bacon) (c. 1528-1610).

En consecuencia, Anne aprendió latín y griego clásicos, aprendió Filosofía y Teología como poquísimas contemporáneas suyas y era capaz de debatir con cualquiera de religión, política y filosofía. No me cabe duda de que la influencia se su madre sobre Bacon fue enorme –le escribió cartas a lo largo de su vida que aún se conservan–. Esta influencia materna también fue religiosa: Anne era profundamente creyente y, como su marido, protestante. Y el hijo de ambos mantendría a lo largo de su vida una constante preocupación por este asunto y su relación con el conocimiento en general y la ciencia en particular.

Al parecer, al principio el pequeño Francis fue educado en casa debido a su mala salud, pero a los doce años entró en el Trinity College de Cambridge y estudió allí durante tres años. Estamos hablando de 1573 y la educación en Cambridge seguía siendo básicamente medieval: se estudiaba en latín y había un gran énfasis en la teología, la filosofía aristotélica y las humanidades en general. La poca ciencia que aprendió el joven seguía basándose todavía fundamentalmente en las concepciones de la Grecia clásica –admirable en su época, pero lista ya para ser superada por un nuevo paradigma–.

Y aquí es donde Bacon muestra, ya en su juventud, lo inusual de su visión. Los métodos de enseñanza y de adquisición de conocimiento y el propio concepto de verdad habían permanecido inalterados durante siglos, y el común de los mortales aceptaba esa forma de hacer las cosas como algo perenne y perfecto. Sin embargo, Bacon no siente reverencia, sino desasosiego: los objetivos y los métodos le parecen erróneos. Se plantea algo que hoy en día nos parece de cajón, pero que por entonces no lo era en absoluto – el hecho de que era posible planear una sociedad mejor basada en ideales distintos. Sin embargo, Francis es aún joven y estas ideas tardarán en asentarse: durante años no escribiría casi nada y se centraría en su carrera judicial y política.

Francis Bacon

Francis Bacon con unos dieciocho años.

Tras estudiar en Cambridge, Bacon entró a formar parte de la misma sociedad de abogados que su padre, The Honourable Society of Gray’s Inn. Se convirtió en ayudante de Sir Amias Paulet, el embajador en París, y durante varios años viajó por Europa realizando tareas diplomáticas al servicio de Paulet y continuando sus estudios de derecho. Imagino que tanto viaje –no sólo por Francia sino por Italia, España…– le abriría la mente aún más, y lo distinguiría todavía más de sus contemporáneos, que apenas viajaban y veían otras maneras de hacer las cosas. En cualquier caso, como ves, la primera vocación de Bacon era la de hombre de estado, lo mismo que su padre.

De hecho, a la muerte de Sir Nicholas Francis volvió a Londres y ejerció de abogado primero, en distintos puestos como jurista después y además como parlamentario a partir de 1581. A lo largo de todo este tiempo, dos cosas serían constantes en su vida: por un lado, su mala salud; por otro, las deudas y los problemas económicos. Francis no era el hijo mayor, de modo que la herencia que recibió de su padre fue bastante escasa y además, todo hay que decirlo, no debía de ser demasiado cuidadoso con el dinero, ya que los puestos que recibió contaban con sueldos muy generosos. Tanto los problemas de salud como los económicos le supondrían graves desgracias más adelante, pero ya empezaban a asomar la cabeza por entonces.

Aquí debo detenerme un momento para dar un aviso: me es imposible hablar de este personaje sin expresar opiniones personales que no son más que eso, y con las que puedes estar perfectamente en desacuerdo. Podría dar una cuenta aséptica de la vida de Bacon, pero para eso puedes recurrir a multitud de textos mucho más extensos y rigurosos que éste, de modo que ¿qué sentido tendría eso?

El caso es que la vida de Bacon siempre me hace saltar la misma palabra a la cabeza: contradicción. Como veremos en un momento, sus escritos rebosan de grandes ideales morales y cualquiera que se rigiera por la ética que propone Bacon de manera teórica sería una persona admirable… pero en su vida personal, el bueno de Francis era ambicioso, pelota y un tanto sibilino. Pero, como digo, esto no es más que una opinión.

Francis Bacon

Francis Bacon (1561-1626).

Por otro lado, tal vez no hubiera existido otra manera de sobrevivir en medio de las intrigas palaciegas de finales del XVI inglés: se formaban camarillas de un bando y luego otro, la gente era ejecutada por traición sin el menor miramiento y había que tener mucho cuidado con quién te juntabas y qué decías en público, ya que estar asociado a la gente equivocada podía acabar con tu carrera y posiblemente con tu vida.

Bacon parece haber sido un experto en todo esto. Entre 1591 y 1598 se arrimó a Robert Devereux, Conde de Essex y uno de los favoritos de la Reina Isabel, y a través de él logró varios puestos, entre ellos uno prestigiosísimo: formar parte del Consejo de la Reina, el grupo de expertos juristas que aconsejaban a la soberana sobre asuntos legales. Todo esto, naturalmente, combinado con su puesto como parlamentario y continuando su carrera en la abogacía. Lo curioso es que, con todo esto, las deudas seguían acosándolo y en 1598 llegó a ser arrestado por ello.

Pero Devereux fue perdiendo el favor de la Reina y, con él, el de Bacon. Tanto es así que –tiene narices la cosa– cuando Devereux fue acusado de traición en 1601, el propio Francis Bacon formó parte de la acusación dentro del equipo legal a las órdenes del Fiscal General. Ya sé que formaba parte del Consejo, y que tal vez todo esto simplemente huele mal y no hubo malicia por parte de Bacon, pero no me negarás que la cosa tiene una pinta horrible. Cualquiera que sepa más historia que yo puede corregirme si me equivoco y soy injusto con Francis, pero es que hay más.

Isabel muere en 1603, y pintan bastos para Bacon: su sucesor termina siendo Jacobo VI de Escocia, uno de cuyos partidarios más fervientes no era otro que Robert Devereux. Imagina la situación: has formado parte de la acusación que terminó con la ejecución de Devereux, y su candidato al trono (consciente de ello, por supuesto) se convierte en Rey. ¡Gulp!

Pero la agilidad palaciega de Bacon no tenía parangón. Rápidamente escribió una carta de disculpa y justificación cuyo título lo dice todo: Sir Francis Bacon – His Apologie, In Certaine Imputations Concerning the Late Earle of Essex (Sir Francis Bacon – Sus disculpas sobre ciertas imputaciones respecto al difunto Conde de Essex). Si tienes tiempo, échale una lectura y me dirás si es servil y un poco patética o no lo es.

Francis Bacon maduro

Francis Bacon cerca del cénit de su carrera política, en 1617.

Fuera como fuese, la carta funcionó a la perfección: el mismo año, Jacobo I (ya convertido en Rey) nombró a Bacon caballero del reino y en los años siguientes Francis –perdón, Sir Francis– sería un fiel vasallo de Jacobo y alcanzaría, como veremos, los mayores honores del Reino. De hecho, a veces Bacon apoyaría al Rey en decisiones muy cuestionables con las que dudo que estuviera de acuerdo, pero bueno.

Fue por entonces cuando, por fin, las ideas acerca de la mejora de la sociedad y el gobierno que albergaba desde sus tiempos de estudiante empezaron a cristalizar en forma de escritos. Y comparar estos escritos y los ideales que se expresan en ellos con algunos aspectos de la vida de Bacon que hemos visto (y otros que veremos en un momento) es sorprendente; más aún si tenemos en cuenta que, en muchas ocasiones, este filósofo de sabroso nombre escribía esos libros al mismo tiempo que realizaba acciones completamente contradictorias con ellos. En fin.

Lo que me sorprende más es el hecho de que Bacon, aunque hipócrita, no lo es al modo usual: no dice por escrito y en teoría cosas bellas y moralmente admirables para que los demás piensen que es buena persona mientras por detrás hace cosas malas. Si así fuera, hubiera expresado opiniones facilonas, aceptables para todo el mundo, y básicamente hubiera repetido las concepciones más extendidas en su época, pero no lo hizo así.

No, desde 1603 en adelante Bacon escribe textos maravillosos: revolucionarios, racionales, tolerantes, amplios de miras y realmente admirables. Creo personalmente que era en ellos sincero, y que simplemente era incapaz de llevar esos ideales a su propia vida. En cualquier caso esos textos han traído tanto bien a la humanidad en la inspiración que supusieron posteriormente que me hacen perdonar a Francis sus traiciones, servilismo y regates políticos.

Quiero poner dos ejemplos de lo que digo. La Inglaterra de Bacon era, como él mismo, muy religiosa; sin embargo, donde sus contemporáneos eran generalmente intolerantes y supersticiosos, Bacon no lo era, e imagino que al leer sus escritos muchos pondrían el grito en el cielo. Bacon defendía la libertad religiosa, y se oponía al expolio del Nuevo Mundo con la excusa de llevar allí el cristianismo; ya sé que resulta irónico que este pájaro acusara de doble moral a otros, pero en esto tenía toda la razón del mundo.

Un segundo ejemplo: por entonces había pocas cosas peores que llamar a alguien ateo. Bacon, como digo, era profundamente religioso, y consideraba el ateísmo inferior a la religión cristiana, pero no sólo era partidario de la libertad de culto –lo que incluía la libertad para ejercer la ausencia de culto, por supuesto– sino que decía cosas tan sorprendentes para 1600 como la siguiente, escrita en su ensayo Of Superstition (Sobre la superstición):

El ateísmo deja al hombre en manos de la razón, la filosofía, la piedad natural, las leyes y la reputación; todos ellos pueden ser guías para alcanzar una virtud moral exterior, aunque no sean religión; pero la superstición desmonta todas esas cosas, y erige en su lugar una monarquía absoluta en la mente de los hombres. Por tanto, el ateísmo nunca perturbó a los estados; pues hace que los hombres duden de sí mismos, sin mirar más allá: y vemos que los tiempos inclinados al ateísmo (como sucedió en tiempos de Julio César) fueron tiempos civilizados.

Esto no quiere decir que Bacon no sintiera lástima por los partidarios del ateísmo, ya que pensaba que simplemente no habían alcanzado la sabiduría necesaria para ver a Dios, pero no me negarás que su actitud es de una apertura de miras despampanante en una época en la que la gente se reventaba la cabeza mutuamente por sus diferencias religiosas.

El mismo año en el que Jacobo I accede al trono y Bacon es nombrado caballero, empieza a plasmar por escrito sus ideas acerca de la ciencia –que son las que más nos interesan aquí, claro–. Escribe Of the interpretation of Nature (Sobre la interpretación de la Naturaleza), supuestamente escrito por un tal Valerius Terminus y con anotaciones y comentarios de Hermes Stella –ambos imaginarios, desde luego, ya que todo está escrito por el propio Bacon–.

Esta obra temprana no es de la importancia de otras posteriores, pero sí me resulta interesante porque, en ella, mezclando como casi siempre sus ideas religiosas con el resto, Bacon expone lo que considera el objetivo central de todo conocimiento científico: no se trata –como sucedía con muchos filósofos naturales de la Grecia helenística– del conocimiento por el conocimiento en sí, sino de la obtención de herramientas para hacer mejor la vida de los hombres. Para Bacon, la adquisición de conocimiento es el modo de revertir la caída del ser humano al ser expulsado del Paraíso: es el modo de hacer al hombre señor de la Naturaleza.

En sus propias palabras,

Y por lo tanto no son el placer de la curiosidad […], ni el beneficio económico, ni la ambición de honor y fama, ni la capacidad de negocio, los verdaderos fines del conocimiento; algunos de estos objetivos son más nobles que otros, aunque todos son inferiores y degenerados: no, es la restitución del hombre a la soberanía y el poder (pues cuando sea capaz de llamar a las criaturas por sus verdaderos nombres podrá dominarlas de nuevo) que poseía al inicio de la Creación.

Sin embargo, al mismo tiempo que Bacon quiere hacer al ser humano señor de la Naturaleza, afirma que no es posible hacerlo sin convertirse antes en su sirviente, es decir, sin comprender sus normas y adaptarse a ellas. Para ello hace falta librarse de prejuicios e ideas previas y convertirse, en cierto sentido, en un niño:

No, es adecuado y necesario al inicio de este trabajo, sin duda ni reserva, comprender que en este reino humano del conocimiento, como en el Reino de los Cielos divino, no es posible que un hombre entre sin convertirse primero en un niño pequeño.

Pero su gran proyecto empezaría dos años más tarde, en 1605. Es entonces cuando Francis Bacon publica la primera obra de lo que llamaría Instauratio Magna (La Gran Instauración), una especie de “plan maestro” para hacer avanzar lo más posible, de manera organizada, el conocimiento humano. Como siempre, Bacon mezclaba religión con todo lo demás, de manera que su Instauratio Magna tiene seis pasos, a imagen de los seis días de la Creación.

Por tanto, en 1605 el inglés publica el primer paso en forma de libro: Of Proficience and Advancement of Learning Divine and Human (Sobre la perfección y el avance del conocimiento divino y humano), también llamada Partitions of Science (Las divisiones de la ciencia), que algo más tarde se publicaría con el título en latín De Augmentis Scientiarum.

En De Augmentis Scientiarum, Bacon realiza una doble división. Por un lado, divide las facultades humanas en tres: crear, comprender y recordar, asociadas a la imaginación, la razón y la memoria respectivamente. Por otro, divide el objeto de esas facultades también en tres: lo humano, lo natural y lo divino. Y de las combinaciones facultad + objeto obtiene cada una de las ciencias en las que divide el conocimiento humano.

De Augmentis Scientiarum

Portada de De Augmentis Scientiarum.

Por ejemplo, la combinación de Historia con la faceta natural da como resultado la Historia Natural, la narración de acontecimientos en la Naturaleza desde la Creación. La Filosofía combinada con la faceta divina da como resultado la Teología; la misma facultad de la razón combinada con el aspecto humano da como resultado lo que él llama Filosofía Humana, que es una especie de psicología incipiente.

Pero lo interesante no es tanto la división en sí como la idea de base, que está detrás de toda la Instauratio Magna: la planificación, la organización consciente y la sistematización al adquirir conocimiento, descartando las viejas maneras de hacer las cosas para buscar otras mejores.

Éste es otro de los aspectos que me parecen más interesantes de Bacon, ya desde joven: aunque formado a la manera clásica, y con grandes influencias familiares hacia el gobierno y la humanística, desde el principio cuestiona absolutamente todo de una manera racional y casi quirúrgica en su frialdad. No sé que hubiera pensado el abuelo materno, Sir Anthony Cooke, al leer De Augmentis Scientiarum y encontrarse con la crítica afilada e inmisericorde de Francis Bacon a la educación de la época en general y a los humanistas en particular. Muchos de ellos, de acuerdo con Bacon, consideraban que el conocimiento se encontraba únicamente en los libros, y tenían “más hambre de palabras que de sustancia”.

La propia división del conocimiento de Bacon ejemplifica su ruptura con lo anterior: a pesar de describir divisiones, el inglés pretende encontrar un sistema único, una base absoluta para toda construcción de conocimiento, anterior a las divisiones en las que lo clasifica. Para Bacon, por ejemplo, la distinción entre ciencias naturales o sociales no significa que el modo en el que aprender cosas en ambas sea fundamentalmente distinto: la base es única. Hace falta una herramienta común con la que conocer el mundo, con la que entender tanto el modo de hacer gobierno como la medicina o la historia.

En términos más modernos, para Bacon lo que convierte a la ciencia en ciencia no es lo que estudia, como era para muchos de sus coetáneos –y, desgraciadamente, para muchos de los nuestros–, sino cómo lo estudia. Esta idea se expresaría con mucha más fuerza en la siguiente gran obra publicada por Bacon quince años más tarde, en 1620; el libro que constituía el segundo paso en su plan y, sin ánimo de exagerar, el libro que en gran parte desencadenó la revolución científica que crearía la ciencia moderna: el inimitable Novum Organum. Pero de él hablaremos en la segunda parte de este artículo la semana que viene. ¡Hasta entonces!

Ciencia, Filosofía, Hablando de...

12 comentarios

De: Pedro F Pardo
2012-10-18 17:58:27

Esta anécdota la leí en Reddit y me encantó:

¿Qué frase malentendiste de pequeño?

Cuando era un crío mi padre me dijo:
"El conocimiento es poder, Francis Bacon"
y yo entendí:
"El conocimiento es poder, Francia es Bacon"
(En Inglés suenan exactamente igual
France Is Bacon
y
Francis Bacon)

Durante más de una década me preguntaba por la segunda parte de la frase y la sureal conexión entre las dos partes. Si le decía la cita a alguien: "El conocimiento es poder, Francia es Bacon" La gente asentía como dándome la razón. Y si alguien decía eso de "El conocimiento es poder" y yo le decía "Francia es Bacon" nadie se extrañaba de que hubiera dicho aquella cosa tan rara. Le pregunté a un profesor sobre el significado de la frase y se tiró 10 minutos explicándome lo del poder del conocimiento pero nada sobre que Francia fuera Bacon. Cuando le pregunté al final Francia es Bacon el se limitó a decir: Sí. Con 12 años yo no tenía la confianza suficiente para ir más allá, lo acepté como algo que nunca comprendería. No fue hasta años después que lo vi escrito y caí en la cuenta :-D

Original en Inglés.
http://www.reddit.com/r/AskReddit/comments/dxosj/what_word_or_phrase_did_you_totally_misunderstand/c13pbyc


De: Pedro
2012-10-18 18:10:04

Pedro, ¡gracias! Se me caían las lágrimas por las mejillas cuándo lo he acabado de leer... "France is Bacon?" "Yes."


De: David
2012-10-18 19:33:04

Sinceramente, ojala hoy tuviéramos alrededor a tanto ambicioso, pelota y un tanto sibilino como tenemos pero que al al tiempo fueran absolutamente brillantes.


De: Josell
2012-10-19 06:44:17

Me encanta esta serie porque nos recuerda que todo conocimiento está conectado; que esta dinámica no es algo nuevo, aunque hoy se mueve más rápido que nunca.

Tal vez las clases en la escuela y universidaddeberían ser más "inductivas" al enseñarnos estos hechos, pues de vez en cuando vale la pena ver el conocimiento como un todo relacionado en vez de memorizar ecuaciones (lo cual también es importante).

Por cierto, vale señalar que la frase de que debemos ser como un niño no es original de Bacon, sino que fue parafraseada de la Biblia; la dijo Jesús (Mateo 18).


De: fernando
2012-10-19 18:06:16

No se si acá puedo poner una pregunta algo extemporánea porque tiene que ver con los articulos de la relatividad.
Pero bueno, es una pregunta que tengo desde hace año y me encuentro con un lugar donde puedo hacerla... disculpen si no es el topic apropiado pero estoy ansioso de encontrar una respuesta y no se is los otros topic los siguen leyendo (el de la relatividad lo hicieron hace varios años atrás).
EL tema es el siguiente:
Supongamos que tengo una vara rígida de 400.000 kilometros de largo en el vacío y sin gravedad. Ahora resulta que Ana (la observadora relativista) empuja un extremo de la vara un cm (la empuja, o sea que no es que la hace vibrar sino que la empuja). En el otro extremo de la vara esta Alberto. Ambos están en reposo el úno respecto del otro (o sea, si entendí bien, están en el "mismo tiempo". Digamos que al mismo tiempo que Ana empuja la vara, lanza un destello de luz hacia Alberto. ¿Cuanto tiempo tarda alberto que está en el otro extremo de la vara en ver que comienza el movimiento?. ¿Aberto ve moverse el su extremo de la vara al mismo tiempo que le llega el destello de luz?.... bueno, si entendí bien, tiene que ser así (de lo contrario se estaría trasmitiendo información a mayor velocidad que la luz). Ahora bien esto significa que cuando trasmito el movimiento a la vara (o sea cuando lo atomos de mi mano empujan los atomos de la vara uno tras otro hasta llegar al extremo) estoy trasmitiendo una especied de "onda" (digo, cuesta pensar que eso es una onda)
Fernando

PD: ¿Alguien pensó esta pregunta?


De: Oscar Ferro
2012-10-20 03:45:30

Excelente artículo, Pedro. En mi caso con este has dado en el blanco porque muchas veces había oído hablar de "Francisco Panceta" pero nunca había logrado interesarme en su obra, más allá de la noción general de que fue un gran sistematizador de la ciencia. Aguardo ansiosamente la continuación.

Me permito contestar rápidamente a Fernando, y si te parece que es off-topic - o peor aún, errado - puedes eliminar mi comentario, que sabré entenderlo.

Fernando: según entiendo, al pegarle un empujón al extremo de la vara estás creando una zona de alta presión que se expande por la vara a lo que sería la velocidad del sonido en dicho material. Tu intuición de que se trata de una onda está bastante bien encauzada, y lógicamente esa onda sonora no puede desplazarse más rápido de lo que lo hace la luz en el vacío.


De:
2012-10-20 15:44:36

[blockquote]No se si acá puedo poner una pregunta algo extemporánea porque tiene que ver con los articulos de la relatividad. Pero bueno, es una pregunta que tengo desde hace año y me encuentro con un lugar donde puedo hacerla… disculpen si no es el topic apropiado pero estoy ansioso de encontrar una respuesta y no se is los otros topic los siguen leyendo (el de la relatividad lo hicieron hace varios años atrás). EL tema es el siguiente: Supongamos que tengo una vara rígida de 400.000 kilometros de largo en el vacío y sin gravedad. Ahora resulta que Ana (la observadora relativista) empuja un extremo de la vara un cm (la empuja, o sea que no es que la hace vibrar sino que la empuja). En el otro extremo de la vara esta Alberto. Ambos están en reposo el úno respecto del otro (o sea, si entendí bien, están en el “mismo tiempo”. Digamos que al mismo tiempo que Ana empuja la vara, lanza un destello de luz hacia Alberto. ¿Cuanto tiempo tarda alberto que está en el otro extremo de la vara en ver que comienza el movimiento?. ¿Aberto ve moverse el su extremo de la vara al mismo tiempo que le llega el destello de luz?…. bueno, si entendí bien, tiene que ser así (de lo contrario se estaría trasmitiendo información a mayor velocidad que la luz). Ahora bien esto significa que cuando trasmito el movimiento a la vara (o sea cuando lo atomos de mi mano empujan los atomos de la vara uno tras otro hasta llegar al extremo) estoy trasmitiendo una especied de “onda” (digo, cuesta pensar que eso es una onda) Fernando

PD: ¿Alguien pensó esta pregunta?[/blockquote]
No existen los cuerpos rígidos perfectos, ya que al fin y al cabo el movimiento en este caso se transmite por la fuerza electromagnética (fuerzas de repulsión entre los electrones de los átomos).

En otras palabras, como mucho puede ir a una velocidad algo inferior a la de la luz, en mi opinión, bastante inferior.


De: josecb
2012-10-20 15:45:25

[blockquote]No se si acá puedo poner una pregunta algo extemporánea porque tiene que ver con los articulos de la relatividad. Pero bueno, es una pregunta que tengo desde hace año y me encuentro con un lugar donde puedo hacerla… disculpen si no es el topic apropiado pero estoy ansioso de encontrar una respuesta y no se is los otros topic los siguen leyendo (el de la relatividad lo hicieron hace varios años atrás). EL tema es el siguiente: Supongamos que tengo una vara rígida de 400.000 kilometros de largo en el vacío y sin gravedad. Ahora resulta que Ana (la observadora relativista) empuja un extremo de la vara un cm (la empuja, o sea que no es que la hace vibrar sino que la empuja). En el otro extremo de la vara esta Alberto. Ambos están en reposo el úno respecto del otro (o sea, si entendí bien, están en el “mismo tiempo”. Digamos que al mismo tiempo que Ana empuja la vara, lanza un destello de luz hacia Alberto. ¿Cuanto tiempo tarda alberto que está en el otro extremo de la vara en ver que comienza el movimiento?. ¿Aberto ve moverse el su extremo de la vara al mismo tiempo que le llega el destello de luz?…. bueno, si entendí bien, tiene que ser así (de lo contrario se estaría trasmitiendo información a mayor velocidad que la luz). Ahora bien esto significa que cuando trasmito el movimiento a la vara (o sea cuando lo atomos de mi mano empujan los atomos de la vara uno tras otro hasta llegar al extremo) estoy trasmitiendo una especied de “onda” (digo, cuesta pensar que eso es una onda) Fernando

PD: ¿Alguien pensó esta pregunta?[/blockquote]
No existen los cuerpos rígidos perfectos, ya que al fin y al cabo el movimiento en este caso se transmite por la fuerza electromagnética (fuerzas de repulsión entre los electrones de los átomos).

En otras palabras, como mucho puede ir a una velocidad algo inferior a la de la luz, en mi opinión, bastante inferior.


De: Antonio E.
2012-10-23 00:01:05

Me queda una duda con lo de la vara relativista: la velocidad de transmisión de la interacción será exactamente la velocidad de la luz, ¿verdad? Se trata de una interacción electromagnética, al fin y al cabo (la repulsión entre átomos de la vara).


De: Martix
2012-11-23 16:53:39

Uy... esa anécdota sobre frases malentendidas me recuerda que en Filosofía de COU (hace unos años... más bien más que menos) llamábamos a Francis Bacon Paco Panceta :-D


De: Daniela
2013-01-29 06:57:26

Hola!

Muy útil tu estudio de Francis Bacon. Podrías por favor pasarme los datos del libro de "Sobre la interpretación de la naturaleza" del que sacaste la cita? Lo necesito para una bibliografía.

Muchisimas gracias.


De: Pedro
2013-01-29 08:07:48

Daniela, en el texto hay un enlace al Valerius, y se publicó en 1603, pero desconozco la editorial original. Tal vez en alguna copia de la red la encuentres, yo sólo he encontrado versiones posteriores, no la primera edición.


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