El Tamiz

Ignora lo accesorio, atesora lo esencial

Desde la mazmorra - El almacén a oscuras

Hace ya un año desde el último editorial desde la mazmorra. No es que no sufra de verborrea, es que apenas tengo tiempo de mantener el ritmo normal de publicación de artículos, ¡como para encima soltar sermones! Sin embargo, el último artículo sobre el Nobel de Física de 1912 de Gustaf Dalén me ha llevado a escribir esto casi de corrido, de modo que aquí lo tenéis.

Ni qué decir tiene que cualquier entrada de este tipo es sólo una opinión personal, y estoy seguro de que voy a decir o bien una perogrullada o bien una estupidez. No pretendo llegar a conclusiones concretas ni hay un hilo coherente en el discurso, simplemente pienso en voz alta y me ha salido un barullo sin mucho propósito ni acierto… avisado estás.

Dicho esto, la entrada sobre Dalén me hace pensar en voz alta sobre dos facetas de la ciencia que a veces, en mi opinión, son menospreciadas sin demasiada razón –en ocasiones mutuamente, lo cual es aún más triste–. Estoy hablando de lo que suele llamarse ciencia básica y ciencia aplicada.

Tanto una como la otra surgen de una pregunta. Creo que, con excepciones, casi todos tendemos a preguntarnos más a menudo de una manera o de la otra, con lo que casi todos tendemos, hasta cierto punto, hacia una de las dos de manera natural. De hecho, no me sorprendería que estas dos tendencias hayan sido seleccionadas en nosotros, ya que suponen una ventaja evolutiva considerable.

No me cabe duda de que en todos nosotros existe el impulso a realizar las dos preguntas, y siempre que ponemos etiquetas a las cosas y las clasificamos estamos simplificando, desde luego. Pero esta reflexión en voz alta terminará convirtiéndose, como casi siempre me pasa, en un sermón, y necesito estas etiquetas para sermonearte, ¡de manera que paciencia!

La ciencia básica nace de la pregunta “¿por qué?”. ¿Por qué nacemos y después morimos? ¿Por qué el cielo es azul? ¿Por qué las cosas caen hacia el suelo? ¿Por qué el relámpago se ve antes de oírse el trueno? ¿Por qué? es la pregunta acuciante.

Dicho de otro modo, la motivación fundamental de la ciencia básica es la necesidad de entender.

Naturalmente, todos nos preguntamos este tipo de cosas desde niños y este impulso muestra una tendencia natural hacia la ciencia básica. En mi opinión esto no significa que la ciencia sea algo natural para nosotros, ni muchísimo menos: la curiosidad es el primer paso y sin ella no suele surgir la ciencia, pero hacen falta muchas otras cosas más difíciles. Pero la “artificialidad” o “naturalidad” de la ciencia no es el objetivo de esta diatriba, así que dejo el asunto por ahora.

La ciencia aplicada nace de la pregunta “¿cómo?” en el sentido de cómo lograr algo. ¿Cómo protejo mi poblado de las fieras? ¿Cómo consigo que sólo yo pueda abrir la puerta de mi casa? ¿Cómo ordeno un conjunto de datos de forma eficiente? ¿Cómo hago de los faros algo automático? ¿Cómo? es la pregunta acuciante, resolver el problema es el objetivo.

A veces la cosa surge al revés: en vez de intentar encontrar la manera de resolver un problema, consideramos una idea, una herramienta, un material… y nos preguntamos cómo puede ser útil.

En términos similares a los de antes, la motivación fundamental de la ciencia aplicada es la necesidad de controlar.

Una vez más, todos nos preguntamos cosas así constantemente, aunque creo que esta motivación suele ser más tardía. Es en la juventud o la madurez cuando solemos empezar más a menudo a plantearnos cómo resolver problemas y mejorar el modo en el que nos relacionamos con el entorno.

¿De dónde surge entonces el malentendido que a veces nos lleva a despreciar, consciente o inconscientemente, a cada una de las dos?

Quiero atacar primero el caso de la ciencia aplicada porque es lo que, al leer sobre Gustaf Dalén, me llevó a empezar este editorial. La sociedad en general no suele menospreciar la ciencia aplicada, puesto que su propia naturaleza –resolver problemas concretos– la hace útil de manera inmediata casi siempre. El menosprecio viene de alguien mucho más cercano a ella.

Quienes pecamos de ignorantes al despreciarla –tal vez no de manera explícita– somos los que caemos, por afición o por profesión, dentro del campo de la ciencia básica. Nuestra motivación es pura, pensamos a veces: el conocimiento por el conocimiento. Los otros, sin embargo, son ruines, egoístas y avariciosos, y su motivación es un beneficio práctico: no quieren saber cómo crece una planta para entenderla, sino para poder hacer las cosechas más eficientes. No quieren entender el espectro electromagnético por sí mismo, sino que quieren fabricar mejores teléfonos móviles.

Sí, estoy exagerando, pero creo que entiendes lo que quiero decir: se trata, supongo, de una herencia de la Grecia Clásica. Esto de mancharnos las manos con grasa y engranajes o, mucho peor aún, con el sucio dinero, nos parece despreciable. Naturalmente, esta actitud es una estupidez como un piano de cola – pero es fácil caer en ella, aunque sea de forma sutil.

Los inventos de Dalén son un estupendo ejemplo de esto: fueron cotidianos, vulgares, no revelaron nuevos principios de la naturaleza ni nos dejaron con la boca abierta. El sueco no hizo más que tomar principios ya establecidos, ciencia bien asentada en su mayor parte, pensar sobre ella y sobre el problema que tenía delante y resolverlo.

Al hacerlo salvó miles de vidas humanas a lo largo de las décadas que funcionaron sus faros. Al hacerlo hizo que la especie humana estuviera un poco mejor adaptada a su entorno que antes. Fuimos capaces de controlar nuestro entorno de un modo que antes no podíamos, y nuestra vida fue un poco mejor a partir de entonces: ahí está la grandeza de la ingeniería, de la medicina aplicada, de la programación, de la arquitectura…

Volveré a esto un poco más adelante pero, antes, hablemos de la principal pega que suele ponerse a la ciencia básica. Por su propia naturaleza, la ciencia básica no responde a una necesidad inmediata. Que el cielo sea azul porque alguien lo pintó así o por las moléculas que lo componen y el tipo de radiación electromagnética emitido por el Sol no va a dar de comer a un pastor mañana. Conseguir agua potable para sus cabras sí.

En esto, la ciencia básica se parece al arte y, en lo que respecta a la sociedad, creo que es donde nos tienta a reducir el esfuerzo en ella. Cada acción de la ciencia aplicada se produce para resolver un problema concreto, con lo que es mucho más fácil obtener recursos de la sociedad para ella:

–¿Para qué sirve encontrar el antibiótico que está investigando usted?

–Para curar la tuberculosis resistente a los antibióticos actuales y, así, salvar miles de vidas.

–Ah… entonces continúe, continúe.

Sin embargo, en el caso de la ciencia básica esto suele ser mucho más difícil:

–¿Para qué sirve descubrir si hay vida microscópica en Marte?

–Estoo…. ¡porque sería emocionante!

–¿Emocionante? ¡Cómprese usted un loro, señor mío!

Por eso es tan tentador reducir los presupuestos de la ciencia básica: porque a corto plazo casi nunca sirve para nada que justifique financiarla.

Antes de que me acuses de traidor –aunque supongo que si llevas tiempo con nosotros sabrás a dónde quiero llegar–, soy un ardiente defensor de la ciencia básica, y creo que sólo una sociedad ignorante comete el terrible error de no ir más allá en ese razonamiento. Pero la tentación de cometer ese error está ahí todo el tiempo, y no hace falta leer mucho los periódicos para ver aparecer la cabeza del “¿para qué sirve?” cada dos por tres, y más cuando el dinero escasea.

Aunque me repita, también me parece tentador, desde el “bando de la ciencia”, despreciar la pregunta como haría un filósofo de la Grecia Clásica: ¿Para qué sirve? ¿Cómo que para qué sirve? ¡Qué bajeza, qué ruindad, por favor! ¡No hay mayor virtud que buscar el conocimiento en sí mismo! Creo que esto es un error por varias razones.

Por un lado, aparte de arrogante, es injusto con la sociedad: la investigación básica requiere un esfuerzo –grande o pequeño, lo mismo me da– por parte de toda la sociedad que la financia. No podemos pedir a la gente que dé dinero sin justificar ese esfuerzo de manera razonada, sin despreciar la pregunta y sin darla de lado hablando de la pureza del conocimiento “sin motivaciones mundanas”. Pitágoras sería muy listo pero en eso era un burro.

Por otro lado, afortunadamente no es cierto que no sirva para nada, pero el para qué no es fácil de responder. La mejor manera de explicarlo que se me ocurre es con una analogía un tanto platónica que seguramente ya ha sido propuesta por alguien antes que yo o bien es una tontería, pero bueno.

Imagina todo el conocimiento que es posible adquirir acerca del mundo que nos rodea como un almacén gigantesco que se encuentra a oscuras. En el almacén hay todo tipo de cosas: cuerda rota, diamantes, ositos de peluche desvencijados, motores de avión en perfecto estado, medicamentos valiosísimos… algunas cosas son de un valor incalculable y otras muchas no son más que basura. Esos objetos del almacén son todo el conocimiento posible que es posible adquirir acerca del mundo. Son ideas, unas muy tontas y otras maravillosas.

Nuestro conocimiento, en esta absurda analogía, está representado por la parte del almacén que hemos iluminado. En un momento dado tal vez podamos ver una pequeña fracción del almacén en la que hay unos cuantos objetos. Desde luego, no sabemos el tamaño del almacén, de modo que no podemos conocer el porcentaje que hemos iluminado ni siquiera si es posible iluminarlo entero o es infinito.

¿Qué hacen ambas facetas de la ciencia en esta analogía?

La ciencia básica trata de aumentar el área iluminada: no sabemos lo que hay un poco más allá del borde de nuestra luz, de modo que intentamos desentrañar los misterios que ocultan la parte en tinieblas. Emocionalmente no hay duda de por qué lo hacemos: porque nos sale de dentro, porque nos corroe la curiosidad de saber qué hay ahí. Como individuos la cosa está clara.

Pero ¿cuál es la respuesta sincera al “¿para qué sirve?” inevitable por parte de la sociedad? En mi opinión, simplemente ésta: no lo sé todavía. Por definición, la ciencia básica revela algo que no conocemos: si no lo conocemos, ¿cómo demonios vamos a saber qué utilidad puede tener?

Es posible que iluminemos una esquina del almacén y haya cemento, polvo rojizo, un líquido azul o muchas tuercas. No lo sabemos, no podemos saberlo casi nunca antes de iluminarlo: es imposible responder a la pregunta de para qué a priori. Es más, es posible que la parte que iluminemos no sirva absolutamente para nada en sí misma: es posible que no haya más que una moneda oxidada o un montón de polvo, que puedan ser interesantes y satisfagan nuestra curiosidad pero nada más.

Aquí es donde, por cierto, entra en acción la ciencia aplicada. Son absolutamente necesarias personas que iluminen nuevas regiones del almacén, pero también lo son otras personas que examinen el área iluminada, miren a su alrededor para identificar un problema y sean capaces de relacionar lo que hay en el almacén con el problema a resolver: tal vez ese líquido azul pueda utilizarse para potabilizar agua, o para crear un nuevo sistema de calefacción. Tal vez el polvo rojizo pueda mejorar la calidad de nuestros ladrillos y seamos capaces de construir mejores estructuras.

Sin la ciencia aplicada, todos los tesoros que hemos iluminado al extender las fronteras de nuestra luz en el almacén no serían tesoros: serían tan inútiles como la moneda oxidada. La relevancia práctica de cada nueva pieza de conocimiento que adquirimos debe ser puesta de manifiesto por esa ciencia aplicada.

Es evidente el modo en el que la ciencia aplicada necesita de la básica –aunque a veces ilumine nuevas zonas del almacén por sí misma–. Pero también es cierto al revés: no sólo por revelar la importancia para la sociedad de cada cosa que descubrimos, sino porque muchos de esos descubrimientos “puros” de la ciencia básica serían completamente imposibles sin la tecnología creada por la ciencia aplicada: el propio proceso de descubrir cosas nuevas es un problema que requiere de soluciones proporcionadas por ella. El telescopio con el que miras, el ordenador con el que calculas, el acelerador con el que tratas de replicar los momentos posteriores al Big Bang… ninguno existiría sin ella.

Hace falta quien ilumine nuevos objetos; hace falta quien evalúe esos objetos y los haga útiles. Ninguna de las dos puede existir por sí misma sin la otra con la menor eficacia: son dos caras de la misma moneda. A veces nos parecen lejanas, pero para la sociedad ingenieros y científicos forman parte del mismo equipo, con papeles diferentes pero complementarios.

Para terminar, y volviendo a la importancia de la ciencia básica, incluso si en la parte del almacén que acabamos de iluminar no hay nada útil, habremos desplazado el límite de luz. Estaremos entonces más cerca de revelar otra sección más, que no hubiéramos podido revelar sin antes iluminar ésta. ¿Para qué ha servido entonces iluminar este montón de polvo? Para poder iluminar otras secciones más. Tarde o temprano una de esas secciones iluminadas será muy provechosa, aunque sea imposible saber cuál a priori.

Aquí está entonces la terrible e inseparable cara-cruz de la cuestión:

  • Es probable que lo que estemos investigando no suponga ningún beneficio en sí mismo.

  • Es inevitable que alguna pieza de conocimiento derivada de ésta, directa o indirectamente, suponga un gran beneficio.

Dicho de otro modo, invertir en ciencia básica es arriesgado a corto plazo, pero no hacerlo es inevitablemente una estrategia perdedora a largo plazo.

Para terminar de complicar las cosas, la naturaleza de la ciencia moderna –afortunadamente– hace del conocimiento algo en su mayor parte compartido. En términos de nuestro almacén, cuando iluminamos una sección del almacén cualquier otro puede iluminar secciones adyacentes, beneficiándose de nuestro esfuerzo. Esto es maravilloso, porque supone que los esfuerzos de toda la humanidad se acumulan; pero al mismo tiempo, pensando en términos locales, supone que quien se beneficie mañana de nuestro esfuerzo de hoy puede ser algún otro lugar de la Tierra.

Dicho de otro modo, no tiene sentido invertir en ciencia básica si pensamos de manera localista y a corto plazo; es una estrategia evidente hacerlo si pensamos de manera global y a largo plazo.

¿De cuál de estas dos maneras actuaremos como sociedad?

Ciencia, Desde la mazmorra, Editorial

18 comentarios

De: Rantamplan
2012-08-22 17:25:04

A mi siempre que me preguntan "para que vale x (donde x está contenido en ciencia básica)" siempre respondo:

Para inventar las centrales nucleares, el gps y las comunicaciones por satélite por nombrar algunos.

Y me dicen: pero todo eso ya está inventado.

Y yo digo: Si, pero es que x es ciencia básica, y la ciencia básica nunca se sabe para que sirve hasta mucho tiempo después. Sin embargo Einstein cuando desarrolló la teoría de la relatividad estaba haciendo ciencia básica y nada de lo que te he mencionado sería posible sin esa teoría.Cuando einstein postulo:


  • c es constante para todo observador.

  • no existe ningún sistema inercial privilegiado.

¿En serio crees que tenía alguna idea de para que iban a servir esas dos inocentes frases?

(Perdón si he escrito mal los postulados, cuando suelto la frase no suele haber ningún experto en física y no me los suelen rebatir :P, pero vamos, para coger la idea y para profanos creo que vale).


De: Cinquetto
2012-08-22 18:26:11

"¿De cuál de estas dos maneras actuaremos como sociedad?"

¿Encendiendo la tele?


De: Desde la mazmorra – El almacén a oscuras
2012-08-22 19:13:35

[...] "CRITEO-300x250", 300, 250); 1 meneos Desde la mazmorra – El almacén a oscuras eltamiz.com/2012/08/22/desde-la-mazmorra-el-almacen-a-osc...  por sorrillo hace [...]


De: chamaeleo
2012-08-22 22:32:13

Eyyy, este artículo me habría venido estupendo hace un mes, cuando trataba, de manera bastante patética y sin conseguirlo, tratar de justificar a unos amigos míos la enorme importancia y utilidad de haber descubierto el Boson de Higgs.

Me preguntaban ¿y para qué sirve eso? ¿me permitirá vivir mejor a partir de ahora? y no veas lo que me costaba tratar de explicar que un avance de esa naturaleza daba sus frutos en el largo plazo; trataba de buscar ejemplos de avances anteriores, a lo largo de los últimos siglos, que en su tiempo no dieron un beneficio inmediato a la sociedad, pero que hoy en día son utilísimos. Sin embargo, justo en ese instante no se me ocurría un ejemplo claro (y seguramente debe haberlos a miles).


De: chamaeleo
2012-08-22 22:34:50

Eyyy, este artículo me habría venido estupendo hace un mes, cuando trataba, de manera bastante patética y sin conseguirlo, tratar de justificar a unos amigos míos la enorme importancia y utilidad de haber descubierto el Boson de Higgs.

Me preguntaban ¿y para qué sirve eso? ¿me permitirá vivir mejor a partir de ahora? y no veas lo que me costaba tratar de explicar que un avance de esa naturaleza daba sus frutos en el largo plazo; trataba de buscar ejemplos de avances anteriores, a lo largo de los últimos siglos, que en su tiempo no dieron un beneficio inmediato a la sociedad, pero que hoy en día son utilísimos. Sin embargo, justo en ese instante no se me ocurría un ejemplo claro (y seguramente debe haberlos a miles).

Por cierto, con permiso de Rantamplan, me apunto tu respuesta para la próxima vez.


De: Oscar Ferro
2012-08-22 23:37:06

Muy lindo artículo. Me recuerda algo similar que decía Carl Sagan: él trataba de explicar por qué fracasó la iniciativa americano-soviética de "Hallar la cura para el cancer en la próxima década" por falta de investigación de base, que es impredecible.
Daba como ejemplo qué pasaría si la reina Victoria encargara a los mejores sabios e ingenieros británicos que inventaran la televisión en el siglo 19: simplemente sin Maxwell habría sido imposible, no había suficiente ciencia básica.


De: Josell
2012-08-23 06:11:20

Pedro, esa fue una excelente reflexión relativa a la filosofía de la ciencia.

¿Sabes quien es Cicerón? Era un orador clásico romano que pensaba exactamente como tu respecto al conocimiento.

Él criticaba a los filósofos por no participar en la política (analoga a la filosofía práctica), pero no era porque Cicerón despreciaba la filosofía, sino todo lo contrario: pensaba que la filosofía era demasiado buena como para no aplicarla.

Bendiciones.


De: Carlos
2012-08-23 09:15:44

Creo que es al Nobel Steven Weinberg al que se le atribuye la siguiente anécdota:
en una rueda de prensa estaba explicando el modelo estandar de partículas elementales y un periodista avezado le hizo la terrible pregunta: "¿y para qué sirve todo esto?". Entonces Weinberg le preguntó si tenía hijos, y al decirle que acababa de tener uno le espetó: "bueno, y para qué sirve su bebé?".
Otra forma interesante de verlo: a las cosas hay que dejarlas crecer.


De: Javier Tamariz Roble
2012-08-24 01:15:51

La ciencia básica nos lleva al conocimiento de nosotros mismos y nuestro origen asi como posiblemente al principio de la creación. Dado lo anterior, para el científico agnóstico debe ser como la posibilidad de descubrir el Universo y sus secretos, y para el científico creyente, la posibilidad de conocer el pensamiento de Dios.


De: Javier Tamariz Roble
2012-08-24 01:16:07

La ciencia básica nos lleva al conocimiento de nosotros mismos y nuestro origen asi como posiblemente al principio de la creación. Dado lo anterior, para el científico agnóstico debe ser como la posibilidad de descubrir el Universo y sus secretos, y para el científico creyente, la posibilidad de conocer el pensamiento de Dios.


De: Angel
2012-08-24 08:05:39

Otro motivo "práctico" para invertir en ciencia básica, sobre todo en el caso de proyectos de "gran ciencia" ("grande" en el sentido de cara: aceleradores de particulas, telescopios espaciales, etc) es que a menudo son proyectos que implican desarrollar nueva tecnología. Para investigar ciertos fenomenos naturales con el nivel de detalle que requieren los cientificos es necesario impulsar la tecnología existente más allá de los límites actuales. Construir cosas como el LHC, el E-ELT o el telescopio James Webb hace que cientos de ingenieros tengan que enfrentarse a retos nunca vistos en montones de campos diferentes (nuevos materiales, métodos de construcción, electrónica, computación, rangos de temperatura poco habituales, eficiencia energética, etc). El conocimiento adquirido durante estos proyectos puede luego ser aplicado en cosas más mundanas y de aplicación más directa.

Aun hoy en dia mucha gente se pregunta para que sirvió ir a la Luna. Si bien el retorno científico de las misiones Apolo fue relativamente escaso (nunca fue su motivación principal, así que es de esperar), es sorprendente la cantidad de tecnologías cotidianas que tienen su origen en el proyecto Apolo.


De: cavaliery
2012-08-25 22:12:52

Armstrong, como se ve la luna desde el cielo?

Descansa por siempre amigo.


De: Juan Carlos
2012-08-26 07:09:38

Hey Neil, como se ve la Luna desde el cielo? Descansa en paz, idolo!


De: Miguel A. Vega
2012-08-26 20:36:24

Es la primera vez que me comunico por este medio.
Hace escasamente unos meses que descubrí este "blog".
Sinceramente necesito felicitarte Pedro, eres un maestro excelente. 
Todos sabemos que no es fácil dezmenuzar los temas científicos para luego simplificarlos para que el público en general pueda entender y aprender de ellos.
Tu trabajo hay que apoyarlo, por eso me motivo a escribirte.
Mi profesión esta lejos de las ciencias, pero me gusta mucho el tema de la física cuántica. Pero no obstante leo todos los trabajos que recibo de El Tamiz.
Por otro lado quiero extender este mensaje a todos los que siguen tu trabajo, leo todos sus comentarios y pienso que han creado una comunidad muy importante.
Finalmente, quiero expresar una opinión del tema en el cual estamos ahora.
Yo veo la ciencia como un peregrinar en un camino infinito, pero según vamos recorriendo el mismo logramos ver nuevos paisajes, obtenemos nuevas ideas, ampliamos nuestros horizontes, cambiamos nuestros enfoques, nos detenemos, reenfocamos, cavilamos etc. Aunque falte mucho lo importante es que vamos caminando hacia ese infinito.
Ciencia básica y ciencia aplicada, pero estamos en camino.
En un camino tan extenso hay que pensar " a largo plazo".

Felicitaciones nuevamente. Mantén ese tesón y tu buen humor que vas muy bien.


De: e
2012-08-26 20:54:37

Lo bonito de la matemática es que tiene una planta propia en ese almacén y está llena de espejos.


De: Arquieta
2012-08-28 08:18:14

chamaeleo, algo similar pasa con Maxwell y sus ecuaciones, sin las cuales no tendríamos gran parte de la tecnología actual como radio, televisión o wifi, y que al principio no tenían uso práctico ni se ideaba alguno, si no me equivoco.


De: Jefe Ryback
2012-08-28 16:41:59

Este "razonamiento en voz alta" de Pedro me ha recordado a la típica discusión inútil, estéril y terriblemente dañina que sucede en los ámbitos universitarios españoles (aunque seguro que también en otros países) cuando se habla de que la universidad pública se implique más con las empresas privadas en sus planes de investigación.

Cada vez que alguien hace una alusión a ese tema, por muy bien intencionada que sea, de inmediato recibe críticas furibundas de parte de los "puristas" que dicen que la Universidad es un centro de conocimiento por el conocimiento sin más y que no debería doblegarse a los intereses mercantilistas y blablabla rollo patatero.

Se olvidan muy rápido que esa universidad pública está ahí financiada por los impuestos que pagamos todos, incluidas esas "malignas" empresas privadas; con lo cual tienen el DEBER de retornar a la sociedad el esfuerzo que ésta hace para sostenerla; con conocimiento de base pero también con aplicaciones prácticas a corto plazo.

Si al final lo que les jode es que si descubren la cura del SIDA (por especular con algo crucial) para que luego una empresa privada se lucre un montón a costa de la sociedad... Pues entonces que se busquen maneras de que los frutos de las investigaciones públigas siempre sigan siendo de titularidad pública aunque se permita que empresas privadas los utilicen. Pero que no demonicen esa colaboración de plano como se hace de forma habitual e indiscriminada.

A veces también me da la sensación que algunas de esas críticas vienen de parte de gente que sólo está calentando la silla (ya sean investigadores de base o de aplicación). Gente que verían peligrar su puesto en cuanto una colaboración con una empresa significase tener que dar más cuentas de las habituales a nivel de resultados y de rendimiento. Porque caraduras y trepas los hay en todas partes; tanto en los bares a las 12 del mediodía como sentados en un laboratorio y acumulando titulines.


De: El tonto del pueblo
2012-09-06 16:47:44

No creo que la ciencia básica sea "desinteresada", o que "busque el conocimiento por el conocimiento" ¡Como si el conocimiento estuviera ahí esperando ser descubierto! No, esta creencia en que el conocimiento teórico es desinteresado es una mentira milenaria de los teólogos y metafísicos. Como Einstein. Hay mucho de vanidad y ambición personal entre los investigadores de ciencia básica ¡Eh, y eso es bueno! No caigamos en la valoración cristiana de que la ambición personal, el deseo de reconocimiento, las ansias de retos personales son malos y banales.

Tampoco creo que sea una diferencia de preguntas lo que separa la técnica de la investigación básica, sino de intereses. Al ingeniero le interesan cosas muy distintas que al hace ciencia básica. Y en el fondo, la cuestión radica en qué intereses predominan. Pues constantemente se producen luchas de intereses (la sociedad misma no es más que un permanente conflicto de intereses). Hay que desengañarse por esas psicologias baratas que aún predominan nuestros relatos y que dictan: el desinterés es bueno y noble; todo lo que se hace por interés es vulgar y bajo. En realidad el desinterés es una forma de interés, acaso más refinada y rara.

Por otro lado, en una civilización como la nuestra que ya no se pueden abrir grandes guerras abiertas se han trasladado las guerras por el poder, por la capacidad de decidir, juzgar y legislar, al ámbito de los negocios comerciales. Hoy en día la economía manda, las multinacionales ya de la industria, las finanzas o el comercio manda: dictaminan leyes e imponenn sus valoraciones e intereses. En este clima y ambiente la ciencia, el conocimiento, sólo es un medio comercial ¡Sólo tiene valor un conocimiento en la medida que se pueda vender! Ya no se trata incluso de lo útil y provechoso que pudiera llegar a serhoy mismo, sino de la facilidad y las posibilidades que tenga por venderse y sacar un rendimiento económico. Por ejemplo, que a un tio como a Steve Jobs se le encumbre como un genio que ha revolucionado a nuestra sociedad con sus inventos da pena, des del punto de vista del conocimiento. El único genio que ha tenido este hombre ha sido el de ser capapaz de vender con grandes márgenes de veneficio un producto que muchos creían necesitar. porque el márqueting consiste precisamente en hacer creer a la gente que necesita cosas. Pero con poco, la verdad, pasamos.

Y es cierto, todo esto podría ser muy distinto; podría surgir una civilización cuyo objetivo no fuera la economía, la bolsa, el mercado, que el valor de las cosas no dependiera de la oferta-demanda, como sucede hoy, sino que su objetivo fuera incrementar y potenciar nuestro conocimiento en todos los ámbitos. En tal civilización la economía se supeditaría a la capacidad de potenciar el conocimiento de la misma manera que durante la edad media toda la civilización (economía, política, guerra) se supeditaba a la búsqueda de Dios.

Hay que reconocer que no somos la civilización del conocimiento, sino del mercado. No nos dejemos engañar por lo que nos venden; nuestra sociedad es bastante estúpida y poco reflexiva. Ahora bien, podría ser distinto, si bien ello comportaría profundos y dolorosos cambios sociales. hecho que exige ser muy fuertes y no lo somos.


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