El Tamiz

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El Sistema Solar - Europa

En el anterior artículo de la serie El Sistema Solar, uno de muchos dedicado al sistema joviano formado por el gigante Júpiter y todos sus cuerpos asociados, exploramos el más cercano al planeta de los cuatro satélites galileanos, Ío, que como recordarás resultó ser un lugar tremendamente violento, más extraño en algunos aspectos que muchas novelas de ciencia-ficción. El satélite que estudiaremos hoy –el segundo de los cuatro descubiertos por Galileo– no se le queda corto, y en parte esto se debe a las mismas razones que hacen especial a Ío. Hablaremos de la misteriosa Europa.

Europa

Europa, fotografiada por Galileo (NASA).

Como mencionamos al hablar de Ío, el día 7 de enero de 1610 el genial italiano Galileo Galilei dirigió su telescopio a Júpiter y descubrió

[…] tres estrellas en el firmamento que se mueven alrededor de Júpiter, del mismo modo que Venus y Mercurio alrededor del Sol.

Sin embargo, había algo que se escapaba a Galileo: las lunas visibles con su telescopio eran cuatro, no tres. Dio la casualidad de que, en el momento en el que el italiano miraba hacia Júpiter esa noche, las posiciones de Júpiter I y Júpiter II –como las denominaría Galileo– eran prácticamente idénticas, con lo que le parecieron la misma luna. Afortunadamente, estos satélites tardan bastante poco tiempo en dar una vuelta a Júpiter, y cuando Galileo apuntó su telescopio hacia él la noche siguiente, ambas lunas se mostraron como puntos de luz diferentes.

Lunas galileanas y Júpiter

Las cuatro lunas galileanas, observadas con un telescopio óptico terrestre (http://www.desert-astro.com).

El nombre de la nueva luna se lo dio, como en el caso de las otras, Simon Marius. Como en el caso de Ío, es probable que Marius descubriera Europa independientemente de Galileo, con lo que podría caber duda sobre quién debería tener el honor de nombrarlas… pero, aunque mis simpatías están con Galileo, debemos rendirnos a la evidencia: ¿Europa o Júpiter II? Nuestro amado italiano era un genio, pero no para los nombres. El de esta luna proviene, como en tantos otros casos, de una amante mitológica de Júpiter, la noble fenicia Europa, que Zeus se llevó al huerto tras raptarla convertido en toro.

El rapto de Europa, de Rembrandt

De roof van Europa, de Rembrandt, 1632.

De cualquiera de las maneras, Galileo, Marius y sus coetáneos pudieron ya estimar el período de Europa alrededor de su amante: unos tres días y medio, el doble que el de la más cercana Ío. El radio de la órbita resultó ser de unos 671 000 km, unas 1,6 veces el de la órbita de Ío (unos 420 000 km). En otras palabras, Europa tiene una situación orbital como la de Ío… pero menos intensa. Con esto quiero decir que, al igual que Ío, esta segunda gran luna de Júpiter se encuentra a una distancia pequeña del monstruo, y por lo tanto, comparte algunas de las características de Ío, fundamentalmente dos: la atracción gravitatoria del Leviatán domina la física de este satélite, y se encuentra inmerso en la tormentosa magnetosfera joviana, con lo que su superficie está sometida a impactos de partículas muy energéticas constantemente.

Comparación de tamaños Europa-Luna-Tierra

Tamaños comparados de la Tierra, nuestra Luna y Europa (NASA).

Como consecuencia de su pequeño tamaño y escasa distancia al planeta –y esto les sucede a los cuatro satélites galileanos, como también a nuestra propia Luna– Europa presenta siempre la misma cara hacia Júpiter, es decir, su período de rotación es de unos tres días y medio, igual que el de traslación… o, al menos, casi casi igual; como veremos luego, hay, o ha habido en el pasado, alguna variación en este período, y la razón puede ser interesante y alentadora. En cualquier caso, la diferencia es minúscula si existe, de modo que si estuvieras sobre la superficie de Europa, Júpiter siempre ocuparía el mismo lugar en el firmamento, o no lo verías jamás si estuvieras “de espaldas” a él.

Resonancia de Laplace

Además, aunque no voy a repetir esto en detalle porque hablamos de ello en el artículo anterior, la razón de que Europa tenga un período doble que Ío se debe, como demostró el perspicaz Marqués de Laplace, a que ambas lunas se encuentran en resonancia orbital. Europa es una de las responsables, de hecho, de que Ío sea tan peculiar como es, debido a su influencia gravitatoria sobre su hermana mayor –porque Europa es la pequeña, como veremos luego–… pero la influencia es recíproca, y Europa también sufre consecuencias debido a esta resonancia e interacción con las demás lunas.

Pero claro, como he dicho antes, se trata de una situación más suave que la de Ío. Europa tiene una excentricidad bastante más pequeña que su hermana, es decir, su órbita es más circular y menos “alargada”, y además está más lejos de Júpiter, pero sigue habiendo diferencias sustanciales en la atracción gravitatoria de Júpiter en unos puntos y otros de su órbita. Como resultado de esto, el interior de Europa seguramente sufre un calentamiento leve pero continuo debido a las deformaciones elásticas en su órbita, mucho menos intenso que el de Ío pero que puede tener consecuencias determinantes para las características de este satélite.

Tras las observaciones de Galileo, Marius y otros, avanzamos bastante poco en nuestro conocimiento de Europa a lo largo del tiempo, ya que su tamaño angular es muy pequeño y es difícil detectar características sobre su superficie con telescopios que no sean extraordinariamente potentes. Lo que sí fue posible estimar relativamente pronto fue su tamaño: unos 3 100 km de diámetro, la más pequeña de las cuatro lunas galileanas. Midiendo su interacción gravitatoria con las otras lunas fue posible también tener una idea acerca de su masa: 4,8·1022 kg, alrededor de la mitad que la de Ío. Europa es, de hecho, más pequeña aún que nuestra propia Luna, pero es un lugar bastante más interesante por la combinación de dos factores: su distancia al Sol y su cercanía a Júpiter. ¡Pero, una vez más, paciencia, que vamos poco a poco!

Europa, por Pioneer

Si llevas tragándote este ladrillo de serie desde hace tiempo, ya sabes cuánto hubo que esperar para obtener información más detallada sobre los satélites jovianos. Hacía falta ir hasta allí para observarlos de cerca, y eso sucedió en la década de los 70 con las Pioneer 10 y 11. Desgraciadamente, estas dos sondas no llegaron demasiado cerca de Europa, y no obtuvieron imágenes extraordinarias de la luna –puedes ver la mejor de ellas a la derecha–, aunque sí mucho mejores que cualquier cosa que hubiéramos podido ver antes con nuestros satélites terrestres. Además, las medidas tomadas por las Pioneer nos permitieron conocer la densidad de Europa, unos 3 000 kg/m3, lo cual significaba que estaba fundamentalmente compuesta de silicatos, como casi todos los planetas y satélites rocosos, probablemente con un núcleo metálico.

Europa por Voyager

Como puedes ver justo arriba, las Voyager también tomaron algunas fotografías de Europa, algo mejores que las de sus predecesoras, pero que aún no tenían la suficiente resolución para ver la luna en todo su esplendor.

Sonda Galileo

Galileo durante su preparación (NASA).

De modo que no hubo más que esperar de nuevo, hasta que Galileo alcanzó el sistema joviano en 1995, y sí, entonces sí: esta sonda nos regaló con imágenes, como la del principio del artículo, que cortan el aliento por su belleza. Una belleza gélida, extraña y cubierta de misteriosas cicatrices, que en vez de aclarar nuestra idea de Europa hizo brotar multitud de preguntas nuevas. Deléitate con la siguiente imagen, tomada por Galileo el 7 de septiembre de 1996, durante su segunda órbita alrededor de Júpiter, a una distancia de unos 680 000 km de Europa:

Europa

Europa, vista por Galileo (NASA).

Las fotos de Galileo nos mostraron un satélite de un color muy claro, con un albedo de alrededor del 67% (es decir, que refleja dos terceras partes de la luz que recibe), uno de los mayores de cualquier luna –aunque más adelante en la serie conoceremos otras aún más “blancas”–. La superficie de la luna es básicamente una corteza de hielo de H2O con trozos de rocas y polvo cubriendo determinadas zonas, lo que le da a algunas regiones ese color terroso. El hecho de que Europa tuviera hielo no debe resultar sorprendente, dada la enorme distancia al Sol: la temperatura máxima sobre su superficie es de unos -150 °C, y la mínima son unos gélidos -223 °C. De modo que no sólo estamos hablando de hielo, sino de un hielo extraordinariamente frío y compacto.

Un año antes de que Galileo tomase la foto de arriba ya teníamos algunos datos preliminares sobre la atmósfera –por decir algo– de Europa, tomados por el telescopio espacial Hubble, y confirmados por la propia Galileo in situ. Como era de esperar por su minúsculo tamaño, Europa no tiene una atmósfera digna de ese nombre: la presión es una billonésima parte de la presión atmosférica sobre la superficie terrestre. El poco gas que hay es fundamentalmente O2, pero, antes de que lances las campanas al vuelo, recuerda que estamos hablando de una presión minúscula, comparable a la que obtenemos en tubos de vacío en la Tierra.

El oxígeno atmosférico de Europa no es de origen biológico, sino que es el resultado del constante bombardeo que recibe la luna por parte de electrones muy energéticos e iones, como le sucedía a Ío, aunque en menor medida. Europa recibe unos 540 rem al día, la sexta parte de radiación ionizante que su hermana mayor, pero esto es suficiente para disociar moléculas de H2O del hielo de su superficie de manera constante. El hidrógeno así extraído de la superficie es tan ligero que escapa de Europa en poco tiempo y forma una nube en su órbita y, finalmente, es disociado de nuevo y sus iones contribuyen a los cinturones de partículas cargadas que rodean Júpiter, de modo que Europa es –aunque mucho menos intensamente que Ío– una fuente de materia para esta “tormenta de partículas” que bombardea las diversas lunas de esta región, incluida ella misma.

Pero el oxígeno es más pesado y dura más tiempo en la tenue atmósfera de la luna – de ahí su abundancia relativa frente al hidrógeno. Es más, parte del oxígeno disociado de las moléculas de agua parece quedar “atrapado” en el hielo, en forma de O2 y no ya como parte del H2O, y este hecho puede ser de una importancia enorme, como veremos dentro de un momento, para las posibilidades de vida indígena en este satélite.

La mayor parte del polvo y rocas que cubren parte del hielo de Europa proviene, por su distribución, de impactos con objetos de distinto tamaño: la casi inapreciable atmósfera de la luna no es capaz de protegerla contra esos impactos, con lo que se va “ensuciando” poco a poco. Sin embargo, a pesar de una edad de varios miles de millones de años, Europa sigue siendo relativamente “blanca”, lo que indica sin lugar a dudas que su superficie tiene que renovarse con relativa frecuencia. Con las estimaciones actuales de frecuencia de impactos, la superficie helada de Europa debe de tener una edad de entre 20 y 180 millones de años, lo cual, aunque parezca mucho tiempo, es un respiro comparado con la vida de la propia Europa y el Sistema Solar en general; Europa tiene una piel joven y tersa para su edad.

Lineae en Europa

Lineae sobre la superficie de Europa (NASA).

Pero, además de la juventud relativa de su superficie helada, había más cosas sorprendentes en las imágenes de Galileo. Lo más llamativo de todo, que seguro has notado ya en las dos fotos de arriba, son esas cicatrices algo más oscuras que cubren la luna, denominadas lineae (líneas). Hay líneas de distintos tamaños, algunas de varios cientos de kilómetros de longitud y hasta 20 km de anchura. Como puedes ver en la más ancha de la imagen de arriba, a menudo tienen una línea más clara en el centro, lo que muestra hielo relativamente “nuevo”, geológicamente hablando, claro, e indica que no se trata de “arañazos” por objetos externos, sino más bien de grietas debidas a procesos internos.

La causa más probable de estas grietas es el afloramiento de materia más caliente desde el interior, o bien tras la fractura de la capa helada, o bien como causa de esa fractura como sucede en las dorsales oceánicas terrestres. Naturalmente, aquí no se trata de lava basáltica como en la Tierra, sino de hielo menos frío y rígido que el de fuera –algo bastante fácil, dada la temperatura de la superficie–. Este afloramiento lento pero constante de hielo nuevo –y la desaparición lenta del antiguo– explica la juventud de la superficie helada de Europa, pero genera preguntas nuevas; en este caso, una tiene fácil respuesta y la otra lleva a conclusiones muy interesantes.

La pregunta de respuesta sencilla es ¿por qué asciende hielo menos frío? El responsable es, como casi siempre, Júpiter. Como hemos dicho antes, aunque no tan intensamente como Ío, Europa está sometida a deformaciones constantes debidas a su órbita y la interacción gravitatoria con el Gigante y las otras lunas. Esto significa, por un lado, que la superficie sufre tensiones repetidas en direcciones determinadas que acaban agrietándola, y por otro, que su interior está a una temperatura bastante alta, lo suficiente para generar corrientes ascendentes de hielo más cálido que el de fuera. Esto explica bastante bien la existencia de las lineae y lo que vemos en su interior. Y así llegamos a la segunda pregunta que nos lleva al gran misterio de este satélite, y a nuestra gran esperanza.

Dado que la órbita de Europa sigue un ritmo muy predecible, y que las afloraciones de hielo templado desde el interior se deben a fuerzas de deformación que se producen siempre igual, las lineae de Europa deberían ser más o menos paralelas unas a otras, y efectivamente, así es… para las más jóvenes. Pero, según miramos líneas más antiguas al lado de las más modernas, se van inclinando más y más, de modo que algunas forman ángulos casi perpendiculares a las más modernas, y el ángulo parece tener que ver con la edad de la línea. Sin embargo, Europa siempre mira, como nuestra Luna, a su planeta, con lo que… ¿cómo diablos puede haber líneas casi perpendiculares entre sí, y qué tiene que ver la edad con la orientación?

La respuesta que satisface al mayor número de planetólogos es que la superficie helada de Europa no está fija a su interior rocoso, sino que es muy probable que haya una capa de agua líquida entre ambos; esa capa permite deslizarse a la corteza helada independientemente del interior de Europa, y produce el lento “giro” de las lineae de manera periódica. Y, de ser cierto esto, haría de Europa un lugar increíblemente especial en el Sistema Solar, pues sería el único lugar, además de nuestro planeta, donde sucede esto. Piensa un momento en la relevancia de este hecho: cuando hablamos de océanos en Marte, por ejemplo, estamos haciéndolo de océanos que existieron muchos millones de años antes de que el ser humano existiera en nuestro propio planeta; pero, cuando hablamos de agua líquida en Europa, se trata de algo que fluye ahora mismo, mientras lees estas líneas.

Pero la inclinación paulatina de las lineae no es el único dato que apunta a un océano líquido bajo la superficie (los científicos no son tan fáciles de convencer de casi nada). Antes siquiera de que hubiéramos visto estas misteriosas líneas, el cálculo de la energía calorífica producida por las continuas deformaciones de Júpiter sugería ya que la temperatura en el interior de la luna sería suficientemente alta para que existiera agua líquida. La pregunta era si esas temperaturas se alcanzarían muy por debajo de la superficie rocosa, de modo que sobre ella sólo hubiera hielo, o si el suelo rocoso estaría lo suficientemente caliente todavía como para que existiera agua líquida sobre él, más caliente cerca de la roca y más y más fría hacia arriba, hasta convertirse en hielo lo suficientemente lejos.

Modelos del interior de Europa

Modelos del interior de Europa: hielo hasta el final (arriba) u océano líquido (abajo) (NASA).

Dicho de otro modo, el cálculo teórico a partir de la energía disipada en las deformaciones deja claro que el hielo que vemos es el más frío en Europa, y si fueras haciendo un túnel hacia abajo, cada vez estaría más caliente, pero ¿llegarías a encontrar agua antes de llegar a la roca, o simplemente hielo más templado? Ésa es la pregunta del millón, y la inclinación de las cicatrices de Europa nos hace sospechar que sí encontrarías agua. Además de esa pista, Galileo descubrió que Europa tiene, además de un pequeño campo magnético propio, otro inducido por Júpiter que sólo sabemos explicar si suponemos que existe una capa conductora a no mucha profundidad bajo la superficie visible del satélite: y el único candidato que parece tener sentido para eso es un océano de agua salada, pues las mayores concentraciones de metales, dada su densidad, están probablemente en el núcleo de Europa.

De hecho, algunos de los modelos utilizan una capa de hielo externa muy fina, pero los más aceptados son los modelos de “hielo grueso”. ¿Qué es lo que encontrarías si hicieras un agujero en el hielo de la superficie de Europa, si estos modelos de hielo grueso son ciertos? Algo que, como suele pasar en esta serie, deja a las películas de ciencia-ficción como cuentos de niños.

Para que te hagas una idea, el hielo de la Antártida terrestre llega a estar a unos -89 °C; el hielo de Europa, en los lugares más soleados y tórridos, está a -150 °C y es tan duro como una roca, y deja al hielo antártico como una nievecilla primaveral. En la Antártida, si hicieras un túnel hacia abajo en el hielo, tendrías que excavar hasta un máximo impresionante de 4,5 km para alcanzar la roca. Pero en Europa, si hicieras el mismo túnel, lo único que verías es más hielo… pero hielo algo más templado que arriba. Poco a poco, el hielo se iría volviendo menos compacto y más húmedo, y finalmente, entre 10 y 30 km bajo la superficie, caerías al océano de Europa, un lugar gélido para nosotros, pero un auténtico horno al lado de la superficie.

De colonizar Europa algún día –y no hay razones de peso para hacerlo salvo que encontremos algo maravilloso allí abajo, que nunca se sabe–, éste sería un buen lugar por dos razones fundamentales. Por un lado, la capa de hielo protegería a los colonos de esos 540 rem diarios que acabarían con ellos de otro modo si estuvieran sobre la superficie. Por otra parte, en este lugar dispondríamos de agua líquida en una cantidad mayor de la que nunca podríamos necesitar. Algunas ideas, como las planteadas por el Proyecto Artemis, sugieren horadar una cueva en el hielo a poca distancia del océano bajo él, de modo que estuviéramos protegidos, podríamos expandir la base excavando más si es necesario, y tuviéramos agua a nuestra disposición a corta distancia bajo nuestros pies: una reserva de agua que es un océano entero.

Y ese océano, de acuerdo con nuestros modelos, también es impresionante –¡sólo de pensar lo que quiero escribir ya se me pone la carne de gallina, a ver si consigo transmitirlo!–. Para empezar, no es un océano como los de nuestro planeta, con masas de tierra que cubren una gran parte de la superficie: es un mundo-océano, no hay islas, ni continentes, sino una masa de agua que cubre la luna entera. Si nadaras en una dirección determinada justo bajo el hielo, sin desviarte de tu camino, volverías al mismo lugar sin encontrar ningún obstáculo. Además, dada la profundidad bajo el hielo, es un océano en perenne oscuridad: ni el menor rayo del minúsculo Sol del firmamento del satélite alcanza este lugar, y sólo los crujidos del hielo sobre ti, y los movimientos del agua, alcanzarían tus sentidos.

Es difícil de asimilar, pero más aún si piensas en la profundidad. Los océanos terrestres tienen una profundidad máxima de unos 11 km. Imagina que estuvieras en Europa, en la “superficie” del océano –y estamos hablando ya de entre 10 y 30 km bajo la superficie real de la luna–. Si te sumergieras 11 km hacia abajo, sobre ti estarías viendo el equivalente a la profundidad abisal más terrible de la Tierra… y, por debajo, seguiría habiendo océano. Y, si descendieras otros 11 km, lo mismo: más océano bajo tu cuerpo. Tendrías que sumergirte unos 100 km, ¡diez veces la Fosa de las Marianas!, para llegar al fondo y encontrar algo que no fuera agua.

Y ese viaje descendente en la oscuridad te llevaría a temperaturas más y más agradables, pues la fuente última de energía en Europa está abajo, no arriba, de modo que el lugar más confortable se encontraría muy probablemente al final del camino, 130 km bajo la tenue y gélida atmósfera, en el fondo, donde el calor desprendido por la roca permite la existencia de este océano indescriptible –porque lo intento, pero no lo consigo–. Esa agua caliente, además, se mezclaría con la más densa sobre ella, de modo que un intervalo razonablemente grande de profundidades tendría temperaturas “altas”. Eso sí, recuerda que el agua es extraña en cómo se comporta su densidad respecto a la temperatura: la máxima densidad se produce a 4 °C, con lo que esta mezcla por convección no llegaría a alcanzar las capas más altas y gélidas de ese oscuro reino.

Desgraciadamente, todo lo que podemos hacer acerca del océano bajo el hielo de Europa es crear modelos que se ajusten a los datos que tenemos “desde fuera”, porque alcanzarlo, si existe, es muy difícil. Piensa que no sólo hablamos de poner una sonda allí, que sea capaz de soportar los niveles de radiación de la superficie de la Luna en su órbita alrededor de Júpiter, sino que además debe ser capaz de horadar un agujero en un hielo tan duro como el granito hasta una profundidad que puede ser tres veces la altura del Everest. ¡Menudo proyecto!

De hecho, ni siquiera hemos vuelto a Europa desde Galileo en 1995. Un buen puñado de misiones se han planteado y cancelado a lo largo del tiempo, de modo que ya ni estoy seguro de que las que ahora mismo están activas lleguen a llevarse a cabo. La siguiente planeada es una misión conjunta entre las agencias espaciales estadounidense y europea (NASA y ESA), la Europa Jupiter System Mission (EJSM) (nombre bastante soso) o Laplace (mucho mejor, además de honrar al buen Pierre-Simon y su resonancia). La JAXA japonesa y el Roscosmos ruso parecen interesadas en colaborar, pero todo parece estar en el aire. La propia ESA no tiene suficiente dinero para financiar todas las misiones planteadas en las próximas dos décadas, de modo que en unos años deberá decidir cuáles siguen adelante y cuáles no… y ésta en particular no es seguro que siga, por más que tú o yo maldigamos.

La misión Laplace, si se lleva a cabo, constará de varias sondas que observarán en más detalle la magnetosfera joviana y –lo que más nos interesa en este artículo– dos de los satélites galileanos, Ganímedes y Europa. En el caso de Europa, el principal objetivo de la misión será determinar si realmente existe un océano bajo el hielo de la luna. Y para saberlo, si es que la misión se realiza y que encuentra datos concluyentes, tendremos que esperar a la década de 2020.

Más interesante aún es la posibilidad, si confirmamos la existencia del océano, de explorarlo, pero el coste y la dificultad son tan tremendos que necesitamos primero estar seguros de que hay agua ahí abajo, antes de intentar nada concreto más allá de prototipos –que los hay–. El plan básico, sin embargo, es bastante claro y espero que te parezca lógico en sus pasos.

El primer paso sería, naturalmente, posar una sonda sobre la superficie de la luna. De ella saldría una segunda fase de la misión: un robot “taladrador”. Esta segunda fase tendría la parte más difícil de la misión, conseguir horadar el hielo de Europa hasta el océano. Para hacerlo, tendría forma de bala de gran tamaño, ya que lleva algo dentro, como veremos en un momento: calentaría el hielo inmediatamente por debajo, fundiéndolo, y su propio peso lo haría descender y desplazar el agua, que se situaría sobre él, rellenando el hueco que ha dejado. Naturalmente, según el robot desciende, el agua vuelve a congelarse sobre él, de modo que no deja un túnel construido –una empresa mucho más difícil–, sino que desciende en una pequeña burbuja de hielo fundido en agua. Esto significa, desde luego, que este robot nunca podría volver a la superficie de nuevo.

Robot perforador

Prototipo de robot perforador (NASA).

La primera fase se quedaría arriba, en lo que sería la boca del túnel pero que realmente, tras el paso de la segunda fase hacia abajo, es un trozo de hielo recientemente fundido, claro. Esa primera fase tendría la antena con la que enviar y recibir información de la Tierra, y estaría conectada al robot mediante cables que éste va soltando según desciende, para poder comunicarse con él. ¡Sí cables, nada de comunicación inalámbrica! El problema es que, si el robot encuentra algo maravilloso ahí abajo, no tiene manera de volver para contárnoslo. Ni siquiera puede comunicarse con la Tierra por radio, ni con la sonda de arriba, porque unos cuantos kilómetros de hielo lo harían imposible… con lo que va soltando ese carrete de cable para poder dar señales de vida y recibir órdenes.

Como puedes imaginar, la cantidad de energía necesaria para calentar el hielo hasta el punto de fusión y luego fundirlo, teniendo en cuenta el volumen de una columna de un metro o dos de diámetro y unas decenas de kilómetros de profundidad, es enorme. La energía solar no es, evidentemente, una solución en este caso, de modo que muy probablemente la fuente de energía sería nuclear de fisión.

Misión a Europa

Visión artística de una misión al océano de Europa (NASA).

Finalmente, al llegar al fondo del hielo y encontrar agua, la tercera fase de la misión saldría de esta gran bala metálica: un robot acuático, capaz de moverse por el océano de la luna en total oscuridad. Esta tercera fase podría tener que sumergirse hasta profundidades escalofriantes –aunque la presión no sería insufrible como una profundidad similar produciría en la Tierra, por la ínfima gravedad de Europa–, explorar lo más posible en un mundo en el que no hay referencias, y luego encontrar su camino de vuelta, entrar en la “bala” otra vez y descargar los datos que pueda haber obtenido para que sean enviados de nuevo a la Tierra, tras recorrer unas decenas de kilómetros por cable y unos 700 millones de kilómetros por el espacio interplanetario.

Ya sé que todo esto suena a ciencia-ficción (dura, espero), pero lo creas o no, tenemos algunos prototipos iniciales tanto de la “bala horadadora” como del robot acuático. Hace unos años ya informamos de la misión de la NASA al cenote más profundo del mundo, y conocimos a la adorable Clementina, capaz no sólo de bucear en las aguas oscuras y exóticas del cenote, sino de hacer un “mapa mental” de su camino para volver otra vez a la superficie.

Clementina

Clementina (Carnegie Mellon University, Field Robotics Center).

Prueba taladro

Respecto al horadador, se han realizado pruebas que han conseguido perforar el hielo ártico hasta alcanzar el océano por debajo de él –pero claro, estamos hablando de unos 20 metros en vez de kilómetros–, para comprobar que la idea es factible, y todo ha ido perfectamente. De modo que, aunque falten décadas, al menos tenemos un plan para explorar el fascinante océano bajo el hielo de Europa si encontramos pruebas de que existe y estamos dispuestos a gastarnos el dinero necesario.

Pero ¿qué podría haber allí, además de agua y oscuridad? Durante un tiempo pensamos que probablemente se trataría de un lugar tan estéril como oscuro, pues ¿cómo puede haber vida sin la fotosíntesis, sin oxígeno que respirar, sin la luz del Sol? Incluso en los lugares más profundos de nuestros océanos, se pensaba que la fuente última de alimento y energía era la superficie, y que sin ella no podría haber vida allí abajo. Sin embargo, como probablemente sabes, en nuestro propio planeta hay seres vivos que no dependen del Sol para su subsistencia, ni siquiera respiran oxígeno. Hay bacterias extremófilas en algunos lugares del fondo de los océanos terrestres que no utilizan oxígeno como oxidante, sino otros elementos como el azufre, y que en vez de la fotosíntesis aprovechan otras reacciones de síntesis química que no requieren de luz solar para producirse.

La posibilidad existe, de modo que es fundamental que, de enviar misiones que alcancen la superficie de Europa –ni qué decir ya del océano–, nos aseguremos de que están esterilizadas. La verdad es que, en este caso, el peligro no es ni de lejos tan grande como en Marte, puesto que las bacterias que pudiera haber sobre los robots no tendrían demasiadas posibilidades de vida en la hostil Europa… pero nunca se sabe, y mejor estar seguros.

Vida en un filón hidrotermal

Vida en una fumarola hidrotermal en la Tierra (NOAA).

De modo que, aunque no haya la menor garantía, por supuesto, existe la posiblidad de que seres con mecanismos similares vivan en las profundidades de los océanos de Europa. Pero ¿habrá formas de vida más avanzadas, o simplemente bacterias extremófilas? ¿Es posible, si la energía desprendida por las fuentes térmicas del fondo es suficiente, que se desarrollen seres pluricelulares? No lo sabremos hasta que un día, tal vez, el foco valiente y solitario de un pequeño robot nadador se pose, por primera vez, sobre un movimiento extraño en el agua oscura.

En el próximo artículo de la serie, otro de los satélites galileanos: Ganímedes.

Para saber más:

Astronomía, El Sistema Solar

45 comentarios

De: El Sistema Solar – Europa
2010-07-07 18:05:20

[...] El Sistema Solar – Europa eltamiz.com/2010/07/07/el-sistema-solar-europa/  por markitos.mhm hace 3 segundos [...]


De: Angel
2010-07-07 18:30:02

Que gran artículo, Pedro. Desde que leí 2010 de Arthur C. Clark siempre he sentido una fascinación y curiosidad tremendas por saber que hay en el oceano de Europa (si es que finalmente existe claro). Pero te has olvidado de un detalle: antes de Galileo, las sondas Voyager visitaron Jupiter y sus lunas y nos dejaron imagenes algo mejores que las de las Pioneer:
http://www2.jpl.nasa.gov/galileo/europa/vgre.html

Y una curiosidad: la ESA no puede afrontar en solitario una misión a Jupiter no solo por motivos presupuestarios. En el acta fundacional de la ESA se prohibe explicitamente el uso de energía nuclear en sus misiones (supongo que para evitar cualquier tipo de utilización militar de la agencia), la cual resulta absolutamente imprescindible para una misión en el sistema solar exterior (la luz del sol a esa distancia es insuficiente para que unos paneles solares suministren energía a la nave). Por eso ESA tiene que ir de la mano con NASA cuando quiere preparar un viaje de ese estilo. Vease el caso de Cassini/Huygens: Cassini (la sonda encargada de llegar hasta Saturno) era de NASA, mientras que Huygens (el trasto que aterrrizó en Titán) era de la ESA.


De: Juan Carlos Giler
2010-07-07 19:36:23

Espectacular artículo !!!
En serio, uno de los mejores que haya leído jamás.....

Como comenté anteiormente, ver esas pequeñas 4 "estrellas" desde mi pequeño telescopio casero es realmente algo que nunca se olvida.

Sería realmente algo sensacional (por no decir el descubrimiento del milenio) encontrar vida fuera de la Tierra.... por mas que sean nolo bacterias

Por cierto, me parece una pequeño errata..... "las lineae de Ío deberían ser más o menos paralelas unas a otras, y efectivamente, así es"... no debería decir "las lineae de Europa"

Felicitaciones Pedro !!!! Y gracias por compartir esos conocimientos con la gente normal :)


De: Juan Carlos Giler
2010-07-07 19:49:52

Me olvidaba de algo.... ¿de donde salió toda esa agua (es una cantidad mucho mayor que en la tierra)?. Gracias.


De: keme
2010-07-07 19:53:18

¡Por fin, el artículo de Europa!

Llevaba ya bastante tiempo esperando este artículo, ya que quizá sea mi cuerpo favorito del Sistema Solar desde que vi 2010 (creo que lloré cuando los chinos se quedaron varados en Europa y se los comió el bicho ese), y debo de decir que no me ha defraudado en absoluto, aunque tampoco lo esperaba, chapeau, Pedro.

Y ahora la parte mala: En el párrafo justo encima de la imagen de los modelos del interior de Europa, en la tercera línea dice: "que la temperatura en el interior de la sería suficientemente alta ", creo que te has comido una palabra entre "la" y "sería" ;)


De: chamaeleo
2010-07-07 20:05:55

Llevaba un tiempo esperando impacientemente este artículo, y lo he disfrutado como un enano. Dejo un par de erratas que he localizado:

1) "Dado que la órbita de Europa sigue un ritmo muy predecible, y que las afloraciones de hielo templado desde el interior se deben a fuerzas de deformación que se producen siempre igual, las lineae de IO ---> EUROPA <--- deberían ser más o menos paralelas unas a otras."

2) "Antes siquiera de que hubiéramos visto estas misteriosas líneas, el cálculo de la energía calorífica producida por las continuas deformaciones de Júpiter sugería ya que la temperatura en el interior de la ---> LUNA/SATÉLITE/CORTEZA/ETC <--- sería suficientemente alta para que existiera agua líquida."

Por otro lado, quisiera comentar que me ha parecido curiosa la idea del cable que vaya a portar tras de sí el robot perforador, manteniéndolo conectado con la sonda que se queda en la superficie. Es una idea muy buena porque además, a parte del uso como transmisor de información, permitiría también alimentar energéticamente al robot a modo de cable eléctrico desde la sonda que se quede en la superficie, trasladando la fuente de energía a dicha sonda y permitiendo que el robot que vaya a descender sea mucho más pequeñito y más ágil de manejar (porque una minicentral de fisión no creo que pueda ser muy pequeña).


De: Pedro
2010-07-07 20:17:17

Erratas corregidas (creo que todas las que habéis mencionado), foto de las Voyager añadida, ¡gracias a todos, y especialmente a Ángel, no sabía lo de la ESA, lo cual explica muchas cosas! :)

Por cierto, me alegro de que lo hayáis disfrutado, estas entradas llevan mucho (muuuuucho) tiempo, pero merece la pena :)


De: Estany
2010-07-08 00:52:48

¿y si se comprueba que no hay vida, sería lícito considerar sembrarla con vida terrestre?
Saludos
Gran artículo.


De: Sergio B
2010-07-08 02:38:53

Estupendo articulo. Me ha hecho recordar cierta pregunta que lei en un libro de Stephen Hawking (podria ser en un libro de Manolo el Chocolatero, pero si es de un tio chulo, ¿por que no vacilar?) sobre si somos algo extraño o comun. La manera de plantearlo es si existimos nosotros, es posible que existamos, luego en un infinito de posibilidades deben de haber otros como nosotros o si como hay un infinito de posibilidades es posible que en una haya unos micos blancos preguntandose sobre la vida en el universo. En matematica es mas sencillo decir que infinito por cero es uno o dos o infinito o cero, sabemos que cero no pero, ¿encontrar vida fuera de la tierra significaria que es algo comun?

En mi humilde opinion, dependemos mucho de nuestra vision del universo y de nuestro todavia infimo espacio observado (¿alguna sonda ha abandonado ya realmente la esfera de influencia del sol?, creo que alguna voyaguer iba ha hacerlo, pero no se si ya lo consiguio). Observamos desde nuestro pequeño planeta y desde el espacio que podemos abarcar el resto del universo y esperamos que las mismas leyes que se cumplen aqui se cumplan ahi afuera, como de otra forma seria imposible hablar de nada, pero lo que a mi me pica, ¿de verdad la vida es tan debil? Yo creo que inumerables organismos se han encontrado ya en sitios que no creiamos posibles y que las que conocemos estan basadas en el carbono, sexto elemento de la tabla periodica por lo que cerca tiene que estar de ser el sexto elemento mas abundante, y agua, compuesto del mas comun hidrogeno y del oxigeno que andara en el octavo, ademas de tener que contar con la energia, de la que realmente no rebosa el unverso pero que suele andar concentrada junto con la materia, de la que tampoco rebosa, por lo que me parece mas que probable que la vida sea una de las cosas mas comunes del universo. Vale, hemos explorado una luna helada y sin recursos como la nuestra y revisado un poco la superficie de un planeta como marte que hace mucho tiempor que se murio (geologicamente hablando) pero eso no deberia desviarnos de lo que hemos visto en nuestro planeta.

Aunque bueno, supongo que son ilusiones que Pedro se controla como ya dijo para no ser demasiado estusiasta, pero de todas formas, yo no seria capaz de entender practicamente a casi todo el resto de la humanidad si intentase decirme hola, ¿realmente entenderiamos a una forma de vida inteligente extraterreste aunque nos gritase al oido? Si existiese unos bichos inteligentes viviendo en Europa y les cayese una bala perforadora de hielo en la cabeza, ¿se lo tomarian con filosofia o empezariamos asi una guerra intergalactica? (lo que por otro lado, sin duda ayudaria en gran medida a la carrera espacial y a nuestra estupenda industria armamentistica), esto ha venido a ser mas bien comico, que conste.


De: Kaliotto
2010-07-08 02:53:16

Genial artículo, como siempre. Adoro esta serie y tu forma de plantear los artículos: durante el rato en que los leo, me siento como si estuviese allí. Sólo el hecho de imaginarme un robot encendiendo una luz en un océano en el que siempre ha reinado la oscuridad hace que se me ponga la piel de gallina...


De: J
2010-07-08 07:29:26

Jo. A ver si con un poco de suerte hay algo que no he entendido, porque me deja un mal sabor de boca.

Por un lado, si no había entendido mal, la presencia de agua era necesaria por dos motivos: para la subsistencia de los humanos et al. y mediante electrolisis para almacenar energía en H y obtener O2.

Pero por otro lado, el único lugar donde hay agua en abundancia, está demasiado lejos del sol como para que la energía solar ser suficiente.

Así que una de dos: o llevamos el agua (si vamos cerca), o llevamos la fuente de energía (si vamos más allá de Júpiter). En cualquier caso, malas noticias para una eventual colonización duradera (aunque no para misiones exploratorias).

Al menos, Pedro y la NASA nos regalan 2 o 3 fondos de pantalla nuevos...


De: david
2010-07-08 14:52:58

¿Que pasó con bocados de inglés?
http://es-en.com/


De: Pedro
2010-07-08 15:06:38

david, simplemente que no damos a más. El Tamiz es nuestra primera prioridad, y además un enorme placer; Bocados es un proyecto paralelo menos importante, y no es igual de divertido. No creo que volvamos a trabajar en él salvo que tengamos mucho más tiempo que ahora, o que se nos ocurra cómo ganar suficiente dinero con él para que nos merezca la pena como trabajo. Y, a corto plazo, ni una cosa ni la otra tienen pinta de que vayan a cumplirse... lo siento :)


De: Héctor
2010-07-09 01:42:40

Tras leer el artículo (que me ha encantado, por cierto) he estado dándole vueltas al tema del cable que iría soltando la bala perforadora a medida que fuera descendiendo. Si suponemos que la capa de hielo mide 10 km y debajo hay 100 km de océano, necesitaríamos 110 km de cable para poder llegar al fondo, lo cual me parece que ocuparía mucho espacio y, más importante, muchísimo peso. Aunque bueno, si el cable sólo lo queremos para transmitir información (nada de energía) me imagino que con un finísimo cable de fibra óptica... Pero habría que tener en cuenta la resistencia del cable, y un cable de fibra óptica extremadamente fino no ha de ser muy resistente ¿no?

Pedro, cada vez me gusta más El Tamiz, espero que sigáis muchos años con él.


De: josell
2010-07-09 03:22:49

Dicen que, para encontrar vida, podemos analizar el hielo que sale de las grietas, a ver si hay organismos en él; una vez escuché.


De: Agustin Bosso
2010-07-09 06:09:06

si los bloggers viven de los comentarios vive mucho por que casi tuve un orgasmo con este articulo. Espero esta serie de tu blog mas que mis series favoritas, incluso, cuando publicas estos articulos me reservo un buen momento de tranquilidad para leerlo y saborearlo, me haces sentir como si estuviera alli, en Europa, transportado de alguna forma, observando, viendo, aprendiendo, ni Arthur C Clarke me hacia sentir asi. Muchas gracias por la maravillosa labor. En donde sea que realices tus labores de educador espero que sepan valorarte como el genio que eres. Espero con ansias el siguiente. Muchos saludos


De: Pedro
2010-07-09 08:06:25

Héctor, la idea es que el cable atraviese sólo el hielo: el robot nadador puede bucear por ahí, y luego volver de nuevo a la "bala" de la que salió, conectarse y transmitir la información. Cable hasta el fondo del océano sería una barbaridad de cable, como dices.


De: Pedro
2010-07-09 08:24:20

Agustín, los bloggers somos niños, nos encantan la atención y los elogios, así que gracias, aunque a Clarke lo tengo a unos cuantos años-luz de distancia, pero te agradezco la hipérbole :)


De: chamaeleo
2010-07-09 10:34:58

Héctor, tal vez la resistencia sea muy baja debido al frío. ¿Qué le dice un superconductor a otro? "Qué frío hace, no resisto más." :D
Lo único problemático es que igual el cable a esas temperaturas se volvería más quebradizo, pero supongo que los de la NASA ya habrán dado con alguna solución.


De: Nusesabe
2010-07-09 16:35:01

Para mi las prioridades de la nasa/esa/... deberían ser:
-Posar un humano en Marte.
-Submergir un robot en Europa.

Y lo de sumergir un robot en Europa lo haria cuanto antes mejor, porque como haya vida pluricelular será el mayor descubrimiento desde America, o al menos desde mi punto de vista.


De: Argus
2010-07-09 18:41:35

Me he quedado dándole vueltas al penúltimo párrafo. ¿Por qué la necesidad de esterilizar las naves? Llevamos bacterias al océano de Europa... ¿y qué?

Desde luego que no es algo elegante, pero ¿cuál es la razón principal?


De: Juan Carlos Giler
2010-07-09 19:04:47

Pues a mi no me gustaría que lleguen bichos raros del espacio exterior y me estornuden encima !!!!!


De: Argus
2010-07-09 21:03:03

Hombre, claro, ir por el universo contagiando resfriados no está bien.

Pero a lo mejor nosotros somos los descendientes de los bichos que alguien trajo sin querer en un taladrador atómico. Y en ese escenario, un estornudo es todo un logro de la naturaleza; Una maravilla de una belleza casi infinita :)


De: Pedro
2010-07-09 21:17:37

Argus, totalmente de acuerdo, sembrar vida donde no la hay mola... pero ¿y si la hay y nos la cargamos? De ahí la precaución... perros y conejos en australia, enfermedades varias en exploración y colonización, etc., etc. La hemos cagado muchas veces ya, a ver si no lo repetimos :P


De: kawoq
2010-07-09 21:27:59

Muy buen articulo, solo una errate (me parece)

"este hecho puede ser de una importancia enorme, como veremos dentro de un momento, para las posibilidades de vida indígena en este satélite."

no es "vida alienigena"?

Saludos,


De: Pedro
2010-07-09 21:41:39

kawoq, no, es intencionado. "Alienígena" también serviría, pero no hace énfasis en lo que quiero resaltar, el hecho de que es vida autóctona, no que sea extraterrestre. http://es.wikipedia.org/wiki/Ind%C3%ADgena_%28ecolog%C3%ADa%29


De: Javier
2010-07-10 01:46:39

Me ha gustado el articulo, pero no se si es porque llevaba mucho tiempo esperandolo al final me ha sabido a poco, esperaba descripciones mas detalladas de la posible vida indígena como hiciste con Jupiter por ejemplo, aunque sea de lo menos riguroso ya que solo son elucubraciones es una de las partes que mas me gustan de tus articulos. Y eso que Europa es uno de los lugares con mas posibilidades de tenerla, a lo mejor es que no has encontrado mucha literatura al respecto.

Jo, se me ha hecho eterno esperar que llegases hasta Europa, ahora se me va a hacer todavía mas eterno esperar la llegada del articulo de Encelado.


De: Scarbrow
2010-07-10 05:55:02

Magnífico, Pedro. Me uno al coro de comparaciones con Arthur C. Clarke. Y que tu hiperbólica modestia no te impida seguir superándole en algún que otro párrafo de la más dura ciencia-ficción :)


De: Mariano Ochoa
2010-07-11 08:32:25

Un gusto de artículo. A ver si alguna vez EEUU recorta los gastos militares y aumenta considerablemente las arcas de la NASA para el disfrute y emancipación (y no la muerte) de la humanidad. Gracias por darnos este alimento que nos hace tan bien :-)


De: Clertar
2010-07-12 19:41:02

Fantástico. Esta serie es la que en su día me enganchó a El Tamiz, y sigue en el número uno de todas -y no por falta de mérito de las demás, precisamente.


De: Chapu
2010-07-13 18:38:37

Europa me fascina. Stupendo! Gran artículo, como siempre.


De: Mortimer
2010-07-14 11:26:09

Un auténtico placer leer artículos así.

Pensando, se me ha ocurrido una alternativa al cable que de comunicación que debería dejar detrás de sí la sonda al ir penetrando en el hielo, con la probabilidad de que se congele o se rompa por el movimiento de las placas: como el hielo dejará pasar algunas señales de radio aunque sea a poca distancia, se vayan dejando repetidores de radio por el camino, que irían situados en la la parte trasera y se podrían ir liberando de uno en uno, y que deberían llevar su propia fuente de energía para poder retransmitir las señales y quizás para no dejar de funcionar por congelación. Imagino que la forma más resistente sería la de pequeñas esferas.


De: Javier Aranda
2010-07-15 11:39:08

Artículo genial as usual! :) Extraordinario.
Temo que soy bastante escéptico de que pueda haber vida unicelular ahora mismo en Europa... pero por ínfima que pudiera ser la posibilidad, sí que resulta plausible; y eso sí me gusta, que las posibilidades de vida en el Universo no se remitan solo a un único modelo como el terrestre (campo magnético, tectónica de placas, zona habitable, etc).


De: CuriOso
2010-07-15 19:44:32


Y una curiosidad: la ESA no puede afrontar en solitario una misión a Jupiter no solo por motivos presupuestarios. En el acta fundacional de la ESA se prohibe explicitamente el uso de energía nuclear[...]


jeje, pues tendría gracia que la NASA se quedase sin plutonio :). http://blogs.physicstoday.org/newspicks/2010/07/nasa-seeks-plutonium-alternati.html


De: Angel
2010-07-16 10:50:21

33: Jo, pues están las cosas como para gastarse la pasta en hacer cacharros más grandes por falta de plutonio... Parece mentira como complican la vida detalles como este...

De: patriot
2010-07-16 19:56:53

el articulo es fascinante, encantador, lo disfrute como si de un manjar se tratara.

solo que me quedo la misma duda que a otro tamicero: de donde sale esa inmensa cantidad de agua? tenemos alguna hipótesis? sucedió igual que en la tierra?

felicidades por el artículo, me atrevo a decir que es de los mejores, un 10


De: Pedro
2010-07-16 20:09:26

No conozco hipótesis concretas más allá de la habitual para cuerpos así: impactos de cometas y otros cuerpos que contienen agua, y baja temperatura que permite mantenerla sin que se escape de nuevo pese a la leve gravedad. Si alguien sabe de alguna otra y nos da el enlace, puedo actualizar el artículo :)


De: Luisantonios
2010-07-20 02:08:02

Es fascinante leer toda esa fantástica información, cada vez me sorprendo más y más de este universo cargado de sorpresas inimaginables, soy un lego, no voy más allá de lo que tan excelentemente escriben nuestros anfitriones, pero no por eso dejo de disfrutar de sus entradas, en mi humilde opinión, la colonización a nuestros vecinos tendrá que esperar y un buen tiempo, pienso que no por falta de tecnología, ni de conocimientos, sino por causa de nuestra limitación física, somos muy vulnerables fuera de nuestra querida y maltratada tierra, afuera el universo es hostil, violento y las enormes distancias harían que los pioneros tuviesen el don de la longevidad. Pero soñar y dejar volar la imaginación es delicioso. Muchas gracias Pedro, y quedo entre loco y bobo con todo lo que hay por conocer. !Ah! Yo si creo que hay vida más allá de nuestras fronteras, inteligente? Tal vez más de lo que pensamos.


De: Centinel
2010-07-20 21:53:48

Wow, pasote, esta serie me alucina. ¿Para cuando una versión en papel de El Sistema Solar? Sería una continuación-actualización magnífica del maravilloso Un punto azul pálido de Sagan.


De: Pedro
2010-07-20 22:15:28

Centinel, no lo sé, porque tampoco tengo ni idea de cómo hacerlo. Tiene que ser en color, tiene que ser en tapa dura... va a costar más de un órgano vital :P


De: Pablo
2010-07-27 00:26:31

Estupendo artículo :)
Me ha recordado mis lecturas de infancia de ciencia ficción de principios del siglo XX, cuando aún se pensaba que podría haber mares en Venus...era menos "dura" pero muchísimo más poética, olía a aventura, descubrimiento y exotismo.

Quiero ofreceros un pequeño trozo de esa esencia...¿Os imagináis un lago subterráneo que puede llevar aislado un millón de años, con una saturacion de oxígeno 50 veces superior a la del agua dulce, una temperatura de -3 C y un volumen de 5400 km cúbicos?
Se llama Vostok y es fascinante:
http://es.wikipedia.org/wiki/Lago_Vostok

Un saludo


De: Manuko
2010-07-31 03:53:59

Hola Pedro, fantastico artículo, como de costumbre.

Hacía mucho tiempo que no comentaba por aquí ni participaba en El Tamiz (ni en El Cedazo, que allí aún tengo una serie pendiente de acabar desde hace dos años que no pude acabar por distintas circustancias vitales, a ver si un día me pongo XD), pero he seguido viniendo de vez en cuando y recomendando a todo aquel que he visto interesado en estos temas que pasara por aquí...

En todo caso, quería hacer un comentario sobre las esperanzas de vida en otros astros, como podría ser en Europa. Se comenta mucho el tema de que en Europa podría haber vida igual que la hay en las más remotas profundidades de los oceanos de la Tierra, y sin entrar en el asunto de salvar las distancias (30 km de hielo y tal), si me gustaría comentar el hecho de que, quizá, la particularidad de la Tierra no sea la posibilidad de albergar vida, sino el hecho de que se haya producido el "chispazo" necesario...

Es decir, como he leido hace un rato en otra página que ha dicho recientemente Adrian Brown, miembro del SETI especializado en Marte, "La mesa estaba puesta, pero ¿los microbios marcianos acudieron a la fiesta?". Lo mismo en Europa: la posibilidad de que Europa pueda albergar vida no significa que la albergue, y no ya porque eso sea una posibilidad en cuanto a que haya o no haya oceano en Europa o en cuanto a que pueda o no pueda albergar vida, sino en cuanto a que se haya producido el "chispazo" necesario...

Recuerdo haber sugerido hace mucho tiempo en los foros de aquí algo así como que para mi el universo es una explosión, y la vida, una explosión dentro de otra explosión (el universo). Las probabilidades son incalculables, pero me temo que tan escasas que... la vida es una explosión extremadamente particular. No es por ser antropocentrista o geista, sino que intento tener en cuenta lo que sabemos...

Con eso quiero decir que las bacterias extremófilas o la vida en fumarolas abisales descienden del mismo sitio que nosotros. Si las bacterias son extremófilas o si hay vida alrededor de fumarolas... puede que sea por simple evolución desde formas de vida mucho más "comunes" - por llamarlas de alguna forma -.

Claro que también puede ser lo contrario y que toda la vida descienda de fumarolas o de bacterias extremófilas. De hecho, si mal no recuerdo, hay teorías que dicen que si la atmósfera terrestre tiene el oxígeno molecular que tiene es porque la propia vida disoció ese oxígeno del CO2. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? La respuesta, si mal no recuerdo, es la pre-gallina. Aquí la pre-gallina es un cúmulo de circustancias raras: la química necesaria en el momento y sitio oportunos. Sin embargo, con el agua no se acaba la química necesaria, y puede que, si Europa es un sitio oportuno, ni siquiera se haya dado el momento...

Que se yo, básicamente mi idea es que hablar de las posibilidades de vida fuera de la Tierra no solo supera a la ciencia ficción, sino que sigue siendo ciencia ficción...

...al menos hasta que la realidad supere a la ficción, que también es algo que pasa bastante...


De: Haplo
2010-08-01 21:48:42

Hay que recordar aquello de "ATTEMPT NO LANDINGS THERE" antes de mandar nuestro taladro ;)

Gran artículo!


De: Jerdanlat
2014-12-18 00:57

Una pregunta... y perdón por no elogiar el artículo, porque no alcanzan las palabras para expresar la magnitud del elogio que yace en mi subconciente: Si la idea es meter un cable hasta atravesar el hielo, si el hielo recubre el espacio que el robot deja atrás, supongo que el cable quedaría, además de quebradizo, atrapado por el hielo, presionado. ¿Cómo se sortearía ese obstáculo?

De: Sergio B
2014-12-19 10:47

Jerdanlat, supongo que habra materiales para que a esas temperaturas no se quede quebradizo, yo diria que los superconductores necesitan menos temperaturas, y se usan asi que saber como hacerse se sabe. Respecto a quedar atrapado, no es un problema, el cable no se tiene que mover, es la bala la que va soltando cable segun baja, no el repetidor de la superficie el que la va soltando. Y respecto a la presion, un cable, con al presion que puede ejercer el hielo, no se va a ver afectado en nada, no tiene ningun hueco al que colapsar.

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