El Tamiz

Ignora lo accesorio, atesora lo esencial

Desafíos - El Tobogán de la Muerte

Desafíos El Tamiz

Los habituales conocéis bien a los terribles Alienígenas matemáticos y sus crudelísimos experimentos probabilísticos con humanos, cuyo fin suele ser… suculento. Sin embargo, aunque no suceda tan a menudo como en el caso de las Matemáticas, tras la conquista de la Tierra los babosos tiranos espaciales también realizarán algunos experimentos físicos, como el de hoy. Dado que nunca se sabe cuándo vas a encontrarte inmerso en un experimento así, El Tamiz, con su espírito de servicio público, quiere prepararos para que la tasa de supervivencia de nuestros lectores si llegamos a esa situación sea mayor que la del resto de la población.

Este delirante artículo, por si te lo estás preguntando, es la tercera entrega de nuestros Desafíos; los primeros fueron el del Pájaro Azuzú y el de Escalera hacia el cielo, y hoy os presentamos el tercero. Si no conoces estos desafíos, te recomiendo que antes de seguir leyendo eches un ojo a la descripción de la serie y las reglas amistosas con las que participan los lectores. Básicamente, os presentamos una pregunta (o más de una, según el caso) que requiere pensar un rato, largo o corto, disfrutando de ello, hasta alcanzar una respuesta.

De modo que imagina, crédulo pero estimado lector, que tras la conquista de nuestro planeta has sido capturado por los espantosos Alienígenas matemáticos, que han preparado un pequeño experimento para determinar tu inteligencia… con consecuencias mortales si fallas la prueba, por supuesto. Tus guardas te conducen hasta el borde de un gigantesco cuenco de color plateado, incrustado en el suelo, como una piscina semiesférica y vacía; el borde de la “piscina” está recubierto de pequeñas asas metálicas y al lado os espera un ejemplar de Alienígena de gran tamaño y con dos docenas de ojos viscosos y parpadeantes.

“Bienvenido, xuglurz”, gorgotea el monstruo. “Has sido elegido para llevar a cabo una pequeña prueba. Como ves, hemos construido una semiesfera hueca de sorscklyrnneo, un metal desconocido para vosotros, sub-criaturas.” Al decir esto, un gelatinoso tentáculo señala hacia el enorme cuenco metálico y brillante, como un bol de cereales de pesadilla.

“El sorscklyrnneo tiene propiedades maravillosas”, continúa el ser. “Además de su extraordinaria dureza y resistencia, este metal presenta una fricción prácticamente nula con cualquier otra superficie, y permite hacer unos toboganes magníficos…“, al oír esto, el guarda a tu espalda lanza un leve gorgoteo de ansiedad y placer entremezclados, ”… como vas a comprobar tú mismo.”

El monstruo gesticula con un tentáculo a los guardas. “¡Que empiece el experimento!”, ordena con un ladrido, duchándote de babas. “¡Sí, su Vileza!”, responden los guardas al unísono, y con un leve empujón, ¡te tiran dentro del cuenco!

Efectivamente, aunque al principio tu velocidad es muy pequeña, te deslizas con tal suavidad por el extraño metal que pronto te mueves muy rápido, y pasas por el centro del cuenco a una velocidad vertiginosa. Pero, en cuanto empiezas a ascender por el lado opuesto, tu velocidad comienza a descender. Al acercarte al extremo opuesto del cuenco, miras esperanzado, por si consigues alcanzar el borde con la mano y salir, ¡pero no llegas! Aunque la fricción es casi nula, a lo largo del camino que has recorrido es suficiente para hacer que no llegues al borde, sino que tu brazo extendido se queda un metro por debajo de la salvación.

Naturalmente, en seguida empiezas a bajar por el “tobogán” de nuevo hacia el centro, acelerando más y más, y después subes por el otro lado, hacia los tres Alienígenas que te miran con diversión.

“¡Vamos, sub-criatura!”, te anima uno de ellos con sorna, “no tienes más que agarrar una de las asas del borde y salir.” Pero, claro, tras dos viajes por el cuenco, ahora estás aún un poco más lejos del borde que antes, y no tienes manera de alcanzar la salvación. “O, si no quieres, puedes quedarte dentro del tobogán hasta que mueras de hambre… no serás un platillo muy nutritivo después, ¡pero no hay como el miedo y la angustia como aderezo!”

De modo que la pregunta de hoy, si es que aún estás leyendo estos desvaríos (vergüenza debería darte), es ésta: ¿cómo puedes conseguir escapar el mortal tobogán-cuenco de los Alienígenas?

Por si hay alguna duda:

  • El rozamiento de tu piel, uñas, ropa, etc. con el sorscklyrnneo es prácticamente nulo, y puedes considerarlo despreciable a todos los efectos.
  • El radio de la piscina semiesférica es muy grande, y el valor numérico no es relevante para el problema (la solución ideal no depende del tamaño de la piscina).
  • El borde tiene una serie de anillas semicirculares unidas a él, de modo que si alcanzas una anilla con la mano, aunque no haya rozamiento, puedes cerrar la mano alrededor de la anilla y así salvarte.

(No quiero dar pistas sobre la solución, pero sí decir que este dilema ha aparecido en un par de historias cortas de ciencia-ficción, de modo que, siguiendo las reglas amistosas, si has leído la historia o la conoces por alguna razón, no participes en el desafío).

Como siempre, os dejamos unos días para que podáis leer la pregunta, pensar largo y tendido sobre las posibles soluciones y enviarnos la respuesta. Tenéis de plazo hasta el viernes 11 de junio (inclusive) para enviar respuestas a desafios@eltamiz.com. Como siempre, lo importante no es ser el primero en contestar, pues el orden no tiene nada que ver con la respuesta que declaremos ganadora: lo esencial es que sea correcta, clara y didáctica: que consiga convencer a quien no ha sido capaz de resolver el desafío de que tiene sentido y llega al resultado correcto.

Recordad que el objetivo no es ganar nada (entre otras cosas, porque no hay nada que ganar más que el ejemplar de junio de la revista), sino imaginar una situación surrealista, pasar un buen rato pensando sobre ella y, sobre todo, saber cómo actuar en caso de ser invadidos y utilizados en un experimento así. Debemos estar preparados.

ACTUALIZACIÓN: Este desafío ya está resuelto y cerrado. Si llegas aquí ahora, puedes pensar sobre él y llegar a una solución, para luego leer las respuestas que resultaron ganadoras: Solución al desafío.