El Tamiz

Si no eres parte de la solución eres parte del precipitado

Giordano Bruno

Como sabéis los habituales, Hablando de… es la serie caótico-histórica de El Tamiz. En ella vamos saltando de asunto en asunto, sin orden ni concierto, aunque casi siempre centrados en aspectos históricos y enlazando unas cosas con otras según avanzamos: porque eso es precisamente lo que pretendemos poner de manifiesto, el hecho de que absolutamente todo está conectado de una manera u otra.

En los últimos artículos de esta larga serie hemos hablado acerca del ascensor espacial, propuesto por primera vez por Konstantin Tsiolkovsky, partidario (como casi todos sus contemporáneos) de la eugenesia, promovida por Sir Francis Galton tras ser inspirado por el debate Huxley-Wilberforce sobre la evolución, en el que participó el “bulldog de Darwin”, Thomas Henry Huxley, que utilizó para defender las ideas de su amigo un cráneo de Homo neanderthalensis, nombre científico según el sistema creado por Carl Linneo y empleado en su obra magna, el Systema Naturae, que acabó en el Index Librorum Prohibitorum, lo mismo que todas las obras de Giordano Bruno. Pero hablando de Giordano Bruno…

Tal vez recuerdes, cuando eras pequeño, las funciones de marionetas, y cómo aparecía el lobo detrás de alguna marioneta y tú, como niño, gritabas y gesticulabas tratando de avisar a la posible víctima de la presencia del depredador. “¡Cuidado, cuidado, el lobo!”, gritabas… y, ¿te hacía caso la marioneta? Algo similar te ha pasado de mayor, seguro, cuando ves una película de terror y una inocente víctima va a abrir una puerta tras la cual estás seguro de que se esconde una horrible criatura. “¡No abras la puerta, no abras la puerta!”, piensas, pero el personaje de la película siempre acaba abriéndola ante tu frustración y sufrimiento. Pues mucho me temo que la historia de hoy va a ser algo parecido. Así que, si te sorprendes a ti mismo pensando “¡No, Giordano no! ¡Cierra la boca por una vez, por el amor de Dios!”, y te sirve de consuelo, a mí me pasa exactamente lo mismo.

Antes de nada –parece que siempre comenzamos estos artículos hablando de nombres–, Giordano no era su nombre de pila al nacer: Filippo Bruno nació en 1548 en Nola, en el Reino de Nápoles. Tras pasar su infancia en su ciudad natal, viajó a Nápoles para completar su educación y allí, a los diecisiete años –muy tarde, de acuerdo con lo habitual en la época–, entró como novicio del monasterio de San Domenico Maggiore. Tal vez la tragedia del final de su vida podría haberse evitado si no hubiera dado ese paso, puesto que su carácter era absolutamente incompatible con cualquier jerarquía, dogma y autoridad central. Una personalidad perfecta para entrar en la Iglesia del siglo XVI, ¿verdad?

San Domenico Maggiore

San Domenico Maggiore, Nápoles (dominio público).

Giordano Bruno

El caso es que, en San Domenico Maggiore, Filippo (a la derecha, en un grabado muy posterior a su muerte, ya que no hay retratos contemporáneos) tomó el nombre con el que lo conocemos hoy por Giordano Crispo, uno de sus profesores. En ese monasterio, aún sin ser ordenado sacerdote, empieza lo que será una constante en su vida: Bruno es de una inteligencia agudísima, mente abierta e inquieta y un ansia de conocimiento insaciable. No sólo eso: cuestiona las cosas que le vienen dadas, busca alternativas y, además, es bastante bocazas y su inteligencia social es, digamos, limitada, y consigue ofender fácilmente a sus semejantes. En resumidas cuentas, un verdadero dolor de cabeza para cualquier institución que tenga normas estrictas y que se resista al cambio (¿se te ocurre alguna institución de la época que se ajuste a esas características?). En sólo un año en San Domenico, Bruno ya recibe sanciones disciplinarias: cuestiona el culto a los santos y los símbolos asociados a ellos, además del culto a la Virgen, y lo dice en voz alta; hace recomendaciones a otros novicios sobre lecturas que rozan la herejía, y lee cosas que, de acuerdo con sus superiores, no debería. Vamos, un problema constante para el rígido monasterio.

Y sin embargo, a pesar de ser una espina en la planta del pie de sus superiores, Bruno completa su noviciado. Es nombrado subdiácono en 1570, diácono en 1571 y sacerdote en 1572, y completa su doctorado en Teología en 1575. Además, pronto se hace bastante famoso no por su inteligencia –que, insisto, debía de ser afiladísima–, sino por su memoria. Curioso, ¿verdad? Aparte de que probablemente sí disponía de una memoria excelente, el nolano desarrolló durante su juventud técnicas mnemotécnicas para ser capaz de recordar cosas con una gran eficacia (y más adelante veremos cómo esto, más que cualquier otra cosa, le granjeó la cercanía a muchas personas poderosas a lo largo de su vida). Tan notable debía de ser su habilidad que fue llamado a Roma para demostrar sus técnicas ante el Cardenal Scipione Rebiba y nada menos que el Papa, Pío V.

Desgraciadamente para él, este tira y afloja entre sus extraordinarias capacidades y su heterodoxia incómoda y rebelde continuaba. Según pasaba el tiempo en San Domenico Maggiore, los “deslices” (siempre desde el punto de vista de la Iglesia, claro) de Bruno serían más y más difíciles de ignorar. Y, a riesgo de que alguien me llame cosas al leer este artículo, y sin tratar de defender en absoluto la injustificable postura de la Iglesia de la época, creo que sus mayores –al menos, en esta época– lamentaban que esto tuviera que ser así, y apreciaban la inteligencia y las demás capacidades de Bruno, e intentaban que éste se retractase, ¡o por lo menos se callara!, antes de meterse a sí mismo en problemas, y a ellos también si no hacían nada al respecto.

El problema siempre era parecido. Bruno leía las obras de los teólogos de la Iglesia, y aceptaba muchas de las cosas que decían… pero otras no; a veces defendía ideas que la Iglesia denostaba, como algunas de la herejía arriana. Dentro de la tragedia que todo esto supuso a lo largo de toda su vida, espero al menos hacerte sonreír esta vez: como cualquier otro estudiante de Teología, Bruno se empapaba de las obras de Tomás de Aquino, pero también quería aprender otras cosas menos aceptables para el Papado, y en una ocasión se encontró escondida, en un excusado del monasterio, una copia de las obras de Lutero, ¡de Lutero!… con notas manuscritas del propio Bruno, que lo había estado estudiando mientras usaba el retrete.

Grabado mnemotécnico de Giordano Bruno

Grabado de uno de los libros de mnemotétnica de Giordano Bruno.

El caso es que las cosas se pusieron muy mal, y Bruno era consciente de que se preparaba un proceso contra él, pues había notas y testimonios que mostraban que ponía en cuestión cosas tan centrales para el dogma católico como la Trinidad. Bruno, que era todavía más pragmático que rebelde –algo que luego cambiaría, al revés de lo que suele suceder a lo largo de la vida–, puso pies en polvorosa y abandonó los hábitos y Nápoles, y se dedicó a viajar, aprender, dar clases y escribir. Entre 1576 y 1578 viajó por Noli, Savona, Turín, Venecia, Padua, Bérgamo, Chambéry, Lyon…

Tampoco pienses que Bruno había dejado completamente atrás a la Iglesia, ni viceversa. Las cosas, como en algunas relaciones sentimentales, eran complicadas. Durante esos años, Giordano mantiene el contacto con otros dominicos, y algunos amigos lo convencen de que vuelva a vestir los hábitos. Incluso obtiene permiso para publicar algunas obras no polémicas, y la Inquisición no lo persigue para procesarlo. Mi impresión, ignorante y alejada, es que en estos años se alcanza un statu quo en el que Bruno se mantiene un poco más callado, sin dar problemas, y la Iglesia lo deja en paz. Por otro lado, oficialmente ya no es un sacerdote dominico, por más que lleve hábitos (¡a instancia de otros dominicos!)… como digo, la cosa no es simple.

Cuando Bruno se instala en Ginebra en 1579 parece que por fin ha encontrado su lugar, ya que sus ideas parecen encajar mejor con el calvinismo que con el catolicismo. En Ginebra entabla amistad con otro exiliado de la península italiana, Gian Galeazzo Caracciolo, Marqués de Vico. Este individuo se había convertido en una suerte de protector de refugiados italianos en Ginebra, y él y sus allegados proporcionan a Bruno un hogar fuera del hogar. En Ginebra, Giordano Bruno abandona de nuevo los hábitos y puede enseñar de nuevo en la Universidad sin temor a persecuciones de la Iglesia, ya que el brazo de la Inquisición no puede alcanzarlo en Suiza. Tengo que decir que no estoy seguro de si, en Ginebra, Bruno abraza el calvinismo o no: algunas fuentes dicen una cosa y otras la contraria. De lo que no tengo duda es de que, cualquiera que fuera el paquete de ideas que pudiera abrazar alguna vez, Bruno acabaría de malas con la jerarquía de cualquier institución de manera inevitable, así que probablemente no importa si lo hizo o no.

Porque la historia se repetía una vez más. Cuando Bruno llevaba sólo unos meses como profesor en la Universidad de Ginebra y había obtenido seguridad, libertad y cierta comodidad, llegó a la conclusión de que uno de los profesores de la Universidad no tenía razón en varias de las cosas que decía: no un profesor cualquiera, sino el Catedrático de Filosofía. Bruno llevaba allí unos cuantos meses. ¿Cuál fue la reacción del nolano? Publicó un texto nada sutil en el que ponía de manifiesto al menos veinte errores filosóficos cometidos por el Catedrático en cuestión, Antoine de la Fay. Ginebra tal vez no era Roma, pero allí los hombres también eran hombres, las jerarquías también eran jerarquías, y una espina en la planta del pie seguía siéndolo. Bruno es acusado de difamación, arrestado y procesado. Se le ofrece la posibilidad de rectificar, pero la rechaza y es excomulgado (aunque luego la medida sería retirada)… pero, de cualquier manera, Bruno abandona Ginebra lleno de resentimiento. ¡Otra vez a vagabundear!

Esta vez Bruno acaba en Toulouse, de vuelta al mundo católico, e intenta incluso volver al seno de la Iglesia pero se le niega la absolución, con lo que sigue sin poder dar ni recibir los sacramentos. Lo que sí se le permite es dar clases de Filosofía como un caso especial. Sin embargo, sólo permanece en Toulouse dos años, ya que el ambiente se va tornando cada vez más tormentoso en cuanto a la religión se refiere, debido a las disputas entre católicos y hugonotes. En 1581 se desplaza hasta París, y comienza allí la etapa más tranquila, segura y fructífera de su carrera.

Enrique III

En París enseña Aristóteles y Santo Tomás de manera magistral, mientras siguen haciéndose famosas sus técnicas mnemotécnicas. Tan increíble era su memoria que algunos decían que era fruto de la magia, por más que él explicase lo contrario. De hecho, su fama es tan grande tanto por su maestría al enseñar Filosofía como por su fantástica memoria que es requerido nada más y nada menos que por el Rey de Francia, Enrique III (a la derecha), a quien muestra sus habilidades memorísticas y convence de que no son sobrenaturales. Bajo la protección de Enrique, Giordano enseña en la Sorbonne, y goza de una libertad bastante grande para la época. Escribe algunas obras en las que detalla sus técnicas mnemotécnicas, como De umbris idearum (La sombra de las ideas) y, a través de Enrique III, amplía su círculo de protectores entre los poderosos de Francia.

En 1583, de forma temporal, Bruno viaja a Inglaterra –esta vez de forma voluntaria, no porque tuviera problemas, que los tendría, pero no durante un tiempo– en Francia. Llega allí gracias a una buena recomendación: la del propio Enrique III, que escribe una carta al Embajador francés, Michel de Castelnau. El italiano permanece en Inglaterra dos años, bajo la protección de Castelnau, y allí escribe algunas de sus obras más geniales y más interesantes para aquellos a quienes nos fascina la ciencia. Porque Bruno, que era filósofo y no científico, y cuyas razones para creer o no creer en algo eran todo menos empíricas, no sólo acertó en algunas ideas sobre el Universo, sino que dio en el clavo de una manera que parece mágica.

De hecho, aunque en otras ocasiones los problemas de Bruno se debían a unas ideas diferentes de las de las autoridades correspondientes pero tan indemostrables como ellas (por ejemplo, la naturaleza de la Virgen), en este caso el divino Giordano tenía toda la razón en la esencia del asunto, y seguro que ya sabes por dónde van a ir los tiros. Bruno era un gran estudioso de Aristóteles, y hemos visto como era una auténtica autoridad en ese asunto, pero no estaba de acuerdo con la cosmología aristotélica. Muy al contrario, consideraba mucho más acertadas las ideas de un polaco, Nicolás Copérnico, que sostenía con gran atrevimiento que no era la Tierra, sino el Sol, el centro del Universo, y que nuestro planeta giraba alrededor del Astro Rey y no al revés.

Esto producía en la Iglesia Anglicana la misma reacción que en la Católica, claro. Estamos aún a un par de décadas antes del proceso a Galileo, y en este caso Bruno tiene suerte porque sus controvertidas ideas heliocéntricas son recibidas con más sorna que hostilidad. George Abbot, profesor en Oxford y posteriormente Arzobispo de Canterbury, dedica al italiano el siguiente comentario jocoso:

[Bruno sostenía] la opinión de Copérnico de que la Tierra giraba, y los Cielos estaban quietos; pero, en realidad, era su propia cabeza la que giraba, y sus sesos no se quedaban quietos.

Ya sé que es fácil, y a mí también me pasa, simpatizar con Giordano Bruno, porque tenía razón en lo que decía, y sus ignorantes contemporáneos se reían de lo que no comprendían. Pero él tampoco se quedaba corto: tenía razón, pero lo expresaba de una manera mordaz y sarcástica, y conseguía ofender a la gente constantemente. El 14 de febrero de 1584, Bruno asiste a una cena, invitado por Sir Fulke Greville. Durante la cena, Bruno expone sus ideas y se pone a discutir con dos profesores de Oxford también presentes. La cosa empieza a ponerse incómoda, la discusión se acalora, y Bruno se siente tan ofendido por algunos de los comentarios de sus contertulios que abandona la cena, airado.

Y, una vez más, nuestro terco italiano hace gala de su discreción y aguda inteligencia social, y publica La Cena de le Ceneri (La cena de las cenizas), en la que, entre otras cosas, habla de la susodicha cena en casa de Greville y sus asistentes en particular, y hace una ácida crítica sobre la sociedad inglesa en general, ofendiendo de un plumazo al país en el que vivía y enseñaba.

Giordano Bruno

Sin embargo, a pesar del disgusto que le producían algunos aspectos de la sociedad inglesa, fue allí donde Bruno escribió las obras que me parecen más impresionantes, y las que más nos interesan desde el punto de vista de la ciencia –aunque, insisto, él no era un científico y las razones por las que creía en las cosas que creía no eran las que hoy aceptaríamos desde el punto de vista empírico–. En 1584, inmediatamente después de La Cena de le Ceneri, publica otras dos obras en las que expone algunas de sus ideas cosmológicas, De la Causa, Principio et Uno (Sobre la causa, el principio y la unidad) y De l’Infinito Universo et Mondi (Sobre el Universo infinito y los mundos). Sólo por los títulos, si no conocías al lenguaraz Bruno, supongo que ya estarás arqueando la ceja.

Sí, estamos en 1584, y la mayor parte de la humanidad aún no ha sido capaz de darse cuenta de que la Tierra no es el centro del Universo; las hipótesis más avanzadas son las heliocéntricas, en las que el Sol es el centro del Universo. Pero recuerda: los modelos copernicanos del Universo, aunque se parecen más a los modernos que los modelos ptolemaicos, siguen planteando un Universo muy pequeño, básicamente restringido al Sistema Solar, con las estrellas en una esfera más allá de los planetas más alejados del Sol –de los conocidos entonces, claro–. Galileo ni siquiera ha mirado aún a las lunas de Júpiter con su telescopio.

Pero, en sus obras de 1584, Bruno no sólo defiende que la Tierra no es el centro del Universo, sino que el Sol tampoco lo es – simplemente es el astro alrededor del cual orbita nuestro planeta, uno de muchos. Permite que te muestre brevemente algunas pinceladas del Universo de Bruno, siempre recordando dos cosas: que no se basa en herramientas experimentales ni matemáticas, sino en argumentos filosóficos o teológicos, y que nos encontramos un par de décadas antes de que Galileo pose su vista en las lunas jovianas; las estrellas son para nosotros simplemente puntos de luz en el cielo, y pensar que la Tierra gira alrededor del Sol es un atrevimiento.

El Universo de Bruno no sólo no está restringido al Sistema Solar: es infinito. ¿Cómo podría ser de otro modo, si Dios es infinito? Ya sé que es un argumento tan débil como “El Monstruo de Espagueti Volador es perfecto; la existencia es parte de la perfección; por tanto, el Monstruo de Espagueti Volador existe”, pero date cuenta de la agudeza mental y la imaginación necesarias para llegar a un Universo infinito ¡en el siglo XVI! Por lo tanto, para Bruno, lo que nosotros vemos como puntos de luz en el firmamento son probablemente una infinidad de otros Soles como el nuestro, alrededor de los cuales giran otros planetas en los que vivirán otros hombres. ¡Tomad cera, geocentrismo y heliocentrismo!

Además, a pesar de –o como consecuencia de– su profundo conocimiento de la concepción aristotélica del Universo, Bruno rechaza de plano la diferencia sustancial entre la Tierra (imperfecta, compuesta de los cuatro elementos clásicos) y el Cielo (perfecto y hecho del éter, el quinto elemento inmutable). Para Bruno, todos los demás Soles y planetas están compuestos de los mismos cuatro elementos que el nuestro, y las cosas se comportan en aquellos lugares de igual manera a cómo lo hacen en el nuestro; hoy en día expresaríamos esto diciendo que las leyes físicas son universales. Pero este concepto de un Universo regido por las mismas leyes en todas partes, por más natural que nos parezca ahora, sonaba delirante por entonces. ¡Pero ahí no acaba la cosa!

Bruno rechaza el éter como constituyente de otros astros, pero no la existencia de ese elemento; por el contrario, el nolano considera que el éter es una sustancia extraordinariamente tenue que llena el espacio entre los mundos. Al ser tan tenue, no ofrece resistencia alguna al movimiento de los astros a través de él, de modo que los soles y los planetas no se frenan. Como ves, esto significa descartar la idea de las esferas celestes a las que estaban “amarrados” los cuerpos del firmamento.

La infinitud del Universo de nuestro bocazas, además, no es sólo espacial, sino también temporal: no tiene principio ni fin en lugar ni en tiempo. Ya te puedes imaginar la gracia que esto debía de hacer a las autoridades religiosas que leyeran De l’Infinito Universo et Mondi. Me imagino sus rostros tornándose escarlata según iban avanzando por el libro. Sin embargo, estos detalles no eran lo peor, desde el punto de vista de la ortodoxia cristiana, en las obras cosmológicas de Bruno.

Porque, francamente, considerar siquiera la posible pertenencia de este filósofo al seno del catolicismo me hace sonreír ante lo absurdo de la idea. Para empezar, de acuerdo con los razonamientos de Bruno, en un Universo con infinitos mundos y criaturas en ellos, ¿por qué iba Dios a considerar el nuestro más importante que los otros? El Dios de Bruno siente el mismo afecto por todas y cada una de las infinitas partes del Universo, y de hecho está inmanente en la propia estructura del mundo. No sé Teología para llamar esto por su nombre con la más mínima propiedad, pero hay algo de panteísmo e incluso de animismo en sus ideas, ya que el propio Universo está “vivo” en cierto sentido, imbuído del ímpetu de la vida. Desde luego, todo esto no tiene relación alguna con las ideas científicas modernas del Universo, y causó emociones variadas –casi todas negativas– en sus contemporáneos.

De hecho, aunque a veces se oye a Bruno descrito como una víctima de la lucha religión-ciencia, no creo que hubiera tanto de eso. En otros casos esto ha sido, indudablemente, cierto, pero en el caso del nolano sus ideas sobre la posición y naturaleza de los cuerpos celestes palidecen, a los ojos de cualquier inquisidor, al lado de las heréticas afirmaciones sobre el propio Dios, sobre Jesús (que para Bruno no es divino), sobre la virginidad de María, etc. Su problema fue, naturalmente, vivir en una época en la que defender públicamente ideas como las suyas no sólo suponía ser expulsado de la Iglesia Católica, sino… bueno, luego llegaremos a eso.

Además, la manera de razonar de Bruno no es científica, en parte porque es fruto de la época en la que vivía. Algunos empezaban ya a separar magia de ciencia, y a dar validez a los argumentos basados puramente en la experiencia, pero él no es uno de ellos; al mismo tiempo, es un inspirador y un paso fundamental en el avance de la ciencia del Renacimiento, mientras que también cree en el esoterismo y la magia hermética y escribe varios libros acerca de asuntos esotéricos, como De Magia (Sobre la magia) o Theses De Magia (Tesis sobre la magia). Ironías de la Historia.

La carrera de Bruno no acaba en Inglaterra con su amigo y protector Michel de Castelnau. Junto con él, abandona la isla en 1585 tras algunos disturbios en la embajada (las relaciones entre Inglaterra y Francia… bueno, ya te imaginas), y vuelve a los dominios de Enrique III. Pero ¡ay!, pronto tiene que largarse también de allí, en parte porque la tolerancia religiosa francesa va disminuyendo, pero también en parte por la animadversión que Giordano va generando a su alrededor. Primero publica una crítica a la física aristotélica, Figuratio Aristotelici Physici auditus, que causa cierto escozor en general. Después se enzarza en una polémica con otro italiano residente en París, Fabrizio Mordente. Tras algún desacuerdo entre los dos, Bruno hace lo que mejor sabe hacer: publica un par de artículos sobre Mordente. Creo que no hace falta que te relate el contenido, porque basta con ver el título del primero de ellos, bruniano en toda regla: Idiota triumphans. ¡Zas!, en toda la boca.

De modo que, tras dejar un rastro de amigos y admiradores, Giordano se traslada a Alemania en 1586. Allí, irónicamente, sigue enseñando Aristóteles en Wittenberg. Un par de años después está en Praga, después otra vez en Alemania, en Helmsteldt, luego Frankfurt… no sé los detalles de cada viaje, pero no me sorprendería que en muchos de ellos el italiano se viera obligado a viajar tras enemistarse con alguien poderoso o con el mundo académico en general. Lo que sí sé es que por esta época Bruno es excomulgado por los luteranos.

Ya que el mundo protestante no es ya un refugio para él, y haciendo alarde o bien de valentía o bien de atrevimiento, Bruno vuelve a la península italiana, al servicio de Giovanni Mocenigo, quien está interesado en aprender sobre las técnicas mnemotécnicas del nolano –recuerda que en Italia su fama en este aspecto era enorme–. De paso, Bruno intenta conseguir la cátedra de Matemáticas de la Universidad de Padua, aunque no lo logra. ¿Adivinas quién consigue ese puesto en su lugar? Nada más y nada menos que Galileo Galilei.

De modo que, durante un par de años, Bruno vive bajo la protección de Mocenigo y lo instruye en sus técnicas mnemotécnicas. Naturalmente, el resultado de la convivencia diaria durante dos años con Giordano Bruno es la inevitable: Mocenigo se convierte en un enemigo feroz del nolano, no estoy seguro de por qué (aunque no me sorprende lo más mínimo). Tanto rencor alberga el corazón de Mocenigo que no se contenta con despedir a Bruno: lo denuncia a la Inquisición veneciana.

En 1592, Bruno es arrestado y acusado de multitud de cosas. El problema de nuestro protagonista, claro, es que era un pedazo de hereje como la copa de un pino; él lo sabía, la Inquisición lo sabía, todo el mundo lo sabía porque él mismo había publicado multitud de obras bastante claras al respecto, y en cada una de ellas había suficientes afirmaciones blasfemas o heréticas para ejecutar a Bruno tres veces. Lo cual, naturalmente, debería escandalizarnos, pero también hacernos sentir afortunados por vivir en una época y lugar –en mi caso, y espero que en el tuyo– en la que las cosas, sin ser perfectas en este sentido, ya no son iguales.

No voy a aburrirte con una descripción detallada de todo el proceso que siguió, de modo que permite que lo resuma bastante: tras un año en Venecia, es extraditado a Roma, donde la Inquisición romana continúa el proceso. Bruno es acusado de sostener creencias erróneas sobre la naturaleza de Cristo, la Santísima Trinidad, la Virgen, la Santa Misa, y prácticamente cualquier aspecto del dogma católico que se te pueda ocurrir. El proceso completo dura unos ocho años en los que Bruno permanece encarcelado y, anque admite dudas sobre algunos aspectos, se niega a dar su brazo a torcer y se reafirma en muchas de sus ideas heréticas.

Proceso a Giordano Bruno

El proceso a Giordano Bruno, de Ettore Ferrari (dominio público).

Curiosamente, quien preside el tribunal de la Inquisición que procesa a Bruno no es otro que el Cardenal Roberto Bellarmino, quien posteriormente haría lo propio con Galileo Galilei, aunque con un final afortunadamente diferente. Bellarmino exige que Bruno rechace de plano todas sus ideas anteriores contrarias al dogma, algo que nuestro genial y terco nolano se niega a hacer. Esto no significa que pierda toda esperanza: apela al Papa, Clemente VIII, intentando al menos que una corrección parcial de sus afirmaciones anteriores baste para salvarlo, pero el Papa se niega. El final es el que te imaginas.

Bruno es entregado a las autoridades seculares romanas y ejecutado el 17 de febrero de 1600 en el Campo de’ Fiori, en Roma. Se le impide hablar durante la ejecución con un trozo de madera en la boca, y es quemado en la hoguera públicamente. En el siglo XIX se construyó un monumento en su honor en el lugar en el que murió de tan horrible forma, a manos de una sociedad que no estaba preparada para él.

Un documento de la época, escrito dos días después de la ejecución, nos da una idea tanto de la imagen que de Bruno tenía la sociedad romana como de la actitud del propio filósofo ante lo que le sucedía. Escalofriante:

El jueves por la mañana, en el Campo de’ Fiori, ese perverso monje dominicano de Nola fue quemado vivo […] afirmó que moría como un mártir y de voluntad propia, y que su alma, ascendiendo junto con el humo, iría al Cielo.

No sé cuándo Bruno pronunció esas palabras –no cuando tenía el bloque de madera en la boca, imagino–, pero en cualquier caso toda la escena da una idea de lo terrible de aquellos tiempos.

Monumento a Giordano Bruno

Monumento a Giordano Bruno en el Campo de’ Fiori (Sputnikcccp/CC Attribution Sharealike 3.0 License).

No contento con acabar con su vida, en 1603 el Papa Clemente VIII publica el edicto por el cual las obras de Bruno entran en el Index Librorum Prohibitorum. Como recordarás del caso de Linneo, su Systema Natura también acabó en el tétrico Index, pero en el caso de Bruno el edicto se extendió a todas sus obras: la intención era, por lo que parece, borrarlo del mapa. Cuando el Vaticano abolió el Index en 1948, los libros de Bruno todavía seguían en él.

Edicto contra Bruno

Edicto por el que las obras de Giordano Bruno entraron en el Index Librorum Prohibitorum (dominio público).

Afortunadamente, eso era imposible. El legado de Bruno quedó ahí, y la censura, como suele suceder, no funcionó demasiado bien. Aunque algunas de sus ideas eran peregrinas y muchos de sus razonamientos tenían poca solidez, muchas de las cosas que imaginó Bruno han inspirado a generaciones enteras de filósofos y científicos. Si tienes la suerte de poder leer en italiano, te recomiendo casi cualquiera de sus libros, pero especialmente La Cena de le Ceneri, De la Causa, Principio et Uno y De l’Infinito Universo et Mondi (enlaces al final). Desgraciadamente, los ignorantes como yo tenemos que contentarnos con traducciones.

Clemente VIII

Me parece inevitable, para cualquiera que valore la tolerancia y la libertad de adquirir e impartir conocimiento, sentir resentimiento hacia el Papa Clemente. Sin embargo, hay algo que me tienta a perdonarlo ((Bueno, la verdad es que lo digo con sorna, no se lo perdono en absoluto.)), pues es gracias a él que una sustancia maravillosa y pecaminosa –por entonces– se extendió finalmente entre los europeos: el café. Y la historia es tan irónica, al leerla tras el proceso de Bruno, que espero que te haga terminar sonriendo tras sufrir con Giordano.

A través de los comerciantes venecianos había entrado en Europa una bebida muy valorada en el mundo musulmán, el café. Debido a ello, la reacción de una gran parte de la Iglesia fue rechazar de plano la bebida, calificada como una “amarga invención de Satanás”. ¿Cómo iban los buenos cristianos a beber un brebaje que provenía de los infieles? De modo que los consejeros de Clemente (a la derecha) lo presionaron para que declarase la deliciosa y aromática sustancia como prohibida.

Y parece que Clemente, un personaje dogmático, cerrado de mente y aparentemente tan ajeno al empirismo como es posible serlo… se negó sin probar primero la bebida. De modo que pidió que se le preparase un café, lo probó… y le encantó. ¿Su veredicto sobre la bondad de la bebida para los cristianos, de acuerdo con la leyenda?

Esta bebida satánica es deliciosa… sería una pena dejar que los infieles tuvieran uso exclusivo de ella. Engañaremos a Satanás bautizándola.

Así que Clemente “bautizó” el café en 1600 y, de un plumazo, el mismo año que el pobre Giordano Bruno sufría su horrible y cruel muerte en la hoguera, la satánica e infiel bebida se convirtió en algo perfectamente aceptable para casi todo el mundo –no para todos, hubo a quien siguió sin hacerle la menor gracia–. De modo que, a pesar de sus enormes defectos y horribles acciones, tal vez es gracias a Clemente VIII que hoy los cristianos beben café. Pero hablando del café…

Para saber más (idioma señalado entre paréntesis):

Puedes encontrar este artículo y otros como él en el número de mayo de 2010 de nuestra revista electrónica, disponible a través de Lulu:

Filosofía, Hablando de...

38 comentarios

De: Juan Carlos Giler
2010-05-12 20:58:03

Espectacular entrada, no me cabe en la cabeza (desafortunadamente) como en el siglo XVI alguien pueda pensar (o demostrar) que:
"la Tierra no es el centro del Universo, sino que el Sol tampoco lo es — simplemente es el astro alrededor del cual orbita nuestro planeta, uno de muchos"


De: Un estudiante
2010-05-12 21:43:39

Si no me equivoco ese concepto filosófico-teológico que no logras nombrar es el panteísmo ;)


De: Brigo
2010-05-13 00:26:59

Para condenarlo tres veces dices ... yo diría treinta. Y me quedaría corto.


De: ateo
2010-05-13 02:33:01

Giordano, sinceramente te admiro, no fuiste tan práctico como Galileo que se retractó y tuvo que contentarse con una vida relegado y resignado a la vigilancia inquisitoria de la cual lo único que te permitía era un «eppur si muove». Agradecemos no vivir en aquella época y por ello, deberíamos romper de una vez con las cadenas de la superstición que son la religión, no vayamos a caer de nuevo en épocas oscuras donde tenga que surgir otros Giordanos.


De:
2010-05-13 02:39:23

Es igual que yo, soy rebelde y digo todo en voz alta, pero claro, siempre me meto en problemas: una vez me fui en dirección por corregirle a la profesora de geografía en que el eje de la Tierra sí está inclinado, y me dijo que si fuera así nos íbamos a caer.


De: Rodion Romanov
2010-05-13 03:02:20

Maravillosa entrada. Me encontré con Giordano hará unos dos años y, coincidentemente, ayer terminé de leer una Biografía Novelada de su vida por Laura Vit.

Hay que agradecer su herejía.


De: Pedro
2010-05-13 07:36:29

@ateo, he editado tu comentario bara borrar la parte hiriente (qué irónico, que la censura de comentarios se ejerza precisamente en esta entrada, ¿verdad? :)), lo siento.


De: Sergio
2010-05-13 13:39:43

A mi sinceramente me parece un personage bastante despreciable, si tienes tanta inteligencia y no eres capaz de darle mas uso que el de defender tu propio orgullo, no es que sea muy loable. Ademas que alguna de sus ideas locas sean bastante impresionantes, no parece ser mucho merito de el, cien locos escribiendo locuras, alguna sera mas o menos ciertas, 500 años despues, eso no te convierte en visionario. De la iglesia es dificil comentar, por que la mayoria de ateos tienen el dogma de que el ateismo es logica e inteligencia, e intentar convencerles de lo contrario, es como convencer a un catolico de que dios no existe.


De: Nahuel
2010-05-13 15:32:04

Estoy de acuerdo con Sergio en que llegar a conclusiones verdaderas partiendo de premisas falsas o dudosas, no otorga mérito.


De: Juan Carlos Giler
2010-05-13 18:09:29

Yo opino que el verdaderom "mérito" fue decir lo que pensó (sea verdadero o falso), cuando tenías a la iglesia en tu contra. Y todos sabemos como era la iglesia en esos momentos de la humanidad !!!!


De: chamaeleo
2010-05-13 18:51:19

Me siento afortunado de la época en la que vivimos ahora. Hubo un tiempo en el que pensar diferente hacía correr tu vida peligro, y eso me pone los pelos de punta.

Y a pesar de ello, hubo quienes no sucumbieron al autoritarismo impuesto. Pero creo que la actitud de Galileo era más acertada que la de Giordano. Puede que Galileo le tocara rectificar y ceder su orgullo, pero igualmente sus trabajos dejaron una huella importante para la ciencia, y lo consiguió sin tener que pagarlo con su vida. Una cosa es ser valiente, como Galileo; y otra ser temerario, como Giordano. Aún así le aplaudo por tener lo que hay que tener para, con qué atrevimiento, enfrentarse él solito a una institución mucho más fuerte que él, sin palidecer ni ceder ni un ápice. Me imagino el juicio como un sketch de José Mota:

Juez: Si retiras lo que has dicho, te perdonaremos la vida.

Giordano (tono sarcástico): Uuuuuuu, que mieeedo. Pero no, no pienso retirar nada de lo que he dicho.

J: ¿Seguro? Te ruego, y fíjate que te estoy rogando, que recapacites. Ni siquiera hace falta que dejes de pensar en tus tonterías. Me conformo con que no las extiendas al público.

G:¡Ni hablar!¡Quiero blasfemar delante de todos, que se entere todo el mundo!

J:Enviamos a la hoguera a uno por llamar "pardillo" al monaguillo. Todos los días condenamos a gente por cuestiones mucho menos graves que las suyas. Recuerda que se está enfrentando al tribunal más duro e inflexible de la historia.

G: Lo sé, y además pienso que los componentes de este tribunal son todos unos PARDILLOS de pacotilla.

J: ¡BLASFEMO! Repítelo, y le condeno a la sentencia más dura, terrible, aterradora, asquerosa y horripilante posible. Como vuelvas a repetir que...

G: (Interrumpiendo al juez) ¡PARDILLOS!¡PARDILLOS!¡PARDILLOS!¡SOYS UNOS PARDILLOS! BWAAAJWAJAJAJA

J: ¡Tus injurias no merecen clemencia! Irás a la hoguera, para que pienses en la ofensa que has supuesto para este tribunal.

G: Lo siento...

J: ¡Milagro! Habitualmente esa disculpa no basta para librar del pecado al pagano; pero que provenga de un hereje incorregible como usted es todo un logro. Así que haremos una excepción y aceptaremos tus disculpas. Enhorabuena, se acaba de librar, una vez más, de una dolorosa muerte segura. Pero eso sí, no vuelva a…

G: ... decía que siento que seáis tan pardillos, ignorantes y estúpidos!!! BWAAAJWAJAJAJA (se carcajea Giordano en tono burlesco, mientras les dedica unas peinetas con ambas manos)

J: ¡A la hoguera!

G: Mecachis… sabía que tarde o temprano me pasaría esto.


De: Macluskey
2010-05-13 22:27:25

@Chamaleo: Pues asín, leyendo tu comentario, a mí me recuerda, más que a José Mota, a Monty Python en La Vida de Brian, cuando el condenado a ser lapidado por decir Jehova salta, baila y grita a los cuatro vientos ¡Jehova! ¡Jehova!...

¡Qué tiempos aquellos! Sin embargo, es muy difícil juzgar hechos de hace siglos (cinco en este caso) con la mentalidad de hoy en día... y no es que esté disculpando a la Inquisición, ni mucho menos, que... en fin.


De: pablo alonso
2010-05-14 00:25:23

Muy interesante e ingenioso artículo, sobre todo por los enlaces entre un tema y otro;esta serie promete horas de diversión.

"Muy al contrario, consideraba mucho más acertadas las ideas de un polaco, Nicolás Copérnico, que sostenía con gran atrevimiento que no era la Tierra, sino el Sol, el centro del Universo, y que nuestro planeta giraba alrededor del Astro Rey y no al revés".

Pero, según creo, no es como afirmas:Nicolás Copérnico no llegó a afirmar y defender el heliocentrismo: de hecho fue sacerdote y el gran dilema de su vida fue si publicar o no la conclusión heliocentrista a la que llegó tras un estudio de los astros(tenía muchos remordimientos por haber llegado a tales conclusiones y no las llegó a publicar en vida, y la Iglesia no le excomulgó precisamente por eso: por prevalecer sus ideales cristianos antes que un descubrimiento científico que desbarataba la teoría aristotélica de las esferas homocéntricas)


De: Pedro
2010-05-14 07:53:48

pablo, no estoy seguro de entender en qué piensas que me equivoco. Si es porque Copérnico esperó a publicar su De revolutionibus... hasta muy tarde (no, como dices, después de su muerte, sino justo antes, aunque no tiene importancia para esto), no veo el problema en la construcción de la frase. Copérnico sí sostenía que el Sol era el centro del Universo, una idea muy atrevida por entonces. Que no lo hiciera de viva voz sino en un libro ¿en qué lo hace diferente?


De: Azhturion
2010-05-14 16:52:14

No se qué hubiera hecho este genio si hubiese tenido un blog...


De: Sergio
2010-05-14 18:47:41

En aquellos tiempos tenían la libertad de pegar a sus mujeres, animales, estar en contra de lo homosexuales, poder decirlo bien alto sin que te pasara nada, ahora no es que te colgaran, pero yo diría que unas cuantas denuncias por calumnias te caerían bastante rápido. Las limitaciones a la libertad existen ahora como existían entonces, claro que entonces los cuatro locos eran lo que se cagaban en dios y ahora lo cuatro locos son los que se quejan por que lo hagan. Si alguien de esa época, mirara ese aspecto de la actual, vería con pena y repulsión (la misma que nosotros expresamos) que la iglesia no tuviera ningún poder y que se permitiese blasfemar tan tranquilamente. Es difícil creer que la gente era obligada a creer, en lugar de que simplemente creían cuando tantos grandes genios se cuestionaban profundamente lo que ellos descubrían, sin que nadie les tuviese que obligar (aunque en algunos casos si). Por favor, si no sabemos ni respetar nuestra propia historia, ¿a que aspiramos? No estaría de acuerdo con una inquisición ahora, tampoco lo estaría con ir a secuestrar mujeres de otra tribu, ni lo estaría con exterminar a los neardentales, casi ni siquiera estaría de acuerdo con ir por la sabana tirando piedras a los antílopes pero eso no es motivo para que me avergüence de la historia de la humanidad, de mi historia, todo lo contrario, si la historia no hubiese sido como ha sido, yo ni siquiera estaría aquí. La humanidad no tienen los derechos y la moral que debe tener, tienen los que puede tener y si las cosas van a mejor, la gente del futuro nos criticaran por muchas cosas, si van a peor, nos verán con la ensoñación con la que en la edad media se veía a los griegos. La humanidad cambia, la gente parece que no.


De: xx32
2010-05-14 21:26:10

a mi parecer el hombre fue de algún modo acertado, ¡pero si solo hubiera aprendido a ceder un poco!.....
Yo me lo imagino pensando, luego de que le dijera alguien que el sol giraba alrededor de la tierra como los otros puntos celestes, que quizá el sol era solo otro punto celeste, pero no mas grande sino mas cerca.


De: Mariano Ochoa
2010-05-15 10:36:20

Engañaremos a Satanás bautizándola (me hizo reír hasta las lágrimas). Que lástima que Bruno no pudo (o quiso) engañar a la inquisición.


De: pablo alonso
2010-05-15 23:07:19

Pedro, me refeía a que Copérnico no publicó sus libros en vida, pero tienes razón,tuve un lapsusy no se en que estaba pensando :)


De: chamaeleo
2010-05-16 16:14:36

Una cosa, Nicolás de Cusa (1401 – 1464), también filósofo, propuso hacia 1460 algo similar. También pensaba que la Tierra giraba alrededor del Sol, y trató de explicar porqué no se producía el efecto del paralaje en las estrellas. Es decir, si la Tierra se movía alrededor del Sol, a lo largo del año se debería apreciar cómo las estrellas cambian de posición. En verano las estrellas se verían en una posición; y en invierno, como estamos mirando las estrellas desde un lugar distinto, se tendrían que ver en otra posición distinta. Pero las estrellas se las veían siempre exactamente en el mismo lugar. De hecho, era una razón que utilizaban los geocentristas para argumentar que la Tierra no se movía.

Me pareció leer una vez que Nicolás explicó que la ausencia de paralaje se debía a que las estrellas estaban extremadamente lejos, de forma que la órbita de la Tierra alrededor del Sol se podía considerar puntual en comparación con la distancia a las estrellas. Esto le hizo pensar qué tamaños tendrían esas estrellas para poder ser vistas desde tan lejos, y concluyó que debían ser una especie de Soles. Asimismo pensó que existían otros planetas que giraban en torno a otros Soles.

Muchos de los argumentos que utilizaban tanto Nicolás como Giordano son sólo filosóficos y especulativos. Pero el razonamiento del paralaje sí que me parece un argumento un poquito más riguroso y más cercano a la ciencia.


De: Niko54
2010-05-17 09:50:17

Muy buen artículo, bastante bien explicado y el inicio con el ejemplo de las marionetas bastante original..
Curioso personaje, si bien era demasiado alborotador para mi gusto hay que destacar la convicción de sus actos y que nunca dio el brazo a torcer.. Inclusive hoy en día un personaje así sería visto como difamador y seguiría siendo una "espina" para muchas personas.. Quizás hubiese conseguido un cambio más significativo en la historia si hubiese sido un poco mas inteligente emocionalmente.. Sin embargo por el simple hecho que lo recordemos en este artículo es honrar en su memoria, respetar el pasado y que podamos reflexionar sobre el futuro. Es triste que cuando nuestros nietos estudien nuestra época y se den cuenta que la censura sigue siendo parte de nuestra vida diaria e inclusive de nuestra idiosincrasia. Quizás no lo notemos o no sea tan evidente, pero seguimos mirando con rechazo y repulsión a quien tenga opiniones muy diferentes.. Por deciros un ejemplo, hoy estaba leyendo un artículo sobre un ingeniero que decía que las matemáticas estaban erróneas, y daba un par de ejemplos.. Como era de esperar los comentarios de dicho artículo eran bastante en contra, defendiendo a las matematicas actuales.. Pero ¿qué pasaría si en un futuro nos damos cuenta que dicho señor tenía razón? Pues en ese caso la historia nos vería como "la gente de la época era de mente muy cerrada".. En cierto sentido seguimos siendo monos con garrote, sólo hay que saber donde mirar..


De: Angel
2010-05-17 14:16:15

Hombre Niko, es cierto que la gente siempre es reacia a puntos de vista distintos a los aceptados. Pero comparar a un tio que estuvo encerrado un parrón de años y acabo quemado en la hoguera con unas críticas en un foro me parece, cuanto menos, desafortunado.

No sé, pero si algo caracteriza a la sociedades occidentales modernas es la increible velocidad a la que cambian. Ideas, comportamientos y convenciones que hace unos pocos años eran impensables son aceptadas hoy sin mayor problema. Comparalo con las sociedades medievales, donde cualquier pequeño cambio tardaba decadas o siglos en aceptarse.


De: Anónimo
2010-05-17 20:52:40

Hay que ver cómo eran aceptadas las decisiones del Papa... También debió ser un buen momento cuando los consejeros del Papa fueron a esperar la ratificación de la prohibición del café y les dijo que sí se podía tomar café. ¡Já, já!

Por cierto Niko54, ¿tienes el enlace de la noticia todavía? Me ha entrado curiosidad por saber qué dice el ingeniero. :P


De: pablo alonso
2010-05-18 23:37:39

Angel , no estoy del todo de acuerdo.Es verdad que en la Edad Media se rechazaban ideas por el mero hecho de ser diferentes, pero es lo mismo que pasa hoy en día con ciertos temas censurados por los grandes medios de comunicacion(bien por ser contrarios a sus principios o por no ser de interés).Por ejemplo se tienen en tela de juicio todos los problemas internos de la Iglesia (sin tener en cuenta por ejemplo que los está solucionando ,y toda la ayuda humanitaria que realiza) y en España no se habla sin embargo de la gestión tan mediocre que está realizando el gobierno
(tampoco quiero decir que otros partidos lo hicieran bien)y al desviarse de esta manera la atención la gente se olvida del daño que están haciendo a nuestro pais.Estos encubrimientos(también las cadenas de derechas lo hacen pero hay menos y tienen menos influencia) influyen en las elecciones ya que como he dicho hay gente que no se da cuenta de la situación actual sino de lo que dicen los medios.Y por poner otro ejemplo mira el caso de Obama:aquí en España todos los medios le ponían como un salvador (es verdad que se necesitaba un cambio), pero ahora no se habla de lo que no ha hecho: de momento ni reforma sanitaria ni nada, así que apenas no ha cumplido sus promesas y su popularidad está cayendo en picado en USA.
Y eso por no decirotras muchas cosas que los medios no quieren que sepamos.

Sé que me he salido un poco del tema pero es algo que me indigna :la censura encubierta.


De: Pedro
2010-05-19 07:25:50

pablo, yo no estoy de acuerdo contigo :) Claro que ahora las cosas no son perfectas, y que las ideas diferentes reciben ataques. Pero yo puedo decir que la Tierra gira alrededor de una pera, o que los seres humanos están hechos de algodón de azúcar, o que el Monstruo de Espagueti Volador es la deidad suprema... y nadie me mata por eso, en las sociedades en las que estamos hablando. Vivo en un tiempo y lugar en el que tal vez se rían de mí, o no me hagan caso, pero la diferencia de no temer por mi vida y mi integridad física --o no en un grado comparable al de entonces-- es descomunal.


De: Patriot
2010-05-19 15:51:46

ay pedro, profe! que post. me lleno de sentimentalismo mas que la vida privada de las estrellas!

no me gusta "herir" el sentimiento y el orgullo de la gente, si tuviera potestad, quizá hubiera hecho algo para censurar un poco este articulo, pero pensándolo bien, mejor así como esta. es bueno que las personas nos demos cuenta que, aunque todo el mundo este de acuerdo en algo, no significa que el mundo tenga razón.
lastima la falta de tolerancia de aquella época, tolerancia que hoy se despilfarra!
y lastima también, que no tengo esas obras, ni siquiera en español.


De: sergioB
2010-05-24 14:40:53

me ha parecido un artículo genial, simpático y muy didáctico.
lo voy a compartir con todos mis conocidos, por que además es un tema muy interesante.

un saludo!


De: pablo alonso
2010-05-24 21:18:56

@ Pedro
Yo también creo que las cosas han cambiado mucho(lógicamente no te matan por decir que la Tierra es redonda) pero creo que todavía nos queda mucho en lo que se refiere a aceptar opiniones contrarias a las propias8y en eso me incluyo).
De todas formas, ahora viendo mi comentario fríamente creo que exageré un poquito


De: mvr1981
2010-05-25 01:11:45

@Sergio
@Nahuel

No otorga mérito?...

No me hagan reír. No puede ser que alguien del siglo XXI denigre a alguien del siglo XVI por decir lo correcto solo por que se basó en datos erróneos.
Y me parece que llegar a esas conclusiones solo con su propio razonamiento conlleva mucho mas mérito, que la lógica deductiva de un "gran" científico del siglo XXI que todavía piensa que todo surgió de una gran explosión.

En fin.. Beso en la cola.


De: Pedro
2010-05-25 07:53:12

mvr1981, ¿beso en la cola? ¿qué rayos significa eso? :)


De: mvr1981
2010-05-25 23:56:33

Jajaja...


De: Pedro
2010-05-26 07:28:48

No, si no era una pregunta retórica... es que no lo entiendo, y no sabía si borrarlo o no.


De: Josecb
2010-08-10 18:26:34

Me suena que este concepto es mucho más antiguo, de los griegos. Del universo eterno estoy seguro al 100% de que ya lo publicaban (el mismo Aristóteles o Platón por ejemplo) pero también me suena que habían corrientes que consideraban el universo infinito.

Sobre la inquisición que decir que no se haya dicho ya, pero también hay que saber separar lo bueno de lo malo, la iglesia fué un mecenas de la ciencia y el conocimiento durante mucho tiempo.

Saludos


De: C
2010-09-16 20:51:01

Sinceramente un perfecto visionario, te admiro!. Giordano bruno jamas me cansare de leer todo lo que fue tu vida. Es increible saber por todo lo que pasastes.


De: Manolo
2012-06-24 01:47:03

Aun hoy hay libros prohibidos, y libros vedados. La inquisición era "La mano dura del poder vigente". Todavía existe, sólo que ya no es propiedad del catolicismo. Los grandes poderes bajo los que estamos viviendo, y hasta la misma gente, tiene una lista de "ideas peligrosas", y en nombre de su verdad tiran bombas en donde habitan "los malvados".


De: La Royal Society | El Tamiz
2012-07-11 15:37:50

[...] el Systema Naturae, que acabó en el Index Librorum Prohibitorum, lo mismo que todas las obras de Giordano Bruno, prohibidas por el Papa Clemente VIII, quien en cambio tres años antes dio el beneplácito de la [...]


De: Marcelo García
2012-10-24 00:45:19

Para los que les gusta la ficción semi real, lean Los herejes de Oxford de S.J. Parris de 2011:En 1576, el adelantado a su tiempo pensador y astrónomo Giordano Bruno, se ve obligado a abandonar su Nápoles natal perseguido por la Inquisición. Su defensa de las teorías copernicanas y sus hipótesis sobre la infinitud del universo y la posible existencia de otros mundos, le ha hecho merecedor de la excomunión de Roma y lo ha condenado a una precipitada y peligrosa peregrinación por Europa. Cuando en 1583 llega a Londres, procedente de la corte de un rey francés preocupado por los enfrentamientos entre católicos y hugonotes, acepta la protección de la anglicana reina Isabel I y acepta a desgana la tarea de investigar sobre la posible conspiración de sacerdotes católicos en Oxford. Bruno sabe que acusar a cualquiera de ser católico en la Inglaterra de Isabel significa condenarlo a la muerte por traición a su país y a su reina. Sin embargo, cree que en Oxford, entre intelectuales de prestigio, podrá encontrar un lugar tranquilo donde desarrollar sus teorías y continuar con su búsqueda del legendario libro perdido de Hermes Trimegisto. Poco tiempo va a quedarle al prestigioso filósofo de realizar sus planes cuando una serie de terribles y misteriosos asesinatos empiecen a aterrorizar al Lincoln College y el desesperado rector Underhill solicite su ayuda para investigar los casos.


De: Carmen
2013-06-23 13:23:59

Asomarme a esta página es como sentarme en la luna y ver como gira y gira nuestra tierra en el espacio y el tiempo. Una gozada.
Pedro, si el agradecimiento pesara, no quedaría de ti más que tu sombra.
Ésto que haces, de reconocer, reivindicar y admirar el papel que juega y ha jugado la imaginación y, por supuesto, la rebeldía en los avances de la ciencia, me resulta especialmente atractivo. Todo empieza con una pregunta que surge cuando, por casualidad, topamos con una perspectiva distinta. ¿Y si...?
No sabes lo bien que me siento, pienso, imagino y me sereno cuando me siento en una luna.
¿Y qué decir de los comentarios y los comentaristas? Es como presenciar un debate o hacer una tertulia en una terraza mientras se degusta la satánica bebida. Gracias a todos


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