El Tamiz

Ignora lo accesorio, atesora lo esencial

Desafíos - Escalera hacia el Cielo

Desafíos El Tamiz

Hace más o menos un mes iniciamos esta serie de Desafíos, en la que os planteamos preguntas absurdas y delirantes para que vuestras mentes terminen de perder los restos de cordura que aún mantienen. Tras el primer desafío, el del Pájaro Azuzú, hoy os planteamos el segundo.

Como hicimos entonces, os dejamos unos días para que podáis leer la pregunta, pensar largo y tendido sobre las posibles soluciones y enviarnos la respuesta. Tenéis de plazo hasta el viernes 7 de mayo (inclusive) para enviar respuestas a desafios@eltamiz.com. Como siempre, lo importante no es ser el primero en contestar, pues el orden no tiene nada que ver con la respuesta que declaremos ganadora: lo esencial es que sea correcta, clara y didáctica. Si no conocías estos desafíos, echa un ojo a las “reglas” para no meter la pata.

Como también sucedió en el primer desafío, los comentarios a esta entrada están cerrados, para que nadie caiga en la tentación de responder y fastidiar a otros la gracia de pensar en él sin ayuda. Si tienes cualquier duda sobre las condiciones del desafío, pregunta por correo y, si hay algo ambiguo en el planteamiento, actualizaremos este artículo para que la aclaración sirva a otros. En la solución, naturalmente, sí permitiremos los comentarios para que podáis compartir la experiencia.

En el desafío del Pájaro Azuzú nos sorprendió mucho la creatividad con la que algunos atacásteis el problema, de modo que si os apetece utilizar técnicas diversas (dibujos, animaciones, scripts, lo que sea) sentíos libres de hacerlo, que incluso si no sirve para ganar, si es diferente e interesante para otros tal vez lo publiquemos de todos modos.

ESCALERA HACIA EL CIELO

Mandíbulas había encontrado… bueno, no se puede describir de otra manera: el Cielo, el Paraíso Terrenal, el Edén para una hormiga. Tras varias horas buscando comida en vano en el parque, se había subido a una mesa en la que lo único que había eran unas monedas sin el menor interés. Mandíbulas estaba a punto de volver hacia el hormiguero, pensando ya en la excusa que podría poner a la Reina, cuando lo vio.

Mandíbulas

La cara de Mandíbulas al descubrir el Edén (PHGCOM/CC Attribution Sharealike 3.0 License).

Era la mesa de al lado: alguien debía de haber merendado allí, y habían dejado todo tipo de cosas. Un trozo de bocadillo, algunas aceitunas… ¡y un pastel casi entero! Las mandíbulas de ídem se abrieron y cerraron nerviosamente mientras salivaba sin control. ¡Menuda suerte! No sólo no necesitaría una excusa, sino que cuando volviese a casa con un botín así sería jaleada como una heroína. “¡Viva Mandíbulas, viva!”, oía ya en su cabeza la pequeña criatura… pero entonces se dio cuenta del charco.

El Edén –porque no podía darle otro nombre– era inaccesible: tras la tormenta de por la mañana, la mesa de la merienda se encontraba sobre un charco muy ancho y profundo, un verdadero océano para una pequeña hormiga. De Edén, la mesa había pasado a ser una fortaleza inexpugnable… las antenas de Mandíbulas descendieron, mustias, mientras la pobre olvidaba las muchedumbres aclamándola. Estar tan cerca y, sin embargo, tan lejos…

Pero, ¡un momento! ¡Las monedas! ¡Las monedas en esta mesa, que antes había descartado por poco interesantes! Mandíbulas se fijó en ellas, y luego en la distancia entre las dos mesas. ¿No sería posible apilar de algún modo las monedas para ser capaz de llegar a la otra mesa? El pequeño insecto se puso a contar: había 31 monedas sobre la mesa en la que se encontraba Mandíbulas, y cada una de las monedas tenía 2 cm de diámetro y 2 mm de grosor:

Moneda

A continuación, Mandíbulas se fijó en la distancia entre ambas mesas, que era exactamente de 4 cm:

Mesas

Si Mandíbulas fuera capaz de utilizar las monedas para cruzar el abismo entre las mesas –algo arriesgado, porque una caída significaría la muerte en el charco– todo estaría solucionado. En el Edén había suficientes tenedores y cucharas de plástico para construir un puente para transportar todo el botín de vuelta a la mesa de las monedas y de allí al hormiguero, pero antes Mandíbulas necesitaba idear un plan.

De modo que el desafío de hoy consiste en responder a las siguientes preguntas, como en el caso anterior, una más difícil que la otra, ya que una tiene una condición más restrictiva que la anterior:

  1. ¿Cómo puede apilar Mandíbulas las monedas para cruzar el abismo entre las mesas?

  2. ¿Cómo puede lograr lo mismo, pero de modo que cada moneda no esté en contacto con más de dos monedas, es decir, una sola moneda por “piso” de la pila?

Evidentemente, ya que la segunda pregunta es una restricción de la primera, contestar a la segunda significa haber contestado también a la primera; incluimos esa primera versión sin restricciones para que, si no logras una respuesta fetén a la segunda pregunta, puedas intentar resolver un problema algo más sencillo sin esa condición.

Al resolver el problema, recordad que Mandíbulas tiene una masa que podéis considerar nula comparada con la de las monedas, y un tamaño minúsculo –puntual– comparado con ellas, con lo que el tamaño y la masa de la pequeña hormiga son despreciables y no afectan en nada al problema. Mandíbulas puede mover las monedas sobre la mesa a su gusto, empujarlas o apilarlas como le dé la gana. Lo que no puede hacer el pequeño insecto es saltar: puede caminar, subir escalones de una moneda cada vez, o dejarse caer desde lo alto de una pila de monedas de la altura que sea, pero no dar saltos hacia delante ni hacia arriba.

Recordad el objetivo de esto: pasar un buen rato pensando –gran y menospreciado placer–, tal vez incluso apilando monedas cual hormiga, olvidarse de los problemas cotidianos, y dar un poco de ejercicio a las células grises. Incluso si no llegas a la respuesta correcta, ¡disfruta del viaje, como Mandíbulas del pastel!

ACTUALIZACIÓN: Este desafío ya está resuelto y cerrado. Si llegas aquí ahora, puedes pensar sobre él y llegar a una solución, para luego leer las respuestas que resultaron ganadoras: Solución al desafío.

Puedes encontrar este artículo y otros como él en el número de mayo de 2010 de nuestra revista electrónica, disponible a través de Lulu: