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Thomas Henry Huxley


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Hoy seguimos con Hablando de…, la serie “histórica” de El Tamiz, en la que hablamos de asuntos diversos de manera aparentemente aleatoria, enlazando cada artículo con el siguiente y tratando de poner de manifiesto cómo absolutamente todo está relacionado de una manera u otra.

En las últimas entradas de la serie hemos hablado acerca del los nanotubos de carbono, una de cuyas posibles aplicaciones más prometedoras es como estructura de un futuro ascensor espacial, propuesto por primera vez por Konstantin Tsiolkovsky, partidario (como casi todos sus contemporáneos) de la eugenesia, promovida por Sir Francis Galton tras ser inspirado por el debate Huxley-Wilberforce sobre la evolución, en el que participó el “bulldog de Darwin”, Thomas Henry Huxley. Pero hablando de Thomas Henry Huxley…

Thomas Henry Huxley
Thomas Henry Huxley (1825-1895) con 32 años.

Aunque el episodio más famoso de su biografía fue probablemente el debate con “Sam el jabonoso”, el obispo Wilberforce, la vida entera de Huxley parece sacada de una novela, y es un personaje fascinante; se trata además, como creo que resultará evidente al leer el artículo, de alguien a quien admiro profundamente, aunque no esté de acuerdo con todas sus ideas, ni mucho menos. Si eres fan de Asimov o Sagan, no te pierdas a quien popularizó el término protoplasma en la Inglaterra victoriana, y una de las personas que más ha hecho por la divulgación científica en los últimos dos siglos.

Thomas Henry Huxley nace en 1825 en Ealing, un pueblo inglés. Su padre era profesor de matemáticas en el colegio de Ealing, en el que estudiaba el pequeño Thomas –quien, por entonces y sorprendentemente, aún no tenía patillas–. Aquí empieza parte de lo admirable de Huxley: el colegio cierra, su padre pierde su empleo y la familia entra en graves apuros económicos. Tanto es así que en ese momento, con tan sólo diez años, termina la vida escolar de Huxley… y empiezan los años en los que se formaría como un científico “de los de antes”, él solito.

La enseñanza autodidacta de Huxley durante su preadolescencia y adolescencia es, no puedo llamarla de otra manera, ávida: para empezar, aprende él solo griego y alemán. Naturalmente, dados los medios de la época no domina las lenguas oralmente, pero su conocimiento de las lenguas escritas es profundo — leía a Aristóteles en griego, y como adulto traduciría obras científicas alemanas para Darwin. Armado con la nutrida biblioteca de su familia, estudia filosofía, teología, lógica, geología, política, anatomía, biología… en pocos años adquiere una cantidad de conocimientos que avergonzaría a cualquier escolar normal. Aunque no tengo pruebas de ello, sospecho que es también durante esta época que Huxley desarrolla su amor por el razonamiento y el conocimiento objetivos, y la educación a lo largo de toda la vida, que tan importantes serían en su concepción filosófica de la existencia, como veremos luego.

Con tan sólo trece años se convierte en ayudante de su cuñado, que era médico; posteriormente continúa su aprendizaje de la medicina y la biología fuera de los cauces académicos con varios doctores británicos, hasta que finalmente vuelve al redil de la enseñanza formal con dieciséis años, cuando entra en Sydenham College. Posteriormente logra una beca para estudiar en el hospital de Charing Cross, donde aprende maravillas en anatomía de un sujeto algo siniestro pero muy bien capacitado, Thomas Wharton Jones.

En su juventud en Escocia, Jones había sido el ayudante de un individuo aún más lúgubre, Robert Knox, quien se había cubierto de infamia cuando se descubrió que, para procurarse cadáveres que diseccionar (algo realmente difícil entonces), los había comprado de un par de asesinos en serie que mataban gente justo con ese horrendo propósito. El entonces joven Thomas Wharton Jones había sido el mensajero entre el doctor Knox y los criminales, con lo que el escándalo lo salpicó también a él, probablemente con justicia. El caso es que, tras el episodio, Jones abandonó Escocia y se mudó a Inglaterra, donde se convierte en profesor de Huxley. Huxley era consciente de la valía de su mentor, independientemente de sus defectos morales, y de lo mucho que le debía; de ahí que, posteriormente, Huxley lograse una pensión para Jones cuando éste se retiró, a pesar de sus diferencias en otros aspectos (Jones era un ferviente enemigo de la teoría de la evolución). Esto te da una idea de la talla moral de nuestro personaje de hoy, aparte de su capacidad intelectual y su disciplina.

Huxley, joven
Huxley con 21 años, justo antes del viaje en el Rattlesnake.

El caso es que, con tan sólo veinte años y trabajando bajo la dirección de Jones, el joven Huxley publica su primer artículo científico, en el que describía una capa hasta entonces desconocida del folículo piloso, la que hoy conocemos como capa de Huxley. El mismo año logra aprobar el primero de los exámenes para obtener el título de medicina, con matrícula de honor en fisiología y anatomía, pero no se presenta al segundo examen, ya que está cubierto de deudas y necesita ponerse a trabajar. Por segunda vez en su vida, su educación formal se detiene abruptamente por razones económicas, y nunca logra el título de doctor.

Sin embargo, los conocimientos de Huxley en medicina en general y anatomía en particular son profundos, y gracias a ellos consigue entrar en la Armada, con lo que empieza otra etapa fascinante de su vida. Se convierte en ayudante del médico del navío HMS Rattlesnake, una fragata de 28 cañones que se dispone a partir hacia Nueva Guinea y Australia en un viaje de exploración. Durante cuatro años, desde que tiene 21 hasta los 25, Huxley viaja por el hemisferio sur en el Rattlesnake, lejos de la civilización y sus libros. ¿Quiere esto decir que deja de aprender cosas? Ni muchísimo menos.

HMS Rattlesnake
HMS Rattlesnake, de Sir Oswald Walter Brierly (1853).

Para empezar, desarrolla sus dotes artísticas como dibujante e ilustra episodios del viaje con dibujos llenos de candor. Además, se dedica a estudiar los invertebrados marinos, y sus descubrimientos sobre las medusas y pólipos le otorgan gran prestigio en Inglaterra. No sólo avanza en el conocimiento de esas primitivas criaturas, sino que descubre también que su estructura básica es muy similar a la de los embriones tempranos de animales más complejos (hoy diríamos, claro está, “más evolucionados”). Cuando vuelve a casa en 1850 se convierte en miembro de la Royal Society. No está mal para alguien que sólo fue al colegio hasta los diez años, ¿eh?

Dibujo de Huxley de una aborígen australiana
Esbozo de Huxley de una mujer australiana, realizado durante el viaje en el HMS Rattlesnake.

Pero es que la cosa no acaba ahí: un año más tarde recibe la medalla de oro de la Royal Society y es elegido miembro de su Consejo de dirección (el famoso Council). Aunque seguiría siendo oficialmente miembro de la Armada hasta 1854, ya no vuelve a realizar viajes, pero sí continúa examinando especímenes traídos de mares lejanos. En los años posteriores a su viaje en el Rattlesnake Huxley publica un buen número de artículos sobre diversos invertebrados marinos, desde gusanos tunicados hasta cefalópodos y rotíferos. Probablemente no hay un experto similar en invertebrados marinos en el siglo XIX, pero es un honor que, en mi opinión, tiene poca importancia al lado de la influencia de Huxley en otros campos.

Es en esta segunda parte de su vida, a la vuelta del viaje y ya con un reconocimiento a sus conocimientos y capacidad, que Huxley se convierte en un auténtico paladín de la ciencia en la Inglaterra victoriana. Recibe diversos honores y desempeña cargos excelsos en varias instituciones, y utiliza su influencia y su capacidad de debatir y convencer para extender la educación científica todo lo que puede; en cierto sentido, trata de otorgar a otros lo que él tuvo que buscarse por su cuenta. No creo que la importancia de Huxley sea debidamente reconocida fuera de Gran Bretaña, pero juzga tú mismo.

Para empezar, en tiempos de Huxley los estudios universitarios en biología eran muy escasos, y no había títulos en esa disciplina como tal ni en su país ni fuera de él. Sí existían, por supuesto, títulos en medicina, y todos los biólogos de la época –incluido el propio Huxley– se habían formado en la Universidad como médicos. A su muerte, casi todas las universidades británicas disponían de cátedras de biología. No estoy exagerando si digo que Huxley es el principal responsable de este cambio. Sus ideas acerca de la Universidad, sin embargo, van mucho más allá de ese campo en particular, y comparar su ideal con la Universidad real de su tiempo (¡o el nuestro!) da que pensar. No te pierdas la mención del aprendizaje, no ya del conocimiento, sino de los medios para adquirirlo por uno mismo:

En una Universidad ideal, como yo la concibo, debería ser posible ser instruido en todas las formas del conocimiento, y ser entrenado en el uso de todos los métodos por los que se obtiene ese conocimiento. En una Universidad así, la fuerza del ejemplo vivo debería prender en el alumno una ambición noble de emular el aprendizaje de los hombres sabios, y seguir los pasos de los exploradores de los nuevos campos del conocimiento. Y el mismo aire que respira debería estar cargado con ese entusiasmo por la verdad, ese fanatismo por la veracidad, que es una posesión más grande que muchos conocimientos; un regalo más noble que el poder de aumentar el conocimiento; tanto más grande y más noble que éstos como la naturaleza moral del ser humano es mayor que la intelectual; porque la veracidad es el corazón de la moralidad.

Pero su influencia fue mucho más allá del mundo universitario.

Huxley era de la opinión de que era absurdo encerrar el conocimiento científico en la Universidad: era esencial formar al gran público, y era evidente que existían muchas personas que, sin tener títulos en ninguna ciencia, sí tenían interés por conocer la realidad de las cosas a un nivel mayor que el que era posible enseñar en las escuelas. Vamos, que Huxley era un proponente temprano del “Antes simplista que incomprensible”, y logró su propósito, ¡vaya si lo logró!

La principal manera en la que consiguió llegar al gran público fue a través de artículos en periódicos y revistas: escribía en varios de ellos, a menudo versiones simplificadas de algunas de sus clases, y generaba un gran interés. Por supuesto, estamos hablando de la segunda mitad del siglo XIX, de modo que Huxley tiene mucho más mérito que los divulgadores modernos, que escriben para un público en su mayor parte receptivo. ¿Recuerdas la polémica tremenda y los miedos diversos que mencionamos al hablar de los textos evolucionistas en el artículo anterior? Asómbrate entonces ante el título de uno de los artículos de Huxley en la Fortnight Review, e imagina la reacción de la gente al leerlo: “La base física de la vida”. Con un par.

En ese artículo, Huxley explica cómo los procesos microscópicos en las células vivas no se deben a una “acción vital” sobrenatural, sino simplemente a (cito) “el resultado de las fuerzas moleculares del protoplasma”. Sí, ya sé que hoy esto resulta una perogrullada, pero entonces era una afirmación revolucionaria. El número de la Fortnight Review en el que aparecía el artículo de Huxley fue impreso siete veces. Huxley fue apodado “el Doctor Protoplasma” por las revistas satíricas, pero eso no es lo que me parece más admirable; lo increíble es que, en pleno siglo XIX, el gran público inglés debatía utilizando la palabra protoplasma como si tal cosa. Y, aunque muchos oían cosas que no querían oír, eran cosas que necesitaban ser dichas, y hacía falta alguien con la valentía necesaria para hacerlo en una época en la que, como dijimos en la entrada anterior, los pseudónimos en los artículos científicos polémicos eran algo normal debido al miedo.

Huxley fundó también un club (los ingleses de la época estaban realmente obsesionados con formar clubs), el Club X, que era algo así como la Patrulla X de la Ciencia. Sus miembros pertenecían, todos menos uno, a la Royal Society, y cenaban juntos semanalmente justo antes de las reuniones del Consejo rector de la Royal Society, para poner en común estrategias que promovieran su particular visión de la ciencia –que son básicamente las mismas que tenemos hoy en día, pero no las que había entonces dado lo retrógrado de los “altos mandos” en todos los estamentos–. Esto puede sonar conspiratorio (reuniones en una cena antes de la discusión en un organismo público), porque… bueno, porque lo era. El hecho de que el Club X tuviera fines altruistas –fundamentalmente el avance de la educación científica formal y no formal– no lo hace menos siniestro. Desconozco los detalles y, evidentemente, no estaba en las reuniones de estos individuos, pero se trata del único episodio que conozco de la vida de Huxley en el que su actitud no me parece admirable.

Sí es admirable uno de los frutos del Club X: sus miembros pusieron todos sus empeños en lograr una revista científica que popularizase la ciencia, y lo intentaron en varias ocasiones con diversas publicaciones y editores. Todos sus intentos fracasaron hasta el último: Norman Lockyer se convirtió en el editor de la revista Nature, y casi todos los artículos de los primeros números estaban firmados por miembros del Club X de Huxley. Creo que no hace falta que explique la importancia de Nature en la divulgación científica del siglo XX, pero tal vez no conocieras el papel de Huxley en el asunto, una vez más impulsando la divulgación científica de una forma revolucionaria para su época. En 1925 la revista dedicó un número entero a Huxley en el centenario de su nacimiento.

Primer número de la revista Nature
Primer número de la revista Nature.

Claro, hoy en día Nature es una publicación reputadísima y aceptada por todo el mundo, pero en sus comienzos su carácter liberal y puntero la convertían en una revista muy polémica, y tenía muchos enemigos poderosos. Sus artículos generaban verdaderas llagas en los sectores más reaccionarios de la sociedad inglesa, y había abundantes y acaloradas discusiones sobre los descubrimientos publicados en ella.

Parte de los esfuerzos de Huxley y el Club X tenían que ver con la secularización de la Ciencia, y la distinción clara entre Ciencia y Religión; y esto no sólo en el ámbito universitario, sino también el escolar. Huxley perteneció al London School Board que determinaba la política educativa de los colegios de Londres, y se opuso fervientemente a la financiación pública de colegios religiosos (algo que sigue pasando hoy en día en muchos países, así que imagina por aquel entonces). Curiosamente, no se oponía a que se leyera la Biblia en los colegios en una forma revisada (que eliminase aquellos pasajes que fueran contradictorios con los descubrimientos científicos), pues consideraba que tenía un gran valor como herramienta educativa en la moral. Estés de acuerdo con él o no, creo que el hecho de que propusiera ambas medidas pone de manifiesto que elegía lo que consideraba mejor en cada caso, y no se dejaba llevar por fanatismos en uno u otro sentido.

Por si esto fuera poco para granjearse enemigos, Huxley también se dedicó a estudiar y discutir la relación entre el hombre y otros simios. Aunque, como dije en el artículo sobre el debate con Wilberforce, Huxley no estaba convencido de que Charles Darwin estuviera en lo correcto acerca de la evolución en todos sus aspectos, sí lo estaba de que existía una íntima relación entre la anatomía humana y la de otros animales, y de que esa relación era indicativa de una probable evolución del ser humano a partir de antecesores no humanos. En 1863, Huxley publica “Evidence as to Man’s Place in Nature” (“Pruebas sobre el lugar del hombre en la Naturaleza”). ¡Menudo título! Una vez más, la entereza y el valor de este hombre me sorprenden. Ojito a las ilustraciones del libro, que hablan por sí solas:

Ilustración de Huxley
Ilustración comparativa de los esqueletos de varios simios y el hombre, de la obra de Huxley.

Desde luego, a Huxley le caen palos desde todas partes, pero dispone de armas de sobra para defenderse: por un lado no es ningún advenedizo, su posición en la jerarquía científica británica es bien sólida. Por otra parte, como debería resultar evidente por su actuación en el debate con el obispo Wilberforce, era un orador consumado y utilizaba argumentos de una lógica aplastante, con lo que era muy difícil ganarle en una discusión ¡incluso aunque no tuviera razón, y en este caso la tenía! Finalmente, como he dicho antes, sus conocimientos de anatomía eran enormes; nadie durante el auge de su carrera conocía más anatomía comparativa que él.

Ya mencioné en el artículo anterior su particular batalla con Richard Owen, en la que Owen afirmaba que existen estructuras en el cerebro humano que no poseen los grandes simios, y cómo Huxley realizó disecciones públicas en las que mostró que Owen no estaba en lo cierto. A partir de entonces, los partidarios de un origen humano independiente de otros animales y de una diferencia fundamental entre el hombre y los grandes simios ya no podrían utilizar la existencia de órganos diferentes como argumento. Naturalmente, esto no quiere decir que Owen y los suyos aceptaran un origen común ni mucho menos: dirían entonces que el cerebro humano era muchísimo mayor que el de esos monos, una diferencia tan grande que no podía ser aceptada la explicación evolutiva para justificarla.

Thomas Huxley junto a gorila
Huxley, junto al dibujo del cráneo de un gorila. Mejor con patillas, ¿verdad?

¿La respuesta de Huxley a la segunda argumentación? El examen de un cráneo de Neanderthal descubierto en 1857 y su estimación sobre la capacidad craneal y el tamaño del cerebro de su dueño: no existía tal abismo en el tamaño del cerebro entre el hombre y otros seres. A lo largo del tiempo se hizo evidente que había una verdadera gradación en la capacidad cerebral de diversas especies pre-humanas, y Huxley desempeñó un papel importante en la investigación y la divulgación de nuestra relación con otros animales; tal vez no tan importante como la de Darwin, pero me atrevo a decir que sin Huxley las ideas de su amigo no hubieran sido aceptadas con tanta rapidez y de forma tan extensa, especialmente en lo que se refiere al origen del ser humano.

Esto no quiere decir, sin embargo, que Huxley estuviera de acuerdo con Darwin en todo, ni que las teorías de Darwin lo convencieran enteramente. La disposición de Huxley ante todo en la vida era la del escepticismo: si consideraba que existían pruebas convincentes de algo, lo aceptaba; si existían pruebas de lo contrario, lo rechazaba; si no había una cosa ni la otra, o se inclinaba prudentemente por la opción que mejor se ajustaba a los hechos o se limitaba a no tener una opinión al respecto. Espero que seas consciente de que esta actitud, por más razonable que parezca hoy en día, no lo era entonces en absoluto.

Respecto a la evolución, Huxley consideraba que no había pruebas suficientes para concluir que Darwin estaba en lo cierto. ¿Por qué se convirtió en su “bulldog” entonces? Por esa misma actitud escéptica, que hacía la teoría de Darwin la menos mala de todas las existentes, más aún si se la comparaba con los argumentos de Wilberforce y similares, contaminados por superstición e irracionalidad.

La anatomía comparativa, en la que Huxley era el experto incuestionable, proporcionaba un enigma: debía necesariamente haber una razón por la que había estructuras tan similares entre todos los seres vivos, y por la que las similitudes eran mayores entre unos y otros, y entre unas etapas del desarrollo embrionario y otras. ¿Por qué los fetos de vertebrados se parecían de manera tan extraordinaria a seres aparentemente tan dispares como los cnidarios? No existía una explicación científica mejor que la de Darwin, de modo que Huxley hizo lo que cualquier científico que se precie haría: aceptar la mejor teoría disponible, con reticencias, hasta que se encuentre otra que se ajuste mejor a los hechos. Si Huxley hubiera vivido unas cuantas décadas más y conocido la existencia del ADN y las mutaciones, es posible que no hubiera tenido tantas dudas, pero estoy convencido de que hubiera mantenido su posición de “acepta lo mejor que tengas hasta que tengas algo mejor”, pues era su filosofía de vida.

De hecho, Huxley es el primer agnóstico con ese nombre… porque fue él quien creó ese nombre. Podrías pensar que, dadas sus interminables discusiones con religiosos como Wilberforce y sus empeños por secularizar la ciencia, Huxley sería un ateo convencido. Pues no: serlo, en su opinión, sería tan irracional como creer en un Dios del que no hay pruebas empíricas. De hecho, cuando un sacerdote comparó sus ideas sobre el origen del hombre con el positivismo de Comte, Huxley contestó que el positivismo “no es más que Papismo con M. Comte en la silla de San Pedro, y con los nombres de los santos cambiados”.

Huxley al final de su vida
Huxley, hacia el final de su vida.

En resumen, Huxley dudaba. De todo, todo el tiempo. Su actitud era exactamente lo contrario de la fe: pero no sólo de la fe religiosa en un Dios Creador, sino de cualquier actitud de convicción similar, incluido el ateísmo, ya que cualquier respuesta indudable a cuestiones metafísicas, por definición, no puede ser demostrada mediante pruebas físicas. En sus propias palabras, que son más claras que cualquier explicación que pueda escribir ahora (énfasis mío),

Cuando alcancé la madurez intelectual y empecé a preguntarme si era ateo, teísta o panteísta; materialista o idealista; cristiano o librepensador; descubrí que cuanto más aprendía y reflexionaba, menos preparado me sentía para responder; hasta que, al fin, llegué a la conclusión de que no tenía arte ni parte en cualquiera de esos términos, excepto el último. La única cosa en la que todos ellos estaban de acuerdo era la única cosa en la que yo me diferenciaba de todos ellos. Todos estaban seguros de que habían alcanzado una cierta gnosis — habían resuelto, más o menos satisfactoriamente, el problema de la existencia; mientras que yo estaba bastante seguro de que no lo había logrado, y tenía una convicción bastante fuerte de que el problema era insoluble. Así que me puse a pensar, e inventé un término que me pareció adecuado, el de “agnóstico”. Me pareció sugerentemente opuesto al “gnóstico” de la historia de la Iglesia, que afirmaba saber tantas cosas de aquello que yo ignoraba.

Lo más curioso de todo es que, aunque nunca había leído antes fragmentos de Huxley, una de sus citas se parece sorprendentemente a una idea que he repetido muchas veces en El Tamiz. No pretendo compararme a Huxley, ¡ni muchísimo menos!, pero si eres tamicero añejo seguramente estás hasta las orejas de que repita cosas como “en un conflicto entre tu razón y tu intuición, haz caso de la razón” o “razón > intuición”. En palabras de Huxley de su libro “Agnosticismo”, de 1889:

En asuntos de intelecto, sigue a tu razón tan lejos como te lleve, sin importar cualquier otra consideración. Y de modo opuesto: en asuntos del intelecto, no afirmes que hay conclusiones seguras que no sean demostrables y estén demostradas.

Otra cita más humorística, pero no menos reveladora:

No demasiado lejos de la invención del fuego… debemos valorar la invención de la duda.

Como en el caso de Tsiolkovsky, leer sobre Huxley me parece inspirador, de modo que, si dominas la lengua de Shakespeare, te recomiendo encarecidamente que leas algunas de sus obras, especialmente su autobiografía y sus ensayos más filosóficos — todas ellas tienen tantos años que están disponibles de forma libre y gratuita, y las enlazo más abajo.

No muchos hubieran tenido las agallas de publicar dibujos como el de arriba con la comparación entre los esqueletos de un chimpancé y un ser humano, o de utilizar un cráneo de Homo neanderthalensis sólo cuatro años después de la publicación de “Sobre el origen de las especies”. Pero hablando del Homo neanderthalensis…

Para saber más:

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    { 16 } Comentarios

    1. Gravatar Jaime | 07/04/2009 at 14:55 | Permalink

      No es por nada, pero Huxley era más ateo que otra cosa. El problema de la expresión agnóstico es que muchos asumen que aplica el mismo nivel de duda a todo, como si fuera un 50%. Cuando realmente es más bien falta de total certeza.

      Me explico, yo puedo no saber de qué lado caerá una moneda y las probabilidades son más o menos 50% para cada cara.

      También puedo no saber si existe o no existe Dios, nadie puede afirmar una cosa u otra al 100%. De hecho nadie puede afirmar prácticamente nada al 100%. Pero hay distintos órdenes de incertidumbre. Seguro que la duda para alguien como Huxley no era del 50%, sino mucho menor (con respecto a la existencia de Dios, digamos una probabilidad <1% siendo generosos).

      Por eso, cuidado con la expresión agnóstico.

    2. Gravatar Pedro | 07/04/2009 at 15:11 | Permalink

      Jaime, no estoy en absoluto de acuerdo. Me remito a la cita del propio Huxley explicando el término que inventó, en la que no sólo se declara agnóstico (no ateo), sino que contrapone explícitamente el agnosticismo al ateísmo. Entre tu opinión de que era ateo y la suya propia de que no lo era, me quedo con la suya ;) Respecto al cuidado con lo que se llama agnosticismo, estoy de acuerdo — la gente utiliza la palabra con connotaciones que en nada tienen que ver con Huxley, pero eso no es culpa del buen Thomas, que dejó bastante claro a lo que se refería… y que no era el ateísmo.

    3. Gravatar Macluskey | 07/04/2009 at 20:17 | Permalink

      Ateo: Que niega la existencia de Dios.

      Agnóstico: Que profesa una actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.

      Según el Diccionario de la RAE. A mí me parece una distinción bastante precisa.

      Y como no es la primera vez que leo sobre Huxley, me da que era un agnóstico como una casa, según esa definición tan clara.

      Pedro: Ahora que lo pienso… ya echaba yo de menos algún artículo del “Ahora que lo pienso…” :D

      Que siga la fiesta!!!

    4. Gravatar kemero | 07/04/2009 at 20:20 | Permalink

      Un tipo muy interesante este Huxley, lastima su asesor de imagen que va para atrás.

      Jaime, ¿por que alguien no podría afirmar al 100% la no existencia de Dios? ¿que pruebas objetivas hay a favor? =)

      Pedro, antes que nada debo felicitarte por el artículo, esta serie también ha logrado engancharme :) ahora como lector del tamiz es mi deber informarte que:

      “Thomas Henry Huxley nace en 1825 en Ealing, un pueblo inglés, en 1825.”

      ;)

    5. Gravatar Pedro | 07/04/2009 at 21:25 | Permalink

      kemero, no sólo eso, sino que lo hace ¡nada menos que en 1825! Ahora lo cambio ;)

    6. Gravatar xx32 | 07/04/2009 at 22:02 | Permalink

      quien no sabe no tiene derecho a afirmar, y mucho menos a negar

    7. Gravatar serxio | 07/04/2009 at 23:09 | Permalink

      Yo me quedo con la frase de Carl Sagan: “Afirmaciones extraordinarias requieren de evidencias extraordinarias”. Y promulgar la existencia de Dios es la más extraordinaria de las afirmaciones. Por otro lado si Dios transciende a la experiencia, como dicen los agnósticos, ¿como es posible que alguien tuviera conocimiento de él para proclamar su existencia?

    8. Gravatar Aspective | 08/04/2009 at 11:17 | Permalink

      ¡Que envidia de una sociedad que permite la existencia de genios como este! A veces, comparando con lo que fue el siglo XIX en este país, dan ganas de echarse a llorar. Quiero decir que si con toda su inteligencia, tesón, capacidad de aprendizaje y superación hubiese nacido al sur de los pirineos… Me ha encantado conocer la biografía de este hombre del que no tenía más que alguna referencia imprecisa. Muchas gracias por tu constante trabajo.

    9. Gravatar nikolaiortiz | 08/04/2009 at 15:07 | Permalink

      Muy Inspirador de verdad el Señor Huxley

      Serxio Sobre el Agnosticismo me parece muy buena posición, al fin y al cabo la duda sobre si existía o no Dios ya estaba puesta y Huxley sentó su posición de forma clara.

      En lo personal me voy por el lado Agnóstico :)

    10. Gravatar Rawandi | 10/04/2009 at 12:48 | Permalink

      La invención de la palabra “agnóstico” no es algo por lo que Huxley merezca admiración.

      En Occidente, la inmensa mayoría de las personas siempre ha entendido que la palabra “Dios” se refiere a un personaje sobrenatural ‘hacerdor de milagros’. Huxley era seguramente ateo con respecto a este tipo de deidad ‘interventora’ de la que hablan todas las religiones “reveladas”. Por tanto, su uso de la etiqueta “agnóstico” parece un mero subterfugio para eludir la brutal hostilidad con la que los creyentes han tratado siempre a los ateos.

      En la tolerante Europa occidental actual, Huxley ya no necesitaría camuflar su ateísmo bajo ningún término eufemístico.

    11. Gravatar jesús | 13/04/2009 at 22:35 | Permalink

      Las convenciones semánticas son convenciones, claro está, pero cada uno puede tener sus preferencias. La mía es: - creyente: que tiene fe - ateo: que no tiene fe.

    12. Gravatar luis maria bianchi | 13/10/2010 at 23:16 | Permalink

      florentino ameghino siguio el camino de huxley y darwin. què opinas de él.

    13. Gravatar Eodun | 30/03/2011 at 23:50 | Permalink

      Muy tarde, pero es que la afirmación nº8 de Aspective me ha dolido.

      Si el señor Huxley hubiera nacido al sur de los Pirineos, igual tendríamos otro: http://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_Ram%C3%B3n_y_Cajal por ejemplo, premio Nobel 1906 (siendo yo médico, a este señor lo tengo en un altar), o http://es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_Torres_Quevedo , llamado genio con razón, o http://es.wikipedia.org/wiki/Blas_cabrera , con una ecuación que lleva su nombre…

      Admito que no se puede comparar a la ebullición de Inglaterra en ese tiempo, y que no les pusimos las cosas muy fáciles, pero tampoco es para despreciar a nuestros grandes hombre.

    14. Gravatar Laertes | 31/03/2011 at 19:10 | Permalink

      No sé si alguien leerá un comentario en un artículo tan antiguo. Como siempre el artículo es genial y cumple perfectamente su objetivo de despertar la curiosidad sobre Huxley, yo por ejemplo ya me he bajado su autobiografía en epub para leerla tranquilamente. Sin embargo hay un error que me gustaría comentar. Dices que las medusas y los pólipos son “primitivas” o “menos evolucionados”. Esto es una creencia muy común pero errónea. Cualquier ser vivo actual está igual de “evolucionado” y adaptado a su entorno. De hecho todos los seres vivos actuales han evolucionado durante los mismos millones de años hasta llegar a lo que son ahora. Es cierto que unos han evolucionado a formas cada vez más complejas mientras que otros se han mantenido en formas más simples. Y son más simples sólo en comparación con las más complejas. Una “simple” bactería es de por sí muy compleja.

    15. Gravatar Pedro | 31/03/2011 at 19:13 | Permalink

      Laertes, sí que los leemos unos cuantos (los suscritos al feed de comentarios, casi siempre). Gracias por el comentario, intentaré recordarlo para cuando publiquemos la versión impresa :)

    16. Gravatar Laertes | 01/04/2011 at 19:39 | Permalink

      Perfecto Pedro, maravillas de la tecnología (el feed).

    { 2 } Trackbacks

    1. Gravatar meneame.net | 07/04/2009 at 15:16 | Permalink

      Hablando de …. Thomas Henry Huxley…

      [c&p] … Aquí empieza parte de lo admirable de Huxley: el colegio cierra, su padre pierde su empleo y la familia entra en graves apuros económicos. Tanto es así que en ese momento, con tan sólo diez años, termina la vida escolar de Huxley… y empie…

    2. [...] Además se observa otra diferencia entre ambas partes: aunque tanto los seguidores de Owen como los de Darwin eran apasionados, la mayor parte de los de Owen no consideran la posibilidad de que Darwin tenga razón; es más, les produce verdaderos escalofríos sólo pensarlo. Sin embargo, el propio Huxley duda muchas veces de algunos aspectos de las teorías de Darwin, y a menudo le pide pruebas empíricas que Darwin no puede proporcionarle. De hecho, Huxley no está convencido de que la teoría de Darwin sea la verdad última — simplemente se trata de la mejor explicación de las que dispone en ese momento para describir los hechos observados. Huxley es, más aún para su época, un científico de verdad — y su vida y sus ideas son realmente interesantes. Pero hablando de Thomas Henry Huxley… [...]

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