El Tamiz

Ignora lo accesorio, atesora lo esencial

El Sistema Solar - La Luna (III)

Tras hablar sobre la posición y movimientos de la Luna en la primera entrega del artículo, y hacerlo en la segunda parte sobre la exploración tripulada y no tripulada durante el siglo XX para conocer más a fondo nuestro satélite, en esta tercera y última parte hablaremos acerca de la historia de Selene y su futuro como posible lugar de colonización.

Apolo 17 (pequeña)

Apolo 17: la última misión tripulada a la Luna… por ahora. Versión a 3000x3000 px. Crédito: NASA.

Han existido, a lo largo del tiempo, multitud de teorías que trataban de explicar el origen de la Luna, del mismo modo que existen acerca de los demás satélites del Sistema Solar. Sin embargo, procesos que explican bastante bien la existencia y posición de otros satélites (recuerda que la Luna es el primero del que hablamos hasta ahora en la serie) no sirven para justificar las propiedades de la Luna demasiado bien.

Por ejemplo, una teoría que ya no tiene demasiados apoyos es la de la fisión: según ella, la Luna era originalmente parte de la Tierra, pero nuestro planeta giraba tan deprisa que una parte de él, cuando aún estaba muy caliente en la superficie y era bastante plástico, salió despedida y formó la Luna. Sin embargo, de ser así, nuestro satélite giraría alrededor de la Tierra en el plano ecuatorial (el plano en el que salió despedida), pero la Luna está inclinada un ángulo considerable sobre ese plano. Además, la velocidad angular de la Tierra para “lanzar” una parte de sí de ese modo debería haber sido tremenda – mucho más grande que la que todos los modelos actuales consideran, teniendo en cuenta su velocidad de rotación actual y el tiempo que ha pasado.

Algo parecido sucede con un proceso que sí explica muy bien las órbitas y naturalezas de otros satélites de nuestro sistema, la captura. Existen multitud de cuerpos pequeños en el Sistema Solar que no orbitan alrededor del Sol, sino que han sido “capturados” por la atracción gravitatoria de un cuerpo más grande. Llegaremos a ellos a su tiempo, pero los leviatanes del Sistema Solar, como Júpiter, tienen verdaderas hordas de pequeños cuerpos girando a su alrededor como un enjambre de mosquitos.

Sin embargo, los modelos estudiados por los científicos parecen indicar que esto no ha podido suceder con la Tierra y la Luna: nuestro planeta no tiene la suficiente masa como para “amarrar” a un cuerpo tan enorme (para ser un satélite de la Tierra) como la Luna, y hubiera hecho falta una serie de coincidencias extraordinarias para frenarla en el momento y lugar precisos de modo que tuviera una órbita estable alrededor de la Tierra.

De hecho, durante mucho tiempo los astrónomos no tenían un consenso sobre qué diablos podría explicar tantas cosas peculiares del satélite: su minúsculo núcleo, su composición muy similar al manto de la propia Tierra, su gran tamaño en comparación con nuestro planeta, su elevación sobre el plano ecuatorial, la casi total ausencia de elementos volátiles… Hasta muy recientemente (la década de los 80) las teorías más dispares se postulaban y descartaban continuamente, y no existía una posición común.

Pero en los 70 surgió una teoría nueva, que poco a poco fue ganando aceptación hasta que, en una conferencia sobre el origen de la Luna en 1984, se mostró sin lugar a dudas como la favorita de la comunidad científica, y sigue siéndolo hoy, a pesar de que tiene también algunos problemas: la Teoría del Gran Impacto, de la que ya hablamos brevemente en la entrada sobre la Tierra ya que, de ser cierta esta teoría, la formación de la Luna afectó seriamente al desarrollo inicial de nuestro propio planeta.

La Teoría del Gran Impacto

Impacto entre Theia y la Tierra (visión artística). Crédito: NASA.

Como espero que recuerdes de aquella entrada, la esencia de esta teoría es que poco después de la formación del Sistema Solar (tras tan sólo unas cuantas decenas de millones de años), cuando la Tierra aún era una inmensa bola de roca fundida, otro planeta impactó contra ella. Este segundo planeta suele recibir el nombre de Theia (puesto que esa diosa era la madre de Selene), y debía de tener una masa parecida a la de Marte. La Tierra, por aquel entonces, todavía no tenía el tamaño actual, sino más o menos el 90% de su masa de hoy en día – en parte porque seguía capturando planetesimales, y en parte porque tras el impacto absorbió parte de la masa de Theia.

Gran Impacto

Animación del movimiento de Theia hasta el impacto con la Tierra. Crédito: Wikipedia/GPL.

La cuestión es que es difícil que dos cuerpos de tamaño considerable orbiten el Sol a una distancia parecida de forma estable: normalmente, la órbita de uno de ellos acabará volviéndose inestable de modo que escape a otra diferente, o bien impacte contra el otro, como sucedió en este caso (si esta teoría es cierta, por supuesto). De hecho, pensamos haber visto los restos de impactos similares alrededor de otras estrellas: tanto en HD 23514 (en las Pléyades) como BD+20 307 hay anillos de restos rocosos orbitando alrededor de la estrella que tienen toda la pinta de ser todo lo que queda de pares de protoplanetas que han chocado uno con el otro, como sucedió aquí.

La “suerte” en el caso de la Tierra y Theia fue que el impacto probablemente no se produjo “de lleno”, disminuyendo así su violencia de modo que no aniquiló completamente a los dos planetas nacientes como en el caso de esos otros sistemas estelares. Eso sí, debió de ser algo cataclísmico: se estima que la temperatura en la superficie de la Tierra llegó a alcanzar más de 10 000 °C, casi el doble que la temperatura en la superficie del Sol. Miles de millones de toneladas de roca se vaporizaron instantáneamente, y cantidades inimaginables de material fueron desprendidas al espacio a velocidades tremendas.

Casi todo el núcleo de Theia, con los elementos más pesados, se fundió con el de la primitiva Tierra, lo cual explicaría la gran cantidad de hierro en nuestro planeta (el más denso del Sistema Solar). Sin embargo, gran parte del manto de Theia se vaporizó o fue expulsado al espacio; aunque la animación del vídeo no lo muestra demasiado bien, durante un tiempo los restos de Theia (y parte de la Tierra, claro) formaron una especie de “cinturón de asteroides” alrededor de nuestro planeta, pero aquello no podía durar. Tal densidad de pequeños cuerpos en un campo gravitatorio, moviéndose a gran velocidad, supuso una cantidad terrible de impactos entre ellos, como puedes ver en este otro vídeo de animación (cuyo sonido es, desgraciadamente, algo desagradable):

Algunos trozos, tras impactar contra otros, acabaron cayendo a la Tierra de nuevo. Otros fueron despedidos a velocidades mayores que la de escape, y desaparecieron en el espacio interplanetario… pero, poco a poco, los impactos fueron agrupando la masa de modo que, al cabo del tiempo, un satélite realmente grande orbitaba la Tierra. Como mencionamos en el artículo sobre nuestro planeta, ambos cuerpos eran aún (en gran parte debido a la energía liberada en el impacto) bolas incandescentes, y estaban muy cerca uno del otro – no voy a repetir aquí las razones de su continuo alejamiento, porque ya lo explicamos en la segunda parte de este artículo, pero es un efecto significativo en la evolución de la Tierra y la Luna.

Aunque la Teoría del Gran Impacto tiene que limar algunos detalles (la composición exacta de la Luna no coincide con la que debería ser de acuerdo con el modelo), no tenemos hasta ahora otra que explique mejor su órbita y estructura interna. Desde luego, parte de la grandeza de la ciencia es que, de desarrollarse una teoría nueva –o una modificación de ésta– que no presente estas incongruencias, nos pasamos a ella y listo.

En cualquier caso, tras el impacto una especie de “océano de magma” cubría el satélite, que poco a poco se fue enfriando. Según la roca se fue solidificando, se formó la corteza de la Luna. Las muestras de roca tomadas por las diversas misiones a la Luna que mencionamos el artículo pasado (una de las cuales llevó un geólogo a la superficie lunar precisamente con este propósito) muestran que la corteza estaba formada ya hace unos 4 000 millones de años, y ya entonces aparecen los primeros cráteres en la superficie Lunar (hubo impactos anteriores, por supuesto, pero tuvieron el mismo efecto que un guisante cayendo… en un puré de guisantes).

Harrison Schmitt

Harrison Schmitt, el único geólogo (y el último humano) sobre la Luna, tomando muestras de mineral durante Apolo 17.

De hecho, una cantidad gigantesca de cráteres tienen edades muy similares: entre 3 850 y 4 000 millones de años. Durante esos brevísimos 150 millones de años la Luna fue bombardeada por una cantidad ingente de objetos; de ahí que ese período se denomine intenso bombardeo tardío, y hablaremos de él en la siguiente entrega de la serie, antes de zambullirnos en Marte, ya que la superficie lunar es uno de los signos más claros de su posible existencia.

Incluso tras la solidificación de la corteza, el interior de la Luna seguía estando muy caliente, y la actividad volcánica era intensa. Lo que algunos de los primeros astrónomos pensaban que eran océanos son en realidad enormes coladas de lava basáltica, relativamente lisas y homogéneas (aunque también tienen cráteres, por supuesto). Al principio, cuando el interior se encontraba todavía a una temperatura muy elevada, las erupciones eran constantes y de gran envergadura, pero poco a poco fueron disminuyendo en frecuencia y volumen: las últimas de las que tenemos noticia tienen algo más de mil millones de años de antigüedad.

Sin embargo, todavía pueden verse en la Luna multitud de testigos de esa época convulsa: aparte de los propios maria, existen antiguos ríos de lava solidificada, que suelen llevar (si se siguen “hacia atrás”) hasta chimeneas volcánicas apagadas hace eones, y montes cuyo origen no deja lugar a dudas, ya que tienen cráteres volcánicos en la superficie de los que parten algunos de estos “ríos” ancestrales:

Mons Rumker (pequeña)

Mons Rümker, en el Mar de las Tormentas (Oceanus Procellarum), de más de 1 km de altura sobre la planicie. Cada pequeño cono tiene su propia chimenea. Versión a 2373x2406 px. Crédito: NASA.

Pero claro, al cabo del tiempo la actividad volcánica fue cesando, mientras que los impactos de meteoritos se siguieron produciendo (aunque ya no con la misma intensidad que durante el “bombardeo” de tiempos pasados). Poco a poco, incluso los maria inmaculados y lisos fueron sufriendo cicatrices debidas a estos impactos; la mayor parte de estos impactos, por supuesto, fueron de cuerpos relativamente pequeños, pero otros son realmente impresionantes:

Mare Imbrium

El Mar de las Lluvias (Mare Imbrium), con el imponente cráter Copérnico en medio (de más de 100 km de diámetro). Versión a 1082x971 px. Crédito: NASA.

En muchos de estos cráteres puede verse aún claramente el lugar del impacto como una elevación del terreno aproximadamente en el centro del cráter, como puedes ver en esta imagen del cráter King tomada durante la misión Apolo 16:

Cráter King

Crédito: NASA.

Además de crear cráteres, los continuos impactos fueron creando lo que denominamos regolito: la capa de roca más o menos triturada que cubre la superficie de la Luna (y de muchos otros cuerpos del Sistema Solar). Desde luego, no es el terrible polvo profundísimo que algunos temían que existiera, pero tiene un espesor considerable: desde unos dos metros en las regiones más “nuevas” (es decir, las que sufrieron las últimas coladas de lava, como muchos maria) hasta unos veinte metros en las más antiguas. Como mencionamos en la entrada anterior, puede soportar el peso de naves y astronautas sin problemas, y los fragmentos de roca tienen tamaños muy diferentes.

El principal problema del regolito a largo plazo es que parte de la roca está triturada muy finamente por el continuo impacto de micrometeoritos (meteoritos de muy pequeño tamaño): en la Tierra, el continuo movimiento de los trozos y la erosión por el agua y el aire van redondeando los fragmentos de cualquier roca, ¡pero en la Luna no pasa nada de esto! Como resultado, estos pequeños fragmentos tienen bordes afilados y puntas muy finas, lo que habrá que tener en cuenta al planear una futura base o colonia lunar, ya que puede suponer una pesadilla en el mantenimiento de mecanismos que funcionen durante años en ese ambiente, si levantan el polvo del regolito lunar.

Las misiones Apolo trajeron a la Tierra, en total, casi 400 kg de rocas de diferentes tamaños, que permitieron a los científicos conocer mucho sobre la composición de la Luna y la edad de las diversas muestras, a partir de la abundancia relativa de distintos isótopos. Hoy conocemos bastante bien la composición química de sus rocas (no en todas partes, por supuesto) y parecería que no tiene mucho sentido invertir millones en volver a ir, ya que se trata simplemente de una roca inerte.

Ah, pero tiene mucho sentido volver a ir (aunque, desde luego, la conveniencia de utilizar el dinero en esto y no en otra cosa está sujeta a distintas opiniones), por varias razones diferentes. En primer lugar, es indudable que en un futuro relativamente cercano nos enfrentaremos a un desafío aún mayor que llegar a la Luna: poner los pies en otro planeta del Sistema Solar. Las misiones lunares son pruebas excelentes del equipo nuevo y la tecnología que se ha ido desarrollando en esa dirección.

Pero, además, no debemos despreciar la Luna en sí misma como un objetivo práctico a corto plazo: en primer lugar, sería un lugar absolutamente único para construir telescopios ópticos gigantes, algo que ya mencionamos hace más de un año en El Tamiz. Pero, además, un radiotelescopio tendría enormes ventajas, de construirse sobre la superficie de nuestro satélite (en la cara oculta, por supuesto).

Piensa que los radiotelescopios actuales tienen que luchar contra un “ruido” infernal creado por nuestras propias emisiones, y cada año emitimos más. Naturalmente, se filtra este “ruido” para que no influya en las observaciones, pero esto disminuye la sensibilidad de nuestros instrumentos y está siendo, cada vez más, un problema. Para que te hagas una idea, es como tratar de ver las estrellas en luz visible cuando a nuestro alrededor las ciudades cada vez emiten más luz por la noche: con software se puede eliminar, hasta cierto punto, la luz de la ciudad, pero llega un momento en el que los detalles más sutiles del cielo nocturno se harían prácticamente imposibles de ver. Lo mismo sucede con los radiotelescopios.

Pero uno construido en la Luna, “a espaldas” de nuestro planeta, estaría protegido por un escudo de 7,35·1022 kg de las emisiones de radiación electromagnética terrestre, y podría mirar ahí fuera sin apenas interferencia, y después –utilizando unos cuantos satélites para repetir la señal– enviarnos los resultados a la Tierra. ¡Ay, lo que podríamos ver!

Claro, algunos visionarios llegaron más lejos de la simple idea de construir un telescopio, y mucho antes de que se construyera el primer cohete… incluso antes de que volara el primer aeroplano, el genial Konstantin Tsiolkovsky ya planteó la posibilidad de colonizar permanentemente la Luna, entre otras muchas cosas. Durante los años 50 y 60, la idea tuvo cierto auge, pero luego el entusiasmo fue enfriandose… pero ahora la cosa vuelve a tomar fuerza otra vez, y varios gobiernos ya tienen planes más o menos concretos de establecer bases permanentes allí en las décadas de 2020-2030, entre ellos los EE.UU, China, la Unión Europea, Japón y la India.

El objetivo no es, en principio, establecer colonias de gran tamaño para expandir nuestra población: existen otros lugares en el Sistema Solar que, probablemente, serían mucho más aceptables en este aspecto. La idea sería tener bases de pequeño tamaño y carácter permanente, pero con tripulaciones que se vayan relevando a lo largo del tiempo – es decir, algo parecido a lo que sucede con la Estación Espacial Internacional. Pero ¿para qué puede servir una base en la Luna?

En primer lugar, como sucede en el caso de los telescopios, porque las posibilidades de experimentos científicos son múltiples, y mantener la base sería probablemente más barato que la ISS, pues estaría “en el suelo”, aunque no fuera nuestro suelo. Además, recuerda lo muchísimo que nos costó escapar del campo gravitatorio de nuestro planeta y de su densa atmósfera: es muy difícil lograrlo, e incluso hoy en día es un coste económico inmenso para las misiones espaciales… pero en la Luna, la gravedad es la sexta parte que en la Tierra, no hay atmósfera, y hay una cantidad de materias primas ingente y sin explotar.

Si algún día nos extendemos de verdad por el Sistema Solar, no sabemos dónde se realizará la construcción de las naves espaciales que lo logren, pero lo que sí sabemos es dónde no se realizará: en la Tierra. Sería completamente absurdo. La Luna sí es un candidato posible a este fin, porque una nave construida en la Luna necesitaría para ser lanzada una fracción minúscula de la energía que requeriría hacer lo mismo desde la Tierra. De modo que la Luna tal vez no sea nuestro destino final, sino el trampolín para abandonar nuestra “cuna”.

La propia explotación de los recursos naturales de la Luna (que son muchos) puede convertirla algún día en un objetivo comercial, aunque pensarlo pueda revolverte un poco las tripas – la escasa gravedad y ausencia de atmósfera harían, una vez más, bastante fácil establecer explotaciones mineras allí. En un futuro cercano, por supuesto, esto no sería viable económicamente, pero según los costes de ir y volver vayan descendiendo (especialmente con naves no tripuladas) y los recursos en la Tierra vayan disminuyendo, la posibilidad puede volverse muy real.

De hecho, alguno de ellos ya lo tenemos “en el punto de mira”. Puesto que en la Luna no hay atmósfera ni campo magnético apreciables, el viento solar (que en la Tierra no llega al suelo ni de guasa) alcanza la superficie lunar sin problemas. El viento solar que lleva “lloviendo” sobre la superficie lunar durante miles de millones de años, compuesto por diversos tipos de partículas que acaban en el regolito, mezclados con las sustancias que lo componen e interaccionando con ellas, acumulándose poco a poco todo el tiempo. Como resultado, en la luna existen cantidades mucho mayores que en la Tierra de helio-3, un isótopo que puede ser fundamental si logramos desarrollar reactores de fusión.

El único problema es que las regiones en las que más helio-3 puede haber son aquéllas en las que la incidencia del viento solar es más perpendicular al suelo, es decir, cerca del ecuador lunar; dado el valor de este isótopo, puede resultar muy beneficioso establecer, al menos, explotaciones robóticas allí, pero las bases permanentes probablemente no se encuentren cerca del ecuador.

La razón es que hay otra región que tiene ventajas muy claras para establecer bases habitadas. Si recuerdas la entrada sobre Mercurio y la anterior sobre la propia Luna, ya deberías ser capaz de anticipar de qué zona estamos hablando: los polos.

En los polos lunares se dan dos características cruciales para el posible establecimiento de una base, aunque parezcan contradictorias al principio: permiten disponer de luz solar prácticamente todo el tiempo, y permiten zonas de oscuridad permanente. La clave es que la Luna rota sobre su eje de manera que su ecuador es prácticamente paralelo al plano de la eclíptica (la trayectoria aparente del Sol), de modo que la inclinación de los rayos solares apenas cambia a lo largo del tiempo.

Cráter Shackleton

Cráter Shackleton. Crédito: ESA.

Ya hablamos en el artículo anterior acerca del cráter Shackleton, cuyas profundidades no han visto jamás la luz del Sol. Allí podría haber cantidades considerables de hielo, con lo que el suministro de agua a la base o colonia estaría asegurado. Pero, claro, al mismo tiempo hace falta la suficiente energía para derretir el hielo, además de hacer funcionar los sistemas de la base… y aquí está lo curioso del asunto. El mismo cráter Shackleton lo puedes ver en la siguiente imagen, más alejada:

Shackleton y Malapert

Fíjate en la montaña de Malapert en el tercio superior de la imagen: está situada a unos 116 km del cráter. Mientras que el fondo del cráter nunca ve la luz, la cima del Malapert, que tiene unos 5 km de altura, está bañada por los rayos solares prácticamente todo el tiempo, incluso cuando en el ecuador lunar es de noche. Situando paneles solares en la cima del Malapert, una base dispondría de energía abundante a una distancia muy pequeña de un suministro de agua constante.

Además, recuerda que esto es la Luna: una de las desventajas de la energía solar en la Tierra es su irregularidad e impredecibilidad. Pero en la Luna el cielo nunca jamás va a estar cubierto (qué diablos, ni siquiera hay atmósfera que absorba radiación de ningún tipo), y el flujo de energía va a ser prácticamente constante y se puede depender de él sin problema alguno. Existen energía a mansalva, materias primas y –probable, pero no ciertamente– agua en cantidades más que suficientes para nutrir a una base.

Incluso el problema del oxígeno es de relativamente fácil solución, al disponer de tal cantidad de energía: enormes piscinas de algas o, mejor aún, algún sistema de fotosíntesis artificial pueden “reciclar” el dióxido de carbono producido para obtener de nuevo oxígeno.

Como digo, no es probable que la Luna se convierta en el segundo hogar de la humanidad en el Sistema Solar: la ausencia de atmósfera y la escasa gravedad, además del extraño ciclo de días y noches de 15 días terrestres de duración, hacen que no sea un lugar muy hospitalario. Pero es muy probable que se convierta en un suministro de recursos, una fuente de descubrimientos científicos y, tal vez, el “muelle espacial” donde se construyan las naves que colonicen nuestro segundo hogar, si algún día damos ese paso. La Luna sí puede ser el trampolín para escapar de nuestro cascarón.

En la próxima entrega de la serie hablaremos, en un artículo no demasiado largo, acerca de ese curioso período en la juventud de nuestro Sistema Solar, y que ha dejado profundas cicatrices sobre la superficie de nuestro satélite – el intenso bombardeo tardío.

Para saber más:

Astronomía, Ciencia, El Sistema Solar

33 comentarios

De: serxio
2008-09-16 23:46:40

Muy bueno el artículo, como siempre. Por cierto ¿Qué significa "Kepler Time" en el segundo video?


De: Jenas
2008-09-16 23:48:44

Un gran artículo nuevamente Pedro. Solo un pequeño pero, en el primer video no se entiende nada, o al menos yo no.


De: Brigo
2008-09-17 00:06:44

Siempre que escucho hablar de colonizar la imaginación me desborda, ¡me hierve la sangre!. Ainch. Lo siento, me he emocionado :-)

Teniendo en cuenta un hipotético Ascensor Espacial (permitidme las mayúsculas), otro uso de la materia prima lunar sería enviarla a la tierra como contra peso para subir partes ya manufacturadas para el resto del universo.


De: Héctor
2008-09-17 00:17:26

Ojalá pudiéramos ver esa colonización de otros mundos. Lamentablemente, nuestra generación no lo verá, aunque siempre albergo la esperanza de que en 35 años, cuando yo tenga 70 años, podamos verlo. Los lectores más jóvenes de El Tamiz tienen sin duda más posibilidades :-)


De: ElHombrePancho
2008-09-17 04:22:28

Espero que 23 sean años para estar en esa juventud de la que hablas! Si me preguntasen si me iba a Marte a colonizarlo (o la luna o...) ni me lo pensaba.
Recomiendo "Civilizaciones extraterrestres", de Asimov, un libro de divulgación en el que se especula sobre la vida en el cosmos y cómo se podría colonizar el Universo (y la respuesta es: con mucha calma)


De: Pedro
2008-09-17 08:09:28

¡23 añitos! Yo no soy Macluskey, pero ya voy notando la edad... me da que no voy a ver colonizar mucho. Sí, ya, 34 no son tantos, pero cuando empiezas a notar que tus alumnos no pillan las referencias a Barrio Sésamo cuando pones la voz de Coco, sabes que ya nada será lo mismo :(


De: Cruzki
2008-09-17 11:13:02

Si es que mi novia no sabía lo que era un gallifante... ni la ruperta U_U nos hacemos mayores.

Por cierto Pedro, no comentas nada del famoso helio3 que se supone que hay a patadas en la superficie de la Luna y que puede ser nuestra salvación energética si los del ITER consiguen que el cacharro funcione.


De: Macluskey
2008-09-17 11:29:54

¿Barrio Sésamo? ¿Einn?

Yo es que soy de Locomotoro, Valentina, el Capitán Tan y los Chiripitifláuticos, en un perfecto blanco y negro, que se veía en la Tele todas las tardes. No me preguntéis en qué cadena: ¡Sólo había una! El "UHF" (o sea, lo que ahora es "La 2") no empezó a emitir hasta fines de los 60, cuando yo ya empezaba a salir con chavalas... ¡qué tiempos... tan lejanos, afirmo!.

Buen artículo, Pedro, interesantísimo.


De: Sergio
2008-09-17 11:42:57

Genial, como siempre!... pero lo mejor es que en muchas ocasiones respondes preguntas que ni siquiera me había planteado pero que son verdaderamente interesantes. ¿Cómo ha llegado ahí esa pedazo de roca flotante?... no lo habría pensado nunca.


De: InTheater
2008-09-17 11:52:45

interesantisimo articulo, lo cual no es nada nuevo, la mayoria de articulos lo son.
Un par de preguntas/ideas que deseo comentar:

1- cuando hablas de polvo lunar, y de un espesor de varios metros, me cuesta imaginármelo, seria un parecido a playas/desiertos de una arena finísima ??, o quizás como montañas arcillosas de humedad prácticamente nula. Probablemente la idea de "polvo" y "suficientemente estable para soportar el peso de las naves" son antagónicas en mi cabeza.

2-la segunda idea, y permíteme parafrasearte "...establecer colonias de gran tamaño para expandir nuestra población...", entiendo por tus palabras que aceptas que el ser humano siga creciendo en numero inevitablemente. Mi pregunta, no crees que el ser humano llegue a una estabilidad poblacional, en la cual se vea mas beneficiosos "mantener el numero" que no aumentarlo ??

como siempre, un placer leerte


De: Cruzki
2008-09-17 14:21:37

@Intheater

1- Piensa en un desierto de dunas. Las dunas son arena de varios metros de espesor y sin embargo un camión puede moverser perfectamente sobre ellas.

2- El ser humano TIENE que expandirse por el espacio si no quiere ser eliminado como especie. Y es obligatorio, las probabilidades de que le pase "algo" a la Tierra (por causas naturales o artificiales) en los próximos milenios son muy altas como para permitirse el lujo de quedarse aquí y desaparecer como especie.


De: Pedro
2008-09-17 16:21:32

@ Intheater,

Recuerda que en el artículo se menciona que no se trata sólo de polvo: el regolito tiene fragmentos de muchos tamaños mezclados; además de lo que dice cruzki, hay trozos de gran tamaño con otros más pequeños, de modo que no todo es polvo finísimo.

Respecto a la colonización, estoy de acuerdo con cruzki: lo de tener todos los huevos en la misma cesta es una mala idea, de modo que probablemente nos extenderemos a otros planetas (y posteriormente sistemas), creo que inevitablemente. Por desgracia, no creo que yo lo vea :P

@ cruzki,

Estuve dudando sobre si hablar del asunto o no, y decidí no hacerlo por no alargar demasiado la cosa... pero no hay problema en añadirlo, aunque sea brevemente. Ahora mismo me pongo a ello :)

Editado para añadir: ¡Hecho, la mención está incluida!


De: InTheater
2008-09-17 19:33:43

gracias a ambos por las respuestas

1- entiendo lo de las dunas, pero por ello el desierto se dice "esta compuesto de arena" y no de polvo. Mi cuestión, mas técnica, es sobre la finura de las partículas y lo compactas que estas estén. Recordar que no solo una nave se poso sobre la luna, sino que lo hizo con motores de propulsión. A modo de comparación ::
http://lh3.ggpht.com/_56ZwlHs9wPU/RiF2M4yuPtI/AAAAAAAABB4/8uW_HX6AlJc/050517-N-9500T-101.jpg

2- a largo plazo de acuerdo con ambos, seria una apuesta muy arriesgada quedarse "solo" en un planeta debido a las posibles desconveniencias que pudieran ocurrirle a la tierra. Pero aun en el supuesto que consiguiéramos colonizar completamente 3 planetas en los próximos 100 años (al nivel de transformarlos a un hábitat similar a la tierra, muy muy optimista), al ritmo de crecimiento poblacional actual, en 100 años necesitaríamos no 4, si no probablemente 30 o 40 planetas ...


De: InTheater
2008-09-17 19:40:59

completando el punto primero
- es visible fácilmente que existe una capa de unos pocos centímetros muy fina y no muy compacta, a juzgar por las huellas dejadas a escasos metros de la nave, pero igualmente no se aprecian grandes "destrozos" debido a los motores de la nave. Por ello lo compare como "una montaña arcillosa de nula humedad", donde existe una capa muy poco compacta (de unos milímetros, quizás) y luego la montaña propiamente dicha, que a pesar de ser arcilla (mas o menos, polvo muy fino) en ciertamente muy compacta


De: Pedro
2008-09-17 19:47:14

@ InTheater,

En http://en.wikipedia.org/wiki/Regolith puedes encontrar información más detallada sobre el regolito lunar (y otros).

Respecto a la colonización, una cosa no quita la otra... yo no hablo (y creo que cruzki tampoco) de colonizar otros planetas para resolver nuestro problema de superpoblación. No sería una solución, entre otras cosas, porque no tenemos tiempo.

Lo que estamos diciendo es que para asegurar la supervivencia de la especie (si es que ése es un objetivo válido, evidentemente), deberíamos extendernos por otros lugares. El problema a resolver con esto no es la superpoblación, es la extinción por una catástrofe única.


De: Cruzki
2008-09-17 21:41:26

@Pedro

Una catastrofe que podría ser la superpoblación :P Los modelos de crecimiento de poblaciones, hasta donde yo se, son tan caóticos que la superpoblación podría tener efectos devastadores a muy corto plazo. Si algo aprendí en mis clases de ecuaciones diferenciales es que una población de cualquier especie tienede a expandirse a un ritmo exponencial hasta que se queda sin recursos, a eso se le suele llamar ley de Malthus y es una buena aproximación a como se comportan las bacterias en un cultivo cuando no tienen problemas de recursos. Los modelos más complejos se producen cuando la cantidad de recursos están limitados bien por causas naturales o bien por equilibrios predador-presa y cosas de estas que no entiendo muy bien :P

Actualmente los humanos estamos recluidos en la Tierra y nos estamos quedando sin recursos. Hay dos opciones:


  1. O paramos de crecer, que visto los políticos / empresarios que tenemos va a ser que no.


  2. O buscamos la forma de expandirnos fuera del planeta y/o el Espacio en general.


Si en algún momento conseguimos tecnología para ocupar otro planeta TEN POR SEGURO que también lo vamos a sobre explotar. De hecho en mis clases de astronomía hicimos un ejercicio curioso.

Supón que tardamos 1000 años en construir una nave y viajar a otro planeta, y que a su vez estos tardan otros mil años en construir otra nave y viajar a otro planeta y así sucesivamente. Entonces tenemos que en $$n$$ mil años hay $$2^{n-1}$$ naves viajando por el espacio esperando colonizar algún planeta. Y tenemos una bonita exponencial. Se pueden hacer los cálculos y una vez que tengamos una de estas naves tardamos 1 millon de años aproximadamente en consumir la galaxia. Teniendo en cuenta que un millón de años es un tiempo RIDÍCULO a esta escala, da para pensar muchas cosas (como que o bien estamos solos o bien se avecina una verdadera guerra por la galaxia).


De: Pedro
2008-09-17 22:24:18

@ cruzki,

No, si de eso no tengo la más mínima duda... y no creo que la solución para el 99,9999% de la humanidad, si la catástrofe acaba siendo la superpoblación, sea la colonización de nada. No daría tiempo. Por optimistas que seamos, el problema de la superpoblación va a estar resuelto, para bien o para mal, mucho tiempo antes de que nos expandamos por ninguna parte en cantidades apreciables.

La única manera en la que podría ayudar la colonización, como en cualquier otra catástrofe, sería dejando unos cuantos humanos en alguna otra parte para empezar otra vez si nos cargamos esto -- pero no es a eso a lo que yo llamaría una solución al problema precisamente ;)

Me gusta más que el ejemplo de tus clases el de las máquinas de von Neumann, pero viene a ser matemáticamente lo mismo.


De: Gencianal
2008-09-17 23:08:28

Buen artículo, Pedro. Una pregunta: cuando llegues a planetas como Júpiter o Saturno ¿dedicarás un artículo a cada satélite o sólo a los más importantes?


De: Cruzki
2008-09-18 11:54:48

@ Pedro

¿Máquinas de von Neumann? ¿Qué ejemplo es ese?


De: InTheater
2008-09-18 12:55:38

muchas gracias a ambos,
es "tranquilizante" observar como algunos individuos discuten sobre la composicion de planetas ajenos al que viven por el puro placer el conocimiento, mientras la especie a la que pertenecen se expande con los mismos patrones que las bacterias...

un saludos


De: Pedro
2008-09-18 17:32:34

@ InTheater,

No he entendido muy bien lo que quieres decir con "tranquilizante" con comillas. ¿Es tranquilizante o no lo es? :)

@ cruzki,

Es básicamente lo mismo que el ejemplo que te dieron pero (en mi opinión, claro) más chulo, una forma de explorar la galaxia utilizando máquinas autorreplicantes propuesta por von Neumann: http://en.wikipedia.org/wiki/Von_Neumann_Probe


De: Cruzki
2008-09-18 20:37:32

@Pedro

Ahhhh vale, ¡¡¡¡ya se cual dices!!!!


De: petro
2008-09-19 17:02:11

Solo un comentario: el tritio creo que es un isótopo del hidrógeno y no del helio. Por lo de más, me parece un artículo excelente


De: Pedro
2008-09-19 22:41:45

@ petro,

A veces mi estupidez me sigue asombrando. ¡Gracias, corregido! Lo que estaba mal era añadir "tritio", se trata efectivamente de helio-3, qué vergüenza más grande. En fin :P

Por cierto, creo que voy a enunciar el principio de certidumbre: la certidumbre con la que se expresa quien cuestiona un artículo es inversamente proporcional a la probabilidad de que su crítica tenga razón.

No, en serio: cuando un comentario es del tipo "pero qué vergüenza, te crees muy listo pero no tienes ni idea blah blah..." suele ser una crítica sin ningún sentido; los que apuntáis errores de verdad soléis ser mucho más moderados, pero en cambio tener razón más a menudo. Curioso :)


De: Chapu
2008-09-21 15:05:02

Hola!! Me ha gustado mucho el rollo nada "cultureta" del presente blog, su lenguaje afable y nada ampuloso. Y los comentaristas no están nada mal. Un saludo gordo a los perpetradores.


De: otroJuan
2008-09-21 20:32:24

Pedro, cuando has añadido la referencia al tritio no has modificado el comienzo del párrafo siguiente, que enlazaba con el que le precedía antes del cambio:

De establecer una base de este tipo en la Luna, ¿cuál sería el lugar más adecuado? Si recuerdas la entrada sobre Mercurio y la anterior sobre la propia Luna, ya deberías ser capaz de dar una respuesta: los polos.

con lo que creo que no cuadra muy bien con el nuevo párrafo que menciona las posibles bases en el ecuador.


De: Pedro
2008-09-21 20:39:11

@ otroJuan,

Tienes toda la razón, acabo de modificarlo y espero que ahora la cosa encaje bien... Que Dios te lo pague con una buena esposa, que de novias todas son buenas ;) (¡O esposo, según! estos dichos populares ya no funcionan bien)


De: ElHombrePancho
2008-09-22 05:38:16

Pues a mí me perturba una idea que veo de vez en cuando en distintas obras de c ficción: que para impulsar realmente la colonización del espacio será necesario destruir (o incapacitar seriamente) la Tierra. Necesitaremos ese "empujón" para dar el salto de verdad? De verdad que espero que no! Pero si lo necesitamos... espero que llegue ese empujón antes que una nave insectora (por poner).
Referencias en las que la Tierra las pasa canutas: La Fundación, Hyperion, ¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas?, Marte: Rojo, Verde, Azul; La nave de un millón de años, y seguro que hay más.


De: Fran
2008-09-25 12:31:24

Hay también un video genial de la formación de la Luna en una animación flash interactiva que abarca todo el universo (al estilo de Potencias de Diez), dentro de MOVIES en la dirección http://4d2u.nao.ac.jp/english/4d2unav.html


De: kender
2009-01-26 14:20:20

http://www.abc.es/blogs/nieves/public/post/la-cara-oculta-de-la-luna-apunto-hacia-la-tierra-463.asp

Atentos al video


De: Pedro
2009-01-26 17:36:41

Y atentos también a los comentarios de la gente... :)


De: VIANNEY4
2009-02-11 16:43:06

ES GENIAL E INTERESANTE


De: angelica
2009-06-23 16:00:57

bueno la verdad aun no me queda bien claro,
existen muchas teorias
y talvez todas tengan algo de cierto.


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